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más pruebas de espionaje


William Romero, ex director de fuentes humanas del organismo, aportó tres cajas de nuevas pruebas a la investigación que adelanta la Fiscalía. El ex funcionario no destruyó los documentos, a pesar de que se lo habían ordenado.
Colombia. El ex subdirector de Fuentes Humanas del DAS William Romero se ha convertido en una de las piezas claves de la investigación sobre las interceptaciones ilegales a magistrados, opositores al gobierno de Álvaro Uribe y periodistas.
Romero entregó a la Fiscalía discos compactos, discos de video, y otros documentos que debía destruir por orden del ex director de inteligencia de del DAS Fernando Tabares, pero que guardó y en los hay registros de las tareas ilegales que ejecutó el DAS. Así lo dio a conocer el Canal de Noticias Caracol este miércoles en la noche.
Entre el material entregado por Romero a la Fiscalía están las carpetas con actividades de seguimiento a los ex magistrados Yesid Ramírez y Jaime Araújo y hasta una copia de la agenda personal de la senadora Piedad Córdoba.
Este hecho se suma al registrado el fin de semana pasado cuando el ex director de una sección del DAS entregó a la Fiscalía un documento en el que asegura que en la Casa de Nariño se conocían las actividades ilegales que realizaban detectives de la institución.
El domingo pasado, el diario El Espectador publicó un artículo titulado ‘El 1 conoció lo que hicimos’, que da cuenta de evidencia aportada por Romero Sánchez al proceso que demostraría que el Presidente sabía lo que el organismo de inteligencia hacía.
Además, el informe que da cuenta de esa versión, que está en poder de la Fiscalía, también indica que María del Pilar Hurtado, la ex directora del organismo, le extendió felicitaciones a quienes participaban en la operación.
En otro de los apartes del informe, según El Espectador, hay pistas de quién es el "número 1". Según el informe, el DAS obtuvo información de casos manejados por la Corte en los que "uno significativo ‘era el expediente del primo del 1’, es decir, el del detenido ex senador antioqueño Mario Uribe Escobar, primo del ex presidente Álvaro Uribe Vélez", reza el diario.
El de hoy es un nuevo capítulo del escándalo por el que a mediados de este mes la comisión de acusaciones de la Cámara de Representantes abrió investigación al ex mandatario Álvaro Uribe por el escándalo de las ‘chuzadas’ ilegales a opositores, magistrados y periodistas.
Uribe es investigado por su supuesta responsabilidad u omisión en el escándalo de las interceptaciones ilegales y espionaje por el cual ya fue sancionado por la Procuraduría su entonces secretario general Bernardo Moreno, con la prohibición de ejercer cargos públicos por 18 años. Además, otros de sus más cercanos colaboradores recibieron sanciones semejantes.
El lunes pasado, el ex presidente Uribe negó haber ordenado los seguimientos ilegales durante su gobierno.
En una carta enviada desde México, dirigida a uno de sus abogados y difundida el pasado 25 por los medios locales, Uribe calificó de "infamias" las acusaciones en su contra y aseguró haber sido "víctima" de "varias interceptaciones" de las que "nada se ha investigado".
28 de octubre de 2010
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ratifican destitución de senadora


Procuraduría ratifica destitución e inhabilidad a Piedad Córdoba. Procuraduría dejó en firme la destitución e inhabilidad por 18 años de la senadora Piedad Córdoba por considerar que colaboró y promovió a las Farc.
Colombia. La Procuraduría General de la Nación confirmó la destitución e inhabilidad por 18 años proferida contra la senadora Piedad Córdoba por colaborar y promover a las Farc.
"Está comprobado que la senadora instó a ese grupo para que fuera hostil contra miembros de partidos políticos y servidores públicos, acordó estrechar relaciones con miras a apoyar un nuevo gobierno con la ayuda de gobiernos de otros países, emitió consejos al grupo subversivo frente al envío de videos de personas retenidas y la entrega de pruebas de vida de los secuestrados a gobiernos extranjeros, dio información a las Farc sobre asuntos diferentes a los relacionados con la liberación de los secuestrados, concedió declaraciones en diferentes actos públicos, colaboró con la defensa de algunos ex jefes y miembros del grupo guerrillero en procesos judiciales seguidos contra ellos y ejerció actos de promoción para favorecer a las Farc", dice el comunicado del Ministerio Público.
Las pruebas que sustentan la decisión disciplinaria contra Córdoba están sustentadas por la Procuraduría así:  

- La información que fue extraída de los computadores y demás equipos informáticos incautados en la operación ‘Fénix’ fue allegada al proceso disciplinario de manera correcta y oportuna y se constituye en pruebas lícitas ya que se comprobó que efectivamente estos datos sí estaban en los citados equipos informáticos originales de ‘Raúl Reyes’ prueba contra la cual la defensa de la señora Córdoba Ruiz no presentó objeción alguna.

- La Procuraduría precisó que siempre se hizo referencia a los "documentos" hallados en los computadores y demás equipos de cómputo que fueron incautado en la operación Fénix, más no en "correos electrónicos", como lo señala la defensa de la congresista.

- El Ministerio Público analizó la información contenida en los documentos en formato Word hallados por la Policía judicial que explicitaban las interlocuciones entre el ex jefe guerrillero alias ‘Raúl Reyes’ y la congresista, ambos utilizando algunos seudónimos, al igual que documentos que referían interlocuciones entre ex jefes guerrilleros y miembros de las Farc en los cuales se referían a la señora Piedad Córdoba por su nombre y cargo o empleando expresiones como ‘la Negra’ o ‘la Negrita’, los cuales también fueron utilizados en forma combinada con el nombre ‘Piedad’ o ‘Piedad Córdoba’.
Frente a las labores humanitarias, el organismo de control, aseguró que los actos humanitarios que hubieran sido ejecutados por la senadora sin autorización, "no alcanzan a justificar los desmedidos actos de colaboración y promoción a favor del grupo de las Farc".
El Ministerio Público agregó que la solicitud de nulidad presentada por la senadora Córdoba no es procedente al haber sido presentada extemporáneamente: "de acuerdo con la ley, ésta sólo podrá formularse antes de proferirse el fallo definitivo, situación que se presentó el pasado 27 de septiembre de 2010".
28 de octubre de 2010
27 de octubre de 2010
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los gaitanistas


Los herederos de ‘Jorge 40. Rearmados. Solo quince días después de la desmovilización de ‘Jorge 40´ en 2006, se armó la banda de Los Gaitanistas quienes heredaron parte de su emporio de negocios ilegales.
Colombia. El 25 de noviembre de 2008 en los barrios El Eneal, Divino Niño, La Nevada y Garupal en Valledupar se vieron circular unos pasquines en los que se anunciaba que las Autodefensas Gaitanistas de Colombia habían llegado a Cesar. En éstos, anunciaron que eran "una organización político militar, de resistencia civil transitoria, en armas antisubversiva que nacieron por el incumplimiento del gobierno nacional ante el fracaso del proceso de paz con las Auc". Es decir, que llegaban a reemplazar a las Autodefensas de ‘Jorge 40’ incluso prometiendo que estaban "dispuestos a corregir los errores del pasado", remata el pasquín.
Había transcurrido dos años y nueve meses desde que Rodrigo Tovar Pupo alias ‘El Papa Tovar’ o ‘Jorge 40’ se había desmovilizado con cuatro mil de sus hombres en el vecino corregimiento de La Meza, y apenas unos meses de que fuera extraditado a Estados Unidos, acusado de tráfico de cocaína.
¿De dónde salió esta banda? ¿Estaba detrás el mismo ‘Jorge 40’, quien se había resistido todo lo que pudo a la desmovilización y por eso fue el último jefe paramilitar que salió de la guerra?

El Plan
Cuando no tuvo más remedio que desmovilizarse, pues el gobierno ya había reforzado tropas en su territorio previendo que no lo hiciera, ‘Jorge 40’ le encargó a Édgar Ignacio Fierro alias ‘don Antonio’, quien había llegado hacía unos años a las Auc, expulsado del Ejército, buscar campesinos y personas del común para hacerlos pasar como combatientes. Mientras que a Adolfo Guevara Cantillo alias ‘101’, otro ex militar del Bloque Norte, le pidió que seleccionara a unos  de sus muchachos para que no se presentaran a la desmovilización y estuvieran listos para rearmarse en caso de que todo fracasara, contaron varios desmovilizados a las autoridades.
Entre esos ‘paras’ se encontraba Omar David Celedón Calderón conocido con el alias de ‘Cocoliso’, que había entrado al frente de las Auc en Valledupar cuando solo tenía 13 años. Primero fue patrullero y a los pocos años se convirtió en uno de los más temidos sicarios de las Auc en La Guajira, Villa Germania, Bosconia y Valledupar. David Hernández Rojas, el segundo al mando de ‘Jorge 40’, alias ‘39’  le ordenó entre otros crímenes matar al profesor indígena Óscar Montero (abril de 2004) quien era hermano de uno de los guerrilleros que secuestró a la ex ministra Consuelo Araújo Noguera.
Según lo planeó ‘Jorge 40’  mientras se preparaba para la desmovilización oficial de sus hombres, convocó clandestinamente a ‘Cocoliso’ y otros jóvenes y puso a ‘101’ a que anotara sus datos en una libreta y escondiera un arsenal en fincas que les habían usurpado a los campesinos de La Meza.  "El que se inscriba y no vaya, lo autorizo para que le dé ‘pistola’", le dijo el ‘papa Tovar’ a ‘101’.
A los quince días de este episodio, veinte fueron los convocados a presentarse a La Meza. Allí  les informaron que comenzarían a rearmarse pero que tenían que negar cualquier vínculo con ‘Jorge 40’. A otros como Daniel de Jesús Berrocal Polo alias ‘Franklin’, lo fueron a buscar a su natal Montería para que se presentara de inmediato a Valledupar. Al llegar lo llevaron a una casa de la Fundación Manos Unidas y le advirtieron que si alguien preguntaba por su trabajo tenía que responder que hacía parte de un proyecto productivo en La Meza, dijo un desmovilizado que está colaborando con la justicia.
Les dijo que irían a fincas que la organización tenía en las faldas de la Sierra Nevada de Santa Marta, en las que Manos Unidas había implementado "granjas integrales autosostenibles" donde trabajarían con otros desmovilizados del Bloque Norte. Patrullarían sin uniforme y sin armas a la vista. Esa sería su fachada.
‘Jorge 40’ designó como su sucesor a Darío Laino Scopetta, un ganadero y empresario que se había desmovilizado con él, pero que quedó en libertad porque no tenía ningún proceso pendiente con la justicia, ni se acogió al proceso de Justicia y Paz. ‘101’ se encargó de la organización militar, mientras que Luz Dary Castrillón Salazar alias ‘la Tía’ y Aura Rosa Durán Plata alias ‘La Doctora’, empezaron a manejar las extorsiones y otros negocios ilegales del grupo, dijo un desmovilizado a la Policía.
‘La Tía’ era reconocida en las Auc porque en varios municipios del Caribe, a donde aparentemente hizo acuerdos clandestinos con ARS y empresas de todo tipo para que éstas le giraran a  las autodefensas un 12 por ciento sobre cualquier contrato que firmaran.  Hoy la justicia la investiga por posibles delitos contra la administración pública, celebración indebida de contratos, prevaricato, interés indebido a favor de terceros, conformación de grupos ilegales y posible complicidad en el tráfico de armas y narcóticos.
Laino solo fue el jefe de la nueva banda hasta diciembre de 2006 cuando las autoridades lo capturaron  porque ya tenía investigaciones por tráfico de armas y concierto para delinquir. En reemplazo de Laino llegaron los ‘Mellizos’ Miguel Ángel y Víctor Manuel Mejía Múnera quienes se aliaron con ‘Jorge 40’, quien siguió desde la cárcel dando órdenes, según le contó a las autoridades un miembro del grupo que está colaborando con las autoridades.
A ‘Cocoliso’ lo designaron como jefe de seguridad de ‘101’, pero además de su protección le encargaron manejar una agenda con los contactos políticos y financieros en Cesar de las nuevas autodefensas, dijo el mismo paramilitar a las autoridades.
Otro grupo de 200 hombres  fue conducido a la Sierra Nevada de Santa Marta a un reentrenamiento. "Nos llevaron a un punto más arriba de Santa Marta llamado Puerto Nuevo en la entrada a un pueblo que se llama Machetes, de allí a Casa Sola donde nos recibió un comandante que había estado en el Bloque Catatumbo al que le decían ‘Camilo’ y que había adoptado el alias de Juan Carlos", contó un ex paramilitar a las autoridades. Allí empezaron a patrullar las veredas Quebrada del Sol, Machetes, Honduras y El Encanto.
Según lo que han podido deducir la justicia,  a cambio de una suma millonaria, ‘Jorge 40’ le traspasó el mando de su aparato militar y extorsivo al del narco-paramilitar Miguel Ángel Mejía Múnera alias  ‘Pablo Arauca’, uno de ‘Los Mellizos’ que tuvieron su emporio de producción de cocaína y su bloque paramilitar en Arauca. ‘El Mellizo’ mandó entonces a matar a ‘101’, y éste para resguardarse  se entregó a las autoridades.
Los ‘Mellizos’ Mejía nombraron como jefe del grupo en reemplazo de ‘101’ a Rodrigo Romero Regino alias ‘Pedro’, quien había pertenecido al Bloque Centauros y llegó a Valledupar, en parte, por sus nexos con Miguel Ángel Mejía Múnera alias ‘El Mellizo’.
Sin embargo, según investigaron los fiscales, el grupo no quedó del todo desligado de ‘40’, pues éste permanecía al tanto de lo que hacía ‘El Mellizo’ a través del enlace alias ‘Tomás’. "’El Mellizo’ le comentaba lo que iba a hacer con el nuevo grupo y ‘Tomás’ le comentaba eso al abuelo (‘Jorge 40’) y él decía si se podía hacer o no", dijo otro ex paramilitar a un organismo de inteligencia.
Después de la deserción de ‘101’, ‘El Mellizo’ envió 25 hombres a la Fundación Manos Unidas en Valledupar para que posaran como trabajadores en el caso de que fueran investigados por la Policía.
En el centro del Cesar el grupo que heredó el poder paramilitar tenían por jefe a un alias  ‘Mario’, y de segundo, aparecía Javier Urango Herrera alias ‘Chely’. En Valledupar, quienes siguieron delinquiendo respondían órdenes de alias ‘Pedro’ y lo acompañaban Jorge Luis Padilla alias ‘Marcos’ y Giovanny Waldir Ustáriz Martínez  alias ‘Alfredo’.

Las Fachadas
Según documentos del expediente de los ‘Gaitanistas’ a los que tuvo acceso VerdadAbierta.com,   la intención de ‘Jorge 40’ era que su organización continuara en la región, controlando el tráfico de droga, la extorsión y otros negocios ilegales. Incluso, en una conversación de ‘Jorge 40’ con ‘don Antonio’, le pide que le informe sobre las zonas vulnerables dejadas por las autodefensas para evitar ataques o la entrada de enemigos.
Algunos de estos paramilitares vueltos Gaitanistas, según han podido verificar las autoridades, se convirtieron en miembros de una red de cooperantes del Ejército. "Esta  red fue utilizada como fachada o sofisma de distracción para que los desmovilizados que luego pertenecieran a la banda emergente presumieran su legalidad en desarrollo de dicha función o como trabajadores de las fincas ubicadas en los sectores de injerencia del nuevo grupo ilegal o de propiedad de los ganaderos y comerciantes que voluntariamente los irían a apoyar", dice uno de los informes conocido por VerdadAbierta.com.
Para poder camuflar sus actividades y obtener recursos de finqueros, los Gaitanistas patrullaban en haciendas que habían ocupado como El Mamón, La Chava, Las Flores, Los Planos, Mérida, Los Cielos, La Villa y El Limbo (todas en el centro de Cesar).
"Teníamos acuerdos con personal del ejército para que nos dejaran subir (a los campamentos de la Sierra Nevada) armamento y circular libremente. Además había una mujer que llevaba y traía mensajes del Batallón (La Popa)", dijo un paramilitar de la banda que decidió colaborar con la justicia tras el asesinato de su esposa a manos de sus compañeros.
Así en 2008, varios nuevos frentes de los herederos del paramilitarismo ya rondaban por el campo y algunas ciudades del Cesar, entre ellas el mismo Valledupar.

Preparándose para la Cárcel
A juzgar por los hallazgos de las autoridades, ‘Jorge 40’ estaba pensando asegurarse las fuentes de dinero que le dejaría el lucrativo negocio criminal que había montado antes de desmovilizarse.
Además de las actividades delincuenciales, como las rentas de fincas despojadas a campesinos, de cobros extorsivos a alcaldías, gobernaciones, comerciantes, empresarios y ganaderos, la organización de ‘Jorge 40’ creó entidades que obtuvieron contratos legales con entidades  del Estado. Una de estas entidades fue Abastecemos, una tienda de abarrotes que suministraba alimentos a madres comunitarias del ICBF, y cuyo representante legal era  Levy Hernández, hermano de David Hernández Rojas, o alias 39 quien fuera segundo al mando de ‘Jorge 40’.  
Autoridades judiciales confirmaron que se investigan los nexos que pudo haber tenido el ex director del ICBF en Cesar, Alfredo Barreneche Aaron (hoy prófugo de la justicia con orden de captura por una investigación por concierto para delinquir), sospechoso de haberle entregado contratos a  Abastecemos, para venderle alimentos a todas las asociaciones de madres comunitarias en Valledupar y municipios aledaños, a sabiendas de que una parte del dinero girado iba a dar a las arcas de los paramilitares.
La Fundación Manos Unidas, que como se ha visto, la justicia dilucidó que era otro frente para camuflar el grupo de ‘40’ que no se desmovilizó,  también presentó a la Gobernación de Cesar un proyecto para una granja auto sostenible en la que participarían desmovilizados del Bloque Norte.
Años antes, David Hernández Rojas alias ‘39’ había presionado para que se nombrara a Aura Rosa Durán Plata alias ‘La Doctora’ o ‘Sandra’ como gerente de la empresa que manejaba el mercado público de Valledupar (Mercaupar).
Durán había trabajado con los ‘paras’ administrando una empresa comercializadora de gasolina en San Juan de Cesar, Guajira, llamada Ayatawacoop y que, según el testimonio de una fuente a las autoridades, se encargaba del tráfico de gasolina de Venezuela a Colombia. "Ese negocio se acabó porque comenzó el control por parte de Ecopetrol", dijo la fuente.
Otras empresas del paramilitarismo cesariense fueron Fundebi, creada por alias ‘Tolemaida’ en La Jagua de Ibirico, que capturó recursos de este municipio, millonario en regalías carboneras,  para su organización, bajo la fachada de que iban destinados a comedores comunitarios, atención a niños y adultos mayores.

Más Financiadores
Otra de las tareas clandestinas que siguieron haciendo los nuevos paramilitares llamados Gaitanistas, fue la de seguir prestándole seguridad a algunas empresas de la región, a cambio de financiación.
Varios desmovilizados han declarado que se reunieron varias veces con ganaderos e industriales para firmar nuevos pactos de protección. Un ex paramilitar aseguró que una de las reuniones se hizo en la finca de Alfonso ‘Poncho’ Zuleta, a un costado del río Guatapurí a pocos kilómetros de Valledupar, y asistieron ‘Pedro’ y otros de sus secuaces. Por estas declaraciones, la Fiscalía expidió una orden de captura contra el músico el 9 de enero de 2010, pero que fue suspendida porque Zuleta aseguró que estaba dispuesto a colaborar con la justicia para desvirtuar todos estos señalamientos.
Para ‘Poncho’ Zuleta lo que hicieron con librarle una orden de captura fue una injusticia, "nadie está exento de que lo involucren, como a mí, en cosas injustas, infaustas; como el caso mío que fue una cuestión totalmente injusta y yo diría que un poco infame".
Según el pacto, los Gaitanistas se harían pasar por trabajadores de las fincas y a cambio les prestarían seguridad. Los finqueros les daban dinero para comprar armas y munición.
El grupo urbano se dedicó al sicariato y al cobro de cuentas, pero empezó a desbaratarse cuando alias ‘Cocoliso’ fue capturado en noviembre de 2008 y decidió colaborar con la justicia. Fue así cómo los investigadores lograron encontrar caletas con armas, fosas comunes y capturar a más de 30 personas, entre sicarios, extorsionistas, testaferros e incautar casas y fincas que pertenecían a las autodefensas. Gracias a esta colaboración, también lograron identificar a miembros del DAS, la Policía, el Ejército y funcionarios que colaboraron con ellos, y además empezaron a procesar a empresarios y dirigentes a quienes se les investiga por la financiación y conformación de grupos paramilitares.
28 de octubre de 2010
26de octubre de 2010
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condenas por masacre de barrancabermeja


Condenan tres ex ‘paras’ por masacre de Barrancabermeja. La justicia encontró responsables a tres paramilitares del asesinato de 32 personas el 16 de mayo de 1998 en Barrancabermeja.
Colombia. El Juzgado Penal del Circuito Especializado de Bucaramanga condenó a 20 años de prisión a los ex paramilitares Jorge Anaya Gutiérrez alias ‘EL Zorro’, Ovidio Sánchez Martínez alias ‘Honorio’ y a un hombre conocido con el alias de ‘Danilo’ por su participación en la masacre de Barrancabermeja, cometida el 16 de mayo de 1998.
Hace una semana el mismo juzgado había condenado a otros cuatro ex paramilitares por los mismos hechos que, según el informe presentando ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, contó con la participación de las fuerzas militares. El 10 de octubre de 2010 fueron condenados Hermes Anaya Gutiérrez alias ‘Chicalá’, Fremio Sánchez Carreño alias ‘El loco Esteban’, Alexánder Gutiérrez alias ‘Picúa’ y Javier Pumarejo Martínez alias ‘Sandy’.
Según lo reconstruido por la Fiscalía, la masacre ocurrió después de que 50 hombres de las Autodefensas Unidas de Santander y sur del Cesar asesinaron a siete personas y secuestraron a otras 25 que luego fueron asesinadas y arrojadas en fosas. En la actualidad, de los 25 cuerpos desaparecidos sólo seis han sido recuperados y entregados a sus familiares.
La masacre fue dirigida por Guillermo Cristancho Acosta alias ‘Camilo Morantes’, quien ordenó el asesinato de las siete personas en el barrio El Campín, acusándolas de ser presuntas colaboradoras de la guerrilla. Las otras 25 personas fueron llevadas hasta área rural y algunas de ellas sepultadas en fosas comunes en el municipio de Sabana de Torres, Santander. En versiones libres, algunos ex paramilitares aseguraron que algunas de las fosas donde arrojaron los cuerpos fueron saqueadas para borrar la evidencia.
Alias ‘Camilo Morantes’ fue asesinado en 1999 por orden del entonces jefe de las Auc, Carlos Castaño.
28 de octubre de 2010
26 de octubre de 2010
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sacrificio de los ecologistas


El sacrificio de los ecologistas de la Sierra. Por enfrentarse al narcotráfico y a la violencia paramilitar en la Sierra Nevada de Santa Marta, ambientalistas, biólogos y ecologistas pagaron con sus vidas.
Colombia. En octubre de 2000 una carta llegó a asociaciones ecologistas, militantes verdes, estudiantes, excursionistas y amantes de la naturaleza. Su autor, el samario Julio Henríquez Santamaría, los invitaban a una expedición de cinco días por el Parque Tayrona, con seminarios sobre la flora y la fauna, caminatas en la selva y talleres de capacitación en gestión ambiental.
El costo, 30 mil pesos por persona, no debía ser un obstáculo para asistir a la reunión verde. "¡Decídase!...No siempre existen estas oportunidades ¡Construyamos una gran cadena ambientalista, para el futuro de todos!", concluía eufórica la convocatoria.
Para sorpresa de su organizador, nadie se matriculó. Henríquez canceló algunas actividades, redujo la duración de la caminata y rebajó el precio del taller.
Pero no llegó ninguna inscripción.
"Julio nunca se dio cuenta que la gente no fue por físico miedo. El Tayrona estaba lleno de ‘paracos’ y de ‘narcos’", dijo con amargura a VerdadAbierta.com, Zulma Chacín, la viuda de Henríquez.
El 4 de febrero de 2001, pocas semanas después de la invitación, Henríquez desapareció. Su intento de organizar campesinos de varias veredas de la Sierra para formar un cordón ecológico y proponerles cultivos alternativos a la coca lo terminaron enfrentando a Hernán Giraldo, jefe narco-paramilitar en la Sierra durante más de dos décadas.
La muerte de Julio Henríquez fue la primera de varias amenazas y asesinatos contra ambientalistas de la Sierra. En enero de 2004 los ‘paras’ asesinaron a Marta Lucía Hernández Turriago, directora del Parque Nacional Tayrona. En noviembre de ese año desaparecieron a Gentil Cruz, que trabajaba para una ONG francesa, recuperando tierras con los indígenas Koguis.
Además, cuando ya se hicieron demasiado fuertes los rumores de que eran un estorbo para los ‘paras’, decenas de ambientalistas, funcionarios y guías ecoturísticos salieron despavoridos de las faldas de la Sierra.
"Había que estar más bien quieto, los que cayeron fueron los que se balanceaban más. No se podía tratar con ellos, yo me retiré de esos procesos. El gran problema de los que trabajan en lo natural, mezclado a veces con lo social, es que no tienen como defenderse", le dijo a VerdadAbierta.com un alto funcionario de parques nacionales que trabajó en la región en esa época.
La Sierra Nevada de Santa Marta es un paraíso de gran biodiversidad. Con picos nevados que se elevan hasta 5.700 metros, a tan solo 42 kilómetros del mar Caribe. Alberga a más de 600 clases de aves, casi 200 variedades de mamíferos y más del 30 por ciento de las especies endémicas de Colombia. Además 30 mil indígenas Aruhuacos, Wiwas, Kankuamos y Koguis coexisten en la Sierra desde hace cientos de años.
Que hasta allí llegara el negocio del narcotráfico y la ofensiva de las Auc no es una casualidad. Los bosques tupidos, las ensenadas aisladas de aguas profundas son puertos de embarque clandestinos ideales. Quién controla la Sierra, domina además las carreteras entre Santa Marta y Riohacha, así como la troncal del Magdalena, entre la Costa Caribe y el interior del país.
En los años sesenta llegaron a la región los primeros cultivos de marihuana. En pocos años toda la Sierra producía ‘marimba’, plantaciones que en 1980, en el pico de la bonanza, se extendían sobre 120 mil hectáreas y producían 4.500 toneladas por año. A finales de los ochenta, bajo el férreo control de Hernán Giraldo, alias ‘El Patrón’, la coca reemplazó la marihuana y se consolidó como la nueva fuente de dineros ilícitos de la región.
Un colono de la Sierra le contó al sociólogo Alfredo Molano en 1988 en la investigación ‘Aproximación a una historia oral’ de la colonización: "El 90 por ciento de la Sierra vivía de los cultivos ilícitos. Yo digo vivíamos porque el que no sembraba, raspaba. El que no raspaba, cocinaba".

Henríquez, el Sueño de Salvar la Sierra
"Julio era muy confiado. Decía que Hernán Giraldo sabía en qué andaba él, que no había porqué preocuparse. Cuando lo amenazaron, no pensó que era su trabajo el que no gustaba, sino que no le caía bien a alguien", dice con una sonrisa triste Zulma Chacín, su viuda.
Un amigo de Julio añade, "lo que tal vez no se dio cuenta fue que se volvió una piedra en el zapato para los matones de Giraldo".
Julio Henríquez nació el 29 de marzo de 1952 en Cereté, Córdoba y creció en el almacén de zapatos y ropa que sus padres tenían en la ciudad. Amigos y familiares lo recuerdan como alguien aplicado, que le gustaba leer, estudiar. Jovencito se fue a Bogotá, donde se matriculó en Biología en la Universidad Libre de Bogotá.
Como a muchos universitarios de los setentas, Cuba, las huelgas, las tertulias y la lucha política contagiaron a Henríquez en Bogotá. Se metió de lleno en la militancia política, fue presidente del Concejo Estudiantil e hizo parte del comité editorial del periódico de la Unión Revolucionaria Socialista, uno de las decenas de grupos de izquierda que florecían en las aulas de la época.
En la capital se enamoró de una samaria, Zulma Chacín. Antes de que pudieran acabar sus respectivas carreras llegó una hija y tomaron el tren de vuelta a Santa Marta. En la Costa, Henríquez siguió acompañando movimientos de izquierda y adhirió al Frente Democrático.
"El M-19 fue permeando el movimiento y poco a poco Julio se vinculó al grupo clandestino", contó Zulma Chacín. Una de sus amigas en el M-19, Lucy Argüello, recuerda que era un hombre más ideológico que militar, que trabajaba en los barrios, organizaba manifestaciones. Aclara que nunca estuvo vinculado a las células armadas.
Sin embargo fueron más fuertes las necesidades de su familia que la revolución. Zulma Chacín recuerda que lo acosó y presionó para que se hiciera cargo de sus hijos, que consiguiera un trabajo y dejara el "Eme". Henríquez aprovechó la amnistía de Belisario Betancur en 1984 y volvió a la vida civil. "Fue de los únicos que se amnistió con Belisario, cómo sería de confiado", recordó Argüello.
Con el dinero que le dio el gobierno por desmovilizarse, Henríquez compró la finca El Picacho en la vereda El Totumo de Santa Marta, en las márgenes del Parque Tayrona. Ahí en medio de las ceibas, los monos titís y bandadas de loro, se empezó a interesar por la ecología.
A principio de los noventa, cuando el M-19 enterró definitivamente las armas, Henríquez decidió que era tiempo de volver a la política. Participó en la campaña para la Asamblea Constituyente y se unió al Comité Permanente de Derechos Humanos y a la Consejería para la Reconciliación. Acompañó la desmovilización del EPL en el Magdalena y logró la liberación de Alfredo Riascos Labarcés, ex gobernador de Magdalena y ex ministro de comunicaciones, secuestrado por las Farc.
En el Comité de Derechos Humanos, Henríquez tuvo sus primeros roces con Hernán Giraldo, que ya dominaba la Sierra Nevada y todo el norte de Magdalena.
En 1993 panfletos, amenazas, rumores y presiones empezaron a golpear los miembros del Comité. Henríquez viajó a Chile con su familia, y estudió Economía Solidaria y cooperativismo mientras las cosas se calmaban. "Allá se acercó a los pescadores – dice su esposa- a los proyectos asociativos, pero no se amañó y volvimos a Colombia en 1996".
Conquistado por la ideas de desarrollo sostenible y de lucha por el medio ambiente, regresó a Santa Marta para implantar el modelo chileno de empresas cooperativas, manejadas por los campesinos o los pescadores, respetuosas de los recursos naturales. "Mi padre empezó a organizar los pescadores de todo el norte del Magdalena, insistía que tenían que pescar con el trasmallo, de manera artesanal, que no tenían que ayudarles a los ‘narcos’, que eso no iba para ningún lado", le explicó a VerdadAbierta.com su hija.
Para poner su discurso en práctica y convencer a los pescadores, compró una lancha, un motor y se iba de faena con ellos. "Salía de madrugada al mar, a coger pescado. También les ayudaba a recoger sus mallas. Volvía con comida, pero siempre trataba de meterles el bichito de la ecología en la cabeza a los pescadores", recuerda su esposa.
Sin embargo la viuda de Henríquez piensa que organizar las cooperativas fue una torpeza, ya que lo opuso con los narcotraficantes que usaban las playas de puertos de embarque ilegales y le pagaban a los pescadores para sacar coca a alta mar.
En 2000 Julio decidió volver a su finca de Calabazo, para iniciar el proyecto que lo terminó por enfrentar irremediablemente con los paramilitares. Aunque sólo tuvo un año para trabajar, empezó a juntar propietarios de la región, que estaba salpicada de cultivos de droga, y les propuso hacer una reserva ambiental, donde se combinaba el ecoturismo, los cultivos sostenibles, la piscicultura y les proponía abandonar la coca y la marihuana.
Ya se habían unido más de 30 familias a la idea, que contaba con el respaldo de la Dirección de Parques Nacionales y del Comité de Cafeteros. Henríquez tenía planeado llamar a topógrafos, biólogos, ingenieros y arquitectos para consolidar el proyecto que se iba a extender sobre 500 hectáreas. "La idea de Julio era empezar por Calabazos y reunir campesinos de toda la troncal del Caribe para hacer un tapón ecológico alrededor de toda la Sierra, productivo y sostenible", le dijo un amigo del ambientalista a VerdaAbierta.com.
En la mañana del 4 de febrero de 2001 Julio y 20 campesinos y parceleros se reunieron en Calabazo para constituir la Asociación Ambientalista Comunitaria de Calabazo "Madre Tierra".
A las 10 de la mañana, ocho hombres armados llegaron en una Toyota blanca a la vereda. Irrumpieron en la reunión y se llevaron a Henríquez frente a la mirada impotente de todos los presentes. Al parecer los paramilitares lo llevaron a Machete Pelado, la vereda donde los ‘paras’ de Giraldo tenían una de sus bases, donde lo mataron y lo botaron en una fosa.
La investigación judicial, que concluyó con la condena de 39 años de cárcel a Hernán Giraldo y a Leonidas Ángel, que estaba manejando el Toyota donde secuestraron al ecologista, indicó que una de las hijas de Giraldo le dijo que Henríquez se iba a reunir con campesinos para un proyecto de sustitución de cultivos ilícitos. Uno de los ‘paras’ dijo que "(Henríquez) se metió a hablar con el campesinado sin pedir permiso alguno, como Pedro por su casa y allá manda es el señor Hernán".
Cuando Giraldo se enteró de los planes de Henríquez, le ordenó a alias ‘Walter’ asesinar el ambientalista. Este juntó a siete tipos armados y bajaron en una camioneta a El Calabazo, donde secuestraron y después asesinaron a Henríquez. Un desmovilizado declaró en el expediente que: "Es obvio que el señor Hernán no compartía lo que el señor le estaba planteando a los campesinos. Él es cultivador de coca, invadirle sus terrenos es motivo suficiente para matar a alguien y la mafia no perdona".
Otro amigo de Henríquez también dijo que los campesinos aclamaban el ambientalista en sus reuniones lo que chocó con varios políticos de la región que veían los habitantes del área como una propiedad exclusiva.
El 11 de octubre de 2007, luego de una diligencia de exhumación en la vereda La Estrella, a cinco minutos de Calabazo, dirigida por la Unidad de Justicia y Paz, recuperaron sus restos.
Hoy el gobierno impulsa proyectos de sustitución de cultivos ilícitos en la misma zona donde trabajó Henríquez proponiendo soluciones similares: se construyeron cabañas para ecoturismo y se están cultivando árboles frutales.

Gentil Cruz, Tierra para los Kogui
"Nuestro hermano Gentil Cruz está vivo" le contestaron después de una noche de trabajo espiritual los mamos Kogis, uno de los cuatro pueblos indígenas de la Sierra, al francés Eric Julien en febrero de 2005.
Julien, presidente de la Asociación Tchendukua que recoge fondos en Europa para comprarles tierras a los Kogui en la Sierra, estaba en Colombia para buscar el rastro de Gentil Cruz, su "hermano colombiano, su mano derecha" como le gustaba describirlo.
Sin embargo parece que esa noche, los rezos de los mamos no tuvieron efectos. Desde el 11 de noviembre de 2004 Gentil Cruz no ha vuelto de una cita que tuvo en Quebrada Valencia, cerca al Parque Tayrona, con los paramilitares de Hernán Giraldo.
Cruz, veterinario de formación, era el representante de Tchendukua en Santa Marta. Desde 1997 había logrado adquirir más de 1 500 hectáreas para los Kogui gracias a 160.000 euros donados por ciudadanos franceses. Cruz había además sido comisionado de Asuntos Indígenas y gozaba de gran credibilidad y confianza entre los pueblos de la Sierra. En 2004 Cruz y Julien publicaron en Francia ‘Koguis, el despertar de una civilización precolombina’ y llevaron a Francia tres mamos. Más de 10 mil personas de todo el país escucharon sus conferencias.
Eric Julien, el director de Tchendukua, en diálogo con VerdadAbierta.com, lo recordó como alguien que siempre trataba de mostrar el lado positivo de Colombia, que usaba mucha pedagogía y un verdadero talento oratorio para explicar, compartir. "No soportaba la injusticia contra los más humildes, entre ellos los indígenas. Nunca se rendía, decía ‘hay que tratar, aunque no estemos seguros de lograrlo’", añadió Julien.
Cruz además escribió artículos y ayudó a realizar documentales para sensibilizar los franceses sobre el monocultivo, las semillas transgénicas y la amenaza ambiental que sitia la Sierra. Su conclusión era que el rescate de la montaña venía de los indígenas.
En un testimonio, que deja ver la pasión de su defensa de los Koguis, Cruz le escribió a los padrinos franceses del proyecto: "Es con base en este trabajo que podrán ser recuperados los bosques primarios y las plantas medicinales. Una vez instalados en sus nuevas tierras, las familias tendrán que trabajar hasta encontrar un equilibrio perfecto con la naturaleza. Es un proceso largo, difícil, pero lleno de esperanza".
El proyecto de Tchendukua, que sigue a pesar de la desaparición de Cruz, se opuso naturalmente a guaqueros, colonos, narcotraficantes, paramilitares y guerrilleros. Darle tierra a los Koguis es congelar la concentración de tierras, oponerse a la tala de bosque primario, obstaculizar la construcción de grandes proyectos turísticos e impedir los cultivos de coca para usos no tradicionales.
En el momento de la desaparición de Cruz uno amigo declaró al periódico francés Le Monde: "Una de las propiedades compradas por Tchendukua acababa de ser declarada reserva indígena. Ya ninguna carretera la puede atravesar, es posible que eso haya perjudicado otros propietarios. Acá matan por menos que eso".
A pesar de la advertencia de Julien, que pocas semanas antes del crimen le dijo a su socio colombiano que "hay que avanzar con mucha prudencia, pues los paramilitares no dejan vender tierras a los indígenas", el 11 de noviembre Gentil Cruz fue citado, torturado, asesinado y desaparecido por los ‘paras’ de Giraldo.
Según declaró Hernán Giraldo en una versión libre, "autoricé darlo de baja (a Gentil Cruz) porque siguió vendiendo unas tierras de campesinos e indígenas, que prohibí vender". ‘El Patrón’ explicó que varias familias campesinas le vendieron sus tierras a Tchendukua, se fueron a Santa Marta y gastaron toda la plata. Estas familias volvieron a la Sierra sin un peso y sin una hectárea para cultivar.
Giraldo, un colono paisa de bigote frondoso y toalla al hombro, fue una especie de señor feudal en la región. Además de acumular grandes sumas de dinero gracias al tráfico de drogas y mantener un ejército personal, se creía como el soberano de la Sierra, el protector de los colonos como él.
"Cuando me enteré de lo que le había pasado a esta gente prohibí que se vendiera más tierra, que me tenían que consultar para vender, eran más o menos unas 50 familias afectadas", añadió. Sin embargo continuaron las negociaciones de tierra a pesar de la prohibición y por eso Giraldo afirmó que "autoricé darlo de baja".
Hoy, una discreta placa de madera, atornillada al pie de un olmo en un colegio de Die, un pueblo del sur de Francia, recuerda el trabajo de Gentil Cruz. Lejos de la Sierra, Cruz sigue vivo.

Martha Lucía Hernández, la Defensora del Parque Tayrona
El 29 de enero de 2004 dos hombres llegaron al anochecer en una moto de alto cilindraje cerca de la urbanización Villa Sara, en el nororiente de Santa Marta.
Saltaron por encima del muro que encierra el conjunto y buscaron la casa número siete.
Ahí timbraron y esperaron que Lucía Hernández Turriago, la dueña de la vivienda, abriera la puerta. La mujer, que iba a servir la comida, se asomó sin prevención. La recibieron siete tiros a quemarropa, en la cabeza, la boca, la garganta y el pecho. Era la directora del Parque Tayrona.
En su cruzada para defender el parque natural más popular de Colombia de los intereses privados, de ‘narcos’ y de paramilitares, Martha Lucía Hernández falló en proteger su propia seguridad. La funcionaria, que tenía 47 años cuando fue asesinada, era desde 2001 directora del Tayrona.
Bogotana y profesional en zootecnia, Hernández había sido directora de la División de Fauna y Flora de la Corporación Autónoma Regional del Magdalena (Corpamag). Era una de las ambientalistas con mayor conocimiento de la región, férrea y convencida de su posición. Llevaba más de 27 años al servicio de la naturaleza.
En una versión libre Hernán Giraldo aceptó que sus hombres asesinaron la mujer, pero no alcanzó a dar muchos detalles sobre el crimen antes de su extradición. Sin embargo es claro que desde principios de los noventa el Tayrona, cuyas playas hermosas eran utilizadas para exportar droga, se volvió un sitio peligroso para ambientalistas y funcionarios de los parques naturales.
En septiembre de 1994 desconocidos asesinaron al biólogo marino Héctor Vargas Torres, jefe del Tayrona en ese entonces. Vargas fue emboscado por una camioneta sobre la troncal del Caribe y murió de dos balazos en la cabeza. Según las investigaciones, Vargas se había enfrentado con propietarios particulares por linderos en la zona del parque. Además había denunciado que las playas del Tayrona eran usadas por narcotraficantes para embarcar cocaína.
En 1998 Martha Romero, que dirigía el Tayrona, presentó su renuncia porque temía por su vida tras conflictos con propietarios de las playas del Tayrona.
Por eso cuando Martha Lucía Hernández se posesionó como directora del Parque Nacional Tayrona, llegó a un cargo que implicaba graves riesgos.
Durante los tres años que estuvo en el cargo Marta Lucía había logrado manejar la tensión creciente con los hombres de Hernán Giraldo, alias ‘El Patrón’.
En varias ocasiones discutió con ‘El Patrón’, pidiéndole respeto por un parque que era de todos los colombianos, que no podía ser propiedad privada de nadie y menos una base de las autodefensas.
Las primeras discusiones sucedieron al brutal asesinato de Ana María Valencia, de 26 años, y Adriana Rodríguez, de 25 años, dos turistas que aparecieron degolladas en una cueva de la zona de Arrecifes, una de playas del Tayrona, en julio de 2003.
Pocos días después los ‘paras’ tomaron la justicia en mano propia y mataron en Santa Marta a Oscar Antonio, Galis Manuel y Eder Donato, quienes habían sido señalados como los asesinos de las dos turistas.
Marta Lucía, impresionada con el horror y la barbarie que se tomó el Tayrona, exigió refuerzos de la Policía. El llamado no cayó nada bien entre ‘paras’, ‘narcos’ y contrabandistas, para quienes el parque era una ruta obligada para la salida de droga y la entrada de armas.
Unos meses después, en plena temporada turística, Marta Lucía Hernández volvió a tener un encontronazo con los hombres de Giraldo. Las autodefensas la extorsionaron porque, según ellos, aseguraban la tranquilidad de las playas y bosques del parque natural y el Parque debía pagarles por ello. No cedió, "para los paramilitares, ella simbolizaba una de las pocas personas en la región que no agachaba la cabeza", dijo un político local a los medios después de su asesinato.
Pero, lo que terminó metiéndola en la mira de los ‘paras’ fue un proyecto que tenía de titulación de tierras en el parque Tayrona. Pretendía oponerse a la privatización del parque con un comité interinstitucional conformado por la Policía, la alcaldía y varias instituciones nacionales para meter en cintura a algunos propietarios de fincas en el Tayrona, que corrían los linderos y roían poco a poco el espacio público.
"Nada es más explosivo que una disputa de tierras", dijo un ambientalista local que pidió permanecer en el anonimato. "Marta era absolutamente firme en sus convicciones, y eso fue lo que la mató".
Aún hoy el 95 por ciento de las 19.000 hectáreas del Tayrona están en manos de particulares y apenas el 5 por ciento pertenece a la Nación. El parque está invadido por construcciones que se han levantado sin licencias y los ojos de numerosos empresarios e inmobiliarios están puestos en las playas y paisajes naturales del Tayrona.
Los herederos de Giraldo tampoco sueltan el Tayrona. En noviembre de 2009 la Fiscalía señaló que varias playas del parque eran usadas por narcotraficantes para almacenar y acopiar coca mientras esperaban las lanchas. Hay incluso denuncias, sin confirmar, de que incluso en el parque abriga cultivos de coca y marihuana.
28 de octubre de 2010
26 de octubre de 2010
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en las tierras de jorge 40


En La Jagua de Ibirico, los ‘paras’ masacraron a 18 agricultores, se apropiaron de tierras de muertos, con un notario y el Incoder, como cómplices y, luego se las vendieron a las multinacionales del carbón.
Colombia. "Si esa tierra no tiene esas minas, a nosotros no se nos hubiese hecho lo que nos hicieron", dice Isabel López* bajo la débil sombra de un mango en el patio polvoriento de su casa en Bosconia, Cesar, donde llegó en 2004 huyendo de su vereda Mechoacán, en la Jagua de Ibirico, desplazada por los paramilitares.
El lamento se repite en una casita del barrio de invasión 25 de Diciembre, al pie de la pista del aeropuerto de Valledupar. Ahí, Ana Ramos*, que se amontona con 17 familiares en dos cuartos, recuerda: "En 2002 salimos volados de El Prado en La Jagua, después de que los ‘paras’ mataron a 12 personas".
Aunque Ana y María no se conocen, comparten la misma tragedia. En los años noventa, junto a decenas de familias, lograron que el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (Incora, ahora Incoder) les adjudicara parcelas en las veredas Mechoacán y El Prado de La Jagua de Ibirico, un municipio a 125 kilómetros al sur de Valledupar, al pie de la Serranía del Perijá.
"En 1990, por la falta de tierra y de oportunidades, nos juntamos con varios compañeros para invadir la hacienda Mechoacán en La Jagua", le contó a VerdadAbierta.com Ulises Daza*, un campesino analfabeta que hoy sobrevive en Bosconia. Después de varios años de ocupación, el 3 de agosto de 1994 el Incora adquirió las 4.700 hectáreas de Mechoacán por 716 millones de pesos, que repartió entre 133 familias de campesinos sin tierra.
"Yo tenía una casa con techito de palma, cocina, teníamos carneros, gallinas. Sembrábamos yuca, patilla, naranjas, mandarinas, cocos, mango. Los palos de mango todavía están ahí, lo que ya no existe somos nosotros", recuerda Manuel Hernández*, ex parcelero de Mechoacán.
Las adjudicaciones de El Prado tuvieron un origen distinto. En1996, 500 colonos colombianos casi crean un incidente diplomático con Venezuela. Tras 20 años de vida en los bosques de la Serranía del Perijá, la Guardia Nacional de Venezuela atacó y desalojó a más de 80 familias que estaban desparramadas en finquitas cafeteras sobre la línea fronteriza.
Después de sobrevivir meses en la escuela de Victoria de San Isidro, un corregimiento de La Jagua, la tragedia de estos colonos se volvió casi un símbolo patrio y la gobernación del Cesar y el Incora los reubicaron en varios predios de la región.
El 21 de mayo de 1997 el Incora compró en 910 millones de pesos la hacienda El Prado, en la Jagua de Ibirico, 1300 hectáreas que el Instituto les entregó a 51 familias.
"En 1999 el Incora nos mandó cartas donde consta que nos da la posesión de las tierras y nos declara sujetos de reforma agraria", le dijo a VerdadAbierta.com uno de los desplazados de El Prado. Y agregó "cuando llegaron los ‘paras’, nos quitaron esas cartas, las quemaron".

La Estampida
Por esas tierras, en cuyas entrañas hay millones de toneladas de carbón, los paramilitares del Bloque Norte de Rodrigo Tovar Pupo, alias ‘Jorge 40’, asesinaron a 18 campesinos, desplazaron a muchos más y arrasaron a las dos comunidades de Mechoacán y de El Prado.
 "Los ‘paras’ crearon un ambiente de zozobra y terror generalizado para sacarlos y robarles las tierras" le dijo a VerdadAbierta.com un investigador judicial que lleva varios años siguiendo el caso de El Prado y Mechoacán.
El 19 de mayo de 2002 paramilitares del Bloque Norte entraron a El Prado. Llegaron a la Parcela 12 sacaron a culatazos a Jesús Eliécer Flórez Romero y a sus tres hijos Bladimir, Gustavo y Elyesil, éste último de 16 años. Secuestraron además a Edilberto Góngora, que visitaba la familia Flórez ese día.
La señora Margot Durán, la esposa de Jesús Eliécer Flórez, recordó: "Llegó un grupo de hombres a las 10 de la mañana. Se metieron a la casa y se los llevaron amarrados. No se identificaron pero en medio del susto les pude leer un brazalete que decía contraguerrilla". Ella nunca volvió a ver vivos a su marido y sus hijos. Tampoco ha encontrado sus cuerpos.
En entrevista con VerdadAbierta.com, Alcides Mattos Tabares, alias ‘El Samario’, uno de los jefes del Bloque Norte, aceptó que fue uno de los asesinos de la familia Flórez. "Todo esto se hace por las tierras, que son ricas en carbón, esto genera mucho dinero, por esto viene todo este desplazamiento. Una tierra en conflicto no vale nada, donde hay muertos, desplazados, uno podía comprar la hectárea a 150 mil pesos", dijo.
En una versión libre de noviembre de 2009, ‘El Samario’ también confesó la masacre. Según contó, el grupo de ‘paras’ salió de la finca El Carmen, de Hugues Rodríguez, que colinda con El Prado. ‘El Samario’ le explicó a la Fiscalía: "Ahí estábamos con ‘Tolemaida’ en una reunión con el abogado José Daza Ortiz. ‘Tolemaida’ les sacó información y yo maté a uno, él a dos y José Daza a dos más. Después los sacaron en un tractor y salieron con la retroexcavadora. Los desaparecieron, no sé donde fueron enterrados". ‘Tolemaida’ es Oscar José Ospina Pacheco, mano derecha de ‘Jorge 40’.
En los meses siguientes los ‘paras asesinaron a siete parceleros más de El Prado: Orlando Arias, Edward Bernal, José Sarabia, Crisanto Quintero, Santiago Francisco Lindarte, Huber Meza y un señor llamado Jimmy.
‘El Samario’ además le explicó a la Fiscalía que los crímenes eran ordenados por Hugues Rodríguez, el presunto ‘Barbie’ del Bloque Norte, un amigo de infancia de ‘Jorge 40’, y cuya hermana fue asesinada por las guerrillas. Hugues fue condenado en Colombia por el asesinato de la jueza de Becerril Marilys Hinojosa y que ahora está con libertad condicional en Estados Unidos, mientras negocia una condena por lavado de activos con la justicia de ese país.
‘El Samario’ también dijo: "En Justicia y Paz me enteré que estas tierras fueron entregadas a familiares del difunto ‘39’ . Me enteré de esto y que era porque Hugues (Rodríguez) quería expandir sus tierras, porque tenían carbón, de ahí es donde nace todo esto". David Hernández Rojas era ‘39’, segundo al mando del Bloque Norte.
Hoy Hugues Rodríguez, sus familiares y la sociedad Inversiones Rodríguez Fuentes poseen cerca de ocho mil hectáreas, entre las que están las parcelas de los campesinos usurpados de El Prado y Mechoacán, sobre la mina de carbón El Descanso, una de las más grandes de Sur América.
En Mechoacán también sacaron a los adjudicatarios del Incora a la fuerza. El 2 de agosto de 2004 Enrique Sierra, alias ‘Peluca’, Adolfo Rada, alias ‘120’ y Erney Quintero, alias ‘80’, gatilleros del Bloque Norte, asesinaron a Luis Trespalacio Herrera, presidente de la Junta de Acción Comunal (JAC) de Mechoacán.
"Lucho Trespalacio era conocedor de los principios de la reforma agraria y defensor acérrimo de los campesinos" recuerda Isabel López* en su patio en Bosconia. Los ‘paras’ también mataron a Gabriel Cudri, miembro de la JAC de Mechoacán.
José Herrera*, desplazado de Mechoacán, recordó: "Desde el 99 empezaron a meterse grupos. Una noche mi hijo mayor les dijo que cómo así, que tanto habíamos luchado por las tierras y no se las íbamos a dar así. Me lo iban a matar, por eso me fui a Riohacha. Pero igual los ‘paras’ fueron allá y me lo mataron. Dijeron que fuera donde fuera, me lo mataban, porque no se dejó amedrentar de ellos. Y así hicieron con casi todos los que recibimos esta tierras".
‘El Samario’ le dijo a VerdadAbierta.com que no estuvo en Mechoacán, pero que sabe que allá los asesinatos y el desplazamiento también fueron por el carbón.

Cómo Se Robaron las Tierras en El Prado
Sin embargo la maldición del carbón para los campesinos de Prado y de Mechoacán apenas empezaba.
Cómo la ley 160 prohíbe vender tierras de reforma agraria antes de doce años, los ‘paras’ desplazaron a sus dueños. Después del desplazamiento el Incoder (que reemplazó al Incora) constató que las tierras estaban abandonadas y se las entregó a otras personas.
Según consta en los folios de matricula inmobiliaria donde pocos meses después de las masacres y los desplazamiento, declara que estas tierras están en caducidad administrativa.
Según investigó la Fiscalía, en El Prado ,el Incoder le traspasó las Parcelas 6,9, 10, 45 y 48 a familiares de David Hernández, alias ‘39’, ex jefe del frente Cesar del Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y mano derecha de ‘Jorge 40’, asesinado en 2004. Cuatro sobrinos de ‘39’ y la compañera de uno de ellos figuran como los dueños.
Los investigadores judiciales también determinaron que el Incoder le dio un tercio de los predios (17 parcelas) a una sola familia, lo que está prohibido por ley y que, presuntamente con la complicidad de su director de entonces, Carlos Eduardo Reyes Jiménez, el Incoder de Cesar le reconoció la posesión a los testaferros de los paramilitares. Estos testaferros después le vendieron sus terrenos a Prodeco, multinacional suiza de la minería, según constataron funcionarios de la Fiscalía.
Por el probable origen espurio de los títulos, la Fiscalía ordenó medidas cautelares sobre los predios. Además acusó de concierto para delinquir, extorsión y desplazamiento forzado a ‘39’, ‘Tolemaida’, ‘El Samario’, y al ex gerente regional del Incoder, Carlos Reyes. También solicitó abrirle investigación a otros funcionarios del Incoder: a Enrique Herrera Araujo, asesor de la gerencia, a Jairo Mesa Guerra, subgerente de promoción y a Alfonso Vidal Baute, director territorial del Incoder.

En Mechoacán los Muertos Firmaron
Para los campesinos de la vereda Mechoacán la venta de sus tierras fue aún más irregular. Cómo los parceleros llevaban más tiempo en sus tierras, ya tenían títulos de propiedad, por lo que los ‘paras’ y sus aliados, según lo determinó la Fiscalía, tuvieron que recurrir al notario de Chiriguaná, Cesar, para falsificar las escrituras originales.
Tiberio Royero, el notario de Chiriguaná en la época y Carlos Reyes Jiménez, gerente del Incoder de Cesar aprobaron nuevos títulos, a todas luces fraudulentos. Así por ejemplo, ya muertos, varios parceleros de Mechoacán firmaron el presunto traspaso de sus escrituras. Es el caso de Esteban Muñoz, que falleció el 15 de agosto de 2006 y que firmó la escritura el 6 de septiembre de 2006, es decir tres semanas después de su deceso.
VerdadAbierta.com también encontró diversos documentos donde las cédulas de las personas que salen firmando no corresponden a la identificación real de los parceleros de Mechoacán.
Así mismo varios campesinos analfabetas se quejaron ante VerdadAbierta.com que el traspaso de sus lotes fue refrendado con firmas falsas. "Yo ni siquiera sé firmar. Mi papá sólo nos enseñó a echar machete y ahora mis escrituras salen con una firma perfecta", explicó a VerdadAbierta.com Ignacio Zuleta*.
Hay que resaltar que en 2003 once campesinos dueños de Mechoacán ya estaban en el registro departamental de desplazados por la violencia, según consta en los archivos de Acción Social. De todos modos, el Incoder decidió caducar la adjudicación de 26 parcelas, entre las cuales había por lo menos dos que pertenecían a familias desplazadas a la fuerza, ya registradas. Así lo determinó el CTI. El Incoder tenía la obligación de tomar medidas cautelares sobre esos predios y evitar la venta. En vez de eso declaró que las tierras estaban abandonadas, lo que permitió el traspaso de los títulos.
Así, entre los nuevos propietarios de Mechoacán está Ana Alicia Quiroz Martínez, alcaldesa de La Jagua de Ibirico entre 1998 y 2000, condenada en 2009 a cuatro años de prisión por uso irregular dineros públicos. Según un documento de la Fiscalía tenía la parcela 36.
Otro político que se quedó con tierras fue Laureano Enrique Rincón Ortiz, alcalde de La Jagua electo en 2006, destituido en 2007 por la Procuraduría. Según consta en las matrículas inmobiliarias de Mechoacán, en 2006 Rincón aparece a la cabeza de la parcela 75.
A su vez Jorge Alberto López, parcelero original de Mechoacán, se vio favorecido con una entrega masiva de predios y terminó con más de diez parcelas en sus manos. La investigación judicial constató que él adquirió las parcelas 17, 74, 75, 50, 51, 53, 56 y 87, ya sea a su nombre o que "a través de personas interpuestas".
Por las graves irregularidades el ex notario de Chiriguaná Tiberio Antonio Royero Rangel tiene medida de aseguramiento. Royero, declaró ante la justicia que no es responsable por el robo de tierras, pues lo hizo bajo la presión de los ‘paras’.
Según Royero, en enero de 2006, las autodefensas le advirtieron que tenía que firmar escrituras previamente elaboradas por Enrique Rincón (ex alcalde de La Jagua) y Rina Caicedo Duarte. El ex notario también señaló que Carlos Reyes, entonces gerente del Incoder Cesar, le dio dinero como "parte de pago de los derechos notariales e impuestos de las escrituras que se estaban elaborando".

Quién Tiene las Tierras Hoy en Día
Después de haberse tomado las tierras de Mechoacán y El Prado, los presuntos testaferros de los paramilitares y varios políticos negociaron los predios usurpados con las multinacionales Prodeco y Drummond. Hoy buena parte de esas tierras son devoradas por enormes volquetas y retroexcavadores gigantes que explotan el carbón. Las medidas de protección llegaron demasiado tarde, cuando algunos de estos predios ya estaban siendo explotados por las mineras.
En 1997 el Instituto Colombiano de Geología y Minería (Ingeominas) y Drummond firmaron un contrato para la exploración y explotación de El Descanso, con reservas aproximadas de 1.760 millones toneladas de carbón. Después de decenas estudios, en 2009 se iniciaron las primeras excavaciones. Además se prevé que debajo de las capas de carbón de El Descanso reposan millones de metros cúbicos de gas.
Como los recursos subterráneos son propiedad de la Nación, las compañías que obtienen las concesiones tienen que conciliar con los propietarios de los predios donde se encuentran las minas o de lo contrario serán expropiados.
Después de cancelar las adjudicaciones a los campesinos y los predios quedaron oficialmente baldíos, el Incoder pactó con Prodeco y Drummond para entregárselos. Nelson Urbina, defensor de desplazados de El Prado resumió el despojo: "El Incoder les quita la posesión diciendo que se fueron voluntariamente, cuando ellos se fueron amenazados y se metieron otras personas y éstas negociaron con Prodeco. Los que vendieron no son los verdaderos dueños, los suplantaron, porque los verdaderos propietarios se fueron del Cesar".
Según consta en documentos oficiales, de las 128 parcelas de la vereda Mechoacán, 124 están ocupadas por Drummond. La justicia tiene parte de estas tierras en extinción de dominio, y la carbonera estadounidense necesita comprarlas para seguir con la explotación de la mina.
En diversas oportunidades y a lo largo de varias semanas, VerdadAbierta.com intentó que voceros de la Drummond aportaran su versión de los hechos, y de si tenían o no conocimiento sobre el origen espurio de las tierras que compraron, pero no fue posible recibir respuesta.
El Prado fue comprado por Prodeco, compañía minera de la multinacional suiza Glencore. En un comunicado a la opinión pública de 2007, Prodeco había informado que su empresa consiguió legítimamente los predios en la vereda, a través de una negociación con el Incoder. Explicó que el gobierno obligó la empresa a comprar los predios a 46 familias que tenían el título de propiedad e informó y que pagó por ellos en octubre de 2008 casi 4.000 millones de pesos. Y que enero de 2009 celebró con el Incoder un Contrato de Promesa de Permuta, donde el Instituto se comprometió a traspasarles la propiedad de El Prado.
En marzo de 2010 la multinacional suiza empezó la explotación de El Prado. Sin embargo algunos desplazados ocuparon los predios. Por eso, según el comunicado, "Prodeco solicitó la ayuda e intervención de la fuerza pública para prevenir y garantizar la integridad de unos y otros".
La multinacional concluyó que a pesar de haber invertido más de 7.000 millones de pesos en El Prado, por las anomalías de Incoder no ha podido adquirir la totalidad de los predios, e invita las autoridades competentes a resolver la situación.

"Lo Que Es Mío Es Mío"
En los últimos meses los propietarios originales de El Prado han denunciado la precaria situación en la que se encuentran. El 14 de mayo de 2010 los campesinos se tomaron la sede del Incoder en Valledupar, que a sus ojos es el principal culpable del despojo, pues al declarar que los predios de El Prado y Mechoacán estaban abandonados permitió que pasaran a manos de testaferros de los ‘paras’.
Nelson Urbina, abogado de desplazados dijo: "Lo que queremos es que les den su propiedad a los legítimos dueños y que se beneficien si posteriormente la misma Prodeco o cualquier empresa minera está interesada en comprarles sus predios".
Por eso la Procuraduría abrió una investigación en julio de 2010 y solicitó crear una agencia especial que se ocupe del expediente e indague cuál fue el rol del Incoder en el despojo.
En los últimos meses las autoridades capturaron a José Ospino, alias ‘Tolemaida’, a Wilber Sierra, alias ‘Wicho’ y a Fernando Andrade, alias ‘El Lanero’, que asesinaron y desaparecieron a cinco personas de El Prado.
Sin embargo, Isabel López* aún no canta victoria, pues su situación sigue siendo la misma desde hace casi diez años. A pesar de poseer un lote que vale millones de pesos, vive en una casa de lata en Bosconia, vendiendo empanadas y jugos en los buses intermunicipales que paran en la ciudad.
Por eso dice con rabia y orgullo, "cuando digo que algo es mío, es mío, es mío y no voy a dejar de combatir hasta que me lo devuelvan".

*Los nombres de los desplazados de El Prado y Mechoacán con los que VerdadAbierta.com habló fueron cambiados por razones de seguridad.

28 de octubre de 2010
26 de octubre de 2010
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monterrubio, finca sin paz


La finca donde no se pudo sembrar paz. Decididos a volver a ser los campesinos de antes, un grupo de guerrilleros dejó las armas y consiguió que el Incora les titulara una tierra colectivamente. Pero, después de 17 años de persecución para quitarles su finca, están a punto de sucumbir.
Colombia. El 1 de marzo de 1991, un grupo de 20 hombres y ocho mujeres que pertenecían al grupo guerrillero Ejército Popular del Pueblo, Epl, firmaron un pacto de paz en Arenal, Bolívar, con el gobierno de César Gaviria.
Ellos, que habían estado alzados en armas durante más de una década en el norte del Cesar, eran campesinos de la región, y querían volver al campo, estar cerca de sus familias en Valledupar, Manaure (Cesar), San Diego, Villanueva (Guajira), de donde la mayoría eran oriundos. Así que dos años después de la desmovilización, recorrieron el centro del Cesar en busca de una finca donde montar un proyecto agrícola.
Como parte de los acuerdos de paz, el Incora compró un predio llamado Monterrubio de 795 hectáreas y se los adjudicó el 28 de diciembre de 1993.
"La escogimos porque era una finca apta para la ganadería y agricultura, quedaba cerca del cruce de Chiriguaná, Bosconia, La Jagua y Pailitas", contó a VerdadAbierta.com, José Isair Páez Soto, uno de los desmovilizados que constituyó junto a otros 27 la Empresa Comunitaria de Productores Agropecuarios de Cesar, Soprasar.
La finca tenía una sola casa. Hombres y mujeres colgaron sus hamacas donde pudieron y compartían una mesa larga para comer. Jenny Rosa Montaña fue una de ellas. Tenía 25 años y dice que Monterrubio ha sido lo mejor que le ha pasado en su vida. "Cuando nos la entregaron todos llevaron un machete para trabajar.  Al final del día a los hombres tenían las manos ampolladas".
El cambio de vida fue total. Las mujeres se dedicaban a la cocina, mientras que los hombres empezaron a sembrar arroz, sorgo, yuca  y a cuidar las reses que habían comprado con los créditos del gobierno. En el primer año compraron chivos, gallinas y pavos reales y con lo producido, consiguieron maquinaria y un campero que les servía para llevar las cosechas a las poblaciones cercanas.
"Pensábamos en un futuro, nos veíamos organizados allá, cada quien en su parcela, como unos grandes empresarios", dijo Jenny. Pero los planes se aguaron pronto.
En 1995 llegaron los paramilitares a Chiriguaná, Pailitas y La Jagua, bajo el mando de Enrique López, alias de ‘Omega’. Había sido guerrillero y se pasó a las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, Accu, a donde llegó a ser el jefe del frente Resistencia Motilona del Bloque Norte.
Muy pronto empezaron los hostigamientos contra los desmovilizados. Una noche de diciembre de 1995, ‘paras’ camuflados irrumpieron a media noche en la casona de Monterrubio, sometieron a unos que dormían allí  y se llevaron 80 reses de los potreros.
Al año siguiente, el 12 de marzo de 1996, volvieron a la finca  con mayor violencia.  "Llegaron diciendo que eran del Ejército, a uno de nosotros le quemaron los testículos y a otros los amarraron. Se llevaron el campero y nos dijeron que fuéramos al otro día a reclamarlo al batallón", dijo José Isair Páez Soto a VerdadAbierta.com, quien fue testigo de lo que allí ocurrió. Fueron al día siguiente al Batallón de la Popa y les dijeron que ellos no habían hecho eso, sino los paramilitares.
Los campesinos pusieron denuncias en  la Policía y en el Ejército. Varios tuvieron miedo y no volvieron a la finca, esperando que las autoridades los protegieran.  En ningún momento pensaron en volverse a armar, dijo Ufley Quintero, quien hoy es el presidente de Soprasar. "No podíamos regresar a lo que habíamos renunciado por ser campesinos".
En la tarde del 10 de febrero de 2002, uno de los asociados, Alirio Pérez Vivas,  había salido a comprar víveres en compañía de Soto, y cuando regresaban de Chiriguaná, dos hombres armados les salieron en el camino. Le pegaron varios tiros a Pérez en la cabeza.  Soto logró huir.
Al día siguiente, Mauricio Mayorga, otro de los campesinos de la próspera Soprasar,  recogió el cuerpo sin vida de Pérez.  Les avisó a los demás que los paramilitares seguían buscando a Soto para asesinarlo. Ese día, huyeron de Monterrubio.
Días después Mayorga fue desaparecido y se cree que fue asesinado en mayo de ese mismo año. Se enteraron de las reales intenciones de los paramilitares, cuando otro de los jefes ‘paras’, alias ‘Harold’, citó a Ufley Quintero a una reunión en Pailitas.  Les exigió que abandonaran su finca de Monterrubio.
"’Harold’ me dijo: ‘Los muertos, muertos están, no le respondemos por ellos pero necesitamos la finca. Ustedes verán qué hacen’",  contó Quintero.
Para entonces varios de ellos habían formado familias y el grupo original ya había crecido: eran 74 personas. Ante semejante ultimátum, los asociados de Soprasar en asamblea, resolvieron denunciar las amenazas ante las autoridades, y mientras tanto, abandonar el predio.
Creyendo que evitarían el despojo,  le arrendaron Monterrubio a un ganadero de la región. Funcionó por un tiempo, pero en diciembre de 2002, los ‘paras’ le cayeron también al ganadero, advirtiéndole que sacara sus reses que ellos iban a quedarse con la finca.
¿Por qué tanto afán de quedarse con esa tierra? Atando cabos se dieron cuenta de que por ella pasaba un poliducto de Ecopetrol del cual les sería fácil robar gasolina. Así lo reconoció luego, el ex jefe paramilitar Óscar José Ospino, alias ‘Tolemaida’, quien confesó ante Justicia y Paz que ellos se financiaban vendiendo gasolina robada.
A pesar de que el riesgo seguía siendo alto, en 2003 once campesinos regresaron a Monterrubio;  no se iban a dejar quitar su tierra. "Fuimos once los que regresamos porque el resto sentía que no había la seguridad para el retorno", explicó Quintero.
La encontraron  invadida por campesinos de la zona, al parecer, afines a los paramilitares. Muy pronto se enteraron de que eran 42 familias y que habían conformado la cooperativa Coopecam y se negaban a abandonar la propiedad.  Empezaron entonces a pelear la finca en los estrados judiciales.
En marzo de 2006, cuando se desmovilizaron los 4.700 hombres del Bloque Norte de las Auc en La Mesa, Cesar, los asociados pensaron que sería más fácil recuperar su tierra. Estaban equivocados.
Sólo hasta el 18 de octubre de 2008, con la ayuda del Incoder los campesinos desmovilizados del Epl y los ocupantes llegaron a un acuerdo.  A éstos últimos les ofrecieron otra finca en Ariguaní, Magdalena, a cambio de que les dejaran Monterrubio a sus legítimos dueños.  Pero sólo 18 de las 42 familias que allí se encontraban se mudaron. Los otros ocupantes se negaron a irse.
El  Incoder les recomendó a los asociados de Soprasar que ocuparan los predios que fueron abandonados. "Fue difícil reagruparnos –recuerda Soto— porque estábamos dispersos en otras poblaciones de Cesar como Urumita, Mariangola o Valledupar. Pero nos metimos y montamos seguridad, que no eran más que cuatro celadores en el día y cuatro en la noche".
Desde entonces la situación con las familias invasoras que se quedaron no fue fácil. "Nos reuníamos con ellos y acordábamos su salida de la finca, pero cuando nos los encontrábamos en cualquier trocha o camino, eran hostiles."
Para sorpresa de todos, el 27 de abril de 2009, los ocupantes de Monterrubio interpusieron una acción de desalojo ante la policía de Chiriguana, y la alcaldía fijó la expulsión de los campesinos de Soprasar el 5 de mayo. Si bien tenían el título legal de la tierra adjudicada a ellos por el Incora, lograron congelar esa orden temporalmente, apoyados por la Comisión de Reparación y Reconciliación (Cnrr) del Cesar y por el Procurador Agrario.
A los pocos días, una turba armada con palos, machetes y revólveres, escoltada por hombres armados, se les fue encima a los campesinos de Soprasan. Los hombres armados acorralaron a dos de ellos, Onil Polo Puerta y Ramiro López Velásquez, los lincharon y luego los asesinaron con tiros de gracia en la cabeza.
Luego del homicidio de sus dos compañeros, Soprasar volvió a pedir apoyo de la Policía y del Ejército. Los presuntos asesinos fueron rápidamente capturados, pero, con la misma velocidad,  uno de ellos fue puesto en libertad y otro escapó de la cárcel judicial de Valledupar. El que aun se encuentra detenido decidió colaborar con las autoridades para esclarecer el crimen.
Para Antonio Calvo, coordinador regional de la Cnrr de Cesar, el triste episodio  muestra que las Autodefensas en ese departamento no han honrado su compromiso de dejar las armas y restituir las tierras que se robaron a miles de campesinos en la región. "Este es el epílogo de esa tragedia, este caso es políticamente significativo y emblemático porque en un sitio tan pequeño dos procesos de paz se muerden la cola, negándose el uno al otro", dijo a VerdadAbierta.com.
Las amenazas contra los campesinos de Monterrubio no han cesado. Uno de ellos le dijo a VerdadAbierta.com que éstas provienen de los ex paramilitares, alias ‘El Gordo’, ‘El Buda’, ‘El Mocho’ y ‘Elkin Carranza’, paramilitar que se desmovilizó con el Bloque Norte. Denuncian además que un militar retirado que fue líder de una red de cooperantes en la zona, también ha participado en las nuevas presiones para que dejen su tierra.
Algunos insisten en que aún pueden prosperar en Monterrubio,  pero la realidad ha sido muy cruel. Convocaron a una asamblea y la mayoría decidió tirar la toalla: después de 17 años de hostigamientos, cuatro muertos y largas luchas legales liquidarán a Soprasar. Cada uno está viendo qué rumbo tomar porque ya, con resignación, saben que Monterrubio no será la tierra prometida para sembrar la paz.
28 de octubre de 2010
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la venganza es muy jodida


Adán ’El Negro’ Rojas. En entrevista con VerdadAbierta.com, Adán Rojas, alias ‘El Negro’, quién creó uno de los grupos de autodefensas más antiguos de Colombia en la Sierra Nevada de Santa Marta, cuenta su historia.
Colombia. Venganza. Es sin duda la palabra que ha guiado la vida de Adán Rojas. Rojas cuenta que cuando sólo tenía 12 años, en 1956, guerrilleros comandados por Pedro Antonio Marín, alias ‘Tirofijo’ llegaron a la finca de su familia en Chapinero, Huila, y asegura que asesinaron a su padre delante de toda la familia porque no le quisieron dar panela a ‘Tirofijo’.
La decisión del joven Adán Rojas fue la misma que la de miles de campesinos en los cincuenta: coger las armas para proteger a su familia y vengar la muerte de su padre. Se unió a Jesús María Oviedo, alias ‘Mariachi’, un bandolero anticomunista que delinquió en los años cincuenta en el sur de Tolima.
Seis años después, cansado de la guerra, se fue a la Sierra Nevada de Santa Marta, siguiendo los pasos de su madre y de miles de familias ‘cachacas’, como le dicen en el Caribe a la gente del interior, que huían de la violencia en Tolima, Huila, Santander y Antioquia y que instalaron fincas cafeteras en las tierras altas de la montaña.
Pero la guerra volvió a tocar a su puerta. A finales de los setenta las Farc se tomaron Palmor, el pueblo donde vivía. Sostiene que le tocó desenterrar las armas para defender a los suyos. Así nació el clan de Los Rojas, que dominó todo el occidente de la Sierra Nevada durante casi dos décadas.
Con sus hijos y sus sobrinos organizaron las autodefensas en la Sierra, después de seguir cursos junto a los hermanos Castaño y al mercenario israelí Yair Klein. Su gesta confundió guerrilleros con militantes de izquierda y asesinaron a decenas de militantes de la Unión Patriótica y sindicalistas de las palmeras y bananeras en Ciénaga, en Fundación; se aliaron con políticos, ganaderos y narcotraficantes de Magdalena; y se enfrentaron a muerte con el Eln.
En 2000 el grupo de Los Rojas llegó a su fin. Se enfrentó con Hernán Giraldo, un colono antioqueño que también tenía un grupo paramilitar en la Sierra Nevada. Para hacerle frente a Giraldo, Los Rojas acudieron a los Castaño y a Rodrigo Tovar Pupo, alias ‘Jorge 40’, que en ese momento buscaban unificar todos los paramilitares bajo el paraguas de las Auc.
Desde la cárcel Rodrigo Bastidas de Santa Marta, donde ha pasado más de 10 años, Adán ‘El Negro’ Rojas conversó con VerdadAbierta.com.

Adán Rojas, una Vida Marcada por la Violencia
Adán Rojas nació en 1944 en Chapinero un pequeño poblado en las montañas del Huila, azotado por la violencia partidista de los años cincuenta. Según contó, un miércoles santo, guerrilleros comunistas de Pedro Antonio Marín, alias ‘Tirofijo’ asesinaron a Camilo Rojas, su padre, delante de sus 11 hijos y su esposa. ¿La razón? No les quiso dar cinco cargas de panela ni dejó que se llevaran a sus dos hijos mayores a las filas rebeldes.
Cinco tiros en la espalda y varios machetazos lo dejaron agonizando delante de su familia. Ahí arrancó su camino de venganza. Con sólo 12 años se unió en Planadas, Tolima, a Jesús María Oviedo, alias ‘Mariachi’ y a ‘Peligro’, liberales, declarados anticomunistas, que llegaron a comandar más de 600 hombres en el sur del Tolima y que pelearon contra los hombres de ‘Tirofijo’ y de Jacobo Prías Alape, alias ‘Charro Negro’.
Por más de seis años Adán Rojas se disputó el sur del Tolima, parte del Valle y Huila con ‘Tirofijo’ y su banda de comunistas. Al final quedó de comandante "porque yo les salió bueno para la guerra", dijo el veterano paramilitar.
"Después de unos años yo ya me aburrí, me desquité de la muerte de mi papá, fui a buscar otra vida a la Costa", añadió. Aunque asegura que en esa época no quería volver a coger las armas, estuvo treinta años más en guerra.

Los Rojas, un Clan de Cachacos en la Sierra Nevada
En los sesenta, Adán Rojas se reunió con su madre, que se había ido a colonizar tierras nuevas en la Sierra Nevada de Santa Marta. En esa época miles de campesinos que huían la violencia en Tolima, Huila, Santander y Antioquia se fueron a la región en busca de nuevas oportunidades.
Con un crédito del Banco Agrario en el bolsillo, Rojas se instaló en la Zona Bananera. Unos años después siguió su camino hacia Palmor, un pueblo cafetero en las tierras altas de la Sierra Nevada. Cuenta que un día, estando en Santa Marta, se enteró de que la guerrilla se había tomado el pueblo y que dos sobrinos habían muerto en el fuego cruzado.
"Vi que me estaban matando la familia y me tocó volver y armarme. Conseguí un poco de  campesinos que también la guerrilla los había jodido y ahí me volví a ponerme a guerrearles. Éramos unos 25, después 50 y así hasta llegara a unos 200", dijo.
En el libro ‘Aproximación a una historia oral de la colonización’, del investigador Alfredo Molano, varios colonos entrevistados en 1988 recuerdan que los primeros grupos paramilitares se formaron en Palmor en 1977. En ese momento, para ellos es claro que Rojas, según relata Molano, "ha recibido apoyo del Ejército, uniformes, y se desenvuelve con total impunidad por la región, tiene vinculación muy cercana con el comandante del batallón Córdoba, ganaderos de la zona ganadera y políticos de Santa Marta".
Otro colono le dijo al sociólogo que "en el cementerio de Palmor sólo seis de las 134 personas enterradas ahí, han fallecido de muerte natural, los demás han sido víctimas de la ‘Mano Criminal’, como también se llama a los ‘chachos’ del MAS".
Junto a sus hijos y a sus sobrinos Adán Rojas poco a poco se fue volviendo un señor de la guerra en la Sierra Nevada. Dominaban el sur oeste de la Sierra, Ciénaga, Fundación y parte del norte del Cesar. Se financiaron gracias a la ayuda de campesinos y sobre todo ganaderos del Magdalena.
En las entrevistas de Alfredo Molano, un habitante del área le contó que "El MAS ha asesinado a muchas personas, alegando que son colaboradores de la guerrilla, pero en el pueblo (Palmor) se comenta que son problemas personales por los cuales se obtienen contratos relativamente substanciosos".
En 1996 Adán Rojas cayó preso y el mando de su grupo pasó a manos de su hijo Rigoberto. ‘El Negro’ estuvo preso hasta 1999, cuando se escapó de la cárcel Rodrigo De Bastidas de Santa Marta. En 2000 volvió a caer en Barranquilla en el momento en el que se estaba recuperando de una herida de bala en el brazo. Desde entonces ha estado tras las rejas.
 
Los Castaño, Yair Klein y los Rojas
A finales de los ochenta los hermanos Castaño en Córdoba y Urabá y Henry Pérez en el Magdalena Medio, consolidaron el paramilitarismo moderno. Por sus escuelas de entrenamiento pasaron decenas de hombres que luego se volvieron jefes ‘paras’ en todo el país.
Según cuenta Adán Rojas, Camilo Dávila, hermano del político magdalenense José Domingo Dávila Armenta, investigado por parapolítica, y de Eduardo Dávila, condenado por narcotráfico, lo contactó con paramilitares del Magdalena Medio que tenían centros de entrenamiento.
En 1986 su hijo Rigoberto y varios sobrinos, Reinaldo, Mincho, Camilo, Javier viajaron a Puerto Boyacá. Durante varios meses se entrenaron en el Magdalena Medio y en Córdoba, en donde Rigoberto conoció a Carlos Castaño, quien también hacía el curso con instructores como el mercenario israelí Yair Klein y el teniente retirado del ejército Luis Antonio Meneses, más conocido como ’Ariel Otero’. Los dirigentes de esa escuela eran Gonzalo y Henry Pérez.
En el 87, Rigoberto, ‘Rigo’ o ‘El Escorpión’ regresó a Santa Marta y se hizo cargo de la parte militar. A su regreso desató una guerra sucia, no contra guerrilleros, sino contra los militantes de izquierda y miembros de la Unión Patriótica (UP) en el Magdalena. La Zona Bananera, bastión emblemático del sindicalismo agrario colombiano desde los tiempos de la masacre de las bananeras en los años treinta, sufrió con fuerza el embate de Los Rojas.
La relación de Adán Rojas con los Castaño fue clave para que su grupo se afianzara en la Sierra Nevada. En varias oportunidades se reunió con Fidel Castaño en El Rodadero, cerca de Santa Marta, donde le entregó armas y mucha munición.
 
Los Rojas, los Políticos, los Narcos, los Ganaderos, las Autoridades
Aunque Adán Rojas dijo que eran muy pocas las figuras públicas y los políticos que los apoyaron, queda la duda si se puede delinquir por más de 20 años en Santa Marta, Ciénaga y la Sierra Nevada sin que muchos funcionarios no se hayan hecho los  de la vista gorda.
Rojas asegura que "Edgardo nos ayudó con unas compras de 80, 100 millones"  que él le ayudó a Edgardo Vives en su campaña a la Alcaldía de Santa Marta, poniéndole votos de campesinos que vivían en su zona de influencia. También dijo que ‘Nacho’ (José Ignacio) Vives les ayudó.
José Ignacio Vives Echeverría y Edgardo Vives Campo, fueron políticos de mucho peso en Magdalena. Ambos llegaron al Senado, ocuparon la alcaldía de Santa Marta y la justicia los investigó, en casos diferentes, por irregularidades en la contratación.
‘El Negro’ Rojas también aseguró que tuvo relaciones con los Durán de Fundación que según dijo, lo financiaron y le daban información de presuntos colaboradores de la guerrilla.
El miembro más recordado de la familia es Jairo ‘El Mico’ Durán, un notorio narcotraficante, que se casó con una señorita Colombia y que las Farc asesinaron en 1992, al parecer por sus vínculos con las autodefensas.
Su hermano Alex, quién representante a la Cámara de Magdalena también llegó a las primeras planas de los periódicos. Las autoridades sospechaban que también tenía nexos con narcotraficantes. Fue asesinado en 1993.
En los setenta y ochenta el tráfico de drogas se tomó gran parte de la Sierra Nevada y los municipios aledaños. Naturalmente los grupos armados ilegales se beneficiaron de la bonanza.
En la entrevista con VerdadAbierta.com, Adán ‘El Viejo’ Rojas, aceptó que varios traficantes de marihuana y coca lo financiaron. Según dijo, Antonio Caballero y Sergio Salazar colaboraron con su grupo. Recordó que Antonio Caballero le dio dinero y armas y señaló que este es hermano del ex senador Enrique Caballero  Aduen, llamado a juicio por la Corte Suprema de Justicia por parapolítica.
‘El Negro’ también salpicó a Sergio Salazar, quién distinguió como cuñado de José Rafael ‘El Mono’ Abello, uno de los narcotraficantes más poderosos del Cartel de Medellín. Fue extraditado a Estados Unidos en 1989 y volvió a Colombia en 2007, después de cumplir su sentencia.
Las redes de Los Rojas también contaban con varios miembros de la fuerza pública. Según el ex jefe paramilitar, oficiales de la fuerza pública le daban información sobre presuntos colaboradores de la guerrilla. En sus versiones ante Justicia y Paz, mencionó a varios de ellos.

La Guerra contra Hernán Giraldo y Jorge 40
A pesar de que Los Rojas coexistieron con otro paramilitar de la región, Hernán Giraldo, por más de 15 años, en febrero de 2000 estalló una guerra entre ellos. Varias diferencias terminaron enfrentándolos. Por un lado, a finales de los noventa los Castaño ordenaron reunir todos los paramilitares bajo su mando. Giraldo quiso mantener su independencia, pues no quería soltar el control del narcotráfico, el poder político y su feudo en todo el norte de la Sierra.
Además hombres de Giraldo asesinaron a tres agentes encubiertos de la DEA, la agencia estadounidense antidrogas, crimen que puso las Auc bajo fuerte presión de Washington.
Por último, a finales de 1999 hombres de Los Rojas asesinaron a Emérito Rueda, ex concejal de Santa Marta, aliado político y amigo personal de Hernán Giraldo.
Según dijo en la entrevista, Rojas la muerte de Rueda fue un error de sus hombres. Contó que un cabo, suboficial que colaboraba con su grupo ilegal, fue a la Troncal del Caribe a robar una camioneta y atracó el vehículo de Emérito Rueda, sin saber quién era. El concejal murió en el tiroteo.
Este asesinato fue la razón principal que finalmente empujó Giraldo a atacar el campamento de Adán Rojas. Giraldo sentía que si no reaccionaba, los otros paramilitares iban a absorber poco a poco su poder. En el combate, unas balas de fusil alcanzaron a Adán y Rigoberto ‘Rigo’ Rojas. Los dos líderes del clan alcanzaron a escapar, pero las autoridades los capturaron pocas semanas después, mientras se recuperaban de sus heridas en Barranquilla.
Pero la guerra paramilitar en la Sierra no quedó ahí. Lo que quedaba de Los Rojas se reencontró con sus viejos aliados, los hermanos Castaño y Rodrigo Tovar Pupo, alias ‘Jorge 40’.
Cientos de ‘paras’ de ‘Jorge 40’ cercaron el pequeño ejército privado de Hernán Giraldo, quien firmó un acuerdo de paz en 2001 y se sometió al poder de las Auc.
En la entrevista con VerdadAbierta.com Adán Rojas dijo que "Carlos (Castaño) mandó a llamar a mis hijos,  y les dijo que se vinieran donde ‘Jorge 40’, que él los recibía.  Mandaron mil hombres a recoger a Giraldo".
Sobre Hernán Giraldo, Rojas dice que nunca fue de las autodefensas y se dedicaba al narcotráfico, a asesinar ladrones y drogadictos: "Hernán sólo se metió a la guerra por la plata, dice que le peleaban a la guerrilla, pero ellos más que todo eran peleaban por el narcotráfico y matando raticas".
Giraldo fue extraditado en abril de 2008 a Estados Unidos, donde es juzgado por narcotráfico.

El Difícil Arrepentimiento
Para alguien que como Rojas guió su vida con las armas y que siempre siguió la venganza como patrón, es difícil reconocer a las víctimas como tales.  Si bien en la entrevista de VerdadAbierta.com Adán Rojas dice que les pide perdón a sus víctimas, también justifica su violencia.
Le dijo a VerdadAbierta.com que muchos campesinos vienen a las audiencias a "cobrar sus muertos" y  "que el gobierno se los va a pagar".
De todos modos, según declaró, todo es culpa de la guerrilla que mató a su padre hace más de cincuenta años pues fue la que le enseñó a ser malo. "La venganza es muy jodida, si le matan a su padre o su madre usted se vuelve malo. A mí me mataron a mi padre y todavía me duele, tocaba pararse uno".
28 de octubre de 2010
26 de octubre de 2010
©verdad abierta
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