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columna de lísperguer

quieren matar a esos otros hijos nuestros


columna de lísperguer
Asombra el desdén e insensibilidad con que tratan los partidarios de la eutanasia canina a sus detractores.

Lo que asombra en la postura de los partidarios de la eliminación de los perros abandonados o extraviados, o vagos, es su completo desdén por los sentimientos de las personas relacionadas con esos perros en sus ámbitos cotidianos y el indecible dolor que se les causaría tan injustamente, eliminando a los perros a los que, por su situación de calle, alimentan y tienen en muchos casos con las vacunas al día. Cuando el ministro Hinzpeter dijo que los perros son como nuestros hijos, dijo una verdad cultural y jurídica. No se conocen culturas en el mundo en que a los hijos, tras echarlos a la calle, se les persiga, encierre y asesine. ¿Qué tienen en el alma estos partidarios del asesinato despiadado de esas personas no humanas que forman parte de nuestras familias, algunas fallidas? ¿Por qué consideran desdeñables sentimientos que comparten una mayoría de los ciudadanos?
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los perros vagos no son peligrosos


columna de lísperguer
Está claro, pero algunos persisten en confundir perros vagos con perros peligrosos.
Demuestra mala fe confundir el tema de los perros peligrosos con el de los perros abandonados o vagos, sobre todo después de que estudios y estadísticas, con el propio reconocimiento de autoridades políticas, han demostrado que las agresiones las provocan en su inmensa mayoría perros con dueño. Los perros vagos no son peligrosos. Los perros del incidente en Peñaflor son los perros de un dueño que nunca se tomó en serio la tarea de cerrar bien su propiedad y ocuparse de sus perros. No viene a cuento sacar a relucir el tema de los perros abandonados cuando de lo que se trata es de acelerar una ley que regule la tendencia de perros peligrosos y la responsabilidad civil de sus dueños. Decepciona la mala fe y mediocridad del ministro de Salud y del colegio veterinario. No están a la altura de la sensibilidad moral chilena de esta época, a la que repugna la idea de asesinar a las mascotas abandonadas. Lo que debemos hacer, según el senador Girardi, es prohibir la eutanasia. Muy de acuerdo.
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consenso contra eutanasia canina


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Gobierno y senadores Chahuán y Girardi rechazan eutanasia canina.

Mientras esto ocurría, el senador Ruiz-Esquide buscaba alguna manera de torpedear los avances políticos de las últimas horas, confundiendo el tema perros peligrosos con el de los perros vagos o abandonados. Una verdadera canallada. Su animadversión hacia los perros logró empantanar el proyecto del senador Girardi sobre perros potencialmente peligrosos. Los perros vagos por lo general no son agresivos y la inmensísima mayoría de los ataques contra personas la cometen perros con dueños, muchos de los primeros adiestrados para repeler con violencia lo que consideran intrusión. Ruiz-Esquide aprovecha toda ocasión para predicar su muerte, sin ofrecer ninguna solución ni sensata ni que respete la sensibilidad moral de los chilenos de hoy, que rechazan mayoritariamente el sacrificio de perros sanos y/o curables. Es histórico este consenso anti eutanasia entre el gobierno y los senadores Chahuán y Girardi.
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ley de perros, pero sin indicación


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Ciudadanos confundidos exigen medidas contra perros callejeros.

Lo que Lola, y otros lectores, no parecen entender es que los perros que atacaron a esas dos mujeres de Peñaflor no son perros vagos y, realmente, el tema perros vagos no tiene nada que ver en este asunto. Los perros vagos en general no son agresivos y la inmensa mayoría de ataques y mordeduras corren por cuenta de perros con dueño. Este caso tiene que ver con el tema perros peligrosos, que son perros de todas las razas que presentan conductas hostiles aberrantes y que, en muchos casos, pueden ser rehabilitados. Los perros considerados peligrosos no deben estar sueltos en la calle, menos aun sin bozal ni tutor. Este caso tiene además el agravante de las denuncias previas por los ataques, seguidos de muerte, de cerca de diez perros del vecindario, negándose el dueño a poner remedio al problema. El proyecto de ley que se discute debiese ser aprobado, pero sin la macabra indicación de Bachelet.
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los perros vagos del señor miranda


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Insisten en llamar perros vagos a los que atacaron a dos mujeres en Peñaflor.

Es irritante que cada vez que ocurren incidentes como este de Peñaflor, algunas autoridades y parte de la opinión pública reaccionen pidiendo o anunciando campañas punitivas contra los perros vagos. En este caso, como en muchos anteriores, no se trata de perros vagos, sino de perros con dueño. (En un noticiario oí decir a un periodista: "Los perros vagos del señor Miranda"). Y el problema de fondo no es el control de la población canina sino cómo regulamos la tenencia de perros peligrosos. Ser perro vago no es una condición ontológica; sólo significa que fue abandonado por su dueño. Muchos dueños adiestran a sus perros como vigilantes, y este es el principal foco de peligro, porque nada obliga a sus dueños a adiestrarlos profesionalmente, para que estos incidentes no terminen con la muerte de otros.
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no eran perros vagos


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Perros de una parcela atacaron y dieron muerte a dos mujeres. Lectores llaman a matar a perros vagos.

Los perros que atacaron a las dos mujeres no son perros vagos, sino perros con dueño. Es bueno saber que, según estadísticas y estudios, la inmensísima mayoría de los ataques con mordedura denunciados y/o tratados en postas y comisarías son perros con dueño, no perros vagos. Suelen ser los perros con dueño más peligrosos porque sus dueños los mantienen agresivos para que sirvan para cuidar la casa. Los perros vagos, en general, no son peligrosos. Estos perros sí lo eran, puesto que habían sido denunciados anteriormente, sin que el dueño hiciera nada al respecto. El proyecto de Girardi aborda precisamente este aspecto, permitiendo responsabilizar judicialmente a los dueños de perros que dañen a terceros. Y se paralizó por el infame intento de Bachelet, que introdujo una indicación que permitía el exterminio de los perros abandonados, lo que nuestra legislación, felizmente, prohíbe.
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¿es posible una nueva derecha?


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Presidente Piñera propone fundar nueva derecha.
Interesante propuesta del presidente Piñera, aunque ya cuenta con el rechazo de la extrema derecha de su gobierno. Ciertamente la derecha chilena ha estado dominada en los últimos 35 años por lo que también se da en llamar la derecha psicótica, vale decir, una que justifica las violaciones a los derechos humanos y el despojo del estado a favor de particulares (privatizaciones), y que se muestra violenta y agresiva en sus propuestas de seguridad ciudadana y que todavía busca la impunidad para los criminales pinochetistas. Es notable la ausencia de liberales en la derecha chilena, que dejaron de existir en 1973, cuando se fundó el Partido Nacional. Tareas fundamentales para todo nuevo esfuerzo político de derecha o izquierda deberán ser la abolición del binominal y la recuperación de la libertad de expresión, la exclusión del poder judicial de jueces torcidos, la derogación de la ley antiterrorista, la reducción del periodo senatorial y la abolición de la justicia militar.
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reformas no nos devolverán la democracia


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Gobierno presenta reformas políticas, pero deja intocado el régimen electoral.

¿Conviene a toda nuestra acomodaticia clase política la perpetuación de un régimen electoral que nos tiene, junto con Cuba, en las antípodas de las verdaderas democracias representativas, que ha logrado a que ni siquiera podamos satisfacer los requerimientos de la OEA para que Chile sea considerado una democracia? Estas reformas menores dejan intacto el problema de fondo, que es el sistema binominal. Aunque se agreguen cuatro millones de votantes nuevos al padrón electoral, los resultados serán siempre los mismos y la ciudadanía seguirá eligiendo sólo a la mitad de sus representantes. El régimen binominal, inventado por la dictadura polaca para perpetuar el control comunista del régimen político, conviene a los que, por interés propio, pretenden temer las incertidumbres que conlleva el ejercicio de la democracia. Mientras no la recuperamos, no tiene mayor interés si votamos veinte, cuarenta, mil o seis millones de chilenos.
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