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columna de mérici

iraquíes pedirán fin de ocupación


[Douglas Jehl] El gobierno iraquí que se forme tras las elecciones del 30 de enero pedirá casi con toda seguridad que Estados Unidos fije un calendario para la retirada de sus tropas, de acuerdo a nuevos informes del servicio secreto norteamericano mencionado por importantes funcionarios de gobierno.
Washington, Estados Unidos. Los informes también advierten que las elecciones serán seguidas de más violencia, incluyendo una mayor probabilidad de choques entre chiíes y sunníes, que posiblemente conducirá a una guerra civil, dijeron los funcionarios.
Este pesimismo es consistente con otros estudios de los últimos seis meses, incluyendo un cable clasificado enviado en noviembre por el jefe de la estación de Bagdad saliente de la CIA. Las nuevas evaluaciones, de la CIA y de los ministerios de Defensa y Asuntos Exteriores, se concentran más detenidamente en las secuelas de la elección, incluyendo sus potenciales implicaciones para la política exterior estadounidense, dijeron los funcionarios.
Los estudios se basan en la expectativa de que una coalición árabe chií gane las elecciones, en las que los chiíes constituirán la gran mayoría de los votantes, dijeron los funcionarios. Líderes de la coalición han prometido a los votantes que presionarán a Washington para que presente un calendario para la retirada de las tropas, y las evaluaciones dicen que el nuevo gobierno iraquí se sentirá obligado, al menos públicamente, a cumplir con ese compromiso.
Una petición semejante pondría nuevas presiones sobre el gobierno de Bush, que ha dicho que respetará una petición iraquí pero se ha negado a fijar un calendario para la retirada de sus 173.000 tropas norteamericanas y otras tropas extranjeras en Iraq. Los funcionarios, incluyendo a Colin L. Powell, el ministro de Asuntos Exteriores, han declarado que esas decisiones se tomarán sobre la base de las necesidades de seguridad del país, lo que incluye el adiestramiento de más iraquíes.
"Nadie quiere retirarse de tal manera que se deje a Iraq mal preparado para hacer frente a la resistencia, que no desaparecerá [con las elecciones]", dijo un funcionario de gobierno. "Así que el asunto es cómo maximizar nuestro programa de adiestramiento para preparar a la mayor cantidad de iraquíes como sea posible".
El funcionario dijo que Estados Unidos esperaba que el nuevo gobierno iraquí presente un plan basado en la situación militar, pero no un calendario. Pero el funcionario dijo que había incertidumbre sobre la insistencia que pondría el nuevo gobierno iraquí en una reducción de las tropas norteamericanas.
"En este momento hablar de un calendario y de cómo y cuándo quieren que nos vayamos, sería una especulación", dijo el funcionario. "¿Qué dirán públicamente y qué en privado? Obviamente, hay factores que tomar en cuenta. El asunto es que controlamos la mayor parte de sus capacidades, y eso es lo que está detrás de muchos de nuestros esfuerzos".
En una entrevista el jueves pasado para el programa de televisión de la PBS, ‘Newshour With Jim Lehrer', Powell dijo que a él le "gustaría sacar a nuestras tropas lo antes posible". Pero agregó: "No es posible decir ahora que cuántas tropas menos tendremos a fines de 2005".
Funcionarios de gobierno que han descrito el informe de la inteligencia representan a varias agencias e incluyen tanto a críticos como partidarios de la guerra en Iraq. Todos ellos dijeron que habían leído el documento o que habían sido informados sobre él, pero insistieron en permanecer anónimos, diciendo que no querían hacer sombra a los recientes comentarios de Powell y del presidente Bush.
En una entrevista con el Washington Post publicada el fin de semana, Bush se negó a ser más específico sobre un eventual calendario de retirada. Pero funcionarios de gobierno dijeron que en una reunión el jueves pasado, los principales asesores de seguridad nacional de Bush habían discutido sobre cómo debía responder Estados Unidos si el nuevo gobierno iraquí presentara una petición semejante.
El sombrío tono del nuevo análisis de inteligencia fue mencionado por primera vez por los periódicos de Knight Ridder en artículos que aparecieron el lunes en el Miami Herald y otros.
La perspectiva del ‘peor de los casos' -una guerra civil entre chiíes y sunníes- sigue siendo todavía más ominosa que la bosquejada en pública en las últimas semanas por importantes funcionarios del gobierno de Bush. Pero el mensaje se hace eco de anteriores advertencias de los servicios de inteligencia norteamericanos, incluyendo el National Intelligence Estimate publicado el verano pasado.
Hace algunos días Powell y otros de los asesores de Bush han sido más directos en reconocer que no es probable que se reduzca dentro de poco la resistencia anti-norteamericana.
"Hay una furiosa resistencia y no estamos tratando de desecharla o minimizarla", dijo Powell en la entrevista de ‘Newshour'. "La resistencia no desaparecerá como resultado de las elecciones", dijo. "De hecho, quizás los insurgentes se envalentonen todavía más" si logran disuadir a grandes cantidades de sunníes de abstenerse de votar.
Durante el régimen de Saddam Hussein, los sunníes, que conforman el 20 por ciento de la población, fueron el grupo dominante en Iraq, pero participen los sunníes o no en las elecciones se da por sentado que ese rol pasará ahora a manos de los chiíes, que constituyen el 60 por ciento de todos los iraquíes. Los kurdos conforman el 20 por ciento restante.
Bush, en la entrevista con el Washington Post dijo sobre si las tropas norteamericanas comenzarían a retirarse de Iraq en 2005: "Tal como lo veo, las tropas norteamericanas comenzarán a retirarse tan pronto como sea posible, pero no dejarán el país mientras no completemos nuestra misión, y parte de esa misión es adiestrar a los iraquíes para que puedan enfrentarse a los terroristas. Y mientras más pronto estén preparados los iraquíes -mejor preparados, mejor equipados para luchar-, más pronto comenzarán nuestras tropas a llegar a casa".
En una reunión la semana pasada en la Casa Blanca, un funcionario militar de alto rango advirtió que Iraq ya se estaba perfilando como el "Afganistán occidental" y se estaba transformando en un imán y refugio de militantes, como lo fue Afganistán para Osama bin Laden durante el régimen de los talibanes.
En la entrevista del Washington Post, Bush dijo que compartía la preocupación de que "eso pudiera ocurrir", diciendo: "Si no nos mostramos firmes y eficientes, habrá bolsones de terroristas -partes del mundo que se transformarán en bolsones donde los terroristas encontrarán santuario y lugares para adiestrarse. Y tenemos el deber de impedirlo".
19 de enero de 2005
©new york times
©traducción mQh

elecciones secretas


[Dexter Filkins] En muchos lugares en Iraq los candidatos no se atreven a publicar sus nombres ni los partidos sus programas.
Bagdad, Iraq. La amenaza de muerte cuelga tan pesadamente sobre el mitin electoral, convocado esta semana en el quinto piso de la Fábrica General de Aceite Vegetal, que los oradores se negaron a decir si había candidatos.
"Es demasiado peligroso", dijo Hussein Ali, que habló a nombre de la Alianza Unida Iraquí, un partido que presente decenas de candidatos a las elecciones aquí. "Es un secreto".
Y entonces Ali y sus colegas de retiraron, escoltados por hombres armados.
Así se está desarrollando la campaña electoral en Iraq, un país simultáneamente embarcado en un experimento político impulsado por los norteamericanos y retorciéndose con una guerrilla determinada a interrumpir el experimento.
A sólo dos semanas de la votación, programada para el 30 de enero, los guerrilleros han incrementado sus ataques y empujado a la mayoría de los candidatos puertas adentro, y el sábado las autoridades dijeron que el día de las elecciones restringirán el tráfico e impondrán cordones en torno a los colegios electorales.
Como resultado, en grandes fajas del país la campaña electoral se hace en secreto, y los candidatos, normalmente ansiosos de que sus mensajes lleguen al público, a menudo tienen demasiado miedo como para decir sus nombres. En lugar de realizar mítines, se reúnen clandestinamente con los votantes, si acaso se reúnen con ellos.
Las campañas públicas son todavía posibles en gran parte del sur de Iraq y en las regiones kurdas en el lejano nordeste, donde la amenaza de violencia no se vislumbra tan pesadamente.
Pero en gran parte del centro y del noroeste, incluyendo a dos de las tres ciudades más grandes del país, Bagdad y Mosul, los candidatos revelan sus nombres corriendo grandes peligros personales.
De los 7.471 hombres y mujeres que se han inscrito como candidatos, sólo un puñado fuera de las áreas kurdas relativamente tranquilas se han identificado públicamente. La ubicación de los 5.776 colegios electorales todavía no se da a conocer, por temor a que sean blanco de ataques.
Las dificultades de los candidatos se mencionaron en una octavilla distribuida en la ciudad por la Alianza Unida Iraquí. El volante entregaba la lista de 37 candidatos a la asamblea nacional. Los otros 188, se leía en el volante, no podían ser publicados.
"Nuestras excusas por no mencionar los nombres de todos los candidatos", decía la octavilla. "Pero la situación de seguridad es mala y debemos mantenerlos vivos".
Algunos líderes políticos aquí dicen que no les preocupa la falta de visibilidad de los candidatos; señalan que los iraquíes votarán a los partidos políticos, no a candidatos individuales.
Cada partido tiene una lista de candidatos, que obtendrán escaños proporcionalmente a la cantidad de votos que reciba cada partido. En esta rudimentaria fase de la democracia, dicen algunos, lo extraordinario es que los iraquíes voten.
"Estas serán elecciones de electorados, no de programas como ocurre en Estados Unidos", dice Adil Abdul Mahdi, ministro de Finanzas y candidato de la Alianza Unida Iraquí. "Los iraquíes conocen a su gente. Saben a quién están votando".
Pero el problema mayor, para muchos líderes políticos, es que los ataques de la guerrilla para estropear las elecciones ha truncado el discurso político y, como resultado, el corazón de las elecciones mismas. Si los candidatos no pueden hacer campaña, no pueden debatir, y si no pueden debatir, los votantes estarán difícilmente en condiciones de diseñar el destino de su país.
"Una elección no es solamente echar un pedazo de papel en una caja; es todo un proceso", dice Nasir Chaderij, presidente del Partido Democrático Nacional, que presenta 48 candidatos. "Pero eso no pasa aquí. Los candidatos no pueden hacer campaña debido a la situación de inseguridad".
"Yo las llamo las elecciones secretas".
Raja al-Khuzai, candidata a la asamblea que se ha unido a la lista de candidatos encabezada por el primer ministro Ayad Allawi, pasa casi todo el tiempo dentro del recinto fortificado de Allawi, rodeado de guardias armados. En lugar de hacer campaña, envía voluntarios a las calles a hablar en su nombre con los votantes.
"Vuelven y me cuentan las opiniones de la gente", dijo la doctora Khuzai.
Khuzai conoce bien los peligros que acechan a los iraquíes que están tratando de construir un nuevo orden democrático; dos de sus colegas del ahora disuelto Consejo de Gobierno Iraquí fueron asesinados. El 24 de diciembre, soldados norteamericanos encontraron el cuerpo quebrado y agujereado de balas de un familiar, Wijdan al-Khuzai, también candidato.
Rawaf Abdul Razak, candidato del Partido Democrático Nacional, despertó una mañana y encontró un pedazo de papel metido en la puerta principal de su casa en Bagdad.
"Se acabó el juego", decía la nota manuscrita. "Si no vuelves honestamente a la senda de Dios y dejas de traicionar a tu país, te enviaremos al infierno".
Razak todavía es candidato, pero ya no hace campaña en público.
La violencia hace que la campaña electoral parezca curiosamente que ha sido retirada del país donde tiene lugar -y a veces literalmente retirada. Los candidatos más ricos, como Allawi, emiten reclames por televisión proclamando sus candidaturas. Otros dan ruedas de prensa dentro de recintos fortificados con sacos e arena y macizas murallas.
Khuzai hizo campaña recientemente de puerta en puerta reclutando seguidores en un barrio iraquí en Amman, Jordania. "No puedo hacer eso en Iraq", dijo.
Como resultado, la forma más ubicua de comunicación política es el cartel electoral; hay miles. En la capital, compiten por el espacio en casi todas las paredes.
"La Opción Correcta para un Futuro Brillante", dice un cartel de la Alianza Unida Iraquí.
"El Islam Es Nuestra Cultura, la Modernidad Nuestro Camino, la Renovación Nuestra Meta", dice otro del Partido Islámico Democrático.
Actos que son normales en las campañas son tan raros que a menudo los iraquíes no saben cómo reaccionar cuando se encuentran en una. Cuando los voluntarios del Partido Comunista Iraquí entraron en caravana con altavoces en Shoula, un barrio al norte de Bagdad el viernes, muchos de los vecinos que quedaron turulatos y boquiabiertos.
"¡Lucharemos por los pobres!", gritaba un joven comunista con un megáfono.
Sin embargo, cuando la caravana se detuvo y los voluntarios empezaron a distribuir panfletos, una muchedumbre de iraquíes se congregaron a su alrededor. No sabían mucho de los candidatos individuales o de los programas de los partidos, pero entendían que las elecciones estaban a apenas dos semanas.
"Por supuesto sabemos qué es la democracia", dijo Nadi Karim, 60, tendero, que había cogido un folleto de los comunistas. "Hace 35 años que la estamos esperando".
Los candidatos mismos, incluso los que tienen demasiado miedo como para salir a la calle, saben lo que está en juego. Los comunistas, por ejemplo, que ahora apoyan las elecciones libres y la tolerancia religiosa, son uno de los escasos partidos iraquíes que envían a sus candidatos a la calle. Dos de sus miembros fueron matados a balazos el mes pasado.
"Nadie te va a dar la democracia en una bandeja de plata; tienes que pelear por ella", dijo Jasim al-Helfi, candidato comunista a la asamblea. "En una democracia, los candidatos deben salir a la calle y encontrarse con el pueblo".
La resistencia no ha paralizado las campañas en todas partes. En gran parte del sur de Iraq, donde dominan los chiíes y la insurgencia ha disminuido, los candidatos iraquíes se reúnen con sus votantes cara a cara, aunque la mayoría de ellos lo hace sólo con guardias armados a su lado.
Antes esta semana, un grupo de cinco candidatos a la asamblea encabezados por Ahmad Chalabi se dirigieron de Bagdad a Mushkhab, a unos 160 kilómetros al sur, para reunirse con los líderes de una tribu local. Para llegar allá, Chalabi y su séquito viajaron con 50 guardias armados que pararon el tráfico en las carreteras cuando se transformó en un obstáculo e incluso ocuparon una gasolinera a punta de pistola cuando sus vehículos se quedaban sin gasolina.
Chalabi, que es candidato de la Alianza Unida Iraquí, fue acogido calurosamente. Se reunió con los líderes tribales en un ‘mudhif', un salón de reunión tradicional hecho de cañas secas sacadas del Río Eúfrates. Se sentó con las piernas cruzadas con los jefes tribales, almorzó cordero y arroz, y luego dio un discurso.
"Llegaron los norteamericanos y derrocaron a Saddam, pero no liberaron el país", dijo Chalabi. "El pueblo iraquí liberará al país; los iraquíes lo construirán".
A su vez, los líderes tribales prometieron su apoyo, así como el de todos los de la tribu fatla. "Nuestra gente votará como les digamos", dijo Imad Farun, un líder tribal fatla.
Muchos iraquíes chiíes dicen que han decidido votar a la Alianza Unida Iraquí, la coalición de partidos chiíes que reunió el jefe religioso el gran ayatollah Ali al-Sistani. Con el respaldo tácito del ayatollah Sistani -su cara macilenta y severa adorna las pancartas de la alianza- muchos chiíes dicen que sienten la obligación religiosa de votar a la alianza chií.
"Si este partido ha sido aprobado por Sistani, lo apoyaré", dijo Adnam Khazel, un obrero de 23 años de la fábrica de aceite vegetal.
Otra emoción que acompaña a muchos actos de campaña aquí, junto al miedo a la violencia, es el recuerdo de tiempos duros, no solamente de Hussein, sino también de incertidumbre desde la invasión norteamericana y la guerra de guerrillas cada vez más intensa.
Los mítines en Mushkhab y en la fábrica de Bagdad fueron los dos acompañados de lecturas de poesía, tristes versos sobre las penurias del pasado.
"Iraq, mi alma, mis heridas aún no están curadas", dijo un orador a sus compatriotas en la vieja fábrica. "Qué pena que en esta tierra donde éramos los amos, seamos ahora los esclavos".

15 de enero de 2005
18 de enero de 2005
©new york times
©traducción mQh

muerte sin honores


[David Zucchino] Para las familias de los contratistas que trabajan en la guerra encargada de Iraq, no hay cartas presidenciales ni salvas de 21 disparos, sólo consternación y pena.
Rosharon, Tejas, Estados Unidos. Cuando los parroquianos del Johnson's Market Bar and Grill se enteraron de que su amigo Allan Smith había muerto en Iraq, le rindieron tributo jugando a los dardos y bebiendo cerveza, dos de los pasatiempos favoritos de Smith.
"Allan lo hubiese aprobado", dijo Pat Johnson, el dueño, que se complació cuando en el funeral se mostró un video de Smith luchando con un oso de circo, e inmovilizándolo.
En otro suburbio de Houston, Dona Davis había recibido un email de su marido Leslie pocas horas antes de que le dijeran que había muerto en el mismo atentado suicida en el que murió Smith el 21 de diciembre. Entonces comenzó a preparar lo que llamó un "funeral patriota".
"Mi marido amaba a su país", dijo Davis. "Una de las últimas cosas que me dijo fue: ‘Estamos haciendo algo bueno aquí'".
Leslie Wayne Davis y Allan Keith Smith no eran soldados. Eran contratistas civiles, parte de un ejército de mecánicos, carpinteros y electricistas que apoyan la misión militar norteamericana en Iraq. Empleados de Halliburton Co., murieron junto a dos de sus colegas y 14 soldados en un comedor militar en Mosul.
Estados Unidos nunca ha estado antes en una guerra como esta, donde el enemigo está en todas partes y en ninguna, donde los civiles tienen tareas que antes realizaban los soldados y donde abuelos de edad mediana mueren junto a soldados de infantería de 19 años. Esta es la primera guerra por encargo del país, donde los civiles proporcionan los dos pilares del ejército en la logística y los aprovisionamientos.
Es una guerra sin frente, donde los civiles comparten los riesgos y el peso del combate. La gente muere en las más prosaicas de las circunstancias: durmiendo, yendo al trabajo, almorzando.
A diferencia de los soldados y marines que mueren en acción, los contratistas que mueren en Iraq tienden a morir anónimamente, y se los menciona sólo al pasar. Un diario local publicó un reportaje sobre Davis y Smith, proporcionando algunos detalles biográficos mínimos.
Pero sus muertes no son menos trágicas, y los mismos estertores de pena y dolor que sacuden las familias de los militares, sacuden a las familias de los civiles.
A diferencia de las familias de los militares, las familias de los contratistas no han tenido años para endurecerse con la posibilidad de la muerte en combate. Sus seres queridos no llevan rifles ni pesadas ametralladoras. Son civiles que hacen sus trabajos, y cada muerte repentina y violenta causa conmoción, sin importar cuántos contratistas mueren en el caos de Iraq.
El Pentágono y los órganos de prensa llevan una lista meticulosa de los soldados y marines caídos. Los diarios locales publican historias detalladas y obituarios elogiando sus servicios y valor. Los muertos reciben funerales militares con guardias de honor, salvas 21 disparos y ceremonias con banderas. Sus familias reciben cartas del presidente Bush.
Ninguna organización lleva una lista oficial de los contratistas muertos, de acuerdo a Stan Soloway, del Consejo de Servicios Profesionales, un grupo profesional entre cuyos miembros hay contratistas militares. Dijo que el grupo representa a 30.000 contratistas en Iraq, de un total de contratistas dos o tres veces mayor.
Soloway calcula que desde marzo han muerto en Iraq entre 200 y 250 contratistas. Las bajas no oficiales según informes de prensa que lleva el Conteo de Bajas de la Coalición en Iraq, un grupo de investigación privado, llegan a 202, entre las que hay 72 norteamericanos.
Halliburton, con 40.000 empleados y contratistas en Oriente Medio, dice que 63 de sus trabajadores han muerto en Iraq -más que los de las otras empresas, de acuerdo a Soloway.
Los militares norteamericanos, con 150.000 tropas en Iraq, han sufrido 1.356 bajas.
Las principales causas de muerte de los contratistas, listadas en la página web del Conteo de Bajas, son los ataques contra convoyes y emboscadas en carretera (48), ejecuciones realizadas por secuestradores (29), bombas improvisadas en la calle (18) y atentados suicidas con bomba y coches-bomba (25), incluyendo a Smith y Davis.
El Pentágono proporciona funerales con honores militares completos en cementerios de las fuerzas armadas para los militares muertos en Iraq. Las familias de los contratistas se encargan de sus propios funerales.
Después de que los militares enviaran los restos de Smith y Davis a la Base Aérea de Dover en Delaware, después de que los empleados de Halliburton escoltaran los cuerpos de vuelta a casa en Tejas, y después de que representantes de Halliburton pasaran dos horas con los seres queridos de los dos hombres muertos, las familias se quedan a hacer el resto.
Dona Davis tomó el anillo de bodas de su marido y la remplazó por el suyo propio, enterrándolo con él. Se aseguró de que su funeral incluyera un video de Leslie hablando en el reciente funeral de su hermano, donde dice que su hermano había "ido a un lugar mejor en el cielo". Ella cree que Leslie está allá ahora.
Los amigos de Smith pegaron un blanco de dardos a su ataúd. Rieron con el video de la lucha con el oso y lloraron cuando sonó la canción favorita de Smith, ‘Silver Wings', de Merle Haggard. Hubo sollozos cuando se mostró una instantánea de Smith sosteniendo a su nieto recién nacido en el hospital.
Tanto Smith, 45, como Davis, 53, eran abuelos. Tenían el doble de edad que la mayoría de los soldados que almorzaban ese día en el comedor donde murieron. El soldado típico es soltero, terminó hace pocos años la escuela secundaria y tiene pocas deudas o compromisos. El contratista típico es un hombre de edad mediana, casado o divorciado, y persigue un salario grandioso.
Los amigos de Smith dicen que se marchó a trabajar para Halliburton en Iraq como capataz para ganar dinero y dar una mejor vida a sus dos hijas y a su nieto de cuatro meses, y para comprarle un coche a una de sus hijas. La familia de Davis dice que él se marchó por sentido del deber, a trabajar como controlador de calidad, con la esperanza de que Halliburton lo integrara a su plantilla permanente en el extranjero de modo que él y su esposa pudieran viajar por el mundo.
Hombres como Davis y Smith, con toda una vida de habilidades adquiridas y experiencia, son muy pedidos en una época en que unas fuerzas armadas reducidas se han volcado hacia los civiles para que hagan trabajos que antes hacían los soldados. Halliburton, una compañía de servicios de energía basada en Houston, ha estado entre los principales contratistas privados en Iraq, principalmente a través de su filial de ingeniería, la KBR.
Cuando se presentó la oportunidad de trabajar para la compañía en Iraq, Smith y Davis se aferraron a ella, a pesar de las súplicas de la familia y amigos de que no corrieran ese riesgo.

Lo Tengo Todo Bajo Control
Smith era un hombre fuerte con cara de pan y una personalidad despreocupada. Su vida se centraba en sus hijas, Brandy, 21, y Savanah, 18, y en su nieto, Koda. Era un parroquiano del Johnson's Bar, un bar que se ciñe a un estrecho camino condal que pasa por pastizales ganaderos y torres de perforación de petróleo en Rosharon en la punta sur de Houston.
Smith se ganaba la vida con una firma de servicios de jardinería. Vivía en una caravana a menos de un kilómetro y medio de Johnson y era socio, y un amigo de toda la vida, de una taberna llamada Hoot N Annie's.
Miranda Selvera, 29, que trabajaba para Smith como camarera, contó que había convencido a su marido de no ir a Iraq, pero no había podido convencer a Smith.
"Sólo sonrió y me dijo que quería una vida mejor para él y sus hijos", dijo.
Terry ‘Alabama' Hartley, que jugó a los dardos con Smith durante más de una década, dijo que le había dicho la noche antes de que se marchara, en octubre: "Man, no necesitas ir allá". Hartley dijo que Smith "me tomó por el cuello y me dijo: ‘Chico, lo tengo todo bajo control'".
La hija de Smith, Brandy Wilkison, vive en su caravana, adonde llegaron dos consejeros de Halliburton la tarde del 21 de diciembre a entregarle la noticia de la muerte de su padre.
Dijo que su padre pensaba volver en primavera para una breve visita para ver a su hermana, Savanah, que se graduaba de la secundaria y para el nacimiento del primer hijo de Savanah, que debía nacer en junio.
"Luego se volvería a marchar y terminaría el año, para volver a casa y criar a sus nietos", dijo Brandy. Le dijo que su salario "era más que suficiente" y "mucho mejor que cortar el césped".
Ella siente ahora la pérdida. "Era valiente. Yo dependía mucho de él, y ahora ya no está y me siento como perdida".
Cuando él se marchó a Iraq, dijo, Smith le pasó la firma de jardinería al novio de Brandy. "Vamos a mantener el nombre -Allan's Lawn Service", dijo.
Smith estaba preocupado de los ataques con mortero en la base de Mosul donde vivía, dijo su novia, Ellen Hanley. Le dijo que un mortero había impactado en una bodega cercana. "Pero no le tenía miedo a nadie", dijo Hanley.
El día antes de que muriera Smith, Hanley se operó de un cáncer. "Entonces me llegaron las noticias de Allen, y eso era más de lo que podía soportar", dijo.
La muerte de Smith ha dejado un hueco en Rosharon, una diminuta comunidad donde se conoce todo el mundo y la mayoría de la gente trabaja en la construcción de casas o en el petróleo. Todos reconocieron su camioneta Dodge beige, con la que iba al bar de Johnson o a comer al restaurante Chili.
Selvera dijo que su hijo de cuatro años todavía sonreía y saludaba cuando veía pasar la camioneta de Smith, que conduce ahora su hija.
"Entonces grita: ‘¡Llegó Allan!", dijo Selvera. "Y yo tengo que contarle: ‘No, no es él'".

Cerca del Cielo
A 80 kilómetros, en Magnolia, en los suburbios del norte de Houston, Dona Davis trató de convencer a su marido de no ir a Iraq en junio pasado. Sigue pensando sobre el tiempo que pasó hace tres décadas cuando estuvo de servicio en las lanchas patrulleras de la Marina en Vietnam, y de cómo temía que alguien llamara a la puerta.
Cuando eso ocurrió el 21 de diciembre, no había un oficial militar en la puerta sino dos representantes de Halliburton. "Estoy completamente perdida", dijo al enterarse. Se puso histérica, llorando y gritando, dijo.
Finalmente encontró consuelo en lo que le había dicho su marido cuando ella trató de mantenerlo en casa. "Me dijo: ‘Dona, estoy tan cerca del cielo en Iraq que en Houston'", dijo.
Leslie Davis, conocida como ‘Bub', era un hombre religioso, un ex diácono que enseñaba el catecismo y rezaba antes de la comida. Apoyó al misión norteamericana en Iraq, dijo su viuda. Daba caramelos a los niños iraquíes hasta que los militares, preocupados de la seguridad de la base, construyeron una muralla que se lo impidió.
Dona dijo que su marido ganaba más o menos el mismos dinero con Halliburton que en sus trabajos previos como auditor de compañías petrolíferas norteamericanas.
"No me hablaba de los peligros, y eso lo hacía aposta", dijo. "Bromeaba sobre el hecho de que debía almorzar con el chaleco antibalas puesto. Si los habían atacado con morteros, me diría: ‘Los chicos pasaron una noche bulliciosa'".
Leslie y Dona, con 35 años de matrimonio, intercambiaban emails todas las noches -los de Leslie decorados con banderas de Estados Unidos y de Tejas- y hablaban por teléfono casi todos los días. Él le hablaba a menudo del miedo y de la ansiedad que veía en los ojos de los jóvenes soldados. Leslie tenía 19 años cuando Vietnam, y Dona cree que estaba reviviendo su juventud en una zona de combate lejos de casa.
Después de un fatal atentado con coche-bomba en Mosul, dijo Dona, Leslie que contó que se había encontrado con un turbado y joven soldado que había sobrevivido.
"Dijo que quiso abrazar a ese joven, pero no lo hizo porque no quiso hacerlo frente a otros soldados", dijo. "Y entonces me contó que hubiese preferido morir él antes que esos chicos".
El día que murió, la familia estaba preparando una cena para las vísperas de Navidad. El novio de la hija de los Davis, Angie, 35, quería pedirla en matrimonio esa noche. La cena fue cancelada.
"Sabes", dijo Angie, limpiándose las lágrimas que mancharon su maquillaje, "lo primero que habría hecho es escribirle un email a mi papá, para contárselo. Lo habría hecho muy feliz".
A pesar de los peligros, dijo, su padre se marchó a Iraq "porque era allá donde lo necesitaba Dios".
Para Dona, que empezó a salir con Leslie cuando estaban los dos en el noveno, su muerte la ha destrozado. La pareja quería trabajar para Halliburton y viajar por el mundo antes de volver a ver crecer a sus nietos. Leslie había planeado tomar libre en marzo para reunirse con Dona en Roma.
"Es difícil imaginarse la vida sin él", dijo.
Ese día en Mosul Davis no quería almorzar, dijo Dona, pero sus colegas lo convencieron. Uno de ellos, Dennis Barcelona, le dijo a Dona que él trató de salvar a Leslie cuando este yacía sangrando de una herida en su muslo cerca de su ingle. Barcelona dijo que uso una camisa para hacer un torniquete, pero fue incapaz de parar el derrame.
Para su cumpleaños en noviembre, Leslie le envío a Dona una esterilla de oraciones que había hecho hacer en Iraq. Bordados en el reverso estaban los nombres y las edades de los cuatro hijos de la pareja y sus 11 nietos.
Dona pensó que era típico de su marido hacérselo todo más difícil tratando de recordar las edades y no solamente las fechas de nacimiento. Él había tenido que calcular la edad de todos, redondeándolos para arriba o para abajo. Las edades que escogió correspondían precisamente a las edades de sus hijos y nietos el día en que murió.
"Fue casi como una premonición", dijo Angie.
En el funeral de Leslie cientos de personas se agolpearon en la capilla, entre ellos los dos representantes de Halliburton. Se colocaron monitores en el exterior para los que quedaron fuera.
"La gente se acercaba a él. Le encantaba a todo el mundo", dijo Angie. "Si tú trabajabas un día para mi padre, te hacías amigo de él para toda la vida".
Había un águila y una bandera americana en el ataúd. Debido a que Davis era un veterano, dos marinos de la Marina estaban presentes para prestar sus respetos al ataúd, tocar a silencio y ofrecer a Dona una bandera norteamericana plegada.
Pocos días después, en la salita de su casa de estilo rancho, donde las ventanas dan a varias hectáreas de ondulados prados de magnolia, Dona y Angie no lloraban como cuando la despedida final.
"Ese funeral fue una celebración de su vida", dijo Dona.
Después de toda las turbulencias en Iraq, dijo Angie, su padre estaba finalmente en paz.

16 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh