malta, isla de intrigas
[Lyn Hamilton] Invadido innumerables veces, este país multicultural es algo abrumador, pero atractivo, incluso si, o especialmente si llegas con algún misterio en tu cabeza.
Me extravié. Otra vez. Los letreros hacia el cuartel de la policía de Malta en Floriana, que hasta ahora apuntaban hacia la derecha, indican ahora inexplicablemente hacia la izquierda, lo que quiere decir que entre el letrero que tengo enfrente y el último que pasé, debería haber una comisaría de policía. Pero a menos que los agentes cuelguen la ropa en el balcón del primer piso y vendan fruta y verduras en la planta baja, esta no es la comisaría.
Sin embargo, alguien que estaba cerca quería ayudarme. "Hola, querida", me llamó una voz.
Me volví y vi a un alegre grupo de viejos malteses descansando a la sombra de un laurel de jardín de botones rosados.
"¿Tienes novio, querida?", preguntó una de las mujeres.
Con la edad que tengo y proviniendo de un lugar donde no es común que te hagan de primeras esta pregunta, me quedé desconcertada, pero cuando lo preguntó una segunda vez, le dije que no. Las sonrisas desaparecieron. Una de las mujeres buscó torpemente un pañuelo y se secó una lágrima. Pensé que no era amable provocar el llanto de las octogenarias de la isla.
"Pero casi tengo uno", mentí.
Todos volvieron a sonreír. Pedí indicaciones y antes de que me diera cuenta y a pesar de mis protestas, estábamos todos de pie, moviéndonos, lentamente, con bastones y todo, hacia una imponente edificio a una cuadra de ahí.
Cuando llegamos, no quise entrar. Estaba en Malta para investigar y escribir una novela de misterio con un asesinato, entendéis, y aunque necesitaba saber la ubicación del cuartel de la policía, no tenía por qué hacerme amiga íntima del hosco agente que había al otro lado del portalón. Murmuré mis gracias, me volví y me alejé a toda prisa, dejándolos a todos parados allá. Imagino que todavía están contando a sus nietos sobre la rara turista que se arrepintió de acudir a la policía y que tenía una situación marital poco clara.
O quizás no. Los malteses están más que acostumbrados a las visitas, raras y otras, que invaden su país. Casi todos los países con intereses en el Mediterráneo, desde los fenicios en el siglo 9 antes de Cristo hasta los británicos en el 20, han reclamado a Malta en propiedad, seducidos por una de las bahías naturales más hermosas del mundo y una fantástica ubicación en medio del Mar Mediterráneo entre Sicilia y Túnez. Algunas de las más grandes figuras de la historia -San Pablo, Napoleón, el Conde Rogerio el Normando- han puesto sus pies en las rocosas playas de Malta. Todos han dejado sus huellas en el paisaje de la isla y, como resultado, Malta es un museo vivo, un lugar donde ráfagas de historia mediterránea, de miles de años, pueden ser vistas, tocadas y olfateadas.
Para una escritora, la particular mezcla de historia de Malta es irresistible. Para una autora como yo, que escribe misterios arqueológicos, hay suficientes criptas, cavernas y catacumbas para ocultar cientos de cadáveres. Pero incluso para una escritora es difícil captar la esencia del lugar.
Los malteses se enorgullecen de las analogías alimentarias para definirse a sí mismos. Dirán que su cultura es como su comida, una mezcla, refiriéndose al hecho de que hasta hace poco las amas de casa maltesas llevaban la cena de la familia a la panadería de la localidad, donde la colocaban con las demás en el horno de ladrillos y el alimento adquiría los aromas y sabores de todas las otras. Te dirán que su carácter nacional es como el pan maltés: de corteza dura por fuera, blando por dentro.
Sea la analogía con la comida correcta o no, se necesita un cierto tipo de persona para aguantar lo que han aguantado los malteses. Han sufrido conflictos con los que no tenían nada que ver, y casi murieron de hambre y fueron bombardeados hacia el término de la Segunda Guerra Mundial. Conquistados, pero nunca subyugados; aplastados, pero no asimilados, los casi 400.000 habitantes de las islas maltesas son testaruda, feliz y, a veces, irritantemente malteses.
Hace 25 años que vengo aquí y sin embargo tengo que confesar que he pasado gran parte del tiempo en Malta irremediablemente extraviada, una confesión bochornosa ya que la isla es de apenas 27 kilómetros en su punto más extenso, y 14 en su parte más ancha. Sé dónde está todo -pero no necesariamente lo encuentro. Yo culpo de esto parcialmente a una definición de las señalizaciones de carretera que, a pesar de mejoras recientes, es esencialmente caprichosa. Para mí, tanto las señalizaciones como el maltés, una lengua que el resto de los humanos no podemos ni comprender ni pronunciar correctamente, tienen como fin mantener a los intrusos al quite. Nosotros, invasores modernos, tenemos la fortuna de que casi todo el mundo habla inglés.
No soy la única que sufre de dislexia direccional. Casi todos los viajeros independientes en Malta pasan una parte de su tiempo tratando de saber dónde están, lo que es una fuente de hilaridad para los habitantes. Un amigo canadiense que trabajaba aquí descubrió la tradición de apostar sobre lo tarde que llegarían los primerizos en llegar a la oficina en su primer día de trabajo.
Cuando volví por nostalgia para quedarme una semana la primavera pasada, estaba decidida a no extraviarme. El plan era el siguiente: Para mantenerme en la línea, hablando arqueológicamente, empezaría por el principio, o al menos en el alba de la habitación humana, y avanzaría hacia las principales épocas en la historia de la isla. Esa es una de las maravillas de Malta. Puedes cubrir varios milenios en apenas unos días. Para dar cuenta de mi ineptitud geográfica, sólo viajaría por autobús.
Para hacer el plan más fácil, encontré un hotel a corta distancia del terminal central justo al lado de la principal puerta de la capital, Valletta. El autobús que abordé llena de optimismo esa primera mañana se veía tan antiguo como los sitios prehistóricos que pensaba visitar: un rotundo y pequeño número en una rejilla hechiza y dos relicarios en el panel -uno para la Virgen María, y otro para la selección italiana de fútbol. El hombre que iba a mi lado me explicó que los autobuses son privados, que sus dueños son a menudos los choferes mismos, y que operan en un esquema de rutas directas. Hay un horario, agregó, pero los choferes parten cuando quieren.
"No se puede extraviar", me aseguró cuando salíamos del terminal con un brutal bocinazo y un regüeldo del tubo de escape. "Si se queda en el bus lo suficiente, llegará de vuelta aquí".
Liberada del terror que provoca conducir en Malta: conducen por la izquierda, las curvas dan miedo y no hay, nunca, un estacionamiento, me senté para disfrutar del viaje hacia mi destino, los templos de Hagar Qim y Mnajdra. Pasamos por una serie de pequeños pueblos, con el tinte amarillo mantecoso de las piedras de aquí. Miré las fachadas donde los panaderos, banqueros, zapateros remendones y fabricantes de ataúdes ejercen sus oficios como lo han hecho durante siglos. Miré a los niños en sus elegantes uniformes jugando en los patios de las escuelas, a un sacerdote saludando a sus feligreses, a mujeres haciendo la cola del pan, y a hombres en un café argumentando ruidosamente, probablemente sobre política.
Pronto los pueblos dieron lugar al campo, a pequeños terrenos de tierras agrícolas de matices rojizos, separados por murallas de piedras. El terreno es extraordinariamente variado si se considera los apenas 190 kilómetros cuadrados de la isla, llenas de escarpadas cordilleras, profundos valles y una costa que tiene tantas playas como empinados acantilados. Los polvorientos caminos están alineados con laureles, buganvillas e hibiscos, que contrastan por su brillo con la tierra pedregosa. Estaba demasiado cautivada para ver el letrero con mi destinación desapareciendo en la distancia. Afortunadamente, el camino de vuelta no era demasiado largo. Hagar Qim y Mnajdra son antiguos templos de piedra en la costa sur de Malta: Hagar Qim está arriba de una cuesta con vistas al mar, Mnajdra en un promontorio a unos 500 metros más abajo. Hacia el año 3.600 antes de Cristo, o unos 1.500 años después de que llegaran los primeros habitantes de la isla (probablemente de Sicilia), ocurrió algo extraordinario. Utilizando solamente herramientas de piedra, comenzaron a cavar templos circulares con varias cámaras en las rocas calizas de la isla, estructuras tan grandes que los viajeros del siglo 17 pensaron que eran el trabajo de gigantes. Las ruinas salpican Malta y su isla hermana, Gozo.
Única' es una palabra usada en abundancia, pero los megalíticos templos de Malta son justamente únicos. No había nada como ellos antes y a pesar de una rara teoría opuesta, no ha habido nada semejante desde entonces. Anteriores a Stonehenge y a la Gran Pirámide de Giza en más de mil años, son las obras arquitectónicas de piedra de pie más antiguas del mundo -lugares poderosos y evocativos que parecen salir de la roca.
Son mis preferidos: Hagar Qim es el más imponente de los dos, con grandes bloques de piedra amarilla y rocas erguidas de 5 metros de alto que evocan su antigua grandeza; Mnajdra es un complejo de tres templos con una impresionante fachada cóncava y un vestíbulo en el cual, durante los equinoccios, el sol da sobre un altar de piedra.
Es aquí donde se encontraron varias estatuillas de mujeres voluptuosas, incluyendo la llamada Venus de Malta. Qué representaban los templos fue alguna vez un tema de intensas especulaciones. Hace algunos años se propuso la tesis de que estaban dedicados a una gran deesa, y la teoría se ha mantenido. De acuerdo a esta, un pueblo de agricultores pacíficos construyó los templos para representar el cuerpo de la deesa. Entrar al templo era como entrar en su vientre. Es una teoría atractiva, fácil de creer cuando estás aquí.
Con todo, no todo el mundo está de acuerdo. Un colega turista en Mnajdra señaló primero una marcas picadas en una roca, y luego la diminuta isla de Filfla, justo frente a la costa.
"Está bastante claro de qué se trata", dijo.
Para mí no estaba nada de claro, y quizás era evidente.
"Estrellas", explicó.
Es mejor un hombre con una teoría que con un avance. En una visita anterior un hombre se hacía acercado a unas desprevenidas turistas y sugerido que tener sexo en el altar de piedra era la máxima experiencia de la vida. "Quizás", susurró seductor, "quiera reunirse conmigo después de que cierre el templo".
O quizás no. Tener sexo en el altar quizás ya no sea una opción, ahora que hay guardia de seguridad en el sitio. Hace tres años unos patanes inescrupulosos -almas gemelas de los que mataron a los dos últimos halcones malteses en 1982- destruyeron Mnajdra, echando abajo muchas de sus macizas piedras. Ha sido restaurado, y ahora está más bello que nunca.
El tiempo es corto, y yo tenía que cubrir varios países y me quedaban sólo cinco días más para hacerlo, así que volví a la parada del bus para dirigirme a mi siguiente sitio: el Hipogeo Hal Safieni, un templo subterráneo para los muertos, que estuvo en el pasado lleno de los huesos de miles de personas.
El método de transporte es esencialmente ineficiente y exige un montón de idas y vueltas. Sin embargo, me dio una amplia oportunidad para darme el gusto de probar mi comida maltesa favorita: una bolsa de pasteles escamosos rellena de queso ricotta llamados pastizzi'; pasteles calientes rellenos de dátiles, llamados imqaret'; y gbejniet', pequeños quesos pimentados, todos listos en los numerosos tenderetes de las cocinerías que rodean el terminal. Así fortificada pero todavía aturdida por mi primer descuido, estaba dispuesta a seguir el viaje.
Para llegar al hipogeo y a los templos cercanos de Tarxien, las guías de viaje aconsejan desembarcar en la iglesia de Tarxien. Es más o menos lo mismo que decirle alguien en el centro de Los Angeles que tome el bus hacia Santa Mónica y se base en Starbucks. No hay un límite distinguible entre las dos ciudades; es difícil saber cuando has salido de una y entrado en la otra. También hay un montón de iglesias. Cada pueblo tiene al menos una, y normalmente varias. A pesar de un valiente intento, me pasé de parada.
Preocupada de perder también mi visita turística -debido a la fragilidad del sitio, las visitas al hipogeo son limitadas y deben ser reservadas de antemano-, pedí ayuda. Los malteses se enorgullecen de su cortesía y a menudo te preguntan si piensas que son amables. Salvo un raro chofer cascarrabias, la mayoría de ellos lo son. Una pareja muy agradable me llevó hasta la puerta del hipogeo. Dijeron que iban en la misma dirección que yo, pero no era verdad. Los vi dar un rodeo después de despedirnos.
El hipogeo, construido hacia el 3.600 antes de Cristo, es impresionante. Similar en forma a los templos que visité antes, es un lugar misterioso, oscuro y húmedo y vagamente desorientador. Se oyen ruidos en los pasillos débilmente iluminados, las sombras se ven estropeadas, la curva de las paredes ligeramente distorsionada. La gente que construyó esto debe haber sido extraordinaria, pero 1.600 años después de construir el primer templo, desaparecieron. Nadie sabe por qué. Malta estuvo inhabitada durante un largo tiempo.
Con los siglos, la gente empezó a volver poco a poco, por accidente o con un propósito, y la isla se transformó en un satélite de los fenicios, cartaginenses, romanos, bizantinos, árabes, normandos, hohenstaufens, angevinos, aragoneses y castellanos -los poderes imperiales de Europa pasándola de un lado a otro según crecían y decaían sus fortunas.
Quedan vestigios de todos, y uno de los lugares más placenteros para vivirlos es Mdina y su vecina, Rabat.
Los fenicios construyeron el primer centro urbano de Malta casi exactamente en el centro de la isla. Luego los bizantinos fortificaron la ciudad, como los árabes más tarde. La muralla árabe todavía existe, pero la ciudad misma, Mdina, es ahora una ciudadela medieval con amplias vistas desde sus bastiones. Es fácil de encontrar: La cúpula de su catedral se ve desde kilómetros de distancia, y con 500 metros de lado a lado incluso para mí es difícil de esquivar, aunque sus arquitectos trataron de confundir a los invasores con calles estrechas y angulosas y callejones sin salida.
Una ciudad de casas particularmente bonitas, desde las normandas hasta las barrocas, rezuma ambiente. En planta baja las casas no tienen ventanas, pero sí balcones en el primer piso. Se cuentan historias de grandes tesoros, de secretos protegidos por las murallas, y cuando se camina por sus calles adoquinadas, sobre todo en la noche, uno se convence de que esas historias son verdaderas.
Mdina también fue importante para Roma, porque la isla, acordonada de mansiones y granjas, aprovisionaba al imperio. Justo en las afueras de Mdina, en la periferia de Rabat, se halla el Museo Romano de Antigüedades. El edificio, lamentablemente cerrado por renovación la primavera pasada, es neoclásico, pero fue levantado sobre las ruinas de una mansión romana del año 50 antes de Cristo, y los pisos originales de mosaicos, algunas de sus columnas y muchos de sus artefactos todavía están ahí.
El más importante visitante de la era romana fue San Pablo, que supuestamente naufragó aquí en el año 60 después de Cristo. Los malteses no se oponen a que lo diga, pero las evidencias en apoyo de la presencia del apóstol aquí no son concluyentes. Otros lugares, como Creta, disputan el reclamo de Malta. Sin embargo, los malteses trazan su conversión a él, y prácticamente todos los malteses son católicos, la mayoría de ellos devotamente. El nombre de San Pablo está asociado a las obras arquitectónicas más bellas de la isla, lugares donde uno puede pasarse días. En Mdina encontrarás una catedral del siglo 17, donde sus frescos muestran al apóstol predicando a los isleños. En Rabat hay una Iglesia de San Pablo, construida sobre una gruta en la que se dice que se refugió, y unas catacumbas llamadas por su nombre están en las cercanías. Más allá, dos iglesias marcan el acontecimiento mismo: el naufragio de San Pablo en Valletta y la Bahía de San Pablo.
Si San Pablo fue quien más influyó en la mente de los malteses, los visitantes que causaron el mayor impacto en el paisaje fueron los Caballeros de Malta. Esos caballeros errantes, expulsados de Jerusalén, Acre, Chipre y finalmente de Rhodes -huyendo eternamente de la creciente marea del islam- necesitaban un hogar. Aunque tenían algo más lujoso en mente, no tenían muchas alternativas. El precio estaba bien: el Sacro Emperador romano Carlos V les cedería la isla por un apreciado halcón maltés al año para sus cotos de caza. En 1530, la Soberana Orden Militar y Practicante de los Caballeros de San Juan de Jerusalén, de Rhodes y de Malta tomó posesión de la isla y empezó, como otras muchas civilizaciones antes -y como harían después los franceses y los británicos- a moldear Malta a su capricho.
Los otomanos persiguieron a los caballeros fueron perseguidos hasta Malta, pero surgieron victoriosos después de un sitio particularmente sangriento en 1565. Ahora héroes de Europa, tenían los recursos necesarios para construir lo que quisieran con la ayuda del arquitecto del Papa Pío IV.
Su obra maestra es Valletta, una ciudad fortificada en una cuña de tierra entre el Puerto de Marsamxett y el Puerto Grande. Valletta es una ciudad moderna en muchos respectos, con edificios gubernamentales por todas partes y el habitual complemento de cadenas de restaurantes de comida rápida y tiendas de recuerdos.
Pasé una agradable media hora en una diminuta tienda de zapatos conversando de cosas que son normales en las ciudades pequeñas de todo el mundo. Mostrándome orgullosamente fotografías de sus nietos, el zapatero me dijo que la tienda había sido de la familia durante generaciones, pero que sus bien educados hijos no tenían interés en ella. Estaba en contra del ingreso en la Unión Europea, aunque Malta ingresó esta primavera. En su opinión, eso era el último ataque extranjero.
Aunque sea moderna, Valletta es todavía la ciudad de los caballeros. Pasé dos días caminando por sus calles, buscándolos. Son fáciles de encontrar -a veces literalmente, con sus caras trazadas en la piedra de sus sarcófagos. Más que eso, casi todas las calles y callejones muestran su presencia. Originalmente, los caballeros cuidaban a los enfermos durante las Cruzadas, pero estaban preparados para combatir. Había suficientes almenas, murallas, bastiones, armerías y fuertes para tener contentos para siempre a los historiadores militares, y el Puerto Grande fortificado es una vista impresionante.
También fueron capaces de crear belleza. Dirigidos por un Maestre, los caballeros se organizaban en langues', lenguas, cada una con su propia residencia, o auberge'. Uno de los edificios más atrayentes en Valletta es el Albergue de Castilla y León, ahora la sede del primer ministro. Muchos de los edificios de los caballeros siguen en pie, están en uso y merecen una visita: el Albergue de Provenza es hoy el atractivo Museo Nacional de Arqueología, la Sagrada Enfermería es el Centro Mediterráneo de Conferencias y el palacio del Maestre es ahora el Parlamento.
No es solamente en los edificios que se puede encontrar a los fantasmas de los caballeros. El Monte de Sceberras, sobre el que yace la ciudad, no fue nivelado, y las calle descienden en todas direcciones desde la arteria principal, la calle de la República. Las más empinadas fueron apisonadas, y algunas todavía lo son, con subidas de sólo dos o tres pulgadas, que es más o menos todo lo que un caballero con armadura completa podía levantarse. En la tarde, después de que las tiendas y las oficinas han cerrado, casi podía oír el metálico ruido de sus armaduras en las calles vacías.
Aunque Valletta fue originalmente austera, que convenía a los caballeros que habían hecho votos de pobreza, las modas barrocas europeas llegaron a Malta en los años de 1650 y cambiaron para siempre la faz de la isla. Debe haber algo en la exageración o en los grandes gestos que atrae la sensibilidad maltesa, porque Valletta sigue siendo un excelente ejemplo de arquitectura barroca. Su expresión más opulenta es la iglesia de los caballeros, la Co-Catedral de San Juan. Aunque por fuera se ve desaliñada, por dentro es un himno al exceso glorioso, cada centímetro labrado, dorado o pintado.
A su modo, la transformación de la catedral fue un reflejo de la de los caballeros, los que, ignorando sus votos, se enriquecieron con exceso. Cuando Napoleón propuso que era tiempo de que se marcharan, lo hicieron con profundo dolor, ya que habían vivido bajo el encanto de la isla durante 268 años.
Caer bajo el hechizo de Malta es extraordinariamente fácil. Hay algo sobre esta rocosa y reseca isla y su gente que hechiza inesperadamente, no importa por qué no cómo de reluctante se haya llegado a la isla. Creo que es porque no importa lo a menudo que se la visite, siempre hay algo que sorprende, algo que te hará sonreír.
Finalmente vi el interior de la comisaría de policía maltesa. La comisaría no era hostil, solamente caótica -el sargento, en lo que parecía una conferencia telefónica, tenía un auricular en cada oreja y estaba gritando. Me dirigí hacia él a denunciar el extravío de mi pasaporte. (En Malta los pasaportes no se pierden ni son robados, sino solamente extraviados).
De algún modo pensé que era apropiado, dado el tiempo que pase extraviándome, que mi pasaporte pasara por lo mismo. Cuando rellenaba los formularios, pensé que lo que realmente había extraviado en Malta era mi corazón.
4 de octubre de 2004
17 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
columna de mérici
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columna de mérici
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Recién en septiembre informó la prensa holandesa sobre un atentado frustrado contra un centro de acogida de refugiados de Ter Apel, Groningen. El artefacto no estalló. La bolsa que contenía los explosivos fue encontrada por un niño, que la llevó diligentemente a un guardia de seguridad.
El intento de atentado pudo haber causado su muerte. Y la de otros refugiados. Ocurrió el 17 de agosto y el gobierno pidió a la prensa no informar sobre el tema para no causar alarma, según arguyeron los cabecillas del gobierno.
La prensa obedeció.
El gobierno no ha observado la misma precaución en casos notoriamente fabricados. Esos mismos cabecillas -un ministro llamado Donner, en particular- han recurrido a la prensa para informar sobre posibles atentados con bomba contra aviones, que serían obra de grupos de extremistas musulmanes. Ningún caso resultó ser verídico.
Pero el gobierno dejó ver su sombrero sobre la verosimilitud de esas denuncias. Tan falsas parecen ser, que el ministro informó a la prensa, pero no a los servicios que debían intervenir en caso de atentados -como los bomberos y las ambulancias. Curioso, por decir lo menos.
Ciertamente, mientras el gobierno ha detenido a turistas árabes sospechándoles de terrorismo porque los agentes les vieron filmando en locaciones tan sospechosas como zoológicos y parques de diversión, la policía no ha informado sobre los sospechosos del atentado contra el centro de refugiados.
¿Qué habremos de pensar sobre este caso? ¿Cómo explicar la celeridad con que la policía sospecha y encarcela a la gente árabe y el silencio que guarda sobre los terroristas que quisieron matar a esos refugiados?
Este gobierno causa enorme desconfianza. Tanta que hay muchos que creen que las alarmas de atentado que emite periódicamente el gobierno son obra de su propio servicio secreto. Lo mismo vale para el atentado contra el centro de refugiados.
También es significativo que la bomba la haya encontrado un niño refugiado, y no los guardias de seguridad que abundan por ahí. Evidentemente no los ha puesto el gobierno ahí para proteger a los refugiados.
Y el silencio de la prensa es aterrador. Que hayan los órganos de prensa colaborado en esta farsa es repugnante. Y que se presten a colaborar con el gobierno cada vez que fabrica alguna historia terrorista, más repugnante aún.
La prensa holandesa colabora con el gobierno, una coalición de extrema derecha cada vez más xenófoba. Lo supimos cuando el año pasado el director de los servicios informativos del gobierno -NOS- declaró en una entrevista a CNN a propósito de la expulsión de 26.000 refugiados, que había entre ellos muchos criminales de guerra, justificando así la decisión del gobierno. En verdad, se descubrió a solo un sospechoso de cometer crímenes de guerra, y una veintena de personas de antecedentes dudosos.
He ahí la independencia de la prensa holandesa, y he ahí lo que hace el gobierno por protegernos de la violencia terrorista.
Y mientras esperamos que el gobierno capture a los autores del atentado frustrado y se llene la boca sobre el peligro neonazi -que no lo hará, pues los autores, como los fascistas, gozan de su gobierno-, seguiremos presenciado el espectáculo bochornoso de ver a un país alguna vez valioso convertido en un extravagante simulacro de democracia.
columna de mérici
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Sin embargo, alguien que estaba cerca quería ayudarme. "Hola, querida", me llamó una voz.
Me volví y vi a un alegre grupo de viejos malteses descansando a la sombra de un laurel de jardín de botones rosados.
"¿Tienes novio, querida?", preguntó una de las mujeres.
Con la edad que tengo y proviniendo de un lugar donde no es común que te hagan de primeras esta pregunta, me quedé desconcertada, pero cuando lo preguntó una segunda vez, le dije que no. Las sonrisas desaparecieron. Una de las mujeres buscó torpemente un pañuelo y se secó una lágrima. Pensé que no era amable provocar el llanto de las octogenarias de la isla.
"Pero casi tengo uno", mentí.
Todos volvieron a sonreír. Pedí indicaciones y antes de que me diera cuenta y a pesar de mis protestas, estábamos todos de pie, moviéndonos, lentamente, con bastones y todo, hacia una imponente edificio a una cuadra de ahí.
Cuando llegamos, no quise entrar. Estaba en Malta para investigar y escribir una novela de misterio con un asesinato, entendéis, y aunque necesitaba saber la ubicación del cuartel de la policía, no tenía por qué hacerme amiga íntima del hosco agente que había al otro lado del portalón. Murmuré mis gracias, me volví y me alejé a toda prisa, dejándolos a todos parados allá. Imagino que todavía están contando a sus nietos sobre la rara turista que se arrepintió de acudir a la policía y que tenía una situación marital poco clara.
O quizás no. Los malteses están más que acostumbrados a las visitas, raras y otras, que invaden su país. Casi todos los países con intereses en el Mediterráneo, desde los fenicios en el siglo 9 antes de Cristo hasta los británicos en el 20, han reclamado a Malta en propiedad, seducidos por una de las bahías naturales más hermosas del mundo y una fantástica ubicación en medio del Mar Mediterráneo entre Sicilia y Túnez. Algunas de las más grandes figuras de la historia -San Pablo, Napoleón, el Conde Rogerio el Normando- han puesto sus pies en las rocosas playas de Malta. Todos han dejado sus huellas en el paisaje de la isla y, como resultado, Malta es un museo vivo, un lugar donde ráfagas de historia mediterránea, de miles de años, pueden ser vistas, tocadas y olfateadas.
Para una escritora, la particular mezcla de historia de Malta es irresistible. Para una autora como yo, que escribe misterios arqueológicos, hay suficientes criptas, cavernas y catacumbas para ocultar cientos de cadáveres. Pero incluso para una escritora es difícil captar la esencia del lugar.
Los malteses se enorgullecen de las analogías alimentarias para definirse a sí mismos. Dirán que su cultura es como su comida, una mezcla, refiriéndose al hecho de que hasta hace poco las amas de casa maltesas llevaban la cena de la familia a la panadería de la localidad, donde la colocaban con las demás en el horno de ladrillos y el alimento adquiría los aromas y sabores de todas las otras. Te dirán que su carácter nacional es como el pan maltés: de corteza dura por fuera, blando por dentro.
Sea la analogía con la comida correcta o no, se necesita un cierto tipo de persona para aguantar lo que han aguantado los malteses. Han sufrido conflictos con los que no tenían nada que ver, y casi murieron de hambre y fueron bombardeados hacia el término de la Segunda Guerra Mundial. Conquistados, pero nunca subyugados; aplastados, pero no asimilados, los casi 400.000 habitantes de las islas maltesas son testaruda, feliz y, a veces, irritantemente malteses.
Hace 25 años que vengo aquí y sin embargo tengo que confesar que he pasado gran parte del tiempo en Malta irremediablemente extraviada, una confesión bochornosa ya que la isla es de apenas 27 kilómetros en su punto más extenso, y 14 en su parte más ancha. Sé dónde está todo -pero no necesariamente lo encuentro. Yo culpo de esto parcialmente a una definición de las señalizaciones de carretera que, a pesar de mejoras recientes, es esencialmente caprichosa. Para mí, tanto las señalizaciones como el maltés, una lengua que el resto de los humanos no podemos ni comprender ni pronunciar correctamente, tienen como fin mantener a los intrusos al quite. Nosotros, invasores modernos, tenemos la fortuna de que casi todo el mundo habla inglés.
No soy la única que sufre de dislexia direccional. Casi todos los viajeros independientes en Malta pasan una parte de su tiempo tratando de saber dónde están, lo que es una fuente de hilaridad para los habitantes. Un amigo canadiense que trabajaba aquí descubrió la tradición de apostar sobre lo tarde que llegarían los primerizos en llegar a la oficina en su primer día de trabajo.
Cuando volví por nostalgia para quedarme una semana la primavera pasada, estaba decidida a no extraviarme. El plan era el siguiente: Para mantenerme en la línea, hablando arqueológicamente, empezaría por el principio, o al menos en el alba de la habitación humana, y avanzaría hacia las principales épocas en la historia de la isla. Esa es una de las maravillas de Malta. Puedes cubrir varios milenios en apenas unos días. Para dar cuenta de mi ineptitud geográfica, sólo viajaría por autobús.
Para hacer el plan más fácil, encontré un hotel a corta distancia del terminal central justo al lado de la principal puerta de la capital, Valletta. El autobús que abordé llena de optimismo esa primera mañana se veía tan antiguo como los sitios prehistóricos que pensaba visitar: un rotundo y pequeño número en una rejilla hechiza y dos relicarios en el panel -uno para la Virgen María, y otro para la selección italiana de fútbol. El hombre que iba a mi lado me explicó que los autobuses son privados, que sus dueños son a menudos los choferes mismos, y que operan en un esquema de rutas directas. Hay un horario, agregó, pero los choferes parten cuando quieren.
"No se puede extraviar", me aseguró cuando salíamos del terminal con un brutal bocinazo y un regüeldo del tubo de escape. "Si se queda en el bus lo suficiente, llegará de vuelta aquí".
Liberada del terror que provoca conducir en Malta: conducen por la izquierda, las curvas dan miedo y no hay, nunca, un estacionamiento, me senté para disfrutar del viaje hacia mi destino, los templos de Hagar Qim y Mnajdra. Pasamos por una serie de pequeños pueblos, con el tinte amarillo mantecoso de las piedras de aquí. Miré las fachadas donde los panaderos, banqueros, zapateros remendones y fabricantes de ataúdes ejercen sus oficios como lo han hecho durante siglos. Miré a los niños en sus elegantes uniformes jugando en los patios de las escuelas, a un sacerdote saludando a sus feligreses, a mujeres haciendo la cola del pan, y a hombres en un café argumentando ruidosamente, probablemente sobre política.
Pronto los pueblos dieron lugar al campo, a pequeños terrenos de tierras agrícolas de matices rojizos, separados por murallas de piedras. El terreno es extraordinariamente variado si se considera los apenas 190 kilómetros cuadrados de la isla, llenas de escarpadas cordilleras, profundos valles y una costa que tiene tantas playas como empinados acantilados. Los polvorientos caminos están alineados con laureles, buganvillas e hibiscos, que contrastan por su brillo con la tierra pedregosa. Estaba demasiado cautivada para ver el letrero con mi destinación desapareciendo en la distancia. Afortunadamente, el camino de vuelta no era demasiado largo. Hagar Qim y Mnajdra son antiguos templos de piedra en la costa sur de Malta: Hagar Qim está arriba de una cuesta con vistas al mar, Mnajdra en un promontorio a unos 500 metros más abajo. Hacia el año 3.600 antes de Cristo, o unos 1.500 años después de que llegaran los primeros habitantes de la isla (probablemente de Sicilia), ocurrió algo extraordinario. Utilizando solamente herramientas de piedra, comenzaron a cavar templos circulares con varias cámaras en las rocas calizas de la isla, estructuras tan grandes que los viajeros del siglo 17 pensaron que eran el trabajo de gigantes. Las ruinas salpican Malta y su isla hermana, Gozo.
Única' es una palabra usada en abundancia, pero los megalíticos templos de Malta son justamente únicos. No había nada como ellos antes y a pesar de una rara teoría opuesta, no ha habido nada semejante desde entonces. Anteriores a Stonehenge y a la Gran Pirámide de Giza en más de mil años, son las obras arquitectónicas de piedra de pie más antiguas del mundo -lugares poderosos y evocativos que parecen salir de la roca.
Son mis preferidos: Hagar Qim es el más imponente de los dos, con grandes bloques de piedra amarilla y rocas erguidas de 5 metros de alto que evocan su antigua grandeza; Mnajdra es un complejo de tres templos con una impresionante fachada cóncava y un vestíbulo en el cual, durante los equinoccios, el sol da sobre un altar de piedra.
Es aquí donde se encontraron varias estatuillas de mujeres voluptuosas, incluyendo la llamada Venus de Malta. Qué representaban los templos fue alguna vez un tema de intensas especulaciones. Hace algunos años se propuso la tesis de que estaban dedicados a una gran deesa, y la teoría se ha mantenido. De acuerdo a esta, un pueblo de agricultores pacíficos construyó los templos para representar el cuerpo de la deesa. Entrar al templo era como entrar en su vientre. Es una teoría atractiva, fácil de creer cuando estás aquí.
Con todo, no todo el mundo está de acuerdo. Un colega turista en Mnajdra señaló primero una marcas picadas en una roca, y luego la diminuta isla de Filfla, justo frente a la costa.
"Está bastante claro de qué se trata", dijo.
Para mí no estaba nada de claro, y quizás era evidente.
"Estrellas", explicó.
Es mejor un hombre con una teoría que con un avance. En una visita anterior un hombre se hacía acercado a unas desprevenidas turistas y sugerido que tener sexo en el altar de piedra era la máxima experiencia de la vida. "Quizás", susurró seductor, "quiera reunirse conmigo después de que cierre el templo".
O quizás no. Tener sexo en el altar quizás ya no sea una opción, ahora que hay guardia de seguridad en el sitio. Hace tres años unos patanes inescrupulosos -almas gemelas de los que mataron a los dos últimos halcones malteses en 1982- destruyeron Mnajdra, echando abajo muchas de sus macizas piedras. Ha sido restaurado, y ahora está más bello que nunca.
El tiempo es corto, y yo tenía que cubrir varios países y me quedaban sólo cinco días más para hacerlo, así que volví a la parada del bus para dirigirme a mi siguiente sitio: el Hipogeo Hal Safieni, un templo subterráneo para los muertos, que estuvo en el pasado lleno de los huesos de miles de personas.
El método de transporte es esencialmente ineficiente y exige un montón de idas y vueltas. Sin embargo, me dio una amplia oportunidad para darme el gusto de probar mi comida maltesa favorita: una bolsa de pasteles escamosos rellena de queso ricotta llamados pastizzi'; pasteles calientes rellenos de dátiles, llamados imqaret'; y gbejniet', pequeños quesos pimentados, todos listos en los numerosos tenderetes de las cocinerías que rodean el terminal. Así fortificada pero todavía aturdida por mi primer descuido, estaba dispuesta a seguir el viaje.
Para llegar al hipogeo y a los templos cercanos de Tarxien, las guías de viaje aconsejan desembarcar en la iglesia de Tarxien. Es más o menos lo mismo que decirle alguien en el centro de Los Angeles que tome el bus hacia Santa Mónica y se base en Starbucks. No hay un límite distinguible entre las dos ciudades; es difícil saber cuando has salido de una y entrado en la otra. También hay un montón de iglesias. Cada pueblo tiene al menos una, y normalmente varias. A pesar de un valiente intento, me pasé de parada.
Preocupada de perder también mi visita turística -debido a la fragilidad del sitio, las visitas al hipogeo son limitadas y deben ser reservadas de antemano-, pedí ayuda. Los malteses se enorgullecen de su cortesía y a menudo te preguntan si piensas que son amables. Salvo un raro chofer cascarrabias, la mayoría de ellos lo son. Una pareja muy agradable me llevó hasta la puerta del hipogeo. Dijeron que iban en la misma dirección que yo, pero no era verdad. Los vi dar un rodeo después de despedirnos.
El hipogeo, construido hacia el 3.600 antes de Cristo, es impresionante. Similar en forma a los templos que visité antes, es un lugar misterioso, oscuro y húmedo y vagamente desorientador. Se oyen ruidos en los pasillos débilmente iluminados, las sombras se ven estropeadas, la curva de las paredes ligeramente distorsionada. La gente que construyó esto debe haber sido extraordinaria, pero 1.600 años después de construir el primer templo, desaparecieron. Nadie sabe por qué. Malta estuvo inhabitada durante un largo tiempo.
Con los siglos, la gente empezó a volver poco a poco, por accidente o con un propósito, y la isla se transformó en un satélite de los fenicios, cartaginenses, romanos, bizantinos, árabes, normandos, hohenstaufens, angevinos, aragoneses y castellanos -los poderes imperiales de Europa pasándola de un lado a otro según crecían y decaían sus fortunas.
Quedan vestigios de todos, y uno de los lugares más placenteros para vivirlos es Mdina y su vecina, Rabat.
Los fenicios construyeron el primer centro urbano de Malta casi exactamente en el centro de la isla. Luego los bizantinos fortificaron la ciudad, como los árabes más tarde. La muralla árabe todavía existe, pero la ciudad misma, Mdina, es ahora una ciudadela medieval con amplias vistas desde sus bastiones. Es fácil de encontrar: La cúpula de su catedral se ve desde kilómetros de distancia, y con 500 metros de lado a lado incluso para mí es difícil de esquivar, aunque sus arquitectos trataron de confundir a los invasores con calles estrechas y angulosas y callejones sin salida.
Una ciudad de casas particularmente bonitas, desde las normandas hasta las barrocas, rezuma ambiente. En planta baja las casas no tienen ventanas, pero sí balcones en el primer piso. Se cuentan historias de grandes tesoros, de secretos protegidos por las murallas, y cuando se camina por sus calles adoquinadas, sobre todo en la noche, uno se convence de que esas historias son verdaderas.
Mdina también fue importante para Roma, porque la isla, acordonada de mansiones y granjas, aprovisionaba al imperio. Justo en las afueras de Mdina, en la periferia de Rabat, se halla el Museo Romano de Antigüedades. El edificio, lamentablemente cerrado por renovación la primavera pasada, es neoclásico, pero fue levantado sobre las ruinas de una mansión romana del año 50 antes de Cristo, y los pisos originales de mosaicos, algunas de sus columnas y muchos de sus artefactos todavía están ahí.
El más importante visitante de la era romana fue San Pablo, que supuestamente naufragó aquí en el año 60 después de Cristo. Los malteses no se oponen a que lo diga, pero las evidencias en apoyo de la presencia del apóstol aquí no son concluyentes. Otros lugares, como Creta, disputan el reclamo de Malta. Sin embargo, los malteses trazan su conversión a él, y prácticamente todos los malteses son católicos, la mayoría de ellos devotamente. El nombre de San Pablo está asociado a las obras arquitectónicas más bellas de la isla, lugares donde uno puede pasarse días. En Mdina encontrarás una catedral del siglo 17, donde sus frescos muestran al apóstol predicando a los isleños. En Rabat hay una Iglesia de San Pablo, construida sobre una gruta en la que se dice que se refugió, y unas catacumbas llamadas por su nombre están en las cercanías. Más allá, dos iglesias marcan el acontecimiento mismo: el naufragio de San Pablo en Valletta y la Bahía de San Pablo.
Si San Pablo fue quien más influyó en la mente de los malteses, los visitantes que causaron el mayor impacto en el paisaje fueron los Caballeros de Malta. Esos caballeros errantes, expulsados de Jerusalén, Acre, Chipre y finalmente de Rhodes -huyendo eternamente de la creciente marea del islam- necesitaban un hogar. Aunque tenían algo más lujoso en mente, no tenían muchas alternativas. El precio estaba bien: el Sacro Emperador romano Carlos V les cedería la isla por un apreciado halcón maltés al año para sus cotos de caza. En 1530, la Soberana Orden Militar y Practicante de los Caballeros de San Juan de Jerusalén, de Rhodes y de Malta tomó posesión de la isla y empezó, como otras muchas civilizaciones antes -y como harían después los franceses y los británicos- a moldear Malta a su capricho.
Los otomanos persiguieron a los caballeros fueron perseguidos hasta Malta, pero surgieron victoriosos después de un sitio particularmente sangriento en 1565. Ahora héroes de Europa, tenían los recursos necesarios para construir lo que quisieran con la ayuda del arquitecto del Papa Pío IV.
Su obra maestra es Valletta, una ciudad fortificada en una cuña de tierra entre el Puerto de Marsamxett y el Puerto Grande. Valletta es una ciudad moderna en muchos respectos, con edificios gubernamentales por todas partes y el habitual complemento de cadenas de restaurantes de comida rápida y tiendas de recuerdos.
Pasé una agradable media hora en una diminuta tienda de zapatos conversando de cosas que son normales en las ciudades pequeñas de todo el mundo. Mostrándome orgullosamente fotografías de sus nietos, el zapatero me dijo que la tienda había sido de la familia durante generaciones, pero que sus bien educados hijos no tenían interés en ella. Estaba en contra del ingreso en la Unión Europea, aunque Malta ingresó esta primavera. En su opinión, eso era el último ataque extranjero.
Aunque sea moderna, Valletta es todavía la ciudad de los caballeros. Pasé dos días caminando por sus calles, buscándolos. Son fáciles de encontrar -a veces literalmente, con sus caras trazadas en la piedra de sus sarcófagos. Más que eso, casi todas las calles y callejones muestran su presencia. Originalmente, los caballeros cuidaban a los enfermos durante las Cruzadas, pero estaban preparados para combatir. Había suficientes almenas, murallas, bastiones, armerías y fuertes para tener contentos para siempre a los historiadores militares, y el Puerto Grande fortificado es una vista impresionante.
También fueron capaces de crear belleza. Dirigidos por un Maestre, los caballeros se organizaban en langues', lenguas, cada una con su propia residencia, o auberge'. Uno de los edificios más atrayentes en Valletta es el Albergue de Castilla y León, ahora la sede del primer ministro. Muchos de los edificios de los caballeros siguen en pie, están en uso y merecen una visita: el Albergue de Provenza es hoy el atractivo Museo Nacional de Arqueología, la Sagrada Enfermería es el Centro Mediterráneo de Conferencias y el palacio del Maestre es ahora el Parlamento.
No es solamente en los edificios que se puede encontrar a los fantasmas de los caballeros. El Monte de Sceberras, sobre el que yace la ciudad, no fue nivelado, y las calle descienden en todas direcciones desde la arteria principal, la calle de la República. Las más empinadas fueron apisonadas, y algunas todavía lo son, con subidas de sólo dos o tres pulgadas, que es más o menos todo lo que un caballero con armadura completa podía levantarse. En la tarde, después de que las tiendas y las oficinas han cerrado, casi podía oír el metálico ruido de sus armaduras en las calles vacías.
Aunque Valletta fue originalmente austera, que convenía a los caballeros que habían hecho votos de pobreza, las modas barrocas europeas llegaron a Malta en los años de 1650 y cambiaron para siempre la faz de la isla. Debe haber algo en la exageración o en los grandes gestos que atrae la sensibilidad maltesa, porque Valletta sigue siendo un excelente ejemplo de arquitectura barroca. Su expresión más opulenta es la iglesia de los caballeros, la Co-Catedral de San Juan. Aunque por fuera se ve desaliñada, por dentro es un himno al exceso glorioso, cada centímetro labrado, dorado o pintado.
A su modo, la transformación de la catedral fue un reflejo de la de los caballeros, los que, ignorando sus votos, se enriquecieron con exceso. Cuando Napoleón propuso que era tiempo de que se marcharan, lo hicieron con profundo dolor, ya que habían vivido bajo el encanto de la isla durante 268 años.
Caer bajo el hechizo de Malta es extraordinariamente fácil. Hay algo sobre esta rocosa y reseca isla y su gente que hechiza inesperadamente, no importa por qué no cómo de reluctante se haya llegado a la isla. Creo que es porque no importa lo a menudo que se la visite, siempre hay algo que sorprende, algo que te hará sonreír.
Finalmente vi el interior de la comisaría de policía maltesa. La comisaría no era hostil, solamente caótica -el sargento, en lo que parecía una conferencia telefónica, tenía un auricular en cada oreja y estaba gritando. Me dirigí hacia él a denunciar el extravío de mi pasaporte. (En Malta los pasaportes no se pierden ni son robados, sino solamente extraviados).
De algún modo pensé que era apropiado, dado el tiempo que pase extraviándome, que mi pasaporte pasara por lo mismo. Cuando rellenaba los formularios, pensé que lo que realmente había extraviado en Malta era mi corazón.
4 de octubre de 2004
17 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Cómo Proteger la Democracia
columna de mérici
El terrorismo musulmán no es una amenaza para la democracia y el estado de derecho en Europa. Sus partidarios no cuentan con apoyo social ni constituyen por eso un peligro político para nadie. Son parias de sus propias comunidades. No convencen ni a unos ni a otros. No proponen un modelo de sociedad que seduzca ni a europeos ni a árabes. No veo en qué sentido pueden ser un peligro para la democracia. Amenazan nuestras vidas, y acaso nuestro patrimonio. Pero de eso deberá encargarse la policía y los tribunales; no los políticos. La mayor amenaza para la democracia la constituye este nuevo y absurdo credo político que supone, como sostiene la autora, que terrorismo e inmigración y minorías étnicas o religiosas son fenómenos relacionados. Y que la solución para terminar con el desdeñable puñado de terroristas está en la instalación de leyes excepcionales, encarcelamientos injustificados, torturas, deportaciones y hasta la guerra.
La lucha contra estas amenazas debe consistir en una mayor firmeza a la hora de defender los valores democráticos y occidentales. Como en Francia, como en Bélgica, como en España, los partidos políticos tradicionales deben cerrar pactos que excluyan la formación de alianzas con partidos de extrema derecha y fascistas, independientemente de los votos que obtengan en las elecciones. Esta es una cuestión moral, antes que política. Y sería conveniente detectar el extremismo en sus propuestas antes que en los nombres que se den. Los fascistas han adoptado nuevas estrategias: ya no son los rapados vestidos de cuero, borrachos y violentos de antaño. Ahora van disfrazados de decencia y no forman partidos propios, sino se incrustan en partidos establecidos. Pero se les ve el plumero de lejos: pregonen como lo pregonen, sus programas son discriminatorios, represivos y socavan el estado de derecho. Piénsese en los fascistas belgas. Ahora van vestidos de seda, pero igual arrojan saliva.
Quizás se deba, donde se pueda, acosar sin descanso al extremismo, llevándoles a tribunales toda vez que sus dichos y propuestos les sitúen fuera de la ley. Como en Bélgica, también debería la prensa democrática sellar un pacto de exclusión publicitaria y de cobertura de los partidos extremistas. Ni debe olvidarse el trabajo de zaga del extremismo. Predican desde hace tiempo contra la corrección política. Esta corrección, obviamente, obstaculiza el racismo y la discriminación. También obstaculiza que se aprueben leyes de excepción que tienen en la mira a grupos determinados de la población. Predican los fascistas de hoy que la democracia se reduce a la suma de los votos, sin consideración alguna por nuestros valores morales. Se creen con derecho a participar en la vida política. Quieren gobernar. Deben los ciudadanos de bien exigir de sus partidos que rechacen toda apertura hacia el extremismo -se trate de fundamentalistas, fascistas o nacionalistas.
©mérici
La lucha contra estas amenazas debe consistir en una mayor firmeza a la hora de defender los valores democráticos y occidentales. Como en Francia, como en Bélgica, como en España, los partidos políticos tradicionales deben cerrar pactos que excluyan la formación de alianzas con partidos de extrema derecha y fascistas, independientemente de los votos que obtengan en las elecciones. Esta es una cuestión moral, antes que política. Y sería conveniente detectar el extremismo en sus propuestas antes que en los nombres que se den. Los fascistas han adoptado nuevas estrategias: ya no son los rapados vestidos de cuero, borrachos y violentos de antaño. Ahora van disfrazados de decencia y no forman partidos propios, sino se incrustan en partidos establecidos. Pero se les ve el plumero de lejos: pregonen como lo pregonen, sus programas son discriminatorios, represivos y socavan el estado de derecho. Piénsese en los fascistas belgas. Ahora van vestidos de seda, pero igual arrojan saliva.
Quizás se deba, donde se pueda, acosar sin descanso al extremismo, llevándoles a tribunales toda vez que sus dichos y propuestos les sitúen fuera de la ley. Como en Bélgica, también debería la prensa democrática sellar un pacto de exclusión publicitaria y de cobertura de los partidos extremistas. Ni debe olvidarse el trabajo de zaga del extremismo. Predican desde hace tiempo contra la corrección política. Esta corrección, obviamente, obstaculiza el racismo y la discriminación. También obstaculiza que se aprueben leyes de excepción que tienen en la mira a grupos determinados de la población. Predican los fascistas de hoy que la democracia se reduce a la suma de los votos, sin consideración alguna por nuestros valores morales. Se creen con derecho a participar en la vida política. Quieren gobernar. Deben los ciudadanos de bien exigir de sus partidos que rechacen toda apertura hacia el extremismo -se trate de fundamentalistas, fascistas o nacionalistas.
©mérici
tolerancia holandesa e integración
columna de mérici
Acabo de leer su Tolerancia holandesa', de Agustín Villanueva.
Su nota es extraña e incompleta en lo que toca a Holanda. Iré señalando paso por paso lo que me llama la atención sobre el permanente mal entendido en torno a Holanda y su política de integración.
Define usted en el primer párrafo que la integración implica convivencia, igualdad de oportunidades y mucho respeto a las creencias, etc. Pues es justamente lo que la actual política holandesa de integración quiere dejar de lado. Ha usted de saber que el término integración' se usa en Holanda explícitamente como sinónimo de asimilación'. En el intenso debate de principios de 2004, el gobierno optó por mantener el uso de integración' sólo porque la palabra asimilación' ya había usada en un contexto similar por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial -cuando se hablaba de la asimilación de los judíos', de los que en esa época se decía que no estaban integrados' y que supuestamente causaban problemas al país.
El actual gobierno holandés no ha definido nunca en qué consistiría lo que llama falta de integración de la población inmigrante y de los extranjeros residentes en general. No es de extrañar, si se tiene en cuenta que según las conclusiones de la comisión Blok, de diciembre de 2003 y enero de 2004, la integración de los inmigrantes ha de considerarse un gran éxito. Sin dar explicaciones, sin embargo, el gobierno rechazó esas conclusiones y siguió adelante con sus planes en torno al tema. Que afirme el gobierno que los extranjeros no están integrados es reconocidamente falso en el contexto holandés. Sí señaló la comisión Blok que los problemas que enfrentaban los extranjeros en el país -mayor desempleo, mayor dependencia de subsidios- se debían fundamentalmente a una política casi sistemática de exclusión de los ciudadanos de origen extranjero del servicio público y al racismo de una parte de la población nativa. La comisión indicó medidas para superar estos problemas, que el gobierno obviamente rechazó.
La afirmación de que los inmigrantes no están integrados es de naturaleza política e ideológica y poco tiene que ver con la realidad del país. Al contrario, debido a la burda implementación de los llamados programas de integración, los problemas de los inmigrantes y extranjeros son cada vez mayores y ha provocado mayor desempleo, mayor exclusión y mayor racismo.
La diferencia entre inmigrantes con papeles y sin papeles me parece enteramente irrelevante y no se ve a qué buenas conclusiones puede conducir.
En seguida, y sin que venga a cuento, salta usted al Wall Street Journal y al asesinato de Theo van Gogh. Se preguntaba ese diario, dice usted, "qué ha podido fallar para que el cineasta haya sido asesinado por un islamita radical". ¿Qué cree usted? ¿Cree que algo ha tenido que fallar? ¿No le parece que si ha fallado algo, ese fallo debe haber ocurrido en la cabeza del autor del asesinato? En 2002 fue asesinado el cabecilla de la extrema derecha, Pim Fortuyn. Lo mató un extremista holandés. ¿Habríamos de decir, coherentemente, que algo falló -dónde- para que se produjera ese asesinato? Ha de saber usted que los atentados contra políticos ocurren en Holanda desde principios de los años noventa y que han recrudecido en los últimos cinco años. La inmensa mayoría de estos atentados han sido cometidos por terroristas de extrema derecha. Los atentados incluyen intentos de asesinatos e intimidación de políticos demócratas -sobre todo a nivel provincial; incendios provocados de mezquitas, escuelas y centros de reunión de musulmanes; ataques a personas de origen árabe. ¿No debemos preguntarnos qué ha debido ocurrir para haber llegado a este estado de cosas?
Ayaan Hirsi Ali, la diputado somalí, tiene una historia particular que no debe ser ignorada. Con un terrible pasado de violencia, cree que su labor es erradicar el islam. Hirsi Ali propone que los inmigrantes de origen árabe deben optar entre el islam y la Constitución holandesa. La incoherencia del punto de vista es manifiesta, dado que la Constitución re-afirma la libertad de religión. Sus puntos de vista extremistas y ajenos a la tradición holandesa le han valido el creciente reproche incluso de colegas de su propio partido -el VVD, una coalición de liberales y elementos de extrema derecha. En Holanda se mira con tristeza su caso, pues su rechazo visceral del islam está teñido por experiencias en su país -que incluye la mutilación genital. Es interesante observar, sobre su película Submissión', que fue esta un encargo del ministerio del Interior, y que la película fue aprobada por este ministerio antes de su publicación -en una proyección a la que asistieron, aparte los dos realizadores, los ministros del Interior y de Justicia.
No se han discutido abiertamente las dificultades para integrar a los musulmanes por la sencilla razón de que no hay problemas de integración de los musulmanes.
Enseguida une usted, sin explicarse mayormente, el tema de la inmigración con el del terrorismo. Es un paso en falso, y de mala fe. Los actos terroristas, como le explico arriba, vienen ocurriendo en Holanda desde principios de los años noventa; la inmensa, abrumadora mayoría de ellos son cometidos por terroristas de extrema derecha -y no estoy incluyendo como acto terrorista la matanza de Sbrenica, en julio de 1995 en la antigua Yugoslavia, cuando tropas holandesas se hicieron cómplices de la matanza de 7.800 niños y hombres musulmanes. Ninguno de esos actos terroristas ha terminado en juicios ni condenas. Nada se ha hecho tampoco para impedirlos, y nada se ha hecho para relacionar su ocurrencia con determinados sectores de la población nativa. Obviamente hay terroristas islámicos entre los musulmanes del país, y es labor del servicio secreto su detección y detención. También hay terroristas fascistas entre los holandeses del país, y es igualmente labor del servicio secreto su detección y detención.
La influencia potencial a que se refiere Hirsi Ali es una idea tendenciosa. Podríamos decir lo mismo: "Aunque hoy los fascistas son una minoría muy pequeña entre nuestros conciudadanos holandeses, es enorme la influencia potencial de los extremistas de este grupo". Son palabras huecas. Es obvio. Un terrorista empecinado -como recordará usted a los terroristas de Crimen y castigo'- logrará convencer a otros para llevar a cabo sus planes. Sea. Nada nuevo nos enseña la constatación.
Lo que ha dicho Edwin Bakker es más reconocible. La violencia y grosería en la vida política se ha transformado en norma desde que asumiera el primer gobierno de extrema derecha aquí, en 2002. Tan es así que algunos diputados demócratas han denunciado que no se sienten seguros ni en el propio Parlamento, donde las amenazas, insultos y amenazas en los pasillos son cada vez más comunes. (¿No le recuerda nada?) En lo que se refiere a los insultos, ciertamente Van Gogh era conocido por su grosería. Pero en su caso era mucho más que eso: Van Gogh despreciaba e insultaba a menudo a los judíos, y fue procesado por injurias en repetidas ocasiones. De hecho, estuvo en juicio durante los últimos nueve años de su vida. Llegó a celebrar en sus columnas el exterminio de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Luego de desearle la muerte al jefe de la bancada verde hace algunos años, anunció su intención de ir a mear en su tumba. Ese era el cineasta. También estuvo amenazado de muerte en los últimos 15 años de su vida. Su muerte estaba anunciada -pero tenía demasiados enemigos y no sabíamos de dónde saldría la mano que lo mató.
El país no ha ignorado la presencia del radicalismo islamita. Es una labor del servicio de inteligencia. El servicio de inteligencia ha fallado en la detección de estos terroristas, y ha fracasado en gran parte debido a su propia incompetencia. Como en otros países de Europa, la cantidad de personal musulmán o árabe, incluyendo a traductores, en los servicios secretos y policiales, es mínima. Y eso refleja el problema que señalaba la comisión Blok: la política de exclusión del estado holandés le ha jugado una mala partida. Cuando necesitaba infiltrarse en esos grupos, no pudo hacerlo por haber dejado de lado la urgente y natural tarea de contar con personal árabe. Eso ciertamente no es culpa de la comunidad musulmana.
La señora Verdonk no es una fuente de autoridad. Es ella de profesión guardia de prisiones y no tiene una formación redondeada. Probablemente no significa esto demasiado, pero no lo olvide. Sus planes no se basan en nada real ni mesurable, sino solamente en su odio a los extranjeros y a lo que es diferente. Es una típica representante del nuevo fascismo holandés: ignorante, grosera, falsa, mal amanerada, vociferante y fanática. En la calle se la llama la hija de Hitler'.
Ahora le diré, de mi propia cosecha, que la integración o su carencia no es realmente un tema de gentes inteligentes ni de bien y sobre el cual no se puede hacer más conjeturar, entre otras cosas porque el gobierno no ha definido nunca esta supuesta falta de integración y basa su política en presuposiciones formuladas a medias. Pareciera que lo fundamental en lo que se llama la falta de integración es el aprendizaje del holandés. El aprendizaje del holandés fue siempre alentado por el estado y hubo desde los años setenta institutos estatales que daban incluso cursos gratuitos para extranjeros.
Aprender holandés o no, obviamente, es una decisión personal. Pareciera que el gobierno hoy asume que no hablar holandés es un obstáculo a la integración. Pues bien: la inmensa mayoría de los extranjeros habla perfectamente holandés. Es difícil creer que la insignificante y desdeñable minoría de extranjeros que no domina el idioma local se haya transformado de golpe en el tema central de la integración, pues es claramente falso. En Holanda no se exige, por lo demás, que todos los extranjeros hablen holandés. Usted debe saber que hay extranjeros que no están obligados a integrarse' en este sentido: los llamados por el gobierno, occidentales', los que tienen ingresos superiores y los dueños de empresas. ¿No lo sabía?
Pero ¿por qué deberían hablar los extranjeros holandés? En muchos países del mundo no existe semejante e insólita exigencia y nadie supone en esos países que eso implique problemas de integración. Analice usted, por ejemplo, el caso de Chile: 300.000 palestinos, más de medio millón de alemanes, 50.000 coreanos, etc. No se ha sabido nunca que haya allá problemas de integración, ni nunca ha tenido ningún gobierno planes de integración de ningún tipo. ¿Por qué, entonces, la exigencia? Considere usted que no solamente habla la mayoría de los extranjeros el idioma, sino además que los nativos holandeses son en su gran mayoría bilingües y que es incluso normal que un nativo domine activamente dos, tres y hasta cuatro idiomas. Ciertamente no hay aquí problemas de falta de comunicación por imposibilidad lingüística. En el mercado de trabajo, si es usted de origen extranjero tendrá menos oportunidades que los nativos, hable usted o no el holandés. Es precisamente lo que señalaba la comisión Blok. No es el dominio del holandés el problema; es la actitud de parte de la sociedad holandesa.
La verdad es que el tema del idioma se deriva de otra cosa: para dificultar la inmigración -que es un objetivo, logrado, del gobierno actual y sobre todo de la cabecilla de la extrema derecha, la ministro Verdonk- se ha exigido que los futuros inmigrantes dominen el holandés antes de entrar al país. (Junto a exigencias económicas onerosas, como el impuesto especial de llega casi a los 6.000 euros para los que quieran asentarse en el país). Esta exigencia, claramente, ha hecho disminuir enormemente las tasas de inmigración. La exigencia, como se ve, es un simple truco burocrático para impedir la inmigración; no obedece a nada substancial -y le puedo asegurar que la mayoría de los miles de programadores que llegan al país no habla holandés. Tampoco lo hablan los miles de polacos y otros nacionales de países de la UE. Tan es así que los futuros inmigrantes -pero los de países considerados no occidentales, árabes y musulmanes- deben rendir su examen de holandés, o de integración, en el país de origen... por teléfono. Tal es la seriedad del asunto.
El examen de integración ha sido ampliamente discutido. Ha sido considerado irritante, humillante y estúpido, incluso por el cabecilla del propio partido fascista en el Parlamento, el diputado Nawijn. Incluye preguntas irrelevantes y tendenciosas. De la respuesta a preguntas insólitas se hace depender la entrega de un permiso de residencia. Por ejemplo, si usted responde mal a la pregunta sobre el uso de detergentes, corre usted el riesgo de no obtener ese permiso. (La respuesta correcta es que los detergentes no han de mezclarse). Por ejemplo, si no sabe usted cuál es la diferencia entre una tarjeta de crédito, un pin y un chip, corre el riesgo de perder el derecho a residir en el país. Al examen se sometieron el año pasado varios cientos de holandeses, incluyendo a políticos, intelectuales, artistas y alcaldes y ex alcaldes, y gente de a pie. La opinión fue unánime: el llamado examen de integración es una estupidez. Sus preguntas son arbitrarias y absurdas. Mide un conocimiento variopinto de trivialidades. La sospecha de todos: su intención es simplemente dificultar el ingreso de extranjeros, y humillar a los que lo sobrevivan. Sin embargo, el gobierno no ha tomado ninguna medida en torno al tema. No tiene realmente interés: el propio gobierno reconoce que el objetivo del examen no es realmente ayudar a los extranjeros a integrarse, sino a deshacerse de ellos.
Otro tópico relacionado con la integración son los valores. El gobierno difunde la creencia de que los musulmanes o árabes tienen valores opuestos a la Constitución o incompatibles con la cultura holandesa. Pero esos valores los define el gobierno y sus representantes en base a afirmaciones de ideólogos de extrema derecha, no en base a estudios ni investigaciones. Así, dice el gobierno que el islam es incompatible con la democracia y que favorece el islam la fundación de teocracias. Ave por la imaginación de esos ideólogos. Según un sondeo reciente, sin embargo, la inmensa mayoría de los inmigrantes musulmanes defiende valores democráticos en la vida política y vivirían difícilmente a gusto en países no democráticos. Sólo un tres por ciento de la población musulmana residente conoce valores fundamentalistas. La gran mayoría de ellos participa en las elecciones como el resto de los ciudadanos y ninguno de ellos sueña siquiera con la instalación de un régimen de clérigos. Las afirmaciones del gobierno son pues arbitrarias.
Además, ser fundamentalista no es un delito y es un derecho que garantiza la Constitución. Acá hay ciudades enteras que son fundamentalistas cristianas, desde tiempos inmemoriales, y nadie supone que constituyan un gran problema -a pesar de que, por ejemplo, rechazan la vacunación. Hay barrios fundamentalistas, como algunos judíos -y tampoco se supone que constituyan un problema. De modo que no es el fundamentalismo un problema: esa gente que no bebe, no fuma, no consume drogas y no hace otra cosa que trabajar para sus familias no constituyen, ni han constituido antes, un problema para el estado.
Asegura el gobierno que los musulmanes golpean a sus mujeres. La violencia intra-familiar es un problema que afecta a todas las sociedades del mundo. No dice el gobierno que en Holanda el 50 por ciento de los casos de violencia familiar ocurre en familias nativas. Es verdad que, proporcionalmente, los musulmanes están sobre-representados (si se considera que un 10 por ciento de la población total es musulmana), pero esta constatación no justifica en absoluto esas afirmaciones tendenciosas sobre el islam y las mujeres.
¿Qué ha pasado entonces en Holanda? La extrema derecha y el neo-nazismo (ahora, además, anti-musulmán) han sido siempre fuertes en el país. Sin embargo, por la decencia que caracterizó a la clase política de Holanda, nunca lograron formar parte de gobierno alguno -hasta 2002, cuando se formó la primera coalición con partidos fascistas. Este fue el grave e imperdonable error de la clase política holandesa. Estos partidos -impulsados por el enorme éxito del cabecilla fascista Pim Fortuyn- adquirieron carta de ciudadanía. Fue un error terrible por el que Holanda tendrá todavía que pagar. La clase política, obsesionada por su rendimiento mercantil en las elecciones, optó por reconocer como legítimas ideologías perniciosas, aberrantes y basadas en el odio racial apenas disimulado. Frente al racismo y al fascismo, los políticos holandeses decidieron negociar y hasta gobernar juntos, y muchos partidos antiguamente decentes incorporaron a sus programas medidas fascistas -medidas que eran favorecidas por una parte de los electores. (E ignorando posturas de partidos normales en otros países de Europa, que se comprometieron a no negociar nunca con esos partidos, como en Francia y en Bélgica). El problema es pues que no habiendo los partidos normales alcanzado un acuerdo sobre los fascistas, y temerosos que los votos obtenidos por estos en las elecciones facilitaran coaliciones de las que podrían ser excluidos, y llevados por el ánimo de gobernar a toda costa, la clase política holandesa decidió pactar con el demonio.
Cuando se pacta con el demonio, es este el que gana. Y ha ganado esto: ha creado un clima de tensiones culturales y raciales que el país no conocía desde la Segunda Guerra Mundial, ha despojado de sus derechos a una parte considerable de su población, ha transformado en legítimas medidas discriminatorias que no son aplicadas en ningún país occidental y que violan claramente la propia Constitución y la europea, ha instalado un régimen de apartheid -que ya ha sido denunciado por numerosos estudiosos extranjeros- repugnante y evocativo de las prácticas del apartheid sudafricano de antaño. La clase política -la derecha y la izquierda- dejó entrar al demonio en casa. Y ahora será difícil -no imposible- terminar con él.
Dicen aquí muchos que todo cambió con los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, Washington y Pensilvania. No es una fecha que se pueda olvidar. Sin embargo, ocurrió antes la matanza de Sbrenica, en julio de 1995, en la que tropas holandesas se hicieron cómplices de las unidades serbias que asesinaron a sangre fría a unos 7.800 niños y hombres musulmanes en la antigua Yugoslavia. Según muchos, ese acontecimiento cambió todo en Holanda -lo afirman entre otros el historiador James Kennedy. Holanda debió mirarse al espejo. ¿Cómo fue posible? ¿Cómo entender ese increíble acto de cobardía? ¿Qué hacer con los soldados? La investigación oficial de esos acontecimientos duró siete años. Cuando se publicaron las conclusiones, en 2002, el gobierno holandés optó por renunciar antes que procesar a las tropas y repensar su papel en la Unión Europea y en las misiones de Naciones Unidas. En las elecciones que siguieron a la crisis de gobierno, obtuvieron los fascistas casi un 15 por ciento de los votos. Entonces los partidos de la derecha tradicional decidieron hacer la vista gorda sobre las aberraciones morales del fascismo, y aceptaron gobernar con esos partidos -esos partidos que consideraban héroes a los asesinos y sus cómplices, y no entendían qué habían hecho mal las tropas holandesas. Entonces empezó la decadencia de Holanda. En julio de 1995.
7 de enero de 2005
©mérici
Su nota es extraña e incompleta en lo que toca a Holanda. Iré señalando paso por paso lo que me llama la atención sobre el permanente mal entendido en torno a Holanda y su política de integración.
Define usted en el primer párrafo que la integración implica convivencia, igualdad de oportunidades y mucho respeto a las creencias, etc. Pues es justamente lo que la actual política holandesa de integración quiere dejar de lado. Ha usted de saber que el término integración' se usa en Holanda explícitamente como sinónimo de asimilación'. En el intenso debate de principios de 2004, el gobierno optó por mantener el uso de integración' sólo porque la palabra asimilación' ya había usada en un contexto similar por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial -cuando se hablaba de la asimilación de los judíos', de los que en esa época se decía que no estaban integrados' y que supuestamente causaban problemas al país.
El actual gobierno holandés no ha definido nunca en qué consistiría lo que llama falta de integración de la población inmigrante y de los extranjeros residentes en general. No es de extrañar, si se tiene en cuenta que según las conclusiones de la comisión Blok, de diciembre de 2003 y enero de 2004, la integración de los inmigrantes ha de considerarse un gran éxito. Sin dar explicaciones, sin embargo, el gobierno rechazó esas conclusiones y siguió adelante con sus planes en torno al tema. Que afirme el gobierno que los extranjeros no están integrados es reconocidamente falso en el contexto holandés. Sí señaló la comisión Blok que los problemas que enfrentaban los extranjeros en el país -mayor desempleo, mayor dependencia de subsidios- se debían fundamentalmente a una política casi sistemática de exclusión de los ciudadanos de origen extranjero del servicio público y al racismo de una parte de la población nativa. La comisión indicó medidas para superar estos problemas, que el gobierno obviamente rechazó.
La afirmación de que los inmigrantes no están integrados es de naturaleza política e ideológica y poco tiene que ver con la realidad del país. Al contrario, debido a la burda implementación de los llamados programas de integración, los problemas de los inmigrantes y extranjeros son cada vez mayores y ha provocado mayor desempleo, mayor exclusión y mayor racismo.
La diferencia entre inmigrantes con papeles y sin papeles me parece enteramente irrelevante y no se ve a qué buenas conclusiones puede conducir.
En seguida, y sin que venga a cuento, salta usted al Wall Street Journal y al asesinato de Theo van Gogh. Se preguntaba ese diario, dice usted, "qué ha podido fallar para que el cineasta haya sido asesinado por un islamita radical". ¿Qué cree usted? ¿Cree que algo ha tenido que fallar? ¿No le parece que si ha fallado algo, ese fallo debe haber ocurrido en la cabeza del autor del asesinato? En 2002 fue asesinado el cabecilla de la extrema derecha, Pim Fortuyn. Lo mató un extremista holandés. ¿Habríamos de decir, coherentemente, que algo falló -dónde- para que se produjera ese asesinato? Ha de saber usted que los atentados contra políticos ocurren en Holanda desde principios de los años noventa y que han recrudecido en los últimos cinco años. La inmensa mayoría de estos atentados han sido cometidos por terroristas de extrema derecha. Los atentados incluyen intentos de asesinatos e intimidación de políticos demócratas -sobre todo a nivel provincial; incendios provocados de mezquitas, escuelas y centros de reunión de musulmanes; ataques a personas de origen árabe. ¿No debemos preguntarnos qué ha debido ocurrir para haber llegado a este estado de cosas?
Ayaan Hirsi Ali, la diputado somalí, tiene una historia particular que no debe ser ignorada. Con un terrible pasado de violencia, cree que su labor es erradicar el islam. Hirsi Ali propone que los inmigrantes de origen árabe deben optar entre el islam y la Constitución holandesa. La incoherencia del punto de vista es manifiesta, dado que la Constitución re-afirma la libertad de religión. Sus puntos de vista extremistas y ajenos a la tradición holandesa le han valido el creciente reproche incluso de colegas de su propio partido -el VVD, una coalición de liberales y elementos de extrema derecha. En Holanda se mira con tristeza su caso, pues su rechazo visceral del islam está teñido por experiencias en su país -que incluye la mutilación genital. Es interesante observar, sobre su película Submissión', que fue esta un encargo del ministerio del Interior, y que la película fue aprobada por este ministerio antes de su publicación -en una proyección a la que asistieron, aparte los dos realizadores, los ministros del Interior y de Justicia.
No se han discutido abiertamente las dificultades para integrar a los musulmanes por la sencilla razón de que no hay problemas de integración de los musulmanes.
Enseguida une usted, sin explicarse mayormente, el tema de la inmigración con el del terrorismo. Es un paso en falso, y de mala fe. Los actos terroristas, como le explico arriba, vienen ocurriendo en Holanda desde principios de los años noventa; la inmensa, abrumadora mayoría de ellos son cometidos por terroristas de extrema derecha -y no estoy incluyendo como acto terrorista la matanza de Sbrenica, en julio de 1995 en la antigua Yugoslavia, cuando tropas holandesas se hicieron cómplices de la matanza de 7.800 niños y hombres musulmanes. Ninguno de esos actos terroristas ha terminado en juicios ni condenas. Nada se ha hecho tampoco para impedirlos, y nada se ha hecho para relacionar su ocurrencia con determinados sectores de la población nativa. Obviamente hay terroristas islámicos entre los musulmanes del país, y es labor del servicio secreto su detección y detención. También hay terroristas fascistas entre los holandeses del país, y es igualmente labor del servicio secreto su detección y detención.
La influencia potencial a que se refiere Hirsi Ali es una idea tendenciosa. Podríamos decir lo mismo: "Aunque hoy los fascistas son una minoría muy pequeña entre nuestros conciudadanos holandeses, es enorme la influencia potencial de los extremistas de este grupo". Son palabras huecas. Es obvio. Un terrorista empecinado -como recordará usted a los terroristas de Crimen y castigo'- logrará convencer a otros para llevar a cabo sus planes. Sea. Nada nuevo nos enseña la constatación.
Lo que ha dicho Edwin Bakker es más reconocible. La violencia y grosería en la vida política se ha transformado en norma desde que asumiera el primer gobierno de extrema derecha aquí, en 2002. Tan es así que algunos diputados demócratas han denunciado que no se sienten seguros ni en el propio Parlamento, donde las amenazas, insultos y amenazas en los pasillos son cada vez más comunes. (¿No le recuerda nada?) En lo que se refiere a los insultos, ciertamente Van Gogh era conocido por su grosería. Pero en su caso era mucho más que eso: Van Gogh despreciaba e insultaba a menudo a los judíos, y fue procesado por injurias en repetidas ocasiones. De hecho, estuvo en juicio durante los últimos nueve años de su vida. Llegó a celebrar en sus columnas el exterminio de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Luego de desearle la muerte al jefe de la bancada verde hace algunos años, anunció su intención de ir a mear en su tumba. Ese era el cineasta. También estuvo amenazado de muerte en los últimos 15 años de su vida. Su muerte estaba anunciada -pero tenía demasiados enemigos y no sabíamos de dónde saldría la mano que lo mató.
El país no ha ignorado la presencia del radicalismo islamita. Es una labor del servicio de inteligencia. El servicio de inteligencia ha fallado en la detección de estos terroristas, y ha fracasado en gran parte debido a su propia incompetencia. Como en otros países de Europa, la cantidad de personal musulmán o árabe, incluyendo a traductores, en los servicios secretos y policiales, es mínima. Y eso refleja el problema que señalaba la comisión Blok: la política de exclusión del estado holandés le ha jugado una mala partida. Cuando necesitaba infiltrarse en esos grupos, no pudo hacerlo por haber dejado de lado la urgente y natural tarea de contar con personal árabe. Eso ciertamente no es culpa de la comunidad musulmana.
La señora Verdonk no es una fuente de autoridad. Es ella de profesión guardia de prisiones y no tiene una formación redondeada. Probablemente no significa esto demasiado, pero no lo olvide. Sus planes no se basan en nada real ni mesurable, sino solamente en su odio a los extranjeros y a lo que es diferente. Es una típica representante del nuevo fascismo holandés: ignorante, grosera, falsa, mal amanerada, vociferante y fanática. En la calle se la llama la hija de Hitler'.
Ahora le diré, de mi propia cosecha, que la integración o su carencia no es realmente un tema de gentes inteligentes ni de bien y sobre el cual no se puede hacer más conjeturar, entre otras cosas porque el gobierno no ha definido nunca esta supuesta falta de integración y basa su política en presuposiciones formuladas a medias. Pareciera que lo fundamental en lo que se llama la falta de integración es el aprendizaje del holandés. El aprendizaje del holandés fue siempre alentado por el estado y hubo desde los años setenta institutos estatales que daban incluso cursos gratuitos para extranjeros.
Aprender holandés o no, obviamente, es una decisión personal. Pareciera que el gobierno hoy asume que no hablar holandés es un obstáculo a la integración. Pues bien: la inmensa mayoría de los extranjeros habla perfectamente holandés. Es difícil creer que la insignificante y desdeñable minoría de extranjeros que no domina el idioma local se haya transformado de golpe en el tema central de la integración, pues es claramente falso. En Holanda no se exige, por lo demás, que todos los extranjeros hablen holandés. Usted debe saber que hay extranjeros que no están obligados a integrarse' en este sentido: los llamados por el gobierno, occidentales', los que tienen ingresos superiores y los dueños de empresas. ¿No lo sabía?
Pero ¿por qué deberían hablar los extranjeros holandés? En muchos países del mundo no existe semejante e insólita exigencia y nadie supone en esos países que eso implique problemas de integración. Analice usted, por ejemplo, el caso de Chile: 300.000 palestinos, más de medio millón de alemanes, 50.000 coreanos, etc. No se ha sabido nunca que haya allá problemas de integración, ni nunca ha tenido ningún gobierno planes de integración de ningún tipo. ¿Por qué, entonces, la exigencia? Considere usted que no solamente habla la mayoría de los extranjeros el idioma, sino además que los nativos holandeses son en su gran mayoría bilingües y que es incluso normal que un nativo domine activamente dos, tres y hasta cuatro idiomas. Ciertamente no hay aquí problemas de falta de comunicación por imposibilidad lingüística. En el mercado de trabajo, si es usted de origen extranjero tendrá menos oportunidades que los nativos, hable usted o no el holandés. Es precisamente lo que señalaba la comisión Blok. No es el dominio del holandés el problema; es la actitud de parte de la sociedad holandesa.
La verdad es que el tema del idioma se deriva de otra cosa: para dificultar la inmigración -que es un objetivo, logrado, del gobierno actual y sobre todo de la cabecilla de la extrema derecha, la ministro Verdonk- se ha exigido que los futuros inmigrantes dominen el holandés antes de entrar al país. (Junto a exigencias económicas onerosas, como el impuesto especial de llega casi a los 6.000 euros para los que quieran asentarse en el país). Esta exigencia, claramente, ha hecho disminuir enormemente las tasas de inmigración. La exigencia, como se ve, es un simple truco burocrático para impedir la inmigración; no obedece a nada substancial -y le puedo asegurar que la mayoría de los miles de programadores que llegan al país no habla holandés. Tampoco lo hablan los miles de polacos y otros nacionales de países de la UE. Tan es así que los futuros inmigrantes -pero los de países considerados no occidentales, árabes y musulmanes- deben rendir su examen de holandés, o de integración, en el país de origen... por teléfono. Tal es la seriedad del asunto.
El examen de integración ha sido ampliamente discutido. Ha sido considerado irritante, humillante y estúpido, incluso por el cabecilla del propio partido fascista en el Parlamento, el diputado Nawijn. Incluye preguntas irrelevantes y tendenciosas. De la respuesta a preguntas insólitas se hace depender la entrega de un permiso de residencia. Por ejemplo, si usted responde mal a la pregunta sobre el uso de detergentes, corre usted el riesgo de no obtener ese permiso. (La respuesta correcta es que los detergentes no han de mezclarse). Por ejemplo, si no sabe usted cuál es la diferencia entre una tarjeta de crédito, un pin y un chip, corre el riesgo de perder el derecho a residir en el país. Al examen se sometieron el año pasado varios cientos de holandeses, incluyendo a políticos, intelectuales, artistas y alcaldes y ex alcaldes, y gente de a pie. La opinión fue unánime: el llamado examen de integración es una estupidez. Sus preguntas son arbitrarias y absurdas. Mide un conocimiento variopinto de trivialidades. La sospecha de todos: su intención es simplemente dificultar el ingreso de extranjeros, y humillar a los que lo sobrevivan. Sin embargo, el gobierno no ha tomado ninguna medida en torno al tema. No tiene realmente interés: el propio gobierno reconoce que el objetivo del examen no es realmente ayudar a los extranjeros a integrarse, sino a deshacerse de ellos.
Otro tópico relacionado con la integración son los valores. El gobierno difunde la creencia de que los musulmanes o árabes tienen valores opuestos a la Constitución o incompatibles con la cultura holandesa. Pero esos valores los define el gobierno y sus representantes en base a afirmaciones de ideólogos de extrema derecha, no en base a estudios ni investigaciones. Así, dice el gobierno que el islam es incompatible con la democracia y que favorece el islam la fundación de teocracias. Ave por la imaginación de esos ideólogos. Según un sondeo reciente, sin embargo, la inmensa mayoría de los inmigrantes musulmanes defiende valores democráticos en la vida política y vivirían difícilmente a gusto en países no democráticos. Sólo un tres por ciento de la población musulmana residente conoce valores fundamentalistas. La gran mayoría de ellos participa en las elecciones como el resto de los ciudadanos y ninguno de ellos sueña siquiera con la instalación de un régimen de clérigos. Las afirmaciones del gobierno son pues arbitrarias.
Además, ser fundamentalista no es un delito y es un derecho que garantiza la Constitución. Acá hay ciudades enteras que son fundamentalistas cristianas, desde tiempos inmemoriales, y nadie supone que constituyan un gran problema -a pesar de que, por ejemplo, rechazan la vacunación. Hay barrios fundamentalistas, como algunos judíos -y tampoco se supone que constituyan un problema. De modo que no es el fundamentalismo un problema: esa gente que no bebe, no fuma, no consume drogas y no hace otra cosa que trabajar para sus familias no constituyen, ni han constituido antes, un problema para el estado.
Asegura el gobierno que los musulmanes golpean a sus mujeres. La violencia intra-familiar es un problema que afecta a todas las sociedades del mundo. No dice el gobierno que en Holanda el 50 por ciento de los casos de violencia familiar ocurre en familias nativas. Es verdad que, proporcionalmente, los musulmanes están sobre-representados (si se considera que un 10 por ciento de la población total es musulmana), pero esta constatación no justifica en absoluto esas afirmaciones tendenciosas sobre el islam y las mujeres.
¿Qué ha pasado entonces en Holanda? La extrema derecha y el neo-nazismo (ahora, además, anti-musulmán) han sido siempre fuertes en el país. Sin embargo, por la decencia que caracterizó a la clase política de Holanda, nunca lograron formar parte de gobierno alguno -hasta 2002, cuando se formó la primera coalición con partidos fascistas. Este fue el grave e imperdonable error de la clase política holandesa. Estos partidos -impulsados por el enorme éxito del cabecilla fascista Pim Fortuyn- adquirieron carta de ciudadanía. Fue un error terrible por el que Holanda tendrá todavía que pagar. La clase política, obsesionada por su rendimiento mercantil en las elecciones, optó por reconocer como legítimas ideologías perniciosas, aberrantes y basadas en el odio racial apenas disimulado. Frente al racismo y al fascismo, los políticos holandeses decidieron negociar y hasta gobernar juntos, y muchos partidos antiguamente decentes incorporaron a sus programas medidas fascistas -medidas que eran favorecidas por una parte de los electores. (E ignorando posturas de partidos normales en otros países de Europa, que se comprometieron a no negociar nunca con esos partidos, como en Francia y en Bélgica). El problema es pues que no habiendo los partidos normales alcanzado un acuerdo sobre los fascistas, y temerosos que los votos obtenidos por estos en las elecciones facilitaran coaliciones de las que podrían ser excluidos, y llevados por el ánimo de gobernar a toda costa, la clase política holandesa decidió pactar con el demonio.
Cuando se pacta con el demonio, es este el que gana. Y ha ganado esto: ha creado un clima de tensiones culturales y raciales que el país no conocía desde la Segunda Guerra Mundial, ha despojado de sus derechos a una parte considerable de su población, ha transformado en legítimas medidas discriminatorias que no son aplicadas en ningún país occidental y que violan claramente la propia Constitución y la europea, ha instalado un régimen de apartheid -que ya ha sido denunciado por numerosos estudiosos extranjeros- repugnante y evocativo de las prácticas del apartheid sudafricano de antaño. La clase política -la derecha y la izquierda- dejó entrar al demonio en casa. Y ahora será difícil -no imposible- terminar con él.
Dicen aquí muchos que todo cambió con los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, Washington y Pensilvania. No es una fecha que se pueda olvidar. Sin embargo, ocurrió antes la matanza de Sbrenica, en julio de 1995, en la que tropas holandesas se hicieron cómplices de las unidades serbias que asesinaron a sangre fría a unos 7.800 niños y hombres musulmanes en la antigua Yugoslavia. Según muchos, ese acontecimiento cambió todo en Holanda -lo afirman entre otros el historiador James Kennedy. Holanda debió mirarse al espejo. ¿Cómo fue posible? ¿Cómo entender ese increíble acto de cobardía? ¿Qué hacer con los soldados? La investigación oficial de esos acontecimientos duró siete años. Cuando se publicaron las conclusiones, en 2002, el gobierno holandés optó por renunciar antes que procesar a las tropas y repensar su papel en la Unión Europea y en las misiones de Naciones Unidas. En las elecciones que siguieron a la crisis de gobierno, obtuvieron los fascistas casi un 15 por ciento de los votos. Entonces los partidos de la derecha tradicional decidieron hacer la vista gorda sobre las aberraciones morales del fascismo, y aceptaron gobernar con esos partidos -esos partidos que consideraban héroes a los asesinos y sus cómplices, y no entendían qué habían hecho mal las tropas holandesas. Entonces empezó la decadencia de Holanda. En julio de 1995.
7 de enero de 2005
©mérici
LA RE-ELECCIÓN DE BUSH AUMENTARÁ EL TERRORISMO EN EL MUNDO
columna de mérici
Si la guerra de Bush fuera realmente contra el terrorismo, no estaría en Iraq en estos momentos. Al contrario, si continúa la presencia de Estados Unidos en ese país, la posibilidad de que el terrorismo se intensifique y extienda a otros países se hace mayor. La resistencia iraquí no incluye sola ni preponderantemente a fundamentalistas descarrilados; según la mayoría de los informes, la mayoría de la resistencia es dirigida por los baazistas y el antiguo ejército iraquí. Los fundamentalistas y los asociados a bin Laden son grupos minoritarios de los que, en otras condiciones, se habría dado cuenta policialmente y en poco tiempo. Es probable que así ocurra una vez que las tropas norteamericanas abandonen Iraq. Pero mientras permanezcan las tropas, se mantendrá en pie la alianza táctica entre realistas y fundamentalistas.
No tiene mucho sentido llamar terrorismo a los ataques de la resistencia iraquí contra objetivos militares y políticos. De hecho, la gran mayoría de las víctimas de la resistencia son reclutas, agentes de policía, soldados y políticos del nuevo régimen. Las víctimas civiles -los daños colaterales'- son en proporción pocas, si se las compara con las más de 20.000 bajas civiles provocadas por los bombardeos norteamericanos. Los civiles iraquíes no se engañan sobre estos hechos. Las muertes de civiles se deben en primerísima parte a los bombardeos, no a las bombas improvisadas de la resistencia.
Son los grupos fundamentalistas, que participan en la resistencia con un programa propio, que está lejos de ser compartido por el grueso de la resistencia, los que cometen actos de terror aborrecibles, con decapitaciones filmadas en video y televisadas, y que permiten que Estados Unidos presente al mundo la imagen de una resistencia que no es resistencia sino desenfrenado y sangriento terror fundamentalista. Esto está lejos de ser verdad. Y la insistencia norteamericana y británica en presentar una imagen evidentemente distorsionada de la resistencia iraquí está cada vez más clara.
Como quiera que sea, los actos de terror de los fundamentalistas se han quedado en Iraq. Pero pueden cometer atentados espeluznantes en cualquier país del mundo, en países con guerras y sin guerras, y los cometerían aun en un Iraq pacífico y no ocupado, como los cometerán en cualquier país de Europa, apoye o no este país la guerra norteamericana. El terrorismo fundamentalista hace puntos matando infieles para ser recibido con más alegría por las vírgenes del paraíso. No tiene objetivos políticos; no se puede por tanto negociar con ellos; no dejarán de matar sino cuando se les mate. En Iraq tienen un campo de batalla casi santificado, un perfecto caldo de cultivo.
De momento, los fundamentalistas se concentran en Iraq y Afganistán (aunque ciertamente los hay en todo el mundo). Pero la continuación de la ocupación provoca indignación en todo el mundo musulmán y no hay que ser demasiado sabiondo para darse cuenta que esa indignación se transformará en algún momento en atentados terroristas, no solamente en Iraq, donde afecta en particular a los policías y funcionarios iraquíes, sino en todo Oriente Medio y en realidad en todo el mundo. Si Bush es re-elegido y continúa la ocupación de Iraq, es más probable que aumente el odio anti-norteamericano y los atentados contra Estados Unidos y sus aliados en todo el mundo. Como Bush no ofrece otra cosa que seguir en Iraq y continuar esa guerra insensata e injusta, el peligro de un resurgimiento terrorista en toda Europa se hace bastante patente. Con Bush, la posibilidad de un nuevo 11 de marzo en Europa o de un nuevo 11 de septiembre en Estados Unidos se hace simplemente más grande. Los terroristas tratarán de golpear en cualquier parte y recurriendo a los métodos más mortíferos.
Esta lucha contra el fundamentalismo tiene más posibilidades de ser ganada efectivamente si se cuenta con el apoyo de las fuerzas moderadas árabes y musulmanas. Pero esas fuerzas no podrán desarrollarse si continúa la ocupación. De momento, las fuerzas moderadas, por su asociación con Occidente, son consideradas anti-patriotas en Iraq, y debido a la guerra en Iraq y al apoyo de Estados Unidos a Israel, no es probable que estas fuerzas moderadas puedan desarrollarse. Realmente, la parte de la población que quisiera un régimen islámico estricto, incluyendo la prohibición de reír y oír música, no tiene demasiados partidarios. Pero la ocupación impide el desarrollo de fuerzas moderadas en Iraq y en otras partes de Oriente Medio y, al contrario, facilita enormemente el desarrollo de los sectores más radicales del extremismo islámico.
Es mucho más probable derrotar al terrorismo simplemente con mejores policías y servicios secretos más eficaces. Lo demuestra la situación en Francia, el Reino Unido, España y otros países europeos, que conocen bien la amenaza terrorista y han podido desmantelarla en gran parte. En lugar de bombardear los barrios musulmanes de las grandes ciudades de Europa, o transformarlos en guetos cercados y vigilados -que sería el equivalente de la receta de Bush-, se han dedicado a perseguir con los normales procedimientos policiales a los terroristas, propinándoles golpes duros y en algunos casos definitivos. El peligro fundamentalista no desaparecerá de un día para otro, pero no se creará el inmenso caldo de cultivo que han provocado los norteamericanos con su bruta política exterior.
La idea de que hay que eliminar las raíces del terrorismo construyendo sociedades democráticas en el mundo árabe-musulmán parece atractiva, pero es falsa. ¿Por qué no daría una democracia origen a grupos fundamentalistas asesinos? Para esos fundamentalistas, el asesinato de infieles es el modo en que se hacen un hueco en su paraíso. Y su paraíso no es de este planeta ni conoce el tiempo. Estos brotes de fiebre asesina los conoce el mundo musulmán desde tiempos inmemoriales. Grupos similares a los de bin Laden han existido en Turquía y en el Medio Oriente permanentemente y se tienen registros detallados de ellos desde al menos el siglo diecinueve. Si no me equivoco, la misma palabra asesino' proviene de esa filosofía. No se necesita despertar el odio extremista; existe por sí mismo. No es necesario haber hecho nada para ser víctima de algún fundamentalista; te matará porque necesita el crimen para acceder a su cielo. Si se acaban sus víctimas más ideales, el fundamentalista atacará a su hermano. Véase si no el caso de Argelia.
Una sociedad democrática no impedirá el surgimiento de ideologías asesinas. Después de todo, el nazismo nació en el seno de Europa y aún hoy esa ideología criminal representa un grave peligro en todas las regiones donde hay sociedades germánicas. El peligro es latente, particularmente en Holanda y Alemania y en algunos países nórdicos. Tampoco ha terminado la democracia con esos gérmenes. La democracia y los valores de la civilización occidental no han impedido crímenes horrendos, como el atentado con bomba en una estación de trenes en Milán, en los años ochenta, de factura fascista; ni los crímenes de los cristianos serbios, con la complicidad de tropas holandesas, en julio de 1995, en Srebrenica, donde los soldados mataron a sangre fría a 7.000 niños y hombres musulmanes, civiles desarmados e inocentes. Sin embargo, se habla hoy del futuro ingreso de Serbia en la Unión Europea. Antes en el pasado no muy lejano de Europa, sus valores occidentales no impidieron el apartheid ni las aventuras coloniales ni el racismo elevado a ideología en todo el mundo occidental. Y ese mundo occidental ya se componía entonces de sociedades democráticas.
Las ideologías asesinas y basadas en el odio, como se ve, no son patrimonio ni de los árabes ni de los musulmanes ni de las sociedades no democráticas.
Pero lo que sí parece verdadero es que situaciones sostenidas de miseria y de opresión, en la sociedad que sea y en cualquier parte del mundo, son un excelente caldo de cultivo para esas ideologías. Palestina, y su sangrienta ocupación israelí, es un ejemplo de ello. Son esas situaciones las que sirven de palanca al fundamentalismo. Y son esas situaciones a las que debe ponerse término. La proposición de que en una sociedad democrática será menos probable que surjan estas ideologías asesinas sólo se sostiene si se da por sentado que una sociedad semejante no conoce ni la miseria ni la opresión. Y está lejos de ser el caso.
Para Occidente lo que importa es que los gobiernos no estén involucrados, ni por razones de real politik ni filosóficas con el extremismo fundamentalista. En ese sentido, Arabia Saudí representaba y representa un mayor peligro que Iraq. Lo importante para Occidente es que las sociedades en Oriente Medio persigan y terminen efectivamente con los terroristas. Que cuenten con servicios policiales que no incluyan a elementos terroristas -como ha sido y sigue siendo el caso en muchos servicios policiales y secretos de Oriente Medio y otras regiones (más evidente es el caso de Pakistán y Arabia Saudí). Que cuenten con regímenes jurídicos que pongan fuera de juego a los fundamentalistas.
Pero lo que propone Bush es simplemente continuar el caos y el estado de guerra. Su filosofía fundamentalista le obliga a continuar la guerra e incluso a extenderla a otros países. Esa misma filosofía le hace despreciar los mecanismos normales de las democracias y terminará transformándolo en un peligro incluso para la democracia norteamericana. Continuar la guerra, como pretende Bush, no hará más que aumentar el peligro terrorista.
No tiene mucho sentido llamar terrorismo a los ataques de la resistencia iraquí contra objetivos militares y políticos. De hecho, la gran mayoría de las víctimas de la resistencia son reclutas, agentes de policía, soldados y políticos del nuevo régimen. Las víctimas civiles -los daños colaterales'- son en proporción pocas, si se las compara con las más de 20.000 bajas civiles provocadas por los bombardeos norteamericanos. Los civiles iraquíes no se engañan sobre estos hechos. Las muertes de civiles se deben en primerísima parte a los bombardeos, no a las bombas improvisadas de la resistencia.
Son los grupos fundamentalistas, que participan en la resistencia con un programa propio, que está lejos de ser compartido por el grueso de la resistencia, los que cometen actos de terror aborrecibles, con decapitaciones filmadas en video y televisadas, y que permiten que Estados Unidos presente al mundo la imagen de una resistencia que no es resistencia sino desenfrenado y sangriento terror fundamentalista. Esto está lejos de ser verdad. Y la insistencia norteamericana y británica en presentar una imagen evidentemente distorsionada de la resistencia iraquí está cada vez más clara.
Como quiera que sea, los actos de terror de los fundamentalistas se han quedado en Iraq. Pero pueden cometer atentados espeluznantes en cualquier país del mundo, en países con guerras y sin guerras, y los cometerían aun en un Iraq pacífico y no ocupado, como los cometerán en cualquier país de Europa, apoye o no este país la guerra norteamericana. El terrorismo fundamentalista hace puntos matando infieles para ser recibido con más alegría por las vírgenes del paraíso. No tiene objetivos políticos; no se puede por tanto negociar con ellos; no dejarán de matar sino cuando se les mate. En Iraq tienen un campo de batalla casi santificado, un perfecto caldo de cultivo.
De momento, los fundamentalistas se concentran en Iraq y Afganistán (aunque ciertamente los hay en todo el mundo). Pero la continuación de la ocupación provoca indignación en todo el mundo musulmán y no hay que ser demasiado sabiondo para darse cuenta que esa indignación se transformará en algún momento en atentados terroristas, no solamente en Iraq, donde afecta en particular a los policías y funcionarios iraquíes, sino en todo Oriente Medio y en realidad en todo el mundo. Si Bush es re-elegido y continúa la ocupación de Iraq, es más probable que aumente el odio anti-norteamericano y los atentados contra Estados Unidos y sus aliados en todo el mundo. Como Bush no ofrece otra cosa que seguir en Iraq y continuar esa guerra insensata e injusta, el peligro de un resurgimiento terrorista en toda Europa se hace bastante patente. Con Bush, la posibilidad de un nuevo 11 de marzo en Europa o de un nuevo 11 de septiembre en Estados Unidos se hace simplemente más grande. Los terroristas tratarán de golpear en cualquier parte y recurriendo a los métodos más mortíferos.
Esta lucha contra el fundamentalismo tiene más posibilidades de ser ganada efectivamente si se cuenta con el apoyo de las fuerzas moderadas árabes y musulmanas. Pero esas fuerzas no podrán desarrollarse si continúa la ocupación. De momento, las fuerzas moderadas, por su asociación con Occidente, son consideradas anti-patriotas en Iraq, y debido a la guerra en Iraq y al apoyo de Estados Unidos a Israel, no es probable que estas fuerzas moderadas puedan desarrollarse. Realmente, la parte de la población que quisiera un régimen islámico estricto, incluyendo la prohibición de reír y oír música, no tiene demasiados partidarios. Pero la ocupación impide el desarrollo de fuerzas moderadas en Iraq y en otras partes de Oriente Medio y, al contrario, facilita enormemente el desarrollo de los sectores más radicales del extremismo islámico.
Es mucho más probable derrotar al terrorismo simplemente con mejores policías y servicios secretos más eficaces. Lo demuestra la situación en Francia, el Reino Unido, España y otros países europeos, que conocen bien la amenaza terrorista y han podido desmantelarla en gran parte. En lugar de bombardear los barrios musulmanes de las grandes ciudades de Europa, o transformarlos en guetos cercados y vigilados -que sería el equivalente de la receta de Bush-, se han dedicado a perseguir con los normales procedimientos policiales a los terroristas, propinándoles golpes duros y en algunos casos definitivos. El peligro fundamentalista no desaparecerá de un día para otro, pero no se creará el inmenso caldo de cultivo que han provocado los norteamericanos con su bruta política exterior.
La idea de que hay que eliminar las raíces del terrorismo construyendo sociedades democráticas en el mundo árabe-musulmán parece atractiva, pero es falsa. ¿Por qué no daría una democracia origen a grupos fundamentalistas asesinos? Para esos fundamentalistas, el asesinato de infieles es el modo en que se hacen un hueco en su paraíso. Y su paraíso no es de este planeta ni conoce el tiempo. Estos brotes de fiebre asesina los conoce el mundo musulmán desde tiempos inmemoriales. Grupos similares a los de bin Laden han existido en Turquía y en el Medio Oriente permanentemente y se tienen registros detallados de ellos desde al menos el siglo diecinueve. Si no me equivoco, la misma palabra asesino' proviene de esa filosofía. No se necesita despertar el odio extremista; existe por sí mismo. No es necesario haber hecho nada para ser víctima de algún fundamentalista; te matará porque necesita el crimen para acceder a su cielo. Si se acaban sus víctimas más ideales, el fundamentalista atacará a su hermano. Véase si no el caso de Argelia.
Una sociedad democrática no impedirá el surgimiento de ideologías asesinas. Después de todo, el nazismo nació en el seno de Europa y aún hoy esa ideología criminal representa un grave peligro en todas las regiones donde hay sociedades germánicas. El peligro es latente, particularmente en Holanda y Alemania y en algunos países nórdicos. Tampoco ha terminado la democracia con esos gérmenes. La democracia y los valores de la civilización occidental no han impedido crímenes horrendos, como el atentado con bomba en una estación de trenes en Milán, en los años ochenta, de factura fascista; ni los crímenes de los cristianos serbios, con la complicidad de tropas holandesas, en julio de 1995, en Srebrenica, donde los soldados mataron a sangre fría a 7.000 niños y hombres musulmanes, civiles desarmados e inocentes. Sin embargo, se habla hoy del futuro ingreso de Serbia en la Unión Europea. Antes en el pasado no muy lejano de Europa, sus valores occidentales no impidieron el apartheid ni las aventuras coloniales ni el racismo elevado a ideología en todo el mundo occidental. Y ese mundo occidental ya se componía entonces de sociedades democráticas.
Las ideologías asesinas y basadas en el odio, como se ve, no son patrimonio ni de los árabes ni de los musulmanes ni de las sociedades no democráticas.
Pero lo que sí parece verdadero es que situaciones sostenidas de miseria y de opresión, en la sociedad que sea y en cualquier parte del mundo, son un excelente caldo de cultivo para esas ideologías. Palestina, y su sangrienta ocupación israelí, es un ejemplo de ello. Son esas situaciones las que sirven de palanca al fundamentalismo. Y son esas situaciones a las que debe ponerse término. La proposición de que en una sociedad democrática será menos probable que surjan estas ideologías asesinas sólo se sostiene si se da por sentado que una sociedad semejante no conoce ni la miseria ni la opresión. Y está lejos de ser el caso.
Para Occidente lo que importa es que los gobiernos no estén involucrados, ni por razones de real politik ni filosóficas con el extremismo fundamentalista. En ese sentido, Arabia Saudí representaba y representa un mayor peligro que Iraq. Lo importante para Occidente es que las sociedades en Oriente Medio persigan y terminen efectivamente con los terroristas. Que cuenten con servicios policiales que no incluyan a elementos terroristas -como ha sido y sigue siendo el caso en muchos servicios policiales y secretos de Oriente Medio y otras regiones (más evidente es el caso de Pakistán y Arabia Saudí). Que cuenten con regímenes jurídicos que pongan fuera de juego a los fundamentalistas.
Pero lo que propone Bush es simplemente continuar el caos y el estado de guerra. Su filosofía fundamentalista le obliga a continuar la guerra e incluso a extenderla a otros países. Esa misma filosofía le hace despreciar los mecanismos normales de las democracias y terminará transformándolo en un peligro incluso para la democracia norteamericana. Continuar la guerra, como pretende Bush, no hará más que aumentar el peligro terrorista.
LO QUE ESTÁ EN JUEGO EN ESTADOS UNIDOS
columna de mérici
También están en juego en estas elecciones las libertades civiles y las facultades presidenciales. Bush ha introducido categorías jurídicamente aberrantes que le han permitido retener a ciudadanos extranjeros encerrados en Guantánamo, sin derecho a impugnar su detención, sin derecho a abogados y sin derecho a ver a sus familias. Introdujo el régimen de torturas en Abu Ghraib. Puede detener a ciudadanos estadounidenses y retenerlos por tiempo indefinido escudándose en la amenaza terrorista.
Un presidente que llega con trucos y fraude al poder en la principal democracia del mundo, y que como en la antigua Roma continúa la guerra de su padre mientras sus ministros se hinchan los bolsillos, es un espectáculo triste. Sus principales aliados en el extranjero son dictaduras y tiranías. Sus mejores amigos, gente como el ex espía comunista Puttin y el fugitivo Sharon.
Con todo muchos lo apoyan. A pesar de todas las investigaciones, un 40% sigue creyendo en la bomba atómica de Iraq. [?]
Un presidente que llega con trucos y fraude al poder en la principal democracia del mundo, y que como en la antigua Roma continúa la guerra de su padre mientras sus ministros se hinchan los bolsillos, es un espectáculo triste. Sus principales aliados en el extranjero son dictaduras y tiranías. Sus mejores amigos, gente como el ex espía comunista Puttin y el fugitivo Sharon.
Con todo muchos lo apoyan. A pesar de todas las investigaciones, un 40% sigue creyendo en la bomba atómica de Iraq. [?]
ATENTADO FRUSTRADO CONTRA REFUGIADOS
columna de mérici
Recién en septiembre informó la prensa holandesa sobre un atentado frustrado contra un centro de acogida de refugiados de Ter Apel, Groningen. El artefacto no estalló. La bolsa que contenía los explosivos fue encontrada por un niño, que la llevó diligentemente a un guardia de seguridad.
El intento de atentado pudo haber causado su muerte. Y la de otros refugiados. Ocurrió el 17 de agosto y el gobierno pidió a la prensa no informar sobre el tema para no causar alarma, según arguyeron los cabecillas del gobierno.
La prensa obedeció.
El gobierno no ha observado la misma precaución en casos notoriamente fabricados. Esos mismos cabecillas -un ministro llamado Donner, en particular- han recurrido a la prensa para informar sobre posibles atentados con bomba contra aviones, que serían obra de grupos de extremistas musulmanes. Ningún caso resultó ser verídico.
Pero el gobierno dejó ver su sombrero sobre la verosimilitud de esas denuncias. Tan falsas parecen ser, que el ministro informó a la prensa, pero no a los servicios que debían intervenir en caso de atentados -como los bomberos y las ambulancias. Curioso, por decir lo menos.
Ciertamente, mientras el gobierno ha detenido a turistas árabes sospechándoles de terrorismo porque los agentes les vieron filmando en locaciones tan sospechosas como zoológicos y parques de diversión, la policía no ha informado sobre los sospechosos del atentado contra el centro de refugiados.
¿Qué habremos de pensar sobre este caso? ¿Cómo explicar la celeridad con que la policía sospecha y encarcela a la gente árabe y el silencio que guarda sobre los terroristas que quisieron matar a esos refugiados?
Este gobierno causa enorme desconfianza. Tanta que hay muchos que creen que las alarmas de atentado que emite periódicamente el gobierno son obra de su propio servicio secreto. Lo mismo vale para el atentado contra el centro de refugiados.
También es significativo que la bomba la haya encontrado un niño refugiado, y no los guardias de seguridad que abundan por ahí. Evidentemente no los ha puesto el gobierno ahí para proteger a los refugiados.
Y el silencio de la prensa es aterrador. Que hayan los órganos de prensa colaborado en esta farsa es repugnante. Y que se presten a colaborar con el gobierno cada vez que fabrica alguna historia terrorista, más repugnante aún.
La prensa holandesa colabora con el gobierno, una coalición de extrema derecha cada vez más xenófoba. Lo supimos cuando el año pasado el director de los servicios informativos del gobierno -NOS- declaró en una entrevista a CNN a propósito de la expulsión de 26.000 refugiados, que había entre ellos muchos criminales de guerra, justificando así la decisión del gobierno. En verdad, se descubrió a solo un sospechoso de cometer crímenes de guerra, y una veintena de personas de antecedentes dudosos.
He ahí la independencia de la prensa holandesa, y he ahí lo que hace el gobierno por protegernos de la violencia terrorista.
Y mientras esperamos que el gobierno capture a los autores del atentado frustrado y se llene la boca sobre el peligro neonazi -que no lo hará, pues los autores, como los fascistas, gozan de su gobierno-, seguiremos presenciado el espectáculo bochornoso de ver a un país alguna vez valioso convertido en un extravagante simulacro de democracia.
¿BUSH O KERRY?
columna de mérici
Si el tema más importante de estas elecciones es la guerra de Iraq, la respuesta debería ser contundente: mi candidato sería Kerry.
La invasión de Iraq fue siempre ilegal -porque no fue apoyada por Naciones Unidas-, y aunque todavía no sabemos los motivos verdaderos de la guerra iniciada por Estados Unidos, cada día que pasa sabemos que los motivos aducidos por el gobierno republicano eran falsos.
Iraq no tenía armas de destrucción masiva, ni estaba en estado de fabricarlas aun si Saddam Hussein lo hubiese querido.
Los inspectores de Naciones Unidas lo sabían desde 1996. También lo sabían prácticamente todos los servicios secretos europeos.
Sin embargo, el presidente Bush pretende haber dado más crédito a los informes fabricados por gente como Chalabi y Allawi y el servicio secreto israelí.
Su propio servicio de inteligencia fabricó evidencias. Lo sabíamos en los meses previos a la guerra, cuando se descubrió que uno de esos informes lo había descolgado la CIA de una tesina publicada en la red.
Bush ordenó a sus servicios de inteligencia fabricar evidencias. No se equivocó ni interpretó mal.
Ciertamente, también lo sabían los servicios secretos británicos y la muerte de uno de sus hombres que se atrevió a revelar la conspiración debe ser todavía aclarada.
La guerra ha sido un desastre y una tragedia, sobre todo para los iraquíes, cuyos ciudadanos han perdido a 21.000 de los suyos, sin contar las bajas militares y de la insurgencia.
Un objetivo fundamental de las elecciones debería ser el fin de la guerra. Pero en ninguno de los candidatos se advierte un programa claro, menos aun coherente, para ponerle fin.
Con la visión de Bush, su elección significaría más guerra, más conflictos, más violencia y más actos terroristas.
También haría la situación interna de Estados Unidos peor, pues a nadie se le escapa que si es reelegido se agravarán las limitaciones ya en curso de los derechos civiles.
Para proseguir esa guerra insensata Bush no tendrá además otra alternativa que instituir nuevamente el servicio militar obligatorio, que condenará a muchos jóvenes norteamericanos a la muerte.
A nivel internacional, su reelección dará más fuerza a regímenes y gobiernos de extrema derecha en Europa y el mundo, que son los únicos que le apoyan.
Y Estados Unidos se aislará aun más. De hecho, después de la anunciada retirada de Polonia, Estados Unidos ya no tiene aliados; Polonia era su súbdito más importante, lo que queda son títeres. Y mientras de más títeres se rodee Estados Unidos, menos credibilidad si se puede tendrá su guerra de Iraq.
La guerra no terminará con más guerra. Estados Unidos debería saber que esa guerra no la puede ganar y que es urgente que busque un modo de salirse de ella.
Para ello debería buscar aliados respetables. No los tiene en el mundo árabe. No los tiene en realidad en ninguna parte del mundo.
Los dos candidatos han dejado en el tintero la ocupación israelí de Palestina. Sin embargo, es en esa ocupación donde se encuentra el origen del odio árabe hacia Estados Unidos. Mientras continúe, Estados Unidos contará sólo con enemigos en el mundo árabe y musulmán.
La idea de que Estados Unidos quiere imponer la democracia en Oriente Medio es poco creíble. Es poco creíble porque todo el mundo sabe que Bush llegó al poder cometiendo fraude. Es un presidente que no tiene autoridad moral para predicar esos valores. Por otro lado, sería su segundo mandato -una aberración de la democracia que permite la formación de dinastías políticas, justamente como la de Bush. Es fácil entender porqué la democracia que predica Bush es vista en el mundo árabe como un simulacro ridículo. ¿Qué diferencia hay entre una autocracia y un presidente que es elegido una segunda vez y que prosigue la guerra iniciada por su padre?
Bush no lucha contra el terror en Iraq. Lucha ahora para defender su pellejo, después de haberse ganado el odio y el resentimiento de los iraquíes, y de gran parte del mundo árabe. Los terroristas no estaban en Iraq. Ahora, gracias a la ineptitud y negligencia, se encuentran en todas partes..., incluso en Afganistán, donde todavía tiene domicilio Osama bin Laden. También los hay en Iraq, ahora, pero son los menos.
Los servicios de inteligencia norteamericanos confirman que la resistencia iraquí no está en manos de fundamentalistas, sino en las de los antiguos baazistas. Estados Unidos debe reconocer que si quiere realmente paz en Iraq, deberá negociar con ellos y deshacerse del grupo de notorios delincuentes -ladrones, estafadores, secuestradores incluso- que conforman su gobierno interino.
En su propio gobierno hay figuras que son francamente repugnantes. El mundo ya sabe que tiene funcionarios, como el vice-presidente Cheney, que tienen intereses comerciales personales en la guerra de Iraq. Es gente que se enriquece con la muerte y la destrucción. Sin embargo, siguen en el gobierno. Eso contribuye a la falta de credibilidad de Estados Unidos.
Si Estados Unidos, Bush o Kerry quieren seriamente poner fin a la guerra, deberían recurrir a Europa, donde se encuentran los únicos países que son interlocutores aceptables para los iraquíes y el mundo árabe.
Sin embargo, en los debates Bush sigue refiriéndose en términos despectivos a Europa.
Kerry, por otro lado, es poco claro. Si se mantiene el propósito de abandonar Iraq después de las elecciones de enero de 2005, debería crear las condiciones que hagan posible que esas elecciones sean nacionales y legítimas.
Para conseguirlo necesita crear un clima de menos violencia. Y lo puede conseguir asegurándose que los baazistas puedan participar legítimamente en esas elecciones. Habrá que confiar en que los baazistas también han aprendido lo suyo en esta guerra, porque al contrario de lo que afirmaba el presidente Bush, han sido siempre enemigos enconados de los fundamentalistas. Reconocer a los baazistas puede disminuir los niveles de violencia en el país. Aún hoy, los baazistas son la mejor carta anti-fundamentalista en Iraq.
Los aliados de Bush en Iraq no son aceptables para los iraquíes. No es probable que esos partidos conciten el apoyo de la ciudadanía. Y es indispensable restar apoyo a los fundamentalistas. Las actuales campañas bélicas norteamericanas en Iraq sólo redundan en beneficio de los extremistas musulmanes.
Estados Unidos no debe desprenderse de la obligación moral de proveer por esos miles de familias, de viudas y de huérfanos que los ataques de sus tropas y aviones han dejado en la calle y en la desesperación. Hacerlo demostraría buena voluntad, y la voluntad de reparar en lo posible los terribles daños que ha causado.
Mientras continúe la guerra no será posible para los demócratas iraquíes formar sus partidos políticos, llevar una vida normal y prepararse para participar en las elecciones. Hoy por hoy serían considerados enemigos de Iraq.
Kerry debería ser más claro. El tiempo apremia. Si es elegido el 2 noviembre, y espero que lo sea, sólo tiene dos meses de tiempo.
La invasión de Iraq fue siempre ilegal -porque no fue apoyada por Naciones Unidas-, y aunque todavía no sabemos los motivos verdaderos de la guerra iniciada por Estados Unidos, cada día que pasa sabemos que los motivos aducidos por el gobierno republicano eran falsos.
Iraq no tenía armas de destrucción masiva, ni estaba en estado de fabricarlas aun si Saddam Hussein lo hubiese querido.
Los inspectores de Naciones Unidas lo sabían desde 1996. También lo sabían prácticamente todos los servicios secretos europeos.
Sin embargo, el presidente Bush pretende haber dado más crédito a los informes fabricados por gente como Chalabi y Allawi y el servicio secreto israelí.
Su propio servicio de inteligencia fabricó evidencias. Lo sabíamos en los meses previos a la guerra, cuando se descubrió que uno de esos informes lo había descolgado la CIA de una tesina publicada en la red.
Bush ordenó a sus servicios de inteligencia fabricar evidencias. No se equivocó ni interpretó mal.
Ciertamente, también lo sabían los servicios secretos británicos y la muerte de uno de sus hombres que se atrevió a revelar la conspiración debe ser todavía aclarada.
La guerra ha sido un desastre y una tragedia, sobre todo para los iraquíes, cuyos ciudadanos han perdido a 21.000 de los suyos, sin contar las bajas militares y de la insurgencia.
Un objetivo fundamental de las elecciones debería ser el fin de la guerra. Pero en ninguno de los candidatos se advierte un programa claro, menos aun coherente, para ponerle fin.
Con la visión de Bush, su elección significaría más guerra, más conflictos, más violencia y más actos terroristas.
También haría la situación interna de Estados Unidos peor, pues a nadie se le escapa que si es reelegido se agravarán las limitaciones ya en curso de los derechos civiles.
Para proseguir esa guerra insensata Bush no tendrá además otra alternativa que instituir nuevamente el servicio militar obligatorio, que condenará a muchos jóvenes norteamericanos a la muerte.
A nivel internacional, su reelección dará más fuerza a regímenes y gobiernos de extrema derecha en Europa y el mundo, que son los únicos que le apoyan.
Y Estados Unidos se aislará aun más. De hecho, después de la anunciada retirada de Polonia, Estados Unidos ya no tiene aliados; Polonia era su súbdito más importante, lo que queda son títeres. Y mientras de más títeres se rodee Estados Unidos, menos credibilidad si se puede tendrá su guerra de Iraq.
La guerra no terminará con más guerra. Estados Unidos debería saber que esa guerra no la puede ganar y que es urgente que busque un modo de salirse de ella.
Para ello debería buscar aliados respetables. No los tiene en el mundo árabe. No los tiene en realidad en ninguna parte del mundo.
Los dos candidatos han dejado en el tintero la ocupación israelí de Palestina. Sin embargo, es en esa ocupación donde se encuentra el origen del odio árabe hacia Estados Unidos. Mientras continúe, Estados Unidos contará sólo con enemigos en el mundo árabe y musulmán.
La idea de que Estados Unidos quiere imponer la democracia en Oriente Medio es poco creíble. Es poco creíble porque todo el mundo sabe que Bush llegó al poder cometiendo fraude. Es un presidente que no tiene autoridad moral para predicar esos valores. Por otro lado, sería su segundo mandato -una aberración de la democracia que permite la formación de dinastías políticas, justamente como la de Bush. Es fácil entender porqué la democracia que predica Bush es vista en el mundo árabe como un simulacro ridículo. ¿Qué diferencia hay entre una autocracia y un presidente que es elegido una segunda vez y que prosigue la guerra iniciada por su padre?
Bush no lucha contra el terror en Iraq. Lucha ahora para defender su pellejo, después de haberse ganado el odio y el resentimiento de los iraquíes, y de gran parte del mundo árabe. Los terroristas no estaban en Iraq. Ahora, gracias a la ineptitud y negligencia, se encuentran en todas partes..., incluso en Afganistán, donde todavía tiene domicilio Osama bin Laden. También los hay en Iraq, ahora, pero son los menos.
Los servicios de inteligencia norteamericanos confirman que la resistencia iraquí no está en manos de fundamentalistas, sino en las de los antiguos baazistas. Estados Unidos debe reconocer que si quiere realmente paz en Iraq, deberá negociar con ellos y deshacerse del grupo de notorios delincuentes -ladrones, estafadores, secuestradores incluso- que conforman su gobierno interino.
En su propio gobierno hay figuras que son francamente repugnantes. El mundo ya sabe que tiene funcionarios, como el vice-presidente Cheney, que tienen intereses comerciales personales en la guerra de Iraq. Es gente que se enriquece con la muerte y la destrucción. Sin embargo, siguen en el gobierno. Eso contribuye a la falta de credibilidad de Estados Unidos.
Si Estados Unidos, Bush o Kerry quieren seriamente poner fin a la guerra, deberían recurrir a Europa, donde se encuentran los únicos países que son interlocutores aceptables para los iraquíes y el mundo árabe.
Sin embargo, en los debates Bush sigue refiriéndose en términos despectivos a Europa.
Kerry, por otro lado, es poco claro. Si se mantiene el propósito de abandonar Iraq después de las elecciones de enero de 2005, debería crear las condiciones que hagan posible que esas elecciones sean nacionales y legítimas.
Para conseguirlo necesita crear un clima de menos violencia. Y lo puede conseguir asegurándose que los baazistas puedan participar legítimamente en esas elecciones. Habrá que confiar en que los baazistas también han aprendido lo suyo en esta guerra, porque al contrario de lo que afirmaba el presidente Bush, han sido siempre enemigos enconados de los fundamentalistas. Reconocer a los baazistas puede disminuir los niveles de violencia en el país. Aún hoy, los baazistas son la mejor carta anti-fundamentalista en Iraq.
Los aliados de Bush en Iraq no son aceptables para los iraquíes. No es probable que esos partidos conciten el apoyo de la ciudadanía. Y es indispensable restar apoyo a los fundamentalistas. Las actuales campañas bélicas norteamericanas en Iraq sólo redundan en beneficio de los extremistas musulmanes.
Estados Unidos no debe desprenderse de la obligación moral de proveer por esos miles de familias, de viudas y de huérfanos que los ataques de sus tropas y aviones han dejado en la calle y en la desesperación. Hacerlo demostraría buena voluntad, y la voluntad de reparar en lo posible los terribles daños que ha causado.
Mientras continúe la guerra no será posible para los demócratas iraquíes formar sus partidos políticos, llevar una vida normal y prepararse para participar en las elecciones. Hoy por hoy serían considerados enemigos de Iraq.
Kerry debería ser más claro. El tiempo apremia. Si es elegido el 2 noviembre, y espero que lo sea, sólo tiene dos meses de tiempo.
PINOCHET DESAFORADO
columna de mérici
La Corte Suprema chilena ha desaforado al ex dictador Augusto Pinochet por los crímenes cometidos por órdenes directas de él por el escuadrón de la muerte que recorrió el país asesinando a los opositores al régimen en los primeros meses después del cruento golpe de estado de 1973. Las víctimas de la bestia fascista superan las tres mil personas. En teoría, el dictamen de la Corte permitiría llevar al ex general a juicio.
Sin embargo, no ha de esperarse mucho, ni de la justicia de ese país, ni de los políticos que actualmente lo dirigen. Ya antes se ha intentado infructuosamente llevar al asesino a tribunales. Cuando el juez español Baltasar Garzón intentó someterle a juicio en España, fue el propio gobierno chileno, de cuño socialista, el que se encargó de frustrar sus planes y negoció falsamente su retorno a Chile prometiendo que se le sometería a juicio en su propio país.
Desgraciadamente, nada de esto ocurrió. El pacto sellado por los socialistas y los militares impidió entonces llevar a justicia al criminal. Y no es probable, vista la hoja de servicios del actual gobierno, que ocurra ahora. Ya buscarán los socialistas una nueva solución para el general.
Además, llevar a juicio a Pinochet ahora no sería más que un acto simbólico de justicia, ya que en razón de su edad no puede ser encarcelado.
Ha de observarse también que Chile abolió, presumiblemente pensando en el dictador, la pena de muerte, que es la única sentencia que merece.
Es una lástima tener que tolerar que este aborrecible criminal muera en la cama de alguna muerte natural. Pero es quizá mejor para todos que la justicia, aunque mínima, prosiga su curso. Chile ya no cuenta con héroes.
Sin embargo, no ha de esperarse mucho, ni de la justicia de ese país, ni de los políticos que actualmente lo dirigen. Ya antes se ha intentado infructuosamente llevar al asesino a tribunales. Cuando el juez español Baltasar Garzón intentó someterle a juicio en España, fue el propio gobierno chileno, de cuño socialista, el que se encargó de frustrar sus planes y negoció falsamente su retorno a Chile prometiendo que se le sometería a juicio en su propio país.
Desgraciadamente, nada de esto ocurrió. El pacto sellado por los socialistas y los militares impidió entonces llevar a justicia al criminal. Y no es probable, vista la hoja de servicios del actual gobierno, que ocurra ahora. Ya buscarán los socialistas una nueva solución para el general.
Además, llevar a juicio a Pinochet ahora no sería más que un acto simbólico de justicia, ya que en razón de su edad no puede ser encarcelado.
Ha de observarse también que Chile abolió, presumiblemente pensando en el dictador, la pena de muerte, que es la única sentencia que merece.
Es una lástima tener que tolerar que este aborrecible criminal muera en la cama de alguna muerte natural. Pero es quizá mejor para todos que la justicia, aunque mínima, prosiga su curso. Chile ya no cuenta con héroes.