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columna de mérici

la subasta de perros


columna de mérici
En el proyecto de ley del ministerio de Salud sobre lo que los funcionarios y la ex ministro María Soledad Barría Iroume llaman tenencia responsable de mascotas, se plantea como objetivo retirar a los perros de las calles. Se estipula en el artículo 13 que "[...] las municipalidades implementarán centros de mantención temporal de animales a objeto de albergar a aquellos animales abandonados que se retiren de la vía pública y a los que sean entregados por la comunidad" (el documento del ministerio no ha sido publicado oficialmente, pero se pueda consultar en este enlace). Cuando los perros tengan identificación -vale decir, los perros con dueño- "[...] se notificará a su dueño, el que tendrá un plazo de 72 horas, a contar de la notificación, para proceder a su rescate previo pago de 0,2 UTM por cada día de permanencia [vale decir, 75.228 pesos chilenos por día; una UTM = 37.614 pesos]". Durante su permanencia en los caniles municipales podrán ser retirados por sus dueños o responsables "previo pago de las multas que correspondan así como de los gastos de alimentación y custodia en que incurra la Municipalidad".

El destino que reserva el proyecto a las mascotas que no sean rescatadas es, como quiera que se lo mire, la muerte. "Los animales que no sean reclamados en el periodo establecido", dice el proyecto, "se considerarán sin dueño y podrán ser dados en adopción, subastados o sometidos a eutanasia".

Originalmente, en mi discusión anterior de este proyecto en La perfidia del gobierno socialista, que es una verdadera apología del maltrato y la muerte, no presté demasiada atención a este aspecto. Comentando el mismo artículo, escribí: "[...] es difícil prever para qué o quiénes serviría la subasta de perros no rescatados. ¿Podrían los restaurantes empezar a vender platos a base de carne de perro? Ciertamente si llegásemos a semejante monstruosidad -que en el Chile de hoy no es inmediatamente descartable- este proyecto sólo agravaría la situación de indefensión de los perros".

En realidad, como piensan muchos, es quizás la pretensión más malvada y pérfida de la ley propuesta por el gobierno socialista y sus alcances e implicaciones, incluso desde el punto de vista de la cultura y sociedad chilenas, son simplemente monstruosas. No solamente quiere el gobierno reintroducir el asesinato de perros como práctica normal de las municipalidades en su intento por reducir lo que llaman sobrepoblación canina (en realidad se refieren de este modo las autoridades a los perros abandonados en las calles), sino, además, pretende convertir a los perros en mercancía, permitiendo o autorizando por ley que los perros no rescatados sean vendidos en subasta pública con el evidente e implícito propósito de utilizarlos, o partes de sus cuerpos, en procesos industriales por empresarios poco escrupulosos o simplemente bárbaros. De paso, el gobierno de la presidenta Bachelet se margina de todas las últimas iniciativas y campañas oficiales de prácticamente todos los países europeos y de Estados Unidos, que han prohibido hace poco la utilización industrial o comercial de las mascotas. Francamente, el proyecto del gobierno es un atentado contra el sentido o el espíritu de nuestra civilización.

Para Juan Grau, miembro del directorio de la Sociedad Protectora de Animales Carlos Puelma Besa de Valparaíso, es lo más espantoso del proyecto. Lo que sigue son fragmentos de una conversación que tuve con él hace unos días:

Juan Grau: "Una vez retirados los perros de las calles las alternativas [según el proyecto del gobierno] serían la entrega en adopción, o en protección a instituciones de protección animal, lo cual sería imposible porque ninguna institución de protección animal está en condiciones de recibir esos volúmenes de animales que andan por las calles y a continuación, entonces, se plantea que pudieran ser subastados públicamente, rematados, lo cual es una crueldad horrible porque si los animales son rematados sería para fines de aprovechamiento, o sea para su matanza y para el uso de su cuerpo, de su piel, en distintos procedimientos industriales, por ejemplo para fabricar jabón o para hacer bananos.

AdeM: "¿Qué quiere decir eso? ¿Quiere decir por ejemplo que si yo soy dueño de un restaurante y se me ocurre introducir la comida oriental y ofrecer platos de carne de perro, que puedo ir a la subasta a comprar perros para preparar mis platos? ¿Cómo pueden pensar en una cosa tan absurda? Eso es una salvajada, es de una barbarie increíble.

JG: "Es barbarie y mucho más. Imagínate, y eso fue hecho por funcionarios, por médicos veterinarios, por médicos humanos... ¿Cuánto les habrá costado llegar a esas importantes conclusiones. ¿Te imaginas? [...]
"[...] En una oportunidad fuimos a la municipalidad a conversar con uno de los funcionarios y la persona que nos atendió nos dijo: ‘Yo solucionaría el problema de otra forma, mucho más fácil, para controlar a la población canina y es que ustedes capturaran a todos los perros que hay en la calle y se dediquen a poner una fábrica de jabón’.

AdeM: "¿Quién le dijo eso?

JG: "Una funcionaria de la municipalidad de Valparaíso. Así que no es sólo una idea del ministerio de salud.

AdeM: "¿Hay en Chile alguna empresa o compañía que use a los perros como materia prima para fabricar algo?

JG: "No lo sabemos. Circulan rumores que no hemos verificado, pero que pueden ser perfectamente posibles, que dicen que en la comida de perros que se vende hay ADN de perros que seguramente son capturados para hacer comida para otros perritos que están vivos y que tienen un amo que compra ese alimento. He escuchado que no ocurre solamente en nuestro país sino también en otras partes".

AdeM: "¿Entonces la idea de la subasta [en el proyecto de ley] es que los empresarios puedan comprar perros para hacer cosas, que se los podría comprar por la piel, por la grasa, para hacer cremas para tratar problemas cutáneos...?

JG: "Para hacer cosméticos.

AdeM: "¿Esa es la idea que tiene el ministerio de salud?

JG: "Así lo suponemos nosotros, desde el punto de vista de lo que es la subasta pública. Porque difícilmente alguien los va a rematar para poder cuidarlos.

AdeM: "Aquí se está admitiendo como algo normal discutir sobre las peores atrocidades que te puedas imaginar.

JG: "Uno nunca tiene que bajar la guardia en esta lucha contra el sufrimiento de los animales. [...] Pero nunca vamos a poder estar tranquilos de que en algún instante cambien las políticas, cambien los funcionarios y pueda llegar gente cruel que va a derrumbar todo el avance que se haya logrado".

En el proyecto de ley del gobierno, las perspectivas para los perros y otras mascotas no podrían ser más desoladoras. Efectivamente, es difícil imaginar que el propósito de la subasta sea otro que hacer dinero, como lo admite abiertamente el proyecto cuando plantea que "[...] el valor que se obtenga ingresará a las arcas municipales". O que el motivo de los compradores sea otro que la utilización industrial o comercial de los cuerpos de las mascotas. La subasta pública es quizás la forma más descarnada de la compraventa de animales como mercancías. Se suele subastar artículos cuyo valor es difícil de determinar en el mercado regulado. La fiscalización es ciertamente mínima.

En los últimos años se ha descubierto y denunciado la explotación industrial y comercial de mascotas, especialmente perros y gatos, en países asiáticos como China, Corea del Sur y Tailandia. En esos países, en algunas regiones se considera a los perros y gatos como delicias gastronómicas y se los procesa culinariamente recurriendo a los métodos más atroces imaginables -como cocerlos vivos, por ejemplo. También se los utiliza para la producción de un sinfín de productos, desde artículos como abrigos de piel y calzado, hasta jabón, manteca para freír, peluches, afrodisíacos, guantes, remedios para el reuma, vendajes, bolsas de agua caliente, forros e incluso comida y juguetes para mascotas (en PETA; traducción al español aquí) . Conocida es la crueldad con que se trata y procesa a los animales en esos países, donde se llega al extremo de desollarlos vivos, por considerar más fácil este método.

Muchos de esos productos, e incluso la materia prima de esos productos, encuentran camino hacia los mercados europeos y norteamericanos y probablemente de otras regiones del mundo. Artículos tan simples como llaveros de peluche, si producidos en China o algún país asiático, podrían estar hechos con piel o pelaje de gatos o perros. Algunas marcas de reputación fueron descubiertas produciendo y vendiendo sus productos con etiquetas adulteradas, ofreciendo abrigos de piel de perros o gatos como abrigos de piel de animales exóticos, como lobos asiáticos y otros, algunos incluso imaginarios. Los productos elaborados con perros domésticos que conocemos todos, son frecuentemente presentados como hechos de "sobaki, gae-wolf, chacal asiático, gou-pee, kou pi, gubi, lobo de China, lobo asiático, lommen wolf, loup d´asie, asiatic racoon dog, zorro cosaco, dogues du Chine" (investigación de PETA, en su traducción al español; véase también aquí).

Sólo recientemente, y gracias a la acción de organizaciones de protección animal, algunos países de la Unión Europea han decidido prohibir la importación, elaboración y comercialización de productos que hayan sido elaborados con subproductos de mascotas. En junio de 2007 la Unión Europea prohibió "[...] la comercialización y la importación o exportación desde la Comunidad de pieles de perro y de gato y de productos que las contenga" (Radio Universidad de Chile). Otros países europeos han incorporado en sus legislaciones nacionales la prohibición de la elaboración y venta de subproductos de mascotas, como Francia y Alemania -aunque recién a fines de 2007.

La decisión de la Unión Europea es un importante paso para terminar con la comercialización ilegal de productos fabricados con subproductos de mascotas como perros y gatos. La intención de introducir en Chile la utilización masiva de los cuerpos de las mascotas para la fabricación de artículos para el mercado debe ciertamente ser visto como un retroceso en lo que el filósofo de la cultura Norbert Elias definió como el proceso civilizatorio característico de las culturas occidentales. En zonas rurales de Chile suele hacerse charqui de perro, que se comercializa como charqui de caballo o burro o llamo. En lo más profundo del campo chileno existe la creencia de que el charqui de perro es una buena medicina contra las enfermedades pulmonares. Pero en el conjunto del desarrollo de la sensibilidad chilena, estos productos y la práctica de consumirlos son ciertamente resabios atávicos.

La sensibilidad contemporánea encuentra intolerable la utilización de mascotas como mercancías para ganar dinero -tan intolerable como su consumo como productos culinarios en países asiáticos. El intento del gobierno socialista que transformar en cosa a las mascotas y someterlas al mismo régimen que los animales de granja, transformándolas en meras mercancías en el mercado, es un reto a los sentimientos que las culturas occidentales consideran prácticamente sagrados, como los de reciprocidad, piedad y reconocimiento del derecho a la vida que han sido adoptados por la humanidad occidental masivamente desde mediados del siglo pasado. El proyecto socialista es por eso un intento de aniquilar algunas de nuestras características culturales más nobles.

En concordancia con este macabro proyecto, el gobierno pretende también dejar este negocio de la muerte en manos de empresas privadas. Así lo explicita el artículo 14 de su proyecto de ley: "[...] las municipalidades del país podrán celebrar convenios entre sí, o con otros organismos públicos o privados, a objeto de ejecutar las labores indicadas [retiro de los perros de las calles, confinamiento en caniles, subasta, asesinatos]".

Considerando que este proyecto de ley contraviene la ley vigente contra el maltrato animal y los numerosos dictámenes de las contralorías, en tanto propugna el asesinato de las mascotas abandonadas y la utilización de sus cuerpos para la producción de artículos para el mercado, lo ideal sería poder llevar a sus autores y otros responsables a justicia y pedir su encarcelamiento, en razón del evidente peligro que representan sus ideas para las mascotas y sus tutores. Como es difícil que eso ocurra alguna vez, quizás la opción más cuerda sea escribir a nuestros representantes en la clase política, a los senadores y diputados de nuestras circunscripciones, pidiéndoles que rechacen de plano este proyecto y se nieguen siquiera a discutirlo. Semejante infamia no merece otro tratamiento.

Hay que recurrir a todos los medios posibles para desbaratar este maligno y macabro plan del gobierno socialista.

[cc mérici]

la perfidia del gobierno socialista


columna de mérici
Pocas veces he leído un texto de tanta perfidia y mala fe como el documento que, en mayo de 2007, firmó la ex ministro de Salud del gobierno de la presidenta Bachelet, María Soledad Barría Iroume, que incluye un proyecto de ley sobre maltrato animal que debiese reemplazar la actual ley contenida en el artículo 291 bis del Código Penal. Este documento, que no lleva título, no es el proyecto de ley ni las mociones que se encuentran bajo estudio en la Comisión de Medio Ambiente de la Cámara de Diputados (el boletín 3250-12; se accede a él en la página web de la cámara). Pero el gobierno socialista tiene la intención de presentar al parlamento y a la ciudadanía el documento que quiero discutir aquí. El documento -que sólo he podido encontrar en la copia hecha pública por Pepa García- consta de once páginas holandesas, fue firmado por la ministro el 7 de mayo de 2007, lleva el número A15/2195 y anuncia que su materia es la "tenencia responsable de mascotas".

Desde que fuera aprobado el brevísimo artículo 291 bis, se han presentado a la Cámara de Diputados innumerables mociones y proyectos para reemplazarlo. Las diferentes versiones del proyecto llevan empantanadas en el Congreso más de quince años. No existe ninguna señal, ningún indicio de que el proyecto que reposa en la Cámara ni el que quiere presentar el gobierno vayan a ser aprobados alguna vez. En mi opinión, francamente creo que dedicar esfuerzos para la formulación de una nueva ley de maltrato animal, pese a su deseabilidad y urgencia, no tiene mucho sentido. En más de quince años no se ha logrado avanzar absolutamente nada en este sentido y no es probable que ocurra ahora.

La causa de esta situación es ciertamente el hecho de que las dos cámaras del parlamento no representan a la ciudadanía, por la simple razón de que los ciudadanos sólo elegimos a la mitad de los legisladores. La otra mitad la imponen los partidos que participan en el sistema binominal, mediante un sistema en que el voto ciudadano es irrelevante. Esta ausencia de democracia en Chile es la causa fundamental del estancamiento legislativo del país, ya no solamente en el tema que nos ocupa, sino que prácticamente en todo lo demás. El actual sistema político chileno ha sido modelado obviamente para impedir todo cambio y perpetuar en el poder a los grupos políticos que hicieron posible la sangrienta dictadura de extrema derecha. Al contrario, si el parlamento representara a la ciudadanía, ya contaríamos con una nueva y genuina ley de maltrato.

En este contexto, la elaboración y presentación de proyectos de ley de maltrato animal es un ejercicio en gran parte académico que sólo dará sus frutos cuando Chile vuelva a ser una democracia.1

Vuelvo a mi asunto. El documento del Ministerio de Salud pretende ser un proyecto de tenencia responsable de mascotas y su objetivo aparente es reemplazar el artículo 291 bis del Código Penal, que sanciona el maltrato animal, que establece que "el que cometiere actos de maltrato o crueldad con animales, será castigado con la pena de presidio menor en su grado mínimo y multa de uno a diez ingresos mínimos mensuales o sólo a esta última".

Es evidente, según me parece, que esta ley, pese a su carácter sumario, se origina en la filosofía de que los animales son seres sintientes con derecho a una vida libre de maltratos, torturas y sufrimientos cometidos contra ellos por humanos. Por la misma razón, debiese entenderse que esta misma ley hace caducar o reemplaza el antiguo artículo del Código Civil que, tan estrafalariamente, define a los animales como cosas. Empero, la ley no define qué es exactamente maltrato ni si se refiere solamente al maltrato físico, dejando de lado el maltrato psicológico, ni si, por ejemplo, el abandono es igualmente una figura delictiva. (Yo creo que sí, porque el animal abandonado puede pasar hambre o frío y otras inclemencias, puede contagiarse de enfermedades, puede ser atropellado o lesionado en incidentes con objetos y conductas humanas que desconoce).

Los esfuerzos de reformulación de esta ley se han basado en el propósito de mejorarla, definiendo el abandono, por ejemplo, como maltrato, o aumentando las penas privativas de libertad en casos de maltratos graves o muerte o tortura de animales. En consonancia con el espíritu de la ley, los legisladores y otros ciudadanos y organizaciones interesadas han propuesto mociones para mejorarla en el sentido expuesto: ampliar a cobertura de protección de los animales.

El documento del ministerio, sin embargo, subvierte enteramente el espíritu de la ley y propone, a diferencia de los esfuerzos anteriores, disposiciones que no tienen como fin prevenir o sancionar el maltrato animal sino justificarlo y legalizarlo, llegando al absurdo de proponer un plan nacional de campañas sistemáticas de exterminio de lo que los funcionarios consideran una población canina excedente o sobrante.

Según les parece a los autores de este proyecto, el tema del maltrato animal gira en realidad en torno al tema de los perros callejeros o abandonados, "[...] constituyéndose", dicen los descerebrados, "en un problema de salud y de seguridad pública por las numerosas enfermedades que potencialmente pueden producir al hombre, además de representar un peligro para la seguridad de las personas en la vía pública, atendiendo al importante número de accidentes por mordeduras que generan, además de los accidentes del tránsito en que estarían involucrados".

Las afirmaciones con que parte este documento son absolutamente erróneas, por no decir falsas. No solamente no citan los autores las fuentes en las que se basan, sino además contradicen todos los estudios, informes y declaraciones que conocemos sobre el tema del peligro que representarían los perros en la vía pública. Para comenzar, es sabido que la inmensísima mayoría de los incidentes con mordeduras y ataques de perros contra humanos los provocan perros con dueños, no los perros abandonados a los que el ministerio culpa de estos incidentes. "Los canes que muerden", declaró en abril de 2008 el Dr. Guillermo Prado, del Hospital Carlos van Buren de Valparaíso, "en general tienen dueño. Por la experiencia que tenemos rara vez lo hacen los perros vagos" (en La Estrella de Valparaíso; véase Los perros de Playa Ancha).

Cuando digo inmensísima mayoría, estoy diciendo que más del noventa por ciento de los casos que registran las postas médicas y las comisarías de carabineros con incidentes de mordeduras son atribuibles sin más a perros con dueños. Aunque no contamos todavía con cifras nacionales fiables, es sólo natural que sean perros con dueños los que atacan, habida cuenta de que estos canes son adiestrados como guardianes para proteger propiedades e inmuebles atacando a las personas que perciben como peligro. Al contrario, es menos probable que los perros callejeros, que dependen de la piedad de los transeúntes con quienes conviven día tras días, tengan conductas agresivas contra los humanos. Obviamente hay casos de agresión, pero son incidentes muy excepcionales. Otra cosa es la percepción que puedan tener algunos vecinos, aunque no se base en nada real.

Por otro lado es evidente que la mayoría de los incidentes con mordeduras tendrán que ver con perros con dueños, si se considera que, para 2002 en Santiago, por ejemplo, de la población canina calculada en 1.117.192 individuos, sólo 64.794 eran callejeros o vagos (en Propuesta CEFU sobre control canino).

El ministerio fundamenta su plan de exterminio -que expondrá luego- en que los perros abandonados son también causantes de accidentes de tránsito. ¿Será necesario fundamentar la profunda incoherencia de esta afirmación? Según sé, la inmensísima mayoría de los accidentes de tránsito que causan la muerte de miles de personas todos los años son el alcoholismo o el consumo de alcohol -droga que, dicho sea de paso, la ministro que firma el documento alababa en la creencia de que pertenecía a la identidad y economía nacionales-, el exceso de velocidad, la impericia de los conductores e incluso las inclemencias del tiempo y el mal estado de las calles. No creo que la incidencia de los perros callejeros en estos accidentes alcance siquiera a expresarse en términos estadísticos.

Agrega el documento seguidamente que "[...] estos animales contribuyen en forma importante a deteriorar las condiciones de aseo e higiene de las áreas urbanas, a través de la destrucción de los depósitos de basuras y la acumulación de fecas en la vía pública".

Es curioso leer semejante afirmación en un documento de nuestras autoridades políticas sanitarias. No solamente se puede evitar que los perros abandonados destruyan las bolsas de basura, sino además se puede educar a la gente para que recoja las fecas de sus mascotas o simplemente iniciar un servicio de aseo especializado en su recolección y tratamiento. Además, se exagera enormemente este problema. En ciudades como Amsterdam, donde no hay perros callejeros, la cantidad de fecas en las calles dejaría boquiabierto a cualquiera de los funcionarios implicados en la escritura de este documento. Pero, francamente, responsabilizar a los perros de romper las bolsas de basura y con ello empeorar la calidad de vida de la gente, es pasar por alto que los responsables de esta situación son quienes les han abandonado. Y justificar por ello el exterminio es simplemente recompensar el abandono. No se puede impedir que los perros hambrientos traten de comer, como pretenden las insensatas ordenanzas de muchas municipalidades del país -estas ordenanzas, que prohíben alimentar a perros abandonados, constituyen en sí mismas delito de maltrato. Responsabilizar a los perros es equivalente a perseguir a pacientes psiquiátricos paranoicos: simplemente un acto de estupidez y de crueldad.

El documento se refiere luego brevemente a lo que llama "sobrepoblación de perros abandonados", sin decirnos en ningún lugar en qué consiste esa sobrepoblación o en qué momento la población canina supera los límites admisibles para las autoridades. Dice que los esfuerzos de las autoridades por reducir el riesgo de transmisión de la rabia "genera fuertes controversias en el seno de la comunidad". Cómo no, cuando todos sabemos que la rabia fue prácticamente erradicada hace varias décadas y que hoy no representa ningún peligro en absoluto. Dice el documento: "Muchas de estas situaciones han llegado a los Tribunales de Justicia [sic], los que en algunos casos han dictaminado la prohibición de eliminar los perros callejeros, lo que interfiere con las funciones de salud y pone en riesgo a la población".

Dos falsedades seguidas. Los tribunales de justicia, y los dictámenes de las contralorías, no interfieren con las funciones de salud, porque la rabia fue erradicada hace mucho y porque hay servicios de vigilancia y control permanente de este fenómeno, y no por el posible riesgo de contaminación de los perros urbanos, sino por los riesgos que representan para los animales domésticos en general. En este contexto, el peligro de contagio es realmente mínimo. La población no corre ningún riesgo en este sentido. El que corremos es en todo caso pero infinitamente menor al riesgo de morir atropellados por un conductor borracho o de encontrar un dedo humano en una empanada.

El ministerio, en el macabro e imaginario contexto que describe, propone la "[...] la instauración legal del registro canino y felino obligatorio, apoyado además en la creación de centros de rescate animal y sistemas de recolección de animales abandonados o callejeros", todo lo cual quedaría a cargo de las municipalidades. Uno de los objetivos, dice el documento, es terminar con los conflictos entre la población y las autoridades erradicando "[...] la eliminación de estos animales [callejeros] in situ, por medio de la administración de tóxicos". Yo pensé que estaba leyendo mal. ¿Dice el documento que las autoridades sanitarias o políticas renunciarán a la práctica de eliminar -a los perros y gatos callejeros o abandonados- mediante el uso de venenos y otras substancias tóxicas -como estricnina-, como hacían en el pasado y/o siguen haciendo en algunas ciudades? Ciertamente los autores de este documento no parecen estar al tanto del artículo 291 del Código Penal, que sanciona precisamente a los "[...] que propagaren indebidamente organismos, productos, elementos o agentes químicos, virales, bacteriológicos, radiactivos, o de cualquier otro orden que por su naturaleza sean susceptibles de poner en peligro la salud animal o vegetal, o el abastecimiento de la población".

Los centros de rescate animal permitirían albergar a los "perros capturados en la vía pública por un plazo limitado".

El proyecto de ley propuesto, que sigue a continuación en el documento, continúa la infamia e insensatez de la primera parte. Entre otras cosas, como un intento de anular la costumbre chilena de dejar salir de casa a sus mascotas -en tanto que niños o hermanos menores-, califica como animales abandonados a todo "[...] animal que se encuentre en la vía pública sin la vigilancia de su dueño o responsable o que deambule suelto sin correa de sujeción, independientemente que esté o no registrado". Serán las autoridades municipales las encargadas de "[...] implementar un sistema de recolección de perros abandonados a objeto de retirar de la vía pública todo animal que deambule suelto y sin la vigilancia de su dueño o responsable".

En esos apartados, el proyecto de ley del ministerio introduce la temida perrera de antaño, con la que empleados municipales premunidos de lazos y redes cazaban a los perros encontrados en la calle para darles muerte posteriormente. Las municipalidades deberán crear "[...] centros de mantención temporal de animales a objeto de albergar a aquellos animales abandonados que se retiren de la vía pública y a los que sean entregados por la comunidad". Los animales secuestrados podrán ser retirados por sus dueños u otros interesados previo pago de las multas correspondientes. Pero los animales "[...] que no sean reclamados en el período establecido se consideran sin dueño y podrán ser dados en adopción, subastados o sometidos a eutanasia".2

El título VI del proyecto sanciona el abandono de mascotas no por lo que pudiera significar en términos de maltrato animal, sino sobre la base de las insensateces descritas en torno a la salud pública y al imaginario peligro que representan los animales en situación de calle.

El artículo 25 de esta ley autoriza al juez local a "[...] disponer la eutanasia de animales cuando constituyan un grave e inminente riesgo para la salud de la población [humana], lo que se acreditará con un informe de la Autoridad Sanitaria [sic] correspondiente". Hasta hoy, sólo el seremi de salud tiene la autoridad de disponer la muerte de un animal, y sólo si porta el virus de la rabia. Este artículo desvía esa autoridad hacia un funcionario judicial no especializado en estas materias, que puede o no adoptar los informes de los secretarios regionales convertidos ahora en subalternos del poder judicial.

Este proyecto es, como dije, una espantosa adulteración del sentido original de la ley contra el maltrato animal y un claro ejemplo de usurpación ideológica. Tal parece que para los autores de este proyecto, el maltrato animal cometido por humanos simplemente no existe. De ahí se deriva también la propuesta de eliminar las sanciones penales que contempla todavía la ley actual (el artículo 291 bis).

Lo que persiguen los autores del proyecto simplemente es derogar la ley de protección animal actual para reemplazarla por este documento que aprueba el maltrato animal, entendiendo este como la muerte o la aplicación sin justificación médica ni desde el punto de vista de la salud pública, de la eutanasia a perros encontrados en la calle, con o sin dueño, que no sean recuperados mediante el pago de un rescate o multa.

El proyecto va todavía más lejos en su lucha contra la sensibilidad de la inmensa mayoría de la población, al permitir que la ley fije la cantidad de animales permitidos a sus dueños. El artículo 8 establece que el ministerio de salud "[...] podrá establecer un número máximo de animales que se pueden mantener en una propiedad". No cabe duda de que la intención detrás de este artículo es desmantelar los caniles privados, con los que parte de la población protege contra maltratos y violencias a los animales que abandonan sus dueños. Estas son iniciativas privadas todavía más loables por la ausencia de un sistema humanitario y razonable público de protección animal. El gobierno socialista pretende, pues, incluso despojar a la población de una de sus expresiones más piadosas de solidaridad con los animales.

El artículo 14 permite que las autoridades municipales puedan celebrar "[...] convenios entre sí, o con otros organismos públicos o privados, a objeto de ejecutar las labores indicadas" -vale decir, el gobierno puede dejar la eliminación de mascotas en manos de empresas privadas.

En ningún momento se paran los autores del proyecto a definir maltrato animal, que no incluye solamente a las mascotas. Y su definición inmanente de maltrato, si cabe, es un engendro ideológico monstruoso, tan monstruoso como la matanza de los perros de Plaza de la Constitución con la que el gobierno de la presidenta Bachelet inició tan premonitoriamente su mandato. Este gobierno ha mostrado una mala fe en el tema de las mascotas que el documento que discutimos no hace más que confirmar. Nada justifica los planes del gobierno de volver a instaurar en el país lo que costó décadas erradicar: la matanza injustificada3 y cruel de las mascotas abandonadas bajo la repulsiva pretensión de proteger la salud pública. Y este infame proyecto considera el gobierno que está destinado a fomentar la tenencia responsable de mascotas. Vaya idea de responsabilidad la que se pretende imponer en el país, destinando a la muerte a las mascotas capturadas cuyos dueños no puedan pagar el rescate municipal o a los perros y gatos callejeros que tienen todavía menos posibilidades de escapar de la codicia e inhumanidad de las autoridades.

En este proyecto de por sí extenso nada se dice sobre la explotación de los animales, incluyendo a mascotas, que tras una vida de leal servicio a tutores humanos terminan abandonados o sacrificados; no se menciona ni una sola vez la palabra tortura, práctica frecuente y sancionada en los ridículos rituales de iniciación de muchos jóvenes chilenos; para nada se menciona la extendida práctica de violentar sexualmente a los animales domésticos. Al contrario, se eliminan las penas privativas de libertad -que sí están contempladas en la ley actual- y se las reemplaza por inefectivos servicios comunitarios.

Creo que es urgente que la ciudadanía se movilice para que el proyecto no llegue siquiera a ser discutido en el parlamento ni por ninguna de sus comisiones. Debe ser rechazado de plano, incluso en su fase actual. De esta discusión no puede salir nada bueno. No creo que sea conveniente poner en discusión la ley actual que, pese a sus defectos y lagunas, es infinitamente mejor que la infamia que nos propone el ministerio de salud.

Sin embargo, también es probable que este proyecto no llegue a ser discutido nunca. Contradice de plano la sensibilidad nacional sobre el maltrato animal. Algunas municipalidades han dejado de practicar la eutanasia injustificada. Lo que se asume como legislación actual establece como única causal de muerte de una mascota abandonada, que represente un peligro inminente, dispuesta sólo por las autoridades sanitarias competentes (no las municipalidades) y únicamente después de un período de observación de diez días.

Hace unos días la Sociedad Protectora de Animales de Valparaíso hizo circular una declaración pública en la que rechaza la aplicación de eutanasia sin justificación médica fehaciente. El nuevo canil de Laguna Verde es un albergue permanente "[...] de animales recogidos de las calles sólo en caso que estos sean evaluados como de alta vulnerabilidad (hembras preñadas, cachorros, enfermos)". Aparentemente el nuevo alcalde de Valparaíso -un militante de extrema derecha- tiene la intención de convertir el canil en un albergue de paso y matar a los animales que no encuentren nuevas familias de adopción en algún plazo limitado. La sociedad declara que "[...] la Sociedad Protectora Carlos Puelma Besa, no va a participar de esas políticas , va a hacer todo lo posible por denunciarlas e impedirlas y de ninguna manera va a permitir que esas prácticas estén vinculadas con el Eco Refugio [...] [cuyo fin es] generar un lugar de protección de animales, no lo contrario".

Creo que la declaración de esta protectora representa sentimientos compartidos por la inmensa mayoría de los ciudadanos y es un consuelo saber que asume tan resueltamente la defensa de las mascotas.

Desde hace un tiempo, en las municipalidades controladas por la extrema derecha se vienen aplicando políticas de eutanasia ilegales -como el reciente caso en Viña del Mar, en que en el curso de una semana las funcionarias del canil clínico de la ciudad, bajo la dirección de una empleada de nombre Claudia Bilbao, y aparentemente con la autorización de la alcaldesa Virginia Reginato (UDI)- mataron a veinticinco perros, aparentemente sanos, según denuncias anónimas de otros empleados del lugar. Lamentablemente también ocurre lo mismo en municipios controlados por partidos de izquierda.

Parece inevitable que tengamos que enfrentarnos en el futuro a iniciativas criminales de este tenor. En esta titánica lucha por el respeto de los derechos animales y la defensa de valores fundamentales de nuestra propia civilización, nuestros únicos aliados son los perros. Es de suma importancia que los ciudadanos hagamos de tripas corazón y escribamos a los diputados y senadores de nuestras circunscripciones, manifestando nuestro absoluto repudio al proyecto del Minsal y solicitándoles que lo rechacen de plano, sin brindarle ninguna oportunidad de que llegue a estar en la agenda parlamentaria. Es una pérdida de tiempo y sólo nos haría retroceder y volver a discutir temas que creíamos haber superado hace décadas.

Notas
1 Prácticamente todos los candidatos presidenciales actuales -Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Marco Enríquez-Ominami, Alejandro Navarro, Jorge Arrate y otros-, excepto el candidato de la coalición de extrema derecha (el inversionista Sebastián Piñera), han incluido en sus programas la recuperación de la democracia para Chile. La ausencia de democracia se impone como una constatación que comparten políticos de muchas tendencias.

2 El Dr. Fernando Álvarez, del Colegio Médico Veterinario de Chile, dice en un comentario que los animales serán eliminados con métodos humanitarios. Probablemente quiere decir que se les aplicará lo que llaman métodos indoloros. En la descripción de estos métodos se habla solamente de evitar el dolor físico. En ningún caso se menciona lo que sabe todo el mundo, incluyendo a los veterinarios, que es que los animales presienten su propia muerte y anticipan las intenciones de muerte de otros. Lo que quiere decir que los animales sufren ante su muerte inminente, sin o con dolor, la misma angustia que los condenados a la pena capital o el ganado en los mataderos. El olor a muerte no miente ni engaña.
Pese a lo que dice Álvarez, los autores del proyecto ni siquiera se comprometen a no utilizar métodos indoloros en la eliminación de los perros marcados para morir. Sólo se comprometen a no hacerlo con substancias tóxicas en la vía pública -in situ, pero callan sobre cómo los eliminarían en sus mataderos resguardados.

Por otro lado, es difícil prever para qué o quiénes serviría la subasta de perros no rescatados. ¿Podrían los restaurantes empezar a vender platos a base de carne de perro? Ciertamente si llegásemos a semejante monstruosidad -que en el Chile de hoy no es inmediatamente descartable- este proyecto sólo agravaría la situación de indefensión de los perros.

3 La hipocresía del proyecto en lo que se refiere a la aplicación de eutanasia y las prácticas de control de lo que llaman sobrepoblación canina se hace evidente en el artículo que destina a la muerte sólo a las mascotas no reclamadas por sus dueños ni adoptadas por otros. En el texto desaparece repentinamente el manido problema de la sobrepoblación canina, ya que en él se autoriza la eliminación sólo en caso de que la mascota no sea rescatada mediante un pago o multa, sin mencionar para nada si se trata de mascotas sobrantes o excedentes o no. Es evidente que la codicia obnubiló a la ex ministro Barría.

[cc mérici]

que he hecho yo para merecer esto


columna de mérici
Tras escribir sobre la protectora de Santiago -Quién mató a los perros de la protectora-, he recibido una enorme cantidad de comentarios, muchos de ellos negativos, algunos envenenados. Me han reprochado no saber guardar silencio y comportarme inoportunamente, llamando la atención sobre cosas que es mejor que la opinión pública no sepa -no ahora. Por eso, algunas descerebradas me estiman enemigo de su causa animalista. Algunos me han incluso amenazado. Otras, con llevarme a tribunales por presuntas injurias y calumnias. Muchos quieren que me calle. Algunas han amenazado incluso a una amiga mía, por el imaginario delito de comentar o difundir mis escritos. Otros amigos me han insistido en que presente mis descargos. No he recibido críticas serias. Casi todos los comentarios son protestas soeces sin contenido alguno, escritos por mentes jibarizadas. Agradezco a las personas que han leído más atentamente mi artículo y han rescatado lo esencial del asunto. Lo que sigue son algunas aclaraciones y correcciones.

Antes de seguir, voy a dar una muestra de los comentarios recibidos. Casi todas las escritoras y escritores han entendido que yo defiendo a Luis Navarro, el director de la protectora. Ya explicaré por qué es esta una creencia irracional. Se me acusa, pues, defender al director, y de haber escrito mi análisis a cambio de "beneficios monetarios", base suficiente, según una lectora, para entablar una querella contra mí; de tergiversar y "enlodar [el] movimiento"; que siembro "un manto de dudas sobre la labor que se desarrolló" y que hago un flaco favor a la causa animalista; se me tacha de ignorante. Publicados mis descargos y correcciones, el ataque de las pajarracas -así las llamé- continuó implacable. Una se molesta porque llamé a algunas "urracas fascistas", recordándome, incoherentemente, que el pasado ya pasó y me atribuye, todavía más incoherentemente, dichos de entrevistados y otros blogueros. "Mierda", me llama una de las improbables querellantes; otra energúmena afirma que defiendo "obsesivamente" a Navarro. Otra grita que por qué defiendo a Navarro en circunstancias que es atacado por todo Chile. Vaya argumento. Finalmente se me ha prohibido el acceso al grupo al que envié mi reacción frente a las críticas, después de ser invitado a hacerlo nada menos que por una de las generalísimas de CEFU.

En la creencia de que Amado de Mérici es un nombre literario, y con la intención evidente de amenazarme, varias de las urracas han pedido que me identifique con mi número de carné y que aclare cuál es mi oficio. Creen, pues, que, si no tengo cartón de periodista, no puedo escribir; si no lo tengo de zoólogo, no puedo hablar sobre animales; si no lo tengo de leguleyo, tampoco puedo hablar de leyes. Una memez tras otra. Y lo curioso es que mis detractoras, especialistas en nada y con textos escritos de manera incoherente, con numerosos errores ortográficos y gramaticales, y rara vez con frases redondeadas (no digo ya incoherentes), se permiten escribir sin ser lingüistas. Este punto de vista clasista y francamente estúpido no merece mayores comentarios. Que juzguen otros si la opinión es sólo monopolio de los acartonados.

La irracionalidad se ha instalado de lleno en el movimiento animalista y alcanza sus niveles más altos. Pese a ello, algunos comentarios son menos irracionales que otros, aunque no por eso menos inmorales. Una lectora me dice que no conviene tocar estos asuntos ahora que la gente se ha sensibilizado con la causa animalista. Vale decir, que mis comentarios no son oportunos. Teme que mis comentarios se conviertan en una bola de nieve que dañe al movimiento. Otra reconoce abiertamente la manipulación de la información por parte de los empleados del programa de televisión que inició el proceso policial, pero cree que la vida es así y tenemos que aprovechar el tongo para machacar a Navarro.

Mi amiga Pepa trató de introducir algo de coherencia y racionalidad en el ‘debate’, pero le fue imposible. Terminó ella misma siendo atacada furiosamente. Y una de las urracas, también, extrañamente, ligada a CEFU, la amenazó veladamente, recordándole su condición de extranjera. Usé la palabra fascista para referirme a algunas no para insultarlas como pinochetistas sino porque a Pepa se la amenazó aludiendo a esa condición -vale decir, en base a un argumento xenófobo, y la xenofobia o el odio al extranjero es una característica reconocida de las ideologías fascistas.  

Sigamos. En mi artículo original había dos errores de interpretación, que reconocí y corregí. Son estos: 1) contrariamente a lo que afirmé originalmente, los estudiantes no entraron con la policía al recinto de la protectora y no han podido, por ello, contaminar el lugar de los hechos en esos momentos. Sin embargo, los detectives entraron con periodistas, lo que hace suponer que el resultado -posible contaminación de las evidencias- es el mismo. Los estudiantes no han tenido ninguna parte en las hileras de perros muertos que vimos en la televisión en esos días. Participaron en un operativo de eutanasia en el que pusieron a dormir, con tiopental, probablemente una cincuentena de perros. 2) El doctor Espínola, de CEFU, no fue invitado por la policía a participar en el allanamiento, sino que se acercó voluntariamente con la intención de colaborar en ese operativo, precisamente para controlar que no se aplicase eutanasia a perros recuperables. El fiscal lo expulsó del recinto. La consecuencia es que no tenemos ninguna instancia independiente de control de lo que pasó después de que la policía abriera las puertas a los estudiantes. Tal parece que, por curioso que sea, son estas las interpretaciones causaron la ira de muchas lectoras.

Lo que sigue es la reacción que escribí.

La investigación previa de la policía duró cinco meses -no cuatro, y empezó en julio. Según entiendo, el seremi de Salud inspeccionó la protectora en junio del mismo año, un mes antes de iniciarse la investigación y no encontró nada anómalo ni irregularidades. Es extraordinario e incomprensible que si el delito de maltrato animal llegaba a los extremos que se supone -el exterminio diario de perros sanos y enfermos, con el propósito adicional de apoderarse del dinero de los clientes que dejaban ahí a sus mascotas y de exterminar, por negligencia, a todos los animales a tres kilómetros a la redonda-, el fiscal haya esperado tanto tiempo para intervenir. Si, como ha declarado el fiscal y algunos medios de prensa, en la protectora se mataba a un promedio de cincuenta animales por semana, es incomprensible que constatado el delito, la cantidad de animales exterminados y entre ellos un número no determinado de animales demostrablemente sanos, el fiscal no haya decidido intervenir en las primeras dos o tres semanas de la investigación. Si se cometían esos delitos, esperar tantos meses es simplemente una imperdonable negligencia. Esto, a mis ojos, arroja también sospechas sobre la actuación del fiscal. El doctor Molina, de la protectora, ha negado esas cifras. Dice que morían -de muerte natural- en promedio unos sesenta animales al mes. Es lamentable que el fiscal no se haya parado a pensar en este aspecto y no haya intervenido antes.

En la operación policial que empezó con el allanamiento del 3 de diciembre de 2008 participaron civiles -estudiantes y periodistas. Ya sé que a algunos lectores les parece de lo más normal. A mí me parece indecente. No me interesa mucho si la ley lo permite o no -mi crítica es moral, no leguleya. Lo que sí sé es que en tribunales muchas de las evidencias recogidas serán simplemente desestimadas por estar contaminadas. Que la policía no llamó a los activistas de CEFU me ha sido ya aclarado por algunos, y por el Dr. Espínola mismo. Llegaron allá los activistas, pues, por sí solos, como invitados de piedra. Sin embargo, para mi argumentación da igual. Lo que quiero destacar es que habiendo un profesional con las credenciales de la coalición animalista que quería colaborar velando por el bienestar animal en la operación, y especialmente evitar que los estudiantes eliminaran a animales sanos o recuperables, el fiscal prefirió desalojarlo del local de la protectora. En cuanto a la participación de la profesora Vidal y sus estudiantes, sus declaraciones no me son creíbles. Insisto en que no es posible creer que ella pensara que podía llegar a una institución privada con cerca de cuarenta estudiantes para realizar un operativo de distémper, como declaró, sin ser invitada. Sin embargo, la señora Vidal, en una entrevista que fue publicada por un canal de televisión, se fue de lengua y admitió haber sido llevada por los detectives -se desdijo luego, apresuradamente.

Los estudiantes participaron en el operativo después de que la policía hubiese asegurado policialmente el recinto. En la versión original dije que los estudiantes habían entrado con la policía. Fue un error de interpretación. Según creo, la policía debe haber informado del allanamiento a la prensa (lo que me parece extremadamente reprochable), pues no se explica de otro modo que los canales se encontraran esperando en la puerta antes de la llegada de la policía. De si entraron o no periodistas al allanamiento, según lo que se puede ver en los videos de Megavisión sólo se puede concluir que entraron, porque el camarógrafo filmó desde dentro el momento en que abren la puerta y entran las furgonetas de la policía. En una de las tomas iniciales, se ve a un policía entrando al patio - limpio entonces- y la cámara muestra a un detective corriendo con una pistola en la mano. (¿Qué esperaba encontrar el pobre hombre? ¿Por qué habrá hecho eso? Es insólito. ¿Se lo pidió el camarógrafo para darle más emoción a la escena?)

Es en esta escena que vemos el patio de entrada de la protectora, que se ve limpio, y dos contenedores grises, uno chico y uno grande. Según veremos luego en los videos de Megavisión, el grande contenía excrementos, que un policía esparce por el suelo. El contenedor chico contenía bolsas de basura con cadáveres de perro -cuatro en total, y un gato, que aparentemente los policías depositan en el suelo. Es la primera hilera. Aquí tenemos un lapso bastante largo -que supongo que es cuando los policías aseguran el lugar. En esta parte del allanamiento, un periodista entrevista a una veterinaria de la policía, al interior del recinto, explicando que ha hallado a una perrita muerta o tras un aborto. El fiscal presente dice, explicando algo que no podemos sino intuir: "Tuvimos que actuar veterinariamente". Mi interpretación es que fue su modo de decir que ordenó probablemente eutanasiar a los animales posiblemente moribundos. De este episodio pasamos a la llegada de los estudiantes. Cuando entran, hay dos hileras de cadáveres, aparecidas misteriosamente, en medio de la mierda. Eso es lo que ven. No saben que lo que ven no estaba ahí dos horas antes. Naturalmente se llevan una terrible impresión y algunos se echan a llorar. Nadie les dice que no es lo que parece. Los que lo saben, callan.

Yo afirmaba en mi artículo que los autores de esta primera matanza eran los estudiantes. Esta afirmación es errónea. Fui llevado a concluir esto por algunas informaciones aparecidas en los medios. La situación en la protectora era "[...] tan patética", escribió La Cuarta del 4 de diciembre de 2008, "[...] que los especialistas de la Universidad Mayor que ingresaron en su auxilio sacrificaron de inmediato a varios". Pero la observación del diario se refería al período del allanamiento que se inicia a las diez de la mañana. Eso quiere decir que los estudiantes no son los autores de la matanza mostrada en televisión (las dos hileras de cadáveres en el patio de la protectora). Mis sospechas iniciales fueron que los animales habían sido encontrados probablemente muertos en la enfermería -pero no puede ser, porque el fiscal declara, en el minuto 11:27 (Megavisión), que él encontró sólo "[...] un perro muerto y otro por morir". Más tarde, uno de los aparentes veterinarios del programa de televisión ‘La ley de la selva’, dice que "[...] hay perros muertos con perros vivos dentro de la enfermería". ¿Quién puso esos perros ahí? (Comparen los minutos 6:14 y 13:01 de este video.

Los estudiantes participaron en la segunda operación de eutanasia, que empezó obviamente después de las diez y bajo la supervisión de la señora Vidal y del presentador del programa de televisión ‘La ley de la selva’. En el video este presentador explica la necesidad de aplicar la eutanasia y agradece a los estudiantes su participación. Se los ve preparar la mesa donde harán dormir a los animales. La cámara enfoca una mesa llena de frascos de tiopental -más de diez. El presentador se pasea con un jeringa en la mano. Luego se lo ve inyectando una jeringa a un perro negro. Después, se lo muestra con dos animales, aparentemente eutanasiados. Una estudiante llora después de eutanasiar a un cachorro. Posteriormente, en otros medios, al menos un estudiante ha admitido haber participado en las eutanasias, aclarando que lo hicieron por razones humanitarias. No sabemos cuántos perros mataron los estudiantes, y no sé si están realmente facultados para hacer lo que hicieron. No he puesto en discusión sus intenciones humanitarias.

Según lo que se desprende de las imágenes y declaraciones de varios implicados, se puede concluir con alguna precisión que los estudiantes deben haber matado a más de treinta animales, que no mostraron ni se ven en las imágenes del programa de Megavisión. Hay un episodio en que el presentador muestra una jaula con unos veinticinco cachorros. Se ve un animal enfermo, aparentemente moribundo, entre ellos. El presentador dice que todos esos animales están contagiados con distémper y "[...] tuvimos que sacrificarlos". Pero hay más animales eutanasiados por los estudiantes y esos periodistas. Las imágenes del video de Megavisión muestra una toma que se haría posteriormente famosa. Tras entrar al recinto, la profesora Vidal y la gente del canal se encuentran con una imagen infernal: dos hileras de cadáveres de perros, y el patio lleno de excrementos, basura y desechos. Bien, eso ya lo sabemos. Fue a las diez de la mañana. Pero otro canal -no sé ahora si Chilevisión, TVN o la Red- logran filmar desde fuera de la protectora, aparentemente subidos o asomados a la muralla, otra toma: ahora has tres hileras de cadáveres. Hay tres perros adultos que han sido agregados a las dos hileras originales. ¿Quién los mató? Y, ¿dónde están los cachorros de la jaula? ¿Fueron enterrados en algún cementerio de mascotas? ¿Los echaron a los contenedores de basura? Deberíamos saber cómo dispusieron de sus cadáveres.

Hay un detalle increíble en ese episodio filmado por Megavisión. Examinen esos videos. Entran pues los profesores y los presentadores y uno de ellos, que no sé si sabe o no que esos cadáveres han sido dejados ahí por los detectives- dice: "[...] tamos [sic] ingresando e inmediatamente ya vemos que hay cachorros muertos... esto es lo que se pudo sacar... [?] hay un olor que no debería existir en este lugar... fíjense la cantidad de fecas que hay acumulado [sic]... acabamos de entrar, no hemos dado ni dos pasos... está consternado [se refiere a otro periodista] viendo a cachorros, perros que son completamente adoptables". Este presentador -Cote, creo- dice que piensa que esos cachorros que vio estaban sanos, que eran adoptables. Pero ¿sabe o no que no estaban ahí dos horas antes? Ya he dicho que he trabajado durante muchos años como productor de televisión. Que estén entrando recién al recinto puede ser derechamente descartado. Ya han entrado y han vuelto a entrar para ser filmados. Este es el procedimiento normal en televisión. Lo que quiere decir el periodista es que en la protectora se mataba a perros sanos. ¿Quiere decir eso que si los perros fueron colocados ahí por los detectives o los veterinarios de la brigada, que estos eutanasiaron a perros sanos? ¿No quiere hacer pensar al público que esos perros fueron matados por Navarro? Aparentemente, el periodista no sabía que esas hileras eran posteriores a la entrada de la policía. Sin embargo, hace una extrañísima declaración: "[...] esto es lo que pudimos sacar". ¿A qué se refiere? Tampoco parece saber que la enorme cantidad de fecas proviene de los contenedores que vaciaron los detectives en el patio. Al entrar, los presentadores parecen creer que ese es el espectáculo habitual de la protectora, que pese a lo absurdo, el público que entraba al recinto tenía que pasar primero por ese infernal patio lleno de cadáveres. Se tragan pues la píldora y luego convencen a todo el resto del mundo de lo mismo.

Me ha sorprendido el grado de histeria con que ha actuado la prensa y muchas personas asociadas al movimiento animalista. Al señor Navarro se lo ha crucificado de manera infame, sin que todavía se pueda demostrar que haya cometido los delitos que se le imputan. Mientras no se demuestre que es culpable, el señor Navarro sigue siendo un hombre inocente. Encuentro lamentable que algunos animalistas se entreguen a la histeria y a la sinrazón. El atentado contra Navarro y su hija y el intento de incendiar su casa es un hecho de una barbarie indefendible. No he visto reacciones de repudio de estas acciones ni nadie que haya tomado decidida distancia de los elementos terroristas que parecen haber infiltrado el movimiento de defensa y protección animal. Es lamentable que algunos crean que estas acciones bárbaras e injustificadas son permisibles. Sería un grave y definitivo error que el movimiento animalista justificara el terrorismo y el vandalismo y otros actos deplorables que se están cometiendo en su nombre. Es muy lamentable que las organizaciones animalistas guarden silencio y no actúen judicialmente contra los autores de estos actos.

Un grupo de arpías y urracas histéricas me han elegido como blanco de sus irracionales invectivas. Con ellas no se puede discutir nada, porque no presentan argumentos. Una de estas..., eh..., señoras..., ha tenido incluso el descaro de amenazar a buenos y leales amigos míos con llevarles a tribunales [?] y ha insinuado que el hecho de que esta amiga mía sea extranjera podría ser un antecedente a tomar en cuenta a la hora de actuar contra ella. Imagino que lo que quiere decir es que, si no me callo, buscará algún motivo para denunciarla a Extranjería. Lo que quiere esta urraca..., eh..., señora, es que me calle. Estas amenazas veladas y estúpidas -tan típicas del bajo pueblo fascista- son indignas del movimiento de defensa de los animales. Esta señora es un elemento peligroso para el movimiento animalista, porque volverá a actuar de este modo en el futuro, con amenazas insensatas, contra cualquier otro amigo de los animales que se ponga en su camino. Es la misma idea que lleva a algunos a acusar a Navarro de estafa, en lugar de maltrato animal, sobre la base de que, en algún misterioso y secreto tribunal, al señor Navarro ya se lo ha condenado y la acusación por estafa es en realidad su sentencia. Esto es total y absolutamente impresentable. A estos elementos ha de combatírseles con la misma fuerza que a los elementos terroristas y a los que, sin ser ni urracas ni arpías, conceden con su silencio. Ahora que el movimiento marcha en dirección a la formación de una organización política, es importante que sus miembros limpien el terreno y se deshagan de los elementos extremistas, las pajarracas aquintraladas y otros ejemplares de arqueología ornitológica.

Otros me han criticado por hablar inoportunamente. Debería quedarme callado y no enfatizar lo que sé -que los estudiantes participaron en el post-allanamiento realizando eutanasias, porque eso haría dudar a muchos. Lo lamento. No creo que el fin justifique los medios. No creo en los criterios de oportunidad. Mi posición es moral. Insisto en que la verdad debe ser siempre el norte de todos nosotros. La manipulación y la intriga las veo yo como obstáculos para construir un movimiento sano y relaciones sanas entre sus miembros. En la prensa se han hecho muchas afirmaciones inverosímiles, evidentemente mal intencionadas, sin que nadie se haya tomado el trabajo de desmentirlas. Como, por ejemplo, que Navarro mataba a los animales a palos, que los dejaba triturar vivos en los camiones recolectores, que los metía a hornos crematorios y cámaras de gas, que los alimentaba con otros perros... Son estas afirmaciones absurdas las que probablemente han llevado a algunos descerebrados a atentar contra la integridad física de Navarro y su familia. Y cuando la opinión pública se entere de que estas descripciones y acusaciones son infundios y carecen de fundamento, el movimiento animalista va a quedar muy mal parado. Yo no me voy a callar, cualquiera sean las consecuencias. Creo que si el movimiento acepta la falsedad y la intriga como prácticas aceptables, es mejor que muera en la cuna. En todo caso creo que son las funcionarias y las urracas las que dañan al movimiento, no yo ni la verdad.

En el debate que mencioné al principio, una participante cuestionaba mi sentido de la oportunidad y decía que era irrelevante cómo se formaron esas hileras de perros que encontraron los estudiantes al entrar a la protectora. Sin embargo, es en base a estas imágenes manipuladas que se ha logrado conmover a mucha gente, que de ese modo se ha convencido de la culpabilidad de Navarro. Esas hileras de cadáveres de perros no estaban ahí cuando entró la policía. Y según lo dicho en las entrevistas que cedió el fiscal durante el allanamiento, esos perros aparentemente tampoco estaban muertos. Esas fotos espeluznantes han provocado quizá el atentado contra Navarro y su hija, y su casa, que algunos manifestantes trataron de incendiar, de modo que, como dijo también en su momento mi amiga Pepa García, saber la verdad sobre este asunto sí es relevante.

Algunas han interpretado mi artículo como una defensa de Luis Navarro. El mismo director ha admitido que en la protectora no todo marchaba bien, que, entre otras cosas, faltaban recursos. Ha explicado que su política rechaza la eutanasia, y que sólo ayudaba a morir a los pacientes terminales suministrándoles sedantes. Aparentemente, el foco de distémper que surgió, y que amenazaba con extenderse, es el resultado de esa opción. No me queda claro ni el nivel de infección de ese foco ni cuáles son las otras opciones posibles. No me queda claro que haya una intención dolosa. El fiscal Arias dice que Navarro tenía la intención de contagiar a los perros de la protectora, y que el foco de infección abarcaba un radio de tres kilómetros a la redonda, lo que convertiría al acusado en un verdadero Mengele de las protectoras. Pero es una acusación indemostrable y notoriamente enfermiza. Para probarla, debería contar con la confesión de Navarro. Además, esto supondría que todos los empleados de la protectora se han confabulado de algún modo y que han sabido resistir las insensatas e ilegales amenazas del fiscal, que se atribuye funciones que no le corresponden cuando les dice que los dejará en la cárcel si no confirman lo que llama su verdad. Ha pasado más de un mes desde el allanamiento y el tribunal no cuenta con nuevos elementos en cuanto al maltrato animal. Que en un mes los empleados -incluyendo los subalternos- hayan mantenida intacta, sin quebrarse pese a las amenazas y esa noche en la cárcel, su versión de lo que pasaba en el canil me dice a mí que esos empleados probablemente son inocentes y que Navarro no ha tenido la macabra intención que le atribuye el fiscal.

En el caso de la protectora de calle Libertad me parece que una posible vía de investigación es la comparación entre las dosis disponibles de anestésicos y preanestésicos -que se podrían usar para aplicar eutanasia-  disponibles en la enfermería y el promedio de animales que, según algunos, se habría sometido a eutanasia y/o a tratamientos paliativos al día. Según el médico veterinario de la protectora, morían al día en promedio, de muerte natural y con aplicación de sedantes paliativos, dos a tres mascotas -es decir, entre cuarenta y sesenta al mes. Según la acusación, se eutanasiaba a doscientos animales al mes, entre enfermos y sanos. Cualquiera sea la tesis que se adopte, en la enfermería debieron haberse encontrado las cantidades correspondientes de anestésicos. Había anestésicos disponibles, pero no sabemos en qué cantidades. No sé si esta vía es relevante, ya que la fiscalía acusa a la protectora justamente de no aplicar la eutanasia -aunque originalmente, según versiones de la prensa, la acusaba de lo contrario (La Segunda del 4 de diciembre de 2008 informaba que Navarro y empleados del canil habían sido acusados de "realizar eutanasias"). Si no corresponde la disponibilidad de sedantes con el promedio de animales muertos al mes -por muerte natural o asistida-, querrá decir que algunos de ellos murieron con dolor, y eso se podría definir como delito de maltrato. Con todo, en este caso también debería demostrarse la intención dolosa.

Las cosas en los caniles no son color de rosa, aunque hay muchas historias bonitas y con final feliz. Hay enfermedades, hay mierda, hay riñas, hay pestilencia, hay animales arrojados por las murallas -de vez en vez. No se puede condenar a Navarro por tener un canil hediondo. Y que las periodistas de House & Garden, o de Lady’s Journal se desmayen por el mal olor, no quiere decir que se haya cometido allá algún delito. Sólo quiere decir que no sirven como periodistas.

Lo que me llevó a investigar este asunto -al principio creí de pie juntillas todo lo que se dijo y afirmó en televisión- fueron las patentes contradicciones e inconsistencias en las declaraciones de los participantes. Vi imágenes terribles, como todo el mundo. Quería saber quién había matado a esos perros. No soy de los que creen de buenas a primeras en lo que dicen las autoridades. Al contrario, y sobre todo después de treinta y cinco años de satrapía, las autoridades me inspiran desconfianza. Recopilando datos en la prensa escrita y de televisión, llegué a la conclusión que todos conocen. A los probablemente seis perros y un gato muertos que encontró la policía al llegar, alguien agregó una quincena de cadáveres más que, según un presentador de Megavisión, eran animales sanos. Esos perros fueron depositados en el patio entre las ocho y diez de la mañana. Por tanto, no pudieron ser los estudiantes. Entre las diez de la mañana y cinco de la tarde, los estudiantes y sus profesores aplicaron eutanasia a los animales contagiados con distémper. A las dos de la tarde, un equipo de televisión captó en el patio tres hileras de cadáveres. A eso del mediodía, los periodistas de Megavisión y los estudiantes aplicaron la eutanasia a cerca de veinticinco cachorros, todos provenientes de una sola jaula. Eso quiere decir, si es verdad que había animales con distémper por todas partes, que la cantidad de perros eutanasiados debe ser muchísimo mayor. Esos cadáveres no fueron mostrados, y todavía no sabemos qué pasó luego con ellos. Por la tarde hubo otro ciclo de eutanasias, sobre el que informó La Segunda el 4 de diciembre de 2008.

Creo que esto es indesmentible. Otra cosa son los motivos y lo lícito de sus actos. Presumo que no mienten cuando dicen que lo hicieron por motivos humanitarios. Lo que reprocho es que no hubo instancias independientes de control que pudieran corroborar que efectivamente a esos animales se los mató porque eran pacientes terminales y no porque sufrían de distémper y había que terminar con el foco infeccioso, que era precisamente la tarea que quería desempeñar CEFU. Finalmente el fiscal expulsó al Dr. Espínola del canil. No tengo motivos para creer -ningún ciudadano debería tenerlos- en lo que dice el fiscal y los veterinarios. Por no haber permitido ese control independiente, arrojan sombras sobre sus actos y sus motivos. Esta es simplemente una cuestión de método. No se puede creer en las explicaciones que da el gato sobre la desaparición de los pescados de la pescadería que tenía el deber de cuidar. Quiero decir, es evidente que tanto el fiscal como los profesores universitarios tienen un interés creado en mostrar esos hechos -si es que lo son- y por eso sus declaraciones no son inmediatamente creíbles y deben ser investigadas con el mismo celo y meticulosidad con que se investiga a la protectora. Hasta ahora, el único que ha tratado de investigar la acción policial y posteriormente la de los estudiantes, he sido yo desde la cómoda posición de mi gabinete.

Un último aspecto: se acusa a la protectora de aplicar la eutanasia a perros sanos, por motivos económicos. O de matar indiscriminadamente a perros sanos y enfermos. El subcomisario José Palominos, que hizo el inventario de la enfermería, declaró haber encontrado ahí fármacos y/o anestésicos o preanestésicos, e insinúa que se los usaba para dormir a los perros. "[...] También va a quedar un cierto grado de incertidumbre, cuál es el uso en definitiva que se está dando a estos medicamentos". Supongamos que fuera verdad que en la protectora mataban a los perros con anestésicos, y si fuera verdad que mataban también a perros enfermos, ¿cuál sería entonces exactamente la acusación? Porque eso es justamente lo que hacen veterinarios y estudiantes cuando aplican tiopental a los animales que estiman que están contagiados con distémper. ¿Qué tenemos que pensar? ¿El delito de Navarro es no matar a los animales enfermos? Navarro dice que no se aplicaba la eutanasia activa en la protectora. El fiscal acusa a Navarro tanto de matar a perros sanos, como de dejarlos morir sufriendo, e incluso de crear un foco de infección para matarlos. Un plan demoníaco, probablemente indemostrable.

Días antes del allanamiento en Santiago, en Viña del Mar se descubría una matanza de perros que no tuvo la cobertura nacional que merecía, y ello se debe probablemente al rechazo de la denuncia por parte de Ecópolis (miembro de CEFU en la Quinta Región). El 25 de noviembre de 2008, Aída Rerequeo, la conocida activista viñamarina, encontró, tras recibir una denuncia anónima de empleados municipales, los cadáveres de diez perros en el contenedor del canil clínico de la municipalidad. Las representantes de la organización Ecópolis -asociada a la municipalidad- negaron que se tratase de un caso de eutanasia ilegal y reprochó que las activistas no tuvieron mayores pruebas. Sin embargo, las irregularidades en el canil se vienen denunciando desde hace años y se cuenta con varias declaraciones y casos que demuestran innegablemente que en el canil las cosas no huelen bien. Yo mismo he participado, con otros, en el rescate de mi amigo Robin Caballo -un gran danés que vivía en Caleta Abarca-, al que las funcionarias del canil querían eutanasiar. Hay otros casos conocidos. El 28 de noviembre, en el contenedor del canil clínico -según las activistas que entraron al lugar, siendo desalojadas de inmediato- se encontraron cerca de una quincena de cadáveres. No hay pruebas definitivas. ¿Cómo se puede tratar de impedir una investigación, que es lo que las activistas pedían? Es incomprensible que una persona que defiende estas prácticas ilegales e inhumanas forme, al mismo tiempo, parte de CEFU. Eso es simplemente aberrante.

Ahora resulta que las activistas de Viña del Mar tenían más antecedentes y más ‘pruebas’ que las que tiene CEFU contra la protectora de Santiago. Sin embargo, en su momento, CEFU, sin duda bajo la nefasta influencia de la agrupación aludida, desistió de iniciar un proceso contra la municipalidad. Extrañas e incomprensibles decisiones.

Reprocho que CEFU decida acusar de estafa a Luis Navarro, porque no me parece que sea competencia de los animalistas. Si no lo pueden acusar de maltrato animal, es mejor no acusarlo de nada, porque la acusación de estafa hace suponer que CEFU ya juzgó a Navarro extrajudicialmente y que la acusación es simplemente una sentencia. He dicho que esto me parece impresentable. Creo que todo el mundo tiene derecho a un debido proceso, basado en la verdad. Pienso que la decisión de CEFU ha sido mal inspirada.

También lamento que CEFU guarde silencio con respecto al atentado que sufrió Navarro y su familia. Con ese silencio, CEFU se hace cómplice de un acto infame y cobarde, y su asociación con estos actos de violencia daña la causa animalista. Definitivamente, la coalición va mal encaminada. No estoy defendiendo a Navarro ni justificando o negando los posibles malos tratos que pueden haber sufrido los perros en su canil. Estoy exigiendo que se actúe contra él con pruebas fehacientes, no con rumores e infundios. Quiero que se proceda contra él en el marco de la ley y con nobleza. No necesitamos falsedades ni tergiversaciones ni intrigas para proceder contra los que cometan actos de crueldad contra las mascotas. Actuar irreflexiva y/o apresuradamente contra los responsables de la protectora, puede ciertamente desvirtuar o estropear la acusación, que, de momento, el juzgado ha desestimado.

[cc mérici]

quién mató a los perros de la protectora


columna de mérici
El miércoles 3 de diciembre de 2008 la policía de Investigaciones allanó el local de la Sociedad Protectora de Animales Benjamín Vicuña Mackenna, en calle Libertad, Santiago, tras recibir una denuncia por maltrato animal y luego de al menos cinco meses de investigación, seguimiento y observación de las actividades en el recinto. En el allanamiento -que empezó poco antes de las ocho de la mañana- participaron no solamente detectives. Al operativo llegaron también, junto con los policías, periodistas de televisión y fotógrafos de la prensa escrita, estudiantes de veterinaria de la Universidad Mayor, activistas de CEFU, la Coalición por el Control Ético de la Fauna Urbana, y hasta bomberos.

Las imágenes que vimos por televisión causaron la consternación e indignación de la ciudadanía. La imagen más impresionante, ciertamente, muestra dos hileras de cadáveres de perros y gatos, que según policías y estudiantes fueron encontrados muertos en el lugar. Esta es la versión que más se difundió en la prensa y es probablemente la que tiene en mente la mayoría de la opinión pública cuando recuerda este episodio. Otras tomas de los telediarios y especialmente del video preparado por el canal Megavisión, muestran caniles sucios y con excrementos. Algunas versiones sostienen que en los caniles convivían perros enfermos y sanos, y que en algunos de ellos se habían encontrado cadáveres. En la prensa oficial y en medios independientes en la red podemos leer todavía acusaciones increíbles contra el director de la protectora, Luis Navarro. Por ejemplo, que en el interior del recinto funcionaba un horno crematorio y una cámara de gas, para matar a las mascotas. Que los funcionarios dejaban que los perros sanos se alimentaran de los cuerpos de los perros muertos o que, incluso, en el canil los perros hambrientos se comían unos a otros. Se dijo también en algún momento que la clínica de la protectora cobraba dinero por concepto de tratamiento de mascotas llevadas al lugar por sus dueños, pero que en realidad estas mascotas eran sacrificadas casi de inmediato.1

Luis Navarro, el director de la protectora desde 1990, no ha logrado entregar su versión con el mismo alcance o cobertura que la versión oficial, que ha sido adoptada por gran parte de la opinión pública. Un grupo de activistas animalistas, en una manifestación de protesta contra la protectora, atacaron el domicilio de Navarro, agredieron a una de sus hijas e intentaron incendiar la casa arrojando bombas incendiarias a su interior. Pese a la presencia policial y de la prensa, y a la gravedad de los hechos, la policía no efectuó ninguna detención en relación con ese incidente. La familia de Navarro se refugió durante unos días fuera de la capital para eludir las agresiones de esos grupos. Ciertamente, esos elementos vándalos de la causa animalista actuaron impulsados por la enorme difusión de la versión oficial en la prensa, la que condenó sin escrúpulos, y sin demasiadas pruebas, a Navarro. La prensa y ciertos grupos animalistas se adelantaron a los tribunales a la hora de juzgar al que creen que es el autor o responsable del horror que la policía y los estudiantes habrían encontrado en la protectora.

Los abogados de CEFU y otras organizaciones y personas entablaron una demanda contra la protectora por los presuntos delitos de estafa, maltrato animal, ejercicio ilegal de la profesión y propagación de enfermedades infecciosas. En la audiencia de formalización, la jueza -Valeria Vega- del 7º Juzgado de Santiago sólo admitió, el 4 de diciembre, este último delito, desechando los otros tres por carecer estos de fundamento, en una decisión que fue lamentada y rebatida en círculos animalistas -y ordenó la libertad de los inculpados que habían sido detenidos el día anterior: Luis Navarro, el director de la protectora; Iván Molina, Luis Canillán y Miguel Ángel Lincopi (cambio 21). De momento, parece improbable que el juicio contra Luis Navarro lleve a alguna parte. Ni la policía ni los estudiantes ni los activistas animalistas lograron reunir pruebas fehacientes de que en la protectora realmente se cometían los delitos que se supone.

En el curso de las últimas semanas han aparecido nuevos testimonios y declaraciones que ponen al menos en entredicho algunas de las afirmaciones más escandalosas contra Luis Navarro y su protectora. ¿Qué fue lo que realmente se encontró en sus locales? ¿Es verdad todo lo que se dice sobre su director y el recinto? ¿Es verdad que los cadáveres mostrados en las imágenes de televisión fueron dejados ahí por Luis Navarro y sus funcionarios y que fueron meramente encontrados ahí por los detectives, que se limitaron a permitir que esas terribles imágenes llegaran a la opinión pública?

Como digo, algunos nuevos testimonios arrojan dudas sobre la versión oficial. Empecemos por el principio. Según las informaciones aparecidas en la prensa, la Brigada Investigadora de Delitos del Medio Ambiente y Patrimonio Cultural venían investigando las actividades en la protectora desde julio de 2008 -cinco meses. Habían seguido a los camiones recolectores, recogido bolsas con cadáveres de perros y gatos2 y filmado las instalaciones desde el edificio frente a la protectora. La fiscalía Occidente  y la policía coordinaron el allanamiento con el programa de televisión ‘La ley de la selva’ -periodistas, de cierto modo-, profesores -al menos una, la señora Macarena Vidal, de una universidad privada (Universidad Mayor, de Santiago), y entre veinte y cuarenta de estudiantes de la carrera de Medicina Veterinaria de la misma universidad, y al menos dos miembros de la coalición animalista CEFU.

La presencia de los estudiantes no parece haber sido producto del azar. Sin embargo, la señora Vidal afirma en una declaración publicada en la edición del 4 de diciembre en El Mercurio, que ella "venía a un operativo por distémper, pero nos encontramos con la sociedad protectora de animales y estamos consternados". Esta versión -de que la participación de ella y sus estudiantes fue prácticamente espontánea- no coincide con otras versiones de los hechos. El allanamiento de la protectora fue coordinado con la fiscalía y los detectives de la brigada de medioambiente de la PDI, y no parece verosímil que los estudiantes de veterinaria y su profesora no estuviesen al tanto de que en realidad se trataba de un allanamiento.3  Si no, no se entiende cómo pudieron creer que podrían entrar a un recinto privado, contra la voluntad de su dueño, para realizar un operativo cuyo propósito, desde el punto de vista de la Universidad Mayor, puede haber sido otro que el de la policía. Lo que sí se puede suponer verosímilmente es que la policía, lo mismo que hizo con los periodistas, informó a los participantes con antelación sobre la acción. La llegada de Vidal y sus estudiantes -en un microbús- al recinto no fue casual.

Pero lo que más extrañeza causa del allanamiento de la protectora es precisamente el hecho de que participaran en él estudiantes, periodistas y activistas, es decir, civiles, que razonablemente no podrían haber accedido de ninguna manera al lugar de los hechos investigados. El recinto debió haber sido precintado inmediatamente tras el ingreso de la policía. Pero no lo fue, al menos no completamente. Al contrario, el fiscal Emiliano Arias permitió el ingreso de estudiantes y periodistas, y prohibió el del enviado de CEFU, el doctor Fabián Espínola, que se había acercado al lugar con la intención de supervisar, si cabía, la aplicación de la eutanasia a los perros enfermos.4 El allanamiento empezó a eso de las ocho, y la policía sólo permitió la entrada de periodistas -al menos de un camarógrafo. Tras asegurar policialmente el recinto -como se expresan los detectives- abrieron la puerta de la protectora y permitieron el ingreso de los estudiantes.

¿Qué hicieron los estudiantes durante el tiempo que permanecieron en la protectora? Según la señora Vidal, en esas declaraciones a El Mercurio ya citadas, encontraron al entrar "[...] cachorros que están muertos y los que no, en una enfermería. No les han limpiado las fecas por meses y esperan a que se mueran sin agua ni comida. El maltrato es de proporciones". En El Mercurio de ese día leemos que "[...] en la sede ubicada en la calle Libertad, en Santiago, los efectivos hallaron más de 20 perros y gatos muertos, decenas de animales enfermos y, además, detectaron un foco de distémper, que abarcaría 3 kilómetros". Informa además que la pesquisa había comenzado en julio, tras una denuncia del programa de televisión ‘La ley de la selva’, y que "[...] se constató que en el lugar se deshacían semanalmente de medio centenar de animales, echándolos al camión recolector de basura, que los llevaba hasta una planta de transferencia de residuos en Quilicura". Estas cifras son rebatidas por el Dr. Iván Molina, de la protectora, que niega igualmente que se practicara la eutanasia en el lugar y dice que morían de muerte natural un promedio de dos a tres mascotas por día.

Esta es en realidad la versión oficial, que se repite en prácticamente todos los diarios metropolitanos de esos días: que, como dice El Mercurio, los detectives "hallaron más de 20 perros y gatos muertos" (aunque otras fuentes llegan incluso a informar sobre el hallazgo de cuarenta perros muertos). Otros diarios fueron más tenebrosos todavía. La Segunda del 3 de diciembre informó que "cuando las autoridades ingresaron a las dependencias encontraron varios animales muertos y a otros tantos moribundos. Sus desechos no habían sido limpiados por meses, y los animales enfermos convivían con los sanos. Además, vivían en medio de cadáveres, y al parecer tampoco les daban comida".

La Cuarta del 4 de diciembre escribe que en la protectora la policía encontró que "en caniles repletos de mierda y carentes de comida esperaban la muerte por inanición perros de todos los tamaños y razas, que personas de buena fe entregaron al cuidado de inescrupulosos que aparentemente lucraban sin asco". Los detectives también comprobaron, dice el diario, "[...] que los ‘prisioneros’ [las mascotas] terminaron [terminaban] devorándose entre ellos" y que algunos animales eran arrojados vivos al camión recolector de basura, donde eran triturados. Terra informó, el 4 de diciembre, que "[...] en un operativo detectives de la PDI, se detectaron alrededor de 20 cadáveres de gatos y perros muertos y otro número en lamentables condiciones de salud o agonizando". Radio ADN informó igualmente sobre la detención de Luis Navarro y sus empleados "[...] por la muerte de decenas de perros y gatos al interior del organismo". Igualmente, La Tercera del 4 de diciembre informó que los policías "[...] encontraron adentro decenas de perros muertos y cientos de animales hambrientos hacinados con otros enfermos [...]. En la sede los policías hallaron 20 perros muertos [...]". Según este diario, la fiscalía afirmó que en el lugar se dejaba morir a los animales "[...] o simplemente se los mataba y luego eran llevados a un vertedero a Quilicura". La Nación del 4 de diciembre informaba a su vez que "apoyados [el fiscal Arias y los detectives] por estudiantes de la carrera de veterinaria de la Universidad Santo Tomás (UST) [sic] comandaron la inspección en la cual se descubrieron 20 cadáveres de animales, entre gatos y perros, que yacían en el patio del recinto". El diario agregaba que en la protectora "[...] se maltrataba brutalmente a perros y gatos". También La Segunda (edición del 4 de diciembre) mencionó el hallazgo de veinte perros muertos. En La Tercera del 6 de diciembre se vuelve a insistir en que la policía encontró "[...] decenas de perros muertos y cientos de animales desnutridos y enfermos".

La Cuarta del 4 de diciembre informó también que la condición de los perros que encontraron los estudiantes en el interior era "tan patética [...] que los especialistas de la Universidad Mayor que ingresaron en su auxilio sacrificaron de inmediato a varios". Esta es ciertamente la primera vez en que un órgano de la prensa escrita atribuye la muerte de las mascotas exhibidas en los telediarios a la acción de los estudiantes. El autor de la nota habla de "varios" perros que fueron eutanasiados. En la tarde de ese mismo día, sacrificaron a varios perros más. En la prensa este último episodio -el operativo de eutanasia de la tarde- sólo fue mencionado por La Segunda, citando una fuente que dice "[...] sacamos cadáveres [el 3] y hoy aparecieron otros perros muertos que ya estaban muy enfermos".

Radio ADN, en la edición ya citada, informa que en la audiencia de formalización, Navarro rechazó las acusaciones asegurando -como lo hizo en la posterior entrevista para el telediario de Chilevisión- que en la protectora no se practicaba la eutanasia. "Incluso", escriben los periodistas, "llegó a plantear que fueron los alumnos de la Universidad Mayor los que mataron a unos 19 perros, ya que en el lugar sólo había tres cachorros muertos". Según esta fuente, el fiscal Arias rechazó la versión de Navarro, diciendo que "[...] los animales se encontraban en bolsas de basura cuando llegó la PDI3 y [...] los alumnos de la Universidad Mayor entraron más de dos horas después que los efectivos policiales". La Tercera del 4 de diciembre informó que "ayer, una decena de perros debieron ser sacrificados por estar enfermos".

La Cuarta del 6 de diciembre vuelve a tocar el tema. "Las decenas de cadáveres de animales desperdigados al interior de la Sociedad Protectora de Animales", escribe, "provocaron airadas reacciones en la comunidad cibernética". Ahora los animales no estaban pues ordenados en hileras, como vimos en los videos mostrados por televisión, sino que desperdigados por todo el recinto. ¿Cómo, pues, llegaron al estacionamiento? ¿Los encontraron los estudiantes muertos en los varios caniles de la protectora, rescatándolos de entre los perros vivos que ya empezaban a devorar, y los trasladaron al estacionamiento, colocándolos en las hileras que vimos en la televisión?

La Universidad Mayor, siguiendo al fiscal, negó que los estudiantes bajo la dirección de Vidal hubiesen sacrificado a alguno de los perros y gatos, lo que es francamente inverosímil. La casa de estudios, escribió El Mercurio del 4 de diciembre, "[...] rechazó la acusación y afirmó que sólo se abocaron al rescate de las mascotas". Sin embargo, uno de los estudiantes -Diego José Varela Maino- que dice que participó en el allanamiento y posterior operativo sanitario, confesó que "[...] el sacrificio se realizó bajo la supervisión de profesores de la Universidad Mayor, profesionales con basta [sic] experiencia y gran profesionalismo cuidando en todo momento que el perro no tuviera una experiencia dolorosa" y que "el sacrificio se realizó como medida de emergencia para controlar la epidemia de distémper" (en uno de los comentarios publicados por El Mercurio del 6 de diciembre). En la serie de videos de Megavisión se puede ver a los estudiantes preparando las mesas donde aplicarán eutanasia a algunos perros. Dice el locutor del programa ‘La ley de la selva’: "[...] "estamos preparando aquí todas las soluciones anestésicas, que es tiopeantal, para poder eutanasiar a los cachorros que están más deprimidos y que están más agonizando [sic]" (Megavisión).

Algunas fuentes mencionan que los estudiantes y sus profesores decidieron sacrificar a esos perros y gatos porque sufrían enfermedades terminales o se encontraban en muy malas condiciones, lo que debido a la ausencia de un profesional independiente es imposible verificar. La Tercera del 6 de diciembre dijo que según Navarro "[...] había sólo tres cachorros fallecidos y no la cantidad que se mostró".  En el video de Megavisión, en un momento, poco después de ingresar al recinto, el fiscal Arias decide que "[...] la única posibilidad era intervenir veterinariamente este lugar". No queda en claro si se refiere a la aplicación de eutanasia. De ser así, fueron aparentemente los veterinarios de la policía de medioambiente los que aplicaron la eutanasia a algunos animales antes incluso del ingreso de los estudiantes.

Sobre las causas de la muerte de esas mascotas, o de otras en la protectora en los meses que duró la investigación, La Cuarta asegura que morían de hambre. Pero en la edición del 7 de diciembre, agrega un dato interesante. Según el señor César Pérez, de ‘La ley de la selva’, tres semanas antes del allanamiento Luis Navarro, el director, habría ordenado detener los programas de eutanasia para dejar que las mascotas se murieran solas (se implica que por hambre o falta de cuidados), insinuando aparentemente que el director se había enterado de la operación policial. Esta acusación se volvería más macabra con el tiempo.

En las escenas pertinentes del video de Megavisión se ve a los detectives, recién ingresados al recinto, vaciando efectivamente el contenedor de la basura en el estacionamiento de la protectora, cerca de la puerta. Se pueden contar luego cuatro perros y un gato, que aparentemente los detectives colocaron en hileras para su exhibición. Pero la toma siguiente ha sido evidentemente editada y manipulada: ya no se ve a los detectives ni estudiantes vaciando bolsas, sino derechamente las espeluznantes dos hileras de cadáveres. Dicho sea de paso, las imágenes muestran a detectives vaciando las bolsas de basura en el patio del recinto -las mismas imágenes que serían después utilizadas en los telediarios para mostrar las condiciones de extrema suciedad en que habrían vivido los animales.5 Pero al ingresar al recinto en la mañana, no se ve ningún animal muerto y el patio donde se estacionarán luego las patrulleras de la policía está relativamente limpio.

La Tercera del 4 de diciembre informó que en el lugar los universitarios "[...] constataron que el 80% de los perros vivos estaban infectados con alguna enfermedad parasitaria y que, además, estaban desnutridos. En los caniles y la enfermería, donde se encontraban animales sanos junto a aquellos infectados -la mayoría con distémper- se detectó abundante presencia de fecas y orinas". La Cuarta del 4 de diciembre afirmaba a su vez que en los caniles "[...] repletos de mierda y carentes de comida esperaban la muerte por inanición perros de todos los tamaños y razas". La Cuarta del 7 de diciembre aseguraba que los perros de cada canil, con seis perros cada uno, sólo recibían "[...] un puñado de comida", sin especificar cómo se enteraron de ese hecho. Pese a ello, la acusación de que se trataba de animales mal alimentados no es completamente infundada. Según se desprende de declaraciones del director (La Tercera del 6 de diciembre), los animales no recibían la mejor comida disponible en el mercado, evidentemente por falta de recursos económicos -pero niega que estuviesen desnutridos (en las imágenes de televisión tampoco se ve que lo estén). Los perros desnutridos y de pavoroso aspecto que se encontraron en la protectora eran aparentemente perros enfermos que se encontraban aislados en caniles de enfermería. En una entrevista publicada por El Mercurio del 6 de diciembre, Luis Navarro, el director, rechazó la imputación de que los animales se murieran de hambre. Los perros enfermos, ha insistido Navarro, no comen.5

Otras acusaciones relacionadas, y difundidas con evidente mala fe por varios medios de prensa, dicen que en la protectora los perros se comían unos a otros por el hambre a que eran sometidos, o que, todavía peor, los funcionarios alimentaban a los perros grandes arrojándoles perros chicos. Una vecina entrevistada declaró que arrojaban, los empleados, "[...] perros chicos, las guagüitas, se los tiraban para que los perros grandes se los comieran" (en el telediario de Chilevisión del 3 de diciembre). Esta acusación es derechamente inverosímil. En una de sus primeras entrevistas, la profesora Vidal dijo que "[...] no les han limpiado las fecas por meses y esperan a que se mueran sin agua ni comida" (en El Mercurio del 4 de diciembre). El fiscal Arias agregaba, en La Nación del 4 de diciembre, que en el recinto de la protectora "[...] se privó de agua, medicamentos y comida a los animales con el único fin de que murieran por falta de esos cuidados vitales". Esta serie de acusaciones fue iniciada igualmente por la profesora Vidal, que llegó a decir, el 4 de diciembre, que en "[...] la bodega de alimentos es una bodega abierta con animales muertos adentro, con cachorros muertos adentro de la comida, esto es como si hubieran hecho una película de terror" (en el video de Las Últimas Noticias del 4 de diciembre). La acusación obviamente contradice la afirmación de que se dejaba morir a los animales de hambre. En un telediario de RedTv, la profesora Vidal dice que la comida se la dejaban, a los animales, en el suelo [lo que también harán luego sus estudiantes] -lo que igualmente contradice que se los haya dejado morir de hambre.

Pero la acusación más sorprendente -de que los animales muertos y enfermos se encontraban dispersos por todos los caniles- tampoco parece ajustarse a la verdad. Según algunas versiones, los caniles eran ocupados alternativamente por perros enfermos y sanos. Según el fiscal Arias en La Segunda del 3 de diciembre, "[...] cuando las autoridades ingresaron a las dependencias encontraron varios animales muertos y a otros tantos moribundos. Sus desechos no habían sido limpiados por meses, y los animales enfermos convivían con los sanos. Además, vivían en medio de cadáveres, y al parecer tampoco les daban comida". Más tarde, el fiscal, en La Tercera del 6 de diciembre, dijo que encontró durante el allanamiento, perros enfermos -con distémper- "[...] canil por medio", lo que está bastante lejos de la maliciosa información de que los perros muertos y enfermos se encontraban dispersos por toda la protectora al buen tuntún. El fiscal Arias ofreció en esa entrevista incluso una hipótesis. Según él, en la protectora los perros sanos "[...] eran mezclados con los enfermos para reducir la población canina, ya que era más rápido y menos costoso que aplicar eutanasia". Es evidente, según me parece, que el peligro de contagio existía, pero que tuviese las dimensiones que se le atribuyó -tres kilómetros a la redonda, dijeron algunos medios- parece ser exagerado. De hecho, no se conoce a ninguna mascota en ese radio que haya enfermado por causa del foco infeccioso, lo que realmente es difícil interpretar. Si este foco infeccioso se venía prolongando por varios meses, ¿por qué no se expandió la infección fuera de los caniles? La inmensa mayoría de las mascotas de la protectora se recuperaron después de ser tratadas por los estudiantes de la Universidad Mayor. Pero que el director Navarro tuviese la intención de reducir la población canina no ha sido demostrado.

Otra cosa en la que se insistió mucho fue en el estado de los caniles y demás instalaciones. Según la profesora Vidal El Mercurio del 4 de diciembre, y otros diarios, el lugar se encontraba lleno de fecas de varios meses. Pero el Dr. Fernando Fuenzalida, del departamento de Zoonosis del seremi metropolitano de Salud, inspeccionó el lugar, según La Tercera del 4 de diciembre, constató que existe "deterioro en el aseo. Lo que yo vi fue mucha feca fresca, orina, unos perros embolsados, animales confinados en jaulas". Por esas razones Fuenzalida inició un sumario administrativo. Hay que decir que el seremi de Salud había realizado inspecciones regulares cada semestre de las instalaciones de la protectora, sin haber constatado nunca ni maltrato animal y condiciones poco higiénicas. Su observación sobre la "feca fresca" refuta derechamente las fecas de "tres meses" mencionadas por la profesora Vidal. Los sumarios administrativos anteriores a que fue sometida la protectora "fueron por ruidos molestos y malos olores". En el video de Megavisión no se advierten fecas, ni secas ni frescas, en el estacionamiento, sino hasta después de que detectives y estudiantes vacían las bolsas de basura, sin volver a recoger su contenido. En algunas tomas de los caniles, se ven fecas en el suelo; según puedo calcular, no son demasiadas y deben corresponder con las deposiciones nocturnas de cinco a ocho animales. La explicación -muy convincente- que entregó Navarro fue que el allanamiento se efectuó a las ocho de la mañana, media hora antes de que llegasen los encargados del aseo (en La Tercera del 6 de diciembre).

Otras acusaciones, como que Navarro y sus empleados arrojaban perros "[...] muertos (o medio muertos) directamente a la basura" (Andrea R. en su blog), o que arrojaban perros vivos al camión recolector de la basura ("[...] inclusive he visto una vez cómo tiraron a un animal herido dentro de un camión y el perro gritaba de una manera increíble"; una vecina entrevistada en el noticiario de TVN del 3 o 4 de diciembre), o que arrojaban a los animales "vivo [sic] adentro de hornos crematorios o llenos de gas venenoso en donde mueren lentamente y llenos de sufrimientos indescriptibles" (Marcela Ivonne en su blog), deben desterrarse al reino de la fabulación maliciosa. Dicho sea de paso, esta última bloguera llegó a afirmar que ella ha sido testigo ocular ("lo he visto con mis propios ojos") de que los animales en la protectora de calle Libertad "[...] son víctimas de mal trato permanente, vejámenes (latigazos, fierrazos), hambre (no comen durante días y luego se comen unos a otros por desesperación), desidia, abandono, angustia por la muerte y sufrimientos horrorosos sin que nadie pague por esto". Son sin duda acusaciones que rayan en la demencia.

¿Qué queda pues de las acusaciones contra Luis Navarro y sus empleados? No mucho. La jueza del Séptimo Juzgado desestimó los cargos por maltrato animal, estafa y ejercicio ilegal de la profesión, aceptando solamente los de propagación de enfermedades infecciosas, cuya intención dolosa será muy difícil de demostrar. Pero esta decisión ciertamente no demuestra que la protectora no se haya hecho culpable de la comisión del delito de maltrato en algún momento, en algún grado. Es posible que los empleados de Navarro hayan alguna vez cometido algún acto ilícito, pero eso habría que probarlo fehacientemente. Es probable que Navarro no contara con todos los recursos necesarios para brindar a los animales ni la mejor alimentación ni los mejores cuidados,6 pero eso ciertamente no es un delito.

Navarro ha declarado en varias ocasiones que la protectora carecía de recursos suficientes y que las autoridades se han mostrado indiferentes ante su situación. La protectora es considerada por los habitantes de Santiago como un botadero de perros y otras mascotas, a menudo se negaban a pagar las tarifas estipuladas por tratamientos y hospedaje y en muchas ocasiones abandonaban a los animales a las puertas del local o los arrojaban por las murallas (Navarro en la entrevista con The Clinic). Carolina, en el foro de cooperativa.cl del 3 de diciembre, escribe: "Atendí a mis perros en la protectora por años, y muchísimas veces vi gente que se negaba a pagar la plata para dejar ahí a sus mascotas, y que las dejaba botadas en la calle y se iban igual. ¿Esa era la opción?"

Navarro es enemigo de la eutanasia. En la entrevista con el periodista Matías del Río, de Chilevisión, dijo que en la protectora se limitaban a aliviar el dolor de las mascotas con enfermedades terminales suministrándoles sedantes. De ser así, en el inventario o en las despensas de la enfermería deberían haberse encontrado suficientes dosis para los tratamientos paliativos. Esta opción paliativa no es un delito y es un tratamiento que se administra a menudo a pacientes humanos. Si distribuir a animales enfermos y sanos canil por medio7 es una opción igualmente razonable, es una política que se puede discutir, pero no indica una intención dolosa. Sabemos que la policía encontró en las despensas de la enfermería medicinas caducadas. El subcomisario José Palominos dijo: "Hay medicamentos que si bien es cierto se usan, como anestésicos o preanestésicos... va a quedar un cierto grado de incertidumbre de cuál es el uso que se le están dando en definitiva a estos medicamentos". Aparentemente, quiere insinuar que se utilizan estos anestésicos para matar a las mascotas -que es lo que hacen luego los estudiantes y el propio presentador de ‘La ley de la selva’, aplicando tiopental a las mascotas irrecuperables.

En el curso de la investigación y/o allanamiento de la protectora, el propio fiscal se hizo culpable de al menos dos delitos: amenazas contra los empleados de la institución y lo que yo creo que es usurpación de atribuciones, que comete cuando los amenaza con que "[...] si ustedes me dicen la verdad, van a quedar en libertad", es decir, si no le dicen la verdad no permitirá que salgan de la cárcel, que es ciertamente una atribución que no posee legalmente (en uno de los videos de Megavisión). (Es un delito sancionado por el artículo 222 del Código Penal).

La única parte feliz de esta historia es que las mascotas de la protectora fueron todas adoptadas y viven ahora con sus nuevas familias adoptivas. La parte menos auspiciosa es que ahora Navarro tiene sobrados motivos para llevar a tribunales a sus perseguidores, lo que no conviene para nada al movimiento animalista, cuya credibilidad puede sufrir un duro revés8 tras aliarse con un fiscal inepto, una profesora ambiciosa y unos periodistas más inclinados a lograr la lágrima fácil que a descubrir la verdad.

Notas
1 El abogado de CEFU, Pablo Peñaloza, dijo "[...] que la entidad cobraba hasta 40 mil pesos por cada animal entregado, los que eran exterminados cada semana, engañando a las personas que confiaban el cuidado de las mascotas que no podían mantener, por lo que llamó a estos afectados a acercarse a CEFU para que sean en la querella por estafa" (en cooperativa). La acusación no se pudo sustentar y el delito de estafa fue desestimado por el tribunal. Al llamado del abogado respondió en esos días sólo una persona. Esta es una acusación antigua. En los años noventa hubo al menos dos acusaciones por maltrato animal y estafa. Se acusó a la protectora de aplicar eutanasia a perros sanos. En el primer video de la serie de tres de Megavisión sobre el caso de la protectora, el ex médico de la institución, Enzo Bosco, declara que las eutanasias las aplicaban los auxiliares y otros subalternos, en desconocimiento de la dirección -pero aparentemente piensa que Luis Navarro estaba al tanto. Es posible que los auxiliares hayan aplicado la eutanasia a perros sanos sin que Navarro lo supiera. El director no se dejaba ver demasiado a menudo en el recinto de su protectora y también es posible que mienta, cuando afirma que él nunca ordenó una eutanasia. Sin embargo, en cualquier caso, las acusaciones deben ser probadas.

2 Que los animales muertos fueran metidos en bolsas de basura y arrojados al camión recolector para ser trasladados a vertederos es una práctica usual en Chile, pese a los evidentes riesgos de salud pública. En los vertederos suelen vivir otros perros, que podrían alimentarse de animales enfermos o envenenados. A fines de noviembre de 2008, un grupo de activistas descubrieron en el contenedor del canil clínico de Viña del Mar los cadáveres de diez perros, algunos de ellos aparentemente, y según denuncias de empleados municipales del sector, sanos (véanse los enlaces de la nota 8).

3 En el noticiario del canal RedTv de esas fechas, la profesora Vidal admite que "[...] yo venía a un operativo que me solicitaron por Investigaciones", para corregirse enseguida, al temer que se fue de lengua, diciendo que en realidad fue invitada por otros veterinarios -probablemente se refiere al personal del programa de televisión ‘La ley de la selva’.

4 En opinión de Espínola "[...] fue un error no permitir el ingreso de un médico veterinario especialista en la materia; es más, una de las tareas principales que se me encomendó y que era evitar la eliminación de perros que tenían cura no pudo ser desarrollada por ser retirado del lugar". Léase bien: con anterioridad al allanamiento, la policía o la fiscalía ya había decidido la eventual aplicación de la eutanasia a mascotas que padecieran de males irreversibles, incurables. "Espero", escribe Espínola, dando libre curso a sus aprehensiones, "que el criterio de los colegas participantes haya sido sea riguroso y no se permitiera la eliminación de animales sólo para reducir la proporción del problema que a futuro se viene".
Se ha tejido tal maraña de falsedades y verdades a medias en torno a la situación en la protectora, que es difícil convencerse de algo. Pero no me cabe ninguna duda de que aquí la protectora fue víctima de lo que parece derechamente una conspiración o de un cúmulo de torpezas. En uno de los videos de Megavisión se muestra al presentador del programa ‘La ley de la selva’ diciendo, mientras señala con la mano, que ahí se dejaba a los animales muertos, cuando la cámara enfoca nuevamente los contenedores de basura en el patio. La toma que sigue muestra sin embargo más de una veintena de perros muertos..., pero no en la protectora, sino en el vertedero, en una filmación de varias semanas antes del allanamiento. La impresión que queda en la retina del lector es pues la de una enorme mortandad en medio de una montaña de excrementos y desechos, que la filmación deja que el lector crea que se trata del patio de la protectora.

3 En el relato del Dr. Espínola leemos: "[...] Es poco decir que habían heces –caca, mierda- repartida por todos lados, que el olor reinante a muchos periodistas les impidió ingresar, que habían cachorros moribundos, que la comida se encontraba en una habitación abierta donde las moscas se reunían y hasta perros muertos se encontraban sobre los cúmulos de alimento... todo eso es poco decir como les menciono cuando llega la hora de ver los animales vivos, conviviendo con otros muertos y con caca de muchos días sin limpiar, en una condición física y sanitaria intolerable, con enfermedades que les tenían sus ojos y fosas nasales repletas de secreciones".

4 Lo contradice La Cuarta del 7 de diciembre, que informó que "funcionarios de la PDI decomisaron las bolsas, que estaban llenas de excremento y cal". En las bolsas encontradas en el contenedor de la basura en el estacionamiento de la protectora, según muestran las imágenes de ‘La ley de la selva’, no había más de cuatro o cinco mascotas -según veo, cuatro perros y un gato. Abrir y vaciar las bolsas fue lo primero que hicieron policías y quizás pensando en que encontrarían ahí cadáveres de perros, como aparentemente habían hecho cuando siguieron al camión recolector semanas antes. Pero una vez vaciadas, el contenido de las bolsas -excrementos y cal-, nadie volvió a recoger sus contenidos. Más tarde llamaron a bomberos para limpiar el lugar.

5 Las declaraciones de la profesora Vidal son poco convincentes. ¿No debería saber ella mejor que nadie, en razón de su profesión, que los animales enfermos suelen enflaquecer precisamente porque no comen? Esto arroja dudas tanto sobre sus declaraciones y como sobre su formación académica.

6 En la entrevista con Chilevisión -en la que el periodista Matías del Río hace gala de su increíble ineptitud-, Navarro cuenta que pidió ayuda a todos los últimos presidentes y alcaldes, sin recibir nunca nada.

7 Pese a que la mayoría de la prensa dice que en la protectora los perros enfermos y sanos compartían al buen tuntún los mismos caniles, una versión -la del fiscal- tiene que se repartían -los enfermos- canil por medio. O sea, un canil de enfermos, y otro de sanos. Pero también es posible que el fiscal use una figura de lenguaje, una metáfora. No lo sé. En el caso de que no sea una metáfora, tampoco sé si es verdad. No sé si es un régimen razonable desde un punto de vista médico. No sé cuál es la práctica de otros caniles. No sé cómo hacen frente otras protectoras a focos de infección. No sé por qué los directivos del canil, o los médicos, optaron por este régimen. El fiscal dice que era para contaminar a los perros sanos, de modo que se murieran todos "de causa natural". Con "todos" el fiscal parece haber querido incluir a todos los animales en un radio de tres kilómetros. Pero es llamativo que pese a lo que se afirma, los estudiantes lograran recuperar al ochenta por ciento de los animales.
En una entrevista Navarro dice que no tenían recursos para construir o instalar una zona de cuarentena. Quizás tomó Navarro decisiones equivocadas en este aspecto. Quizá debió destinar fondos para construir esa zona. No sé. También sabemos que sucesivos gobiernos y alcaldías negaron ayuda a la protectora.
También está el asunto de la fiscalización. Según la oficina del seremi de Salud, se hacían inspecciones sanitarias de la protectora cada seis meses. Algunas inspecciones se hicieron por reclamos de ruidos y malos olores, creo. El seremi de Salud no constató ninguna irregularidad en esos aspectos. Según mis cálculos, la última inspección debe haber ocurrido en junio. Tampoco se constataron irregularidades.

8 En Viña del Mar, a fines de noviembre, un grupo de activistas descubrió también una decena de perros muertos en el contenedor del canil clínico municipal. El hallazgo provocó una inmediata manifestación de protesta y las sospechas de que en el canil se sacrificaba a perros sanos, si eran callejeros. Pero nadie efectuó una autopsia de los cadáveres y eso hace imposible que la acusación de maltrato animal se pueda sustentar. Sin embargo, existen numerosos testimonios y declaraciones de vecinos concernidos que han denunciado la desaparición de sus perros o su eliminación a manos de la veterinaria de la clínica -la señora Claudia Bilbao-. La acción de las activistas fue pedida, además, por empleados municipales que ya no soportaban la visión de tantas mascotas sanas exterminadas sin motivos justificados. Hoy el reclamo de organizaciones animalistas está siendo tramitado por la contraloría regional (véase Algo huele mal en el canil; Sobre el maltrato y muerte de mascotas; Qué hacen los gatos en la pescadería).

[cc mérici]

[Las fotos son todas capturas de los videos de los telediarios de Megavisión, Chilevisión y otros, de diferentes momentos durante el allanamiento].

1 Detectives de la PDI entrando al recinto de la protectora. Ya había periodistas en el lugar.
2 Las macabras hileras de cadáveres de perros. Estos perros no estaban en ese lugar al comenzar el allanamiento. Fueron colocados ahí por los detectives.
3 Al entrar al patio o estacionamiento de la protectora, los detectives encontraron un contenedor con bolsas de basura. En su interior, tres o cuatro perros y un gato.
4 Así se veía el lugar al entrar la policía. No había ni cadáveres ni basura.
5 Policías y estudiantes (de gorra amarilla).
6 Policía vaciando las bolsas de basura encontradas en dos o tres contenedores. Estaban llenas de excrementos. Una vez vaciadas, no volvieron a recoger el contenido. Pero antes de eso, el patio estaba limpio. Luego se verá a los bomberos limpiando el lugar.
7 Una calle con caniles. Había perros enfermos canil por medio, dicen algunos.

[Esta es una actualización. La versión original contenía dos errores principales: 1) contrariamente a lo que concluí en esa versión, los estudiantes no participaron en el allanamiento policial entre las ocho y diez de la mañana. Entraron al recinto recién a las diez y llevaron a cabo un operativo de eutanasia de al menos 28 perros; no conocemos la cifra final ni qué pasó con sus cadáveres. 2) el doctor Espínola -CEFU- no fue invitado ni informado por la policía sobre el allanamiento. Fue espotáneamente para ofrecer sus servicios como una suerte de veedor para controlar que el operativo de eutanasia no se extendiese a perros recuperables. El fiscal no permitió su ingreso al local.]

yo también soy vieja loca


columna de mérici
En reuniones de amigos de los animales algunos recuerdan a menudo, en un tono por lo general despectivo, a las viejas locas. Son estas los individuos -hombres o mujeres, jóvenes o viejos- que se encargan de los perros abandonados o callejeros o vagos que se ven en las calles, parques y otras áreas de las ciudades. Los alimentan, con galleticas o sopones calientes, y se preocupan de que tengan sus vacunas al día. Los cuidan cuando enferman o son atropellados o maltratados. Son los que visitan desconfiados los caniles municipales cuando los perros desaparecen. En realidad, son los que saben cuando desaparece algún perro de la calle, porque los demás vecinos no se enteran ni de que llegaron ni que desaparecieron. A las viejas locas también se les llama padrinos o madrinas.

¿Qué pasa con las viejas locas? ¿De dónde viene ese desdén? En cualquier encuentro de animalistas se reconocerán varias tendencias. Están los intelectuales, que se ocupan de las cuestiones estratégicas, incluso religiosas, de la lucha por los derechos animales. Están los abogados, que son quienes trasladan esa lucha al plano de leyes y ordenanzas. Está el grupo de los funcionarios, cuyos miembros se afanan en campañas de esterilización y vacunación de mascotas y se pasan los fines de semana en operativos de adopción. Y están los padrinos. Dicho esto, casi todos los animalistas son viejas locas en algún grado, vale decir, casi todos mantienen compromisos concretos con mascotas abandonadas o adoptadas específicas.

La crítica que se oye con frecuencia contra las viejas locas entre los animalistas es que se disuelven o funden en lo particular y son reacias a los compromisos. Una vieja loca, parecen creer los otros, rara vez sale de su propio territorio. Como los perros, defienden furiosamente su terreno: sus animales, sus calles, sus plazas. Involucradas en una dura lucha de todos los días por la defensa de su manada, no lograrían, entre los árboles, ver el bosque. Los intelectuales, en cambio, ven el bosque, pero suelen perderse entre los árboles.

Las viejas locas desconfían profundamente de las autoridades. Habitualmente se niegan incluso a conversar con las autoridades, de las que creen que son mal intencionadas y que, en todo caso, no están en condiciones de solucionar los problemas. Rechazan el discurso sanitario de las autoridades. No creen en las emergencias. Les parece dudoso eso de la sobrepoblación canina. ¿Y quién dijo que las calles se ven feas con tanto perro? Al contrario, embellecen la ciudad. Una vieja loca no admite de ningunísima manera que los municipios maten animales, enfermos o sanos. Si están enfermos, optará por un tratamiento. Si están sanos, eutanasiarlos es un crimen similar a matar a un ser humano. Una vieja loca no aceptará jamás el discurso de los alcaldes, que justifican sus campañas de exterminio en huecos y falsos discursos de salud pública y turismo.

Al contrario, las intelectuales, las abogados y las funcionarias están dispuestas a negociar y a hacer compromisos. Son capaces de aceptar cosas como la entrega voluntaria (cuando los dueños de una mascota la entregan a la municipalidad para que se deshagan de ella). Una vieja loca no aceptará nunca lo que considera un crimen. Un animalista razonable puede llegar incluso a decir: "Bueno, la ley dice que los perros son cosas, así que no podemos hacer nada si una persona quiere destruir sus cosas", y se queda tan pancho. Así son las cosas. Es lo que hay, dirán. Para una vieja loca, eso es inaceptable. Algunos animalistas pueden aceptar que la municipalidad mate a algunos perros callejeros para controlar, como suelen decir, la sobrepoblación canina. Para una vieja loca, la sobrepoblación no existe. Y los perros tampoco son feos.

La posición de Bruce Friedrich, el filósofo católico activo en la organización PETA (People for the Ethical Treatment of Animals), también es característica de las tendencias más extremas del movimiento animalista. Representa también la postura de las viejas locas. Dice Friedich:

"Si creemos realmente que los animales tienen el mismo derecho [que nosotros] a que no se les cause dolor y sufrimiento en nuestras manos, entonces por supuesto que, como movimiento, vamos a hacer volar cosas y a romper ventanales... Creo que es una estupenda manera de contribuir a la liberación animal... Creo que sería fabuloso si los restaurantes de comida rápida, los mataderos, los laboratorios y los bancos que los financian, explotaran mañana. Creo que es absolutamente apropiado que la gente se arme de ladrillos y los arroje contra los ventanales [de esos lugares]... Alabados sean los que estén dispuestos a hacerlo" (en activistcasch).

No va a ser tan fácil encontrar a un padrino o madrina arrojando pedruscos contra los ventanales de una tienda de abrigos de piel, o liberando a los caballos de un establo donde se les maltrata, o soltando a los animales enjaulados en los circos. Pero hay ciertamente una natural cercanía entre las viejas locas y esas personas que simplemente no pueden tolerar que se infrinja dolor a los animales.

Creo que desde el principio de la historia, ha habido dos tipos de personas: las que aceptan casi ciegamente lo que dicen las autoridades, y las que desconfían casi por principio de todo lo que estas puedan decir. El conflicto es inevitable. ¿Qué es la autoridad, después de todo? ¿No es el control de decisiones sobre asuntos que muchos creemos que no les compete? La autoridad es siempre una usurpación de la soberanía y autonomía del individuo y de lo que llamamos la sociedad civil, del mismo modo que, nos pongamos como nos pongamos, la propiedad un robo. Este conflicto simplemente no tiene resolución.

Hace algunas semanas lo volvimos a vivir en Viña del Mar, cuando dos animalistas descubrieron, tras recibir denuncias de empleados municipales anónimos, una matanza de mascotas en el canil clínico de calle 5 Oriente. En el contenedor del patio del Departamento de Tránsito, donde se encuentra el canil, encontraron los cadáveres de diez perros. Naturalmente, lo primero que pensaron era que se trataba probablemente de perros callejeros sanos que habían sido eutanasiados por la veterinaria del lugar. De hecho, las denuncias de matanzas ilegales en el canil de Viña del Mar se vienen escuchando desde hace varios años. Y los empleados municipales anónimos -por temor a las represalias- han informado sobre matanzas de camadas de cachorros sanos, entre otros. Así que es sólo natural que surjan sospechas y que apunten a las encargadas de la clínica.

Amigas del canil clínico y la propia alcaldesa desmintieron que se tratara de perros callejeros sanos. ¿Pero cómo creerles? En razón de que son parte del proceso (los acusados), no se puede aceptar que se erijan como jueces. Lo que piden algunos animalistas es justamente, en el contexto de denuncias prolongadas, que una instancia independiente investigue lo que es posible que esté ocurriendo en el canil. Tampoco se trata de creer a ciegas en las denuncias, que deben ser fundamentadas en cada caso. Sin una autopsia de los animales, no se puede afirmar sin más que se trataba de perros sanos. Otra cosa es que se pueda haber tratado de perros con enfermedades terminales, que es poco menos el único motivo que aceptaría una vieja loca y cualquier persona de bien y el corazón bien puesto para dormir a una mascota.

Imagino que a la alcaldesa debe irritarle que no se la crea de buenas a primeras. Pero debiese entender que estando ella misma acusada de la política que se implementa en la clínica canina, los animalistas encontrarán simplemente irrelevante lo que tenga que decir. Que sea irrelevante no es un insulto. Simplemente lo que se quiere es que una instancia independiente, que cuente con la confianza de las dos partes, dirima el asunto o sugiera otros modos de superar el conflicto.

Cuando oigo las palabras vieja loca, lo primero que se me viene a la mente es la historia de Antígona, hija del rey Edipo. ¿Recordáis su historia? En Tebas reina el tirano Creonte. Eteocles y Polinice, hermanos de Antígona, han muerto en batalla -en un episodio terriblemente trágico que es simplemente otra historia, pues son hermanos enemigos. El nuevo rey, Creonte, prohíbe la sepultura de Polinice, al que considera enemigo de la ciudad y de su gobierno, y ordena que su cadáver quede insepulto, extramuros:  "¡Que se le deje insepulto, y que su cuerpo quede expuesto ignominiosamente para que sirva de pasto a la voracidad de las aves y de los perros!". Antígona decide no acatar esa orden y cumplir con el deber filial y religioso de dar sepultura a su hermano. Su hermana Ismena, temerosa y respetuosa del poder, prefiere no oponerse; es partidaria de acatar la ley y obedecer al tirano.1

Ismena es la voz de la cordura y del temor; del realismo y de la razón de estado. "No hay que perseguir lo imposible", le aconseja a su hermana, aunque tratan nada menos que de la muerte de sus hermanos. Antígona es la voz de la sinrazón, del coraje y de la ilusión; del amor filial y del deber religioso. No teme a la muerte. "Yo, por mi parte", le dice a Ismena, "enterraré a Polinice. Será hermoso para mí morir cumpliendo ese deber. Así reposaré junto a él, amante hermana con el amado hermano; rebelde y santa por cumplir con todos mis deberes piadosos; que más cuenta me tiene dar gusto a los que están abajo, que a los que están aquí arriba, pues para siempre tengo que descansar bajo tierra".

Si acata la orden del rey, Antígona cometería una grave falta desde el punto de vista religioso y de las costumbres. Antígona no teme a la muerte. Es para ella más importante cumplir con las leyes divinas, que obedecer a un tirano arbitrario, injusto y cruel. Está dispuesta a morir. "Morir, morir ahora no me será tormento", dice. "Tormento hubiera sido dejar el cuerpo de mi hermano, hijo de mi misma madre, allí tendido al aire, sin sepulcro. Eso sí sería mi tortura". "Eres una loca", le dirá Ismena.

¿No se advierte mucho de Antígona en nuestras viejas locas? Rechazan las razones que puedan esgrimir las autoridades, porque esas razones implican, como en el caso de la prohibición del tirano Creonte de dar sepultura a Polinice, la violación de leyes que también hoy, en las culturas occidentales, se consideran divinas, entre ellas el dar sepultura a los miembros de tu familia. Gran parte de los chilenos considera familiares a sus mascotas, y por extensión a todas las demás, conceptualizándolas muchos como hermanos menores -como hacía San Francisco de Asís- y reconociéndoles el mismo derecho a la vida y a vivir libres de persecución y tormentos que a nosotros mismos.

Bien pueden las autoridades prohibir a los ciudadanos que alimenten a los animales abandonados, o que les construyan cobertizos para protegerlos de las inclemencias del tiempo -dos actos decretados como ilegales en las ordenanzas municipales de muchos municipios del país.2 Lo seguirán haciendo una y otra vez, porque para la tendencia que llamamos de las viejas locas no proteger, alimentar o dar cobijo a mascotas abandonadas es simplemente hacer algo mucho peor que no obedecer una ley: es transgredir un precepto divino, y traicionar a los que definen como miembros de su propia familia y a sí mismas.

Las autoridades suelen defender sus políticas de exterminio de mascotas abandonadas en razones de salud pública. Pero no podrán convencer nunca a nadie que perros sanos recogidos de la calle representen algún peligro para la salud pública, cuando muchas veces el verdadero peligro para esta son las propias autoridades -cuando, por ejemplo, en lugar de enterrar propiamente los cadáveres, los depositan en vertederos abiertos donde pueden terminar de alimento de otros animales.3 Y es incomprensible e injustificable que las autoridades opten por matar a perros o gatos enfermos, cuando todavía es posible tratarlos y curarlos. Por alguna razón que nadie entiende, prefieren seguir matando, pese al clamor ciudadano de que dejen de hacerlo.

Es comprensible que entre viejas locas y autoridades las cosas no marchen bien. Las viejas locas no tienen motivos para creer en el poder. Los argumentos políticos de las autoridades -similares a los de Creonte: "[...] se debe obediencia a aquel a quien la ciudad colocó en el trono, tanto en las cosas grandes como en las pequeñas; en las que son justas como en las que pueden no serlo a los ojos de los particulares"- no convencen, en esta época, a nadie. Son argumentos autoritarios que dejaron de tener valor, y son inaceptables. La soberanía política concedida a las autoridades -los ciudadanos renuncian a su poder para colocarlo en manos de los jefes elegidos- no les permiten a estas, sin embargo, violar preceptos religiosos.4 Para las viejas locas, las autoridades representan el mal6, porque están siempre asociadas con la muerte.

¿Cómo se podría negociar con Creonte? Eso sería lo mismo que admitir y justificar los crímenes que cometen las autoridades todos los días. A veces, sospechan algunos, a cambio de ciertos privilegios, algunas animalistas hacen la vista gorda -por ejemplo, cuando aceptan bonos de esterilización a cambio de guardar silencio sobre los perros que son exterminados día a día. También hay animalistas que aceptan algunos argumentos oficiales, como que las mascotas abandonadas pueden ser un peligro para la gente. Vaya argumento. También los militares pueden ser un peligro para la gente, como lo han demostrado durante tantos años, y ningún alcalde que se dedique a matarlos con estricnina.
                   
Reacias al compromiso, la lucha de las viejas locas se disuelve necesariamente en lo particular. No queda tiempo para otra cosa. ¿Es tan reprochable? En los años setenta surgió en Estados Unidos y Europa en la antropología cultural y filosofía una tendencia que bien podríamos llamar de los humanistas concretos. Como el antropólogo Robert Jaulin, o el epistemólogo Bob Scholte, muchos denunciaban que los defensores de los derechos del Hombre -así, con mayúscula- solían cometer los crímenes más atroces. Así se justificaban los crímenes de Stalin, y los de los khmer rouge en Camboya, donde para hacer avanzar a la sociedad camboyana hacia el reino de los derechos del Hombre las autoridades exterminaron a dos millones de personas. Ese tipo de humanismo era siniestro y aberrante y muchos terminaron rechazándolo como una farsa que servía para encubrir las ansias de poder y el crimen. Jaulin y Scholte insistían en el compromiso particular, con grupos humanos específicos, con gente que conoces en persona: un compromiso con gente de carne y hueso, no con conceptos; un compromiso con los hombres, no con el Hombre.

Las viejas locas, los padrinos y madrinas tienen igualmente compromisos muy concretos con los perros abandonados que les ha tocado conocer. Y pocas ganas de participar en iniciativas -como promulgar nuevas leyes- que presienten de antemano que pueden no llevar a ninguna parte.

Sin embargo, el conflicto entre las diferentes tendencias del movimiento animalista puede encontrar algún tipo de resolución. En la pieza de Sófocles, Creonte condena a Antígona a ser enterrada viva en una caverna en la montaña. Se propone incluso alimentarla5 para que los dioses no puedan acusarlo de su muerte -un argumento muy similar al que esgrimen algunos, que ahora ya no matan a los perros con estricnina, sino con métodos o substancias que llaman indoloras, que es, ciertamente, igualmente falso, pues esta muerte indolora simplemente no existe.

Entonces Ismena, cambiando de opinión, pide a Creonte que también la condene a ella, como a Antígona. Tardíamente rechaza la autoridad de Creonte y reconoce la razón que asiste a Antígona. Muerta Antígona -se suicida en la caverna-, es ella quien deberá proseguir la lucha que llevó a la primera a la muerte.

Como dije antes, nadie en el movimiento animalista es completamente vieja loca o su opuesto. Todos son viejas locas de alguna manera, en algún grado, en algún momento. Y todos en algún momento hacemos compromisos. Pero en esa actitud radical de compromiso concreto con la protección y defensa de perros y gatos y otros animales maltratados y abandonados a su suerte por sus amos y las autoridades mismas, no se puede dejar de reconocer ese mismo tipo de solidez moral que animó a Antígona. Por todo eso, porque el compromiso concreto debe ser el norte del movimiento animalista, yo también soy vieja loca. Todos somos viejas locas.

Notas

1 Dice Ismena: "¡Ahora que nos hemos quedado solas tú y yo, piensa en la muerte aún más desgraciada que nos espera si a pesar de la ley, si con desprecio de ésta, desafiamos el poder y el edicto del tirano! Piensa además, ante todo, que somos mujeres, y que, como tales, no podemos luchar contra los hombres; y luego, que estamos sometidas a gentes más poderosas que nosotras, y por tanto nos es forzoso obedecer sus órdenes aunque fuesen aún más rigurosas" (he consultado esta versión).

2 Como las ordenanzas de Viña del Mar, de 2003, que prohíben "[...] la instalación y/o construcción en espacios de uso público de casetas, refugios o cualquier elemento que sirva de cobijo o habitación a los animales" (artículo noveno) y "[...] depositar alimento en las calles o lugares de uso público para consumo por parte de los animales callejeros" (el artículo décimo) (véase Los perros de Playa Ancha).

3 La gente entierra a sus mascotas en los patios de sus casas. Cuando no es posible, en parques y jardines públicos, a menudo debajo de árboles, con la complicidad de los jardineros municipales. Qué diferencia con el desprecio con que tratan las autoridades a las mascotas muertas, arrojándolas a vertederos como alimento de ratas y otros miembros de su propia especie.

4 Comparten pues esta actitud todas esas madres, abuelas, hermanas y tías de Chile y otros países americanos que todavía buscan a sus seres queridos desaparecidos, injustamente torturados y asesinados, y cuyos cadáveres todavía exigen a los usurpadores y tiranos para darles humana sepultura. Las alimañas que les asesinaron no conocerán nunca ni su perdón ni el de los dioses.

5 "No se deben obedecer las ordenanzas injustas o mal hechas", dice Judith Maury, del comité dedicado a la protección de los ‘hermanos menores’. Se expresa en términos similares Elizabeth Muñoz. Si la ética está reñida con la ley, hay que seguir la ética, dice, y agrega: "Además, ¿cómo le voy a decir a mi hijo que respete la vida y la naturaleza si soy indiferente frente al hambre, dolor y enfermedades de los animales?" (en Los perros de Playa Ancha, fuente citada).

6 Ordena Creonte: "Llevadla sin demora. Encerradla, como he dicho, en aquella cueva abovedada. Dejadla allí sola, abandonada; que se muera, o que permanezca viva, sepultada bajo ese techo. Nosotros quedaremos exentos de culpa, en lo que a la joven se refiere, de la mancha de su muerte; pero lo cierto es que ella habrá terminado de habitar con los que viven en la Tierra".

26 de diciembre de 2008
[cc mérici]

nazis en el cementerio


columna de mérici
Entre el 20 y el 22 de diciembre la prensa argentina informó sobre la detención de un grupo de neo-nazis que se habían reunido en el Cementerio Alemán de Chacarita, Buenos Aires, para conmemorar y honrar la memoria del capitán Hans Langsdorff, que el 19 de diciembre de 1939 quemó y hundió en el Río de La Plata el acorazado Graf Spee que comandaba, para suicidarse luego en un cuarto de hotel. Fue su modo de poner fin a la guerra. Tras entrar al cementerio, los neo-nazis, que venían por la avenida Federico Lacroize ondeando banderas argentinas, las abandonaron para reemplazarlas por banderas rojas pintadas con cruces esvásticas. "Estaban vestidos de negro", escribe Fernando Soriano en Clarín, "con camperas militares y calzaban borceguíes: el típico uniforme de los grupos neonazis. Y alteraban el silencio del cementerio con gritos que dejaban en el aire consignas antisemitas y, desde luego, discriminatorias". Efectivos de la Unidad de Investigación de Conductas Discriminatorias de la policía federal los venían espiando y siguiendo desde hace al menos cerca de dos meses, tras recibir una denuncia de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA). Tenían instrucciones de interrumpir el acto y detenerlos en el momento en que empezaran a exhibir símbolos nazis. Lo que hicieron.

Los neo-nazis detenidos -veintiséis en total, entre los cuales cuatro menores de edad- pertenecen todos a una organización llamada Skinheads Zona Norte, varios de cuyos miembros ya habían sido vistos y filmados en manifestaciones en defensa de la última dictadura argentina. En el cementerio, los agentes les encontraron manoplas y otros objetos que podían ser utilizados en actos violentos. También les incautaron pancartas con cruces esvásticas. (Página 12).

Estos detalles no dejan de ser interesantes. La policía no intervino cuando los manifestantes marchaban por la avenida Federico Lacroize, vestidos a la usanza nazi, por no considerar que en ese momento cometieran algún delito. Fue sólo en el cementerio, cuando comenzaron a ondear banderas nazis y a gritar consignas discriminatorias, que la policía juzgó necesario intervenir. La presencia de menores de edad en el grupo implicará para los mayores en la organización, en caso de ser condenados, penas de prisión más altas -cuatro años en lugar de tres años.

¿Qué delito cometieron los neo-nazis? En Argentina están prohibidas y penalizadas con bastante severidad las manifestaciones de discriminación y toda defensa o fomento de ideologías o teorías basadas en la creencia en razas superiores o en la superioridad de algunas religiones o grupos. Los autores de estos delitos pueden ser condenados hasta tres años de cárcel, y más si actuaron de concierto como miembros de una organización -lo que en este caso estará evidentemente probado- y si en esta se permitía la presencia de menores de edad. El caso se verá en tribunales este 29 de diciembre. Si las cosas marchan bien para la acusación, dentro de poco habrá veintiséis neo-nazis menos en las calles argentinas. Y eso es ciertamente una buena noticia. Entretanto, los detenidos se negaron a declarar y fueron dejados en libertad a la espera de su juicio, que podría tomar lugar en febrero del próximo año (Clarín).

De llegar a un juicio oral, sería este el primero en que se aplica la ley contra la discriminación, de modo que todo el mundo, y especialmente en el ámbito de los derechos humanos, espera con ansiedad el desarrollo de este proceso.

La ley contra la discriminación es conocida como la Ley 23.592 y fue promulgada el 23 de agosto de 1988. Obviamente, llama la atención que hasta la fecha ninguna fiscalía la haya implementado ni utilizado para acusar y procesar a elementos neo-nazis o de extrema derecha.

El artículo 1º de esta ley sanciona "A quien arbitrariamente impida, obstruya, restrinja o de algún modo menoscabe el pleno ejercicio sobre bases igualitarias de los derechos y garantías fundamentales reconocidos en la Constitución Nacional, será obligado, a pedido del damnificado, a dejar sin efecto el acto discriminatorio o cesar en su realización y a reparar el daño moral y material ocasionados.
"A los efectos del presente artículo se considerarán particularmente los actos u omisiones discriminatorios determinados por motivos tales como raza, religión, nacionalidad, ideología, opinión política o gremial, sexo, posición económica, condición social o caracteres físicos".

El artículo 2º eleva "[...] en un tercio el mínimo y en un medio el máximo de la escala penal de todo delito reprimido por el Código Penal o Leyes complementarias cuando sea cometido por persecución u odio a una raza, religión o nacionalidad, o con el objeto de destruir en todo o en parte a un grupo nacional, étnico, racial o religioso".

El artículo 3º sanciona con un mes a tres años de prisión a "[...] los que participaren en una organización o realizaren propaganda basados en ideas o teorías de superioridad de una raza o de un grupo de personas de determinada religión, origen étnico o color, que tengan por objeto la justificación o promoción de la discriminación racial o religiosa en cualquier forma.
"En igual pena incurrirán quienes por cualquier medio alentaren o iniciaren a la persecución o el odio contra una persona o grupos de personas a causa de su raza, religión, nacionalidad o ideas políticas".

Los artículos 4º y 5º son igualmente muy interesantes. El primer mencionado obliga a exhibir en lugares públicos como restaurantes o locales bailables el artículo 16 de la Constitución, que declara que Argentina "[...] no admite prerrogativas de sangre, ni de nacimiento: no hay en ella fueros personales ni títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad".

La ley establece incluso las dimensiones del texto a exhibir "[...] locales bailables, de recreación, salas de espectáculos, bares, restaurantes u otros de acceso público", fijándolo en treinta centímetros de ancho por cuarenta de alto, en sentido vertical. Debe llevar este texto un recuadro con la leyenda: "Frente a cualquier acto discriminatorio, usted puede recurrir a la autoridad policial y/o juzgado civil de turno, quienes tienen la obligación de tomar su denuncia". Los propietarios, organizadores o responsables que no cumplan con estas disposiciones arriesgan una multa de quinientos a mil pesos argentinos (entre 1.700 y 3.400 dólares; de 1 millón 71 mil a 2 millones 142 mil pesos chilenos).

Es bueno conocer en detalle esta ley. En Chile no tenemos nada parecido. Aquí no sólo es imposible procesar a alguien por lo que en Argentina y otras democracias occidentales se considera delitos de odio, sino que, además, conocidos ideólogos de extrema derecha defienden abiertamente y fomentan este tipo de ideologías en diarios, canales de televisión, radios y páginas web. Hay personajes que ocupan esos espacios públicos para propagar y defender ideologías aberrantes en defensa y justificación, por ejemplo, de los crímenes de la dictadura del general Pinochet, que, de existir en nuestro país el artículo 3º de esta ley, terminaría con sus defensores en la cárcel, y por un buen tiempo. Chile se vería así momentáneamente libre de esos personajes bizarros, enfermizos y tenebrosos que gozan, sin embargo, de la protección de importantes diarios nacionales (como El Mercurio) y canales de televisión (como Chilevisión y Megavisión) y del propio gobierno (que, a través de su avisaje, mantiene en pie a, por ejemplo, El Mercurio, el portavoz de la extrema derecha chilena). Al otro lado de la cordillera, el señor Piñera, candidato a la presidencia este próximo año, podría estar simplemente preso por imponer en su canal una política periodística que admite la presencia de analistas e ideólogos extremistas, cercanos a los neo-nazis y al pinochetismo.

El artículo 3º sanciona a quienes alientan a la persecución y al odio contra grupos de personas, entre otras cosas, en razón de sus ideas políticas, que es exactamente lo caracterizó a la dictadura de Pinochet. La defensa o justificación de su régimen, vale decir, la defensa o justificación de sus crímenes, incurre por lo mismo en el delito sancionado por esta ley.

La explicación de por qué no tenemos nada que se parezca a la ley argentina, un instrumento tan necesario y urgente en defensa de la democracia, se habrá de buscar ciertamente en las características de la transición chilena y especialmente en el pacto entre la coalición política llamada de la Concertación y la dictadura militar, que deja en gran parte impunes a los militares y civiles culpables de los horrendos crímenes del régimen y, casi igualmente grave, dejó prácticamente intacta la Constitución del senador no elegido Jaime Guzmán, asesinado precisamente por ser el autor de la infame Constitución chilena, que instala y perpetua un régimen político que tiene tan poco de democracia que muchos lo han comparado con regímenes comunistas.

El llamado sistema binominal permite que la mitad de los legisladores chilenos no sean elegidos directamente, sino por omisión, independientemente de los votos emitidos por la ciudadanía. Es decir, en nuestras legislaturas tendremos siempre un cincuenta por ciento de políticos de derecha y extrema derecha, lo quiera o no la población. En este contexto, nunca se aprobarán leyes contra el odio ni contra la discriminación, que son armas ideológicas que la derecha considera legítimas; nunca se sancionará cabalmente a los autores de los crímenes de la dictadura; ni veremos nunca que se aprueben los tratados internacionales que buscan prevenir la comisión de crímenes de lesa humanidad. De hecho, no creo que se apruebe nunca ninguna ley que valga la pena, debido a que se habrá de negociar siempre con políticos de derecha impuestos por el sistema, elegidos por nadie.

Peor es que el régimen dictatorial y la posterior prolongación de este en democracia -que en Chile todavía no hemos recuperado, siendo el sistema actual una necia farsa- logró imponer en amplios sectores de la población la idea aberrante de que también los criminales tienen derecho a difundir y defender sus ideas. O, peor, que los crímenes de la dictadura se justifican de algún modo. Es lamentable el espectáculo que vemos casi a diario en televisión, donde personajes siniestros defienden abiertamente a personajes como Franco o Pinochet. Se comportan muchos chilenos como ese incauto al que el macabro personaje encarnado por Anthony Hopkins le cercena la parte de arriba del cerebro, sin causarle dolor, para luego freír una parte de sus sesos y dárselos a comer. La víctima encuentra sabrosos sus propios sesos, del mismo modo que los obnubilados ciudadanos de este país alaban las virtudes de una democracia inexistente

Un detalle divertido del incidente en el cementerio alemán es que el Kapitän sur Zee del acorazado alemán Graf Spee, Hans Langsdorff, tan idolatrado y honrado por los extremistas, no era nazi. En diciembre de 1939 los ingleses atacaron y averiaron su buque, que escapó hacia Montevideo. Los uruguayos le dieron tres días para marcharse o entregarse como prisioneros. Langsdorff enterró a sus muertos en el cementerio alemán, llevó al Graf Spee al centro del río de La Plata, le voló la cala (la parte más baja en el interior de un buque) y se marchó con su tripulación a Buenos Aires. El 19 de diciembre, dejando a su tripulación a salvo de la guerra, se pegó un tiro en la sien en su cuarto de hotel. Para él, la guerra había terminado. En la ceremonia del "[...] entierro de los marineros en Montevideo, Langsdorff es el único que no hace el saludo nazi. De blanco, despide a sus hombres haciendo la venia" (en Página 12). La parafernalia nazi y los gritos brutos de esas gentes de cabeza rapada ese 19 de diciembre pasado en Chacarita seguramente no le han gustado para nada.

24 de diciembre de 2008
[cc mérici]

[El cementerio alemán de Chacarita. Foto de pianococtail].

las iglesias y los derechos animales


columna de mérici
[Dedicado a Pepa García] El año pasado para estas fechas se reunieron en Estados Unidos clérigos de unos veinte credos religiosos diferentes, entre otros hindúes, judíos, musulmanes, pentecostales y católicos, para definir una reflexión común sobre los derechos animales. La reunión terminó con un llamado a los fieles de esas iglesias y otras personas, entre otras cosas, a no comprar mascotas y preferir la adopción para evitar la sobrepoblación y el abandono, a luchar en sus respectivas comunidades contra la crueldad animal, a no usar pieles animales en el vestuario y otros objetos, a reducir el consumo de carnes y a consumirla sólo si proviene de granjas donde se practique el tratamiento humanitario de los animales, a oponerse a los experimentos con animales y a los espectáculos, y a no consumir ni comprar especies en peligro de extinción (véase la proclamación en la página web de Best Friends Animal Society).
Pese a la diversidad de credos y dioses, clérigos y filósofos llegaron a la convicción compartida de que en su historia los hombres han abandonado el deber religioso de respetar, proteger y salvaguardar a las otras especies. "Como administradores de la creación divina", dicen en la proclamación, "aceptamos y acogemos como nuestro deber, responsabilidad y obligación moral tanto a proteger la vida animal y a asegurarnos de que esta vida refleje el respeto y dignidad de que deben disfrutar como parte de la creación divina" (misma fuente; véase Pepa García).

En la reunión las iglesias representadas se comprometieron cada una a participar en una campaña para fomentar entre sus fieles el respeto a los derechos animales. Entre los católicos, eso incluyó la lectura de sermones dominicales sobre el tema, llamando a los fieles a adoptar al menos esos cinco puntos. Algunas congregaciones son necesariamente más activas que otras. Entre católicos, ya era conocida la posición del actual Papa Benedicto XVI, entonces el cardenal José Ratzinger, cuando protestó contra la alimentación forzada de gansos para producir paté y contra el maltrato animal implicado en el confinamiento de los animales de granja en espacios o jaulas demasiado pequeñas. Anteriormente, el Papa Juan Pablo II ya había reconocido que los animales poseen alma y llamado a mostrar solidaridad con nuestros hermanos menores. En realidad, según el filósofo católico Bruce Friedrich, mantener a los animales que son criados como mercadería "en jaulas aprtetujadas, sin luz solar, sucios, sin hierba y a menudo sin compañía es una negación de la voluntad de Dios" (en Los Angeles Times; hay una traducción al español en mQh). Qué duda cabe. Según Friedich, pese a que la Biblia contiene episodios de sacrificio animal, "Dios estableció para el hombre, en la historia de la creación en el Libro del Génesis, una dieta vegetariana. Sólo después del pecado, caída y expulsión del Edén empieza la Biblia a hablar del hombre como consumidor de carne animal" (en el artículo de Stephanie Simon en la edición mencionada de Los Angeles Times).

La reunión misma ha sido un logro extraordinario. Particularmente importante ha sido la adopción de estas nuevas perspectivas filosóficas por parte de algunas iglesias protestantes, tradicionalmente conservadoras y reacias a abandonar la creencia en la preeminencia humana en el plan divino. La derecha, especialmente la religiosa, ha sido tradicionalmente enemiga de la causa animalista, a la que consideraba un atentado contra la centralidad del ser humano y una ocupación más bien liberal y laica. Para algunos, según escribe Stephanie Simon, "la mera mención de ‘derechos animales’ subvierte los planes divinos en cuanto al dominio humano sobre el resto de la creación" -una creación interpretada según muchos como un espantoso campo de concentración y exterminio de los que San Francisco de Asís llamó nuestros hermanos menores. Otros sectores del conservadurismo temen que el respeto de los derechos animales se convierta en un obstáculo para el desarrollo económico y una limitación para la libre empresa. Y los hay muchos que creemos que la reducción de animales y hombres a condición de mercadería, y el dinero y la explotación aparejada con la libre empresa misma, son expresiones de la presencia del mal entre los hombres.

Es evidente que hay numerosos paralelos entre la lucha por los derechos humanos y la lucha contra la crueldad animal. En realidad, ahora de lo que se trata es de extender al menos a los otros mamíferos algunos de los privilegios que conocemos como típicamente humanos, como el derecho a no ser sometidos a tratos crueles o violentos. En Chile, en muchas comunas desaparecen perros abandonados, secuestrados y retirados de las calles por las autoridades para ser exterminados y arrojados a vertederos. Lo que hacían antes los militares con los civiles.

En realidad, en este renacimiento de la causa animalista hay también una enorme dosis de romanticismo, entendido como un retorno a las ideologías y concepciones filosóficas preindustriales. No existía la industria biológica en las edades medias europeas, aunque ciertamente prácticas similares eran posibles. Pero al menos el mundo católico vivía en conformidad con un pacto sellado entre dioses y hombres, que incluía a los animales. Todavía podemos aprender mucho de esas épocas. No se consumía carne todos los días. De hecho, dejando a las clases aristocráticas de lado, la gente comía carne rara vez. Además, en días señalados se prescribía el consumo de pescado, prohibiéndose el consumo de otras carnes, o se practicaba derechamente el ayuno, considerado como una práctica de penitencia, redención y respeto por los demás ‘hijos de Dios’.

Meter a un animal de granja a una jaula diminuta en la que no podría ni siquiera moverse habría sido prácticamente inconcebible -aunque había jaulas y solía confinarse en ellas incluso a hombres. Pero lo esencial de la filosofía popular de la época establecía que el privilegio humano de consumir a otras especies se basaba en una teoría general de intercambio recíproco en la que los animales podían ser sacrificados para el consumo sólo después de haber recibido una vida relativamente decorosa, sin malos tratos ni confinamientos innaturales y en el relativo bienestar de las granjas de entonces, que hoy llamaríamos humanitarias, moviéndose a su placer y viviendo en lo posible sus vidas, según sus historias y costumbres. Los hombres debían entonces aprovechar todo el animal sacrificado para no provocar la ira de los dioses por el evidente despilfarro -que es un arrogante insulto a la creación.

Entonces también tenían los animales alma, y eso les daba un derecho legítimo a vivir en esta vida y en la otra. No se podía disponer de ellos a voluntad, y estrictos regímenes jurídicos dirimían los casos de conflicto entre hombres y animales. Y muchos de los dioses de entonces -incluyendo a santos y vírgenes- velaban porque los hombres respetasen el pacto sellado. Con la era industrial, las nuevas clases y sus doctrinas llegaron incluso a negar que los animales, así como humanos de otras razas, tuviesen alma, fuesen capaces de sentir dolor o siquiera poseyeran sentimientos piadosos. Los avances en la etología moderna ha desmentido todas estas insensateces.

Pese a que en Occidente el consumo de carne ha estado siempre acompañado de un terrible sentimiento de culpa, es en las épocas industriales en las que su consumo se exacerba y alcanza niveles de desenfreno todavía incomprensibles. Hoy no se observa ni la reciprocidad que exigían las creencias y prácticas religiosas de esas épocas, ni los tiempos estipulados para su consumo, ni en realidad nada. El dinero se ha convertido en la única y bruta condición del consumo de carnes. Y ese consumo desenfrenado permite todo tipo de excesos, como la alimentación forzada de los gansos y prácticas todavía más horrendas, como la ya desaparecida costumbre inglesa de soltar a los perros contra el ganado que iba a ser sacrificado en la creencia de que el terror y el dolor provocado por los mordiscos y desgarros mejoraban el sabor de la carne. Ya se ve que el infierno no estaba ni está muy lejos.

Ahora la tarea es convertir estas reflexiones y principios generales en prácticas posibles. Algunas organizaciones animalistas, conscientes de que el respeto pleno de los derechos animales implicará una revolución de las costumbres que se ve venir, pero que está todavía lejos, han optado por llamar a sus afiliados a actuar y movilizarse a nivel local, para eludir la práctica imposibilidad de aprobar leyes nacionales. En Estados Unidos, la Sociedad Protectora de Animales ha presentado proyectos en diferentes condados y estados para prohibir mediante ordenanzas las prácticas consideradas más crueles para los animales, como su confinamiento en jaulas demasiado pequeñas, sin luz ni hierba, como señala Friedich.

Los grupos episcopales han comenzado a actuar decididamente contra las fábricas o criaderos de perros y las granjas industriales. La iglesia metodista unida rechaza igualmente estas granjas y se opone decididamente a prácticas como las peleas de gallos. Y otros grupos inician proyectos más limitados, pero igualmente importantes, como eliminar paulatinamente productos de origen animal en sus reuniones y prácticas religiosas (por ejemplo, no consumir ni repartir sopa de vacuno). Los anglicanos han dejado oír la poderosa voz de su obispo Richard Llewellin, quien se opone a la ganadería intensiva, a los experimentos con animales, a la industria peletera, al maltrato de los animales domésticos y a la muerte de animales en espectáculos. "Los problemas con los animales", dice, "son problemas teológicos y deben estar en la agenda de la iglesia" (en el sitio de la Sociedad Anglicana para el Bienestar de los Animales). También los cristianos han empezado a enfatizar otros aspectos de la doctrina cristiana, como el tabú que pesa sobre el derramamiento de sangre y el consumo de carne.

Ciertamente la nueva evangelización no está libre de otro tipo de conflictos. Hace unos días, cuando alimentábamos a unos perros abandonados en una plaza cercana a casa, un hombre me reprochó preferir a los animales a los hombres, entre los que había muchos, me dijo, que sufrían hambre y otras necesidades y vivían igualmente abandonados. Pero no me parece que preocuparse de los perros abandonados implique dejar de lado la misma preocupación por la gente abandonada. De hecho, gente y perros de la calle suelen vivir juntos, se protegen mutuamente y comparten todas sus penurias. Es sabido que entre vagabundos y otras personas destituidas suelen encontrarse grandes ejemplos de piedad y reciprocidad. Los animalistas también deben aprender de las profundas enseñanzas que nos dejan los más abandonados de la Tierra.

Muchas de las conclusiones a que llegaron esos grupos en esa reunión del año pasado pueden servir de ejemplo y guía para los animalistas chilenos. Yo también comparto la creencia de que necesitamos un cambio cultural para fomentar el respeto de los derechos animales, y que avanzaríamos a pasos agigantados si las iglesias hiciesen suyos algunos principios de la protección animal. Ese es un primer paso. También avanzaríamos más rápidamente si logramos que los partidos políticos incluyan el respeto a los derechos animales en sus declaraciones de principios. Y, también, es muy cuerda la opción de algunas sociedades protectoras de movilizarse a nivel local, a nivel de ordenanzas, círculos religiosos y organizaciones sociales para difundir la causa animalista.

Sería, por eso, formidable que las organizaciones religiosas chilenas, sin exclusión alguna, se reuniesen para tratar el de los derechos animales y decidiesen adoptar y fomentar algunos de sus principios más importantes. Entretanto, invito a todos a leer la proclamación, y a firmarla aquí; el objetivo es llegar al millón de firmas. En otras páginas de la Best Friens Animal Society, se encuentran valiosos ensayos y reflexiones sobre la relación entre las religiones y la causa animalista.

21 de diciembre de 2008
[cc mérici]

qué hacen los gatos en la pescadería


columna de mérici
El escándalo que estalló en Viña del Mar la última semana de noviembre por el hallazgo de diez cadáveres de perros en el contenedor que se encuentra en el patio del canil clínico de la municipalidad, no ha sido zanjado, como se afirmara erróneamente en un telediario reciente del canal católico local. Pero en realidad nadie sabe qué ocurrirá ahora. Lo que sí sabemos que no habrá ninguna investigación, ni de parte de las autoridades viñamarinas ni de parte de nadie. Además, en lo que parece una postura aberrante, algunos parecen dudar del hallazgo mismo.

En su blog, en respuesta a una pregunta de Pepa García, el 1 de diciembre de 2008 la alcaldesa recién reelegida, Virginia Reginato Bozzo, defendía la inocencia de su gobierno diciendo que "durante mi administración nada se ha hecho transgrediendo la ley y mucho menos en materia medioambiental. Antes de dar una opinión es importante informarse bien y, tal como usted señala, su comentario es de acuerdo a lo que le informan desde el movimiento animalista, que no siempre tienen todos los antecedentes de cada caso.
"Efectivamente habían algunos perros muertos, pero estos fueron sacrificados por motivos extremos, luego que sus propietarios los llevaran para una revisión en este Departamento, ya que presentaban diferentes anomalías y era imposible mantenerlos con vida, al menos no con una vida digna. Y usted puede solicitar la ficha de dichas intervenciones.
"En Viña del Mar, nuestra principal preocupación ha sido la esterilización de los perros, que está inserto en el Programa de Control Canino y donde anualmente se esterilizan más de mil ejemplares con recursos propios, porque sé que es la mejor manera de evitar la proliferación de perros en las calles" (en el blog de la alcaldesa).

Pero según las informaciones que recopilaron Aída Rerequeo y otras animalistas que encontraron los cadáveres, lo que defiende la alcaldesa no se ajusta a la verdad. Para comenzar, según sabemos todos, las activistas fueron llamadas por funcionarios -que no se pueden identificar por temor a represalias- abatidos por el aumento en la cantidad de perros sacrificados que vienen observando en las últimas semanas, como parte de lo que parece ser una política de exterminio para despejar las calles de perros abandonados antes de que empiece la temporada de verano. Estos funcionarios han explicado que las matanzas son diarias y que, contrariamente a lo que dice la alcaldesa, en el canil la señora Claudia Bilbao y otras empleadas municipales matan a perros y cachorros sanos que son retirados de las calles diariamente por los funcionarios de la instalación. Según esos funcionarios las matanzas se practican durante todo el año, pero se exacerban para estas fechas en relación con la peculiar idea de limpieza que manejan en la municipalidad, que parece implicar calles sin perros, sean estos abandonados o no. Los funcionarios han constatado un promedio de diez perros por día.

Estas prácticas de eutanasia ilegal vienen siendo denunciadas desde hace varios años y hay numerosos testigos y vecinos que las han constatado, tras perder a sus propias mascotas y mascotas bajo su tutoría a manos de los funcionarios de la clínica municipal.

Este estado de cosas fue también denunciado a la alcaldesa por un lector, según me consta, en una carta del 3 de diciembre, que no fue publicada. Dice así: "[...] Estimada alcaldesa, en relación con el escándalo del canil creo que a usted sus subordinados le mienten [...]. Creo que sería muy bueno para todos que usted pida una investigación independiente de lo que está pasando allá en el canil [...]. Hoy por hoy, todos sabemos que en el canil matan a perros callejeros y sanos. No es posible que sea justamente usted la única que no lo sabe o no quiere saber [...]. Al día siguiente de la manifestación, sus subalternos mataron a 15 perros más. En su canil se mata hoy en día a más perros que en todo Santiago, que es varias decenas de veces más grande que Viña. Usted no puede creer que eso sea posible. Creo sinceramente que usted debe escuchar más a la ciudadanía, y menos a funcionarios que tienen interés creado en conservar sus cargos".

El lector sugiere que el único modo de resolver este asunto, i.e. descubrir la verdad sobre lo que está pasando en el canil, es dejándolo en manos de tribunales, lo que supondría, para iniciar una pesquisa judicial, interponer una querella criminal por maltrato animal. Una investigación independiente es indispensable, dice, toda vez que "[...] única persona a la que sus subalternos están obligados a decir la verdad no es usted sino un juez".

La alcaldesa no puede ignorar, obviamente, que la señora Claudia Bilbao, de la que se cree que es responsable directa de la política de exterminio, viene siendo cuestionada hace años por vecinos de la ciudad, entre quienes se quedó grabada en el alma la imagen de la mujer que en 2003 persiguió, atrapó y mató a perros abandonados en un vertedero para arrancarles el corazón y otros órganos para hacer experimentos (el documento ha sido reproducido en teleperra). Toda una doctora Frankenstein.

¿Cree la alcaldesa que sabiendo lo que sabemos sobre la señora Bilbao los vecinos le preguntaremos a ella que explique las muertes en su canil? Es justamente a ella a la que se acusa de matar a esos perros, y no se espera que vaya a dar respuestas verosímiles. Es justamente por esta falta absoluta de confianza y credibilidad de los funcionarios de la clínica municipal que se denunciaron esos hechos y se está pidiendo una investigación independiente, judicial o de otro tipo posible de acordar. Algunos han dicho que antes de lanzar acusaciones los denunciantes deben investigar los hechos. Pero las cosas no siguen ese orden. Lo que muchos piden ahora es justamente que se investigue y que esta investigación la realice una instancia, oficial o no, independiente, para poner orden en el canil. ¿Cómo nos vamos informar bien preguntándole a la persona que sospechamos de cometer un crimen? ¿Qué valor podrían tener las declaraciones de esos funcionarios? ¿Qué utilidad tendría revisar las fichas de la señora Bilbao? ¿Qué sacamos con preguntarle al gato dónde están los pescados de la pescadería que tenía que cuidar? Tampoco le creería la alcaldesa. De aquí viene la urgente necesidad de que alguna instancia independiente corrobore y fiscalice las actividades del canil clínico.

Aberrantemente, algunas personas han puesto en duda la validez de las fotografías de Aída Rerequeo, pese a que esas fotos demuestran que en la clínica en realidad se están matando perros, lo que es ciertamente ilegal, se trate de perros ‘entregados’ por sus dueños -lo que no tiene ninguna validez jurídica- o de perros secuestrados en las calles. Las labores de investigación no las puede iniciar un particular. ¿Permitiría la alcaldesa que los eventuales ciudadanos investigadores entren libremente a la clínica, a cualquier hora del día y sin aviso previo, para verificar la legalidad de lo que ocurre con los perros? ¿Permitiría que los ciudadanos investigadores entrevistasen a todos los funcionarios que estimen pertinente, bajo juramento de decir la verdad, y que comprobasen la verosimilitud de sus dichos? La respuesta es probablemente negativa, y si es negativa, una investigación independiente a realizar por los ciudadanos simplemente no es posible, por falta de medios y formación. En realidad, la sociedad cuenta con instituciones que se encargan de esto.

La llamada ‘entrega voluntaria’ no tiene ningún anclaje jurídico de ningún tipo, y además es un concepto viciado en su origen. Como no existe en la mayoría de las comunas la obligación de inscribir a las mascotas como pertenecientes a la familia o al inmueble de la familia, no existe ningún documento que certifique la propiedad de ellas. Cualquiera puede llegar a la clínica con un perro y decir que es suyo, pidiendo su muerte. Cualquiera puede pedir la eutanasia de un perro callejero diciendo que es su dueño. Y esto precisamente es lo que también ha ocurrido y ha sido denunciado por vecinos concernidos.

También existen otros testimonios sobre el nivel de formación y profesionalismo del personal. A personas que han acudido a la clínica a pedir ayuda para mascotas propias o ajenas en casos de atropellos o enfermedades, las profesionales de la clínica municipal les han ofrecido matarlas gratuitamente. Han ofrecido el mismo consejo médico para mascotas que ni siquiera han visto, recomendando por teléfono su muerte. (Conozco los casos de Robin o Caballo, que vivía en Caleta Abarca, y Lanudo Muñoz, de Forestal Alto. Al primero lo fueron a recoger con la intención de eliminarlo; el segundo fue recogido en la calle por una vecina, la que llamó a la clínica municipal pidiendo ayuda y le ofrecieron matarlo como única solución. Lo llevó a una consulta privada, donde el veterinario estimó absurda esa recomendación. Hoy Lanudo Muñoz vive feliz con su nueva familia, y se recupera rápidamente).

Las dudas sobre el nivel de formación académica se acentúan si nos paramos a pensar en la práctica de arrojar los cadáveres de los perros sacrificados a un contenedor. Este contenedor es trasladado a un vertedero de la ciudad, lugar también frecuentado por perros abandonados que probablemente podrían comer de esos cadáveres contaminados o envenenados, empeorando la situación médica de los perros del vertedero y creando en potencia también un problema de salud pública.

En una nota de El Mercurio de Valparaíso de ayer 8 de diciembre de 2008, la alcaldesa Reginato afirma que el programa municipal de control canino "[...] no contempla la eliminación como la forma de disminuir la población de perros, sino más bien su esterilización, y por sobre todas las cosas, pretende crear conciencia en los vecinos sobre lo importante que es la tenencia responsable de los animales". Ya lo había dicho uno de sus funcionarios -el señor Moya-, pero padrinos concernidos vienen constatando persistentes desapariciones de perros (véase mQh).

Pero pese a lo que afirma la alcaldesa, y sin ánimo alguno de quitar méritos al programa oficial de control canino de la municipalidad, las repetidas denuncias de vecinos y padrinos sobre la desaparición de mascotas, que se vienen prolongado por varios años, siembran en el corazón de la opinión pública tenebrosas sospechas, que el hallazgo de cadáveres en el contenedor del canil, y la denuncia de la posterior ejecución de quince perros al día siguiente de la manifestación, no parecen más que confirmar.

En lugar de creer a ciegas en lo que parecen ser falsedades de sus funcionarios, debería prestar más oído a lo que dice la opinión pública, y esta se manifestó frente al edificio municipal ese día de noviembre cuando exigió que el llamado canil de la municipalidad sea investigado por instancias independientes.

Sin esta investigación, mientras no cambien los programas encubiertos en la clínica municipal, y/o se permita una intervención y fiscalización ciudadana más activa, la ciudadanía seguirá creyendo que en la ciudad de la alcaldesa se aplican aberrantes e injustificadas políticas de exterminio. Y digo todo, como dije, sin quitar mérito a los planes de esterilización y campañas de tenencia responsable que dice la alcaldesa que serán implementados. Ojalá, pues tiene la alcaldesa razón en que la esterilización es "[...] la mejor manera de evitar la proliferación de perros en las calles".

A mí no me molestan los perros en la calle, al contrario, pero entiendo lo que quiere decir. Lo que a mí y a otros muchos preocupa no es si en las calles viven perros, sino cómo podemos proteger contra el hambre, el frío, las enfermedades y la mera desolación a perros en situación de calle. Los perros abandonados no son el problema, sino quienes les abandonan. Pero sacar a los perros de la calle y exterminarlos ciertamente no es la solución que se merecen ni los perros ni Viña del Mar, ni nadie en este planeta.

[cc mérici]