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historia

las estatuas y el pacto de silencio


[Michael Kimmelman] El mes pasado España aprobó una ley que, a primera vista, no tiene mucho sentido, pero dice un montón sobre la Europa del nuevo siglo.
Madrid, España. El Parlamento, cumpliendo una promesa de campaña de 2004 del primer ministro José Luis Rodríguez Zapatero, ordenó que las familias que quieran exhumar los cuerpos de familiares asesinados durante la Guerra Civil Española de fines de los años treinta o que sufrieron las consecuencias políticas del régimen de cuarenta años del general Francisco Franco, cuenten con toda la colaboración del estado y, al mismo tiempo, que todas las provincias del país retiren los monumentos públicos restantes instalados en homenaje a Franco.
Desenterrar el pasado, y borrarlo. Sin tomar en cuenta que, con el paso de los años, la mayoría de estos monumentos ya han sido retirados, haciendo la ley irrelevante y simbólica. Incluso así, en los debates sobre ella aquí nadie ha hablado demasiado sobre esta contradicción.
¿Es una contradicción? "Una nueva generación ha empezado a mirar el pasado", me dijo una mañana hace poco Santos Juliá, importante historiador de los años después de Franco. "Son los nietos de la guerra civil. Mi generación quería discutir lo que había ocurrido sin tener sentimientos de culpabilidad. Los nietos miran esos mismos años de reconciliación como una concesión, y como la hora de determinar culpas".
Los sobrevivientes construyen monumentos para recordar a los muertos, y derriban las estatuas de los tiranos que los oprimieron, pero es en general en vano. Estatuas y monumentos recordatorios inscriben la historia, rescribiéndola cada generación de acuerdo a su conveniencia. En Budapest, las estatuas de los líderes comunistas han sido reubicadas en un parque en las afueras de la ciudad donde se han convertido en lápidas virtuales de un tipo de cementerio hortera. Rusia, en su carrera hacia la prosperidad, sigue siendo conspicuamente reticente a reparar el pasado, pero también retiró muchos de los símbolos del gobierno soviético.
Y, por supuesto, nadie ha sometido más a escrutinio los símbolos y espacios públicos que los alemanes, para los que casi cada adoquín y señal de tráfico ha provocado un fresco monumento. La sala de conferencia del ministerio de relaciones exteriores de Alemania en Berlín es un ejemplo del extremo al que llegan los alemanes en privado. Originalmente la oficina del presidente del banco estatal nazi, luego recuperado por Erich Honecker, el presidente de Alemania del Este, que se reunía ahí con su Politburó, la habitación quedó prácticamente intacta después de la caída del Muro cuando se mudó a sus instalaciones el ministerio de relaciones exteriores, de modo que donde habían colgado alguna vez, detrás del sillón de Honecker, los retratos de Marx y Engels, se advertían los desvanecidos rectángulos como letreros admonitorios.
Sin embargo, España es diferente porque sufrió una guerra civil. Con su tradicional temor de los profundos y siniestros demonios en su alma, los españoles, después de la muerte de Franco y durante la transición hacia la democracia entraron en lo que se ha llamado durante largo tiempo un pacto de silencio, que la nueva ley claramente pretende deshacer. Como lo dijo el historiador Hugh Trevor-Roper hace cuarenta años, sobre otro régimen: "Un simple déspota puede prolongar ideas obsoletas más allá de su vida natural, pero el cambio de generaciones debe finalmente desplazarlas". Se podría decir que en el caso de España el cambio reciente llegó una generación más tarde.

Hace poco hice los 45 minutos de viaje para volver a visitar la Santa Cruz del Valle de los Caídos, el más megalomaníaco monumento de Franco. La autopista cruza campos con toros, de esos criados para lidiar, pastando en verdes praderas, y luego entra abruptamente en la nieve y la sombra. Durante los años cincuenta, miles de prisioneros excavaron cientos de metros en una ladera de la montaña de sólido granito para construir una de las basílicas más grandes y lúgubres del planeta y un memorial de la Guerra Civil, debajo de una cruz de casi cincuenta plantas de alto.
El sitio expresaba el deseo de Franco de una expiación nacional. Su gobierno, como escribió una vez Raymond Carr, un historiador del período de Franco, no fue realmente una victoria de la Falange, la versión española del fascismo, "sino de la España católica y conservadora sobre la España liberal de la Segunda República". Y Franco, en su cruzada para salvar a la civilización cristiana, tratando de imitar a monarcas como Felipe II, quiso repetir la monástica austeridad de Felipe cerca del Escorial.
La arquitectura sugiere más cosas a Albert Speer. Los restos de los republicanos asesinados fueron desenterrados de las fosas comunes y trasladados al valle para ser mezclados con los de los nacionalistas muertos, de modo que el lugar fuera para todas las víctimas de la guerra civil. Incluso hoy la mayoría de los españoles no saben que hay republicanos sepultados ahí junto con Franco y el fundador del Partido de la Falange, el que fuera alguna vez rival de Franco, José Antonio Primo de Rivera.
El sitio culmina en el gran altar con las tumbas de esos dos individuos, con un ramo de flores frescas sobre sus lápidas. Se dice que cuatrocientas mil personas visitan el lugar cada año, aunque esa tarde no había casi nadie. Una joven familia española recorría afligida el lugar desafiando el frío y el silencio, mirando las ceñudas estatuas de soldados y santos. En la hortera plaza del lugar, la vista de Madrid y la gigante cruz desaparecían detrás de oscuras nubes.
"La idea de que los españoles no han sido capaces de hablar sobre el pasado es una tontería", dice Charles Powell, historiador, mencionando los numerosos libros, películas y programas de televisión sobre la guerra civil. Pero las declaraciones públicas son una cosa, agregó. En muchos pueblos donde los vecinos se traicionaron unos a otros, e incluso entre maridos y mujeres no se habla fácilmente sobre la guerra, una política habitual es no preguntar y no decir nada.
Mucho antes de la aprobación de la ley, casi todos los monumentos en homenaje a Franco fueron retirados durante gobiernos socialistas y conservadores. Pero se hizo discretamente, sin ventilar el asunto en público, como si la democracia fuera demasiado frágil como para soportar la conversación, dicen algunos, aunque probablemente porque los españoles que sobrevivieron los años de Franco habían simplemente llegado a la conclusión de que era mejor así y querían seguir adelante. Sin embargo, dejó una brecha.
Incluso hoy hay que leer detenidamente la traducción inglesa de una reluciente guía al Valle de los Caídos para encontrar un comentario al pasar sobre los prisioneros que lo construyeron. En Madrid una avenida lleva todavía el nombre del Caudillo, Franco, y otra que lleva el nombre de la división de soldados que Franco envió para ayudar a los nazis. En Santander, aunque será remplazada pronto por un aparcamiento por decisión del conservador ayuntamiento local, hay una estatua de Franco a caballo que evoca las estatuas de Jefferson Davis y Stonewall Jackson en las ciudades del Sur norteamericano, donde ahora alcaldes y jefes de policía son a menudo negros.
Beatriz Rodríguez-Salmones, 63, que lleva los asuntos culturales del conservador Partido Popular en el Parlamento, se exaspera con la nueva ley. Exhumar las tumbas es un derecho de cualquier familia, dice, aunque señaló que los familiares del poeta Federico García Lorca no quieren tocar la sepultura donde se arrojó su cuerpo junto con los de toreros y banderilleros porque podría atentar contra la naturaleza de su muerte. ¿Que pasará entonces -se preguntó- cuando los descendientes de banderilleros quieran excavar la sepultura?
"Pero los monumentos no tienen nada que ver con las tumbas", continuó. "Probablemente el noventa por ciento de los monumentos de Franco ya no existen. Hemos tenido amnistías. Hemos reconocido los derechos de los exiliados. Hemos compensado a los profesores que perdieron sus trabajos. Hemos cambiado los nombres de las calles, la bandera, siempre tratando de no herirnos unos a otros". Dijo que Rodríguez Zapatero está convirtiendo el asunto de los monumentos en un problema para apaciguar a sus aliados en el Parlamento: "Los separatistas, los republicanos, los extremistas". Necesita sus votos, agregó, "y los votos de las regiones vasca y catalana -de aquellos que están buscando el enfrentamiento".
Tiene algo de razón. Ahora aguada desde cuando se la llamaba ley de la "memoria histórica", como si se pudiera legislar sobre algo así, la ley excluye los objetos de significación religiosa o artística (la definición de arte es notoriamente poco clara). Ni siquiera en el Valle de los Caídos ocurrirá nada parecido -sólo se han prohibido las manifestaciones políticas en el lugar, una disposición que tiene la intención de impedir los tributos anuales el 20 de noviembre, la fecha aniversario tanto de la muerte de Franco como la de Primo de Rivera. Pero nadie sabe cuándo se empezará a implementar.
Santiago Saavedra, un editor que vivió las últimas décadas de Franco, frunció el ceño cuando se tocó el tema de la nueva ley. La ve como un ataque contra su generación. "Quieren que nos sintamos culpables de haber vivido nuestras vidas", dijo.
Powell, el historiador, asintió cuando le repetí esa observación. "La reconciliación nacional ocurrió durante los años sesenta y setenta, cuando Franco todavía estaba en el poder, en un proceso natural, no por un decreto del gobierno, sino debido al sentimiento colectivo de que la guerra había sido horrible y que España tenía que seguir adelante", dijo. La guerra civil fue rara vez discutida en el Parlamento, señaló, hasta la elección del primer ministro conservador del Partido Popular, José María Aznar, en 1996, que puso fin a años de gobierno socialista. "Eso fue un shock para la izquierda", dijo Powell. "Aznar tenía vínculos con el pasado de Franco. Su padre fue embajador en Cuba durante el régimen de Franco. Así que para los socialistas fue fácil poner en duda la autoridad del Partido Popular exigiendo que el partido renunciar a Franco".
En toda Europa, a medida que se amplía el centro político, tanto la derecha como la izquierda se esfuerzan por diferenciarse una de otra. En realidad, poco separa las políticas económicas del primer ministro Rodríguez Zapatero de las de Aznar. Pero mientras que el abuelo de Aznar fue embajador de Franco, el de Rodríguez Zapatero fue un republicano asesinado en la guerra.
Los críticos conservadores de Rodríguez Zapatero dicen que está usando políticas de identidad, similar al debate sobre los valores morales en Estados Unidos, para promover un programa social que incluye la defensa de los derechos de los homosexuales, de los transexuales, de las mujeres y de los catalanes. La nueva ley sobre los monumentos agrega otro grupo a esta lista: los republicanos muertos, los perdedores de la guerra civil. Pero para los liberales de la generación de Rodríguez Zapatero, esa ley no va suficientemente lejos.
"Lo que hicieron los españoles en los años sesenta y setenta fue hacer la vista gorda", dijo Paloma Aguilar, una de las nietas de la guerra y cientista política de 42 años que ha escrito un libro sobre la memoria histórica. Mencioné al editor, y recogió velas. "Bueno, sí, es un poco injusto criticar a la generación de tus padres. Es también verdad que hoy la mayoría de la gente no se queja sobre los monumentos porque se han acostumbrado a vivir con ellos. La generación de nuestros padres tiene miedo al enfrentamiento, porque creen que la democracia es frágil todavía. Pero yo crecí en democracia. Setenta años después de la guerra civil no podemos permitir los monumentos que perpetúan la discriminación contra las víctimas".
Intuí que ella pensaba que muchos de los españoles que habían forjado la transición a la democracia y la paz que trajo consigo, no sabían lo que era bueno para ellos, haciéndome recordar una observación de Powell. Describió una "nueva nostalgia" del republicanismo. Implica una superioridad moral no solamente sobre Franco, sino también sobre el actual sistema político. Además, Aguilar y otros de su generación se dan claramente cuenta de que esta es la última oportunidad para pelear contra los monumentos y tumbas antes de que mueran los familiares de las víctimas (muchos de ellos sus propios familiares) y la dictadura y su legado se olviden. La impaciencia es oportuna.
Hice una última parada en el piso de Blas Piñar. Hace algunos años, y por órdenes del primer ministro, una estatua de Franco fue retirada en medio de la noche desde una plaza de Madrid. Piñar y otros protestaron. A los 89, el fundador de la ultraderechista Fuerza Nueva, que incluso Franco encontraba demasiado reaccionaria, me saludó ansioso de lanzarse atropelladamente en una especie de desconcertante discurso sobre la dictadura, deteniéndose de vez en vez, para respirar a través de una sonda endotraqueal.
Su queja sobre la transición, a diferencia de la de la nueva generación de izquierdas, era que se trataba de un lobo vestido de cordero. "Un truco", dijo, "presentado como reforma, pero que en realidad es una ruptura, que cambió los elementos fundamentales de la sociedad: la protección de la familia, los valores morales y religiosos y la unidad de España".
Ahora que se está retirando los monumentos, es el "golpe final": "La ley de la memoria histórica es anti-histórica porque trata de borrar el recuerdo de Franco, y todas las cosas buenas que hizo por España". Prohibir que los franquistas se reúnan en el Valle de los Caídos no cambiará nada, advirtió. "El lugar ha tenido siempre un significado particular. No puedes separar a Franco de ese lugar".
Me repugnaba tener que estar de acuerdo con él. Pero legislar sobre monumentos no rectifica las injusticias del pasado; simplemente estropea los símbolos de la historia, haciéndonos recordar porqué los inventamos en primer lugar. En última instancia los monumentos adquieren significación cuando se la damos; de otro modo se unen a las estatuas de crueles monarcas y sanguinarios generales que se han convertido en el civilizado telón de fondo de nuestros parques y plazas.

Se podría decir que la situación en España después de la muerte de Franco no fue diferente a la de un matrimonio, cada lado manteniendo en reserva las observaciones que hieren al otro. El silencio creó un vínculo. Y es un vínculo de oro. Las estatuas y placas son simplemente de metal y piedra. Eso dicho, paradójicamente la nueva ley, forjada por los hijos de este silencio, otorga a esos oxidados símbolos una nueva significación para el nuevo siglo.

14 de enero de 2008
13 de enero de 2008
©new york times
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sacerdote revela destino de judíos


[Elaine Sciolino] Un sacerdotes revela metódicamente el destino de los judíos de Ucrania.
París, Francia. En la época, sus fieles eran mayormente niños y adolescentes, aterrorizados testigos de la matanza. Algunos eran obligados a trabajar en el último peldaño de la máquina de matar nazi: como palafreneros de fosas comunes, cocineros que alimentaban a los soldados nazis y costureras que zurcían las ropas arrancadas a los judíos antes de ser ejecutados.
Viven hoy en el campo, pobres, muchos de ellos sin agua potable ni calefacción, acercándose al final de sus vidas. Así que Patrick Desbois empezó a rastrearlos discretamente, recorriendo caminos secundarios y olvidados campos de Ucrania, oyendo sus historias y buscando tumbas comunes anónimas. Sabe que son una fuente sin paralelos para documentar el asesinato de los 1.5 millones de judíos de Ucrania, matados a balazos y enterrados en todo el país.
No es ni historiador ni arqueólogo, sino un sacerdote católico francés. Y sus herramientas más poderosas son su estilo práctico, y su alzacuello.
Los nazis mataron en Ucrania a cerca de 1.5 millones de judíos después de invadir la Unión Soviética en junio de 1941. Pero excepto algunas escasas excepciones, más notablemente la matanza de casi 34 mil judíos en el barranco de Babi Yar en Kiev en 1941, gran parte de esa historia es desconocida.
Llamando a puertas, sin anunciarse, el padre Desbois, 52, trata de desbloquear los recuerdos de los campesinos ucranianos del modo en que podría estar tomando la confesión en una iglesia.
"Al principio, a veces, la gente no cree que soy sacerdote", dijo el Padre Desbois en una entrevista esta semana. "Tengo que usar palabras simples y escuchar esos horrores -sin hacer juicios. No puedo reaccionar ante los horrores que emergen. Si reacciono, no me cuentan nada".
En cuatro años el Padre Desbois ha grabado en video más de setecientas entrevistas con testigos y espectadores y ha identificado más de seiscientas tumbas comunes de judíos, la mayoría de ellas previamente desconocidas. También ha reunido evidencias materiales de la ejecución de judíos entre 1941 y 1944, el ‘Holocausto de balas'.
A menudo sus entrevistados piden al Padre Desbois que se quede a cenar y a orar, como para bendecir de algún modo sus recuerdos. Él no juzga a los que hicieron esas cosas por los nazis, y estudiosos del Holocausto dicen que esa es la razón de su efectividad.
"Si llegara un judío a pedir sus testimonios, la gente pensaría que vienen acá para acusarlos", dijo Paul Shapiro, director del Centro de Estudios Avanzados del Holocausto del Museo Memorial del Holocausto de Estados Unidos, en Washington. "Cuando viene un sacerdote, la gente se sincera. Un sacerdote da a los entrevistados un cierto tipo de legitimidad, una sensación de que está bien hablar sobre el pasado. Existe la absolución a través de la confesión".

A diferencia de Polonia y Alemania, donde el Holocausto sigue visible en los abrasadores símbolos de los campos de exterminio, en Ucrania el horror ha sido ocultado, primero por los nazis, luego por los soviéticos.
"En Ucrania no hay nada que ver porque la gente fue asesinada con armas de fuego", dijo Thomas Eymond-Laritaz, presidente de la Fundación Victor Pinchuk, la más grande organización filantrópica de Ucrania. "Es por eso que el Padre Desbois es tan importante".
La fundación contribuyó a subvencionar una conferencia sobre el tema en la Sorbona esta semana -la primera en reunir a estudiosos occidentales y ucranianos- y ha comenzado a contribuir fondos al proyecto del Padre Desbois.
Algunos de los resultados de la investigación del Padre Desbois -incluyendo entrevistas en video, documentos de tiempos de guerra, fotografías de fosas comunes descubierta hace poco, oxidadas balas y cartuchos y posesiones personales de las víctimas- se exhiben por primera vez en una exposición en el Memorial de la Shoah en el barrio del Marais en París.
La exposición muestra, por ejemplo, imágenes de quince fosas comunes de varios miles de judíos en una comuna llamada Busk que tras ser descubiertas, el Padre Desbois y su equipo empezaron a excavar después de entrevistas con varios testigos. Entre los cientos de objetos en la exposición hay un álbum de fotografías en blanco y negro, de 1942, que muestra a un agente de policía alemán disparando contra mujeres judías desnudas que yacen en un barranco en la región de Rivne.
Viajando con un equipo formado por dos intérpretes, un fotógrafo, un camarógrafo, un especialista en balística, un experto en cartografía y un secretario, el Padre Desbois documenta todas las historias en video, sujetando a veces el micrófono él mismo y haciendo preguntas usando palabras simples y un tono monótono.

En 2005, en Buchach, Regina Skora contó al Padre Desbois que cuando era niña había presenciado ejecuciones.
"¿Sabía la gente que iban a ser asesinados?", le preguntó el Padre Desbois.
"Sí".
"¿Cómo reaccionaban?"
"Seguían caminando, eso es todo. Si alguien no podía caminar, le decían que se tendiera en el suelo y le disparaban en la nuca".
Vera Filonok contó que tenía dieciséis años cuando presenció desde el zaguán de su cabaña de adobe en Konstantinovka en 1941 la ejecución de miles de judíos, que eran arrojados a un pozo y quemados. Los que caían todavía vivos se retorcían "como moscas y gusanos", dijo.
Hay historias sobre cómo los nazis golpeaban sobre cubos vacíos para no tener que oír los gritos de sus víctimas, de cómo las mujeres judías eran convertidas en esclavas sexuales de los nazis para ser luego ejecutadas. Un testigo dijo que se había ocultado -tenía entonces seis años- cuando mataron a balazos a su mejor amigo.
Otros testigos describen que los nazis sólo tenían una bala por víctima y que a veces enterraban vivos a los judíos. "Un testigo me contó que el pozo se estuvo moviendo durante tres días, respirando", dijo el Padre Desbois.
El Padre Desbois se obsesionó con la historia de los nazis en Ucrania cuando era niño en la granja de su familia en la región de Bresse al este de Francia. Su abuelo paterno, que fue deportado a un campo de prisioneros para soldados franceses en Rava-Ruska, en el lado ucraniano de la frontera polaca, no contó nada a la familia sobre su experiencia. Pero confesó a un nieto implacablemente curioso que "fue malo para nosotros, pero para otros fue peor".
Había otros lazos familiares con la ocupación alemana de Francia. Un primo por el lado materno, que era correo de la resistencia, murió en un campo de concentración nazi. La madre del Padre Desbois le contó sólo hace poco que la familia había acogido a decenas de miembros de la resistencia en su granja.
Después de enseñar matemáticas como empleado del gobierno francés en África occidental y de trabajar en Calcuta durante tres meses con la Madre Teresa, se hizo sacerdote. Su familia laica se mostró horrorizada.
Empezó como párroco, estudiando el judaísmo y aprendiendo hebreo durante un período en Israel. Pidió que le dejaran trabajar con gitanos, ex prisioneros y judíos, y fue nombrado para la función de puente con la comunidad judía francesa.

Fue en un viaje de grupo en 2002 que, cuando visitaba Rava-Ruska, preguntó al alcalde donde estaban enterrados los judíos. El alcalde le dijo que no lo sabía.
"Yo sabía que allá habían asesinado a diez mil judíos, así que era imposible que no lo supiera", dijo el Padre Desbois.
Al año siguiente, un nuevo alcalde llevó al sacerdote a un bosque donde se habían reunido unos cien campesinos, formando un semicírculo, para contar sus historias y ayudar a descubrir las fosas de los judíos en su región.
Se reunió con otros alcaldes y párrocos que le ayudaron a encontrar más testigos. En 2004, el Padre Desbois fundó la organización Yahad-In Unum, dedicada al diálogo cristiano-judío dirigida desde un pequeño despacho en un barrio obrero al nordeste de París, respaldada y financiada en gran parte por una fundación del Holocausto en Francia y la iglesia católica.
Para verificar los testimonios de los testigos, el Padre Desbois descansa sobre todo en un enorme archivo de documentos de la época soviética en el Museo del Holocausto en Washington, así como en archivos de los juicios en Alemania. Inscribe un sitio de ejecución o una fosa sólo después de obtener tres relatos independientes de testigos.
Sólo un tercio del territorio ucraniano ha sido cubierto hasta el momento, y terminar el proyecto tomará varios años más. Una nota a la salida de la exposición de París pide a los visitantes que tengan información sobre víctimas de atrocidades nazis en Ucrania que dejen una nota o envíen un e-mail.
"La gente habla como si estas cosas hubiesen ocurrido ayer, como si no hubieran pasado sesenta años", dijo el Padre Desbois. "Algunos preguntan: ‘¿Por qué demoró tanto en llegar? Le hemos estado esperando'".

25 de diciembre de 2007
5 de octubre de 2007
©new york times
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castigan a víctima de violación


[Jeffrey Fleishman] Sentencia provoca indignación. La condena a doscientos latigazos a una sobreviviente de una violación colectiva provoca inusual estallido de indignación en la prensa nacional.
Riad, Arabia Saudí. Una reciente resolución de un tribunal condenando a una víctima de una violación colectiva a doscientos latigazos por conducta a-islámica ha indignado a un país acostumbrado a severos castigos y ha llamado la atención sobre el lento ritmo de las reformas oficiales desde que el Rey Abdullah asumiera el poder hace dos años.
Jueces orientados por su interpretación del Corán insinuaron que la víctima, casada, conocida aquí en la prensa como la Chica de Qatif, era inmoral debido a que se estaba reuniendo con un hombre a solas cuando la pareja fue acosada por siete atacantes armados de cuchillos. En noviembre fue sentenciada a seis meses de cárcel, además de los latigazos; sus atacantes recibieron cinco años de cárcel.
Los saudíes están acostumbrados a las decapitaciones públicas de asesinos y a las amputaciones de las manos de los rateros, pero la terrible experiencia de la Chica de Qatif avergonzó al país en momentos en que Riad se encuentra en medio de negociaciones con importantes consorcios internacionales y está emergiendo como un potencial intermediario en las conversaciones de paz para Oriente Medio. El gobierno dijo que revisará el caso -un indicio de que el rey podría revocar la resolución de los fundamentalistas islámicos.
El Rey Abdullah es considerado ampliamente como un modernizador de una familia real que oscila entre los que favorecen los cambios y otros que insisten en mantener la estricta interpretación wahhabi del islam. La televisión por cable e internet han creado medios de comunicación más abiertos y el rey ha apoyado las elecciones locales, aunque se trate solamente de una democracia simbólica. Pero liberales y activistas de derechos humanos se quejan de que los ultra-conservadores controlan los tribunales, el ministerio del Interior y otras dependencias gubernamentales.
"No esperéis grandes cambios y éxitos repentinos, pero la reforma ha empezado", dijo Mishary A. Alnuaim, vicedecano de derecho y ciencias políticas en la Universidad del Rey Saúd. "La modernización de la religión marcha lentamente. Todavía hay interpretaciones intolerantes".
"Gran parte de esto gira sobre la invasión real o imaginaria de la cultura occidental... Los conservadores religiosos defienden la idea de que el mundo musulmán todavía es víctima de la influencia y el poder político occidentales".

Reforma Retórica
Los conservadores se han sentido envalentonados por las crecientes demandas globales de energía y los altos precios del petróleo que han enriquecido al reino. La dependencia del petróleo ha mitigado las críticas de Washington y otras capitales occidentales sobre la falta de derechos para las mujeres y el aplastante poder del estado saudí. Algunos analistas dicen que el rey, aunque más progresista que gran parte de sus súbditos, teme que unas reformas apresuradas puedan provocar la indignación popular y una posible revuelta religiosa similar a la que terminó con el derrocamiento del shah de Irán en 1979.
"Hay un montón de cambios dinámicos en Arabia Saudí. Hay una alta tasa de desempleo, inversiones perdidas y una clase media preocupada", dice Martrouk Faleh, docente universitario que ha sido encarcelado por sus activistas en favor de las reformas. "Al mismo tiempo, la elite del país no siente presiones externas en pro de las reformas debido a los intereses comerciales, petroleros y estratégicos de Estados Unidos y Gran Bretaña".
Mohammed Fahad Qahtani, anfitrión de un programa de televisión y profesor en el Instituto de Estudios Diplomáticos, la califica de "reforma retórica".
"Una parte de la casa real quiere seriamente introducir cambios, pero la otra parte no", dijo. "Para cuando las elecciones municipales de 2005, las llamadas autoridades electas de estos consejos no conocían sus atribuciones, y cuando preguntaron al gobierno, les dijeron: ‘No les concierne'".
Sin embargo, han habido algunas señales alentadoras. El cuerpo consultivo cuasi-legislativo del rey, conocido como el Consejo de la Shura, ha ganado influencia en los últimos años. El monarca hizo suya la sugerencia del consejo de rechazar un aumento del veinte por ciento de la paga de los policías religiosos del país, conocidos como mutaween, que patrullan los centros comerciales amonestando y arrestando a mujeres que consideran impropiamente vestidas. La decisión indicó que el rey estaba conteniendo un cuerpo religioso sobre el que se han quejado muchos saudíes de que es cada vez más represivo.
Los diálogos nacionales han abierto los debates sobre las reformas e invitado a una contribución limitada de críticas. En 2005, las elecciones municipales en Riad, Meca y Jidda dieron esperanzas de que la democracia podía coexistir con la monarquía. Los funcionarios elegidos tienen ahora alguna autoridad en la supervisión del desarrollo de sus ciudades, pero en general su poder es limitado por la familia real y la corrupción que hay detrás de muchos negocios y contratos de construcción.
"Queremos saber quién les dio permiso para construir esos centros comerciales. ¿Cuánto pagaron por ellos? Así es como se debe parar la corrupción", dijo Ibrahim Hamad Quayid, concejal elegido de Riad cuya ventana del despacho da a centros comerciales y rascacielos de cristal. "El rey es bueno, los príncipes herederos son simpáticos... Pero los burócratas pueden corromper todo, incluso la compra de extintores de incendio en los edificios".

Riesgos de la Disidencia
Retar la autoridad del gobierno, especialmente la judicatura y el ministerio del Interior, todavía puede implicar problemas. En noviembre, Abdullah Hamid, un importante partidario de las reformas y activista de derechos humanos, fue sentenciado a cuatro meses de prisión por cargos de obstrucción a la justicia y por incitar una protesta pública contra el tratamiento de presuntos terroristas detenidos en cárceles saudíes durante dos años sin formulación de cargos ni juicio. Issa, su hermano, fue sentenciado a seis meses de cárceles por acusaciones similares.
"El veredicto contra los hermanos Hamid muestra que la cháchara del gobierno saudí sobre derechos humanos es solamente eso: cháchara", dijo Sarah Leah Whitson, directora para Oriente Medio de Human Rights Watch.
Abdullah Hamid, que representaba a las esposas de acusados de terrorismo, fue arrestado en julio después de exigir que la policía de seguridad presentara una orden judicial antes de entrar a la casa de una de las mujeres, que era también familiar suya. Ha recurrido su sentencia. En 2005, Abdullah Hamid, Faleh y otros activistas fueron perdonados por el Rey Abdullah después de cumplir dieciséis meses de sentencias que van desde los seis y nueve años de prisión por criticar al gobierno y llamar a la realización de elecciones parlamentarias.
"La represión de los partidarios de las reformas no deja lugar para una sociedad civil pacífica", dijo Faleh, que representa a Hamud. "No se nos permite cuestionar al gobierno, ni siquiera pacíficamente".
La reforma de la judicatura es uno de los retos políticamente más sensibles que debe enfrentar el rey. Los saudíes tienen sistemas jurídicos paralelos -uno de regulaciones civiles y otro sistema más prominente basado en la estricta observancia del Corán. Los casos criminales, incluyendo la violación de la Chica de Qatif, son presididos por jueces religiosos conservadores que sostienen que los textos sagrados no pueden ser limitados por leyes hechas por los hombres.
Pese a la discusión sobre la fusión de los dos sistemas, los jueces religiosos ejercen un enorme poder; representan una forma del islam que ha mantenido en el poder a la familia real durante generaciones. También son considerados por muchos saudíes como el único contrapeso de la monarquía.
Sin embargo, sus decisiones son a menudo rechazadas por grupos internacionales de derechos humanos y por activistas saudíes por negar los derechos de las mujeres, a las que se les prohíbe conducir y votar, y sufren restricciones en cuanto al empleo, el vestuario y su lugar en la familia.
En noviembre, un tribunal resolvió que la chica de Qatif violó las leyes islámicas por estar en compañía de un hombre que no era su marido. Fue sentenciada a noventa latigazos. Cuando recurrió y buscó publicidad para su caso, los jueces, indignados, suspendieron el permiso de su abogado y elevaron su sentencia a seis meses de prisión y doscientos latigazos.
Sultan Qahtani, un conocido escritor saudí, publicó un ensayo en internet sugiriendo que la familia real estaba preparándose para actuar contra la judicatura: "La controversia sobre la sentencia de la Chica de Qatif podría redundar en un fuerte apoyo al gobierno, que se inclina por las reformas, para que enfrente a otros elementos que insisten en que el reino mantenga su forma extrema de religiosidad".
Otros escritores y comentaristas saudíes, en un raro estallido de severas críticas, dijeron que la sentencia, que debe ser revisada por el gobierno, ha avergonzado al país.
"Esta es una historia que es más reminiscente de los crueles castigos impuestos a las mujeres en la época medieval. Y, sin embargo, es un caso que llega a primera plana en pleno siglo 21", escribió Lubna Hussain en un artículo en Arab News, de Arabia Saudí. "Los jueces escudriñaron su bola de cristal y vieron que ella ‘tenía la intención de hacer algo malo' y esto, por eso, era una muy buena razón para que la violaran colectivamente. La culpa es siempre de la mujer, obviamente".

jeffrey.fleishman@latimes.com

21 de diciembre de 2007
16 de diciembre de 2007
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[El Rey Abdullah indultaría a la Chica de Qatif al día siguiente].

murió vladimir kryuchkov


Ex jefe de la KGB que montó un golpe fracasado contra Gorbachev. A los 83.
Moscú, Rusia. Murió Vladimir Kryuchkov, el ex jefe de la KGB que encabezó un golpe de estado fallido contra el presidente soviético Mikhail Gorbachev. Tenía 83 años.
Kryuchkov murió el viernes en Moscú de una enfermedad no especificada, de acuerdo al Servicio Federal de Seguridad, la principal agencia sucesora de la KGB.
Kryuchkov debió su rápida carrera al líder soviético Yuri Andropov. Trabajó con Andropov cuando este era embajador soviético en Hungría y supervisó la brutal represión de la insurrección anticomunsita en Budapest en 1956.
Cuando Andropov se convirtió en jefe de la KGB en 1967, llevó consigo a Kryuchkov y lo ayudó a hacer carrera. En 1974, Kryuchkov fue nombrado jefe del Primer Directorado de la KGB, a cargo del espionaje en el exterior.
En 1988, Gorbachev lo nombró jefe de la KGB.
En agosto de 1991, Kryuchkov se unió a otros ultraconservadores del Partido Comunista para expulsar a Gorbachev y declarar el estado de emergencia en el país en un intento de detener las reformas liberales.
Tres días después el golpe había fracasado, pero ayudó a precipitar el colapso de la Unión Soviética en diciembre de 1991.
Kryuchkov y otros conspiradores fueron encarcelados pero más tarde liberados con una amnistía.
Después de que Vladimir Putin, un veterano de dieciséis años de la KGB fuera elegido presidente en 2000, invitó repetidas veces a Kryuchkov y otros veteranos a eventos en el Kremlin. Kryuchkov había adoptado un perfil más público en los últimos años, concediendo numerosas entrevistas en las que elogiaba a Putin y acusaba a Occidente de complotar para debilitar a Rusia. También publicó sus memorias.
El mes pasado, Kryuchkov advirtió "grandes problemas" si continuaban las batallas territoriales entre las agencias de seguridad de Rusia. Él y otros veteranos de la KGB llamaron a los grupos en conflicto a unirse detrás de Putin por el bien del país.

8 de diciembre de 2007
26 de noviembre de 2007
©los angeles times
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ceferino namuncurá, santa sumisión


[Horacio Verbitsky] La iglesia católica, pasado y presente.
Argentina. La beatificación del hijo de un cacique vencido en la expedición del Ejército a la Patagonia en el siglo XIX sacraliza el rol de la Iglesia Católica como sustento dogmático de la represión. Coincide con su reticencia a formular un liso y llano mea culpa por la conducta de su Episcopado durante la guerra sucia contra la sociedad argentina en la última dictadura. Ceferino murió adolescente, víctima de la tuberculosis, contagiada en las tolderías por soldados y misioneros.
Ceferino Namuncurá, quien hoy será beatificado en Chimpay, Río Negro, era hijo del cacique mapuche Manuel Namuncurá, quien el 5 de mayo de 1884 se sometió a las tropas del general Julio Roca. Fue mediador de su rendición el misionero salesiano Domingo Milanesio, quien en la Nochebuena de 1886 bautizó a Ceferino, en Chimpay. Sobre la humillación, escarnio: el Ejército vencedor concedió a Manuel Namuncurá ocho hectáreas de tierra y el grado de coronel y la Iglesia Católica elevará a uno de sus hijos a los altares. La beatificación de Ceferino sacraliza el rol de la Iglesia Católica como sustento dogmático de la represión contra los sectores subordinados de la sociedad. Coincide con la ostensible dificultad de esa institución para efectuar un liso y llano mea culpa por el comportamiento de sus jerarcas durante la guerra sucia militar contra la sociedad argentina del siglo pasado, pese a que entre sus miembros actuales sólo quedan dos de los integrantes de aquel entonces. Las campañas de Roca y de la última dictadura consolidaron grupos de poder decisivos y nuevas formas de inserción en el mercado mundial.
El padre de Manuel y abuelo de Ceferino fue Juan Calfucurá. Mantuvo durante décadas una relación de paz armada con el gobierno bonaerense de Rosas, a quien apoyó con hombres de combate en la batalla de Caseros de 1852. Luego de la victoria de Urquiza, Calfucurá le envió a su hijo Manuel Namuncurá, quien fue convertido al catolicismo en Paraná. Calfucurá murió en 1873 y su tumba fue profanada por "la soldadesca" del Ejército, según la calificación del canciller Estanislao Severo Zeballos. Junto a los restos del último soberano de la pampa exhumaron los de su caballo, diversas armas y veinte botellas de anís, caña, ginebra, aguardiente, licor de manzanas, cognac y agua, lo que a su juicio revela que estos indios "conservan una noción oscura de la inmortalidad del alma". La tropa del general Levalle, dice Zeballos en sus ‘Episodios en tierras del sur', "había trabajado medio día al rayo del solazo de esta época y encontró en las botellas un refrescante que debió parecerle tan delicioso como los helados de la confitería del Aguila. En un instante fueron agotadas las botellas de las bebidas del finado, que estaban herméticamente cerradas y cuyos tapones volaban con gollete, bajo el lomo de los puñales". Zeballos llegó a reunir una colección de 150 cráneos que varios coroneles de Roca le traían como regalo para su museo privado junto con objetos de plata y con las varias cajas del importante archivo del cacicazgo de Salinas Grandes, saqueados a estos "salvajes", como los llamaba, que tenían una oscura comprensión del espiritualismo católico.

Contrastes
El escritor católico Manuel Gálvez, quien llamó a Ceferino ‘El santito de la toldería', se sintió obligado a explicar hace sesenta años por qué había decidido escribir la biografía de "un oscuro indiecito que pasó ignorado por este mundo y que nada hizo de importante". Sus argumentos son notables: "Más que la virtud de Ceferino y que sus formidables antepasados, me ha atraído el contraste entre el ambiente en que nació, la pampa bárbara, y el ambiente en que vivió, la Roma de Pío X. No, no ha habido en el mundo, nunca jamás, una posición igual. En la pampa de Calfucurá y de Namuncurá, sangre, violencias, saqueos, latrocinios, corrupción, ignorancia absoluta, paganismo. En el ambiente que rodeó a Ceferino en sus últimos meses, la Iglesia de Cristo, la bondad del Santo Padre, la cultura latina y cristiana. Con pocos años de diferencia, el hijo de la Pampa, que oyera entre los suyos los relatos de los malones, oirá la palabra del representante de Cristo y las voces maravillosas del órgano en San Pedro del Vaticano. ¿No es un milagro eso de haber pasado desde los ranchos junto al Collon-Curá hasta la capilla Sixtina, decorada por Buonarroti?"

Capellanes y Coroneles
Las relaciones políticas y económicas entre pobladores originarios e inmigrantes blancos eran tan intensas que en las guerras civiles entre Buenos Aires y la Confederación cada bando criollo tenía aliados indígenas: Mitre con Catriel, Urquiza con Calfucurá, que atacaba las estancias bonaerenses en apoyo a la estrategia del entrerriano. Calfucurá batió a Bartolomé Mitre en Sierra Chica y en San Jacinto.
En 1872 el arzobispo de Buenos Aires Federico Aneiros había creado un ‘Consejo para la Conversión de los Indígenas al Catolicismo' que en los años siguientes envió misiones pacíficas a bautizar en los asentamientos fronterizos de Cipriano Catriel, Melinao, Raylef, Coliqueo y Namuncurá.
Todo cambió cuando Roca inició su campaña de exterminio y le pidió al arzobispo Aneiros la designación de capellanes que acompañaran a las tropas. Los misioneros partieron en el mismo tren que Roca y su Estado Mayor, despedidos por el repique de las campanas de las iglesias de Buenos Aires ordenado por Aneiros para saludar a los expedicionarios. El sacerdote Santiago Costamagna confió sus preocupaciones al creador de la sociedad de San Francisco de Sales, Juan Bosco. Roca había ofrecido la protección militar a los sacerdotes "y nosotros inclinamos la cabeza y partimos en calidad de misioneros y capellanes militares". Su incomodidad por el uso de medios tan poco evangélicos como las armas no llegaba a poner en duda su participación en la campaña: "¿Qué tienen que ver el ministro de guerra y los militares con una misión de paz? Mi estimado Don Bosco, es necesario adaptarse por amor o por la fuerza. En esta circunstancia la cruz tiene que ir detrás la espada. ¡Paciencia!".
Pocos meses antes se había conocido que uno de los hermanos de Roca había hecho fusilar a más de medio centenar de indígenas. Rudecindo Roca en su parte de campaña los había dado por muertos en un enfrentamiento con sus tropas. Pero el diario La Nación reconstruyó en base a testimonios y publicaciones de diarios del interior que eran prisioneros que habían sido encerrados sin armas en un corral. Para el diario que Mitre había fundado ocho años antes, se trató de un "crimen de lesa humanidad". Los partes militares estudiados por la antropóloga Diana Lenton también dan cuenta del secuestro de chicos, la matanza de prisioneros, la violación sistemática como arma de guerra, la prostitución forzada como botín de los soldados.
El vicario general y futuro arzobispo de Buenos Aires Mariano Espinosa y los salesianos Costamagna y Luis Botta llegaron con la vanguardia del Ejército hasta el río Colorado, donde oficiaron misa. En el camino iban convirtiendo a los indígenas que quedaban con vida. Cumplían así con una parte del mandato constitucional ("Proveer a la seguridad de las fronteras; conservar el trato pacífico con los indios, y promover la conversión de ellos al catolicismo").
El coronel Manuel J. Olascoaga vio en la ceremonia "los sentimientos más puros, elevados y nobles: la religión, el patriotismo y la esperanza de los grandes destinos prometidos a la Patria en aquel escenario que servía de templo". Según Roca esos desolados campos se convertirían en pueblos florecientes en los que millones de hombres vivirían ricos y felices.
Ricos y felices vivieron menos de dos mil personas, entre ellos altos jefes o proveedores del Ejército, como el propio Roca y sus hermanos Ataliva y Rudecindo, entre quienes se repartieron millones de hectáreas de tierra. Roca reforzaba la fidelidad militar con la entrega de enormes superficies arrebatadas a los pobladores originarios pero también a los pioneros blancos de la frontera que su Ejército arrasó.
Las memorias de uno de los oficiales de esa campaña, el comandante Manuel Prado, cantan a los "pobres y heroicos milicos", cuyos restos se blanqueaban confundidos con las osamentas del ganado, a orillas de las lagunas o en el fondo de los médanos, mientras la tierra pública era "marchanteada en concesiones fabulosas de treinta y más leguas" que caían bajo "la garra de favoritos audaces", que formarían el núcleo de la oligarquía.

Costamagna, uno de los capellanes salesianos que llegaron al Río Negro para catequizar a los vencidos, consignó: "La miseria en que los encontré es algo impresionante". Una foto tomada en 1879 en el Fortín Puan simboliza el ambiguo rol de la Iglesia. De un lado posan en sus uniformes (que en la placa se ven grises) Roca y sus coroneles Olascoaga, Villegas, Vintter, García, Pico y Cerri, y del otro, solitario y el único con vestimentas blancas, el cacique Pichi Huinca. Entre ambos, de riguroso negro eclesiástico, el obispo Espinosa y el presbítero Costamagna. En 1883, Milanesio y su colega Giuseppe Fagnano denunciaron los "agravios a las garantías de los vencidos", pero sólo en cartas que enviaban a Italia, mientras en el país actuaban como parte de un "bloque civilizador" unido.
Hasta el propagandista contratado por Roca para exaltar su gesta consignó que de los 4032 muertos y prisioneros hechos por el Ejército sólo 911 "son de pelea, los demás de chusma", es decir, mujeres y niños.
Aunque la Iglesia apoyó la campaña, los salesianos querían convertir a los indígenas y asentar colonias agrícolas en el lugar. Esto provocó agresiones contra la misión salesiana en Patagones, cuyos muros fueron pintados con consignas anticlericales. Un grupo liberal apoyado por el general Lorenzo Vintter agravió a Fagnano y le exigió que se alejara.
La oligarquía y el Ejército tenían otro plan, que los salesianos estorbaban: los hombres debían trabajar en condiciones de esclavitud en los ingenios azucareros de Tucumán (la provincia natal del presidente Avellaneda y de su ministro y sucesor Roca), las mujeres y sus hijos como sirvientes de las familias prominentes de Buenos Aires, las mismas que se repartieron las tierras arrebatadas a sus pobladores.
Esto condicionó el desenvolvimiento posterior de la sociedad y la economía, porque la tierra también quedó fuera del alcance de los inmigrantes atraídos por el programa de Sarmiento y Alberdi. No hubo colonización agrícola de pequeñas propiedades que producen para el mercado interno como en Estados Unidos, sino gran latifundio de exportación hacia el mercado británico, del que se importaban todas las manufacturas.
Para financiar la expedición de Roca, se contrajo un millonario empréstito. El endeudamiento fue ya entonces el gran mecanismo reciclador de las relaciones de poder, porque unos gozaron del crédito y otros lo pagaron. Sarmiento lo resumió el año del nacimiento de Ceferino con una paráfrasis despiadada del Himno Nacional:

"Calle Esparta su virtud,
sus hazañas calle Roma.
¡Silencio! que al mundo asoma
la gran deudora del sur".

Ceferino inició una carrera religiosa en Viedma y en Buenos Aires, bajo la orientación del salesiano Juan Carlos Cagliero, con quien luego viajó a Italia. Su propósito era proseguir sus estudios, ordenarse sacerdote para ayudar a su pueblo y tratarse de la tuberculosis, una de las enfermedades contagiadas a los pueblos originarios por soldados y misioneros y que, como consignó Fagnano en sus anotaciones, diezmó a la población aborigen que los salesianos reunieron en su misión de La Candelaria, en Tierra del Fuego. En Turín, Ceferino fue recibido por la reina y la princesa de Saboya, y en Roma por el papa Giuseppe Sarto, el implacable Pío X, denunciador de modernistas y católicos sociales, quien le regaló una medalla. Todos los relatos hagiográficos destacan la complacencia del Pontífice al escuchar al humilde aborigen expresarse en italiano. Ceferino agonizó sin quejarse y murió en 1905, a los 18 años.

Los Tornquist
Sus restos fueron repatriados en 1924 por gestión del salesiano Adolfo Tornquist, heredero de una familia de íntima vinculación con la guerra al indio. Era hijo del ingeniero belga Ernesto Tornquist, cuya empresa de transporte Villalonga condujo de ida las provisiones para los soldados expedicionarios que conquistaron esas tierras y llevó de vuelta a los indígenas capturados como mano de obra esclava a Tucumán. También construyó el ferrocarril de Tucumán a Rosario y financió la construcción del puerto de Rosario, para exportar el azúcar producido en esas condiciones. Cuando Roca fue presidente le brindó tres ministros de Hacienda que eran gerentes de sus empresas, tal como haría Acíndar en 1976 con su presidente José Alfredo Martínez de Hoz. La Administración Tornquist, instalada en uno de los pueblos que se fundaron durante la campaña, recibió la asistencia espiritual de los salesianos. Milanesio celebraba misa, predicaba, confesaba, administraba los sacramentos y catequizaba en la sala más amplia de la sede empresarial. El propio Roca asistió a la bendición de una capilla construida por Ernesto Tornquist. Su hijo Adolfo ingresó a la orden de Don Bosco y fue donante para la construcción de algunos de "los más suntuosos edificios modernos de Roma", según el admirativo comentario del embajador argentino Carlos de Estrada. En 1934, año del Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Buenos Aires, la Santa Sede agradeció "la generosidad del salesiano Adolfo Tornquist", que permitió erigir "con dinero argentino" el Instituto Pío XI de Roma. Dos años antes el rector de la Universidad Pontificia Gregoriana rindió homenaje de gratitud a "los hijos de la noble Nación Argentina" que "ocupan el primer lugar sobre todos los demás benefactores". Cuando llegaron al puerto de Buenos Aires, los despojos de Namuncurá fueron conducidos de regreso a la Patagonia por la empresa familiar de los Tornquist, el Expreso Villalonga. Modelo de sumisión, el beato es recordado por la Iglesia como ‘el lirio de las pampas'. Ni la información eclesiástica ni los artículos de prensa sobre la beatificación dispuesta por Benedicto XVI mencionaron las relaciones de la Santa Sede con la oligarquía argentina ni el proceso social y económico que llevó al indiecito bueno de las tolderías de la Patagonia hasta Roma y luego de su muerte, a la puerta del santoral.

Corrección Política
La Iglesia argentina no suscribiría hoy las despectivas palabras de Manuel Gálvez de 1947. Por el contrario, intenta reescribir la historia de Ceferino en los términos de una pastoral popular políticamente correcta. Por eso, parte de la beatificación, a las 11 de hoy, será en mapuche, para honrar los orígenes del beato. En julio de este año, los obispos activos y jubilados de la región Patagonia-Comahue (Marcelo Melani, Néstor Navarro, Fernando Maletti, Virginio Bressanelli, Esteban Laxague, Juan Carlos Romanín, José Pedro Pozzi, Alejandro Buccolini, Miguel Esteban Hesayne y Pedro Ronchino) sostuvieron que Ceferino era, como Cristo, un signo de contradicción: "En una sociedad donde se proclama la supremacía de la raza blanca él afirma la igualdad de todas las razas; en una sociedad donde se aprecia el valor de la violencia y de la fuerza física, él manifiesta el valor del amor y del perdón". Agregaron que siguiendo a Jesús, Ceferino "presenta una alternativa a nuestra sociedad consumista y que excluye a muchos. En una sociedad que despreciaba a los aborígenes, que había hecho de la Campaña del Desierto una epopeya de la civilización contra la barbarie, se presenta este joven sin poder, sin dinero, sin títulos, sin odio. Es un indio que ha perdido todo, pero que mantiene su cultura, sus valores, su espíritu de comunión con los demás y su férrea voluntad. Es pobre de medios materiales, pero es rico de virtudes y de actitudes que hacen de él un modelo nuevo y distinto, ejemplo para todos". Su cultura y sus valores son, precisamente, aquello a cuyo despojo contribuyó la Iglesia Católica. El Episcopado agregó el viernes que Ceferino transmitía un mensaje de reconciliación, la palabra en código por impunidad.

11 de noviembre de 2007
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