murió virgina mayo
Fallece Virginia Mayo, leyenda de Hollywood. A los 84 años murió la actriz que brilló en cintas como Los mejores años de nuestras vidas'. Figura del studio system de los años '40 y '50, su belleza llevó a que se la describiera como "prueba de que Dios existe". El mismo factor, sin embargo, impidió que se valorara su aporte a cintas clave de aquellos años.
Uno de los grandes dramas hollywoodenses de posguerra, Los mejores años de nuestras vidas', la mostró como desencantada esposa de un retornado de la II Guerra. Tres años después fue la mujer de James Cagney, rubia tonta y voluptuosa, en el soberbio thriller freudiano Alma negra' (White Heat, 1949).
Estuvo a la altura de estos papeles, y hay quien dice que el Oscar la ignoró injustamente. Pero su gran belleza -"la prueba de que Dios existe", se decía de ella- nubló la consideración de las dotes actorales de Virginia Mayo, figura insigne del studio system.
Virginia Clara Jones -su verdadero nombre- murió el lunes, a los 84 años, en una casa de reposo de las afueras de Los Angeles. Según informó un amigo de la familia, el deceso fue ocasionado por un paro cardíaco, punto final de la larga neumonía que venía enfrentando.
Al conocerse el fallecimiento, uno de los aspectos que destacaron diarios y agencias fue precisamente la subvaloración de la intérprete en beneficio de la chica sexy.
"Quería ser bailarina"
Hija de un periodista, Virginia nació en Saint Louis, Missouri, en 1920. Su temprano interés en el espectáculo encontró acogida en la academia de talentos de una tía, que la seleccionó para figurar en obras locales.
De ahí saltó a los shows de variedades, con los que hizo sus primeras giras por EE.UU. En uno de ellos nació el nombre por el cual se la recuerda, tomado de un humorista que la acompañaba.
"Quería ser bailarina, pero terminé como actriz", recordaba hace pocos años. El tránsito se produjo a principios de los '40, cuando fue descubierta por Samuel Goldwyn, quien encargó para ella cursos de actuación y de dicción. Con papeles pequeños como el que tuvo en Jack London' (1943) -cuyo protagonista, Michael O'Shea, se convirtió en su esposo-, se la encasilló en géneros como la comedia y el musical, situándosela con frecuencia junto a estrellas como Dana Andrews, George Raft, Burt Lancaster, Kirk Douglas y el mencionado Cagney.
A las órdenes de cineastas como Howard Hawks, Jacques Tourneur, Raoul Walsh y William Wyler, su drama fue el de tantos intérpretes de la era dorada de Hollywood, de la cual fue un producto: con la etiqueta de bella y livianita', el interés en sus servicios decayó hacia fines de los '50.
En décadas posteriores apareció en series de TV como Con temple de acero' y en pequeños papeles en cintas de horror. Le sobreviven una hija y tres nietos.
20 de enero de 2005
©la tercera
Uno de los grandes dramas hollywoodenses de posguerra, Los mejores años de nuestras vidas', la mostró como desencantada esposa de un retornado de la II Guerra. Tres años después fue la mujer de James Cagney, rubia tonta y voluptuosa, en el soberbio thriller freudiano Alma negra' (White Heat, 1949).Estuvo a la altura de estos papeles, y hay quien dice que el Oscar la ignoró injustamente. Pero su gran belleza -"la prueba de que Dios existe", se decía de ella- nubló la consideración de las dotes actorales de Virginia Mayo, figura insigne del studio system.
Virginia Clara Jones -su verdadero nombre- murió el lunes, a los 84 años, en una casa de reposo de las afueras de Los Angeles. Según informó un amigo de la familia, el deceso fue ocasionado por un paro cardíaco, punto final de la larga neumonía que venía enfrentando.
Al conocerse el fallecimiento, uno de los aspectos que destacaron diarios y agencias fue precisamente la subvaloración de la intérprete en beneficio de la chica sexy.
"Quería ser bailarina"
Hija de un periodista, Virginia nació en Saint Louis, Missouri, en 1920. Su temprano interés en el espectáculo encontró acogida en la academia de talentos de una tía, que la seleccionó para figurar en obras locales.
De ahí saltó a los shows de variedades, con los que hizo sus primeras giras por EE.UU. En uno de ellos nació el nombre por el cual se la recuerda, tomado de un humorista que la acompañaba.
"Quería ser bailarina, pero terminé como actriz", recordaba hace pocos años. El tránsito se produjo a principios de los '40, cuando fue descubierta por Samuel Goldwyn, quien encargó para ella cursos de actuación y de dicción. Con papeles pequeños como el que tuvo en Jack London' (1943) -cuyo protagonista, Michael O'Shea, se convirtió en su esposo-, se la encasilló en géneros como la comedia y el musical, situándosela con frecuencia junto a estrellas como Dana Andrews, George Raft, Burt Lancaster, Kirk Douglas y el mencionado Cagney.
A las órdenes de cineastas como Howard Hawks, Jacques Tourneur, Raoul Walsh y William Wyler, su drama fue el de tantos intérpretes de la era dorada de Hollywood, de la cual fue un producto: con la etiqueta de bella y livianita', el interés en sus servicios decayó hacia fines de los '50.
En décadas posteriores apareció en series de TV como Con temple de acero' y en pequeños papeles en cintas de horror. Le sobreviven una hija y tres nietos.
20 de enero de 2005
©la tercera
proceso por masacre de tlatelolco
[Kevin Sullivan] México acusará de genocidio a funcionarios por masacre de 1968.
Ciudad de México, México. El fiscal especial que investiga los asesinatos y desapariciones de personas durante la guerra sucia' de México dijo el jueves que presentará cargos por genocidio contra unos 25 ex funcionarios de gobierno y militares en relación con la masacre del 2 de octubre de 1968 de manifestantes en la plaza de Tlatelolco en Ciudad de México.
En una entrevista con periodistas extranjeros, Ignacio Carrillo Prieto dijo que en entre esos funcionarios se "puede incluir" a Luis Echeverría, que fue presidente de 1970 a 1976 y ministro del Interior, el segundo cargo más importante del país, durante lo que se llamó la Masacre de Tlatelolco'.
Carrillo Prieto dijo que en los próximos meses acusará de genocidio a 75 ex funcionarios por las desapariciones y asesinatos de alrededor de 500 personas en la campaña del gobierno de represión de estudiantes, activistas por la democracia y otros manifestantes entre fines de los años sesenta y principios de los ochenta.
La Masacre de Tlatelolco, que se transformó en un poderoso símbolo de los abusos de los gobiernos autoritarios de México, terminó con la vida de numerosos jóvenes activistas justo antes de que México hiciera de anfitrión de los Juegos Olímpicos de 1968.
El gobierno declaró entonces que en la masacre habían muerto 30 personas, pero grupos de derechos humanos y otros dijeron que la cifra era mucho más alta. También dijeron que los asesinatos fueron cometidos por soldados y pistoleros a sueldo del gobierno y que Echeverría estaba implicado por ordenar los asesinatos. El solitario ex presidente, que cumplirá 83 años este mes, ha negado las acusaciones.
Carrillo Prieto, nombrado por el presidente Vicente Fox en enero de 2002, intentó el año pasado acusar a Echeverría y otros 11 ex funcionarios de genocidio por una masacre en 1971 en la que alrededor de 30 estudiantes fueron asesinados en Ciudad de México por fuerzas de seguridad.
Sin embargo, el juez en ese caso se negó a firmar órdenes de detención, diciendo que la ley de los 30 años de limitación de la acusación de genocidio había expirado. El fiscal general federal, para el que trabaja Carrillo Prieto, ha recurrido esa resolución ante la Corte Suprema, que debe todavía dictar veredicto.
Carrillo Prieto dijo que presentará los nuevos cargos de genocidio independientemente del veredicto de la Corte Suprema. Dijo que en México, a diferencia de Estados Unidos, la resolución de la Corte Suprema sólo sería válida para el caso puntual y no establece un precedente.
Algunos críticos han acusado a Carrillo Prieto de exagerar tratando de acusar a Echeverría y otros de genocidio. Pero el fiscal argumentó que las leyes internacionales definen genocidio como el intento sistemático de eliminar a un grupo étnico, religioso o nacional, y que Echeverría y otros ex funcionarios utilizaron sistemáticamente el poder para tratar de exterminar a los disidentes políticos.
14 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
Ciudad de México, México. El fiscal especial que investiga los asesinatos y desapariciones de personas durante la guerra sucia' de México dijo el jueves que presentará cargos por genocidio contra unos 25 ex funcionarios de gobierno y militares en relación con la masacre del 2 de octubre de 1968 de manifestantes en la plaza de Tlatelolco en Ciudad de México.En una entrevista con periodistas extranjeros, Ignacio Carrillo Prieto dijo que en entre esos funcionarios se "puede incluir" a Luis Echeverría, que fue presidente de 1970 a 1976 y ministro del Interior, el segundo cargo más importante del país, durante lo que se llamó la Masacre de Tlatelolco'.
Carrillo Prieto dijo que en los próximos meses acusará de genocidio a 75 ex funcionarios por las desapariciones y asesinatos de alrededor de 500 personas en la campaña del gobierno de represión de estudiantes, activistas por la democracia y otros manifestantes entre fines de los años sesenta y principios de los ochenta.
La Masacre de Tlatelolco, que se transformó en un poderoso símbolo de los abusos de los gobiernos autoritarios de México, terminó con la vida de numerosos jóvenes activistas justo antes de que México hiciera de anfitrión de los Juegos Olímpicos de 1968.
El gobierno declaró entonces que en la masacre habían muerto 30 personas, pero grupos de derechos humanos y otros dijeron que la cifra era mucho más alta. También dijeron que los asesinatos fueron cometidos por soldados y pistoleros a sueldo del gobierno y que Echeverría estaba implicado por ordenar los asesinatos. El solitario ex presidente, que cumplirá 83 años este mes, ha negado las acusaciones.
Carrillo Prieto, nombrado por el presidente Vicente Fox en enero de 2002, intentó el año pasado acusar a Echeverría y otros 11 ex funcionarios de genocidio por una masacre en 1971 en la que alrededor de 30 estudiantes fueron asesinados en Ciudad de México por fuerzas de seguridad.
Sin embargo, el juez en ese caso se negó a firmar órdenes de detención, diciendo que la ley de los 30 años de limitación de la acusación de genocidio había expirado. El fiscal general federal, para el que trabaja Carrillo Prieto, ha recurrido esa resolución ante la Corte Suprema, que debe todavía dictar veredicto.
Carrillo Prieto dijo que presentará los nuevos cargos de genocidio independientemente del veredicto de la Corte Suprema. Dijo que en México, a diferencia de Estados Unidos, la resolución de la Corte Suprema sólo sería válida para el caso puntual y no establece un precedente.
Algunos críticos han acusado a Carrillo Prieto de exagerar tratando de acusar a Echeverría y otros de genocidio. Pero el fiscal argumentó que las leyes internacionales definen genocidio como el intento sistemático de eliminar a un grupo étnico, religioso o nacional, y que Echeverría y otros ex funcionarios utilizaron sistemáticamente el poder para tratar de exterminar a los disidentes políticos.
14 de enero de 2005
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se suicida coronel implicado en asesinatos
[José Miguel Wilson y Alejandra Clavería] Se suicida coronel (R) procesado por Guzmán en caso Conferencia. Germán Barriga, de 59 años, se arrojó ayer al vacío desde el piso 18 de un edificio recién construido. El ex uniformado, quien perteneció a la Dina y a la CNI, estaba encausado por la desaparición de la cúpula del Partido Comunista en 1976.
Santiago, Chile. Concurrió pasadas las 10 de la mañana a un edificio en Las Condes, en Los Militares con Pío XI, con la intención aparente de comprar un departamento justo detrás de la Escuela Militar, donde se había graduado como oficial a mediados de la década del 60. Sin embargo, era otra la idea que tenía en mente el coronel (R) Germán Jorge Barriga Muñoz, de 59 años, quien se lanzó al vacío desde el piso 18 del inmueble recién construido, supuestamente agobiado por problemas personales y judiciales.
Ex miembro de la Dina y de la CNI, Barriga había sido procesado en junio de 2003 por el juez Juan Guzmán, quien lo acusaba de haber participado en la desaparición de nueve dirigentes del PC que encabezaban la dirección clandestina del partido en 1976, entre ellos Jorge Muñoz, el esposo de Gladys Marín.
Aunque las causas del suicidio no están del todo claras aún, cercanos a Barriga afirman que el ex oficial pasaba por una difícil situación personal. En los últimos años había enfrentado al menos cuatro funas', como son llamadas las manifestaciones de organismos de derechos humanos contra ex funcionarios ligados a los aparatos represivos. Producto de ellas, afirmaron fuentes cercanas, el coronel (R) habría perdido en varias oportunidades su trabajo. A eso se sumaba el delicado estado de salud de su esposa, aquejada de cáncer.
Vecinos de un departamento que Barriga ocupaba hasta hace unos años en avenida Irarrázaval recordaron a Barriga como una persona activa, que incluso fue dirigente de la junta de vigilancia. Allí vivió cerca de dos años, pero luego de la última funa', en la que manifestantes rayaron las paredes del edificio con su nombre, aludiendo a su pasado, decidió emigrar.
El comandante en jefe (s) del Ejército, general Javier Urbina, expresó preocupación por el suicidio. "El coronel Barriga estaba en varios procesos de derechos humanos y seguramente es un tema que lo venía afectando hacía mucho tiempo. El sufría de una depresión, y nos preocupa mucho nuestro personal que esté expuesto a cualquier situación procesal, judicial o de otro tipo personal", dijo Urbina, en una ceremonia para recibir a efectivos que retornaban de la misión en Haití.
Las palabras de Urbina expresaron el malestar del Ejército por la tardanza de las casi 390 causas pendientes de derechos humanos, que actualmente comprometen a cerca de 400 ex uniformados. "Hay gente que está muriendo todos los días", dijo el general Cheyre en septiembre pasado, aludiendo a la cantidad de ex uniformados que han fallecido a la espera del cierre de los procesos. La institución ha hecho saber su interés de que se impulsen algunas iniciativas, como la rebaja de penas a quienes colaboren, que permitirían dinamizar los juicios, pero que se encuentran entrampadas en su discusión parlamentaria.
Barriga nació en Valdivia el 4 de diciembre de 1945, y a mediados de la década del 60 ingresó a la Escuela Militar. Del arma de Infantería, para el golpe de 1973 tenía el grado de capitán. Organismos de derechos humanos afirman que poco después se integró a la Brigada de Inteligencia Metropolitana de la Dina, y luego a la Brigada Purén, encargada de la represión de la cúpula del Partido Comunista.
Tras la disolución del organismo que encabezaba el general Manuel Contreras, Barriga habría integrado la CNI durante buena parte de los 80. En 1990 ejerció como comandante de un regimiento de Infantería en Calama, y luego fue destinado a la Dirección de Movilización Nacional. Tiempo después pasó a retiro.
20 de enero de 2005
©la tercera
Santiago, Chile. Concurrió pasadas las 10 de la mañana a un edificio en Las Condes, en Los Militares con Pío XI, con la intención aparente de comprar un departamento justo detrás de la Escuela Militar, donde se había graduado como oficial a mediados de la década del 60. Sin embargo, era otra la idea que tenía en mente el coronel (R) Germán Jorge Barriga Muñoz, de 59 años, quien se lanzó al vacío desde el piso 18 del inmueble recién construido, supuestamente agobiado por problemas personales y judiciales.Ex miembro de la Dina y de la CNI, Barriga había sido procesado en junio de 2003 por el juez Juan Guzmán, quien lo acusaba de haber participado en la desaparición de nueve dirigentes del PC que encabezaban la dirección clandestina del partido en 1976, entre ellos Jorge Muñoz, el esposo de Gladys Marín.
Aunque las causas del suicidio no están del todo claras aún, cercanos a Barriga afirman que el ex oficial pasaba por una difícil situación personal. En los últimos años había enfrentado al menos cuatro funas', como son llamadas las manifestaciones de organismos de derechos humanos contra ex funcionarios ligados a los aparatos represivos. Producto de ellas, afirmaron fuentes cercanas, el coronel (R) habría perdido en varias oportunidades su trabajo. A eso se sumaba el delicado estado de salud de su esposa, aquejada de cáncer.
Vecinos de un departamento que Barriga ocupaba hasta hace unos años en avenida Irarrázaval recordaron a Barriga como una persona activa, que incluso fue dirigente de la junta de vigilancia. Allí vivió cerca de dos años, pero luego de la última funa', en la que manifestantes rayaron las paredes del edificio con su nombre, aludiendo a su pasado, decidió emigrar.
El comandante en jefe (s) del Ejército, general Javier Urbina, expresó preocupación por el suicidio. "El coronel Barriga estaba en varios procesos de derechos humanos y seguramente es un tema que lo venía afectando hacía mucho tiempo. El sufría de una depresión, y nos preocupa mucho nuestro personal que esté expuesto a cualquier situación procesal, judicial o de otro tipo personal", dijo Urbina, en una ceremonia para recibir a efectivos que retornaban de la misión en Haití.
Las palabras de Urbina expresaron el malestar del Ejército por la tardanza de las casi 390 causas pendientes de derechos humanos, que actualmente comprometen a cerca de 400 ex uniformados. "Hay gente que está muriendo todos los días", dijo el general Cheyre en septiembre pasado, aludiendo a la cantidad de ex uniformados que han fallecido a la espera del cierre de los procesos. La institución ha hecho saber su interés de que se impulsen algunas iniciativas, como la rebaja de penas a quienes colaboren, que permitirían dinamizar los juicios, pero que se encuentran entrampadas en su discusión parlamentaria.
Barriga nació en Valdivia el 4 de diciembre de 1945, y a mediados de la década del 60 ingresó a la Escuela Militar. Del arma de Infantería, para el golpe de 1973 tenía el grado de capitán. Organismos de derechos humanos afirman que poco después se integró a la Brigada de Inteligencia Metropolitana de la Dina, y luego a la Brigada Purén, encargada de la represión de la cúpula del Partido Comunista.
Tras la disolución del organismo que encabezaba el general Manuel Contreras, Barriga habría integrado la CNI durante buena parte de los 80. En 1990 ejerció como comandante de un regimiento de Infantería en Calama, y luego fue destinado a la Dirección de Movilización Nacional. Tiempo después pasó a retiro.
20 de enero de 2005
©la tercera
murió virgina mayo
Fallece Virginia Mayo, leyenda de Hollywood. A los 84 años murió la actriz que brilló en cintas como Los mejores años de nuestras vidas'. Figura del studio system de los años '40 y '50, su belleza llevó a que se la describiera como "prueba de que Dios existe". El mismo factor, sin embargo, impidió que se valorara su aporte a cintas clave de aquellos años.
Uno de los grandes dramas hollywoodenses de posguerra, Los mejores años de nuestras vidas', la mostró como desencantada esposa de un retornado de la II Guerra. Tres años después fue la mujer de James Cagney, rubia tonta y voluptuosa, en el soberbio thriller freudiano Alma negra' (White Heat, 1949).
Estuvo a la altura de estos papeles, y hay quien dice que el Oscar la ignoró injustamente. Pero su gran belleza -"la prueba de que Dios existe", se decía de ella- nubló la consideración de las dotes actorales de Virginia Mayo, figura insigne del studio system.
Virginia Clara Jones -su verdadero nombre- murió el lunes, a los 84 años, en una casa de reposo de las afueras de Los Angeles. Según informó un amigo de la familia, el deceso fue ocasionado por un paro cardíaco, punto final de la larga neumonía que venía enfrentando.
Al conocerse el fallecimiento, uno de los aspectos que destacaron diarios y agencias fue precisamente la subvaloración de la intérprete en beneficio de la chica sexy.
"Quería ser bailarina"
Hija de un periodista, Virginia nació en Saint Louis, Missouri, en 1920. Su temprano interés en el espectáculo encontró acogida en la academia de talentos de una tía, que la seleccionó para figurar en obras locales.
De ahí saltó a los shows de variedades, con los que hizo sus primeras giras por EE.UU. En uno de ellos nació el nombre por el cual se la recuerda, tomado de un humorista que la acompañaba.
"Quería ser bailarina, pero terminé como actriz", recordaba hace pocos años. El tránsito se produjo a principios de los '40, cuando fue descubierta por Samuel Goldwyn, quien encargó para ella cursos de actuación y de dicción. Con papeles pequeños como el que tuvo en Jack London' (1943) -cuyo protagonista, Michael O'Shea, se convirtió en su esposo-, se la encasilló en géneros como la comedia y el musical, situándosela con frecuencia junto a estrellas como Dana Andrews, George Raft, Burt Lancaster, Kirk Douglas y el mencionado Cagney.
A las órdenes de cineastas como Howard Hawks, Jacques Tourneur, Raoul Walsh y William Wyler, su drama fue el de tantos intérpretes de la era dorada de Hollywood, de la cual fue un producto: con la etiqueta de bella y livianita', el interés en sus servicios decayó hacia fines de los '50.
En décadas posteriores apareció en series de TV como Con temple de acero' y en pequeños papeles en cintas de horror. Le sobreviven una hija y tres nietos.
20 de enero de 2005
©la tercera
Uno de los grandes dramas hollywoodenses de posguerra, Los mejores años de nuestras vidas', la mostró como desencantada esposa de un retornado de la II Guerra. Tres años después fue la mujer de James Cagney, rubia tonta y voluptuosa, en el soberbio thriller freudiano Alma negra' (White Heat, 1949).Estuvo a la altura de estos papeles, y hay quien dice que el Oscar la ignoró injustamente. Pero su gran belleza -"la prueba de que Dios existe", se decía de ella- nubló la consideración de las dotes actorales de Virginia Mayo, figura insigne del studio system.
Virginia Clara Jones -su verdadero nombre- murió el lunes, a los 84 años, en una casa de reposo de las afueras de Los Angeles. Según informó un amigo de la familia, el deceso fue ocasionado por un paro cardíaco, punto final de la larga neumonía que venía enfrentando.
Al conocerse el fallecimiento, uno de los aspectos que destacaron diarios y agencias fue precisamente la subvaloración de la intérprete en beneficio de la chica sexy.
"Quería ser bailarina"
Hija de un periodista, Virginia nació en Saint Louis, Missouri, en 1920. Su temprano interés en el espectáculo encontró acogida en la academia de talentos de una tía, que la seleccionó para figurar en obras locales.
De ahí saltó a los shows de variedades, con los que hizo sus primeras giras por EE.UU. En uno de ellos nació el nombre por el cual se la recuerda, tomado de un humorista que la acompañaba.
"Quería ser bailarina, pero terminé como actriz", recordaba hace pocos años. El tránsito se produjo a principios de los '40, cuando fue descubierta por Samuel Goldwyn, quien encargó para ella cursos de actuación y de dicción. Con papeles pequeños como el que tuvo en Jack London' (1943) -cuyo protagonista, Michael O'Shea, se convirtió en su esposo-, se la encasilló en géneros como la comedia y el musical, situándosela con frecuencia junto a estrellas como Dana Andrews, George Raft, Burt Lancaster, Kirk Douglas y el mencionado Cagney.
A las órdenes de cineastas como Howard Hawks, Jacques Tourneur, Raoul Walsh y William Wyler, su drama fue el de tantos intérpretes de la era dorada de Hollywood, de la cual fue un producto: con la etiqueta de bella y livianita', el interés en sus servicios decayó hacia fines de los '50.
En décadas posteriores apareció en series de TV como Con temple de acero' y en pequeños papeles en cintas de horror. Le sobreviven una hija y tres nietos.
20 de enero de 2005
©la tercera
proceso por masacre de tlatelolco
[Kevin Sullivan] México acusará de genocidio a funcionarios por masacre de 1968.
Ciudad de México, México. El fiscal especial que investiga los asesinatos y desapariciones de personas durante la guerra sucia' de México dijo el jueves que presentará cargos por genocidio contra unos 25 ex funcionarios de gobierno y militares en relación con la masacre del 2 de octubre de 1968 de manifestantes en la plaza de Tlatelolco en Ciudad de México.
En una entrevista con periodistas extranjeros, Ignacio Carrillo Prieto dijo que en entre esos funcionarios se "puede incluir" a Luis Echeverría, que fue presidente de 1970 a 1976 y ministro del Interior, el segundo cargo más importante del país, durante lo que se llamó la Masacre de Tlatelolco'.
Carrillo Prieto dijo que en los próximos meses acusará de genocidio a 75 ex funcionarios por las desapariciones y asesinatos de alrededor de 500 personas en la campaña del gobierno de represión de estudiantes, activistas por la democracia y otros manifestantes entre fines de los años sesenta y principios de los ochenta.
La Masacre de Tlatelolco, que se transformó en un poderoso símbolo de los abusos de los gobiernos autoritarios de México, terminó con la vida de numerosos jóvenes activistas justo antes de que México hiciera de anfitrión de los Juegos Olímpicos de 1968.
El gobierno declaró entonces que en la masacre habían muerto 30 personas, pero grupos de derechos humanos y otros dijeron que la cifra era mucho más alta. También dijeron que los asesinatos fueron cometidos por soldados y pistoleros a sueldo del gobierno y que Echeverría estaba implicado por ordenar los asesinatos. El solitario ex presidente, que cumplirá 83 años este mes, ha negado las acusaciones.
Carrillo Prieto, nombrado por el presidente Vicente Fox en enero de 2002, intentó el año pasado acusar a Echeverría y otros 11 ex funcionarios de genocidio por una masacre en 1971 en la que alrededor de 30 estudiantes fueron asesinados en Ciudad de México por fuerzas de seguridad.
Sin embargo, el juez en ese caso se negó a firmar órdenes de detención, diciendo que la ley de los 30 años de limitación de la acusación de genocidio había expirado. El fiscal general federal, para el que trabaja Carrillo Prieto, ha recurrido esa resolución ante la Corte Suprema, que debe todavía dictar veredicto.
Carrillo Prieto dijo que presentará los nuevos cargos de genocidio independientemente del veredicto de la Corte Suprema. Dijo que en México, a diferencia de Estados Unidos, la resolución de la Corte Suprema sólo sería válida para el caso puntual y no establece un precedente.
Algunos críticos han acusado a Carrillo Prieto de exagerar tratando de acusar a Echeverría y otros de genocidio. Pero el fiscal argumentó que las leyes internacionales definen genocidio como el intento sistemático de eliminar a un grupo étnico, religioso o nacional, y que Echeverría y otros ex funcionarios utilizaron sistemáticamente el poder para tratar de exterminar a los disidentes políticos.
14 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
Ciudad de México, México. El fiscal especial que investiga los asesinatos y desapariciones de personas durante la guerra sucia' de México dijo el jueves que presentará cargos por genocidio contra unos 25 ex funcionarios de gobierno y militares en relación con la masacre del 2 de octubre de 1968 de manifestantes en la plaza de Tlatelolco en Ciudad de México.En una entrevista con periodistas extranjeros, Ignacio Carrillo Prieto dijo que en entre esos funcionarios se "puede incluir" a Luis Echeverría, que fue presidente de 1970 a 1976 y ministro del Interior, el segundo cargo más importante del país, durante lo que se llamó la Masacre de Tlatelolco'.
Carrillo Prieto dijo que en los próximos meses acusará de genocidio a 75 ex funcionarios por las desapariciones y asesinatos de alrededor de 500 personas en la campaña del gobierno de represión de estudiantes, activistas por la democracia y otros manifestantes entre fines de los años sesenta y principios de los ochenta.
La Masacre de Tlatelolco, que se transformó en un poderoso símbolo de los abusos de los gobiernos autoritarios de México, terminó con la vida de numerosos jóvenes activistas justo antes de que México hiciera de anfitrión de los Juegos Olímpicos de 1968.
El gobierno declaró entonces que en la masacre habían muerto 30 personas, pero grupos de derechos humanos y otros dijeron que la cifra era mucho más alta. También dijeron que los asesinatos fueron cometidos por soldados y pistoleros a sueldo del gobierno y que Echeverría estaba implicado por ordenar los asesinatos. El solitario ex presidente, que cumplirá 83 años este mes, ha negado las acusaciones.
Carrillo Prieto, nombrado por el presidente Vicente Fox en enero de 2002, intentó el año pasado acusar a Echeverría y otros 11 ex funcionarios de genocidio por una masacre en 1971 en la que alrededor de 30 estudiantes fueron asesinados en Ciudad de México por fuerzas de seguridad.
Sin embargo, el juez en ese caso se negó a firmar órdenes de detención, diciendo que la ley de los 30 años de limitación de la acusación de genocidio había expirado. El fiscal general federal, para el que trabaja Carrillo Prieto, ha recurrido esa resolución ante la Corte Suprema, que debe todavía dictar veredicto.
Carrillo Prieto dijo que presentará los nuevos cargos de genocidio independientemente del veredicto de la Corte Suprema. Dijo que en México, a diferencia de Estados Unidos, la resolución de la Corte Suprema sólo sería válida para el caso puntual y no establece un precedente.
Algunos críticos han acusado a Carrillo Prieto de exagerar tratando de acusar a Echeverría y otros de genocidio. Pero el fiscal argumentó que las leyes internacionales definen genocidio como el intento sistemático de eliminar a un grupo étnico, religioso o nacional, y que Echeverría y otros ex funcionarios utilizaron sistemáticamente el poder para tratar de exterminar a los disidentes políticos.
14 de enero de 2005
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la campaña electoral iraquí
[Anthony Shadid] Entre esperanzadas pancartas de la campaña electoral en Bagdad, los lemas reflejan ambivalencia.
Bagdad, Iraq. En la calle de Waziriya de Bagdad, los carteles de las campañas están llenos de promesas. "Por un Iraq independiente y libre", promete uno. "Por un Iraq pacífico", dice otro.
Los carteles están pegados en una gris barricada de concreto de un piso de alto gris, que protege de coches-bomba la corte de apelaciones de Iraq. Muestran retratos de líderes religiosos investidos de poder espiritual y políticos que ejercen autoridad, al general iraquí que derrocó a la monarquía del país en un sangriento golpe en 1958 y al descendiente de la familia real que aspira a un trono resucitado.
"Su voto es valioso", declara su cartel. "Déselo a alguien que lo merezca".
Los ánimos al otro lado de la calle en las tiendas de papelería, restaurantes y desvencijados café, separada por un tráfico que no acelera nunca y nunca se detiene sino solamente se arrastra, son mucho más complicados. En el barrio confesionalmente mixto, las emociones son tan embrollados como claros los carteles. Hay temor en torno a la votación, esperanza por el futuro, desdén por los partidos y elasticidad, ese motivo de vida en Bagdad.
En Waziriya los carteles cuentan una historia: lo que ven los partidos políticos de Iraq como los deseos de los votantes. Las conversaciones, unas sobre otras como en un día cualquiera, sugieren otra cosa.
"El pueblo iraquí necesita a alguien fuerte", insistió Hussein Jumaa, un estudiante de 22 años cerca de la Academia de Bellas Artes, terminando un falafel en un restaurante. "No necesitan a alguien que vaya a decir toda la vida, cortésmente: Por favor, señor'".
Jumaa dijo que apoyaba a Ayad Allawi, el primer ministro interino del país, cuya retórica dura y remoto pasado como miembro del represivo Partido Baaz parecen transformarlo en el favorito de los conservadores. Es una tema que repite incansablemente el partido de Allawi en la televisión árabe y en sus carteles, que dicen: "Un liderazgo fuerte y un país pacífico".
Ahmed Hadi, otro estudiante de arte que está con Jumaa, sacude la cabeza. Él apoyaba la lista de candidatos que muchos iraquíes consideran que es apoyada por el gran ayatollah Ali Sistani, el importante líder religioso chií del país.
"Pertenece a la casa de los chiíes", dijo.
Mientras hablaban, Qais Ubaidi, un chofer de microbús, entró al restaurante con un paso impaciente que correspondía con su actitud.
"Mentiras", insistió, cuando le pregunté qué pensaba de los carteles. "Es un proceso engañoso".
Una Campaña Débil
La elección de los 275 miembros del Parlamento, que deberá luego redactar la Constitución, fue convocada para el 30 de enero. En Bagdad, la campaña ya está en camino, aunque la capital está prácticamente bajo sitio, preparándose para una intensificación de la campaña de los insurgentes para interrumpir la votación. En lugar de mítines, hay pequeñas reuniones en locaciones fortificadas -casas, oficinas o sedes de partidos detrás de barricadas y alambre de púa. En lugar de discursos, hay réclames de televisión. Algunos canales están saturados de réclames electorales. En lugar de encontrarse cara a cara con la gente, los candidatos colocan carteles con sus mensajes.
Algunos son simples. En uno de los tablones de concreto, colocados como piezas de dominó en la calle de Waziriya, un panfleto de un candidato independiente, Ahmed Taha, dice humildemente: "Estoy tratando de presentarme a mí mismo".
Otros son más sofisticados.
La Alianza Unida Iraquí, el grupo de la más importante lista chií, ha empapelado partes de Bagdad con mensajes que se inclinan hacia lo moralizador. "Por la virtud social", dice un panfleto. "Para salvaguardar la identidad musulmana de Iraq", dice otro, agraciado con un retrato de Sistani, cuya autoridad entre los chiíes más religiosos es incuestionable.
Esta lista declaradamente chií se basa en la historia de una comunidad reprimida durante mucho tiempo, que sufrió siglos de desposesión a manos de gobernantes sunníes, excluidos por el presidente Saddam Hussein como el último de una larga lista. "Nuestro propósito es recuperar lo que destruyó el criminal régimen baazista", declara un cartel sobre un mapa de Iraq dibujado como una pared agrietada con flores rojas encima. Casi todos los carteles citan versos del Corán. Entre los más populares: "Dios nunca cambiará las condiciones de la gente a menos que la gente cambie ella misma".
"Vote por su seguridad, la distribución de los servicios sociales y contra el desempleo", entona otro cartel de otra coalición, la Unión Popular, respaldada por el venerable Partido Comunista Iraquí. Los carteles del partido, a menudo con los mensajes más eclécticos de Bagdad, prometen "una infancia segura", "fraternidad nacional" y "los derechos de la maternidad y de la infancia".
Ubaidi, el chofer de microbús, se burla de todos ellos sin excepción.
"Son todos ladrones que saben muy bien cómo robar", dijo.
Haciendo el trayecto desde el centro hasta el sur de Bagdad, Ubaidi gana unos seis dólares al día. En otoño pasado hacía 23 dólares. Sus ganancias se estropearon con la escasez de gasolina, que puede durar semanas, que ha quintuplicado los precios del combustible en el mercado negro.
"No hay gas, no hay aceite de cocina, no hay electricidad y no hay gasolina. No hay seguridad y todo el mundo roba", dijo el robusto Ubaidi, como el chirriante casete de un cantante de la región del Golfo Pérsico en la instalación estereo de un restaurante. "Si Saddam fuera candidato, yo lo votaría a él. Todos en Iraq son ladrones, pero Saddam era un buen ladrón. Por lo menos proporcionaba seguridad".
Ubaidi, hijo de una madre chií y un padre sunní, culpó a los partidos políticos de la intensificación de las tensiones confesionales. Importante grupos sunníes han llamado a boicotear las elecciones, y los más militantes entre ellos han amenazado con interrumpirlas.
"Están todos compitiendo por el trono", dijo. "¿Dónde estaban antes?"
No es un sentimiento desconocido hacia los partidos. Muchos de los más prominentes líderes políticos estuvieron en el extranjero durante el régimen de Hussein y a menudo sus raíces son huecas en una sociedad que estuvo efectivamente despolitizada durante los 35 años de régimen baazista. Muchos iraquíes culpan a los antiguos exiliados de la deslucida actuación del gobierno interino y del Consejo de Gobierno anterior. La lista chií usa en sus carteles el retrato de Sistani, no el de sus propios candidatos, y pocos emplean los nombres de los partidos.
"La gente odia a los partidos", declaró Fathi Abed, 40, que tiene una tienda de repuestos de automóvil en la calle de Waziriya, sus estanterías apiladas de focos, espejos retrovisores y cajas metálicas de bayetas.
Cansado de hablar e imperturbable, Abed dijo que votaría, incluso aunque insistió en que el resultado estaba predeterminado.
"Te apuesto", dijo. "Espera hasta después de las elecciones, y verás que el ganador será Ayad Allawi. Él las ganará".
Algunos en Bagdad creen que Estados Unidos quiere que el nuevo Parlamento elija a Allawi, el titular, como primer ministro. Si los americanos lo quieren, se dice en las conversaciones, así ocurrirá. Esto refleja la profunda veta de teorías conspirativas que impregnan la vida de Bagdad en estos días -desde el rumor de que el militante jordano Abu Musab Zarqawi, acusado de algunas de las más espectaculares carnicerías en Iraq, es un invento norteamericano, hasta el rumor expresado por Abed de que los iraquíes que no voten perderán sus raciones de alimento mensuales.
"Quizás no es verdad", dijo, "pero es lo que la gente dice".
Esperando el Caos
Más abajo en la calle de la tienda de Abed hay otros carteles, atestando la entrada a la Academia de Bellas Artes de la ciudad, junto a vendedores ambulantes que venden té en sus endebles tenderetes con techos de cartón y quioscos que venden caramelos y útiles de escritorio a los estudiantes que se arremolinan en la calle.
Algunos de los panfletos son repartidos por la comisión electoral iraquí, instando a los iraquíes a votar "por el futuro de Iraq" o a las mujeres para que participen en la votación "para dar vida a la democracia y la igualdad". Junto a ellos hay carteles del Movimiento Monárquico Constitucional, el grupo realista cuyo líder, Sharif Ali bin Hussein, promete "seguridad, estabilidad, justicia y prosperidad".
A la vuelta de la esquina se encuentra uno de los candidatos del partido monárquico, Muatasim Idris, que trabaja para una firma de ingeniería.
Su campaña, como muchas, es de tono suave: nada de discursos, mítines ni manifestaciones. Extendiendo su mano, Idris, 35, hizo un listado de las amenazas que enfrentaría durante la campaña. Le podían colocar una bomba, robarle el coche, su familia podría ser amenazada. Dijo que el día de las elecciones decenas de familias en su barrio abandonarían sus casas cerca de las escuelas, donde se instalarán los colegios electorales.
"Soy un blanco en movimiento", dijo Idris, con una sonrisa forzada. "Sólo hago campaña entre la gente que confío: familiares y amigos".
"Sabemos que habrá balbala", dijo. Confusión y caos. "No hay modo de evitarlo. Se oye todos los días. La gente tiene miedo. Tienen miedo incluso en sus casas. Pero tenemos que decidir el destino de nuestro país. No podemos abandonarlo".
En su oficina, adornada con una fotografía de la Meca, el santuario más sagrado del islam, y de versos del Corán escritos en un espejo, Idris se reunía con su primo Ali Saleh, 45. En una queja que ya es familiar, dijeron que estaban preocupados por Iraq, que tomaría una generación para que volviera a ser lo que era antes de la llegada de los norteamericanos, antes de la tiranía de Hussein, antes de las guerras y la violencia que ha desordenado sus vidas.
"Iraq tiene una larga historia", dijo Saleh. "Saddam no era algo nuevo. ¿Cuántas generaciones han tenido que vivir de esta manera?" Miró por la ventana de su empresa, la Fábrica Mustafa, los carteles del Partido Monárquico Constitucional y los panfletos del Partido Comunista en una barricada de concreto. "Nuestra generación ha crecido en la violencia. No pueden revolver sus problemas de manera pacífica".
Miembros de una generación más joven estaban en el patio de la Academia de Bellas Artes, ornamentada con estatuas de la dinastía Abbassid de Bagdad, el ambiente de las Mil y una Noches y las historias que dan a Bagdad su nostalgia. Junto a un estudiante que tocaba Hotel California' en una guitarra acústica estaba Muntasir Jalal y su amiga Dalal Mohammed. Jalal es cristiano; Mohammed, sunní.
El voto "es nuestra oportunidad", insistió Jalal.
Mohammed dio vuelta los ojos, luego sacudió su cabeza.
"Yo soy sunní, y los sunníes estamos boicoteando las elecciones", dijo. "Creo que va a causar todavía más problemas".
En una muralla cercana, un cartel con el retrato de Sistani insta a la gente a votar. Al otro lado del patio hay una pancarta: "Así es como empieza un país a decidir su destino..., a través de las urnas".
"No les presto atención", dijo Mohammed. "Soy pesimista. Soy pesimista sobre la vida y sobre todo. Quiero irme de Iraq. Eso sería lo mejor".
Jalal se burló de ella. "Se va a lleva consigo un lanzagranadas". Trató de desviar la conversación. Eran artistas, insistió. "En el arte no hay política", dijo Jalal, tranquilizándola. "Estamos demasiado ocupados pintando".
20 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
Los carteles están pegados en una gris barricada de concreto de un piso de alto gris, que protege de coches-bomba la corte de apelaciones de Iraq. Muestran retratos de líderes religiosos investidos de poder espiritual y políticos que ejercen autoridad, al general iraquí que derrocó a la monarquía del país en un sangriento golpe en 1958 y al descendiente de la familia real que aspira a un trono resucitado.
"Su voto es valioso", declara su cartel. "Déselo a alguien que lo merezca".
Los ánimos al otro lado de la calle en las tiendas de papelería, restaurantes y desvencijados café, separada por un tráfico que no acelera nunca y nunca se detiene sino solamente se arrastra, son mucho más complicados. En el barrio confesionalmente mixto, las emociones son tan embrollados como claros los carteles. Hay temor en torno a la votación, esperanza por el futuro, desdén por los partidos y elasticidad, ese motivo de vida en Bagdad.
En Waziriya los carteles cuentan una historia: lo que ven los partidos políticos de Iraq como los deseos de los votantes. Las conversaciones, unas sobre otras como en un día cualquiera, sugieren otra cosa.
"El pueblo iraquí necesita a alguien fuerte", insistió Hussein Jumaa, un estudiante de 22 años cerca de la Academia de Bellas Artes, terminando un falafel en un restaurante. "No necesitan a alguien que vaya a decir toda la vida, cortésmente: Por favor, señor'".
Jumaa dijo que apoyaba a Ayad Allawi, el primer ministro interino del país, cuya retórica dura y remoto pasado como miembro del represivo Partido Baaz parecen transformarlo en el favorito de los conservadores. Es una tema que repite incansablemente el partido de Allawi en la televisión árabe y en sus carteles, que dicen: "Un liderazgo fuerte y un país pacífico".
Ahmed Hadi, otro estudiante de arte que está con Jumaa, sacude la cabeza. Él apoyaba la lista de candidatos que muchos iraquíes consideran que es apoyada por el gran ayatollah Ali Sistani, el importante líder religioso chií del país.
"Pertenece a la casa de los chiíes", dijo.
Mientras hablaban, Qais Ubaidi, un chofer de microbús, entró al restaurante con un paso impaciente que correspondía con su actitud.
"Mentiras", insistió, cuando le pregunté qué pensaba de los carteles. "Es un proceso engañoso".
Una Campaña Débil
La elección de los 275 miembros del Parlamento, que deberá luego redactar la Constitución, fue convocada para el 30 de enero. En Bagdad, la campaña ya está en camino, aunque la capital está prácticamente bajo sitio, preparándose para una intensificación de la campaña de los insurgentes para interrumpir la votación. En lugar de mítines, hay pequeñas reuniones en locaciones fortificadas -casas, oficinas o sedes de partidos detrás de barricadas y alambre de púa. En lugar de discursos, hay réclames de televisión. Algunos canales están saturados de réclames electorales. En lugar de encontrarse cara a cara con la gente, los candidatos colocan carteles con sus mensajes.
Algunos son simples. En uno de los tablones de concreto, colocados como piezas de dominó en la calle de Waziriya, un panfleto de un candidato independiente, Ahmed Taha, dice humildemente: "Estoy tratando de presentarme a mí mismo".
Otros son más sofisticados.
La Alianza Unida Iraquí, el grupo de la más importante lista chií, ha empapelado partes de Bagdad con mensajes que se inclinan hacia lo moralizador. "Por la virtud social", dice un panfleto. "Para salvaguardar la identidad musulmana de Iraq", dice otro, agraciado con un retrato de Sistani, cuya autoridad entre los chiíes más religiosos es incuestionable.
Esta lista declaradamente chií se basa en la historia de una comunidad reprimida durante mucho tiempo, que sufrió siglos de desposesión a manos de gobernantes sunníes, excluidos por el presidente Saddam Hussein como el último de una larga lista. "Nuestro propósito es recuperar lo que destruyó el criminal régimen baazista", declara un cartel sobre un mapa de Iraq dibujado como una pared agrietada con flores rojas encima. Casi todos los carteles citan versos del Corán. Entre los más populares: "Dios nunca cambiará las condiciones de la gente a menos que la gente cambie ella misma".
"Vote por su seguridad, la distribución de los servicios sociales y contra el desempleo", entona otro cartel de otra coalición, la Unión Popular, respaldada por el venerable Partido Comunista Iraquí. Los carteles del partido, a menudo con los mensajes más eclécticos de Bagdad, prometen "una infancia segura", "fraternidad nacional" y "los derechos de la maternidad y de la infancia".
Ubaidi, el chofer de microbús, se burla de todos ellos sin excepción.
"Son todos ladrones que saben muy bien cómo robar", dijo.
Haciendo el trayecto desde el centro hasta el sur de Bagdad, Ubaidi gana unos seis dólares al día. En otoño pasado hacía 23 dólares. Sus ganancias se estropearon con la escasez de gasolina, que puede durar semanas, que ha quintuplicado los precios del combustible en el mercado negro.
"No hay gas, no hay aceite de cocina, no hay electricidad y no hay gasolina. No hay seguridad y todo el mundo roba", dijo el robusto Ubaidi, como el chirriante casete de un cantante de la región del Golfo Pérsico en la instalación estereo de un restaurante. "Si Saddam fuera candidato, yo lo votaría a él. Todos en Iraq son ladrones, pero Saddam era un buen ladrón. Por lo menos proporcionaba seguridad".
Ubaidi, hijo de una madre chií y un padre sunní, culpó a los partidos políticos de la intensificación de las tensiones confesionales. Importante grupos sunníes han llamado a boicotear las elecciones, y los más militantes entre ellos han amenazado con interrumpirlas.
"Están todos compitiendo por el trono", dijo. "¿Dónde estaban antes?"
No es un sentimiento desconocido hacia los partidos. Muchos de los más prominentes líderes políticos estuvieron en el extranjero durante el régimen de Hussein y a menudo sus raíces son huecas en una sociedad que estuvo efectivamente despolitizada durante los 35 años de régimen baazista. Muchos iraquíes culpan a los antiguos exiliados de la deslucida actuación del gobierno interino y del Consejo de Gobierno anterior. La lista chií usa en sus carteles el retrato de Sistani, no el de sus propios candidatos, y pocos emplean los nombres de los partidos.
"La gente odia a los partidos", declaró Fathi Abed, 40, que tiene una tienda de repuestos de automóvil en la calle de Waziriya, sus estanterías apiladas de focos, espejos retrovisores y cajas metálicas de bayetas.
Cansado de hablar e imperturbable, Abed dijo que votaría, incluso aunque insistió en que el resultado estaba predeterminado.
"Te apuesto", dijo. "Espera hasta después de las elecciones, y verás que el ganador será Ayad Allawi. Él las ganará".
Algunos en Bagdad creen que Estados Unidos quiere que el nuevo Parlamento elija a Allawi, el titular, como primer ministro. Si los americanos lo quieren, se dice en las conversaciones, así ocurrirá. Esto refleja la profunda veta de teorías conspirativas que impregnan la vida de Bagdad en estos días -desde el rumor de que el militante jordano Abu Musab Zarqawi, acusado de algunas de las más espectaculares carnicerías en Iraq, es un invento norteamericano, hasta el rumor expresado por Abed de que los iraquíes que no voten perderán sus raciones de alimento mensuales.
"Quizás no es verdad", dijo, "pero es lo que la gente dice".
Esperando el Caos
Más abajo en la calle de la tienda de Abed hay otros carteles, atestando la entrada a la Academia de Bellas Artes de la ciudad, junto a vendedores ambulantes que venden té en sus endebles tenderetes con techos de cartón y quioscos que venden caramelos y útiles de escritorio a los estudiantes que se arremolinan en la calle.
Algunos de los panfletos son repartidos por la comisión electoral iraquí, instando a los iraquíes a votar "por el futuro de Iraq" o a las mujeres para que participen en la votación "para dar vida a la democracia y la igualdad". Junto a ellos hay carteles del Movimiento Monárquico Constitucional, el grupo realista cuyo líder, Sharif Ali bin Hussein, promete "seguridad, estabilidad, justicia y prosperidad".
A la vuelta de la esquina se encuentra uno de los candidatos del partido monárquico, Muatasim Idris, que trabaja para una firma de ingeniería.
Su campaña, como muchas, es de tono suave: nada de discursos, mítines ni manifestaciones. Extendiendo su mano, Idris, 35, hizo un listado de las amenazas que enfrentaría durante la campaña. Le podían colocar una bomba, robarle el coche, su familia podría ser amenazada. Dijo que el día de las elecciones decenas de familias en su barrio abandonarían sus casas cerca de las escuelas, donde se instalarán los colegios electorales.
"Soy un blanco en movimiento", dijo Idris, con una sonrisa forzada. "Sólo hago campaña entre la gente que confío: familiares y amigos".
"Sabemos que habrá balbala", dijo. Confusión y caos. "No hay modo de evitarlo. Se oye todos los días. La gente tiene miedo. Tienen miedo incluso en sus casas. Pero tenemos que decidir el destino de nuestro país. No podemos abandonarlo".
En su oficina, adornada con una fotografía de la Meca, el santuario más sagrado del islam, y de versos del Corán escritos en un espejo, Idris se reunía con su primo Ali Saleh, 45. En una queja que ya es familiar, dijeron que estaban preocupados por Iraq, que tomaría una generación para que volviera a ser lo que era antes de la llegada de los norteamericanos, antes de la tiranía de Hussein, antes de las guerras y la violencia que ha desordenado sus vidas.
"Iraq tiene una larga historia", dijo Saleh. "Saddam no era algo nuevo. ¿Cuántas generaciones han tenido que vivir de esta manera?" Miró por la ventana de su empresa, la Fábrica Mustafa, los carteles del Partido Monárquico Constitucional y los panfletos del Partido Comunista en una barricada de concreto. "Nuestra generación ha crecido en la violencia. No pueden revolver sus problemas de manera pacífica".
Miembros de una generación más joven estaban en el patio de la Academia de Bellas Artes, ornamentada con estatuas de la dinastía Abbassid de Bagdad, el ambiente de las Mil y una Noches y las historias que dan a Bagdad su nostalgia. Junto a un estudiante que tocaba Hotel California' en una guitarra acústica estaba Muntasir Jalal y su amiga Dalal Mohammed. Jalal es cristiano; Mohammed, sunní.
El voto "es nuestra oportunidad", insistió Jalal.
Mohammed dio vuelta los ojos, luego sacudió su cabeza.
"Yo soy sunní, y los sunníes estamos boicoteando las elecciones", dijo. "Creo que va a causar todavía más problemas".
En una muralla cercana, un cartel con el retrato de Sistani insta a la gente a votar. Al otro lado del patio hay una pancarta: "Así es como empieza un país a decidir su destino..., a través de las urnas".
"No les presto atención", dijo Mohammed. "Soy pesimista. Soy pesimista sobre la vida y sobre todo. Quiero irme de Iraq. Eso sería lo mejor".
Jalal se burló de ella. "Se va a lleva consigo un lanzagranadas". Trató de desviar la conversación. Eran artistas, insistió. "En el arte no hay política", dijo Jalal, tranquilizándola. "Estamos demasiado ocupados pintando".
20 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
gastronomía y novela negra
Los mejores del género policiaco, en Barcelona.
Barcelona, España. El escritor griego Petros Márkaris, creador del inspector Jaritos, ha aseverado que hay una novela negra mediterránea "de Portugal a Grecia" que tiene en común "la gastronomía", en contraposición a la anglosajona y nórdica "donde los personajes comen salmón con vodka o bocadillos con cerveza".
Márkaris ha participado en una mesa redonda que ha abierto el Primer Encuentro Europeo de Novela Negra en la que también han participado la escritora norteamericana Donna León, afincada en Venecia, y Francisco González Ledesma, un debate que ha sido moderado por el también escritor de género policiaco Andreu Martín.
Donna León, que ha estado de acuerdo con Márkaris ya que la gastronomía está presente también en sus novelas protagonizadas por el inspector Guido Brunetti a quien su mujer le prepara platos de la cocina italiana, ha dedicado su intervención al concepto de turismo cultural.
La escritora norteamericana, afincada en Venecia desde hace 40 años y cuyas novelas se desarrollan en esa ciudad, ha hecho un alegato en contra del turismo de "compras".
Para Donna León "es imperdonable" que alguien viaje a Venecia y dedique su tiempo a ir de tiendas "en lugar de recorrer la ciudad mas hermosa del mundo".
Crítico Gastronómico
Francisco González Ledesma ha confesado que no está dotado para la cocina, aunque llegó a ser crítico gastronómico de 'La Vanguardia', y ha apuntado que su policía, el inspector Méndez, suele comer en las viejas tabernas que había en el del barrio Chino de Barcelona donde ni la comida ni la bebida eran recomendables por su calidad.
Andreu Martin ha dado un repaso histórico a la evolución de la novela negra, de la que ha dicho que nació con 'Los crímenes de la calle Morgue', de Edgar Alan Poe y que "la pelota " ha ido pasando de Estados Unidos a Europa durante más de 100 años.
A su juicio, en la actualidad existe una mayor calidad de la novela negra europea, ya que los escritores norteamericanos se ven sometidos a una serie de reglas que le imponen las editoriales "que les fijan determinados esquemas y el número de páginas que deben tener".
La Crueldad Nórdica
Márkaris ha puntualizado que dentro de la novela negra mediterránea hay una especie de subdivisión en la que ha englobado a los autores de Portugal, España y su país, Grecia, y que se caracterizan por hablar de un pasado bajo las dictaduras de Franco, Salazar o los coroneles griegos y de la transición a la democracia, un tiempo histórico cuyas heridas reflejan los escritores en sus novelas que "siempre terminan hablando de política", algo que no ocurre con los escritores del norte de Europa.
El ejemplo más claro de este tipo de autor, según Mákaris, es el malogrado Manuel Vázquez Montalbán, quien tiene en común con otros autores mediterráneos un pasado "izquierdista" y ha apostillado que este tipo de características literarias no se puede aplicar a Francia, "ni tan siquiera a Italia".
Márkaris ha resaltado también que una de las características de la novela negra nórdica "es la crueldad de los asesinos con sus víctimas: "Nosotros [los autores mediterráneos] somos angelitos a la hora de escribir nuestros crímenes comparados con los autores anglosajones y nórdicos".
20 de enero de 2005
©el mundo"
Barcelona, España. El escritor griego Petros Márkaris, creador del inspector Jaritos, ha aseverado que hay una novela negra mediterránea "de Portugal a Grecia" que tiene en común "la gastronomía", en contraposición a la anglosajona y nórdica "donde los personajes comen salmón con vodka o bocadillos con cerveza".Márkaris ha participado en una mesa redonda que ha abierto el Primer Encuentro Europeo de Novela Negra en la que también han participado la escritora norteamericana Donna León, afincada en Venecia, y Francisco González Ledesma, un debate que ha sido moderado por el también escritor de género policiaco Andreu Martín.
Donna León, que ha estado de acuerdo con Márkaris ya que la gastronomía está presente también en sus novelas protagonizadas por el inspector Guido Brunetti a quien su mujer le prepara platos de la cocina italiana, ha dedicado su intervención al concepto de turismo cultural.
La escritora norteamericana, afincada en Venecia desde hace 40 años y cuyas novelas se desarrollan en esa ciudad, ha hecho un alegato en contra del turismo de "compras".
Para Donna León "es imperdonable" que alguien viaje a Venecia y dedique su tiempo a ir de tiendas "en lugar de recorrer la ciudad mas hermosa del mundo".
Crítico Gastronómico
Francisco González Ledesma ha confesado que no está dotado para la cocina, aunque llegó a ser crítico gastronómico de 'La Vanguardia', y ha apuntado que su policía, el inspector Méndez, suele comer en las viejas tabernas que había en el del barrio Chino de Barcelona donde ni la comida ni la bebida eran recomendables por su calidad.
Andreu Martin ha dado un repaso histórico a la evolución de la novela negra, de la que ha dicho que nació con 'Los crímenes de la calle Morgue', de Edgar Alan Poe y que "la pelota " ha ido pasando de Estados Unidos a Europa durante más de 100 años.
A su juicio, en la actualidad existe una mayor calidad de la novela negra europea, ya que los escritores norteamericanos se ven sometidos a una serie de reglas que le imponen las editoriales "que les fijan determinados esquemas y el número de páginas que deben tener".
La Crueldad Nórdica
Márkaris ha puntualizado que dentro de la novela negra mediterránea hay una especie de subdivisión en la que ha englobado a los autores de Portugal, España y su país, Grecia, y que se caracterizan por hablar de un pasado bajo las dictaduras de Franco, Salazar o los coroneles griegos y de la transición a la democracia, un tiempo histórico cuyas heridas reflejan los escritores en sus novelas que "siempre terminan hablando de política", algo que no ocurre con los escritores del norte de Europa.
El ejemplo más claro de este tipo de autor, según Mákaris, es el malogrado Manuel Vázquez Montalbán, quien tiene en común con otros autores mediterráneos un pasado "izquierdista" y ha apostillado que este tipo de características literarias no se puede aplicar a Francia, "ni tan siquiera a Italia".
Márkaris ha resaltado también que una de las características de la novela negra nórdica "es la crueldad de los asesinos con sus víctimas: "Nosotros [los autores mediterráneos] somos angelitos a la hora de escribir nuestros crímenes comparados con los autores anglosajones y nórdicos".
20 de enero de 2005
©el mundo"
en alta mar patera con 10 muertos
El mal tiempo reinante en las aguas que separan Canarias del continente africano pudo ser la causa de la pérdida de la patera hallada ayer con 10 inmigrantes muertos a 300 millas al sur de las islas, de acuerdo a las primeras hipótesis, pues en la zona la situación es de marejada a mar gruesa.
Las Palmas de Gran Canaria, España. Ese estado de las aguas dificulta actualmente la búsqueda de la barca que ha iniciado en el lugar el buque hospital Esperanza del Mar, que partió ayer mismo al encuentro de los cadáveres para recogerlos y conducirlos a tierra pero, cuando llegó a la zona, se encontró con que la patera, amarrada en principio a un mercante que la halló y dio la alerta, se había soltado y quedado a la deriva.
La desaparición de la pequeña embarcación fue anunciada por el capitán del Esperanza del Mar, Roberto González, que, en conversación telefónica, relató que el incidente fue constatado en torno a las tres de la madrugada, cuando aún el buque hospital se hallaba en ruta para recoger los cadáveres y trasladarlos a tierra.
Tras conocer lo ocurrido y todavía sin saber en detalle las circunstancias en que se produjo el incidente, la tripulación del Esperanza del Mar inició las labores de búsqueda poco después de alcanzar al mercante, en torno a las 04.00 horas.
Los tripulantes del mercante que protagonizó el dramático hallazgo, ocurrido a mediodía de ayer a unas 300 millas de Gran Canaria, alertaron de los hechos a las autoridades, que organizaron entonces la partida del Esperanza del Mar a fin de que los cuerpos fueran recogidos y trasladados a la isla para su posterior sepultura.
El propio Roberto González había anticipado que esperaba llegar a la zona a las cuatro de la madrugada, izar a bordo la patera y los cadáveres y emprender el viaje de regreso a Gran Canaria, a donde estimó podría arribar pasada la medianoche próxima.
Esa previsión ha quedado desbaratada en cualquier caso a consecuencia de la desaparición de la embarcación en que se hallaron los cadáveres, sobre la cual se pedirán posteriormente más detalles a los tripulantes del mercante que la encontró inicialmente, un buque de bandera belga de nombre Safmarine Nimba'.
Además, las tareas de búsqueda de la barca con los cuerpos de los inmigrantes no han tenido resultado alguno en sus primeras seis horas, y es imposible apuntar cuándo podrían dar fruto. En cuanto a la situación de la patera donde se localizaron los cuerpos, detectada al oeste de la antigua Villa Cisneros, el capitán del Esperanza del Mar indicó que, conforme a los datos recabados en principio, se encuentra en buenas condiciones.
Respecto a cuánto tiempo podría llevar en alta mar cuando fue encontrada dijo que es difícil calcularlo. Así, opinó que, si se calcula una corriente estable de nudo y medio, podría llevar hasta diez días en el mar, pero apostilló que esa estimación será probablemente incorrecta, porque los vientos de los últimos días han sido del sureste, no frecuentes en la zona.
20 de enero de 2005
©terra
Las Palmas de Gran Canaria, España. Ese estado de las aguas dificulta actualmente la búsqueda de la barca que ha iniciado en el lugar el buque hospital Esperanza del Mar, que partió ayer mismo al encuentro de los cadáveres para recogerlos y conducirlos a tierra pero, cuando llegó a la zona, se encontró con que la patera, amarrada en principio a un mercante que la halló y dio la alerta, se había soltado y quedado a la deriva.La desaparición de la pequeña embarcación fue anunciada por el capitán del Esperanza del Mar, Roberto González, que, en conversación telefónica, relató que el incidente fue constatado en torno a las tres de la madrugada, cuando aún el buque hospital se hallaba en ruta para recoger los cadáveres y trasladarlos a tierra.
Tras conocer lo ocurrido y todavía sin saber en detalle las circunstancias en que se produjo el incidente, la tripulación del Esperanza del Mar inició las labores de búsqueda poco después de alcanzar al mercante, en torno a las 04.00 horas.
Los tripulantes del mercante que protagonizó el dramático hallazgo, ocurrido a mediodía de ayer a unas 300 millas de Gran Canaria, alertaron de los hechos a las autoridades, que organizaron entonces la partida del Esperanza del Mar a fin de que los cuerpos fueran recogidos y trasladados a la isla para su posterior sepultura.
El propio Roberto González había anticipado que esperaba llegar a la zona a las cuatro de la madrugada, izar a bordo la patera y los cadáveres y emprender el viaje de regreso a Gran Canaria, a donde estimó podría arribar pasada la medianoche próxima.
Esa previsión ha quedado desbaratada en cualquier caso a consecuencia de la desaparición de la embarcación en que se hallaron los cadáveres, sobre la cual se pedirán posteriormente más detalles a los tripulantes del mercante que la encontró inicialmente, un buque de bandera belga de nombre Safmarine Nimba'.
Además, las tareas de búsqueda de la barca con los cuerpos de los inmigrantes no han tenido resultado alguno en sus primeras seis horas, y es imposible apuntar cuándo podrían dar fruto. En cuanto a la situación de la patera donde se localizaron los cuerpos, detectada al oeste de la antigua Villa Cisneros, el capitán del Esperanza del Mar indicó que, conforme a los datos recabados en principio, se encuentra en buenas condiciones.
Respecto a cuánto tiempo podría llevar en alta mar cuando fue encontrada dijo que es difícil calcularlo. Así, opinó que, si se calcula una corriente estable de nudo y medio, podría llevar hasta diez días en el mar, pero apostilló que esa estimación será probablemente incorrecta, porque los vientos de los últimos días han sido del sureste, no frecuentes en la zona.
20 de enero de 2005
©terra