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literatura

murió h.r.f. keating


Autor de novelas policiales.Creador de los detectives Ganesh Ghote y Harriet Martens.

[Bruce Weber] Murió el domingo en Londres el prolífico escritor británico de novelas policiales H. R. F. Keating, que creó al personaje Ganesh Ghote, un humilde inspector de policía indio en Bombay. Tenía 84 años.
La causa de su muerte fue un infarto, informó en un email su esposa Sheila Mitchell.
La vida literaria de Keating estaba saturada de crimen. Escribió más de cuarenta libros de ficción policial, reseñó literatura policial para el Times de Londres y escribió libros documentales sobre el crimen, incluyendo un estudio de carácter de Sherlock Holmes, una guía para escribir historias policiales y una lista, acompañada por ensayos, de lo que consideraba las cien mejores novelas policiales.
Más de veinte de sus novelas (así como numerosos cuentos cortos) incluyen al Inspector Ghote, un hombre de peculiar encanto en el mundo de los detectives de novela. Tímido e introspectivo y dispuesto más benignamente hacia la humanidad que sus colegas Sam Spade o Philip Marlowe, Ghote no es especialmente rudo ni especialmente perceptivo de los vericuetos de la mente criminal. Sin embargo, está poseído por una inquebrantable integridad, y es uno de esos personajes fastidiosos que simplemente es imposible sacarse de encima.
Las novelas del Inspector Ghote fueron elogiadas frecuentemente por sus precisos retratos de la vida en Bombay, conocida ahora como Mumbai, aunque Keating escribió varias de ellas antes de haber incluso visitado India. Fueron narradas con un cálido sentido del humor.
En las primeras páginas de la primera novel de Ghote, ‘The Perfect Murder’ (1964), en la que el Inspector Ghote investiga el asesinato del imprescindible secretario de un adinerado magnate de los negocios, se revela casualmente que el nombre de la víctima era Perfect. El magnate es "una maciza y rolliza montaña de hombre" y "un hombre con gran influencia en los círculos más exclusivos".
"El inspector tragó saliva nerviosamente", escribió Keating sobre el primer encuentro de Ghote con el magnate. "Él pensaba que no debía permitir que esa persona le pasara por encima, de otro modo la posibilidad de que pudiera iniciar alguna vez el procedimiento correcto sería reducida".
Keating, que llevaba una barba larga y suelta, era conocido por su estilo amable y dulce.
"Era famoso en Inglaterra por ser la persona más amable y dulce en la comunidad de la literatura de misterio", dijo Otto Penzler, fundador de The Mysterious Bookshop en Manhattan y viejo amigo de Keating. "Se comportaba casi como un monje budista".
Keating era un escritor de novelas policiales chapado a la antigua, dijo Penzler, en el sentido de que iba dejando pistas en sus libros para que los lectores trataran de desentrañar el misterio junto con el detective. "Era la novela de detectives clásica, hecha popular durante la edad de oro del género, en el periodo de entre guerras", dijo Penzler. "No era señaladamente violento, estaba clasificado como Guía Parental, respetaba las reglas del juego, que hoy en día no hace nadie, porque es muy difícil. Ahora muchos escritores descansan en el estilo, intuición y buenas suerte de los detectives, antes que en pistas bien plantadas que el detective puede observar para hacer deducciones".

Henry Reymond Fitzwalter Keating, conocido entre sus amigos como Harry, nació en St. Leonards-on-Sea, Sussex, Inglaterra, el 31 de octubre de 1926. Su padre era director de una escuela, y el folklore material dice que bautizó a su hijo con ese nombre tan formidable prefigurándose que sería escritor, pensando que las iniciales se verían impresionantes en el lomo de los libros.
Sirvió en el ejército antes de estudiar en el Trinity College de Dublín. Trabajó como periodista de tiempo completo para el Daily Telegraph y el Times de Londres antes de empezar a escribir novelas policiales para ganarse la vida. Escribió varias novelas antes de ‘The Perfect Murder’, ninguna fue publicada en Estados Unidos y no pensó en escribir una serie sino cuando ‘A Perfect Murder’ fue galardonada con el premio Gold Dagger, el premio británico para la mejor novela policial de 1964. Publicada en Estados Unidos por Dutton, fue nominada al Premio Edgar Allan Poe a la mejor novela de misterio de 1966. El Inspector Ghote llamaba la atención.
Hacia el 2000, Keating había guiado al Inspector Ghote a través de más de veinte extensas investigaciones y había suspendido temporalmente la serie y empezado otra con Harriet Martens, un astuto detective de la policía inglesa. La primera de siete novelas con Martens, ‘The Hard Detective’ -titulada así por la caparazón de dureza que el protagonista debe llevar para hacer negocios en el mundo predominantemente masculino de la lucha contra el crimen en Inglaterra-, fue publicada en 2000. Keating volvió hace poco al Inspector Ghote, publicando dos libros, ‘Inspector Ghote’s First Case’ (2008) y ‘A Small Case for Inspector Ghote?’ (2009).
Además de Mitchell, la actriz con la que se casó en 1953, a Keating le sobreviven un hermano, Noel; cuatro hijos: Simon, Piers, Hugo y Bryony; y nueve nietos.
En 1966 recibió una Diamond Dagger, el reconocimiento por la trayectoria de toda una vida de la Asociación Británica de Escritores de Novelas Policiales.
18 de abril de 2011
31 de marzo de 2011
©new york times

murió hazel rowley


Biógrafa. El último proyecto de la escritora fue un libro de 2010 que exploraba el complicado matrimonio del presidente Franklin D. Roosevelt y su esposa Eleanor.
[Emma Brown] Murió el 1 de marzo en un hospital de Nueva York, Hazel Rowley, la aclamada biógrafa de un amplio espectro de personajes -desde el autor Richard Wright, en ‘Hijo nativo’ [Native Son], hasta el existencialista francés Jean-Paul Sartre-, y cuyo último libro exploraba el complicado matrimonio de Franklin y Eleanor Roosevelt. Tenía 59 años.
La causa de su muerte fueron complicaciones de una serie de derrames y ataques al corazón, de acuerdo a informes de prensa en Australia, donde la doctora Rowley había vivido antes de trasladarse a Estados Unidos a mediados de los años noventa.
Rowley se había doctorado en estudios franceses, pero abandonó la academia para dedicarse a escribir para el público general. Nacida en Inglaterra, pasó la mayor parte de su vida en el extranjero.
Le atraía escribir sobre personajes marginales, y encontró quizás su mayor audiencia cuando estudió las relaciones amorosas no convencionales. En 2005 llamó la atención de la crítica internacional por su versión de la relación entre Sartre y la escritora y filósofa feminista Simone de Beauvoir. Rowley se basó en cartas inéditas, diarios de vida y entrevistas personales para crear un flemático retrato de la pareja y sus embrollos y celos románticos.
"El resultado es un libro apasionante, casi una culta edición francófila de US Weekly", escribió el crítico literario del Washington Post, Michael Dirda. "Pero en lugar de Brad y Jen y Angelina, aquí nos encontramos con un filósofo existencia feo y bizco, la elegante y guapa autora de ‘El segundo sexo’ y el equivalente galo de una bandada de jóvenes estrellas que compartían cama con uno o la otra, y, a veces, con ambos. Los lectores leerán estas páginas alternativamente anonadados y asombrados".
En ‘Franklin and Eleanor’ (2010), Rowley volvió a arrojar luces sobre las dificultades de una relación famosa.
Rowley decía que, a diferencia de la interpretación popular, el matrimonio de los Roosevelt no terminó después de las revelaciones sobre la aventura de Franklin con la secretaria de Eleanor. En lugar de eso, la pareja forjó una poco ortodoxa pero resistente asociación que sobrevivió la ambición política y la enfermedad para convertirse en lo que la autora describió como "uno de los matrimonios más interesantes y radicales de la historia".
En un ensayo de 2007, Rowley comparó la escritura de biografías con estar enamorado. "Gran parte de la energía y la empatía se utilizan en ponerse uno mismo en los talones de otra persona: te obsesionas, inevitablemente", escribió.
"Finalmente, terminé el libro. ¿Me siento aliviada? No, me siento desorientada. Es el fin de una aventura".

Hazel Joan Rowley nació el 16 de noviembre de 1951 en Londres y se mudó de joven a Australia, donde enseñaba medicina.
Siendo colegiala, ella y una amiga pasaron las vacaciones de un verano escribiendo una novela. De adolescente, Hazel escribió numerosos cuentos, y los envió todos a potenciales editores.
"Fueron rechazados todos, pero incluso las cartas de rechazo me hacían sentirme orgullosa", escribió una vez. "Los escritores de verdad reciben cartas de rechazo".
Rowley estudió y se doctoró en la Universidad Adelaide, de Australia, y luego enseñó en la Universidad Deakin, en Melbourne. Entre los sobrevivientes se encuentran su madre, una hermana y un hermano.
Recibió elogiosas reseñas en 1994 por su primer libro, ‘Christina Stead’, una biografía de la novelista australiana cuya obra más famosa fue ‘El hombre que amaba a los niños’ [The Man Who Loved Children] (1940), sobre una familia inadaptada dirigida por un hombre cuyo modelo había sido el propio padre de Stead.
Stead llevó una vida itinerante, escribiendo desde París, desde España durante la Guerra Civil y desde Nueva York, donde vivía con su amante, el novelista y economista marxista William Blake. Quemó casi todos sus manuscritos antes de su muerte en 1983, obstaculizando enormemente el proyecto de Rowley.
Rowley exploró las relaciones raciales en Estados Unidos en su segundo libro, una biografía del escritor afro-americano Richard Wright en 2001.
Aterrada de que no pudiera hacer justicia a la historia de un hombre negro en Estados Unidos, Rowley inicialmente rechazó el avance de su editor por el libro sobre Wright. Un amigo y colega escritor la instó a reconsiderarlo.
"En las siguientes semanas, la figura de Richard Wright se irguió ante mí", escribió Rowley. "Toda su vida giró sobre el coraje, la audacia y la determinación. Él siempre forcejó con el sentimiento de que era un intruso en un territorio destinado sólo para blancos. Nunca se rindió, ¿eh?"
Rowley abandonó su trabajo como docente en Deakin y se trasladó a Estados Unidos para investigar la vida de Wright.
Como investigadora visitante en el Instituto W.E.B. Du Bois, de la Universidad de Harvard, llegó al país con un visado de tres años, pero recibió pronto un permiso de residencia, escribió, en una categoría que saboreo con gusto: ‘Extranjera de capacidades excepcionales’".
18 de marzo de 2011
14 de marzo de 2011
©washington post
cc traducción mQh

murió arnost lustig


Autor checo que sobrevivió los campos de concentración nazis.
Murió el 26 de febrero en Praga, según informó una portavoz de la clínica universitaria Kralovske Vinohrady, el escritor checo Arnost Lustig, que escapó de un transporte nazi hacia la muerte y convirtió el Holocausto en el principal tema de su obra. Tenía 84 años.
Lustig sobrevivió los campos de concentración de Theresienstadt, Auschwitz y Buchenwald. En 1945 escapó de un tren que lo llevaba a Dachau cuando la locomotora fue destruida por un bombardero americano.
En el Holocausto murieron muchos miembros de la familia Lustig, pero su madre y hermana sobrevivieron. Su experiencia del sufrimiento judío se reflejó en sus cuentos y novelas, en las que los personajes luchan por conservar la dignidad humana.
Entre sus obras se incluyen ‘A Prayer for Katerina Horovitzova’, ’Diamonds of the Night’, ‘The Unloved: From the Diary of Perla S.’, ‘Darkness Cast No Shadow’, ’Lovely Green Eyes’ y ‘Dita Saxova’.

Lustig, que nació en Praga el 21 de diciembre de 1926, estudió periodismo y cubrió la guerra árabe-israelí de 1948 para la radio checa.
Llegó a Estados Unidos en los años setenta y trabajó como profesor de literatura en la Universidad Americana de Washington, D.C. Volvió a Praga tras jubilarse en 2003.
Lustig recibió dos veces el Premio Nacional del Libro Judío y fue uno de los finalistas del Premio Internacional Man Booker en 2009.
16 de marzo de 2011
5 de marzo de 2011
©los angeles times


murió víctor martínez


Escritor. Premio Nacional del Libro de 1996. Autor de la novela 'Parrot in the Oven: Mi vida'.
[Valerie J. Nelson] Murió Víctor Martínez, ganador del Premio Nacional del Libro de 1996 en literatura para jóvenes por su novela semi-autobiográfica sobre su adolescencia como mexicano-americano en el Valle Central de California. Tenía 56 años.

Martínez murió el 18 de febrero en su departamento en San Francisco aquejado por un cáncer al pulmón, informó su hermana Martha Manzano. El cáncer estaba relacionado con un papiloma juvenil que lo golpeó cuando era adolescente. Los médicos asociaron el virus a los pesticidas, informó su hermana.
El cuarto de doce hijos de trabajadores agrícolas inmigrados, Martínez nació el 21 de febrero de 1954 en Fresco. De niño, trabajaba en faenas agrícolas después de la escuela y durante los veranos.
Estaba siguiendo un curso vocacional para ser soldador cuando un profesor de la secundaria observó su pasión por la lectura y lo ayudó para que estudiara en la Cal State Fresno mediante un programa de discriminación positiva para juventud chicana.
En la universidad descubrió la poesía, se licenció en inglés y estudió escritura narrativa con una beca de posgrado de la Universidad de Stanford.
Con otros escritores latinos, Martínez llegó a ser miembro de "un grupo de artistas de capa y espada de San Francisco", contó al Times en un email Juan Felipe Herrera, un amigo de Martínez que es profesor de escritura narrativa en la Universidad de California en Riverside.
Durante una década, Martínez condujo un camión y trabajó en una variedad de oficios antes de ahorrar suficiente dinero como para dedicarse a escribir a tiempo completo.
Mientras enseñaba poesía en escuelas secundarias, Martínez recordaba sus propios esfuerzos, a esa edad, por encontrar su propia voz, literal y espiritualmente, y decidió escribir una novela sobre la adolescencia. Había publicado un libro de poemas, ‘Caring for the House’, en 1992.
A los catorce perdió la voz después de que el virus le provocara tumores en sus cuerdas vocales, una enfermedad que lo acosó durante el resto de su vida. Cuando recuperó la voz, después de dos años, le quedó distintivamente áspera.
Su primera novela, ‘Parrot in the Oven: Mi Vida’, giraba sobre un niño mexicano-americano de catorce que vivía en un vecindario de viviendas sociales en una ciudad sin nombre en el Valle Central. El título alude a un mito mexicano sobre un pájaro que se queja de lo caliente que se está a la sombra, sin darse cuenta de que está en un horno.
Declaró a menudo que el libro se basaba parcialmente en su propia vida.
Cuando ganó el Premio Nacional del Libro, los jueces definieron su libro ‘Parrot’ como "una novela llena de torpes escenas de amor, escuelas feas, peleas de vecindario, las cosas que van con una adolescencia ignorada... Una literatura asombrosamente auténtica con las experiencias de la gente pobre".
El premio "me dio una carrera", dijo Martínez al Times en 1997. El premio de diez mil dólares era más de lo que había ganado el año anterior.
Martínez escribía para diarios y antologías, y escribió dos novelas más, todavía inéditas.
"Era humilde, brillante, amable", dijo Herrera al Times. "Era un hombre que disfrutaba de la vida en todos sus prismas".
Además de su hermana Martha, le sobreviven su esposa Tina Álvarez, otras cuatro hermanas y seis hermanos.
12 de marzo de 2011
3 de marzo de 2011
©los angeles times
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murió brian jacques


Autor de ‘Redwall’, serie de novelas de fantasía para niños.
[Valerie J. Nelson] Detrás de la inmensamente popular serie ‘Redwall’, novelas de fantasía para niños, había leche, té y un poquito de casualidad".
Cuando trabajaba como repartidor de leche en Liverpool, Inglaterra, ya entrado en sus cuarenta, fue invitado a un té en una de sus paradas, la Royal Wavertree School for the Blind, y pronto se ofreció como voluntario para leer historias a los niños.
Encontró que las historias eran "espantosas", centradas en el "aquí y ahora" de la angustia adolescente y el divorcio. "Pensé: ‘¿No podrían sus vidas tener un poco de magia?’", dijo al New York Times en 2001.
A Jacques le tomó siete meses escribir a mano el manuscrito de ochocientas páginas. Metió las hojas en una bolsa de la compra y las entregó a su antiguo profesor de inglés, que trató de venderla sin el conocimiento de Jacques.
En 1986, un editor británico compró ‘Redwall’ por poco más de cuatro mil dólares y le ofreció un contrato para cuatro libros más. Había nacido una de las series de fantasía contemporáneas más populares del siglo.
Según su página web oficial, Jacques murió el 5 de febrero. La prensa británica informó que falleció en un hospital de Liverpool después de una urgente operación al corazón. Tenía 71 años.
Basándose en las tradiciones británicas de animales literarios y medievalismo pop, Jacques inventó un mundo ambientado en la imaginaria Abadía de Redwall. Pobló sus aventuras de luchas entre el bien y el mal de ariscas criaturas del bosque que hablaba.
Los tipos buenos -incluyendo ratones, tejones y ardillas - vencían siempre a granujas como hurones, serpientes y comadrejas. Los libros rebosan de adivinanzas, batallas y descripciones de fastuosos banquetes, una fascinación que Jacques asociaba al racionamiento que sufrió durante su infancia en la Segunda Guerra Mundial.
"Hoy un libro de fantasía de 350 páginas nos parece normal. Pero cuando se publicó ‘Redwall’, la sabiduría convencional era que los niños no leían libros de más de doscientas páginas", dijo Anita Silvey, estudiosa de la literatura infantil que incluyó la serie en su antología ‘100 Best Books for Children’ de 2004.
"No hay nadie que se parezca ni remotamente a él. Hay un montón de dialectos locales en esos libros, y su voz es auténtica", dijo Silvey. "Sus libros están llenos de suspenso y acción y grandiosas escenas de batallas, todas cosas que hacen que un niño siga leyendo".
De las series se vendieron más de veinte millones de ejemplares en más de veinte países, de acuerdo a su editor en Estados Unidos, el Penguin Young Readers Group. El libro número 22, y el último de la serie, ‘The Rogue Crew’, debiera aparecer en mayo.
A Jacques le molestaba que su trabajo fuera etiquetado como fantasía y prefería decir que escribía "aventuras" o "buenas historias", dijo en el Lafayette Journal and Courier (Indiana) en 2002. "El tipo de cosas que encontrabas en las bibliotecas cuando eras niño".

Nació en Liverpool el 15 de junio de 1939, hijo de James y Ellen Jacques. Su padre, que era camionero, le enseñó a apreciar la literatura.
A los diez, Jacques escribió un cuento para la escuela sobre un pájaro que limpiaba los dientes de un cocodrilo. Su maestro -seguro de que era demasiado sofisticado como para haber sido escrito por un niño- lo castigó, pero el castigo produjo una útil epifanía, decía a menudo. Se dio cuenta de que podía escribir.
A los quince, Jacques dejó la escuela y se enroló en la marina mercante para ayudar a su familia.
Siguieron una serie de trabajos diversos, entre ellos como estibador, empleado de ferrocarriles, camionero y agente de policía. También escribió piezas de teatro, publicó poemas y, con dos hermanos, se unió al grupo musical folclórico Liverpool Fishermen en los años sesenta.
Durante veinte años, hasta 2006, Jacques presentó un programa de radio regional de la BBC, ‘Jakestown’, que ofrecía fragmentos de sus óperas favoritas.
A menudo escribió un libro al año, basando sus personajes antropomórficos en personas que conocía. Creó uno basado en él mismo: Gonff, el Príncipe de los Ladrones del Ratón, un héroe cómico.
Le sobreviven su esposa y dos hijos.
1 de marzo de 2011
13 de febrero de 2011
©los angeles times
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murió joanne siegel


Sirvió de modelo para el personaje de Superman, Lois Lane.
[Dennis McLellan] Murió Joanne Siegel, la que, en los años treinta, jugó un rol central en la saga de Superman como la modelo adolescente del artista Joe Shuster para la creación de Lois Lane y se casó más tarde con uno de los creadores de El Hombre de Acero, el escritor Jerry Siegel. Tenía 93 años.
Siegel, residente de toda la vida de Marina del Rey que ganó un largo litigio para recuperar los derechos de reproducción de su marido sobre Superman y personajes relacionados, falleció el sábado en el St. John’s Health Center en Santa Mónica, informó su hija Laura Siegel Larson. Aún no se ha determinado la causa de su muerte.
Joanne Siegel era la estudiante de secundaria Joanne Kovacs cuando puso un pequeño anuncio clasificado en la categoría ‘Buscan Trabajo - Personal Femenino’ en el Cleveland Plain Dealer en 1935, el año de la Depresión: ‘Modelo para Artistas. Sin experiencia".
Una de las respuestas al anuncio fue de Shuster, un joven artista de Cleveland que, con un joven escritor amigo (Siegel), estaba trabajando en Superman como una potencial tira cómica.
"Joe estaba estudiando arte y pensaba que necesitaba a alguien para posar como el personaje Lois Lane, de la historia de Superman. Así que posé", dijo Joanne Siegel en una entrevista con el Plain Dealer en 1996.
"Recuerdo el día en que conocí a Jerry en la salita de Joe. Jerry era el modelo de Superman. Estaba parado allá, en una pose típica de Superman. Me dijo que su personaje volaba por el aire, y saltó del sofá, como demostración".
La hija de Siegel dijo que "una de las cosas en las que [Shuster y Siegel] estaban particularmente interesadas era cómo se veía una mujer que estaba siendo transportada en los brazos por alguien que volaba".
"Así que consiguieron una silla con brazos, y mi mamá se tendió en el sofá con los brazos en un brazo, y las piernas en el otro, y Joe la dibujó en esa posición".
Al menos tres mujeres en el área de Cleveland han reclamado haber sido la inspiración de Lois Lane, pero Joanne Siegel afirmó, en la entrevista de 1996, que estaba todas equivocadas.
"De hecho, mi papá escribió una vez una carta a la revista Time porque le irritaba que la gente tuviera esas pretensiones", contó Larson. "Joe Shuster también escribió una carta. Quería asegurarse de que todos supieran que mi mamá había sido el modelo [para Lois Lane]".
"Mi padre me dijo que ella no posó solamente para el personaje, pero desde el día que la conoció, fue su personalidad la que dio al personaje. Era no solamente guapa, sino muy inteligente y determinada, y tenía mucho coraje; era una persona valiente".
Superman debutó en 1938 en la revista Action Comics No. 1, publicada por la predecesora de DC Comics. El personaje causó sensación de inmediato y estaba en camino para convertirse en uno de los personajes más reconocibles del mundo.
Sin embargo, Siegel y Shuster firmaron un acuerdo con el editor en 1938 y una corte falló más tarde que habían vendido todos los derechos de reproducción de Superman por 130 dólares.

Hija de inmigrantes húngaros, Joanne Siegel nació como Jolan Kovacs el 1 de diciembre de 1917 en Cleveland. (Debido a que maestros y otros alumnos de la escuela encontraban difícil pronunciar su nombre, la llamaron Joanne.)
Después de terminar la secundaria, trabajó como modelo en Boston y Nueva York bajo el nombre de Joanne Carter, antes de trabajar en un astillero del área de Los Angeles durante la Segunda Guerra Mundial.
Después de la guerra se mudó a Nueva York, donde se reunió con Siegel, con el que se casó en 1948. Los dos habían estado casados con otros, y se divorciaron.
El año anterior, Shuster y Siegel habían tratado de recuperar los derechos de Superman, pero sin ningún éxito.
Después de eso, contó Larson, "mi padre buscó trabajo y descubrió que los editores no querían contratarlo. Lo habían puesto en una lista negra. Mi madre y mi padre vivieron en la pobreza durante muchos, muchos años.
"Fue gracias al ingenio de mi madre que un día llamó al editor de Superman y le dijo: ‘¿Cómo es posible que usted haga millones de dólares con el personaje creado (en colaboración) por Jerry y permita que viva en esta increíble pobreza?"
"Y fue gracias a su determinación que finalmente mi padre pudo volver a trabajar, como escritor anónimo de muchas historias de Superman, Lois Lane y otras historias".
Antes del estreno de la película ‘Superman’ en 1978, una campaña dirigida por escritores y artistas de revistas de historietas condujo a que lo que se conocía entonces como Warner Communications -la empresa matriz de DC Comics- acordaran pagar a Shuster y Siegal veinte mil dólares al año por el resto de sus vidas.
Jerry Siegel murió en 1996.
"Su anhelo era que mi mamá y yo continuáramos sus intentos de recuperar la propiedad del personaje que había creado con tanto cariño", dijo Larson.
Debido a nuevas disposiciones de la Ley de Derechos de Autor, dijo, lograron recuperar esos derechos tras un fallo de una corte federal en 2008. Sin embargo, la familia Siegel está todavía esperando el dinero que se les debe desde 1999.
Además de su hija, la sobreviven una hermana -Sophie Halko; y dos nietos.
22 de febrero de 2011
18 de febrero de 2011
©los angeles times
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murió joe gores


Escritor de novelas de misterio
[Dennis McLellan] Murió Joe Gores, ex detective privado de San Francisco que se convirtió en el galardonado autor de novelas de misterio como ‘Al estilo Hammett’, ‘Come Morning’ y ‘Spade & Archer’. Tenía 79 años.
Vecino de San Anselmo, California, Gores falleció tras sufrir una hemorragia estomacal en el Marin General Hospital cerca de Greenbrae, informó Tim Gould, su hijastro.
Gores, que empezó su carrera vendiendo cuentos a revistas a fines de los años cincuenta, recibió el premio Edgar de la Asociación de Escritores de Misterio de Estados Unidos [Mystery Writers of America] a la mejor primera novela, ‘A Time of Predators’.
Ganó el premio Edgar otras dos veces: en 1970 por el mejor cuento, ‘Goodbye, Pops’; y en 1976 por el mejor episodio de una serie de televisión, ‘No Immunity for Murder’, de ‘Kojak’.
La novela ‘Al estilo Hammett’ [Hammett], de 1975, en la que el escritor de novelas policial y ex detective de Pinkerton, Dashiell Hammett, se involucra en un caso de homicidio en San Francisco en 1928, fue llevada al cine en 1982 con Francis Ford Coppola como productor ejecutivo, Wim Wenders como director y Frederic Forrest como Hammett.
Gores, cuyas novelas incluyen ‘Interface’, ‘Wolf Time’ y ‘Tigre de cristal’ [Glass Tiger], también escribió la popular serie ‘DKA’ sobre una firma de detectives privados, Daniel Kearny Associates.
"Era uno de los escritores realmente admirados en el género, y también admirado por sus colegas como un tipo que podía escribir libros maravillosos", dijo Otto Penzler, cuyas editoriales Mysterious Press y Otto Penzler Books publicó diez novelas de Gores.
Más de tres décadas después de la publicación de ‘Al estilo Hammett’, Gores escribió ‘Spade & Archer’, una precuela de 2009 para la clásica ‘El halcón maltés’ [The Maltese Falcon], de Hammett, de 1930".
"Es un libro excelente, realmente de gran calidad", dijo Penzler. "Entendía el idioma, las cadencias que usaba Hammett, y fue un logro extraordinario. Escribir una secuela de ‘El halcón maltés’ es un asunto muy delicado porque vas a ser examinado cuidadosamente tanto por los admiradores tanto de Hammett como los de la película.
Richard Layman, fideicomisario del Dashiell Hammett Literary Property Trust y amigo de toda la vida de Gores, dijo que "tenía una especial afinidad con la obra de Dashiell Hammett, y ‘Spade & Archer’ lo demuestran".
"Era tan bueno a la hora de captar la voz de Hammett, que su hija [Josephine Hammett] tenía que detenerse de vez en vez y recordarse a sí misma que no estaba leyendo a su padre".
En cuanto a la novela de Gores, ‘Hammett’, Layman dijo que "la razón por la que Joe estaba perfectamente capacitado para escribir es que no escribía por intuición o conjeturas. Antes de escribir la novela, investigó meticulosamente la vida de Hammett en San Francisco y, en particular, ‘El halcón maltés’.
"Utilizó sus habilidades como detective para hacer lo mismo que hacía Hammett como escritor, es decir, escribir sobre lo que sabía".
Gores, que fue presidente de la Asociación de Escritores de Misterio de Estados Unidos, trabajó asiduamente en televisión entre los años setenta y ochenta, incluyendo periodos en que escribió para series como ‘Colombo’ [Columbo], ‘Con temple de acero’ [Remington Steele], ‘Magnum, P.I.’ y ‘Mickey Spillane’s Mike Hammer’.

Nacido el 25 de diciembre de 1931 en Rochester, Minnesota, Gores estudió literatura inglesa en la Universidad de Notre Dame en 1953. Después de una temporada en el ejército a fines de los años cincuenta, se licenció en literatura inglesa en la Universidad de Stanford en 1961.
Una vez que publicó su primer cuento, Gores dijo al diario The Rocky Mountain News en 1995: "Escribía durante todos mis oficios: peón agrícola, oficinista, camionero, leñador, maestro, cualquier cosa. Me gusta investigar, me gusta aprender".
Cuando estudiaba en la escuela de posgrado de la Universidad de Stanford, vivía encima de un gimnasio de pesas en Palo Alto, donde también trabajaba, recordó en una entrevista de 1992 con el diario The San Francisco Chronicle.
"Conocí a un tipo que era detective privado, y solía contarme todas esas historias fantásticas. Le dije: ‘Vaya, eso suena divertido, ¿podría acompañarte alguna de estas noches?’"
Lo hizo y terminó trabajando de vez en vez como rescatador de vehículos y detective privado durante muchos años, mientras seguía escribiendo.
"Le digo a la gente que aprendí a escribir novelas de misterio redactando informes completos de los casos en los que trabajé como detective", dijo en la entrevista con el diario The Rocky Mountain News. "Eso me enseñó los beneficios de establecer los hechos, de modo que todo tenga sentido".
En una entrevista con The Times, Gores dijo que estaba fascinado por "esa cosa entre ser detective y novelista".
"Un detective escarba en la basura de la gente. Un novelista inventa gente y luego escarba en su basura. Son muy similares".
Además de su hijastro, le sobreviven su esposa Dori; una hijastra, Gillian Monserrat; y dos nietas.
22 de enero de 2011
14 de enero de 2011
©los angeles times
cc traducción mQh
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flaco, duro y con estilo


Cambió para siempre la narrativa policial. Fue encarcelado por el senador McCarthy durante su arremetida contra la disidencia política.
[Juan Sasturain] In memoriam Dashiell Hammet (1896-1961). El 10 de enero de 1961, hoy hace justo medio siglo, moría casi secretamente en un hospital neoyorquino Samuel Dashiell Hammett, autor de ‘El halcón maltés’ y de un puñado de novelas y relatos que en su momento, finales del primer tercio del siglo pasado, cambiaron la narrativa criminal para bien y para siempre.
Más allá del hoy consolidado mito progre que rodea al autor y a algunos de sus afortunados personajes –Sam Spade pasado por Bogart, sobre todo–, la obra narrativa pura y dura de Hammett trasciende largamente el género que eligió para revolucionar desde adentro en lo formal, y desde los bordes, en su modo de circulación. Quiero decir: es más que el fundador de la escuela hard boiled y de la llamada, por los franceses, novela negra.
Hammett es simplemente un notable escritor, a secas; y en ciertos aspectos un caso excepcional, ya que produjo una obra de inusitada calidad durante un breve y prolífico período –de 1927 hasta 1934–, pero que antes de cumplir cuarenta años, cuando concluyó laboriosamente ‘El hombre flaco’, en medio del éxito y del mucho dinero, estaba acabado. No lo advirtió en el momento, pero viviría casi treinta años más sin poder volver a escribir.
Así, aquel último invierno del ’61 el flaco y siempre elegante Dash tenía 65 años y venía de una larga década mala. Hacía tiempo que, enfermo y sin recursos, vivía de prestado y de la ayuda de su amiga Lilian Hellmann, compañera con la que compartió treinta años de pareja intermitente y solidaria: de los años locos de Hollywood-Nueva York, con dinero, fiestas y borracheras, a la serena melancolía de los últimos tiempos.
El mito de su entereza y lealtad a códigos que nunca negoció tiene con qué sustentarse. El, que se había alistado para combatir al fascismo con 48 años y sirvió en las Aleutianas, fue perseguido y acusado durante la Guerra Fría por el tristemente célebre senador McCarty & Co, debido a su negativa a dar los nombres de los aportantes de fondos para pagar las fianzas de los militantes comunistas detenidos durante la caza de brujas. El texto taquigráfico de sus respuestas a la Comisión es un ejemplo de coherencia y seca ironía. Declarado culpable, Hammett fue digna y coherentemente a la cárcel por seis meses, a comienzos de los cincuenta.
Al salir, mientras intentaba volver infructuosamente a la escritura por última vez, le embargaron –por impuestos impagos– los derechos de autor de sus antiguas obras que aún se reeditaban, adaptaban al cine o a la radio; además, y por razones ideológicas, lo ralearon de las bibliotecas. Cuando murió, en aquel invierno a comienzos del ’61, ni ‘El halcón maltés’ ni ‘Cosecha roja’ ni ‘La llave de cristal’ ni ‘La maldición de los Dain’ ni ‘El hombre flaco’ estaban en las librerías. Lo enterraron en Arlington y fue poca gente.
Escritor de medios populares, Hammett no fue un narrador parejo ni excesivamente riguroso a la hora de publicar. Sin embargo, algunos de sus textos, como ‘La llave de cristal’ y ‘El halcón maltés’, son obras maestras absolutas que pertenecen a la mejor literatura del siglo. Hammett –al decir de Raymond Chandler en ensayo famoso– no sólo sacó el crimen del salón y lo puso en la calle sino que encontró un registro seco, referencial y conductista con el que dio la palabra y describió los actos de personajes reales en situaciones reales. Un laborioso trabajo de estilo que jamás mostró sus costuras.
El efecto –dice Chandler– es que Hammett describió escenas convencionales que "parecen escritas por primera vez". El peso de los hechos, la sequedad de los diálogos y la reticencia en cuanto a explicitar las motivaciones dan a sus mejores textos cierto efecto de realidad del que decanta la ambigüedad moral, cierto estoico escepticismo que no dice su nombre. Ni él ni sus personajes juzgan ni predican. Exponen lo que ven y lo que hacen. Hammett hablaba poco, pero siempre –desde que irrumpió en la literatura para contar sus experiencias como ex detective de la agencia Pinkerton– pareció que sabía de lo que hablaba. Y uno le cree.
Muchos de los que lo admiramos hemos escrito largamente sobre distintos aspectos de su vida y de su obra. Enfermo crónico de tuberculosis y prácticamente desahuciado a los veinticinco, se puso a escribir a contrarreloj. Lo hizo y muy bien. Ganó muchísimo dinero y lo gastó sin cuidado ni control. Alcohólico hasta los cincuenta años, mujeriego, ocasionalmente violento, Hammett nunca fue un tipo cómodo. Ni siquiera o sobre todo para él mismo. Anómalo marxista sin partido, sirvió a su patria en dos guerras y nunca salió de los EE.UU. Sabía mucho y de todo, era culto en serio, pero no soportaba la impostura.
Pocos momentos de la narrativa contemporánea tienen la riqueza significativa de la historia de Mr Flitcraft, el cuento o anécdota que Sam Spade le cuenta a la bella Brigid, sin motivo aparente, en un recodo de ‘El halcón maltés’. El capítulo final que le dedica la cuidadosa autobiografía ‘Pentimento’, de Lilian Hellmann, o el prólogo que escribió ella misma al recopilar a principios de los setenta algunas de sus novelas breves son textos –si no enteramente veraces– ejemplares. Y en lo interpretativo, nada mejor que la introducción de Steven Marcus a los cuentos del Continental Op para desmenuzar la poética y la ética que sostienen y constituyen la grandeza de sus mejores relatos.
Además, dejó una ciudad escenario –San Francisco en los alrededores del crac del ’29– y cuatro personajes inolvidables, cuatro hombres duros que han quedado para siempre en la historia y la memoria del género. Ninguno es policía. Primero, el innominado agente de la Continental, el gordo, eficaz, imperturbable detective asalariado que cuenta sus aventuras en primera persona y al final rinde cuentas al Viejo, su burocrático jefe. Es el protagonista excluyente de las magistrales ‘Cosecha roja’ y ‘La maldición de los Dain’, y de un puñado de cuentos y novelas cortas de la primera época en la revista Black Mask.
Después está Ned Baumont, que sólo aparece en la memorable La llave de cristal, guardaespaldas y hombre de confianza del gangster Paul Madvig. Su investigación del crimen –en medio de una disputa electoral en la que influye directamente el delito organizado– es producto de la lealtad al jefe, al que debe salvar de culpa y cargo. La Justicia es otra cosa. Nunca Hammett alcanzó tan alto grado de perfección formal ni llevó tan lejos la técnica dialogada de presentación. Ned Beaumont es el arquetipo del personaje que se mueve en ese ambiente de ambigüedad moral que no excluye ni la lealtad ni el amor.
El celebérrimo Sam Spade sólo protagonizó ‘El halcón maltés’ y un par de cuentos sin demasiada importancia. Es el clásico detective privado que trabaja por su cuenta, tiene de socio al efímero Archer y a Effie Perine de secretaria. Hammett no lo idealizó, le dio carnadura, cinismo y reservada sabiduría. Pragmático, escéptico, portador de un código personal que no le impide andar con la mujer de su socio y acostarse con la misma cliente a la que finalmente entregará, Spade es insensible y eficaz, el duro por antonomasia que sabe cómo tratar a esa comparsa de malvados y desdichados. Sólo Effie lo conoce a fondo, y le da miedo.
El último detective de Hammett, el atildado y mundano Nick Charles, protagonista de ‘El hombre flaco’, está recién retirado, en pareja con Nora y de paso por Nueva York cuando el problema lo alcanza. Así, en tono de comedia de enredos, se pasa la novela bebiendo cócteles y hablando por teléfono mientras resuelve el caso del inhallable thin man al estilo del detective amateur del policial clásico. Si Bogart fue Spade, el blando Dick Powell fue Charles. El detective amateur, famoso y adinerado paseando por Manhattan cierra la parábola abierta por el anónimo laburante a sueldo que se revolcaba a los tiros en los arrabales de San Francisco.
Después del Gordo, Spade, Beaumont y Nick, sólo cabía el silencio. Y así fue.
10 de enero de 2011
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