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medicinas ponzoñosas 6


[Walt Bogdanich y Jake Hooker] La huella de las medicinas envenenadas, de China a Panamá. Confesión de un falsificador. Última entrega.
La decisión de perseguir a los falsificadores está ahora en manos de los chinos. La primavera pasada el gobierno actuó rápidamente contra Wang, el ex sastre que envenenó a ciudadanos chinos.
Las autoridades lo capturaron en un control policial en Taizhou, una ciudad justo al norte de Taixing, la comarca química. Estaba débil y enfermo y no había comido en dos días. En su sedán blanco se encontró una libreta de ahorros y dinero en efectivo. Había huido sin su mujer ni su hijo adolescente.
Los pacientes chinos habían muerto, se estaba gestando un escándalo político y las autoridades querían respuestas. Wang fue llevado a un hospital. Entonces, de acuerdo a un funcionario de gobierno que estuvo presente durante su interrogatorio, en largas sesiones con los detectives, les dio lo que querían y les explicó su modo de actuar, cómo había probado el jarabe industrial bebiéndolo él mismo, cómo decidió usar glicol dietileno y cómo estafó a las compañías farmacéuticas a las que vendió el jarabe.
"Hizo una fortuna, pero no la disfrutó la familia", dijo Wang Xiaodong, un ex funcionario del pueblo que conoce a Wang y sus hermanos. "Le gustaba apostar".
Wang sigue detenido mientras las autoridades deciden si lo condenan o no a muerte. La planta química Qiqihar que hizo la medicina envenenada fue cerrada, y cinco empleados están siendo procesados por causar "un accidente grave".
En contraste con la investigación de Wang Guiping, las autoridades chinas no han reconocido abiertamente la relación de China con la tragedia en Panamá, en la que estuvo implicada una compañía comercial de propiedad del estado. Nadie en China ha sido acusado de cometer el fraude que terminó con la muerte de tantos pacientes en Panamá.
Sun Jing, el agente del programa farmacéutico de la Organización Mundial de la Salud en Pekín, dijo que la agencia sanitaria envió un fax "para recordar al gobierno chino que China no debe vender productos contaminados en el exterior". Sun dijo que la organización no ha recibido una respuesta oficial.
A petición de Estados Unidos -Panamá no tiene relaciones diplomáticas con China- en el otoño pasado la Administración de Fármacos y Alimentos de China investigó a la Fábrica de Glicerina de Taixing y a Fortune Way.
La agencia analizó una partida de glicerina de la fábrica y no encontró glicerina, sino solamente glicol dietileno y otras dos substancias, dijo un funcionario de la organización.
Desde entonces, la administración de fármacos china ha concluido que no tiene jurisdicción en el caso debido a que la fábrica no estaba autorizada para producir medicinas.
La agencia llegó a una conclusión similar en el caso de Fortune Way, diciendo que como exportadora no participaba en la rama farmacéutica.
"No encontramos ninguna prueba de que alguna de estas compañías haya violado la ley", dijo Yan Jiangying, portavoz de la administración de fármacos. "Así que nunca se inició una investigación criminal".
Un funcionario de la organización dijo que la investigación fue subsecuentemente dejada en manos de la agencia que analiza y certifica los productos comerciales, la Administración General de Inspección, Cuarentena y Control de Calidad.
Pero la agencia se mostró sorprendida cuando se enteró de que ellos estaban ahora a cargo. "¿Qué investigación?", dijo Wang Jian, director de la organización en Taixing. "No sé nada de ninguna investigación sobre la fábrica de glicerina".
Además, Huang Tong, un investigador de esa agencia, dijo: "Nos ocupamos rara vez de productos destinados a la exportación".
Wan Qigang, el representante legal de la Fábrica de Glicerina de Taixing dijo en una entrevista a fines del año pasado que las autoridades no le habían preguntado nada sobre el caso de intoxicación panameña y que su compañía fabricaba solamente glicerina para usos industriales.
"Le puedo asegurar que no tenemos ninguna relación ni con Panamá ni con España", dijo Wang.
Pero en los últimos meses la Fábrica de Glicerina ha anunciado en internet que su glicerina tiene un grado de pureza de 99.5 por ciento.
Wang se negó a responder más preguntas por teléfono. "Lo recibiré si viene usted como invitado", dijo Wang. "Pero si quiere volver para hablar sobre este asunto, tendré que hacer una llamada por teléfono".
Un funcionario del gobierno local dijo que a Wang le prohibieron dar más entrevistas.
A cinco minutos de ahí, otro fabricante, la Fábrica de Aceite Blanco de Taixing también anuncia en internet que vende glicerina médica. Sin embargo, tampoco cuenta con autorización para fabricarla. La página web de la compañía dice que sus productos "son exportados a Estados Unidos, Australia e Italia".
Ding Xiang, representante de la Fábrica de Aceite Blanco, negó que su compañía produjera glicerina para usos farmacéuticos, pero dijo que las empresas que vendían químicos en Pekín llamaban a menudo pidiéndola.
"Quieren que marquemos los barriles de glicerina", dijo Ding en diciembre pasado. "Pero no podemos hacer eso".
Ding dijo que dejó de responder llamadas desde Pekín. "Si este material es llevado al extranjero y usado impropiamente..."
En el país de los químicos, los productos no son siempre lo que parecen.
"Las únicas dos fábricas en Taixing que producen glicerina ni siquiera la hacen", dijo Jiang Peng, que supervisa las inspecciones e investigaciones de la filial en Taixing de la Administración de Fármacos y Alimentos. "Es otra cosa lo que producen".

La Clave Estaba en el Nombre
Todavía persiste el misterio sobre el nombre del producto que fabrica la Fábrica de Glicerina de Taixing. La fábrica llamó a su producto jarabe de glicerina ‘TD'. Las letras ‘TD' se encontraban en prácticamente todos los documentos de embarque. ¿Qué significan?
Las autoridades médicas españolas concluyeron que se refieren al proceso de producción. Los inspectores chinos creen que era la fórmula secreta del fabricante.
Pero Yuan Kailin, ex vendedor de la fábrica, dijo que sabía lo que significaba ‘TD' porque un amigo y ex gerente de la fábrica, Ding Yuming, se lo había contado. ‘TD' era una abreviatura de la palabra china tidai, dijo Yuan, que dejó su trabajo en 1998 y todavía vive a un kilómetro y medio de la fábrica.
En chino, tidai quiere decir ‘sucedáneo'. Una pista que pudo haber revelado que el veneno, el producto falsificado, se ocultaba a plena vista de todos.
Estaba en el nombre del producto.

Renwick McLean y Brent McDonald contribuyeron a este reportaje.

7 de junio de 2007
6 de mayo de 2007
©new york times
©traducción mQh
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medicinas ponzoñosas 5


[Walt Bogdanich y Jake Hooker] La huella de las medicinas envenenadas, de China a Panamá. Una fábrica sospechosa.
Los panameños que quieren saber dónde empezó su pesadilla tóxica deben visitar la página web de la compañía en Hengxiang, China, que investigadores de cuatro países han identificado como la que produjo el jarabe: la Taixing Glycerine Factory. Allá, bajo las palabras ‘Quiénes somos', podrán ver una fotografía de un moderno edificio blanco de casi una docena de pisos, adornado por tres arcos en la entrada. La fábrica, se jacta la página web, "puede ceñirse estrictamente a los contratos y cumplir su palabra".
Pero como el jarabe de la fábrica, no todo es lo que parece.
No hay edificios altos en Hengxiang, un pueblo de campo con una sola calle principal. La fábrica no tiene permiso para vender ingredientes médicos de ningún tipo, dicen funcionarios chinos. Y no se parece en absoluto a la foto en internet. En realidad, sus químicos son preparados en un sencillo edificio de ladrillos de un solo piso.
La fábrica se encuentra en un recinto amurallado, rodeado de pequeñas tiendas y granjas. En la primavera, los campos cercanos de colza pintan el paisaje de amarillo. Cerca de la puerta principal, un letrero que da al camino advierte: "Cuidado con las imitaciones". Pero fue colocado ahí por una fábrica de máquinas de fideos cercana que parece estar preocupada por la competencia.
La Taixing Glycerine Factory compró su glicol dietileno al mismo fabricante que Wang, el ex sastre, dijo el investigador del gobierno. Desde este lugar en la comarca química de China empezaron su viaje los 46 barriles de jarabe tóxico, pasando de compañía en compañía, de puerto en puerto y de país en país, sin que nadie controlara lo que contenían.
Los importadores deberían estar completamente familiarizados con sus abastecedores, dicen funcionarios sanitarios de Estados Unidos. "Uno simplemente no asume que lo que dice la etiqueta es efectivamente lo que hay dentro", dijo el doctor Murray Lumpkin, subcomisario de programas internacionales y especiales de la Administración de Fármacos y Alimentos.
En el caso de Panamá, los nombres de los abastecedores fueron borrados de los documentos de embarque mientras pasaban de una entidad a otra, de acuerdo a documentos e investigadores. Esa es una práctica que adoptan algunos vendedores para impedir que los clientes los pasen por alto en compras futuras, pero el resultado es que también oculta el origen del producto.
El primer distribuidor fue la compañía comercial de Pekín, CNSC Fortune Way, una unidad de una empresa estatal que empezó suministrando bienes y servicios a empresas y personal chinos oficiales en el extranjero.
A medida que se extendía el mercado chino, Fortune Way concentró sus actividades en los ingredientes farmacéuticos, y en 2003 se encargó de la venta del jarabe sospechoso fabricado por la Taixing Glycerine Factory. El certificado de análisis del fabricante mostraba que la partida tenía una pureza del 99.5 por ciento.
Si la Taixing Glycerine Factory en realidad realizó una prueba no se ha dado a conocer públicamente.
Los certificados de análisis originales deberían ser entregados a cada nuevo comprador, dijo Kevin J. McGlue, miembro de la directiva de International Pharmaceutical Excipients Council. En este caso, no se hizo.
Fortune Way tradujo el certificado al inglés, colocando su nombre -no el de la Taixing Glycerine Factory- en el cabezal del documento, antes de embarcar los barriles a la segunda compañía compradora, esta vez en Barcelona.
Li Can, director general de Fortune Way, dijo que no recordaba la transacción y que no la comentaría, agregando: "Se trata de un enorme volumen de negocios".
Tras recibir los barriles en septiembre de 2003, la compañía española Rasfer International tampoco controló el contenido. Copió el análisis químico de Fortune Way, y luego puso su logo encima. Ascensión Criado, gerente de Rasfer, dijo en una respuesta por correo electrónico a preguntas escritas que cuando Fortune Way envió el jarabe, no dijo quién lo había fabricado.
Varias semanas después, Rasfer envió los bidones a un importador panameño, el grupo Medicom Business. "Medicom no nos preguntó nunca el nombre del fabricante", dijo Criado.
Un abogado de Medicom, Valentín Jaén, dijo que su cliente también era una víctima. "Fueron igualmente engañados", dijo Jaén. "Ellos operaban en buena fe".
En Panamá, los barriles estuvieron sin ser utilizados durante más de dos años, y los funcionarios dijeron que Medicom había cambiado fraudulentamente la fecha de expiración del jarabe.
Durante ese tiempo, la compañía no analizó nunca el producto. Y el gobierno panameño, que compró los 46 barriles y los utilizó en la preparación de una medicina contra el catarro, tampoco detectó el veneno, dijeron los funcionarios.
Finalmente el tóxico terminó en el torrente sanguíneo de personas como Ernesto Osorio, un ex profesor de secundaria en Ciudad de Panamá. Después de ingerir el jarabe para la tos envenenado en septiembre pasó dos meses en el hospital.
Justo ante de Navidad, después de un tratamiento de diálisis renal, Osorio estaba parado frente al gran hospital de la ciudad con una camisa empapada de lágrimas, contando en lo que se había convertido su vida.
"No soy ni una octava parte de lo que era", dijo Osorio, con su cara parcialmente paralizada como un trozo de carne. "Tengo problemas para caminar. Mira mi cara, mira mis lágrimas". Las lágrimas, dijo disculpándose, no eran por emoción, sino por lesiones a los nervios.
Y, sin embargo, Osorio sabe que él es una de las víctimas con suerte.
"No sabían cómo mantener al asesino en la botella", dijo.
El sufrimiento en Panamá fue enorme, pero las ganancias potenciales -al menos para la compañía española Rasfer- fueron asombrosamente pequeñas. Por los 46 barriles de glicerina, Rasfer pagó a Fortune Way 9.900 dólares, y luego los revendió a Medicom por 11.322 dólares, de acuerdo a documentos.
Las autoridades chinas no han revelado cuánto dinero hicieron Fortune Way y la Taixing Glycerine Factory, o si sabían qué había en los barriles.
"La falta tiene que trazarse en las áreas de producción", dijo Motta, el cardiólogo de Panamá que ayudó a descubrir la fuente de la epidemia. "Esa es mi súplica: por favor, asegúrense de que lo que nos está ocurriendo no lo estén haciendo en Perú o en Sierra Leona o algún otro lugar".b>

Renwick McLean y Brent McDonald contribuyeron a este reportaje.

6 de junio de 2007
6 de mayo de 2007
©new york times
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medicinas ponzoñosas 4


[Walt Bogdanich y Jake Hooker] La huella de las medicinas envenenadas, de China a Panamá. Una pista importante.
Un paciente de particular interés para Sosa llegó al hospital con un ataque al corazón, pero sin los síntomas del síndrome Guillain-Barré. Mientras era tratado, el paciente recibió varias medicinas, incluyendo Lisinopril. Después de un tiempo, empezó a exhibir los mismos trastornos neurológicos que eran característicos de la misteriosa enfermedad.
"Este paciente es una pista importante", recordó Sosa. "Esto no es algo del ambiente, no es un remedio casero que haya consumido el paciente en su casa. El paciente desarrolló la enfermedad en el hospital, frente a nosotros".
Poco después, otro paciente contó a Sosa que él también había desarrollado los síntomas después de tomar Lisinopril, pero debido a que la medicina lo hacía toser también había tomado un jarabe para la tos -el mismo jarabe, se descubrió, que había sido dado al paciente cardíaco.
"Eso tenía que ser, dije", recordó Sosa. "Tenemos que investigar este jarabe para la tos".
El jarabe contra la tos no causó inicialmente demasiadas sospechas porque muchas víctimas no recordaban haberlo ingerido. "El 26 por ciento de esas personas afectadas negaron haber tomado el jarabe para la tos, porque en sus vidas es algo sin la menor importancia", dijo el doctor Motta.
Investigadores de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, que estaban colaborando en Panamá, subieron los frascos rápidamente a un avión del gobierno y los llevaron a Estados Unidos para ser analizados. Al día siguiente, el 11 de octubre, con funcionarios sanitarios panameños en la rueda de prensa, se destapó la verdad.
Los análisis, informaron los centros de control, habían determinado la presencia de glicol dietileno en el jarabe para la tos.
El misterio se había resuelto. Los frascos con la etiqueta de glicerina contenían veneno.
La alegría de Sosa al enterarse de la causa no duró demasiado. "Son nuestras medicinas las que están matando a la gente", pensó entonces. "No es un virus, no es algo que hayan cogido en el ambiente, es algo que en realidad fabricamos nosotros".
Se inició inmediatamente una campaña nacional para impedir que la gente usara el jarabe para la tos. Se revisaron los barrios, pero miles de frascos seguían sin ser ubicados.
A medida que la búsqueda se moderaba, restaban dos importantes tareas: contar los muertos y asignar responsabilidades. Ninguna de las dos era fácil.
Determinar exactamente la cantidad de muertes era imposible porque, dicen las autoridades médicas, las víctimas fueron sepultadas antes de que se conociera la causa de sus muertes, y los pacientes pobres quizás no habían sido tratados por médicos.
Otro problema es que encontrar huellas de glicol dietileno en los cuerpos en descomposición es, en el mejor de los casos, difícil, dicen los expertos médicos. Sin embargo, un patólogo argentino que ha estudiado envenenamientos por glicol dietileno ayudó a desarrollar un test para detectar el veneno en los cuerpos exhumados. Siete de los primeros nueve cuerpos analizados mostraron huellas del veneno, dijeron las autoridades panameñas.
Con el retorno de la temporada pluviosa, sin embargo, las exhumaciones debían terminar. El doctor José Vicente Pachar, director del Instituto de Medicina Legal Ciencias Forenses de Panamá, dijo que como científico le gustaría saber cuántas personas murieron. Agregó: "Pero en el caso de Panamá tengo que aceptar la realidad y esa es que no sabremos nunca cuántos murieron".
Fiscales panameños han procedido a algunas detenciones y están investigando a otros vinculados con el caso, incluyendo a empleados de la compañía importadora y a la agencia de gobierno que mezcló y distribuyó la medicina contra la tos. "Nuestras responsabilidades son establecer o descubrir la verdad", dijo Dimas Guevara, el detective de homicidios que dirige las pesquisas.
Pero los fiscales todavía tienen que acusar a alguien de haber efectivamente fabricado la glicerina falsificada. Y si la investigación en Panamá se desarrolla como otras investigaciones en el pasado, es muy improbable que eso llegue a ocurrir.

Renwick McLean y Brent McDonald contribuyeron a este reportaje.

3 de junio de 2007
6 de mayo de 2007
©new york times
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hallan pasta dental tóxica


[Walt Bogdanich] Tubos de pasta dental contaminada con glicol dietileno se encuentran en Miami, Los Angeles y Puerto Rico.
Ayer se aconsejó a los consumidores deshacerse de todos los dentífricos hechos en China después de que funcionarios federales de la salud dijeran que habían encontrado pasta dental hecha en China con un ingrediente venenoso utilizado en algunos anticongelantes en Miami, el Puerto de Los Angeles y Puerto Rico.
Aunque no hay informes de personas afectadas por la pasta dental, la Administración de Fármacos y Alimentos de Estados Unidos [FDA] advirtió que los productos chinos presentaban "riesgos bajos, pero significativos de toxicidad y daños para la salud" en niños y personas con enfermedades al riñón e hígado.
Estados Unidos es el séptimo país donde se ha encontrado la pasta dental china contaminada en las últimas semanas.
Funcionarios de la agencia dijeron que habían encontrado un dentífrico con una pequeña cantidad de glicol dietileno, un veneno dulce y almibarado, en una tienda de Dollar Plus en Miami, que eran vendido bajo el nombre comercial de ShiR Fresh Mint Fluoride Paste. La FDA también identificó otras nueve marcas chinas de pasta dental que contenían glicol dietileno, algunas con concentraciones de tres a cuatro por ciento.
Hasta ayer funcionarios sanitarios del mundo sólo habían identificado algunas marcas conteniendo glicol dietileno, y todas ellas mencionaban al químico en la etiqueta.
Pero el glicol dietileno no aparecía en la lista de ingredientes de la pasta dental encontrada en la tienda de Miami. Su presencia fue detectada sólo porque la FDA empezó a analizar la pasta dental importada desde China el mes pasado. Esa medida de precaución fue provocada por el hallazgo en América Latina de decenas de miles de tubos de pasta dental contaminada hecha en China.
En el curso de los últimos años los falsificadores han encontrado más rentable remplazar la glicerina, que es usualmente más cara, por el glicol dietileno. La glicerina es una aditivo seguro utilizado usualmente en alimentos, fármacos y productos del hogar. En la pasta dental, la glicerina se usa como medio para espesarla.
Inspectores chinos dijeron el jueves que en su investigación sobre los fabricantes de pasta dental se había determinado que no habían hecho nada malo. Los funcionarios chinos también dijeron que aunque el glicol dietileno podía ser usado en pequeñas cantidades en la pasta dental, se impondrían nuevos controles para su uso en dentífricos.
La FDA dijo que el glicol dietileno, en la cantidad que fuese, no era adecuado para su uso en la pasta dental.
La agencia dijo que dos compañías chinas, la Goldcredit International Trading y Suzhou City Jinmao Daily Chemicals Company, fabricaron las marcas contaminadas encontradas en Estados Unidos.
En una declaración los funcionarios federales de la salud calificaron ayer la contaminación por glicol dietileno un "importante problema de seguridad pública". El año pasado el gobierno de Panamá mezcló sin darse cuenta el veneno hecho en China en un jarabe contra los catarros en 260 mil frascos, causando la muerte de al menos cien personas, declararon fiscales panameños.
En ese caso, los inspectores chinos reconocieron el jueves que las dos compañías chinas se habían "comportado en contravención de las reglas" al etiquetar y vender glicol dietileno, pero dijeron que el importador panameño era sobre quien recaía la mayor parte de la responsabilidad.
El mes pasado, después de la publicidad sobre las muertes por envenenamiento a causa del jarabe contra los catarros, un consumidor en Panamá observó que una pasta dental en una tienda mencionaba el glicol dietileno como ingrediente y notificó a las autoridades. Finalmente se trazó su origen en China, y desde entonces países en todo el planeta han estado tratando de localizar el producto.
Además de Estados Unidos y Panamá, la pasta dental contaminada se ha encontrado en Australia, la República Dominicana, Costa Rica, Honduras y Nicaragua.
Las exportaciones chinas de pasta dental a Estados Unidos representan 3.3 millones de dólares del mercado estadounidense de 2 billones de dólares, dijeron funcionarios de la FDA. "Esta es una cantidad bastante pequeña si se toma en cuenta toda la pasta dental que se consume en Estados Unidos", dijo el portavoz de la agencia, Doug Arbesfeld.
La agencia dijo que las marcas chinas con glicol dietileno eran vendidas normalmente a bajo precio en baratillos. Un hombre que respondió el teléfono en la tienda Dollar Plus de Miami, que según las autoridades federales vendía el dentífrico chino, dijo que no quería ser entrevistado porque su inglés era muy malo. El hombre, que no quiso dar su nombre, dijo que los inspectores federales habían visitado su tienda ayer.
Arbesfeld dijo que se confiscaron seis tubos y que se encontraron otros tubos más en el distribuidor de la tienda. Esos tubos fueron destruidos. Los funcionarios de la FDA también dijeron que habían confiscado varias marcas de pasta dental en el Puerto de Los Angeles y en una tienda en Puerto Rico.
La agencia dijo que la pasta dental que contenía glicol dietileno era vendida bajo los nombres de Cooldent Fluoride, Cooldent Spearmint, Cooldent ICE, Dr. Cool, Superdent, Clean Rite, Oralmax Extreme, Oral Bright, Bright Max, y ShiR Fresh Mint.

3 de junio de 2007
©new york times
©traducción mQh
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medicinas ponzoñosas 3


[Walt Bogdanich y Jake Hooker] La huella de las medicinas envenenadas, de China a Panamá. Una enfermedad misteriosa.
A principios de septiembre pasado, los doctores de un importante hospital público de Ciudad de Panamá empezaron a fijarse en pacientes que presentaban síntomas inusuales.
Al principio les pareció que sufrían del síndrome de Guillain-Barré, un trastorno neurológico relativamente raro que se muestra primero como una sensación de debilidad u hormigueo en las piernas. A menudo esa debilidad se intensifica, extendiéndose hacia arriba, hacia los brazos y el pecho, causando a veces una parálisis total y la incapacidad de respirar.
Los nuevos pacientes tenían parálisis, pero esta no se extendió hacia arriba. También perdieron rápidamente la capacidad de orinar, una condición que no está asociada al síndrome de Guillain-Barré. Incluso más inusual era el número de casos. En todo un año, los doctores pueden tratar quizás ocho casos de Guillain-Barré, pero en esa ocasión observaron ocho casos en apenas dos semanas.
Los doctores pidieron ayuda a un especialista en enfermedades infecciosas, Néstor Sosa, un entusiasta y dedicado médico que compite en triatlones y juega ajedrez a alto nivel.
La especialidad médica de Sosa tenía una larga y rica historia en Panamá, conocida en el pasado como uno de los lugares más insalubres del mundo. En un año a fines del siglo diecinueve, una fatal mezcla de fiebre amarilla y malaria mató a casi una persona de cada diez en Ciudad de Panamá. Sólo después de que Estados Unidos logrará superar esas enfermedades transmitidas por mosquitos fue posible construir el Canal de Panamá sin la devastación que echó por tierra un intento anterior de los franceses.
Los sospechosos casos de Guillain-Barré preocuparon a Sosa. "Era algo realmente extraordinario, algo que obviamente estaba alcanzado dimensiones epidémicas en nuestro hospital", dijo.
A causa de esta misteriosa enfermedad con una tasa de defunción cercana al cincuenta por ciento, Sosa alarmó a la dirección del hospital, la que le pidió que organizara y dirigiera una unidad de emergencia para encargarse de la situación. La misión, una agotadora carrera de veinticuatro horas al día para atrapar al culpable, la emprendió con bríos.
Varios años antes, Sosa había observado a otros doctores identificar la causa de otra epidemia, conocida más tarde como el virus hanta, un patógeno que propagan los roedores infectados.
"Yo me ocupé de los pacientes, pero de algún modo sentí que no hice lo suficiente", dijo. La próxima vez, juró que sería diferente.
Sosa instaló un ‘cuarto de mando' en el hospital donde los médicos podían comparar notas y teorías mientras revisaban los expedientes médicos a la búsqueda de pistas.
Como precaución, los pacientes que sufrían de la misteriosa enfermedad fueron apartados y colocados en una enorme habitación vacía que debía ser renovada. Los enfermeros llevaban máscaras, lo que aumentó los temores en el hospital y en la comunidad.
"Eso causó un montón de pánico", dijo el doctor Jorge Motta, un cardiólogo que dirige el Gorgas Memorial Institute, un centro de investigaciones médicas ampliamente reconocido en Panamá. "Eso es siempre una idea aterradora, que te puedes convertir en el epicentro de una nueva enfermedad infecciosa, y en especial de una nueva enfermedad infecciosa que mata con una tasa de defunción altísima, como esta".
Entretanto, los pacientes seguían llegando, y el personal del hospital apenas podía mantener el ritmo.
Los atemorizados pacientes del hospital tuvieron que observar morir a otros por razones que nadie entendía, y temiendo que podían ser los siguientes.
A medida que los informes sobre los extraños síntomas del síndrome Guillain-Barré empezaron a llegar desde otras partes del país, los médicos se dieron cuenta de que no se trataba de un estallido localizado.
Pascuala Pérez de González, 67, entró a una clínica en la provincia de Coclé, a unas tres horas de viaje de Ciudad de Panamá, para tratarse una gripe. Fue tratada a fines de septiembre y enviada a casa. Pero a los días ya no podía comer, dejó de orinar y tuvo convulsiones.
Se decidió trasladarla al hospital público de Ciudad de Panamá, pero dejó de respirar en el camino y tuvo que ser reanimada. Llegó al hospital en un profundo coma, muriendo más tarde.
Los expedientes médicos contenían algunos indicios, pero también montones de pistas falsas. Las primeras víctimas tendían a ser hombres mayores de sesenta años, y diabéticos con una alta presión sanguínea. Casi la mitad de ellos habían recibido Lisinopril, una medicina para la presión distribuida por el sistema de salud pública.
Pero muchos que no habían recibido Lisinopril también enfermaban. Pensando que quizás esos clientes habían olvidado que habían usado el fármaco, los médicos retiraron el Lisinopril de la farmacia, sólo para devolverlo después de que los análisis mostraran que estaban en orden.
Los investigadores descubrirían más tarde que el Lisinopril jugó un importante papel, aunque indirecto, en la epidemia, pero no del modo en que se lo habían imaginado.

Renwick McLean y Brent McDonald contribuyeron a este reportaje.

1 de junio de 2007
6 de mayo de 2007
©new york times
©traducción mQh
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aconsejan no usar dentífricos chinos


Por contener ingrediente venenoso.
La Administración de Medicamentos y Alimentación de EE.UU. (FDA) advirtió hoy sobre el peligro del uso de dentífricos procedentes de China, ya que podrían contener una sustancia venenosa que se usa en los anticongelantes.
Tras el anuncio de la semana pasada sobre sus sospechas respecto de la pasta de dientes china, la FDA aconsejó a los consumidores que se deshagan de cualquier dentífrico procedente de este país, según un comunicado hecho público hoy por la agencia gubernamental.
La FDA asegura que no tiene constancia de que se haya producido ningún envenenamiento en EE.UU. por dietileneglycol, sustancia venenosa utilizada en anticongelantes y también como disolvente, pero que lo que le preocupan son "los potenciales riesgos" de la exposición a esta sustancia.
Asimismo, la agencia informó de que detectaron y detuvieron un cargamento de dentífrico procedente de China que contenía dietileneglycol (también llamado DEG) en la frontera de EE.UU., en el que cada envase contenía una concentración de cerca del tres por ciento de este ingrediente venenoso, a pesar de no estar reflejado en la etiqueta.
El comunicado informó además de la detección de DEG en dentífricos procedentes de China disponibles en al menos dos establecimientos: uno en Miami (Florida) y otro en Puerto Rico.
La agencia gubernamental, que indicó que el DEG se utiliza para para endulzar y hacer más espeso el dentífrico, indicó que "está particularmente preocupada por la exposición crónica a esta sustancia por parte de los niños y de gente con enfermedades de hígado y riñón".
Además de dar una lista detallada de todos los dentífricos sospechosos, la FDA reveló los nombres de sus fabricantes y advirtió de que estos productos suelen venderse en establecimientos de venta al por menor de bajo coste.
Tras haber identificado el DEG como ingrediente de la pasta de dientes china en Panamá y República Dominicana, la FDA anunció la semana pasada que revisaría todos los dentífricos y productos similares procedentes de este país asiático.
La FDA, que todavía investiga estos productos, aseguró que tomará "las acciones pertinentes" en caso de identificar esta sustancia venenosa en otros dentífricos.
Dichas medidas, según el comunicado, incluyen la denuncia de tales productos y de sus fabricantes para evitar su entrada como productos de importación en EEUU.

1 de junio de 2007
©la nación
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