sobrevivir para contarlo
Una obsesión de los sobrevivientes era que "alguien debía salir con vida, alguien debía sobrevivir para contar y testimoniar.
[Mario Wainfeld] Dilemáticas, todas, son las decisiones de la víctima en el campo de concentración. Enigmas prácticos y éticos, sin respuesta satisfactoria: "maldito si lo haces y maldito si no lo haces". Así lo cifra Mario Villani, quien lo supo durante años y, tras una profunda elaboración, lo relata. Lo más saliente del libro ‘Desaparecido. Historia de un cautiverio’ es el logrado afán de comprender, de evitar los juicios maniqueos, de transitar las "zonas grises". Hay decenas de ejemplos en ‘Desaparecido...’ todos en situaciones límite, por decirlo de algún modo. Tomemos una, acaso no la más terrible. Villani cuenta cómo vivió la final del Mundial de Fútbol, junto a sus carceleros: "Estábamos gritando goles sin saber si nuestro nombre ya estaba en una lista para morir (...) era la culminación de lo que yo llamo el doble mensaje enloquecedor de los sitios clandestinos de detención, un mensaje también instalado en la sociedad, afuera de los campos". Villani no se extasía, no endilga culpas, casi no repara en su individualidad. "De ahí que me sea tan difícil hoy reflexionar sobre lo que significó aquella situación en el Mundial y entender o condenar la actitud de los secuestrados que celebraban un gol en el campo y la de las personas que lo hacían afuera, estando en libertad. No recuerdo con certeza si yo mismo no grité los goles en el campo y me puse contento, tal vez lo hice". Más adelante añade: "Tampoco las personas que estaban en los estadios eran libres. El país entero era una extensión del campo de concentración". Villani predica con el ejemplo: lo importante es entender, no juzgar.
Lejos del estigma, del simplismo, de las divisiones binarias, Villani se obstinó primero por sobrevivir, después por contar y testimoniar, tanto como por darle un sentido a su experiencia. Cualquier adjetivo es banal referido a las circunstancias que atravesó, también suenan huecos para describir a su libro. Recomendarlo a los lectores de este diario es lo más directo, lo más cercano a un mensaje que uno encuentra.
La saga de los sobrevivientes fue tremenda, en muchos casos prolongando el calvario mediante castigos de prójimos cercanos o lejanos y hasta con alguno autoinflingido. La culpa por haber quedado vivo, la sospecha, aun entre sus compañeros, cuando "reaparecieron", los miedos perdurables, la defraudación de los gobiernos democráticos. Tomó tiempo que sus voces fueran escuchadas, que su relato fuera atendido. Muchas defecciones políticas tiraron al tiesto sus testimonios ante la Justicia, durante demasiados años. Progresivamente, sin embargo, su palabra sirvió para que se conocieran y comprendieran los campos de detención, la dictadura, la sociedad toda, como en el ejemplo del Mundial. También, en la determinante esfera judicial, para identificar a los represores. La sentencia en la megacausa de la ESMA consagra un gran momento de esas trayectorias. Lilia Ferreyra, la noble y profunda compañera de Rodolfo Walsh, lo destacó ese mismo día. Y, con todo, si no se hubiera llegado a ese punto, de cualquier forma el aporte a la democracia de los sobrevivientes sería fenomenal.
Villani es un tipo flaco, preciso en el hablar, dotado de un humor lacónico. Un observador notable. Ha leído a Primo Levi, también el indispensable libro de otra sobreviviente, Pilar Calveiro: ‘Poder y desaparición. Los campos de concentración en la Argentina’. Pretencioso (tal vez ocioso) y superior a las competencias de este cronista es hacer un ranking, el libro de Villani y Fernando Reati honra a esos precedentes, los continúa, los enriquece.
Calveiro escribió: "(...) toda defensa de la propia memoria contra el reformateo del campo, toda burla, todo engaño fueron formas de resistencia a su poder. Tratar de sobrevivir sin ‘entregarse’, sin dejarse arrasar era ya un primer acto de resistencia que se oponía al mecanismo arrasador y succionador". Y agrega que una obsesión de los sobrevivientes era que "alguien debía salir con vida, alguien debía sobrevivir para contar y testimoniar". Villani se consagró a esa misión: fatigó tribunales en nuestro país y en Europa, concibió un mensaje que debe ser escuchado y divulgado.
Azares de la vida hicieron que Villani conociera a Reati, preso de la dictadura él, en Estados Unidos. Redactaron este libro a cuatro manos, puliendo entrevistas de Reati a Villani, pasándolas a un relato en primera persona. Reati define el valor del testimonio, se vale de un aparente oxímoron: "deberíamos hablar de ‘verdad subjetiva’ porque se trata de la subjetividad de un individuo de carne y hueso que alude a una verdad histórica de la que fue testigo directo". Y redondea, inmejorable: "El hecho de haber estado en los campos no le concede necesariamente mayor validez a la interpretación de Villani (...) es su elaboración posterior, a lo largo de años, lo que le presta valor".
Conocí personalmente a los dos autores en una entrevista radial que les hicimos, junto a la colega Nora Veiras. Les agradecí su libro, su humanismo y comprensión, la grandeza de su verdad subjetiva. Vuelvo a hacerlo acá.
28 de noviembre de 2011
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Los granjeros cuentan el coste de los cultivos que se pudrieron porque los trabajadores huyeron. Los gobiernos pueden calcular la pérdida de ingresos fiscales cuando empiecen a huir los contribuyentes. Es más difícil medir el precio de las reputaciones comerciales arruinadas o el valor de las inversiones perdidas o la productividad perdida mientras los alabameños hacen cola durante horas para demostrar su ciudadanía en cualquier transacción con el gobierno. O lo que el estado gastará finalmente para hacer frente a la avalancha de querellas, o adiestrar y desplegar agentes de policía en las redadas cada vez más amplias de la policía, o el coste de privar de recursos escasos a la lucha contra la verdadera criminalidad.
En muchos países, usar una cámara o tomar apuntes te puede meter en problemas. No se supone que deba ocurrir en Nueva York. Sin embargo, cuando la policía desalojaba a los manifestantes de Ocupemos Wall Street del Parque Zuccotti en Lower Manhattan el 15 de noviembre, varios periodistas fueron aprehendidos y arrestados. La policía impidió que muchos documentaran lo que pasó esa noche.
En marzo, la Corte Suprema debe dictar fallo en uno de sus casos más importantes de los últimos años: una impugnación constitucional contra la promulgación del presidente Obama del programa del seguro médico.
[Santiago O’Donnell] Tenemos la noticia de que Brasil formó una Comisión de la Verdad para investigar los crímenes de la dictadura. Y sabemos que esa comisión no va a meter preso a nadie porque no tiene mandato ni poder ni intención de procurar justicia, y sólo quiere averiguar lo que pasó. Hablamos con el joven funcionario del Ministerio de Justicia brasileño Marcelo Torelly, que vino a Buenos Aires a explicar todo eso a la ONG Memoria Abierta, que dirige Patricia Valdez, en el marco de un encuentro académico.
Tennessee tiene todavía mucho que hacer para mejorar sus escuelas, pero ha dado un paso significativo al convertirse en un laboratorio para la reforma de la educación. Fue uno de los primeros estados en poner a prueba un riguroso sistema de evaluación de los docentes, que fue implementada durante este año escolar. Sin embargo, incluso antes de conocer los resultados, hay fuerzas políticas proponiendo posponer el uso de estas evaluaciones. Los legisladores del estado y los funcionarios de la educación deben resistir.
[Nicholas D. Kristof] No se deja entrevistar fácilmente porque se quiebra cuando recuerda su vida en un prostíbulo camboyano, y pronto mis ojos también empiezan a humedecerse.
[Osvaldo Bayer] Murió Domingo Bussi, el general. Una de las más siniestras figuras de nuestra historia. Sí, no se cometería ninguna exageración si cuando se haga referencia a él se diga: "El general Bussi, el siniestro". Sólo basta recorrer su biografía para constatarlo. La perfidia de sus crímenes llega a lo inimaginable. Y ahí está la pregunta que todavía no nos hemos contestado: ¿dónde aprendió Bussi su oficio de matar con total impunidad? ¿En el Colegio Militar, en la Escuela Superior de Guerra o en sus estadías en Kansas con el ejército yanki o en Vietnam durante su gira? Sea como fuere, fue un criminal de la mayor cobardía y crueldad. Sus crímenes comprobados y por eso condenado son todos de lesa humanidad. Su hazaña máxima como criminal es el haber exhibido el cadáver congelado de Santucho en el Museo de la Represión, en Campo de Mayo. Se le caía la saliva de la boca de puro placer. Pero, además, los mil casos de torturas, de "desaparición", de asesinatos. El mismo ejecutaba a los presos políticos de un solo tiro. Está declarado por testigos. ¡Ah, general! La degradación. La absoluta validez de la ley del más fuerte.