gastronomía y novela negra
Los mejores del género policiaco, en Barcelona.
Barcelona, España. El escritor griego Petros Márkaris, creador del inspector Jaritos, ha aseverado que hay una novela negra mediterránea "de Portugal a Grecia" que tiene en común "la gastronomía", en contraposición a la anglosajona y nórdica "donde los personajes comen salmón con vodka o bocadillos con cerveza".
Márkaris ha participado en una mesa redonda que ha abierto el Primer Encuentro Europeo de Novela Negra en la que también han participado la escritora norteamericana Donna León, afincada en Venecia, y Francisco González Ledesma, un debate que ha sido moderado por el también escritor de género policiaco Andreu Martín.
Donna León, que ha estado de acuerdo con Márkaris ya que la gastronomía está presente también en sus novelas protagonizadas por el inspector Guido Brunetti a quien su mujer le prepara platos de la cocina italiana, ha dedicado su intervención al concepto de turismo cultural.
La escritora norteamericana, afincada en Venecia desde hace 40 años y cuyas novelas se desarrollan en esa ciudad, ha hecho un alegato en contra del turismo de "compras".
Para Donna León "es imperdonable" que alguien viaje a Venecia y dedique su tiempo a ir de tiendas "en lugar de recorrer la ciudad mas hermosa del mundo".
Crítico Gastronómico
Francisco González Ledesma ha confesado que no está dotado para la cocina, aunque llegó a ser crítico gastronómico de 'La Vanguardia', y ha apuntado que su policía, el inspector Méndez, suele comer en las viejas tabernas que había en el del barrio Chino de Barcelona donde ni la comida ni la bebida eran recomendables por su calidad.
Andreu Martin ha dado un repaso histórico a la evolución de la novela negra, de la que ha dicho que nació con 'Los crímenes de la calle Morgue', de Edgar Alan Poe y que "la pelota " ha ido pasando de Estados Unidos a Europa durante más de 100 años.
A su juicio, en la actualidad existe una mayor calidad de la novela negra europea, ya que los escritores norteamericanos se ven sometidos a una serie de reglas que le imponen las editoriales "que les fijan determinados esquemas y el número de páginas que deben tener".
La Crueldad Nórdica
Márkaris ha puntualizado que dentro de la novela negra mediterránea hay una especie de subdivisión en la que ha englobado a los autores de Portugal, España y su país, Grecia, y que se caracterizan por hablar de un pasado bajo las dictaduras de Franco, Salazar o los coroneles griegos y de la transición a la democracia, un tiempo histórico cuyas heridas reflejan los escritores en sus novelas que "siempre terminan hablando de política", algo que no ocurre con los escritores del norte de Europa.
El ejemplo más claro de este tipo de autor, según Mákaris, es el malogrado Manuel Vázquez Montalbán, quien tiene en común con otros autores mediterráneos un pasado "izquierdista" y ha apostillado que este tipo de características literarias no se puede aplicar a Francia, "ni tan siquiera a Italia".
Márkaris ha resaltado también que una de las características de la novela negra nórdica "es la crueldad de los asesinos con sus víctimas: "Nosotros [los autores mediterráneos] somos angelitos a la hora de escribir nuestros crímenes comparados con los autores anglosajones y nórdicos".
20 de enero de 2005
©el mundo"
Barcelona, España. El escritor griego Petros Márkaris, creador del inspector Jaritos, ha aseverado que hay una novela negra mediterránea "de Portugal a Grecia" que tiene en común "la gastronomía", en contraposición a la anglosajona y nórdica "donde los personajes comen salmón con vodka o bocadillos con cerveza".Márkaris ha participado en una mesa redonda que ha abierto el Primer Encuentro Europeo de Novela Negra en la que también han participado la escritora norteamericana Donna León, afincada en Venecia, y Francisco González Ledesma, un debate que ha sido moderado por el también escritor de género policiaco Andreu Martín.
Donna León, que ha estado de acuerdo con Márkaris ya que la gastronomía está presente también en sus novelas protagonizadas por el inspector Guido Brunetti a quien su mujer le prepara platos de la cocina italiana, ha dedicado su intervención al concepto de turismo cultural.
La escritora norteamericana, afincada en Venecia desde hace 40 años y cuyas novelas se desarrollan en esa ciudad, ha hecho un alegato en contra del turismo de "compras".
Para Donna León "es imperdonable" que alguien viaje a Venecia y dedique su tiempo a ir de tiendas "en lugar de recorrer la ciudad mas hermosa del mundo".
Crítico Gastronómico
Francisco González Ledesma ha confesado que no está dotado para la cocina, aunque llegó a ser crítico gastronómico de 'La Vanguardia', y ha apuntado que su policía, el inspector Méndez, suele comer en las viejas tabernas que había en el del barrio Chino de Barcelona donde ni la comida ni la bebida eran recomendables por su calidad.
Andreu Martin ha dado un repaso histórico a la evolución de la novela negra, de la que ha dicho que nació con 'Los crímenes de la calle Morgue', de Edgar Alan Poe y que "la pelota " ha ido pasando de Estados Unidos a Europa durante más de 100 años.
A su juicio, en la actualidad existe una mayor calidad de la novela negra europea, ya que los escritores norteamericanos se ven sometidos a una serie de reglas que le imponen las editoriales "que les fijan determinados esquemas y el número de páginas que deben tener".
La Crueldad Nórdica
Márkaris ha puntualizado que dentro de la novela negra mediterránea hay una especie de subdivisión en la que ha englobado a los autores de Portugal, España y su país, Grecia, y que se caracterizan por hablar de un pasado bajo las dictaduras de Franco, Salazar o los coroneles griegos y de la transición a la democracia, un tiempo histórico cuyas heridas reflejan los escritores en sus novelas que "siempre terminan hablando de política", algo que no ocurre con los escritores del norte de Europa.
El ejemplo más claro de este tipo de autor, según Mákaris, es el malogrado Manuel Vázquez Montalbán, quien tiene en común con otros autores mediterráneos un pasado "izquierdista" y ha apostillado que este tipo de características literarias no se puede aplicar a Francia, "ni tan siquiera a Italia".
Márkaris ha resaltado también que una de las características de la novela negra nórdica "es la crueldad de los asesinos con sus víctimas: "Nosotros [los autores mediterráneos] somos angelitos a la hora de escribir nuestros crímenes comparados con los autores anglosajones y nórdicos".
20 de enero de 2005
©el mundo"
los últimos maharajás
[Javier Moro] La independencia de India, en 1947, dio el golpe de gracia a los últimos maharajás, 562 hombres que reinaban sobre un tercio del territorio.
El 28 enero de 1908, una española de 17 años, sentada a lomos de un elefante lujosamente enjaezado, hizo su entrada en una pequeña ciudad del norte de India. El pueblo entero estaba en la calle lanzando vítores a su paso, rindiendo un cálido homenaje a su nueva princesa, de tez tan blanca como las nieves del Himalaya. Podría parecer un cuento de hadas, pero en realidad así fue la boda de la andaluza Anita Delgado con el riquísimo maharajá de Kapurtala. Y fue el principio de una historia de amor y traición que se desgranó durante casi dos décadas.
He seguido los pasos de Anita Delgado por las rutas de India y de Europa, reconstruyendo con todo lujo de detalles, para mi libro Pasión india', los secretos de su relación, que culminó en uno de los escándalos más sonados de la India inglesa.
Zambullirme en aquella época fabulosa, decadente e irrepetible, y explorar el mundo de los últimos maharajás, 562 hombres que a principios del siglo XX reinaban sobre un tercio del territorio de India, ha supuesto una inagotable fuente de sorpresas y de diversión. Kipling dijo que la providencia los había creado para ofrecer un espectáculo al mundo.
¡Y qué espectáculo! Con sus harenes de Las mil y una noches', sus bacanales eróticas, sus pasiones por las joyas y los palacios, el flamenco y las cacerías de tigre, los caballos y los Rolls-Royce, esos hombres eran legendariamente caprichosos porque se creían de origen divino, porque los ingleses les protegían y porque el pueblo les adoraba. Unos eran cultos; otros, encantadores y seductores; otros, crueles o ascéticos; otros, un poco locos; pero, eso sí, todos excéntricos. Para ellos, la extravagancia era una forma de refinamiento.
Dieciocho años mayor que Anita Delgado, el maharajá de Kapurtala se crió en el harén, rodeado de sirvientas y niñeras en un ambiente de confort y lujo inimaginable para cualquier niño europeo. Le bastaba enseñar el pie y un criado le calzaba. Levantaba un dedo y otro acudía a peinarle.
Nunca alzaba la voz porque no era necesario. Una mirada bastaba para transmitir un deseo, inmediatamente interpretado como una orden. Hasta los sirvientes más ancianos se postraban ante el niño, tocándole los pies en signo de veneración. Su salud era seguida con la mayor atención. Una criada recogía diariamente el orinal del pequeño y escudriñaba las deposiciones con una mirada atenta. Si encontraba algo raro, le trataba inmediatamente con hierbas medicinales, y si era más grave, llamaba al médico oficial.
A los ocho años empezó a engordar, quizá porque somatizaba los problemas que suponía crecer con un pie en un mundo feudal y otro en el siglo XX. De sus tutores ingleses recibía clases de física y química, mientras que de los indios aprendía posturas del Kamasutra.
Al principio, nadie se alarmó por su sobrepeso; al contrario, el orondo heredero era decididamente un muchacho hermoso. Pero más tarde, cuando a los 10 años cruzó la frontera de los 100 kilos, cundió el pánico entre los miembros de la corte, que ya le habían elegido una primera mujer.
Su primera boda, con una joven india de alta cuna llamada Harbans Kaur, se celebró cuando ambos alcanzaron la meritoria edad de 14 años. Para entonces había logrado estabilizar su peso en 130 kilos, lo que alivió, aunque sólo fuese momentáneamente, a sus tutores y al médico.
El maharajá no vio el rostro de su amada hasta después de la ceremonia de la boda, y lo hizo a través de un espejito: "Me quedé mirando esos ojos negros, los más bonitos que había visto jamás. Luego sonreí, y ella me devolvió la sonrisa", dejó escrito en su diario.
Lo que no quedó reflejado en ningún diario fue la reacción de su joven esposa al descubrir el rostro inflado de su imberbe marido, la triple papada, los ojos alicaídos, la tripa descomunal. Ningún diario contaría en detalle lo que debió de ser su primera impresión, y luego su primera noche de amor, ella sumisa y asustada, él inexperto y peligrosamente obeso.
Lo que sí trascendió es que no consumaron el acto. De modo que a la preocupación que la corte y la familia habían sentido por la obesidad del maharajá iba a suceder ahora una profunda inquietud por su vida sexual (y por el porvenir de la dinastía).
El rumor de que el maharajá era incapaz de engendrar circulaba con insidia. Nadie dudaba de su gusto por las mujeres. Varias criadas habían contado cómo desde pequeño había intentado acercarse a ellas y, al no dejarse, había intentado comprarlas.
También era notoria su afición por las nautch-girls, bailarinas profesionales que acudían de Lahore, considerada la capital del vicio y del jolgorio. Contratadas para distraer a los soberanos, estaban también a su disposición para todo tipo de favores sexuales. No eran prostitutas en el sentido estricto, eran más bien el equivalente a las geishas japonesas. Expertas en el arte de satisfacer al hombre, de saber hablarle, de hacerle sentirse a gusto y de entretenerle, eran las encargadas de iniciar a los muchachos en el arte del sexo, así como en el uso de anticonceptivos.
Éstos variaban del coitus interruptus, que llamaban "el salto hacia atrás", a supositorios que contenían "caldo de alhelí y miel", y hasta frotarse el pene con alquitrán, lo que debía de ser contundente. Estas bailarinas-cortesanas también perfeccionaban las enseñanzas del Kamasutra. Les enseñaban que la mujer-gacela, de senos firmes, anchas caderas, nalgas redondas y yoni pequeño (casi 15 centímetros), es muy compatible en el amor con el hombre-liebre, sensible "a las cosquillas en los muslos, en las manos, bajo la planta de los pies y en el pubis".
El hombre-semental, a quien le gustan las mujeres robustas y las comidas copiosas, lo hace de maravilla con la mujer-yegua, de muslos rellenos y fuertes, cuyo sexo huele a sésamo y cuya "casa de kama tiene una profundidad de nueve dedos".
La familia del obeso maharajá confiaba en que las bailarinas podrían hacer que el maharajá funcionase. Pero el resultado era siempre el mismo: el chico tenía dificultad en copular a causa de su barriga, que ahogaba y aprisionaba el pene aunque éste estuviera en erección.
A la espera de encontrar una solución al problema, mandaban intervenir a una cortesana, cuya única y exclusiva misión era cuidar la calidad del semen real, porque de ello dependía la buena calidad de los hijos y, en consecuencia, la buena calidad del gobierno que acabarían asumiendo, de manera que vigilar el semen era, en las cortes de los maharajás, cuestión de Estado. En India siempre se ha pensado que la abstinencia provoca una acumulación excesiva de esperma, y que éste puede cortarse, exactamente igual que la leche o la mantequilla.
Por eso, esta concubina se presentaba periódicamente ante el príncipe para recoger, mediante hábiles manipulaciones, su semen en un trapito de algodón que luego quemaba en el jardín del palacio en presencia de un funcionario que ostentaba el pomposo título de guardián de las Deyecciones Reales.
Otro guardián, el de los elefantes, fue la pieza clave para solucionar el problema sexual del maharajá. El hombre declaró que los paquidermos no se reproducían en cautividad no porque fueran tímidos, sino porque necesitaban una postura y un ángulo especiales que no podían conseguir ni en el zoológico ni en las cuadras. Se le había ocurrido un truco. Había construido un pequeño montículo de tierra y piedra en el bosque detrás del palacio.
Allí, las elefantas se tumbaban y la pendiente facilitaba mucho el trabajo del macho. El resultado había sido espectacular. Los bramidos que rasgaban las tranquilas noches de Kapurtala eran buena prueba de ello, como lo era el mayor número de crías que nacían.
La declaración del guardián devolvió la esperanza a la corte. ¿Cómo aplicar su idea al caso del maharajá? La respuesta la dio el ingeniero británico J. S. Elmore, que diseñó y construyó una cama inclinada, hecha de metal y de madera con un colchón elástico, inspirada en la idea del guardián de elefantes. Las más bellas cortesanas probaron el invento con el maharajá, y la sonrisa de satisfacción que esgrimían quienes esperaban en uno de los salones del palacio a que terminase la prueba lo decía todo. ¡Qué éxito! El príncipe consiguió copular ¡varias veces!
Nueve meses después de aquel glorioso día en la historia de Kapurtala, la joven esposa daba a luz a su primer retoño. Luego el maharajá no paró: en los años sucesivos tuvo cuatro hijos con otras cuatro esposas, sin contar con los que tuvo con sus concubinas. Éstas se sentían en general felices en el harén porque escapaban así a una vida de miseria en el campo, y porque tenían la seguridad de que, aun dejando de estar en la lista de favoritas, nunca les faltaría de nada, ni a ellas ni a sus hijos, porque así lo mandaba la tradición.
A lo que se veía obligado el maharajá para controlar la demografía del harén era a someterlas a una ligadura de trompas a partir del segundo hijo. Sus ministros, que eran hombres sofisticados, se veían a veces en la obligación de abandonar sus tareas al servicio del Estado para buscarle mujeres. "He estado en Cachemira y he traído dos chicas para su alteza", decía uno de ellos en una carta. "El problema es que nunca te libras de la sospecha por parte del rajá de que uno mismo también las haya disfrutado".
Pero las extravagancias del maharajá de Kapurtala eran menudencias comparadas con las de sus colegas, algunos de los cuales se hicieron muy amigos de Anita Delgado. El nizam de Hyderabad se enamoró locamente de la española. Le hizo suntuosos regalos, que viniendo de él tenían un valor especial porque, a pesar de ser considerado el hombre más rico del mundo, era de una proverbial tacañería.
¡Al final de su vida, remendaba él mismo sus calcetines! Pero el señor indiscutido de los placeres de la carne era un buen amigo del maharajá, y además vecino suyo. Con sus 130 kilos y los bigotes erguidos como dos cuernos, el maharajá de Patiala era conocido por su enorme apetito respecto a la comida (era capaz de zamparse tres pollos seguidos) y al amor (su harén llegó a contar 350 esposas y concubinas).
Era un hombre que ardía con pasión animal, un hombre que en una ocasión no dudó en ordenar una incursión armada en las tierras de su primo el rajá de Nabha para raptar a una chica rubia y de ojos azules que había avistado cuando cazaba. Ni él mismo sabía el número de hijos que tenía. Un visitante a Patiala contó un día 53 cochecitos de niños aparcados frente a su palacio. Lo mismo sucedía en Kapurtala, a una escala menor.
Los maharajás de Patiala y Kapurtala acabaron haciéndose muy famosos en Europa: por ser sijs, por ser monarcas de dos Estados de Punjab y por tener fuerte personalidad y presencia. La prensa aludía a una supuesta rivalidad entre ambos, pero dicha rivalidad nunca existió. A pesar de sus similitudes, eran personajes muy distintos. El número de concubinas del de Kapurtala nunca se acercó al de Patiala.
Éste era mucho más rico, más ostentoso y más guerrero. Era fanático del polo; Kapurtala lo era del tenis. El estilo de Patiala era el de un monarca oriental; Kapurtala quería parecerse más a un rey de Francia y se hizo un palacio inspirado en Versalles.
Las aptitudes para el sexo que el maharajá de Patiala manifestó desde niño dejaban perplejos a los timoratos funcionarios ingleses. Coleccionaba mujeres como quien colecciona trofeos de caza, a diferencia de su colega de Kapurtala, que era enamoradizo y capaz de ser fiel durante un cierto tiempo. Además disfrutaba con la compañía de mujeres atractivas e inteligentes, y procuraba mantener siempre la amistad aun después de haberse acabado la relación sentimental.
Al de Patiala sólo le interesaba el sexo. Durante los tórridos veranos invitaba a sus amigos a bañarse en su gigantesca piscina y les gratificaba con la presencia en el agua de jóvenes bellezas con el pecho desnudo, vestidas con un simple pareo de algodón. Bloques de hielo refrescaban el agua, y el monarca nadaba feliz, subiendo de vez en cuando al borde de la piscina para sorber un trago de whisky o tocar un pecho al azar.
En lo que ambos príncipes colaboraban porque lo necesitaban para su ritmo de vida era en conseguir todo tipo de afrodisiacos. Aparte de saber cuáles eran los mejunjes más eficaces y las sustancias susceptibles de prolongar la erección, también les interesaba descubrir si existía alguna manera de devolver la juventud a una amante entrada en años para que siguiera atrayéndoles como el primer día.
Gracias al contacto proporcionado por su amigo el maharajá de Kapurtala, el de Patiala contrató a unos médicos franceses, entre los que se encontraba el doctor Joseph Doré, de la Facultad de Medicina de París. Él se encargaba de las operaciones más serias, incluyendo las ginecológicas, a las que el maharajá, dato curioso, le gustaba asistir. De modo que convirtió un ala de su palacio en un laboratorio cuyas probetas y tamices produjeron una exótica colección de perfumes, lociones y filtros.
Pero no era suficiente para multiplicar el vigor sexual que necesitaba. Al final, los médicos franceses trajeron una máquina de radiaciones. Sometieron al príncipe a un tratamiento de radio, garantizándole que aumentaría "el poder espermatogénico, la capacidad de los testículos y la estimulación del centro de erección".
Pero no era la pérdida de calidad de su esperma lo que afligía al maharajá de Patiala, sino otro mal que afectaba a muchos de sus colegas: el aburrimiento y un monumental egocentrismo. Cuando, años más tarde, un periodista le preguntó: "Alteza, ¿por qué no industrializa Patiala?", el maharajá, como si le hubieran hecho una pregunta estúpida, respondió: "Porque entonces será imposible conseguir cocineros y sirvientes. Todos se pasarían a la industria. ¡Sería un desastre!".
Generalmente, cuanto más ricos y poderosos, más excéntricos se mostraban. Un príncipe de un Estado del sur, gran cazador de tigres, acusado de utilizar bebés como cebo, se disculpó con el argumento de que no había fallado un solo tigre en toda su vida, lo que era cierto. El maharajá de Gwalior mandó traer una grúa especial para izar sobre el tejado de su palacio al más pesado de sus elefantes, con el resultado de que el tejado se hundió y el animal acabó herido.
Alegó que había decidido comprobar la solidez del tejado de su palacio porque había comprado en Venecia un candelabro gigantesco para rivalizar con los que colgaban de los techos del palacio de Buckingham.
Ese mismo maharajá era tan aficionado a los trenes que había mandado fabricar uno en miniatura cuyas locomotoras y vagones circulaban sobre una red de rieles de plata maciza entre la cocina y la inmensa mesa de comedor de su palacio. El cuadro de mandos estaba instalado en el lugar donde se sentaba.
Manipulando manivelas, palancas, botones y sirenas, el maharajá regulaba el tráfico de los trenes que transportaban bebidas, comida, cigarros o dulces. Los vagones-cisterna, llenos de whisky o de vino, se detenían ante el comensal que hubiera pedido una copa. La fama de ese tren llegó hasta Inglaterra, cuando una noche, durante un banquete ofrecido a la reina María, a causa de un cortocircuito en el cuadro de mandos las locomotoras se lanzaron desbocadas por el comedor, salpicando vino y jerez, proyectando pinchos de queso con espinacas y pollo al curry sobre los trajes de las señoras y los uniformes de los caballeros. Fue el accidente de ferrocarril más absurdo de la historia.
Las extravagancias no tenían límite. Un maharajá de Rajastán llevaba todos sus asuntos, incluidos los consejos de ministros y los juicios, desde el cuarto de baño porque era el lugar más fresco de palacio. Otro se excitaba sexualmente con los gemidos de las parturientas. El maharajá Jay Singh de Alwar, que compraba los Hispano-Suiza de tres en tres, los mandaba enterrar ceremoniosamente en las colinas alrededor de su palacio a medida que se iba cansando de ellos.
En el olimpo de las extravagancias, las del nabab de Junagadh, un pequeño Estado al norte de Bombay, destacaban sobre las demás. El príncipe tenía pasión por los perros, de los que llegó a tener 500. Había instalado a sus favoritos en apartamentos con electricidad, donde eran servidos por criados a sueldo.
Un veterinario inglés con especialidad canina dirigía un hospital únicamente para atenderles. Los que no tenían la suerte de salir con vida de la clínica eran honrados con funerales al son de la Marcha fúnebre de Chopin. El nabab saltó a la fama nacional cuando se le ocurrió celebrar el matrimonio de su perra Roshanara con su labrador preferido, llamado Bobby, en el transcurso de una grandiosa ceremonia a la que invitó a príncipes y dignatarios, incluido el virrey británico, quien declinó la invitación "con gran pesar". Cincuenta mil personas se apiñaron a lo largo del cortejo nupcial.
El perro iba vestido de seda y llevaba pulseras de oro, mientras la novia, perfumada como una mujercita, lucía joyas con pedrería. Durante el banquete sentaron a la feliz pareja a la derecha del nabab y luego fueron conducidos a uno de los apartamentos para que consumaran allí su unión.
A principios del siglo XX, conseguir casarse con una europea se convirtió en una excentricidad más. Para todos esos príncipes, expertos en el arte de amar, la mujer blanca era el más preciado de los trofeos porque encarnaba todo el misterio, la emoción y el placer que ofrecía Occidente, un mundo nuevo del que de alguna manera deseaban apropiarse. También porque era el más difícil de obtener. Poseer una mujer blanca era considerado un símbolo exterior de gran lujo y exótico esplendor.
Cuando el maharajá de Kapurtala se enamoró de Anita Delgado había dejado de ser obeso y lucía la imponente silueta con la que se dio a conocer en toda Europa. También se habían atemperado sus ardores sexuales y mostraba una decidida inclinación por la monogamia. Pero su boda, una de las primeras entre un príncipe indio y una europea, fue considerada una afrenta tanto por los británicos como por su familia.
Sus otras mujeres no entendían por qué la española no estaba obligada a vivir en el harén. Por otra parte, los británicos estaban desconcertados. La súbita pasión por mujeres blancas amenazaba con trastornar el orden social de la Inglaterra victoriana. La unión entre europeas y príncipes indios implicaba el reconocimiento de una igualdad física y emocional que cuestionaba la jerarquía racial y de clase del imperio.
Aparte de ser considerada una aberración moral, la mezcla de razas podía crear una clase de anglo-indios capaces en el futuro de desafiar al poder británico. Algo parecido les había sucedido en América con la emergencia de una clase de colonos que había socavado el gobierno de los ingleses, para su gran humillación. No estaban dispuestos a que ocurriese lo mismo en India, la joya de la corona.
El problema es que no sabían muy bien cómo lidiar con ese ejército de manicuras, bailarinas, colegialas y mujeres europeas y americanas de dudosos antecedentes que seducían a los príncipes de su imperio. Tratar de impedir esas uniones era un poco como poner puertas al campo.
A Anita le hicieron la vida imposible, negándose a reconocer la validez de su matrimonio. Pero ella era tan seductora y tan distinta al resto de las mujeres, ya fuesen indias o europeas, que hasta los británicos que la denostaban ardían en ganas de conocerla. Su marido la apoyó siempre, lo que le valió serios enfrentamientos con las autoridades británicas.
El maharajá no dudó, en múltiples ocasiones, en recordarle al virrey que hubo un tiempo, al principio de la colonización, en que los ingleses no vivían como una minoría encerrada en sus cuarteles, sus fuertes y sus palacios, horrorizados ante la idea de mezclarse con los demás. Eran hombres que llegaban a un país que arrastraba una civilización vieja de 10.000 años, refinada y tolerante en las costumbres; fruto de una intensa mezcla de culturas, etnias y religiones.
Una civilización que les había enseñado la higiene y el amor. ¿Acaso las indias no comparaban a los soldados británicos con gallitos de pueblo a causa de su brusquedad sexual? Gracias a las mujeres indias, los ingleses pudieron dar rienda suelta a las fantasías eróticas más sofisticadas.
¡Cómo le gustaba repetirle al virrey la historia de sir David Ochterlony, máxima autoridad británica en Delhi en tiempos del imperio mogol, que recibía tumbado en el diván, fumando un narguilé, tocado de un gorro mogol, vestido con un faldón de seda y siendo abanicado por criados con plumas de pavo real! Todas las noches, sus 13 mujeres le seguían en procesión por toda la ciudad, cada una montada en su propio elefante. Aquellos ingleses, que habían venido a conquistar, se habían dejado conquistar por India.
El maharajá de Kapurtala siempre creyó que ambos mundos eran complementarios, que se necesitaban el uno al otro y que tarde o temprano acabarían fundiéndose. Dedicó toda su vida a colmar el abismo que separaba a Oriente de Occidente, y en el que él y su mujer Anita estaban atrapados.
Fue el monarca que más tiempo reinó: 55 años. Murió cuando India acababa de alcanzar la independencia. A su funeral acudieron más de un millón de personas. Olvidadas las excentricidades, venían a honrar la memoria de un príncipe abierto y progresista que dotó a su reino de escuelas, hospitales y tribunales de justicia, y que siempre veló por el buen entendimiento entre las distintas comunidades religiosas y étnicas.
El imborrable recuerdo que dejó entre su pueblo perdura hasta hoy. Muchos otros príncipes fueron hombres justos y buenos gobernantes, lo que explicaría que en mil años de historia ni un solo maharajá fuese asesinado por sus súbditos. Desde nuestra época globalizada y violenta, los gloriosos días del esplendor de los maharajás parecen tan lejanos como los de los emperadores mogoles. Siempre permanecerá el brillo de su recuerdo, como las joyas que guardaban en cofres de sándalo y que siguen centelleando, a pesar del polvo y la decrepitud, en el firmamento de la historia.
El libro Pasión india' (Seix Barral), escrito por Javier Moro, en el que se recoge la historia de los maharajás, sale a la venta esta semana.
©El País
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El 28 enero de 1908, una española de 17 años, sentada a lomos de un elefante lujosamente enjaezado, hizo su entrada en una pequeña ciudad del norte de India. El pueblo entero estaba en la calle lanzando vítores a su paso, rindiendo un cálido homenaje a su nueva princesa, de tez tan blanca como las nieves del Himalaya. Podría parecer un cuento de hadas, pero en realidad así fue la boda de la andaluza Anita Delgado con el riquísimo maharajá de Kapurtala. Y fue el principio de una historia de amor y traición que se desgranó durante casi dos décadas. He seguido los pasos de Anita Delgado por las rutas de India y de Europa, reconstruyendo con todo lujo de detalles, para mi libro Pasión india', los secretos de su relación, que culminó en uno de los escándalos más sonados de la India inglesa.
Zambullirme en aquella época fabulosa, decadente e irrepetible, y explorar el mundo de los últimos maharajás, 562 hombres que a principios del siglo XX reinaban sobre un tercio del territorio de India, ha supuesto una inagotable fuente de sorpresas y de diversión. Kipling dijo que la providencia los había creado para ofrecer un espectáculo al mundo.
¡Y qué espectáculo! Con sus harenes de Las mil y una noches', sus bacanales eróticas, sus pasiones por las joyas y los palacios, el flamenco y las cacerías de tigre, los caballos y los Rolls-Royce, esos hombres eran legendariamente caprichosos porque se creían de origen divino, porque los ingleses les protegían y porque el pueblo les adoraba. Unos eran cultos; otros, encantadores y seductores; otros, crueles o ascéticos; otros, un poco locos; pero, eso sí, todos excéntricos. Para ellos, la extravagancia era una forma de refinamiento.
Dieciocho años mayor que Anita Delgado, el maharajá de Kapurtala se crió en el harén, rodeado de sirvientas y niñeras en un ambiente de confort y lujo inimaginable para cualquier niño europeo. Le bastaba enseñar el pie y un criado le calzaba. Levantaba un dedo y otro acudía a peinarle.
Nunca alzaba la voz porque no era necesario. Una mirada bastaba para transmitir un deseo, inmediatamente interpretado como una orden. Hasta los sirvientes más ancianos se postraban ante el niño, tocándole los pies en signo de veneración. Su salud era seguida con la mayor atención. Una criada recogía diariamente el orinal del pequeño y escudriñaba las deposiciones con una mirada atenta. Si encontraba algo raro, le trataba inmediatamente con hierbas medicinales, y si era más grave, llamaba al médico oficial.
A los ocho años empezó a engordar, quizá porque somatizaba los problemas que suponía crecer con un pie en un mundo feudal y otro en el siglo XX. De sus tutores ingleses recibía clases de física y química, mientras que de los indios aprendía posturas del Kamasutra.
Al principio, nadie se alarmó por su sobrepeso; al contrario, el orondo heredero era decididamente un muchacho hermoso. Pero más tarde, cuando a los 10 años cruzó la frontera de los 100 kilos, cundió el pánico entre los miembros de la corte, que ya le habían elegido una primera mujer.
Su primera boda, con una joven india de alta cuna llamada Harbans Kaur, se celebró cuando ambos alcanzaron la meritoria edad de 14 años. Para entonces había logrado estabilizar su peso en 130 kilos, lo que alivió, aunque sólo fuese momentáneamente, a sus tutores y al médico.
El maharajá no vio el rostro de su amada hasta después de la ceremonia de la boda, y lo hizo a través de un espejito: "Me quedé mirando esos ojos negros, los más bonitos que había visto jamás. Luego sonreí, y ella me devolvió la sonrisa", dejó escrito en su diario.
Lo que no quedó reflejado en ningún diario fue la reacción de su joven esposa al descubrir el rostro inflado de su imberbe marido, la triple papada, los ojos alicaídos, la tripa descomunal. Ningún diario contaría en detalle lo que debió de ser su primera impresión, y luego su primera noche de amor, ella sumisa y asustada, él inexperto y peligrosamente obeso.
Lo que sí trascendió es que no consumaron el acto. De modo que a la preocupación que la corte y la familia habían sentido por la obesidad del maharajá iba a suceder ahora una profunda inquietud por su vida sexual (y por el porvenir de la dinastía).
El rumor de que el maharajá era incapaz de engendrar circulaba con insidia. Nadie dudaba de su gusto por las mujeres. Varias criadas habían contado cómo desde pequeño había intentado acercarse a ellas y, al no dejarse, había intentado comprarlas.
También era notoria su afición por las nautch-girls, bailarinas profesionales que acudían de Lahore, considerada la capital del vicio y del jolgorio. Contratadas para distraer a los soberanos, estaban también a su disposición para todo tipo de favores sexuales. No eran prostitutas en el sentido estricto, eran más bien el equivalente a las geishas japonesas. Expertas en el arte de satisfacer al hombre, de saber hablarle, de hacerle sentirse a gusto y de entretenerle, eran las encargadas de iniciar a los muchachos en el arte del sexo, así como en el uso de anticonceptivos.
Éstos variaban del coitus interruptus, que llamaban "el salto hacia atrás", a supositorios que contenían "caldo de alhelí y miel", y hasta frotarse el pene con alquitrán, lo que debía de ser contundente. Estas bailarinas-cortesanas también perfeccionaban las enseñanzas del Kamasutra. Les enseñaban que la mujer-gacela, de senos firmes, anchas caderas, nalgas redondas y yoni pequeño (casi 15 centímetros), es muy compatible en el amor con el hombre-liebre, sensible "a las cosquillas en los muslos, en las manos, bajo la planta de los pies y en el pubis".
El hombre-semental, a quien le gustan las mujeres robustas y las comidas copiosas, lo hace de maravilla con la mujer-yegua, de muslos rellenos y fuertes, cuyo sexo huele a sésamo y cuya "casa de kama tiene una profundidad de nueve dedos".
La familia del obeso maharajá confiaba en que las bailarinas podrían hacer que el maharajá funcionase. Pero el resultado era siempre el mismo: el chico tenía dificultad en copular a causa de su barriga, que ahogaba y aprisionaba el pene aunque éste estuviera en erección.
A la espera de encontrar una solución al problema, mandaban intervenir a una cortesana, cuya única y exclusiva misión era cuidar la calidad del semen real, porque de ello dependía la buena calidad de los hijos y, en consecuencia, la buena calidad del gobierno que acabarían asumiendo, de manera que vigilar el semen era, en las cortes de los maharajás, cuestión de Estado. En India siempre se ha pensado que la abstinencia provoca una acumulación excesiva de esperma, y que éste puede cortarse, exactamente igual que la leche o la mantequilla.
Por eso, esta concubina se presentaba periódicamente ante el príncipe para recoger, mediante hábiles manipulaciones, su semen en un trapito de algodón que luego quemaba en el jardín del palacio en presencia de un funcionario que ostentaba el pomposo título de guardián de las Deyecciones Reales.
Otro guardián, el de los elefantes, fue la pieza clave para solucionar el problema sexual del maharajá. El hombre declaró que los paquidermos no se reproducían en cautividad no porque fueran tímidos, sino porque necesitaban una postura y un ángulo especiales que no podían conseguir ni en el zoológico ni en las cuadras. Se le había ocurrido un truco. Había construido un pequeño montículo de tierra y piedra en el bosque detrás del palacio.
Allí, las elefantas se tumbaban y la pendiente facilitaba mucho el trabajo del macho. El resultado había sido espectacular. Los bramidos que rasgaban las tranquilas noches de Kapurtala eran buena prueba de ello, como lo era el mayor número de crías que nacían.
La declaración del guardián devolvió la esperanza a la corte. ¿Cómo aplicar su idea al caso del maharajá? La respuesta la dio el ingeniero británico J. S. Elmore, que diseñó y construyó una cama inclinada, hecha de metal y de madera con un colchón elástico, inspirada en la idea del guardián de elefantes. Las más bellas cortesanas probaron el invento con el maharajá, y la sonrisa de satisfacción que esgrimían quienes esperaban en uno de los salones del palacio a que terminase la prueba lo decía todo. ¡Qué éxito! El príncipe consiguió copular ¡varias veces!
Nueve meses después de aquel glorioso día en la historia de Kapurtala, la joven esposa daba a luz a su primer retoño. Luego el maharajá no paró: en los años sucesivos tuvo cuatro hijos con otras cuatro esposas, sin contar con los que tuvo con sus concubinas. Éstas se sentían en general felices en el harén porque escapaban así a una vida de miseria en el campo, y porque tenían la seguridad de que, aun dejando de estar en la lista de favoritas, nunca les faltaría de nada, ni a ellas ni a sus hijos, porque así lo mandaba la tradición.
A lo que se veía obligado el maharajá para controlar la demografía del harén era a someterlas a una ligadura de trompas a partir del segundo hijo. Sus ministros, que eran hombres sofisticados, se veían a veces en la obligación de abandonar sus tareas al servicio del Estado para buscarle mujeres. "He estado en Cachemira y he traído dos chicas para su alteza", decía uno de ellos en una carta. "El problema es que nunca te libras de la sospecha por parte del rajá de que uno mismo también las haya disfrutado".
Pero las extravagancias del maharajá de Kapurtala eran menudencias comparadas con las de sus colegas, algunos de los cuales se hicieron muy amigos de Anita Delgado. El nizam de Hyderabad se enamoró locamente de la española. Le hizo suntuosos regalos, que viniendo de él tenían un valor especial porque, a pesar de ser considerado el hombre más rico del mundo, era de una proverbial tacañería.
¡Al final de su vida, remendaba él mismo sus calcetines! Pero el señor indiscutido de los placeres de la carne era un buen amigo del maharajá, y además vecino suyo. Con sus 130 kilos y los bigotes erguidos como dos cuernos, el maharajá de Patiala era conocido por su enorme apetito respecto a la comida (era capaz de zamparse tres pollos seguidos) y al amor (su harén llegó a contar 350 esposas y concubinas).
Era un hombre que ardía con pasión animal, un hombre que en una ocasión no dudó en ordenar una incursión armada en las tierras de su primo el rajá de Nabha para raptar a una chica rubia y de ojos azules que había avistado cuando cazaba. Ni él mismo sabía el número de hijos que tenía. Un visitante a Patiala contó un día 53 cochecitos de niños aparcados frente a su palacio. Lo mismo sucedía en Kapurtala, a una escala menor.
Los maharajás de Patiala y Kapurtala acabaron haciéndose muy famosos en Europa: por ser sijs, por ser monarcas de dos Estados de Punjab y por tener fuerte personalidad y presencia. La prensa aludía a una supuesta rivalidad entre ambos, pero dicha rivalidad nunca existió. A pesar de sus similitudes, eran personajes muy distintos. El número de concubinas del de Kapurtala nunca se acercó al de Patiala.
Éste era mucho más rico, más ostentoso y más guerrero. Era fanático del polo; Kapurtala lo era del tenis. El estilo de Patiala era el de un monarca oriental; Kapurtala quería parecerse más a un rey de Francia y se hizo un palacio inspirado en Versalles.
Las aptitudes para el sexo que el maharajá de Patiala manifestó desde niño dejaban perplejos a los timoratos funcionarios ingleses. Coleccionaba mujeres como quien colecciona trofeos de caza, a diferencia de su colega de Kapurtala, que era enamoradizo y capaz de ser fiel durante un cierto tiempo. Además disfrutaba con la compañía de mujeres atractivas e inteligentes, y procuraba mantener siempre la amistad aun después de haberse acabado la relación sentimental.
Al de Patiala sólo le interesaba el sexo. Durante los tórridos veranos invitaba a sus amigos a bañarse en su gigantesca piscina y les gratificaba con la presencia en el agua de jóvenes bellezas con el pecho desnudo, vestidas con un simple pareo de algodón. Bloques de hielo refrescaban el agua, y el monarca nadaba feliz, subiendo de vez en cuando al borde de la piscina para sorber un trago de whisky o tocar un pecho al azar.
En lo que ambos príncipes colaboraban porque lo necesitaban para su ritmo de vida era en conseguir todo tipo de afrodisiacos. Aparte de saber cuáles eran los mejunjes más eficaces y las sustancias susceptibles de prolongar la erección, también les interesaba descubrir si existía alguna manera de devolver la juventud a una amante entrada en años para que siguiera atrayéndoles como el primer día.
Gracias al contacto proporcionado por su amigo el maharajá de Kapurtala, el de Patiala contrató a unos médicos franceses, entre los que se encontraba el doctor Joseph Doré, de la Facultad de Medicina de París. Él se encargaba de las operaciones más serias, incluyendo las ginecológicas, a las que el maharajá, dato curioso, le gustaba asistir. De modo que convirtió un ala de su palacio en un laboratorio cuyas probetas y tamices produjeron una exótica colección de perfumes, lociones y filtros.
Pero no era suficiente para multiplicar el vigor sexual que necesitaba. Al final, los médicos franceses trajeron una máquina de radiaciones. Sometieron al príncipe a un tratamiento de radio, garantizándole que aumentaría "el poder espermatogénico, la capacidad de los testículos y la estimulación del centro de erección".
Pero no era la pérdida de calidad de su esperma lo que afligía al maharajá de Patiala, sino otro mal que afectaba a muchos de sus colegas: el aburrimiento y un monumental egocentrismo. Cuando, años más tarde, un periodista le preguntó: "Alteza, ¿por qué no industrializa Patiala?", el maharajá, como si le hubieran hecho una pregunta estúpida, respondió: "Porque entonces será imposible conseguir cocineros y sirvientes. Todos se pasarían a la industria. ¡Sería un desastre!".
Generalmente, cuanto más ricos y poderosos, más excéntricos se mostraban. Un príncipe de un Estado del sur, gran cazador de tigres, acusado de utilizar bebés como cebo, se disculpó con el argumento de que no había fallado un solo tigre en toda su vida, lo que era cierto. El maharajá de Gwalior mandó traer una grúa especial para izar sobre el tejado de su palacio al más pesado de sus elefantes, con el resultado de que el tejado se hundió y el animal acabó herido.
Alegó que había decidido comprobar la solidez del tejado de su palacio porque había comprado en Venecia un candelabro gigantesco para rivalizar con los que colgaban de los techos del palacio de Buckingham.
Ese mismo maharajá era tan aficionado a los trenes que había mandado fabricar uno en miniatura cuyas locomotoras y vagones circulaban sobre una red de rieles de plata maciza entre la cocina y la inmensa mesa de comedor de su palacio. El cuadro de mandos estaba instalado en el lugar donde se sentaba.
Manipulando manivelas, palancas, botones y sirenas, el maharajá regulaba el tráfico de los trenes que transportaban bebidas, comida, cigarros o dulces. Los vagones-cisterna, llenos de whisky o de vino, se detenían ante el comensal que hubiera pedido una copa. La fama de ese tren llegó hasta Inglaterra, cuando una noche, durante un banquete ofrecido a la reina María, a causa de un cortocircuito en el cuadro de mandos las locomotoras se lanzaron desbocadas por el comedor, salpicando vino y jerez, proyectando pinchos de queso con espinacas y pollo al curry sobre los trajes de las señoras y los uniformes de los caballeros. Fue el accidente de ferrocarril más absurdo de la historia.
Las extravagancias no tenían límite. Un maharajá de Rajastán llevaba todos sus asuntos, incluidos los consejos de ministros y los juicios, desde el cuarto de baño porque era el lugar más fresco de palacio. Otro se excitaba sexualmente con los gemidos de las parturientas. El maharajá Jay Singh de Alwar, que compraba los Hispano-Suiza de tres en tres, los mandaba enterrar ceremoniosamente en las colinas alrededor de su palacio a medida que se iba cansando de ellos.
En el olimpo de las extravagancias, las del nabab de Junagadh, un pequeño Estado al norte de Bombay, destacaban sobre las demás. El príncipe tenía pasión por los perros, de los que llegó a tener 500. Había instalado a sus favoritos en apartamentos con electricidad, donde eran servidos por criados a sueldo.
Un veterinario inglés con especialidad canina dirigía un hospital únicamente para atenderles. Los que no tenían la suerte de salir con vida de la clínica eran honrados con funerales al son de la Marcha fúnebre de Chopin. El nabab saltó a la fama nacional cuando se le ocurrió celebrar el matrimonio de su perra Roshanara con su labrador preferido, llamado Bobby, en el transcurso de una grandiosa ceremonia a la que invitó a príncipes y dignatarios, incluido el virrey británico, quien declinó la invitación "con gran pesar". Cincuenta mil personas se apiñaron a lo largo del cortejo nupcial.
El perro iba vestido de seda y llevaba pulseras de oro, mientras la novia, perfumada como una mujercita, lucía joyas con pedrería. Durante el banquete sentaron a la feliz pareja a la derecha del nabab y luego fueron conducidos a uno de los apartamentos para que consumaran allí su unión.
A principios del siglo XX, conseguir casarse con una europea se convirtió en una excentricidad más. Para todos esos príncipes, expertos en el arte de amar, la mujer blanca era el más preciado de los trofeos porque encarnaba todo el misterio, la emoción y el placer que ofrecía Occidente, un mundo nuevo del que de alguna manera deseaban apropiarse. También porque era el más difícil de obtener. Poseer una mujer blanca era considerado un símbolo exterior de gran lujo y exótico esplendor.
Cuando el maharajá de Kapurtala se enamoró de Anita Delgado había dejado de ser obeso y lucía la imponente silueta con la que se dio a conocer en toda Europa. También se habían atemperado sus ardores sexuales y mostraba una decidida inclinación por la monogamia. Pero su boda, una de las primeras entre un príncipe indio y una europea, fue considerada una afrenta tanto por los británicos como por su familia.
Sus otras mujeres no entendían por qué la española no estaba obligada a vivir en el harén. Por otra parte, los británicos estaban desconcertados. La súbita pasión por mujeres blancas amenazaba con trastornar el orden social de la Inglaterra victoriana. La unión entre europeas y príncipes indios implicaba el reconocimiento de una igualdad física y emocional que cuestionaba la jerarquía racial y de clase del imperio.
Aparte de ser considerada una aberración moral, la mezcla de razas podía crear una clase de anglo-indios capaces en el futuro de desafiar al poder británico. Algo parecido les había sucedido en América con la emergencia de una clase de colonos que había socavado el gobierno de los ingleses, para su gran humillación. No estaban dispuestos a que ocurriese lo mismo en India, la joya de la corona.
El problema es que no sabían muy bien cómo lidiar con ese ejército de manicuras, bailarinas, colegialas y mujeres europeas y americanas de dudosos antecedentes que seducían a los príncipes de su imperio. Tratar de impedir esas uniones era un poco como poner puertas al campo.
A Anita le hicieron la vida imposible, negándose a reconocer la validez de su matrimonio. Pero ella era tan seductora y tan distinta al resto de las mujeres, ya fuesen indias o europeas, que hasta los británicos que la denostaban ardían en ganas de conocerla. Su marido la apoyó siempre, lo que le valió serios enfrentamientos con las autoridades británicas.
El maharajá no dudó, en múltiples ocasiones, en recordarle al virrey que hubo un tiempo, al principio de la colonización, en que los ingleses no vivían como una minoría encerrada en sus cuarteles, sus fuertes y sus palacios, horrorizados ante la idea de mezclarse con los demás. Eran hombres que llegaban a un país que arrastraba una civilización vieja de 10.000 años, refinada y tolerante en las costumbres; fruto de una intensa mezcla de culturas, etnias y religiones.
Una civilización que les había enseñado la higiene y el amor. ¿Acaso las indias no comparaban a los soldados británicos con gallitos de pueblo a causa de su brusquedad sexual? Gracias a las mujeres indias, los ingleses pudieron dar rienda suelta a las fantasías eróticas más sofisticadas.
¡Cómo le gustaba repetirle al virrey la historia de sir David Ochterlony, máxima autoridad británica en Delhi en tiempos del imperio mogol, que recibía tumbado en el diván, fumando un narguilé, tocado de un gorro mogol, vestido con un faldón de seda y siendo abanicado por criados con plumas de pavo real! Todas las noches, sus 13 mujeres le seguían en procesión por toda la ciudad, cada una montada en su propio elefante. Aquellos ingleses, que habían venido a conquistar, se habían dejado conquistar por India.
El maharajá de Kapurtala siempre creyó que ambos mundos eran complementarios, que se necesitaban el uno al otro y que tarde o temprano acabarían fundiéndose. Dedicó toda su vida a colmar el abismo que separaba a Oriente de Occidente, y en el que él y su mujer Anita estaban atrapados.
Fue el monarca que más tiempo reinó: 55 años. Murió cuando India acababa de alcanzar la independencia. A su funeral acudieron más de un millón de personas. Olvidadas las excentricidades, venían a honrar la memoria de un príncipe abierto y progresista que dotó a su reino de escuelas, hospitales y tribunales de justicia, y que siempre veló por el buen entendimiento entre las distintas comunidades religiosas y étnicas.
El imborrable recuerdo que dejó entre su pueblo perdura hasta hoy. Muchos otros príncipes fueron hombres justos y buenos gobernantes, lo que explicaría que en mil años de historia ni un solo maharajá fuese asesinado por sus súbditos. Desde nuestra época globalizada y violenta, los gloriosos días del esplendor de los maharajás parecen tan lejanos como los de los emperadores mogoles. Siempre permanecerá el brillo de su recuerdo, como las joyas que guardaban en cofres de sándalo y que siguen centelleando, a pesar del polvo y la decrepitud, en el firmamento de la historia.
El libro Pasión india' (Seix Barral), escrito por Javier Moro, en el que se recoge la historia de los maharajás, sale a la venta esta semana.
©El País
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jóvenes búlgaros de hoy
[Nicholas Wood] Las nuevas generaciones lo ignoran casi todo sobre el pasado comunista del país.
Sofía, Bulgaria. En el corazón de Sofía, las calles que hace una década estaban vacía, están ahora llenas de coches: elegantes Mercedes-Benzes y BMW, y Opels, Volkswagens y Fords familiares. La gente joven se reúne en modernos cafés y bares. Los restaurante viven momentos de auge. Los adolescentes se han criado con MTV, y se visten a la usanza occidental.
Bulgara es miembro de la OTAN y espera unirse a la Unión Europea en algo más de un año. Con eso en mente, la atención está firmemente concentrada en reformas económicas al estilo occidental y en el progreso hacia la prosperidad que ha vivido el país en los últimos años.
Los jóvenes búlgaros que gozan del progreso material parecen cada vez más no saber nada del período precedente, de los años de comunismo y de sus lados más oscuros.
"No puedo decir mucho sobre" la era comunista, dice Vessela Peneva, 20, estudiante de periodismo y estudios de la comunicación en la Universidad de Sofía. "No sé si era bueno o malo".
Yana Lazarova, 17, miró hacia arriba el enorme monumento en el centro del Parque de la Libertad que representa a tres figuras musculares, una empuñando un arma, todas esculpidas en roca negra. Pero ¿a quiénes rinde tributo? Yana confesó que no lo sabía. Después de un rato, intentó atinar: "Es un monumento al Ejército soviético por la liberación de Bulgaria de los turcos en 1878", dijo, cometiendo un delirante error.
No hace mucho tiempo, su respuesta habría provocado una reprimenda. Las estatuas son en realidad parte del monumento de Sofía al Ejército soviético, lo que no tiene nada que ver con los turcos. En realidad, el monumento conmemora la liberación soviética de Bulgaria de la ocupación nazi en 1944, un acontecimiento que allanó el camino de 45 años de gobierno comunista.
Es un acontecimiento histórico que todo niño en edad escolar conocía cuando este país pertenecía al antiguo bloque de Europa del Este. Pero 15 años después del derrumbe del comunismo, muchos estudiantes de la generación de Lazarova han crecido sin tener la más mínima noción del pasado reciente del país.
No andaban todavía cuando el autoritario líder búlgaro, Todor Zhivkov, fue derrocado el 10 de noviembre de 1989, al día siguiente de la caída del Muro de Berlín. Desde entonces la historia de posguerra de Bulgaria ha sido pasada por alto, dicen los adolescentes, ya que el país se concentra en el futuro.
Uno de los profesores de Peneva, Matthew Brunwasser, 33, un profesor visitante de periodismo de San Francisco, dijo que sus opiniones eran típicas.
Cuando él mencionó recientemente el infame servicio de seguridad búlgaro, el Durzhavna Sigurnost, que fue responsable de numerosos asesinatos en el extranjero y manejaba una extensa red de informantes en el país, dijo que sus estudiantes habían tenido que volver a casa y buscar la palabra en internet.
Un problema, de acuerdo a funcionarios de la enseñanza y otros, es que mientras la mayoría de los chicos de 16 años o más deberían estudiar ese período, los libros de historia todavía no han sido actualizados y las escuelas ya no usan oficialmente los textos marxistas de la era comunista. Eso quiere decir que las lecciones son a menudo dejadas a discreción de los profesores, que se dejan guiar por una rudimentaria visión que empieza con los nazis, cuando Bulgaria fue gobernada por un régimen totalitario, y enseñan que este fue gradualmente remplazado por uno todavía más autoritario hasta que colapsó tras la caída del Muro de Berlín.
Funcionarios de la enseñanza dicen que algunas escuelas ofrecen una buena educación sobre ese período, pero otras son deficientes.
"Se puede decir que el período socialista es desdeñado en los libros de historia", dijo Vesselin Metodiyev, que fue ministro de educación en el primer gabinete post-comunista del país. "La historiografía búlgara era una asignatura ideológica. Los historiadores no-marxistas han empezado recién ahora a estudiar los documentos históricos".
Brunwasser cree que también en casa muchas familias prefieren no hablar del lado oscuro del comunismo.
"Los padres no quieren apesadumbrar a sus hijos", dijo Brunwasser, que ha vivido en Bulgaria intermitentemente desde 1995. "Algunas familias, especialmente aquellas que han sufrido más, pero en general todas no quieren tratar el asunto".
En la región Bulgaria toma una posición diferente sobre el respecto, dijo Brunwasser, que está escribiendo un libro sobre la generación post-comunista. "No había una oposición organizada al comunismo en Bulgaria", dijo, haciendo una distinción con Hungría, Checoslovaquia y Polonia, donde la lucha contra el comunismo hacía parte de sus identidades nacionales.
De hecho, mientras sí hubo una reacción contra el comunismo en los años noventa, un período en que los antiguos comunistas siguieron en el poder bajo otro nombre, muchos búlgaros más viejos se mostraban nostálgicos sobre un período que consideraban que les había proporcionado empleo y seguridad.
Un estudio publicado en enero que fue realizado por académicos y agencias de investigación social aquí concluyó: "Debe observarse que ahora vivimos en una sociedad en la que la gran mayoría de la gente no sabe qué es bueno de la democracia y que han olvidado lo malo que era el socialismo".
Zhelyu Zhelev, el primer presidente búlgaro después del colapso del comunismo y un antiguo disidente, dijo que le preocupaba ver a la nueva generación crecer en la ignorancia sobre el pasado reciente del país.
"Es bueno hasta cierto punto, pero sin conocimiento del pasado no serán capaces de reconocer los regímenes represivos ni predecir el futuro", dijo en una entrevista telefónica desde Skopje, Macedonia.
Sin embargo, alguna gente está tratando poco a poco de iniciar un debate más amplio. Spomeniteni.org (la palabra significa recuerdos' en búlgaro) es una página en la red que invita a gente de todas las edades a enviar sus recuerdos del período comunista, buenos o malos.
Su fundadora, Diana Ivanova, dijo que había iniciado el sitio como reacción a la visión cada vez más rosada del pasado que fomentan algunos antiguos políticos y los medios de comunicación. Quizás debido a que está en internet, gran parte de sus contenidos son de gente joven.
En un mensaje por e-mail una mujer describe cómo en 1986, cuando ella tenía siete años, su madre la llevó a toda prisa a casa. Había explotado el reactor nuclear de Chernobil y se estaba incendiando en Ucrania, un desastre sobre el que los medios de prensa no habían informado pero cuyo conocimiento se había extendido rápidamente en el país por medio de rumores. La familia se había enterado de boca de un extranjero.
En otro mensaje, una niña describe a una mujer turca que estalló en lágrimas cuando fue llamada por su nombre. El incidente ocurrió en el verano de 1989, en los últimos días de la era comunista, cuando Bulgaria estaba expulsando a la minoría turca y obligando a los que se quedaban a adoptar nombres búlgaros.
"Si podemos fomentar el interés en las experiencias personales de la gente", dijo Ivanova, "entonces quizás podamos despertar un interés en la historia más grande".
15 de noviembre de 2004
1 de diciembre de 2004
©new york times
©traducción mQh
Sofía, Bulgaria. En el corazón de Sofía, las calles que hace una década estaban vacía, están ahora llenas de coches: elegantes Mercedes-Benzes y BMW, y Opels, Volkswagens y Fords familiares. La gente joven se reúne en modernos cafés y bares. Los restaurante viven momentos de auge. Los adolescentes se han criado con MTV, y se visten a la usanza occidental.Bulgara es miembro de la OTAN y espera unirse a la Unión Europea en algo más de un año. Con eso en mente, la atención está firmemente concentrada en reformas económicas al estilo occidental y en el progreso hacia la prosperidad que ha vivido el país en los últimos años.
Los jóvenes búlgaros que gozan del progreso material parecen cada vez más no saber nada del período precedente, de los años de comunismo y de sus lados más oscuros.
"No puedo decir mucho sobre" la era comunista, dice Vessela Peneva, 20, estudiante de periodismo y estudios de la comunicación en la Universidad de Sofía. "No sé si era bueno o malo".
Yana Lazarova, 17, miró hacia arriba el enorme monumento en el centro del Parque de la Libertad que representa a tres figuras musculares, una empuñando un arma, todas esculpidas en roca negra. Pero ¿a quiénes rinde tributo? Yana confesó que no lo sabía. Después de un rato, intentó atinar: "Es un monumento al Ejército soviético por la liberación de Bulgaria de los turcos en 1878", dijo, cometiendo un delirante error.
No hace mucho tiempo, su respuesta habría provocado una reprimenda. Las estatuas son en realidad parte del monumento de Sofía al Ejército soviético, lo que no tiene nada que ver con los turcos. En realidad, el monumento conmemora la liberación soviética de Bulgaria de la ocupación nazi en 1944, un acontecimiento que allanó el camino de 45 años de gobierno comunista.
Es un acontecimiento histórico que todo niño en edad escolar conocía cuando este país pertenecía al antiguo bloque de Europa del Este. Pero 15 años después del derrumbe del comunismo, muchos estudiantes de la generación de Lazarova han crecido sin tener la más mínima noción del pasado reciente del país.
No andaban todavía cuando el autoritario líder búlgaro, Todor Zhivkov, fue derrocado el 10 de noviembre de 1989, al día siguiente de la caída del Muro de Berlín. Desde entonces la historia de posguerra de Bulgaria ha sido pasada por alto, dicen los adolescentes, ya que el país se concentra en el futuro.
Uno de los profesores de Peneva, Matthew Brunwasser, 33, un profesor visitante de periodismo de San Francisco, dijo que sus opiniones eran típicas.
Cuando él mencionó recientemente el infame servicio de seguridad búlgaro, el Durzhavna Sigurnost, que fue responsable de numerosos asesinatos en el extranjero y manejaba una extensa red de informantes en el país, dijo que sus estudiantes habían tenido que volver a casa y buscar la palabra en internet.
Un problema, de acuerdo a funcionarios de la enseñanza y otros, es que mientras la mayoría de los chicos de 16 años o más deberían estudiar ese período, los libros de historia todavía no han sido actualizados y las escuelas ya no usan oficialmente los textos marxistas de la era comunista. Eso quiere decir que las lecciones son a menudo dejadas a discreción de los profesores, que se dejan guiar por una rudimentaria visión que empieza con los nazis, cuando Bulgaria fue gobernada por un régimen totalitario, y enseñan que este fue gradualmente remplazado por uno todavía más autoritario hasta que colapsó tras la caída del Muro de Berlín.
Funcionarios de la enseñanza dicen que algunas escuelas ofrecen una buena educación sobre ese período, pero otras son deficientes.
"Se puede decir que el período socialista es desdeñado en los libros de historia", dijo Vesselin Metodiyev, que fue ministro de educación en el primer gabinete post-comunista del país. "La historiografía búlgara era una asignatura ideológica. Los historiadores no-marxistas han empezado recién ahora a estudiar los documentos históricos".
Brunwasser cree que también en casa muchas familias prefieren no hablar del lado oscuro del comunismo.
"Los padres no quieren apesadumbrar a sus hijos", dijo Brunwasser, que ha vivido en Bulgaria intermitentemente desde 1995. "Algunas familias, especialmente aquellas que han sufrido más, pero en general todas no quieren tratar el asunto".
En la región Bulgaria toma una posición diferente sobre el respecto, dijo Brunwasser, que está escribiendo un libro sobre la generación post-comunista. "No había una oposición organizada al comunismo en Bulgaria", dijo, haciendo una distinción con Hungría, Checoslovaquia y Polonia, donde la lucha contra el comunismo hacía parte de sus identidades nacionales.
De hecho, mientras sí hubo una reacción contra el comunismo en los años noventa, un período en que los antiguos comunistas siguieron en el poder bajo otro nombre, muchos búlgaros más viejos se mostraban nostálgicos sobre un período que consideraban que les había proporcionado empleo y seguridad.
Un estudio publicado en enero que fue realizado por académicos y agencias de investigación social aquí concluyó: "Debe observarse que ahora vivimos en una sociedad en la que la gran mayoría de la gente no sabe qué es bueno de la democracia y que han olvidado lo malo que era el socialismo".
Zhelyu Zhelev, el primer presidente búlgaro después del colapso del comunismo y un antiguo disidente, dijo que le preocupaba ver a la nueva generación crecer en la ignorancia sobre el pasado reciente del país.
"Es bueno hasta cierto punto, pero sin conocimiento del pasado no serán capaces de reconocer los regímenes represivos ni predecir el futuro", dijo en una entrevista telefónica desde Skopje, Macedonia.
Sin embargo, alguna gente está tratando poco a poco de iniciar un debate más amplio. Spomeniteni.org (la palabra significa recuerdos' en búlgaro) es una página en la red que invita a gente de todas las edades a enviar sus recuerdos del período comunista, buenos o malos.
Su fundadora, Diana Ivanova, dijo que había iniciado el sitio como reacción a la visión cada vez más rosada del pasado que fomentan algunos antiguos políticos y los medios de comunicación. Quizás debido a que está en internet, gran parte de sus contenidos son de gente joven.
En un mensaje por e-mail una mujer describe cómo en 1986, cuando ella tenía siete años, su madre la llevó a toda prisa a casa. Había explotado el reactor nuclear de Chernobil y se estaba incendiando en Ucrania, un desastre sobre el que los medios de prensa no habían informado pero cuyo conocimiento se había extendido rápidamente en el país por medio de rumores. La familia se había enterado de boca de un extranjero.
En otro mensaje, una niña describe a una mujer turca que estalló en lágrimas cuando fue llamada por su nombre. El incidente ocurrió en el verano de 1989, en los últimos días de la era comunista, cuando Bulgaria estaba expulsando a la minoría turca y obligando a los que se quedaban a adoptar nombres búlgaros.
"Si podemos fomentar el interés en las experiencias personales de la gente", dijo Ivanova, "entonces quizás podamos despertar un interés en la historia más grande".
15 de noviembre de 2004
1 de diciembre de 2004
©new york times
©traducción mQh
jóvenes búlgaros de hoy
[Nicholas Wood] Las nuevas generaciones lo ignoran casi todo sobre el pasado comunista del país.
Sofía, Bulgaria. En el corazón de Sofía, las calles que hace una década estaban vacía, están ahora llenas de coches: elegantes Mercedes-Benzes y BMW, y Opels, Volkswagens y Fords familiares. La gente joven se reúne en modernos cafés y bares. Los restaurante viven momentos de auge. Los adolescentes se han criado con MTV, y se visten a la usanza occidental.
Bulgara es miembro de la OTAN y espera unirse a la Unión Europea en algo más de un año. Con eso en mente, la atención está firmemente concentrada en reformas económicas al estilo occidental y en el progreso hacia la prosperidad que ha vivido el país en los últimos años.
Los jóvenes búlgaros que gozan del progreso material parecen cada vez más no saber nada del período precedente, de los años de comunismo y de sus lados más oscuros.
"No puedo decir mucho sobre" la era comunista, dice Vessela Peneva, 20, estudiante de periodismo y estudios de la comunicación en la Universidad de Sofía. "No sé si era bueno o malo".
Yana Lazarova, 17, miró hacia arriba el enorme monumento en el centro del Parque de la Libertad que representa a tres figuras musculares, una empuñando un arma, todas esculpidas en roca negra. Pero ¿a quiénes rinde tributo? Yana confesó que no lo sabía. Después de un rato, intentó atinar: "Es un monumento al Ejército soviético por la liberación de Bulgaria de los turcos en 1878", dijo, cometiendo un delirante error.
No hace mucho tiempo, su respuesta habría provocado una reprimenda. Las estatuas son en realidad parte del monumento de Sofía al Ejército soviético, lo que no tiene nada que ver con los turcos. En realidad, el monumento conmemora la liberación soviética de Bulgaria de la ocupación nazi en 1944, un acontecimiento que allanó el camino de 45 años de gobierno comunista.
Es un acontecimiento histórico que todo niño en edad escolar conocía cuando este país pertenecía al antiguo bloque de Europa del Este. Pero 15 años después del derrumbe del comunismo, muchos estudiantes de la generación de Lazarova han crecido sin tener la más mínima noción del pasado reciente del país.
No andaban todavía cuando el autoritario líder búlgaro, Todor Zhivkov, fue derrocado el 10 de noviembre de 1989, al día siguiente de la caída del Muro de Berlín. Desde entonces la historia de posguerra de Bulgaria ha sido pasada por alto, dicen los adolescentes, ya que el país se concentra en el futuro.
Uno de los profesores de Peneva, Matthew Brunwasser, 33, un profesor visitante de periodismo de San Francisco, dijo que sus opiniones eran típicas.
Cuando él mencionó recientemente el infame servicio de seguridad búlgaro, el Durzhavna Sigurnost, que fue responsable de numerosos asesinatos en el extranjero y manejaba una extensa red de informantes en el país, dijo que sus estudiantes habían tenido que volver a casa y buscar la palabra en internet.
Un problema, de acuerdo a funcionarios de la enseñanza y otros, es que mientras la mayoría de los chicos de 16 años o más deberían estudiar ese período, los libros de historia todavía no han sido actualizados y las escuelas ya no usan oficialmente los textos marxistas de la era comunista. Eso quiere decir que las lecciones son a menudo dejadas a discreción de los profesores, que se dejan guiar por una rudimentaria visión que empieza con los nazis, cuando Bulgaria fue gobernada por un régimen totalitario, y enseñan que este fue gradualmente remplazado por uno todavía más autoritario hasta que colapsó tras la caída del Muro de Berlín.
Funcionarios de la enseñanza dicen que algunas escuelas ofrecen una buena educación sobre ese período, pero otras son deficientes.
"Se puede decir que el período socialista es desdeñado en los libros de historia", dijo Vesselin Metodiyev, que fue ministro de educación en el primer gabinete post-comunista del país. "La historiografía búlgara era una asignatura ideológica. Los historiadores no-marxistas han empezado recién ahora a estudiar los documentos históricos".
Brunwasser cree que también en casa muchas familias prefieren no hablar del lado oscuro del comunismo.
"Los padres no quieren apesadumbrar a sus hijos", dijo Brunwasser, que ha vivido en Bulgaria intermitentemente desde 1995. "Algunas familias, especialmente aquellas que han sufrido más, pero en general todas no quieren tratar el asunto".
En la región Bulgaria toma una posición diferente sobre el respecto, dijo Brunwasser, que está escribiendo un libro sobre la generación post-comunista. "No había una oposición organizada al comunismo en Bulgaria", dijo, haciendo una distinción con Hungría, Checoslovaquia y Polonia, donde la lucha contra el comunismo hacía parte de sus identidades nacionales.
De hecho, mientras sí hubo una reacción contra el comunismo en los años noventa, un período en que los antiguos comunistas siguieron en el poder bajo otro nombre, muchos búlgaros más viejos se mostraban nostálgicos sobre un período que consideraban que les había proporcionado empleo y seguridad.
Un estudio publicado en enero que fue realizado por académicos y agencias de investigación social aquí concluyó: "Debe observarse que ahora vivimos en una sociedad en la que la gran mayoría de la gente no sabe qué es bueno de la democracia y que han olvidado lo malo que era el socialismo".
Zhelyu Zhelev, el primer presidente búlgaro después del colapso del comunismo y un antiguo disidente, dijo que le preocupaba ver a la nueva generación crecer en la ignorancia sobre el pasado reciente del país.
"Es bueno hasta cierto punto, pero sin conocimiento del pasado no serán capaces de reconocer los regímenes represivos ni predecir el futuro", dijo en una entrevista telefónica desde Skopje, Macedonia.
Sin embargo, alguna gente está tratando poco a poco de iniciar un debate más amplio. Spomeniteni.org (la palabra significa recuerdos' en búlgaro) es una página en la red que invita a gente de todas las edades a enviar sus recuerdos del período comunista, buenos o malos.
Su fundadora, Diana Ivanova, dijo que había iniciado el sitio como reacción a la visión cada vez más rosada del pasado que fomentan algunos antiguos políticos y los medios de comunicación. Quizás debido a que está en internet, gran parte de sus contenidos son de gente joven.
En un mensaje por e-mail una mujer describe cómo en 1986, cuando ella tenía siete años, su madre la llevó a toda prisa a casa. Había explotado el reactor nuclear de Chernobil y se estaba incendiando en Ucrania, un desastre sobre el que los medios de prensa no habían informado pero cuyo conocimiento se había extendido rápidamente en el país por medio de rumores. La familia se había enterado de boca de un extranjero.
En otro mensaje, una niña describe a una mujer turca que estalló en lágrimas cuando fue llamada por su nombre. El incidente ocurrió en el verano de 1989, en los últimos días de la era comunista, cuando Bulgaria estaba expulsando a la minoría turca y obligando a los que se quedaban a adoptar nombres búlgaros.
"Si podemos fomentar el interés en las experiencias personales de la gente", dijo Ivanova, "entonces quizás podamos despertar un interés en la historia más grande".
15 de noviembre de 2004
1 de diciembre de 2004
©new york times
©traducción mQh
Sofía, Bulgaria. En el corazón de Sofía, las calles que hace una década estaban vacía, están ahora llenas de coches: elegantes Mercedes-Benzes y BMW, y Opels, Volkswagens y Fords familiares. La gente joven se reúne en modernos cafés y bares. Los restaurante viven momentos de auge. Los adolescentes se han criado con MTV, y se visten a la usanza occidental.Bulgara es miembro de la OTAN y espera unirse a la Unión Europea en algo más de un año. Con eso en mente, la atención está firmemente concentrada en reformas económicas al estilo occidental y en el progreso hacia la prosperidad que ha vivido el país en los últimos años.
Los jóvenes búlgaros que gozan del progreso material parecen cada vez más no saber nada del período precedente, de los años de comunismo y de sus lados más oscuros.
"No puedo decir mucho sobre" la era comunista, dice Vessela Peneva, 20, estudiante de periodismo y estudios de la comunicación en la Universidad de Sofía. "No sé si era bueno o malo".
Yana Lazarova, 17, miró hacia arriba el enorme monumento en el centro del Parque de la Libertad que representa a tres figuras musculares, una empuñando un arma, todas esculpidas en roca negra. Pero ¿a quiénes rinde tributo? Yana confesó que no lo sabía. Después de un rato, intentó atinar: "Es un monumento al Ejército soviético por la liberación de Bulgaria de los turcos en 1878", dijo, cometiendo un delirante error.
No hace mucho tiempo, su respuesta habría provocado una reprimenda. Las estatuas son en realidad parte del monumento de Sofía al Ejército soviético, lo que no tiene nada que ver con los turcos. En realidad, el monumento conmemora la liberación soviética de Bulgaria de la ocupación nazi en 1944, un acontecimiento que allanó el camino de 45 años de gobierno comunista.
Es un acontecimiento histórico que todo niño en edad escolar conocía cuando este país pertenecía al antiguo bloque de Europa del Este. Pero 15 años después del derrumbe del comunismo, muchos estudiantes de la generación de Lazarova han crecido sin tener la más mínima noción del pasado reciente del país.
No andaban todavía cuando el autoritario líder búlgaro, Todor Zhivkov, fue derrocado el 10 de noviembre de 1989, al día siguiente de la caída del Muro de Berlín. Desde entonces la historia de posguerra de Bulgaria ha sido pasada por alto, dicen los adolescentes, ya que el país se concentra en el futuro.
Uno de los profesores de Peneva, Matthew Brunwasser, 33, un profesor visitante de periodismo de San Francisco, dijo que sus opiniones eran típicas.
Cuando él mencionó recientemente el infame servicio de seguridad búlgaro, el Durzhavna Sigurnost, que fue responsable de numerosos asesinatos en el extranjero y manejaba una extensa red de informantes en el país, dijo que sus estudiantes habían tenido que volver a casa y buscar la palabra en internet.
Un problema, de acuerdo a funcionarios de la enseñanza y otros, es que mientras la mayoría de los chicos de 16 años o más deberían estudiar ese período, los libros de historia todavía no han sido actualizados y las escuelas ya no usan oficialmente los textos marxistas de la era comunista. Eso quiere decir que las lecciones son a menudo dejadas a discreción de los profesores, que se dejan guiar por una rudimentaria visión que empieza con los nazis, cuando Bulgaria fue gobernada por un régimen totalitario, y enseñan que este fue gradualmente remplazado por uno todavía más autoritario hasta que colapsó tras la caída del Muro de Berlín.
Funcionarios de la enseñanza dicen que algunas escuelas ofrecen una buena educación sobre ese período, pero otras son deficientes.
"Se puede decir que el período socialista es desdeñado en los libros de historia", dijo Vesselin Metodiyev, que fue ministro de educación en el primer gabinete post-comunista del país. "La historiografía búlgara era una asignatura ideológica. Los historiadores no-marxistas han empezado recién ahora a estudiar los documentos históricos".
Brunwasser cree que también en casa muchas familias prefieren no hablar del lado oscuro del comunismo.
"Los padres no quieren apesadumbrar a sus hijos", dijo Brunwasser, que ha vivido en Bulgaria intermitentemente desde 1995. "Algunas familias, especialmente aquellas que han sufrido más, pero en general todas no quieren tratar el asunto".
En la región Bulgaria toma una posición diferente sobre el respecto, dijo Brunwasser, que está escribiendo un libro sobre la generación post-comunista. "No había una oposición organizada al comunismo en Bulgaria", dijo, haciendo una distinción con Hungría, Checoslovaquia y Polonia, donde la lucha contra el comunismo hacía parte de sus identidades nacionales.
De hecho, mientras sí hubo una reacción contra el comunismo en los años noventa, un período en que los antiguos comunistas siguieron en el poder bajo otro nombre, muchos búlgaros más viejos se mostraban nostálgicos sobre un período que consideraban que les había proporcionado empleo y seguridad.
Un estudio publicado en enero que fue realizado por académicos y agencias de investigación social aquí concluyó: "Debe observarse que ahora vivimos en una sociedad en la que la gran mayoría de la gente no sabe qué es bueno de la democracia y que han olvidado lo malo que era el socialismo".
Zhelyu Zhelev, el primer presidente búlgaro después del colapso del comunismo y un antiguo disidente, dijo que le preocupaba ver a la nueva generación crecer en la ignorancia sobre el pasado reciente del país.
"Es bueno hasta cierto punto, pero sin conocimiento del pasado no serán capaces de reconocer los regímenes represivos ni predecir el futuro", dijo en una entrevista telefónica desde Skopje, Macedonia.
Sin embargo, alguna gente está tratando poco a poco de iniciar un debate más amplio. Spomeniteni.org (la palabra significa recuerdos' en búlgaro) es una página en la red que invita a gente de todas las edades a enviar sus recuerdos del período comunista, buenos o malos.
Su fundadora, Diana Ivanova, dijo que había iniciado el sitio como reacción a la visión cada vez más rosada del pasado que fomentan algunos antiguos políticos y los medios de comunicación. Quizás debido a que está en internet, gran parte de sus contenidos son de gente joven.
En un mensaje por e-mail una mujer describe cómo en 1986, cuando ella tenía siete años, su madre la llevó a toda prisa a casa. Había explotado el reactor nuclear de Chernobil y se estaba incendiando en Ucrania, un desastre sobre el que los medios de prensa no habían informado pero cuyo conocimiento se había extendido rápidamente en el país por medio de rumores. La familia se había enterado de boca de un extranjero.
En otro mensaje, una niña describe a una mujer turca que estalló en lágrimas cuando fue llamada por su nombre. El incidente ocurrió en el verano de 1989, en los últimos días de la era comunista, cuando Bulgaria estaba expulsando a la minoría turca y obligando a los que se quedaban a adoptar nombres búlgaros.
"Si podemos fomentar el interés en las experiencias personales de la gente", dijo Ivanova, "entonces quizás podamos despertar un interés en la historia más grande".
15 de noviembre de 2004
1 de diciembre de 2004
©new york times
©traducción mQh
elecciones secretas
[Dexter Filkins] En muchos lugares en Iraq los candidatos no se atreven a publicar sus nombres ni los partidos sus programas.
Bagdad, Iraq. La amenaza de muerte cuelga tan pesadamente sobre el mitin electoral, convocado esta semana en el quinto piso de la Fábrica General de Aceite Vegetal, que los oradores se negaron a decir si había candidatos.
"Es demasiado peligroso", dijo Hussein Ali, que habló a nombre de la Alianza Unida Iraquí, un partido que presente decenas de candidatos a las elecciones aquí. "Es un secreto".
Y entonces Ali y sus colegas de retiraron, escoltados por hombres armados.
Así se está desarrollando la campaña electoral en Iraq, un país simultáneamente embarcado en un experimento político impulsado por los norteamericanos y retorciéndose con una guerrilla determinada a interrumpir el experimento.
A sólo dos semanas de la votación, programada para el 30 de enero, los guerrilleros han incrementado sus ataques y empujado a la mayoría de los candidatos puertas adentro, y el sábado las autoridades dijeron que el día de las elecciones restringirán el tráfico e impondrán cordones en torno a los colegios electorales.
Como resultado, en grandes fajas del país la campaña electoral se hace en secreto, y los candidatos, normalmente ansiosos de que sus mensajes lleguen al público, a menudo tienen demasiado miedo como para decir sus nombres. En lugar de realizar mítines, se reúnen clandestinamente con los votantes, si acaso se reúnen con ellos.
Las campañas públicas son todavía posibles en gran parte del sur de Iraq y en las regiones kurdas en el lejano nordeste, donde la amenaza de violencia no se vislumbra tan pesadamente.
Pero en gran parte del centro y del noroeste, incluyendo a dos de las tres ciudades más grandes del país, Bagdad y Mosul, los candidatos revelan sus nombres corriendo grandes peligros personales.
De los 7.471 hombres y mujeres que se han inscrito como candidatos, sólo un puñado fuera de las áreas kurdas relativamente tranquilas se han identificado públicamente. La ubicación de los 5.776 colegios electorales todavía no se da a conocer, por temor a que sean blanco de ataques.
Las dificultades de los candidatos se mencionaron en una octavilla distribuida en la ciudad por la Alianza Unida Iraquí. El volante entregaba la lista de 37 candidatos a la asamblea nacional. Los otros 188, se leía en el volante, no podían ser publicados.
"Nuestras excusas por no mencionar los nombres de todos los candidatos", decía la octavilla. "Pero la situación de seguridad es mala y debemos mantenerlos vivos".
Algunos líderes políticos aquí dicen que no les preocupa la falta de visibilidad de los candidatos; señalan que los iraquíes votarán a los partidos políticos, no a candidatos individuales.
Cada partido tiene una lista de candidatos, que obtendrán escaños proporcionalmente a la cantidad de votos que reciba cada partido. En esta rudimentaria fase de la democracia, dicen algunos, lo extraordinario es que los iraquíes voten.
"Estas serán elecciones de electorados, no de programas como ocurre en Estados Unidos", dice Adil Abdul Mahdi, ministro de Finanzas y candidato de la Alianza Unida Iraquí. "Los iraquíes conocen a su gente. Saben a quién están votando".
Pero el problema mayor, para muchos líderes políticos, es que los ataques de la guerrilla para estropear las elecciones ha truncado el discurso político y, como resultado, el corazón de las elecciones mismas. Si los candidatos no pueden hacer campaña, no pueden debatir, y si no pueden debatir, los votantes estarán difícilmente en condiciones de diseñar el destino de su país.
"Una elección no es solamente echar un pedazo de papel en una caja; es todo un proceso", dice Nasir Chaderij, presidente del Partido Democrático Nacional, que presenta 48 candidatos. "Pero eso no pasa aquí. Los candidatos no pueden hacer campaña debido a la situación de inseguridad".
"Yo las llamo las elecciones secretas".
Raja al-Khuzai, candidata a la asamblea que se ha unido a la lista de candidatos encabezada por el primer ministro Ayad Allawi, pasa casi todo el tiempo dentro del recinto fortificado de Allawi, rodeado de guardias armados. En lugar de hacer campaña, envía voluntarios a las calles a hablar en su nombre con los votantes.
"Vuelven y me cuentan las opiniones de la gente", dijo la doctora Khuzai.
Khuzai conoce bien los peligros que acechan a los iraquíes que están tratando de construir un nuevo orden democrático; dos de sus colegas del ahora disuelto Consejo de Gobierno Iraquí fueron asesinados. El 24 de diciembre, soldados norteamericanos encontraron el cuerpo quebrado y agujereado de balas de un familiar, Wijdan al-Khuzai, también candidato.
Rawaf Abdul Razak, candidato del Partido Democrático Nacional, despertó una mañana y encontró un pedazo de papel metido en la puerta principal de su casa en Bagdad.
"Se acabó el juego", decía la nota manuscrita. "Si no vuelves honestamente a la senda de Dios y dejas de traicionar a tu país, te enviaremos al infierno".
Razak todavía es candidato, pero ya no hace campaña en público.
La violencia hace que la campaña electoral parezca curiosamente que ha sido retirada del país donde tiene lugar -y a veces literalmente retirada. Los candidatos más ricos, como Allawi, emiten reclames por televisión proclamando sus candidaturas. Otros dan ruedas de prensa dentro de recintos fortificados con sacos e arena y macizas murallas.
Khuzai hizo campaña recientemente de puerta en puerta reclutando seguidores en un barrio iraquí en Amman, Jordania. "No puedo hacer eso en Iraq", dijo.
Como resultado, la forma más ubicua de comunicación política es el cartel electoral; hay miles. En la capital, compiten por el espacio en casi todas las paredes.
"La Opción Correcta para un Futuro Brillante", dice un cartel de la Alianza Unida Iraquí.
"El Islam Es Nuestra Cultura, la Modernidad Nuestro Camino, la Renovación Nuestra Meta", dice otro del Partido Islámico Democrático.
Actos que son normales en las campañas son tan raros que a menudo los iraquíes no saben cómo reaccionar cuando se encuentran en una. Cuando los voluntarios del Partido Comunista Iraquí entraron en caravana con altavoces en Shoula, un barrio al norte de Bagdad el viernes, muchos de los vecinos que quedaron turulatos y boquiabiertos.
"¡Lucharemos por los pobres!", gritaba un joven comunista con un megáfono.
Sin embargo, cuando la caravana se detuvo y los voluntarios empezaron a distribuir panfletos, una muchedumbre de iraquíes se congregaron a su alrededor. No sabían mucho de los candidatos individuales o de los programas de los partidos, pero entendían que las elecciones estaban a apenas dos semanas.
"Por supuesto sabemos qué es la democracia", dijo Nadi Karim, 60, tendero, que había cogido un folleto de los comunistas. "Hace 35 años que la estamos esperando".
Los candidatos mismos, incluso los que tienen demasiado miedo como para salir a la calle, saben lo que está en juego. Los comunistas, por ejemplo, que ahora apoyan las elecciones libres y la tolerancia religiosa, son uno de los escasos partidos iraquíes que envían a sus candidatos a la calle. Dos de sus miembros fueron matados a balazos el mes pasado.
"Nadie te va a dar la democracia en una bandeja de plata; tienes que pelear por ella", dijo Jasim al-Helfi, candidato comunista a la asamblea. "En una democracia, los candidatos deben salir a la calle y encontrarse con el pueblo".
La resistencia no ha paralizado las campañas en todas partes. En gran parte del sur de Iraq, donde dominan los chiíes y la insurgencia ha disminuido, los candidatos iraquíes se reúnen con sus votantes cara a cara, aunque la mayoría de ellos lo hace sólo con guardias armados a su lado.
Antes esta semana, un grupo de cinco candidatos a la asamblea encabezados por Ahmad Chalabi se dirigieron de Bagdad a Mushkhab, a unos 160 kilómetros al sur, para reunirse con los líderes de una tribu local. Para llegar allá, Chalabi y su séquito viajaron con 50 guardias armados que pararon el tráfico en las carreteras cuando se transformó en un obstáculo e incluso ocuparon una gasolinera a punta de pistola cuando sus vehículos se quedaban sin gasolina.
Chalabi, que es candidato de la Alianza Unida Iraquí, fue acogido calurosamente. Se reunió con los líderes tribales en un mudhif', un salón de reunión tradicional hecho de cañas secas sacadas del Río Eúfrates. Se sentó con las piernas cruzadas con los jefes tribales, almorzó cordero y arroz, y luego dio un discurso.
"Llegaron los norteamericanos y derrocaron a Saddam, pero no liberaron el país", dijo Chalabi. "El pueblo iraquí liberará al país; los iraquíes lo construirán".
A su vez, los líderes tribales prometieron su apoyo, así como el de todos los de la tribu fatla. "Nuestra gente votará como les digamos", dijo Imad Farun, un líder tribal fatla.
Muchos iraquíes chiíes dicen que han decidido votar a la Alianza Unida Iraquí, la coalición de partidos chiíes que reunió el jefe religioso el gran ayatollah Ali al-Sistani. Con el respaldo tácito del ayatollah Sistani -su cara macilenta y severa adorna las pancartas de la alianza- muchos chiíes dicen que sienten la obligación religiosa de votar a la alianza chií.
"Si este partido ha sido aprobado por Sistani, lo apoyaré", dijo Adnam Khazel, un obrero de 23 años de la fábrica de aceite vegetal.
Otra emoción que acompaña a muchos actos de campaña aquí, junto al miedo a la violencia, es el recuerdo de tiempos duros, no solamente de Hussein, sino también de incertidumbre desde la invasión norteamericana y la guerra de guerrillas cada vez más intensa.
Los mítines en Mushkhab y en la fábrica de Bagdad fueron los dos acompañados de lecturas de poesía, tristes versos sobre las penurias del pasado.
"Iraq, mi alma, mis heridas aún no están curadas", dijo un orador a sus compatriotas en la vieja fábrica. "Qué pena que en esta tierra donde éramos los amos, seamos ahora los esclavos".
15 de enero de 2005
18 de enero de 2005
©new york times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. La amenaza de muerte cuelga tan pesadamente sobre el mitin electoral, convocado esta semana en el quinto piso de la Fábrica General de Aceite Vegetal, que los oradores se negaron a decir si había candidatos."Es demasiado peligroso", dijo Hussein Ali, que habló a nombre de la Alianza Unida Iraquí, un partido que presente decenas de candidatos a las elecciones aquí. "Es un secreto".
Y entonces Ali y sus colegas de retiraron, escoltados por hombres armados.
Así se está desarrollando la campaña electoral en Iraq, un país simultáneamente embarcado en un experimento político impulsado por los norteamericanos y retorciéndose con una guerrilla determinada a interrumpir el experimento.
A sólo dos semanas de la votación, programada para el 30 de enero, los guerrilleros han incrementado sus ataques y empujado a la mayoría de los candidatos puertas adentro, y el sábado las autoridades dijeron que el día de las elecciones restringirán el tráfico e impondrán cordones en torno a los colegios electorales.
Como resultado, en grandes fajas del país la campaña electoral se hace en secreto, y los candidatos, normalmente ansiosos de que sus mensajes lleguen al público, a menudo tienen demasiado miedo como para decir sus nombres. En lugar de realizar mítines, se reúnen clandestinamente con los votantes, si acaso se reúnen con ellos.
Las campañas públicas son todavía posibles en gran parte del sur de Iraq y en las regiones kurdas en el lejano nordeste, donde la amenaza de violencia no se vislumbra tan pesadamente.
Pero en gran parte del centro y del noroeste, incluyendo a dos de las tres ciudades más grandes del país, Bagdad y Mosul, los candidatos revelan sus nombres corriendo grandes peligros personales.
De los 7.471 hombres y mujeres que se han inscrito como candidatos, sólo un puñado fuera de las áreas kurdas relativamente tranquilas se han identificado públicamente. La ubicación de los 5.776 colegios electorales todavía no se da a conocer, por temor a que sean blanco de ataques.
Las dificultades de los candidatos se mencionaron en una octavilla distribuida en la ciudad por la Alianza Unida Iraquí. El volante entregaba la lista de 37 candidatos a la asamblea nacional. Los otros 188, se leía en el volante, no podían ser publicados.
"Nuestras excusas por no mencionar los nombres de todos los candidatos", decía la octavilla. "Pero la situación de seguridad es mala y debemos mantenerlos vivos".
Algunos líderes políticos aquí dicen que no les preocupa la falta de visibilidad de los candidatos; señalan que los iraquíes votarán a los partidos políticos, no a candidatos individuales.
Cada partido tiene una lista de candidatos, que obtendrán escaños proporcionalmente a la cantidad de votos que reciba cada partido. En esta rudimentaria fase de la democracia, dicen algunos, lo extraordinario es que los iraquíes voten.
"Estas serán elecciones de electorados, no de programas como ocurre en Estados Unidos", dice Adil Abdul Mahdi, ministro de Finanzas y candidato de la Alianza Unida Iraquí. "Los iraquíes conocen a su gente. Saben a quién están votando".
Pero el problema mayor, para muchos líderes políticos, es que los ataques de la guerrilla para estropear las elecciones ha truncado el discurso político y, como resultado, el corazón de las elecciones mismas. Si los candidatos no pueden hacer campaña, no pueden debatir, y si no pueden debatir, los votantes estarán difícilmente en condiciones de diseñar el destino de su país.
"Una elección no es solamente echar un pedazo de papel en una caja; es todo un proceso", dice Nasir Chaderij, presidente del Partido Democrático Nacional, que presenta 48 candidatos. "Pero eso no pasa aquí. Los candidatos no pueden hacer campaña debido a la situación de inseguridad".
"Yo las llamo las elecciones secretas".
Raja al-Khuzai, candidata a la asamblea que se ha unido a la lista de candidatos encabezada por el primer ministro Ayad Allawi, pasa casi todo el tiempo dentro del recinto fortificado de Allawi, rodeado de guardias armados. En lugar de hacer campaña, envía voluntarios a las calles a hablar en su nombre con los votantes.
"Vuelven y me cuentan las opiniones de la gente", dijo la doctora Khuzai.
Khuzai conoce bien los peligros que acechan a los iraquíes que están tratando de construir un nuevo orden democrático; dos de sus colegas del ahora disuelto Consejo de Gobierno Iraquí fueron asesinados. El 24 de diciembre, soldados norteamericanos encontraron el cuerpo quebrado y agujereado de balas de un familiar, Wijdan al-Khuzai, también candidato.
Rawaf Abdul Razak, candidato del Partido Democrático Nacional, despertó una mañana y encontró un pedazo de papel metido en la puerta principal de su casa en Bagdad.
"Se acabó el juego", decía la nota manuscrita. "Si no vuelves honestamente a la senda de Dios y dejas de traicionar a tu país, te enviaremos al infierno".
Razak todavía es candidato, pero ya no hace campaña en público.
La violencia hace que la campaña electoral parezca curiosamente que ha sido retirada del país donde tiene lugar -y a veces literalmente retirada. Los candidatos más ricos, como Allawi, emiten reclames por televisión proclamando sus candidaturas. Otros dan ruedas de prensa dentro de recintos fortificados con sacos e arena y macizas murallas.
Khuzai hizo campaña recientemente de puerta en puerta reclutando seguidores en un barrio iraquí en Amman, Jordania. "No puedo hacer eso en Iraq", dijo.
Como resultado, la forma más ubicua de comunicación política es el cartel electoral; hay miles. En la capital, compiten por el espacio en casi todas las paredes.
"La Opción Correcta para un Futuro Brillante", dice un cartel de la Alianza Unida Iraquí.
"El Islam Es Nuestra Cultura, la Modernidad Nuestro Camino, la Renovación Nuestra Meta", dice otro del Partido Islámico Democrático.
Actos que son normales en las campañas son tan raros que a menudo los iraquíes no saben cómo reaccionar cuando se encuentran en una. Cuando los voluntarios del Partido Comunista Iraquí entraron en caravana con altavoces en Shoula, un barrio al norte de Bagdad el viernes, muchos de los vecinos que quedaron turulatos y boquiabiertos.
"¡Lucharemos por los pobres!", gritaba un joven comunista con un megáfono.
Sin embargo, cuando la caravana se detuvo y los voluntarios empezaron a distribuir panfletos, una muchedumbre de iraquíes se congregaron a su alrededor. No sabían mucho de los candidatos individuales o de los programas de los partidos, pero entendían que las elecciones estaban a apenas dos semanas.
"Por supuesto sabemos qué es la democracia", dijo Nadi Karim, 60, tendero, que había cogido un folleto de los comunistas. "Hace 35 años que la estamos esperando".
Los candidatos mismos, incluso los que tienen demasiado miedo como para salir a la calle, saben lo que está en juego. Los comunistas, por ejemplo, que ahora apoyan las elecciones libres y la tolerancia religiosa, son uno de los escasos partidos iraquíes que envían a sus candidatos a la calle. Dos de sus miembros fueron matados a balazos el mes pasado.
"Nadie te va a dar la democracia en una bandeja de plata; tienes que pelear por ella", dijo Jasim al-Helfi, candidato comunista a la asamblea. "En una democracia, los candidatos deben salir a la calle y encontrarse con el pueblo".
La resistencia no ha paralizado las campañas en todas partes. En gran parte del sur de Iraq, donde dominan los chiíes y la insurgencia ha disminuido, los candidatos iraquíes se reúnen con sus votantes cara a cara, aunque la mayoría de ellos lo hace sólo con guardias armados a su lado.
Antes esta semana, un grupo de cinco candidatos a la asamblea encabezados por Ahmad Chalabi se dirigieron de Bagdad a Mushkhab, a unos 160 kilómetros al sur, para reunirse con los líderes de una tribu local. Para llegar allá, Chalabi y su séquito viajaron con 50 guardias armados que pararon el tráfico en las carreteras cuando se transformó en un obstáculo e incluso ocuparon una gasolinera a punta de pistola cuando sus vehículos se quedaban sin gasolina.
Chalabi, que es candidato de la Alianza Unida Iraquí, fue acogido calurosamente. Se reunió con los líderes tribales en un mudhif', un salón de reunión tradicional hecho de cañas secas sacadas del Río Eúfrates. Se sentó con las piernas cruzadas con los jefes tribales, almorzó cordero y arroz, y luego dio un discurso.
"Llegaron los norteamericanos y derrocaron a Saddam, pero no liberaron el país", dijo Chalabi. "El pueblo iraquí liberará al país; los iraquíes lo construirán".
A su vez, los líderes tribales prometieron su apoyo, así como el de todos los de la tribu fatla. "Nuestra gente votará como les digamos", dijo Imad Farun, un líder tribal fatla.
Muchos iraquíes chiíes dicen que han decidido votar a la Alianza Unida Iraquí, la coalición de partidos chiíes que reunió el jefe religioso el gran ayatollah Ali al-Sistani. Con el respaldo tácito del ayatollah Sistani -su cara macilenta y severa adorna las pancartas de la alianza- muchos chiíes dicen que sienten la obligación religiosa de votar a la alianza chií.
"Si este partido ha sido aprobado por Sistani, lo apoyaré", dijo Adnam Khazel, un obrero de 23 años de la fábrica de aceite vegetal.
Otra emoción que acompaña a muchos actos de campaña aquí, junto al miedo a la violencia, es el recuerdo de tiempos duros, no solamente de Hussein, sino también de incertidumbre desde la invasión norteamericana y la guerra de guerrillas cada vez más intensa.
Los mítines en Mushkhab y en la fábrica de Bagdad fueron los dos acompañados de lecturas de poesía, tristes versos sobre las penurias del pasado.
"Iraq, mi alma, mis heridas aún no están curadas", dijo un orador a sus compatriotas en la vieja fábrica. "Qué pena que en esta tierra donde éramos los amos, seamos ahora los esclavos".
15 de enero de 2005
18 de enero de 2005
©new york times
©traducción mQh
elecciones secretas
[Dexter Filkins] En muchos lugares en Iraq los candidatos no se atreven a publicar sus nombres ni los partidos sus programas.
Bagdad, Iraq. La amenaza de muerte cuelga tan pesadamente sobre el mitin electoral, convocado esta semana en el quinto piso de la Fábrica General de Aceite Vegetal, que los oradores se negaron a decir si había candidatos.
"Es demasiado peligroso", dijo Hussein Ali, que habló a nombre de la Alianza Unida Iraquí, un partido que presente decenas de candidatos a las elecciones aquí. "Es un secreto".
Y entonces Ali y sus colegas de retiraron, escoltados por hombres armados.
Así se está desarrollando la campaña electoral en Iraq, un país simultáneamente embarcado en un experimento político impulsado por los norteamericanos y retorciéndose con una guerrilla determinada a interrumpir el experimento.
A sólo dos semanas de la votación, programada para el 30 de enero, los guerrilleros han incrementado sus ataques y empujado a la mayoría de los candidatos puertas adentro, y el sábado las autoridades dijeron que el día de las elecciones restringirán el tráfico e impondrán cordones en torno a los colegios electorales.
Como resultado, en grandes fajas del país la campaña electoral se hace en secreto, y los candidatos, normalmente ansiosos de que sus mensajes lleguen al público, a menudo tienen demasiado miedo como para decir sus nombres. En lugar de realizar mítines, se reúnen clandestinamente con los votantes, si acaso se reúnen con ellos.
Las campañas públicas son todavía posibles en gran parte del sur de Iraq y en las regiones kurdas en el lejano nordeste, donde la amenaza de violencia no se vislumbra tan pesadamente.
Pero en gran parte del centro y del noroeste, incluyendo a dos de las tres ciudades más grandes del país, Bagdad y Mosul, los candidatos revelan sus nombres corriendo grandes peligros personales.
De los 7.471 hombres y mujeres que se han inscrito como candidatos, sólo un puñado fuera de las áreas kurdas relativamente tranquilas se han identificado públicamente. La ubicación de los 5.776 colegios electorales todavía no se da a conocer, por temor a que sean blanco de ataques.
Las dificultades de los candidatos se mencionaron en una octavilla distribuida en la ciudad por la Alianza Unida Iraquí. El volante entregaba la lista de 37 candidatos a la asamblea nacional. Los otros 188, se leía en el volante, no podían ser publicados.
"Nuestras excusas por no mencionar los nombres de todos los candidatos", decía la octavilla. "Pero la situación de seguridad es mala y debemos mantenerlos vivos".
Algunos líderes políticos aquí dicen que no les preocupa la falta de visibilidad de los candidatos; señalan que los iraquíes votarán a los partidos políticos, no a candidatos individuales.
Cada partido tiene una lista de candidatos, que obtendrán escaños proporcionalmente a la cantidad de votos que reciba cada partido. En esta rudimentaria fase de la democracia, dicen algunos, lo extraordinario es que los iraquíes voten.
"Estas serán elecciones de electorados, no de programas como ocurre en Estados Unidos", dice Adil Abdul Mahdi, ministro de Finanzas y candidato de la Alianza Unida Iraquí. "Los iraquíes conocen a su gente. Saben a quién están votando".
Pero el problema mayor, para muchos líderes políticos, es que los ataques de la guerrilla para estropear las elecciones ha truncado el discurso político y, como resultado, el corazón de las elecciones mismas. Si los candidatos no pueden hacer campaña, no pueden debatir, y si no pueden debatir, los votantes estarán difícilmente en condiciones de diseñar el destino de su país.
"Una elección no es solamente echar un pedazo de papel en una caja; es todo un proceso", dice Nasir Chaderij, presidente del Partido Democrático Nacional, que presenta 48 candidatos. "Pero eso no pasa aquí. Los candidatos no pueden hacer campaña debido a la situación de inseguridad".
"Yo las llamo las elecciones secretas".
Raja al-Khuzai, candidata a la asamblea que se ha unido a la lista de candidatos encabezada por el primer ministro Ayad Allawi, pasa casi todo el tiempo dentro del recinto fortificado de Allawi, rodeado de guardias armados. En lugar de hacer campaña, envía voluntarios a las calles a hablar en su nombre con los votantes.
"Vuelven y me cuentan las opiniones de la gente", dijo la doctora Khuzai.
Khuzai conoce bien los peligros que acechan a los iraquíes que están tratando de construir un nuevo orden democrático; dos de sus colegas del ahora disuelto Consejo de Gobierno Iraquí fueron asesinados. El 24 de diciembre, soldados norteamericanos encontraron el cuerpo quebrado y agujereado de balas de un familiar, Wijdan al-Khuzai, también candidato.
Rawaf Abdul Razak, candidato del Partido Democrático Nacional, despertó una mañana y encontró un pedazo de papel metido en la puerta principal de su casa en Bagdad.
"Se acabó el juego", decía la nota manuscrita. "Si no vuelves honestamente a la senda de Dios y dejas de traicionar a tu país, te enviaremos al infierno".
Razak todavía es candidato, pero ya no hace campaña en público.
La violencia hace que la campaña electoral parezca curiosamente que ha sido retirada del país donde tiene lugar -y a veces literalmente retirada. Los candidatos más ricos, como Allawi, emiten reclames por televisión proclamando sus candidaturas. Otros dan ruedas de prensa dentro de recintos fortificados con sacos e arena y macizas murallas.
Khuzai hizo campaña recientemente de puerta en puerta reclutando seguidores en un barrio iraquí en Amman, Jordania. "No puedo hacer eso en Iraq", dijo.
Como resultado, la forma más ubicua de comunicación política es el cartel electoral; hay miles. En la capital, compiten por el espacio en casi todas las paredes.
"La Opción Correcta para un Futuro Brillante", dice un cartel de la Alianza Unida Iraquí.
"El Islam Es Nuestra Cultura, la Modernidad Nuestro Camino, la Renovación Nuestra Meta", dice otro del Partido Islámico Democrático.
Actos que son normales en las campañas son tan raros que a menudo los iraquíes no saben cómo reaccionar cuando se encuentran en una. Cuando los voluntarios del Partido Comunista Iraquí entraron en caravana con altavoces en Shoula, un barrio al norte de Bagdad el viernes, muchos de los vecinos que quedaron turulatos y boquiabiertos.
"¡Lucharemos por los pobres!", gritaba un joven comunista con un megáfono.
Sin embargo, cuando la caravana se detuvo y los voluntarios empezaron a distribuir panfletos, una muchedumbre de iraquíes se congregaron a su alrededor. No sabían mucho de los candidatos individuales o de los programas de los partidos, pero entendían que las elecciones estaban a apenas dos semanas.
"Por supuesto sabemos qué es la democracia", dijo Nadi Karim, 60, tendero, que había cogido un folleto de los comunistas. "Hace 35 años que la estamos esperando".
Los candidatos mismos, incluso los que tienen demasiado miedo como para salir a la calle, saben lo que está en juego. Los comunistas, por ejemplo, que ahora apoyan las elecciones libres y la tolerancia religiosa, son uno de los escasos partidos iraquíes que envían a sus candidatos a la calle. Dos de sus miembros fueron matados a balazos el mes pasado.
"Nadie te va a dar la democracia en una bandeja de plata; tienes que pelear por ella", dijo Jasim al-Helfi, candidato comunista a la asamblea. "En una democracia, los candidatos deben salir a la calle y encontrarse con el pueblo".
La resistencia no ha paralizado las campañas en todas partes. En gran parte del sur de Iraq, donde dominan los chiíes y la insurgencia ha disminuido, los candidatos iraquíes se reúnen con sus votantes cara a cara, aunque la mayoría de ellos lo hace sólo con guardias armados a su lado.
Antes esta semana, un grupo de cinco candidatos a la asamblea encabezados por Ahmad Chalabi se dirigieron de Bagdad a Mushkhab, a unos 160 kilómetros al sur, para reunirse con los líderes de una tribu local. Para llegar allá, Chalabi y su séquito viajaron con 50 guardias armados que pararon el tráfico en las carreteras cuando se transformó en un obstáculo e incluso ocuparon una gasolinera a punta de pistola cuando sus vehículos se quedaban sin gasolina.
Chalabi, que es candidato de la Alianza Unida Iraquí, fue acogido calurosamente. Se reunió con los líderes tribales en un mudhif', un salón de reunión tradicional hecho de cañas secas sacadas del Río Eúfrates. Se sentó con las piernas cruzadas con los jefes tribales, almorzó cordero y arroz, y luego dio un discurso.
"Llegaron los norteamericanos y derrocaron a Saddam, pero no liberaron el país", dijo Chalabi. "El pueblo iraquí liberará al país; los iraquíes lo construirán".
A su vez, los líderes tribales prometieron su apoyo, así como el de todos los de la tribu fatla. "Nuestra gente votará como les digamos", dijo Imad Farun, un líder tribal fatla.
Muchos iraquíes chiíes dicen que han decidido votar a la Alianza Unida Iraquí, la coalición de partidos chiíes que reunió el jefe religioso el gran ayatollah Ali al-Sistani. Con el respaldo tácito del ayatollah Sistani -su cara macilenta y severa adorna las pancartas de la alianza- muchos chiíes dicen que sienten la obligación religiosa de votar a la alianza chií.
"Si este partido ha sido aprobado por Sistani, lo apoyaré", dijo Adnam Khazel, un obrero de 23 años de la fábrica de aceite vegetal.
Otra emoción que acompaña a muchos actos de campaña aquí, junto al miedo a la violencia, es el recuerdo de tiempos duros, no solamente de Hussein, sino también de incertidumbre desde la invasión norteamericana y la guerra de guerrillas cada vez más intensa.
Los mítines en Mushkhab y en la fábrica de Bagdad fueron los dos acompañados de lecturas de poesía, tristes versos sobre las penurias del pasado.
"Iraq, mi alma, mis heridas aún no están curadas", dijo un orador a sus compatriotas en la vieja fábrica. "Qué pena que en esta tierra donde éramos los amos, seamos ahora los esclavos".
15 de enero de 2005
18 de enero de 2005
©new york times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. La amenaza de muerte cuelga tan pesadamente sobre el mitin electoral, convocado esta semana en el quinto piso de la Fábrica General de Aceite Vegetal, que los oradores se negaron a decir si había candidatos."Es demasiado peligroso", dijo Hussein Ali, que habló a nombre de la Alianza Unida Iraquí, un partido que presente decenas de candidatos a las elecciones aquí. "Es un secreto".
Y entonces Ali y sus colegas de retiraron, escoltados por hombres armados.
Así se está desarrollando la campaña electoral en Iraq, un país simultáneamente embarcado en un experimento político impulsado por los norteamericanos y retorciéndose con una guerrilla determinada a interrumpir el experimento.
A sólo dos semanas de la votación, programada para el 30 de enero, los guerrilleros han incrementado sus ataques y empujado a la mayoría de los candidatos puertas adentro, y el sábado las autoridades dijeron que el día de las elecciones restringirán el tráfico e impondrán cordones en torno a los colegios electorales.
Como resultado, en grandes fajas del país la campaña electoral se hace en secreto, y los candidatos, normalmente ansiosos de que sus mensajes lleguen al público, a menudo tienen demasiado miedo como para decir sus nombres. En lugar de realizar mítines, se reúnen clandestinamente con los votantes, si acaso se reúnen con ellos.
Las campañas públicas son todavía posibles en gran parte del sur de Iraq y en las regiones kurdas en el lejano nordeste, donde la amenaza de violencia no se vislumbra tan pesadamente.
Pero en gran parte del centro y del noroeste, incluyendo a dos de las tres ciudades más grandes del país, Bagdad y Mosul, los candidatos revelan sus nombres corriendo grandes peligros personales.
De los 7.471 hombres y mujeres que se han inscrito como candidatos, sólo un puñado fuera de las áreas kurdas relativamente tranquilas se han identificado públicamente. La ubicación de los 5.776 colegios electorales todavía no se da a conocer, por temor a que sean blanco de ataques.
Las dificultades de los candidatos se mencionaron en una octavilla distribuida en la ciudad por la Alianza Unida Iraquí. El volante entregaba la lista de 37 candidatos a la asamblea nacional. Los otros 188, se leía en el volante, no podían ser publicados.
"Nuestras excusas por no mencionar los nombres de todos los candidatos", decía la octavilla. "Pero la situación de seguridad es mala y debemos mantenerlos vivos".
Algunos líderes políticos aquí dicen que no les preocupa la falta de visibilidad de los candidatos; señalan que los iraquíes votarán a los partidos políticos, no a candidatos individuales.
Cada partido tiene una lista de candidatos, que obtendrán escaños proporcionalmente a la cantidad de votos que reciba cada partido. En esta rudimentaria fase de la democracia, dicen algunos, lo extraordinario es que los iraquíes voten.
"Estas serán elecciones de electorados, no de programas como ocurre en Estados Unidos", dice Adil Abdul Mahdi, ministro de Finanzas y candidato de la Alianza Unida Iraquí. "Los iraquíes conocen a su gente. Saben a quién están votando".
Pero el problema mayor, para muchos líderes políticos, es que los ataques de la guerrilla para estropear las elecciones ha truncado el discurso político y, como resultado, el corazón de las elecciones mismas. Si los candidatos no pueden hacer campaña, no pueden debatir, y si no pueden debatir, los votantes estarán difícilmente en condiciones de diseñar el destino de su país.
"Una elección no es solamente echar un pedazo de papel en una caja; es todo un proceso", dice Nasir Chaderij, presidente del Partido Democrático Nacional, que presenta 48 candidatos. "Pero eso no pasa aquí. Los candidatos no pueden hacer campaña debido a la situación de inseguridad".
"Yo las llamo las elecciones secretas".
Raja al-Khuzai, candidata a la asamblea que se ha unido a la lista de candidatos encabezada por el primer ministro Ayad Allawi, pasa casi todo el tiempo dentro del recinto fortificado de Allawi, rodeado de guardias armados. En lugar de hacer campaña, envía voluntarios a las calles a hablar en su nombre con los votantes.
"Vuelven y me cuentan las opiniones de la gente", dijo la doctora Khuzai.
Khuzai conoce bien los peligros que acechan a los iraquíes que están tratando de construir un nuevo orden democrático; dos de sus colegas del ahora disuelto Consejo de Gobierno Iraquí fueron asesinados. El 24 de diciembre, soldados norteamericanos encontraron el cuerpo quebrado y agujereado de balas de un familiar, Wijdan al-Khuzai, también candidato.
Rawaf Abdul Razak, candidato del Partido Democrático Nacional, despertó una mañana y encontró un pedazo de papel metido en la puerta principal de su casa en Bagdad.
"Se acabó el juego", decía la nota manuscrita. "Si no vuelves honestamente a la senda de Dios y dejas de traicionar a tu país, te enviaremos al infierno".
Razak todavía es candidato, pero ya no hace campaña en público.
La violencia hace que la campaña electoral parezca curiosamente que ha sido retirada del país donde tiene lugar -y a veces literalmente retirada. Los candidatos más ricos, como Allawi, emiten reclames por televisión proclamando sus candidaturas. Otros dan ruedas de prensa dentro de recintos fortificados con sacos e arena y macizas murallas.
Khuzai hizo campaña recientemente de puerta en puerta reclutando seguidores en un barrio iraquí en Amman, Jordania. "No puedo hacer eso en Iraq", dijo.
Como resultado, la forma más ubicua de comunicación política es el cartel electoral; hay miles. En la capital, compiten por el espacio en casi todas las paredes.
"La Opción Correcta para un Futuro Brillante", dice un cartel de la Alianza Unida Iraquí.
"El Islam Es Nuestra Cultura, la Modernidad Nuestro Camino, la Renovación Nuestra Meta", dice otro del Partido Islámico Democrático.
Actos que son normales en las campañas son tan raros que a menudo los iraquíes no saben cómo reaccionar cuando se encuentran en una. Cuando los voluntarios del Partido Comunista Iraquí entraron en caravana con altavoces en Shoula, un barrio al norte de Bagdad el viernes, muchos de los vecinos que quedaron turulatos y boquiabiertos.
"¡Lucharemos por los pobres!", gritaba un joven comunista con un megáfono.
Sin embargo, cuando la caravana se detuvo y los voluntarios empezaron a distribuir panfletos, una muchedumbre de iraquíes se congregaron a su alrededor. No sabían mucho de los candidatos individuales o de los programas de los partidos, pero entendían que las elecciones estaban a apenas dos semanas.
"Por supuesto sabemos qué es la democracia", dijo Nadi Karim, 60, tendero, que había cogido un folleto de los comunistas. "Hace 35 años que la estamos esperando".
Los candidatos mismos, incluso los que tienen demasiado miedo como para salir a la calle, saben lo que está en juego. Los comunistas, por ejemplo, que ahora apoyan las elecciones libres y la tolerancia religiosa, son uno de los escasos partidos iraquíes que envían a sus candidatos a la calle. Dos de sus miembros fueron matados a balazos el mes pasado.
"Nadie te va a dar la democracia en una bandeja de plata; tienes que pelear por ella", dijo Jasim al-Helfi, candidato comunista a la asamblea. "En una democracia, los candidatos deben salir a la calle y encontrarse con el pueblo".
La resistencia no ha paralizado las campañas en todas partes. En gran parte del sur de Iraq, donde dominan los chiíes y la insurgencia ha disminuido, los candidatos iraquíes se reúnen con sus votantes cara a cara, aunque la mayoría de ellos lo hace sólo con guardias armados a su lado.
Antes esta semana, un grupo de cinco candidatos a la asamblea encabezados por Ahmad Chalabi se dirigieron de Bagdad a Mushkhab, a unos 160 kilómetros al sur, para reunirse con los líderes de una tribu local. Para llegar allá, Chalabi y su séquito viajaron con 50 guardias armados que pararon el tráfico en las carreteras cuando se transformó en un obstáculo e incluso ocuparon una gasolinera a punta de pistola cuando sus vehículos se quedaban sin gasolina.
Chalabi, que es candidato de la Alianza Unida Iraquí, fue acogido calurosamente. Se reunió con los líderes tribales en un mudhif', un salón de reunión tradicional hecho de cañas secas sacadas del Río Eúfrates. Se sentó con las piernas cruzadas con los jefes tribales, almorzó cordero y arroz, y luego dio un discurso.
"Llegaron los norteamericanos y derrocaron a Saddam, pero no liberaron el país", dijo Chalabi. "El pueblo iraquí liberará al país; los iraquíes lo construirán".
A su vez, los líderes tribales prometieron su apoyo, así como el de todos los de la tribu fatla. "Nuestra gente votará como les digamos", dijo Imad Farun, un líder tribal fatla.
Muchos iraquíes chiíes dicen que han decidido votar a la Alianza Unida Iraquí, la coalición de partidos chiíes que reunió el jefe religioso el gran ayatollah Ali al-Sistani. Con el respaldo tácito del ayatollah Sistani -su cara macilenta y severa adorna las pancartas de la alianza- muchos chiíes dicen que sienten la obligación religiosa de votar a la alianza chií.
"Si este partido ha sido aprobado por Sistani, lo apoyaré", dijo Adnam Khazel, un obrero de 23 años de la fábrica de aceite vegetal.
Otra emoción que acompaña a muchos actos de campaña aquí, junto al miedo a la violencia, es el recuerdo de tiempos duros, no solamente de Hussein, sino también de incertidumbre desde la invasión norteamericana y la guerra de guerrillas cada vez más intensa.
Los mítines en Mushkhab y en la fábrica de Bagdad fueron los dos acompañados de lecturas de poesía, tristes versos sobre las penurias del pasado.
"Iraq, mi alma, mis heridas aún no están curadas", dijo un orador a sus compatriotas en la vieja fábrica. "Qué pena que en esta tierra donde éramos los amos, seamos ahora los esclavos".
15 de enero de 2005
18 de enero de 2005
©new york times
©traducción mQh
eeuu quiere atacar a irán
[Álvaro Vargas Llosa] El Pentágono calificó de "erróneo" el artículo del destacado periodista Seymour Hersh en la revista The New Yorker que dio a conocer esa información. Revelan supuestos planes de ataques de Estados Unidos contra Irán.
Seymour Hersh, el famoso periodista que reveló las torturas de la cárcel de Abu Ghraib, en Iraq, vuelve a la carga desde las páginas de la revista New Yorker. Esta vez para poner al descubierto un vasto plan de operaciones encubiertas por parte de Estados Unidos para atacar centros de producción de armas de destrucción masiva, especialmente en Irán, de acuerdo con el objetivo de los neoconservadores de llevar la democracia al Medio Oriente.
Basándose en lo que califica de "fuentes de inteligencia y militares", pero especialmente en los funcionarios de la CIA que fueron recientemente despedidos como parte de la reestructuración ordenada por George W. Bush, Hersh afirma que Paul Wolfowitz y Douglas Feith, lugartenientes de Donald Rumsfeld en el Pentágono, son los cerebros civiles de la estrategia neoconservadora. Esta estrategia, según una de sus fuentes, parte de una visión según la cual "Iraq es sólo una campaña" en la guerra contra el terrorismo y "la próxima campaña que tendremos será la de Irán".
Según Hersh, Bush ha firmado ya una serie de autorizaciones y órdenes ejecutivas secretas que permiten a grupos de comando y unidades de las Fuerzas Especiales conducir operaciones encubiertas contra objetivos terroristas' en al menos 10 países del Medio Oriente y el Sur del Asia.
Infraestructura Dispersada
Para eludir las restricciones legales que obligan a la Casa Blanca a informar al Congreso, Bush habría dejado de lado a la CIA, la agencia para la que se requiere dicho procedimiento. Para extremar el celo, la Casa Blanca ha evitado poner al tanto de estas operaciones encubiertas incluso a los jefes militares encargados de las misiones en diversas regiones del mundo.
La revelación más importante de Hersh indica que la Administración Bush ha estado realizando misiones de "reconocimiento" al interior de Irán desde mediados de 2004 para identificar "tres decenas" de objetivos a fin de destruir la capacidad de ese país de producir armas nucleares. Las misiones de reconocimiento serían el paso previo a acciones de sabotaje para neutralizar el complejo militar de ese país. Aparentemente, aprendiendo las lecciones del ataque de la aviación israelí contra la central nuclear de Osirak, en el Iraq de Saddam Hussein (1981), Teherán ha dispersado su infraestructura nuclear por la zona oriental del país, usando escondites subterráneos, algunos situados cerca de lugares con alta concentración poblacional.
Según el periodista, sus fuentes pretenden evitar una nueva guerra. Aseguran que tanto la CIA como los servicios secretos de Europa creen que Irán tiene muchos problemas técnicos para completar el desarrollo de armas nucleares, especialmente en lo que se refiere a la producción del tipo de gas necesario para las ojivas. Por lo tanto, se calcula que están todavía a unos cinco años de poder fabricar estas armas.
La publicación también asegura que Estados Unidos ha hecho un acuerdo con el gobernante autoritario de Pakistán, Pervez Musharraf, para obtener su colaboración. Se trata de no exigir que Islamabad entregue a Abdul Qadeer Khan, el padre de la bomba atómica paquistaní, acusado de revender material nuclear a otros países, a cambio de que ese gobierno asista a los militares estadounidenses que están penetrando el territorio iraní. Estados Unidos valora la amplia experiencia que ha tenido el sistema de inteligencia paquistaní en sus tratos con los iraníes.
La Casa Blanca ha respondido, por vía de Dan Bartlett, asesor del Presidente, quien señaló que "como es obvio, estamos preocupados con Irán, como lo está el mundo entero, aunque aseguró que el artículo de Hersh está "plagado" de "errores", pues el gobierno está "en este momento" explorando la vía "diplomática".
Mientras el Pentágono calificó de "erróneo" el artículo del New Yorker, el ministro de Defensa iraní, Ali Shamkhani, reaccionó ayer al tema diciendo que Estados Unidos "no se atreve" a atacar a Irán.
La Unión Europea ha logrado que Irán, país signatario del Tratado de No Proliferación Nuclear, acceda a detener temporalmente su programa nuclear, pero su maquinaria no ha sido desmantelada. Hasta ahora, Estados Unidos ha preferido no participar en dichas negociaciones.
La Historia de Seymour Hersh
Seymor Hersh es un viejo practicante de la filosofía del conservacionista Edward Abbey, a quien suele citar: "Un patriota debe estar siempre dispuesto a defender a su país contra su gobierno". Por eso, desde que en plena guerra de Vietnam develó la masacre de My Lai, hasta el año pasado, en que puso al descubierto las torturas de Abu Ghraib, en Irak, se ha dedicado a fustigar al poder y desmitificar la noción de seguridad nacional' bajo la cual suelen llevarse a cabo las políticas más controversiales en materia de política exterior.
Autor de ocho libros y ganador del Premio Pulitzer, este periodista de investigación es hoy un reportero a tiempo completo con el New Yorker, desde donde el año pasado remeció al país con la serie sobre Abu Ghraib, exactamente un año después de afirmar con rotundidad, en el mismo medio, que ya no había armas de destrucción masiva en Iraq.
Es frecuente verlo en la TV exponer las razones por las que cree que "la guerra en Irak no se puede ganar" y acusar a los "neoconservadores" de "haber secuestrado el gobierno más poderoso de la tierra". A lo largo de su carrera, ha sido acusado muchas veces de dar armas al enemigo -muchos lo llaman, precisamente 'El Enemigo'-, especialmente durante la guerra de Vietnam, a la que se opuso ferozmente. Ahora, muchos conservadores lo acusan de facilitar la tarea de los terroristas.
18 de enero de 2005
©la tercera"
Seymour Hersh, el famoso periodista que reveló las torturas de la cárcel de Abu Ghraib, en Iraq, vuelve a la carga desde las páginas de la revista New Yorker. Esta vez para poner al descubierto un vasto plan de operaciones encubiertas por parte de Estados Unidos para atacar centros de producción de armas de destrucción masiva, especialmente en Irán, de acuerdo con el objetivo de los neoconservadores de llevar la democracia al Medio Oriente.Basándose en lo que califica de "fuentes de inteligencia y militares", pero especialmente en los funcionarios de la CIA que fueron recientemente despedidos como parte de la reestructuración ordenada por George W. Bush, Hersh afirma que Paul Wolfowitz y Douglas Feith, lugartenientes de Donald Rumsfeld en el Pentágono, son los cerebros civiles de la estrategia neoconservadora. Esta estrategia, según una de sus fuentes, parte de una visión según la cual "Iraq es sólo una campaña" en la guerra contra el terrorismo y "la próxima campaña que tendremos será la de Irán".
Según Hersh, Bush ha firmado ya una serie de autorizaciones y órdenes ejecutivas secretas que permiten a grupos de comando y unidades de las Fuerzas Especiales conducir operaciones encubiertas contra objetivos terroristas' en al menos 10 países del Medio Oriente y el Sur del Asia.
Infraestructura Dispersada
Para eludir las restricciones legales que obligan a la Casa Blanca a informar al Congreso, Bush habría dejado de lado a la CIA, la agencia para la que se requiere dicho procedimiento. Para extremar el celo, la Casa Blanca ha evitado poner al tanto de estas operaciones encubiertas incluso a los jefes militares encargados de las misiones en diversas regiones del mundo.
La revelación más importante de Hersh indica que la Administración Bush ha estado realizando misiones de "reconocimiento" al interior de Irán desde mediados de 2004 para identificar "tres decenas" de objetivos a fin de destruir la capacidad de ese país de producir armas nucleares. Las misiones de reconocimiento serían el paso previo a acciones de sabotaje para neutralizar el complejo militar de ese país. Aparentemente, aprendiendo las lecciones del ataque de la aviación israelí contra la central nuclear de Osirak, en el Iraq de Saddam Hussein (1981), Teherán ha dispersado su infraestructura nuclear por la zona oriental del país, usando escondites subterráneos, algunos situados cerca de lugares con alta concentración poblacional.
Según el periodista, sus fuentes pretenden evitar una nueva guerra. Aseguran que tanto la CIA como los servicios secretos de Europa creen que Irán tiene muchos problemas técnicos para completar el desarrollo de armas nucleares, especialmente en lo que se refiere a la producción del tipo de gas necesario para las ojivas. Por lo tanto, se calcula que están todavía a unos cinco años de poder fabricar estas armas.
La publicación también asegura que Estados Unidos ha hecho un acuerdo con el gobernante autoritario de Pakistán, Pervez Musharraf, para obtener su colaboración. Se trata de no exigir que Islamabad entregue a Abdul Qadeer Khan, el padre de la bomba atómica paquistaní, acusado de revender material nuclear a otros países, a cambio de que ese gobierno asista a los militares estadounidenses que están penetrando el territorio iraní. Estados Unidos valora la amplia experiencia que ha tenido el sistema de inteligencia paquistaní en sus tratos con los iraníes.
La Casa Blanca ha respondido, por vía de Dan Bartlett, asesor del Presidente, quien señaló que "como es obvio, estamos preocupados con Irán, como lo está el mundo entero, aunque aseguró que el artículo de Hersh está "plagado" de "errores", pues el gobierno está "en este momento" explorando la vía "diplomática".
Mientras el Pentágono calificó de "erróneo" el artículo del New Yorker, el ministro de Defensa iraní, Ali Shamkhani, reaccionó ayer al tema diciendo que Estados Unidos "no se atreve" a atacar a Irán.
La Unión Europea ha logrado que Irán, país signatario del Tratado de No Proliferación Nuclear, acceda a detener temporalmente su programa nuclear, pero su maquinaria no ha sido desmantelada. Hasta ahora, Estados Unidos ha preferido no participar en dichas negociaciones.
La Historia de Seymour Hersh
Seymor Hersh es un viejo practicante de la filosofía del conservacionista Edward Abbey, a quien suele citar: "Un patriota debe estar siempre dispuesto a defender a su país contra su gobierno". Por eso, desde que en plena guerra de Vietnam develó la masacre de My Lai, hasta el año pasado, en que puso al descubierto las torturas de Abu Ghraib, en Irak, se ha dedicado a fustigar al poder y desmitificar la noción de seguridad nacional' bajo la cual suelen llevarse a cabo las políticas más controversiales en materia de política exterior.
Autor de ocho libros y ganador del Premio Pulitzer, este periodista de investigación es hoy un reportero a tiempo completo con el New Yorker, desde donde el año pasado remeció al país con la serie sobre Abu Ghraib, exactamente un año después de afirmar con rotundidad, en el mismo medio, que ya no había armas de destrucción masiva en Iraq.
Es frecuente verlo en la TV exponer las razones por las que cree que "la guerra en Irak no se puede ganar" y acusar a los "neoconservadores" de "haber secuestrado el gobierno más poderoso de la tierra". A lo largo de su carrera, ha sido acusado muchas veces de dar armas al enemigo -muchos lo llaman, precisamente 'El Enemigo'-, especialmente durante la guerra de Vietnam, a la que se opuso ferozmente. Ahora, muchos conservadores lo acusan de facilitar la tarea de los terroristas.
18 de enero de 2005
©la tercera"