un ruso alto y escurridizo
[Kim Murphy and Sebastian Rotella] Y una taza de té envenenada. Los amigos emigrados de Alexander Litvinenko reconstruyen las últimas horas del ex espía.
Londres, Gran Bretaña. Yuri Felshtinsky recuerda bien las casi cinco horas que gastó suplicando por la vida de su amigo Alexander Litvinenko.
Era el 22 de mayo de 2000. Litvinenko, un coronel del Servicio Federal Ruso de Seguridad, o FSB, había recién pasado cuatro meses en prisión, tras haber denunciado públicamente que agentes de alto rango de la policía secreta estaban implicados en asesinatos y secuestros por dinero.
Ahora estaba libre, ¿pero por cuánto tiempo? Felshtinsky llamó al antiguo jefe de Litvinenko, el general de brigada Yevgeny Khokholkov, y se citó con él para cenar en un pequeño restaurante cerca del viejo hotel Ukraina, de Moscú.
Khokholkov era dueño del restaurante y ordenó que lo cerraran por la noche, de modo que los dos hombres pudieran hablar en privado. "Estuvimos sentados aquí durante cinco horas, de las siete y media y las doce y media, discutiendo el destino de Litvinenko. Fue una conversación agradable, profesional. Creo que fue una conversación muy honesta", dijo Felshtinsky en una entrevista hace poco.
"Pero el general me explicó que no había ninguna posibilidad de que Litvinenko fuera perdonado... Atacó al sistema. Cometió traición. Y lo iban a castigar por ello".
"En un momento, dijo: ‘Si alguna vez lo veo en la puerta de mi casa, lo mataré con mis propias manos'. Y apretó sus manos como si se estuviera rompiendo el cuello, como si tuviera entre sus manos un pedazo de tubo o una barra de pan. Y justo entonces, dijo: ‘Estoy bromeando, por supuesto'. Pero quedó claro que no estaba bromeando. Lo odiaban demasiado".
Seis y medio años más tarde, Litvinenko murió, derribado por una dosis de polonio radioactivo 210, que los investigadores creen que le fue suministrado en una taza de té en el bar de un hotel de Londres. La policía británica ha pasado meses investigando el aparente homicidio en el que otras 119 personas están al menos ligeramente contaminadas por el polonio, entre ellos quince que se enfrentan a riesgos de salud a largo plazo, dijeron funcionarios.
Mientras los fiscales de Londres consideran la presentación de cargos criminales, Felshtinsky y otros entre los amigos rusos expatriados de Litvinenko han reconstruido su propia versión de cómo murió el ex espía. Los amigos, que incluyen al ex jefe de estación de la KGB -la antigua agencia de espionaje que precedió al FSB- en Londres, dieron detalles del caso en recientes entrevistas con Los Angeles Times. Funcionarios policiales británicos confirmaron algunas de sus conclusiones.
Basándose en sus conversaciones con Litvinenko durante su agonía, sus propios contactos con el mundo de los ex agentes de la KGB, y sus reuniones, como testigos, con los detectives de la policía, estos rusos creen que el homicidio de Litvinenko fue el que Felshtinsky había tratado de impedir años antes: el castigo por traición impuesto por una organización que no olvida nada.
Creen que el verdadero asesino puede haber sido un hombre ruso alto y escurridizo conocido solamente como Vladislav, que aparece en videos de vigilancia de un aeropuerto y que estuvo brevemente presente en el fatal almuerzo de Litvinenko, para luego desaparecer sin dejar vestigio alguno. Lo más probable, dice, es que haya sido un bien adiestrado espía ruso operando en Europa.
"Estoy absolutamente seguro de que este fue una decisión formal del FSB", dice Felshtinsky. "Litvinenko era un objetivo. La trampa mortal estaba instalada. La sentencia había sido dictada. Es probable que, políticamente hablando, no hayan podido matarlo sino hasta ahora".
La policía londinense parece menos dispuesta a aceptar un motivo. "Todavía es un panorama muy complejo", dijo un agente de seguridad británico. Los detectives han "formado un panorama forense , pero no sabemos mucho sobre los motivos".
El funcionario confirmó que los detectives andaban buscando a un misterioso Vladislav, aunque fue prudente sobre la descripción rusa de él como de un operativo de inteligencia de alto nivel. El funcionario también dijo que la pesquisa británica se había concentrado en dos hombres de negocios rusos que los amigos de Litvinenko creen que era al menos colaboradores en el caso: Andrei Lugvoy y Dmitry Kovtun. Ambos ex agentes de la KGB estuvieron con Litvinenko en el bar del Millennium Hotel cuando bebió la taza de té aparentemente envenenada.
Lugovoy y Kovtun han confirmado que ellos se reunieron con Litvinenko, pero dicen que fue un encuentro puramente profesional. Los dos han regresado a Rusia y han sufrido síntomas aparentes de radiación. Dijeron que ellos no se habrían expuesto nunca al polonio, que fue encontrado no solamente en el bar del hotel, sino también en un cuarto del hotel que había sido ocupado por Lugovoy.
Las autoridades y ex empleados del servicios secreto ruso también han negado estridentemente toda implicación en el caso. Señalan lo ilógico que sería usar un veneno tan exótico y atacar a un disidente que prácticamente había desaparecido de la vista pública.
La aparente implicación de Logovoy y Kovtun plantea enigmas a la policía. Si fueron ellos los asesinos, ¿por qué no desaparecieron después de la muerte de Litvinenko? En lugar de eso, se presentaron en la embajada británica en Moscú para ser interrogados y dieron una rueda de prensa.
¿Sabía el asesino, o los asesinos, que estaban manipulando polonio, una substancia altamente letal que deja abundantes restos radioactivos? La azarosa huella internacional apunta a un escenario en que los cerebros pueden haber dado a Lugovoy y Kovtun la orden de matar a Litvinenko y proporcionarles el veneno, pero sin decirles cuál era el veneno, dijo el funcionario de la embajada británica.
"¿Los engañaron?", preguntó el funcionario. "Su conducta sugiere una notoria falta de conocimiento del polonio".
Oleg Gordievsky, ex jefe de estación de la KGB que desertó para Gran Bretaña en 1985, y se convirtió más tarde en un amigo de Litvinenko, dijo que estaba convencido de que Lugovoy y Kovtun eran parte de la conspiración, pero no habían sido ellos los que suministraron el veneno.
Eso, dijo, fue probablemente el trabajo de un misterioso hombre alto que aparece en los videos de vigilancia del aeropuerto. Las cámaras lo captan hablando con Kovtun cuando los dos llegaban al Aeropuerto de Heathrow en un vuelo desde Hamburgo, Alemania, en los días previos al asesinato de Litvinenko.
De acuerdo a Gordievsky, Litvinenko dijo antes de morir que había visto al mismo hombre brevemente en el bar del hotel la reunión para discutir perspectivas profesionales con Lugovoy y Kovtun.
"Litvinenko lo recordaba en el hotel, recordaba que había estado muy brevemente", dijo Gordievsky. "Lugovoy dijo: ‘Ah, Vladislav'. Dijo: "Vladislav es un amigo nuestro. Trabaja en el negocio de la protección; también puede servirte si quieres encontrar un trabajo'. Y entonces el tipo desapareció. Mi teoría es que él puso el veneno en el té".
Detectives británicos fueron capaces de obtener los detalles del pasaporte del hombre -se dice que estaba viajando con un pasaporte europeo-, pero no pudieron localizarlo en ningún hotel ni en ningún vuelo fuera del país.
Gordievsky dijo que creía que había habido un ensayo del envenenamiento dos semanas antes del atentado. Aparentemente, Lugovoy y Kovtun se reunieron con Litvinenko el 16 de octubre en un restaurante sushi en Piccadilly Circus, donde se han encontrado rastros de polonio.
Cree que un hombre conocido como Vladislav observó la reunión -aunque aparentemente no aparece en las cámaras de vigilancia- y decidió que ni el tiempo ni la ubicación eran las correctas.
"Sabían que era uno de los locales favoritos de Litvinenko. Almorzaron con él, y el polonio estaba listo, pero no hicieron nada porque las condiciones eran desfavorables", dijo Gordievsky.
Los amigos de Litvinenko dicen que están convencidos de que el FSB organizó el asesinato, y responsabilizan al presidente ruso Vladimir V. Putin para crear un clima en el que los servicios de seguridad puedan matar libremente a un hombre en Londres.
Otros sugieren que el asesinato puede haber recurrido a las filas del FSB de modo menos formal. El ex supervisor directo de Litvinenko en el FSB, Alexander Gusak, dijo que era posible que Litvinenko haya sido asesinado por uno de sus varios informantes del FSB descubierto cuando Litvinenko se mudó a Gran Bretaña.
"Yo sé que Litvinenko es un traidor. Ha entregado los nombres de nuestros agentes a la inteligencia británica. Estoy hablando sobre nuestros agentes en varias bandas criminales organizadas en todo Rusia", dijo Gusak en una entrevista.
"En 2001, algún tiempo después de que Litvinenko hubiera desertado hacia Occidente, uno de nuestros agentes se acercó a mí y me dijo que los británicos lo habían contactado y querían hablar con él.
"Estaba furioso. Dijo que se encuentra en grave peligro ahora que su chapa ha sido expuesta públicamente. Le dije que yo mismo había tenido muchos problemas debido a las actividades de Letvinenko y le conté sobre mis propios problemas. Entonces el hombre dijo: ‘¿Cómo puedes aguantar todo eso? ¿Quieres que vaya a Londres y te traiga su cabeza?'
"Bueno, eso se dijo en el fragor del momento, y el tipo no quiso decir literalmente que iría a Londres por la cabeza de Litvinenko. Pero mi punto es que sé que al menos un agente expuesto tenía un enorme rencor contra Litvinenko. Aunque había muchos otros a los que Litvinenko había traicionado y que podían tener el mismo motivo".
Londres, Gran Bretaña. Yuri Felshtinsky recuerda bien las casi cinco horas que gastó suplicando por la vida de su amigo Alexander Litvinenko.Era el 22 de mayo de 2000. Litvinenko, un coronel del Servicio Federal Ruso de Seguridad, o FSB, había recién pasado cuatro meses en prisión, tras haber denunciado públicamente que agentes de alto rango de la policía secreta estaban implicados en asesinatos y secuestros por dinero.
Ahora estaba libre, ¿pero por cuánto tiempo? Felshtinsky llamó al antiguo jefe de Litvinenko, el general de brigada Yevgeny Khokholkov, y se citó con él para cenar en un pequeño restaurante cerca del viejo hotel Ukraina, de Moscú.
Khokholkov era dueño del restaurante y ordenó que lo cerraran por la noche, de modo que los dos hombres pudieran hablar en privado. "Estuvimos sentados aquí durante cinco horas, de las siete y media y las doce y media, discutiendo el destino de Litvinenko. Fue una conversación agradable, profesional. Creo que fue una conversación muy honesta", dijo Felshtinsky en una entrevista hace poco.
"Pero el general me explicó que no había ninguna posibilidad de que Litvinenko fuera perdonado... Atacó al sistema. Cometió traición. Y lo iban a castigar por ello".
"En un momento, dijo: ‘Si alguna vez lo veo en la puerta de mi casa, lo mataré con mis propias manos'. Y apretó sus manos como si se estuviera rompiendo el cuello, como si tuviera entre sus manos un pedazo de tubo o una barra de pan. Y justo entonces, dijo: ‘Estoy bromeando, por supuesto'. Pero quedó claro que no estaba bromeando. Lo odiaban demasiado".
Seis y medio años más tarde, Litvinenko murió, derribado por una dosis de polonio radioactivo 210, que los investigadores creen que le fue suministrado en una taza de té en el bar de un hotel de Londres. La policía británica ha pasado meses investigando el aparente homicidio en el que otras 119 personas están al menos ligeramente contaminadas por el polonio, entre ellos quince que se enfrentan a riesgos de salud a largo plazo, dijeron funcionarios.
Mientras los fiscales de Londres consideran la presentación de cargos criminales, Felshtinsky y otros entre los amigos rusos expatriados de Litvinenko han reconstruido su propia versión de cómo murió el ex espía. Los amigos, que incluyen al ex jefe de estación de la KGB -la antigua agencia de espionaje que precedió al FSB- en Londres, dieron detalles del caso en recientes entrevistas con Los Angeles Times. Funcionarios policiales británicos confirmaron algunas de sus conclusiones.
Basándose en sus conversaciones con Litvinenko durante su agonía, sus propios contactos con el mundo de los ex agentes de la KGB, y sus reuniones, como testigos, con los detectives de la policía, estos rusos creen que el homicidio de Litvinenko fue el que Felshtinsky había tratado de impedir años antes: el castigo por traición impuesto por una organización que no olvida nada.
Creen que el verdadero asesino puede haber sido un hombre ruso alto y escurridizo conocido solamente como Vladislav, que aparece en videos de vigilancia de un aeropuerto y que estuvo brevemente presente en el fatal almuerzo de Litvinenko, para luego desaparecer sin dejar vestigio alguno. Lo más probable, dice, es que haya sido un bien adiestrado espía ruso operando en Europa.
"Estoy absolutamente seguro de que este fue una decisión formal del FSB", dice Felshtinsky. "Litvinenko era un objetivo. La trampa mortal estaba instalada. La sentencia había sido dictada. Es probable que, políticamente hablando, no hayan podido matarlo sino hasta ahora".
La policía londinense parece menos dispuesta a aceptar un motivo. "Todavía es un panorama muy complejo", dijo un agente de seguridad británico. Los detectives han "formado un panorama forense , pero no sabemos mucho sobre los motivos".
El funcionario confirmó que los detectives andaban buscando a un misterioso Vladislav, aunque fue prudente sobre la descripción rusa de él como de un operativo de inteligencia de alto nivel. El funcionario también dijo que la pesquisa británica se había concentrado en dos hombres de negocios rusos que los amigos de Litvinenko creen que era al menos colaboradores en el caso: Andrei Lugvoy y Dmitry Kovtun. Ambos ex agentes de la KGB estuvieron con Litvinenko en el bar del Millennium Hotel cuando bebió la taza de té aparentemente envenenada.
Lugovoy y Kovtun han confirmado que ellos se reunieron con Litvinenko, pero dicen que fue un encuentro puramente profesional. Los dos han regresado a Rusia y han sufrido síntomas aparentes de radiación. Dijeron que ellos no se habrían expuesto nunca al polonio, que fue encontrado no solamente en el bar del hotel, sino también en un cuarto del hotel que había sido ocupado por Lugovoy.
Las autoridades y ex empleados del servicios secreto ruso también han negado estridentemente toda implicación en el caso. Señalan lo ilógico que sería usar un veneno tan exótico y atacar a un disidente que prácticamente había desaparecido de la vista pública.
La aparente implicación de Logovoy y Kovtun plantea enigmas a la policía. Si fueron ellos los asesinos, ¿por qué no desaparecieron después de la muerte de Litvinenko? En lugar de eso, se presentaron en la embajada británica en Moscú para ser interrogados y dieron una rueda de prensa.
¿Sabía el asesino, o los asesinos, que estaban manipulando polonio, una substancia altamente letal que deja abundantes restos radioactivos? La azarosa huella internacional apunta a un escenario en que los cerebros pueden haber dado a Lugovoy y Kovtun la orden de matar a Litvinenko y proporcionarles el veneno, pero sin decirles cuál era el veneno, dijo el funcionario de la embajada británica.
"¿Los engañaron?", preguntó el funcionario. "Su conducta sugiere una notoria falta de conocimiento del polonio".
Oleg Gordievsky, ex jefe de estación de la KGB que desertó para Gran Bretaña en 1985, y se convirtió más tarde en un amigo de Litvinenko, dijo que estaba convencido de que Lugovoy y Kovtun eran parte de la conspiración, pero no habían sido ellos los que suministraron el veneno.
Eso, dijo, fue probablemente el trabajo de un misterioso hombre alto que aparece en los videos de vigilancia del aeropuerto. Las cámaras lo captan hablando con Kovtun cuando los dos llegaban al Aeropuerto de Heathrow en un vuelo desde Hamburgo, Alemania, en los días previos al asesinato de Litvinenko.
De acuerdo a Gordievsky, Litvinenko dijo antes de morir que había visto al mismo hombre brevemente en el bar del hotel la reunión para discutir perspectivas profesionales con Lugovoy y Kovtun.
"Litvinenko lo recordaba en el hotel, recordaba que había estado muy brevemente", dijo Gordievsky. "Lugovoy dijo: ‘Ah, Vladislav'. Dijo: "Vladislav es un amigo nuestro. Trabaja en el negocio de la protección; también puede servirte si quieres encontrar un trabajo'. Y entonces el tipo desapareció. Mi teoría es que él puso el veneno en el té".
Detectives británicos fueron capaces de obtener los detalles del pasaporte del hombre -se dice que estaba viajando con un pasaporte europeo-, pero no pudieron localizarlo en ningún hotel ni en ningún vuelo fuera del país.
Gordievsky dijo que creía que había habido un ensayo del envenenamiento dos semanas antes del atentado. Aparentemente, Lugovoy y Kovtun se reunieron con Litvinenko el 16 de octubre en un restaurante sushi en Piccadilly Circus, donde se han encontrado rastros de polonio.
Cree que un hombre conocido como Vladislav observó la reunión -aunque aparentemente no aparece en las cámaras de vigilancia- y decidió que ni el tiempo ni la ubicación eran las correctas.
"Sabían que era uno de los locales favoritos de Litvinenko. Almorzaron con él, y el polonio estaba listo, pero no hicieron nada porque las condiciones eran desfavorables", dijo Gordievsky.
Los amigos de Litvinenko dicen que están convencidos de que el FSB organizó el asesinato, y responsabilizan al presidente ruso Vladimir V. Putin para crear un clima en el que los servicios de seguridad puedan matar libremente a un hombre en Londres.
Otros sugieren que el asesinato puede haber recurrido a las filas del FSB de modo menos formal. El ex supervisor directo de Litvinenko en el FSB, Alexander Gusak, dijo que era posible que Litvinenko haya sido asesinado por uno de sus varios informantes del FSB descubierto cuando Litvinenko se mudó a Gran Bretaña.
"Yo sé que Litvinenko es un traidor. Ha entregado los nombres de nuestros agentes a la inteligencia británica. Estoy hablando sobre nuestros agentes en varias bandas criminales organizadas en todo Rusia", dijo Gusak en una entrevista.
"En 2001, algún tiempo después de que Litvinenko hubiera desertado hacia Occidente, uno de nuestros agentes se acercó a mí y me dijo que los británicos lo habían contactado y querían hablar con él.
"Estaba furioso. Dijo que se encuentra en grave peligro ahora que su chapa ha sido expuesta públicamente. Le dije que yo mismo había tenido muchos problemas debido a las actividades de Letvinenko y le conté sobre mis propios problemas. Entonces el hombre dijo: ‘¿Cómo puedes aguantar todo eso? ¿Quieres que vaya a Londres y te traiga su cabeza?'
"Bueno, eso se dijo en el fragor del momento, y el tipo no quiso decir literalmente que iría a Londres por la cabeza de Litvinenko. Pero mi punto es que sé que al menos un agente expuesto tenía un enorme rencor contra Litvinenko. Aunque había muchos otros a los que Litvinenko había traicionado y que podían tener el mismo motivo".
kim.murphy@latimes.com
Murphy, informó desde Londres y Teherán y Rotella desde Londres. Sergei L. Loiko, en Moscú, contribuyó a este reportaje.
©los angeles times
©traducción mQh
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