Blogia
mQh

reportajes

el negocio de los retratos fúnebres


[Edmund Sanders] Una tienda de fotos en Bagdad, cuyos pedidos en el pasado celebraban la vida, ahora hace pingües negocios con collages fúnebres e imágenes de carnicería.
Bagdad, Iraq. Desde su apretado escaparate en el centro de Bagdad, Mazin Farouq tiene una imagen clara de lo que pasa en el día a día en su país. En realidad, recibe muchas imágenes más.
Farouq, 37, lleva un laboratorio fotográfico en la capital iraquí, y adora imprimir imágenes de personas riendo y celebrando. Graduaciones. Bodas. Los primeros pasos de un niño. Incluso las ocasionales instantáneas picantes de alguna pareja retozando.
Pero en estos días, la mayoría de los pedidos son recordatorios diarios de la cruenta guerra civil iraquí: retratos fúnebres de ‘mártires' o espeluznantes impresiones de la última matanza -atentados con coches bomba y víctimas de torturas.
La pequeña tienda de fotos es una ventana abierta a la tragedia de Iraq, y Farouq se ha zambullido a regañadientes en una tenebrosa nueva especialidad.
"Ahora casi todo mi trabajo se concentra en los mártires", dice. "Este trabajo es mi espejo para saber lo que pasa en el país. Y las cosas se están poniendo peor".
Saca una fotografía de una niña con un peluche a sus pies y escanea la imagen en un procesador fotográfico de tres metros de largo.
"Esta llegó hoy. Murió con sus padres en un atentado con bomba". Sacude la cabeza. "La foto es nueva. La tomaron apenas unos días antes de su muerte".
Antes le encantaba mejorar las fotos, aumentando el contraste, ajustando la luz y buscando el tinte perfecto para las verdes hierbas y los azules cielos. Ahora ajusta los rojos de una poza de sangre.
El cambio, dice, empezó el año pasado, cuando aumentaron los atentados con coches bomba, los escuadrones de la muerte y las balaceras. En lugar de los pedidos normales de revelar fotos de cumpleaños, fiestas y partidos de fútbol, afligidos familiares entran a su tienda llevando instantáneas de parientes matados hace poco y pidiéndole a Farouq ayuda para crear retratos fúnebres.
Al principio, las peticiones le parecían raras. Pero antes de que se diera cuenta, se convirtieron en la principal actividad de su negocio.
Algunos familiares simplemente quieren ampliaciones para mostrar en los funerales. Otros prefieren elaborados collages, combinando de fotografías de los difuntos con imágenes de santuarios musulmanes o paisajes pintorescos. Algunos piden una faja negra sobre la esquina superior, otros prefieren telones de fondo coloridos, con flores, cascadas de agua o nubes. La mayoría termina con el nombre de la víctima y un breve verso del Corán.
Después del funeral, los retratos generados por ordenador usualmente terminan en la casa de las familias. "Cuelgan las fotografías de la pared para ayudarles a recordar", dijo Farouq.
Trabaja estrechamente con Samir Abdul Munim, un escultor de Bagdad que ahora se gana la vida restaurando fotografías dañadas y, más recientemente, haciendo collages fúnebres.
"A medida que muere más gente, tiene más trabajo", dijo.

En un estudio encima de la tienda de Farouw, Munim revisaba opciones de los fondos que ofrece a sus clientes. Los chiíes a menudo piden santuarios famosos, como la mezquita del imán Ali en Nayaf, o retratos pintados de mártires, como el del imán Hussein, el héroe del siglo siete que era hijo de Ali y nieto del profeta Mahoma. Los sunníes se inclinan por escenas de la Meca.
Un pedido reciente empezó con una instantánea de un niño de tres o cuatro años que llevaba una camiseta de baloncesto de color naranja. Estaba sentado orgullosamente en un triciclo de plástico, sus rodillas arañadas apretujadas contra los lados.
Usando imágenes gráficas de ordenador, Munim transportó al niño al mundo de fantasía de Disneyland, muy diferente del Bagdad donde vive. Mickey Mouse baila junto a una valla blanca. El Pato Donald cuelga del manillar mientras Dumbo planea por arriba. ‘El Mártir Feliz', dice la leyenda.
Munim no sabe la edad del niño ni las circunstancias de su muerte. Es demasiado doloroso para indagar en ello.
"No pregunto detalles", dice. "No quiero saber".
Los retratos pueden reflejar la personalidad de los difuntos. Para una persona que no era particularmente religiosa, se puede utilizar una puesta de sol. Una persona de Nayaf podría ser colocada frente a uno de los santuarios famosos de la ciudad.
A veces los padres traen fotos militares de hijos muertos en combate, pero piden que los uniformes sean remplazados por ropas de paisano. Si una persona devota muere antes de haber hecho la peregrinación a la Meca, la familia puede querer un collage como fondo como un modo de realizar simbólicamente ese anhelo.
"Es un modo de rendir homenaje a los que han muerto", dice Munim.
Los collages fúnebres empezaron a aparecer en Iraq en los años noventa, pero eran relativamente raros. Al principio, eran hechos colocando fotos recortadas con tijeras, reordenándolas unas encima de otras, y luego fotografiando la nueva composición. Los retratos mejoraron dramáticamente después del derrocamiento de Saddam Hussein en 2003, cuando los diseñadores obtuvieron un acceso más fácil a nuevos ordenadores, equipos digitales y programas de software.
Farouq entró al negocio del procesamiento de fotos casi por accidente. Como un joven cristiano que creció en la sureña ciudad de Basra, fue encarcelado durante tres meses por el régimen de Hussein por negarse a hacer el servicio militar. En 1991, durante la Guerra del Golfo Pérsico, su familia se mudó a Bagdad cuando su casa fue destruida por bombas de racimo.
Farouq consiguió trabajos diversos, en una fábrica de comidas y vendiendo jabón y perfume en un puesto en la calle, hasta que un vecino lo estimuló a solicitar para la apertura de un laboratorio fotográfico. Para 2004, había ahorrado suficiente dinero como para abrir su propio negocio con algunos socios. (Uno de sus socios es un fotógrafo iraquí que trabaja para la oficina bagdadí del Times).
Al principio, el negocio de Farouq prosperó espléndidamente, pese al aumento de la violencia tras la invasión norteamericana. La caída de Hussein puso fin a las sanciones económicas y originó un aumento del gasto a medida que los iraquíes compraban artículos electrónicos importados, incluyendo teléfonos, antenas parabólicas y, felizmente para Farouq, cámaras.

Metido en lo que fue antes una de las avenidas comerciales más ajetreadas de Bagdad, Farouq estaba bien ubicado para sacar ventaja de la nueva situación. Sus máquinas procesadoras funcionaban las 24 horas del día y a veces estaba tan ocupado que tenía que quedarse a dormir en la tienda. Ganaba lo suficiente como para poder casarse, con una novia de su infancia en Basra. El mes pasado tuvieron su primer hijo.
Pero como otros muchos negocios pequeños en Iraq, Farouq descubrió que la vida se puso más difícil a medida que se prolongaba la ocupación norteamericana y empezaba la guerra civil. El año pasado, el conflicto sectario y el toque de queda declarado por el gobierno empezaron a paralizar el comercio. Los negocios se redujeron en un 75 por ciento, dice.
Farouq todavía trabaja seis días a la semana, pero el único negocio firme que no implique muerte y destrucción es la bullente demanda de fotos de pasaporte. "Todo el mundo está tratando de marcharse de Iraq", dice, encogiéndose de hombros.
Reconoce que los retratos fúnebres pueden ser depresivos, pero no se atreve a decírselo a los clientes.
Tampoco rechaza a los clientes que le traen rollos de películas con espeluznantes imágenes de explosiones, incendios o cuerpos. La mayoría son víctimas o sus familiares, que quieren documentar su sufrimiento con la esperanza de obtener indemnización de los militares norteamericanos o del gobierno iraquí.
Los clientes advierten rara vez a Farouq sobre el contenido de las películas, dice, quizás por temor que rechace los pedidos. Normalmente, no es sino hasta que inserta los negativos color ámbar en su máquina que ve las horribles imágenes. Un pedido reciente incluía fotografías de un chofer iraquí al que soldados norteamericanos habían matado en su coche. Los familiares dicen que el tiroteo fue un error. Otra familia necesitaba evidencias de que su edificio de apartamentos había sido destruido por la explosión de un coche bomba, pero en medio de los escombros había un cuerpo decapitado, una imagen que todavía persigue a Farouq. Las peores eran fotos de un hombre torturado y asesinado con un taladro eléctrico.
"Hay tantas fotos espantosas", dice.

Al principio, las imágenes le hacían llorar o le revolvían el estómago. Ahora, se han convertido en extrañamente normales.
"Me rompe el corazón, pero estas cosas se están haciendo comunes".
La nueva realidad de su trabajo ha sido difícil. Farouq se relacionaba antes estrechamente con las fotos que procesaba. Ahora que las imágenes se han convertido en algo tan espeluznante, trata de dejar su trabajo en la tienda, buscando consuelo en casa con su mujer y su hijo recién nacido. Como otros muchos iraquíes, está tratando de ahorrar dinero para dejar el país. Espera abrir un laboratorio fotográfico en algún otro lugar con menos tensiones.
"Me preocupa de que afecte mi psiquis", dice Farouq. "Esas imágenes están impresas en mi mente".

edmund.sanders@latimes.com

6 de mayo de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
rss

hijos de la vergüenza


[Andrea Núñez] Las víctimas del plan racial nazi demandan al estado noruego.
Según los planes del nazismo, a fines del siglo XX Alemania debía estar poblada de 120 millones de arios "pura sangre". Este fue el objetivo de Lebensborn, el programa eugenésico de las SS y que permitió el nacimiento de unos 160 mil niños en Alemania, Noruega, Dinamarca, Holanda y Bélgica. Hoy, 159 de sus víctimas exigen una reparación por los agravios que debieron sufrir debido a su origen.
Todo comenzó en 1935, cuando Adolf Hitler declaró ilegal el aborto por parte de mujeres 'arias'. Los vientos de la Segunda Guerra Mundial comenzaban a soplar y, poco tiempo después, el régimen comenzaba a promover dentro de sus huestes la procreación de un mínimo de cuatro hijos, para así, supuestamente, garantizar que la raza aria dominaría el mundo. De hecho, las madres que aportaban más de ocho vástagos eran condecoradas con una medalla de oro.
A medida que la ocupación alemana se extendía por Europa, también lo hacían los planes de una "raza superior". En 1940, cuando Noruega y los Países Bajos fueron ocupados, sus rubias y blancas mujeres fueron consideradas óptimas para los planes reproductivos del Reich.
En tiempos de ocupación, Noruega acogió a unos 350 mil soldados alemanes que fueron animados a relacionarse con las mujeres locales. Bajo la atenta mirada de Heinrich Himmler, el jefe de las SS, la idea tomó forma.
En lo que habían sido elegantes hoteles y residencias se instalaron los hogares Lebensborn [Fuente de vida] que acogieron a las mujeres que portaban en sus vientres el ‘non plus ultra' genético. Tras comprobar los rasgos arios de la madre, probar la identidad del padre y demostrar que no tenían problemas genéticos, las mujeres tenían derecho a mantención económica y cuidados médicos; pero también debían jurar fidelidad al régimen nazi y permitir el adoctrinamiento, lo que incluía el bautizo de los pequeños en un altar con la cruz gamada.
A diferencia de lo que sostenía alguna vieja película, los hogares Lebensborn –que llegaron a ser una veintena, nueve de ellos en Noruega– no eran burdeles, y las mujeres fecundadas distaban de ser prostitutas. Eran jóvenes normales que se embarcaban en relaciones pasajeras o noviazgos con los invasores. Los hijos de estos amoríos podían permanecer con sus madres o ser entregados en adopción a familias nazis si cumplían con los requisitos raciales, pero muchos también fueron abandonados al terminar la ocupación.
El plan sostenía que los niños nacidos bajo el programa y sus madres serían considerados germanos y trasladados a Alemania para continuar la ‘purificación racial'. Sin embargo, al terminar la guerra, una comisión noruega estudió el caso y determinó que madres e hijos eran ciudadanos de sus respectivas naciones, cerrando así un capítulo pero abriendo otro de violencia y discriminación por muchos años ignorado.

Hijos del Enemigo
Pese a que el programa también fue aplicado en Holanda y Dinamarca, donde nacieron cerca de 15 mil y cinco mil niños producto del mismo, respectivamente, fue en Noruega donde el Lebensborn dejó su herencia más negra. Hoy, los hijos de aquel descabellado proyecto rondan los 60 años y cargan con una infinidad de historias de violencia y discriminación. Porque en la Europa de postguerra, sobre todo después de la brutal represión de los nazis, ser ‘hijo de alemán' constituía un estigma desde cualquier punto de vista: para algunos, significaba la amenaza del enemigo dentro del territorio; para otros –los creyentes–, el fruto de un amor inmoral.
Muchas de las mujeres que tuvieron relaciones con los soldados de la Wehrmacht fueron enviadas a campos de concentración o a hospitales psiquiátricos. Eran consideradas deficientes mentales, y se concluyó que sus hijos también debían serlo, por lo que fueron utilizados incluso como conejillos de Indias en pruebas con sustancias como LSD, mescalina y otras, según han denunciado informes del Ejército de Noruega, de la Universidad de Oslo y de la CIA.
Muchos niños fueron internados en hospitales psiquiátricos sin siquiera hacerles pruebas, y sometidos en el interior de éstos a múltiples vejaciones. Otros fueron golpeados por sus familias cuidadoras, fueron agredidos física y verbalmente por compañeros de escuela o abusados sexualmente por sus profesores, y hasta hubo alguno que creció atado a una correa de perro.
Anni-Frid (Frida), la morena cantante de Abba, es parte de esta generación. Hija de un soldado alemán, su abuela y su madre fueron señaladas como traidoras. Esta última murió un par de años después y la pequeña familia tuvo que trasladarse desde el norte de Noruega a Suecia, huyendo de la estigmatización. Muchos años después, cuando la banda estaba en la cima de la fama, Anni-Frid conoció a su padre. "Demasiado tarde", dijo.
Aquellos hijos de los soldados alemanes que conocieron su origen y sufrieron las consecuencias fundaron en 1999 una asociación, llamada Krigsbarnforbundet Lebensborn, la que acaba de presentar un recurso ante la Corte Europea de Derechos Humanos, con sede en Estrasburgo. Se trata de 154 noruegos, cuatro suecos y un alemán, quienes exigen una indemnización individual de 65 mil dólares, y casi cuatro veces más para aquellos que vivieron situaciones extremas. La acción judicial, que documenta cada una de las demandas, afirma que el Estado noruego violó los derechos de los ciudadanos que se comprometió a proteger en la Convención Europea de 1953.
No se trata, sin embargo, de la primera acción judicial de este tipo. En 1999, la asociación presentó su primera demanda ante un tribunal de Oslo, en la cual acusaba a Noruega de haber actuado como cómplice en el plan eugenésico nazi, pero el gobierno adujo que el delito, de haberse cometido, estaba prescrito. En 2005, sin embargo, el estado reconoció responsabilidades y ofreció una indemnización de 20 mil coronas (1,75 millones de pesos, aproximadamente) a cada uno de los afectados, cifra que fue rechazada por los demandantes.
Los ‘niños de la vergüenza', que sufren los mismos achaques y enfermedades que sus coetáneos, saben mejor que nadie que la raza perfecta no existe.

6 de mayo de 2007
©la nación
rss

testigos del mal


[Craig Whitlock] A través del tiempo, testimonios sobre el mal en la Tierra.
Oranienburg, Alemania. Al final de esta apacible calle de vecindario, pasadas las ordenadas casas de campo de la preguerra y algo más allá de la cafetería que ofrece helados en este frío día de primavera, se asoma lo que queda de un campo de concentración nazi.
Son las 10:07 de la mañana y las aves trinan en las copas de los árboles, las voces de alegres escolares rebotan desde un patio de escuela cercano en la hora del recreo. Pero es al otro lado de las puertas del campo de Sachsenhausen. Dentro, a excepción del sonido del fuerte viento, es tan tranquilo como una tumba.
Los nazis construyeron Sachsenhausen en 1936 como prototipo de su creciente red de campos de concentración en rápida expansión. Con nueve atalayas y un diseño topográfico designado para una vigilancia óptima de los prisioneros, fue saludado por Heinrich Himmler, el líder de las SS y jefe de la policía alemana, como un "campo de concentración moderno, al día, ideal y fácilmente extendible".
A diferencia de muchos de los campos de exterminio de los nazis, Sachsenhausen estaba ubicado en una zona poblada, en las afueras de Oranienburg, una pequeña ciudad de unos 32 kilómetros al norte de Berlín Central. Los oficiales y gendarmes de las SS que atormentaron a las más de 200 mil personas que pasaron por el campo en el curso de nueve años -y asesinaron a unos cincuenta mil de ellos- vivían con sus familias en las casas suburbanas recientemente construidas fuera del perímetro del campo.
De la infraestructura original del campo no queda demasiado. Pero en el curso del tiempo se ha restaurado o reconstruido lo suficiente como para ofrecer un espeluznante e inolvidable recordatorio del mal que echó raíces ahí.
En la puerta principal, el cruel saludo de ‘ARBEIT MACHT FREI' -El Trabajo Libera- sigue estando labrado en el portón de acero, en grandes letras negras.
Justo dentro, dos chiquillas alemanas pasan lentamente por un sendero, mirando el oxidado alambre de púa y los postes de las vallas de concreto que en el pasado acorralaron a miles de prisioneros enfermos y famélicos. Es la primera vez que las niñas visitan un campo de concentración, algo que prácticamente todos los alumnos de secundaria alemanes deben hacer antes de la graduación.
"Es difícil imaginar lo que la gente que estuvo encerrada aquí tuvo que sufrir", dice Liza Rausch, 16, de décimo, de Bensheim, al centro-sur de Alemania. Unas cuarenta de sus compañeras están visitando Berlín. El grupo estaba dividido en cuanto a si querían salir de la capital para visitar Sachsenhausen, dijo. Pero al final, todas hicieron el viaje.
Su amiga, Julia Jannink, 17, dijo que la experiencia era "triste", pero necesaria. Pero se siente ligeramente irritada. La mayoría de los visitantes de Sachsenhausen hoy son grupos de estudiantes de otros países, como España, Holanda, Grecia y Noruega. Y algunos no pueden evitar las payasadas que son normales entre adolescentes: bromear, molestar, burlarse del entorno.
"Estoy sorprendida del poco respeto que muestran", dijo Jannink. "Simplemente pasan por aquí riéndose".
Sachsenhausen es visitado por unas 350 mil personas al año. Este fin de semana, unos cuarenta sobrevivientes volvieron para celebrar el 62 aniversario de la liberación del campo nazi.
La maleza cubre los terrenos barridos por el viento, junto con unos escuálidos dientes de león. En las últimas décadas se han plantado varios sicomoros y abedules, pero no hay nada vivo que sea anterior a la Segunda Guerra Mundial. Remolinos de polvo caracolean sobre la tierra desnuda en los senderos en torno al perímetro del campo.
Junto a una enorme zanja conocida como la Zanja de Ejecuciones -donde los nazis mataron sumariamente a miles de prisioneros-, un aspersor enganchado a una manguera de jardín riega un pequeño terreno cubierto de musgo marrón y verde. Un letrero dice que aquí se dispersaron las cenizas de "patriotas de todos los países europeos". En 1940, las SS construyeron un crematorio. A veces, negras nubes de humo colgaban en el aire de Oranienburg durante semanas.
Los reclusos originales de Sachsenhausen eran prisioneros políticos, enemigos interiores del Tercer Reich. A medida que la guerra se extendía por Europa, los prisioneros eran traídos acá desde toda Europa.
Las placas que adornan las paredes del campo rinden homenaje a ucranianos, belgas, luxemburgueses y otras víctimas. Una señal recuerda a 890 testigos de Jehová "que sufrieron por su fe cristiana en Sachsenhausen". Aquí también murieron judíos, aunque en menores números que en otros campos. Se estima que unos diez mil prisioneros de guerra soviéticos fueron asesinados en una sola masacre.
A las 11:07 de la mañana, Marta Gunn Dynna, 60, maestra noruega, atraviesa lentamente el sendero hacia la Zanja de las Ejecuciones. Ha estado trayendo estudiantes de su escuela secundaria cerca de Lillehammar desde 1992.
"Provoca una profunda y duradera impresión", dice. "Tratamos de que recuerden este período de la historia. Nadie debería olvidar lo que pasó. Para la gente joven de hoy es difícil de comprender".
Sachsenhausen fue arrollado por el Ejército Rojo Soviético el 22 de abril de 1945. Cuatro meses después, los soviéticos reabrieron Sachsenhausen como campo de prisioneros, esta vez para nazis y anticomunistas. Aquí estuvieron detenidas unas cincuenta mil personas, hasta que fue cerrado para siempre en 1950.
En 1961, el gobierno de Alemania del Este declaró el sitio un memorial de la lucha contra el fascismo. Pero no fue sino hasta la caída del Muro de Berlín en 1989 que Sachsenhausen se convirtió en un museo no ideológico.
A las 12:17 de la tarde, una adolescente norteamericana cruzó la puerta principal, llevando en una mano un bocadillo de salchichón y acunando un celular contra su oreja en la otra. "¡Es increíble!", dijo en voz alta, para que la oyera todo el mundo.

1 de mayo de 2007
22 de abril de 2007
©washington post
©traducción mQh
rss

vaticano termina con el limbo


[Tracy Wilkinson y Louis Sahagun] Un estudio, aprobado por el Papa, concluye que los bebés no bautizados van al cielo.
Roma, Italia. El limbo lleva en el limbo hace un tiempo, pero ahora va en camino de la extinción.
Una comisión del Vaticano que pasó años estudiando el concepto medieval, publicó el viernes un esperado informe, concluyendo que los bebés no bautizados van al cielo.
Eso podría revertir siglos de la tradicional creencia católica de que las almas de los bebés no bautizados, están condenadas a vivir toda la eternidad en el limbo, un lugar que no es ni cielo ni infierno. El limbo no es desagradable, pero no es un sitio junto a Dios.
La doctrina católica afirma que debido a que todos los seres humanos están contaminados por el pecado original, gracias a Adán y Eva, el bautismo es esencial para la salvación. Pero la idea del limbo cayó en desgracia entre muchos católicos, que lo ven como demasiado severo y no adecuado para la idea de un Dios misericordioso.
La Comisión Teológica Internacional del Vaticano dio a conocer sus conclusiones -con la aprobación del Papa Benedicto XVI- en un documento publicado por el Catholic News Service, una agencia de prensa de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos. La comisión es consultiva, pero el respaldo del documento por parte del Papa parece indicar la aceptación de sus conclusiones.
El limbo, dijo la comisión, "refleja una visión indebidamente restrictiva de la salvación".
"Nuestra conclusión", dijo la comisión en su informe de 41 páginas, es que hay "serias bases teológicas y litúrgicas para creer que los infantes no bautizados serán salvados y que gozarán de la felicidad eterna". La comisión agregó que aunque no es "conocimiento cierto", se entiende en el contexto de un Dios misericordioso y justo que "quiere que se salven todos los humanos".

Nunca Fue Doctrina Formal
La decisión de la iglesia de abolir el limbo se había esperado por largo tiempo. Benedicto y su predecesor, el difunto Papa Juan Pablo II, expresaron sus dudas sobre el concepto. Benedicto, cuando era todavía el Cardenal José Ratzinger y el principal defensor del dogma, dijo que veía al limbo como una mera "hipótesis teológica". Nunca parte de la doctrina formal, porque no aparece en las escrituras, el limbo fue retirado del catecismo católico hace quince años.
Del latín limbus, cerco o borde, el limbo refiere a un "estado de bienaventuranza natural" fuera del cielo, el destino de las almas de los bebés que no fueron bautizados y algunas personas virtuosas, tales como los fieles judíos que vivieron antes de Cristo.
En el siglo quinto, San Agustín declaró que, al morir, los bebés no bautizados iban al infierno. Pero en la Edad Media, la idea fue suavizada para sugerir un destino menos severo: el limbo.
En su ‘Divina Comedia', Dante caracterizó el limbo como el primer círculo del infierno y lo pobló con los grandes pensadores de la Grecia y Roma clásicas, así como de importantes filósofos islámicos.
El documento publicado el viernes dice que la cuestión del limbo se había convertido en un "urgente asunto pastoral" debido al creciente número de bebés que no reciben el rito bautismal. Especialmente en África y otras partes del mundo donde el catolicismo está creciendo, pero debe hacer frente a la competencia de otros credos, como el islam, las altas tasas de mortalidad implican que muchas familias viven en una iglesia que les dice que sus bebés no podían ir al cielo.
El Padre Thomas Weinandy, director general para la doctrina de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, dijo que el documento "trata el problema desde una perspectiva completamente nueva: si esos niños van al cielo, ya no tenemos que preocuparnos sobre el limbo".
"Aunque en realidad no elimina completamente el limbo", agregó Weinandy, "ofrece otros modos de tratar la salvación de los infantes que mueren sin estar bautizados".
El Padre jesuita Thomas Reese, del Centro Teológico Woodstock de la Universidad de Georgetown, elogió el cambio como "pastoral y sensible".
"Muestra que Benedicto no tiene miedo de revisar algo que la iglesia viene enseñando desde hace siglos y decir que no pertenece a lo esencial del credo católico", dijo Reese en una declaración por e-mail.
El Padre Thomas Rausch, teólogo de la Universidad Loyola Marymount, dijo que el documento "pone a la iglesia católica en una posición diferente a los evangélicos protestantes, que enseñan que si no tienes una relación consciente explícita con Cristo, no te puedes salvar".
Dijo que los teólogos católicos de generaciones anteriores tenían una frase en latín para decirlo: "Extra ecclesia nulla salus, que quiere decir que fuera de la iglesia no hay salvación, o que el bautismo es necesario para la salvación".
Rausch dijo que "la mayoría de los jóvenes católicos probablemente no saben nada del limbo", debido a que fue retirado del catecismo. "Así que no creo que este documento sea terriblemente revolucionario. Pero es un interesante ejemplo del desarrollo doctrinario en una iglesia que está viva y respondiendo a nuevos interrogantes".

Conservadores Escépticos
Los católicos conservadores criticaron todo intento de relegar el limbo al olvido.
Remover el concepto de las enseñanzas de la iglesia debilitaría la importancia del bautismo y desalentaría el bautismo de los infantes, dijo Kenneth J. Wolfe, columnista de Washington en el diario católico tradicionalista Remnant.
"Convierte el bautismo en una formalidad, una fiesta, en lugar de una necesidad", dijo Wolfe. "No habrá motivos para bautizar a los niños. Pone a la iglesia católica a la par con los protestantes".
También privaría a los líderes católicos de una herramienta en su lucha contra el aborto, agregó. Los sacerdotes han dicho a las mujeres durante largo tiempo que los fetos abortados no van al cielo, lo que en teoría era otro argumento para no interrumpir el embarazo. Sin el limbo, esos fetos presumiblemente no serán impedidos de vivir con Dios.
En la doctrina católica, el bautismo con agua sigue siento un paso fundamental para la salvación y el nuevo documento insta a los padres a continuar bautizando a sus hijos.
"No existe una salvación que no sea, por su naturaleza, cristiana y eclesiástica", dice el informe.

wilkinson@latimes.com
louis.sahagun@latimes.com
Wilkinson informó desde Roma; Sahagun desde Los Angeles.

23 de abril de 2007
21 de abril de 2007
©los angeles times
rss

por qué se oculta la memoria


[Jane E. Brody] Fuga disociativa: sabes que debes tener un nombre, pero no sabes quién eres.
De vez en cuando, gente aparentemente normal se sale repentinamente de sus vidas y desaparece, sin recordar quiénes son, de dónde vienen o qué hacían en sus vidas anteriores. Es un tema literario, pero también ocurre en la vida real.
El año pasado, un abogado del condado de Westchester -un marido de 57 años y padre de dos hijos, jefe de Boy Scouts y practicante- salió del garaje cerca de su oficina y desapareció. Lo encontraron seis meses más tarde viviendo bajo un nuevo nombre en un refugio para indigentes en Chicago, sin saber quién era ni de dónde venía.
Búsquedas en la biblioteca y contactos con la policía de Chicago no lo ayudaron. Su verdadera identidad fue descubierta gracias a un dato anónimo a ‘America's Most Wanted'. Pero cuando fue contactado por su familia, no tenía ni idea de quiénes eran.
En el lado imaginario, una pieza titulada ‘Fugue' está siendo representada en el Cherry Lane Theater de Nueva York. En esta, una mujer es encontrada deambulando por las calles de Chicago y es entrevistada por un psiquiatra. No recuerda su nombre y no puede recordar nada de su vida anterior a su llegada a Chicago. El resto de esta interesante pieza de Leonora Thuna es una exploración de un raro pero intrigante trastorno emocional, conocido técnicamente como fuga disociativa o amnesia disociativa.

Cambio Repentino
La gente con este problema abandona repetina e inesperadamente sus entornos físicos habituales y se embarcan en un viaje que puede durar entre algunas horas a varios meses. Durante el estado de fuga, los individuos pierden su identidad completamente, y asumen más tarde una nueva. No recuerdan sus nombres reales ni nada de sus vidas pasadas, y no reconocen ni a amigos ni a familiares. A veces ni siquiera pueden recordar cómo llegaron al lugar donde se encuentran.
Mientras que la pérdida de memoria puede ocurrir por muchas razones, la fuga disociativa no tiene una causa física o médica directa. Más bien, es precipitada por un severo estrés o suceso emocionalmente traumático que es tan doloroso que la mente parece cerrarse y borrar todo, como una falla en el disco duro del ordenador.
Pero a diferencia de un ordenador cuya información no guardada se pierde para siempre, la mayoría, si no todos los pacientes que sufren de fuga disociativa pueden eventualmente recuperar su memoria, normalmente de manera tan inesperada como cuando la perdieron.
Mientras se encuentran en estado de fuga, la gente no sabe que ha perdido la identidad y memoria, dice David Schacter, profesor de psicología en Harvard. Se echan a la calle, a menudo alejándose muchísimo de casa. Es sólo cuando se ven obligados a revelar alguna información biográfica que se dan cuenta de que no saben quiénes son, lo que puede desencadenar una búsqueda desesperada de su identidad.
En un revelador caso relatado primero por Berton Roueché en el New Yorker y más tarde en su libro ‘The Medical Detectives, Volume II' hace más de medio siglo, un hombre que se sentía cada vez más agobiado en el negocio de su suegro un día no se apareció en la tienda en Boston y se encontró más tarde en Nueva York. Sólo cuando tuvo que registrarse en el hotel y dar su nombre se dio cuenta de que no sabía quién era.
Después de numerosos intentos de descubrir su identidad, su pasado se reveló a sí mismo mientras estaba siendo entrevistado por un médico en el Hospital Bellevue, recordó. "De repente lo supe, lo recordé. Brinqué y grité. Chillé: ‘¡Lo sé, ahora lo puedo recordar! Me acuerdo del nombre de mi mujer. Se llama Mildred. Vivimos en Boston. Incluso te puedo dar la dirección. Y yo me llamo Uhlan, Walter Uhlan'".

Diagnóstico Difícil
Elkhonon Goldberg, profesor clínico de neurología en la Universidad de Nueva York y autor de tres libros sobre la mente humana, dice que un problema neurológico subyacente es la causa habitual de la amnesia. Cuando la amnesia tiene una base física, la pérdida de memoria normalmente no es total, sino más bien implica sólo una parte de la vida del paciente. A menudo se olvidan las cosas más recientes, mientras se conserva el recuerdo de sucesos del pasado remoto.
Cuando se examina a un paciente con pérdida de memoria que no tiene una causa física evidente, el primer paso, dijo el doctor Goldberg, es buscar una causa neurológica, como una lesión en la cabeza, un derrame, un encefalitis viral o una epilepsia del lóbulo temporal. En esos casos, además de una pérdida de memoria incompleta, usualmente se produce una pérdida de hechos individuales, como información biográfica. Sin embargo, cuando la pérdida de memoria abarca conocimientos genéricos sobre clases enteras de cosas, como por ejemplo cuántas alas tienen los pájaros, es más probable que la causa subyacente sea psicogénica, dijo Goldberg.
Cuando la amnesia tiene una causa orgánica, los pacientes normalmente no olvidan quiénes son, dijo Schacter. Ni se olvidan los recuerdos de sucesos que ocurrieron antes del problema físico. Pero esa gente puede ser incapaz de formar nuevos recuerdos.
Y a veces los casos de fuga tienen una causa psicológica precipitante junto a alguna forma de daño cerebral subyacente que puede ser revelado, digamos, por medio de un MRI funcional, o un escáner PET, de acuerdo a Morris Moscovitch, psicólogo de la Universidad de Toronto.
Otra dificultad que enfrentan los médicos en el diagnóstico de amnesia, dijo Schacter, es poder distinguir entre casos genuinos de pérdida de memoria y amnesia inventada de farsantes -gente que está huyendo de problemas financieros, por ejemplo, o que han cometido un delito o que simplemente quieren un poco de atención. Análisis neuropsicológicos realizados por expertos a menudo pueden descubrir a los farsantes, pues dan resultados tan pobres en los análisis que se hace evidente que están manipulando sus respuestas.
Otros modos de descubrir al paciente deshonesto incluyen evaluar si los pacientes están haciendo un esfuerzo genuino para responder correctamente las preguntas y si tienen motivos aparentes para pretender que no recuerdan quiénes son.

Archivos Desordenados
En el caso del abogado de Westchester, que había perdido todo recuerdo de su vida anterior, su esposa proporcionó información básica que sugería que su amnesia pudo haber resultado de una prolongada estrés post-traumática. Era veterano de la Guerra de Vietnam que había pasado entre las dos torres del World Trade Center el 11 de septiembre de 2001 minutos antes de que fueran impactadas por el primer avión. Después vivió un retorno de dolorosos recuerdos de su experiencia en la guerra y debió ser tratado por depresión.
La escritora Leonora Thuna fue la primera en acercarse al tema de la fuga después de leer un artículo en Los Angeles Times. Una atractiva rubia fue recogida por la policía después de haber sido encontrada vagando por las calles de Los Angeles, sin saber quién era ni qué estaba haciendo allí. Después de que su fotografía apareciera en el diario, su familia la reconoció y fue a recogerla, pero cuando llegaron, ella no tenía ni idea de quiénes eran.
Casos similares han ocurrido en otros lugares, como el del hombre de 40 años, de Olympia, Washington, que de algún modo llegó a Denver, donde deambuló por las calles solo y confundido hasta que finalmente pidió a médicos y a la policía que le ayudaran a descubrir su identidad.
En la investigación de los estados de fuga, Thuna se enteró de algo reconfortante: "La memoria no se pierde nunca. Está siempre ahí. Simplemente se cayó del archivador".

22 de abril de 2007
17 de abril de 2007
©new york times
©traducción mQh
rss

el ladrón de bicicletas


[Bruce Wallace] Los agentes de policía de Tokio llegan a extremos, lo que es a la vez reconfortante e inquietante para un periodista que no le pone el candado a su bici.
Tokio, Japón. Esta historia empieza con un delito.
En circunstancias normales, no hay ninguna razón por la que alguien quiera robar mi bici. Es un modelo básico común y corriente de 150 dólares. Era la bicicleta más grande en los grandes almacenes japoneses donde la compré y todavía es demasiado pequeña para mí. La cadena rechina a cada vuelta, aunque eso puede tener que ver más con el hecho de que la dejo en la lluvia y ahora la bici está cubierta de óxido.
Tiene un timbre, pero no un foco tal como exige la ley japonesa, y es, como se verá, un delito menor que la policía japonesa prefiere implementar.
Pero el tipo que se robó mi bicicleta frente a una estación de trenes de Tokio un sábado noche hace poco no andaba buscando nada elegante. Estaba borracho -era día de paga y se había excedido en la celebración. Se había quedado dormido y lo habían bajado del último tren de la noche en la última estación de esa línea. Era un delito por necesidad: Robar la bici, o caminar.
Mi bicicleta estaba disponible porque nunca le puse un candado. Ni siquiera cuando la dejo por la noche frente a una ajetreada estación de trenes.
Este es Japón. Nadie te roba tus cosas aquí. El lugar más seguro del mundo desarrollado. Puedes corroborarlo en las guías turísticas.
Por supuesto, es un estereotipo bobo. La tasa de criminalidad de Tokio puede ser mucho más baja que en Los Angeles, pero eso no quiere decir que esté libre de delincuentes de poca monta (o ladrones, asesinos y mafiosos). Pero quédate aquí por un tiempo, y empezarás a acumular experiencias anecdóticas para alimentar el agrado. He sido seguido por gente que quería devolverme la moneda que se había caído de mi bolsillo. Una vez olvidé mi celular en el parque, volví a la mañana siguiente, y lo encontré en la banca donde lo había dejado.
Después de mudarme de Tokio a Londres, donde tu celular no está seguro ni siquiera en tu propio bolsillo, eso lo encontré asombroso. Después de vivir en un tiempo en una sociedad de baja criminalidad, los viejos hábitos cambian. Podía dejar mi maleta despreocupadamente en un tren, por ejemplo. Y dejé de ponerle el candado a mi bici.
La dejaba sin candado frente a tiendas y restaurantes, enrollado inútilmente debajo del sillín. La dejaba toda la noche en el jardín, sin cadena. Durante unas vacaciones de verano, dejé sin candado, en el jardín, las cuatro bicicletas mi familia durante tres semanas.
Así que me sentí más intrigado que enfadado cuando volví esa mañana del domingo a recoger mi bici y no la encontré.
En serio. Yo estaba tan sorprendido que pensé que los siempre eficientes cuidadores de bicicletas de Tokio podían haberla incautado por no estar aparcada en un aparcadero de bicis. Tokio está inundado de bicis, y pese a las largas hileras de aparcaderos en todas las estaciones, nunca hay suficiente espacio.
Un día después, todavía estaba pensando en visitar el parque de bicis incautadas cuando me llamó, a mi casa, un agente de la comisaría de la Policía Metropolitana de Tokio.
El agente Shinya Yoshioka había recuperado la bici y capturado al ladrón.

El agente Yoshioka trabaja en una pequeña avanzada de dos cuartos llamado koban, una presencia normal en los barrios con policía de Japón. Esas subestaciones están repartidas por todos los barrios japoneses, como una manera de que la policía controle las idas y venidas y, al menos en teoría, intervenga rápidamente en un crimen o un accidente.
En mi experiencia, los koban son apenas algo más que glorificadas cabinas de información donde la gente entra a pedir direcciones. Lo más común en un koban es ver a un agente uniformado agachado sobre un mapa en su escritorio, trazando una ruta con su dedo ante un confundido ciudadano.
Pero fue desde su koban en Suginami Ward, a unos cinco kilómetros de mi casa que Yoshioka divisó al ladrón de bicicletas. Era pasada la medianoche, y los polis estaban controlando las conductas sospechosas. Suginami es un barrio con un gran riesgo de robo, me dice Yoshioka más tarde (otro golpe al estereotipo), uno de los peores de Tokio.
El tipo que se robó mi bici estaba obviamente muy borracho, lo que es en sí mismo un delito, explica Yoshioka. La enorme mochila a su espalda también llamaba la atención: Podría llevar herramientas para entrar a robar en casas.
Y la bici no tenía luz.
Así que Yoshioka lo hizo parar.
Increíblemente, el ladrón paró. Esto lo dice todo sobre el respeto hacia la autoridad de los japoneses. Los polis estaban a pie. El ladrón en una bici. Los polis japoneses no pueden portar armas. Colocas a un ladrón de bicis angeleño en la misma situación y seguro que sigue pedaleando. Subiría la velocidad. Quizá hasta se riera.
Tras decidir que no llevaba nada parecido a una palanqueta para abrir una ventana o puerta, los polis examinaron la bici. ¿Dónde la compró? El ladrón intentó terminar con sus sospechas.
"La compré", dijo. "Por treinta dólares".
Error. Demasiados detalles. Nadie vende una bicicleta por treinta dólares, le dijeron los polis. Se lo llevaron a la comisaría para interrogarlo y cuarenta minutos más tarde había confesado.
Bonito trabajo, le digo a Yoshioka cuando me cuenta la historia. Pero ¿qué habrías hecho si no hubiera parado?
"Lo habríamos perseguido con nuestras bicis oficiales", dice. Apunta hacia una chancha destartalada con una cesta en la parte de atrás.
"¿Corre?", pregunto.
"Oh, no puede competir con la suya", dice. "Pero haríamos todo lo posible".

Yoshioka supo que la bici era robada tan pronto como controló el número de inscripción en la pequeña pegatina amarilla que se estampa en todos los marcos de bici en Japón. Una llamada al centro de información y Yoshika supo que yo era el dueño de la bici, sabía dónde vivía y, por alguna razón, sabía mi edad.
Me llamó a casa. ¿Cuándo pasaría a recogerla?
Yoshioka quería devolver la bici personalmente. Yo habría tenido que dar más detalles, tales como indicar en un plano el lugar preciso donde me robaron la bici (para cerciorarse de que coincide con la versión del ladrón). Fijar una hora que nos conviniese a los dos tomó algo de trabajo, y fue negociada en varias llamadas entre Hisako Ueno, un periodista del Times y un intérprete.
Cuando la mañana del día indicado se echó a llover, Yoshioka llamó para proponer otra fecha hasta que pasara el mal tiempo.
Esta bici robada le quita un montón de tiempo a la policía, le dije a Hisako. ¿No es extraño?
De ningún modo, dijo Hisako. Me habló sobre cuando denunció el robo de su bicicleta a la policía. Cuando varios días después llamó para decirme que la había encontrado abandonada cerca de una estación de trenes, le dijeron que la dejara donde estaba, pues el ladrón podría volver por ella.
Dos detectives vigilaron su bici durante seis horas. El ladrón no apareció nunca.
Cuando llego finalmente a la comisaría, Yoshioka no está allí. Está de guardia en el koban, así que en lugar de él, me introducen a Nobuo Taguchi, el jefe de la comisaría regional, que se ocupará de los papeleos necesarios para recuperar mi bici.
Taguchi nos empuja a Hisako y yo a una pequeña habitación sin ventanas. Deja caer sobre la mesa u archivo con los papeles del caso. Desliza hacia mí dos fotografías Polaroid.
Muestran al ladrón parado tímidamente frente a la estación de trenes. En las dos tomas, aparece indicando una cadena en la valla. Es una práctica habitual de la policía japonesa que los sospechosos sean llevados al lugar donde cometieron el crimen para que confiese sus fechorías. "Ahí es donde se llevó la bici", dice Taguchi.
Reconozco el lugar. No es dónde yo aparqué la mía.
Bastante cerca, le digo a Taguchi.
Estaba muy ebrio, dice Taguchi.
Los polis tomaron al ladrón las huellas dactilares y le hicieron una instantánea. Pero como yo no había denunciado que mi bici había sido robada, la policía decidió dejarlo marcharse con una reprimenda.
No es que a mí me hubiera gustado ver en la cárcel a este papá de 23 años con dos hijos. "Era un buen padre", dice Taguchi. "Todavía no ha abierto el sobre con su paga de la semana. Lo llevaba a casa para entregárselo a su mujer".
Firmo un documento declarando que la bici me ha sido devuelta "sin mayores daños" y reconociendo que el ladrón "se arrepentía de lo que había hecho". Miro el papel. Está en japonés, pero puedo ver que la policía ha tasado mi propiedad en menos de cincuenta dólares. Por un momento, me siento insultado.
Pero Taguchi parece complacido de que haya venido a reclamar la bici. Saca mi humilde bici de la bodega y me la entrega como un padre orgulloso a un hijo en Navidad. Le muestro el candado enrollado debajo del sillín y nos reímos. Taguchi inclina la cabeza cuando salgo.
Todavía quiero agradecer a la agente Yoshioka por atrapar al ladrón y por sus llamadas para arreglar la entrega de la bici. Así que con Hisako llevo la bici hasta su koban, a un kilómetro y medio de distancia.
Lo elogio por su buen trabajo. Repito la degradante frase sobre que soy demasiado holgazán como para dedicar tres segundos a ponerle el candado a la bici.
El agente insinúa la más leve de las sonrisas. De ahora en adelante, le pondré candado, le prometo rápidamente.
"Por favor", dice.
Nos decimos adiós y me monto en la bici para volver a casa. Me apachurro mucho más de lo habitual.
Pero el tipo no estaba suficientemente borracho como para no ajustar el sillín, refunfuño.
Lo vuelvo a levantar hasta el tope y empiezo a pedalear. Oigo el familiar quejido de la cadena oxidada. Acelero.
Está obscureciendo. Y todavía no tengo foco.

Hisako Ueno contribuyó a la recuperación de la bici.
bruce.wallace@latimes.com

7 de abril de 2007
28 de marzo de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
rss

sobre los tomates


Desde los tradicionales hasta los redondos, y como quieras que los cortes, los tomates dominan el verano.
Ningún otro producto del verano es tan apreciado como el tomate. Te puedes dar cuenta cuando miras las colas que se forman en las ferias agrícolas donde se venden los mejores tomates tradicionales. Hace poco, en el puesto de Nourse Farm en el Old Northern Avenue Bridge, los clientes se agolparon en torno a una bandeja con muestras de tomates morados de Cherokee, de tomates Moskovich, y de tomates morados de Pruden. "Mmm, el morado de Cherokee es mi favorito", dijo un hombre mientras escogía de un cubo. Una mujer prefirió los morados de Pruden, ligeramente deformes y de un brillante rosado, mientras otro mezclaba diferentes variedades de tomates frescos tradicionales para preparar una colorida ensalada. Era un típico día de euforia en la temporada alta del tomate.
Los brillantes y rojos frutos se aparecen también en los patios traseros, ya que son a menudo el único cultivo que se intenta más allá de una maceta de perejil. En las tiendas de abarrotes, el consumo se ha disparado en los últimos años, y los consumidores parecen no cansarse nunca. Los dueños de restaurantes también los adoran. Steve Johnson, cocinero y propietario del restaurante Rendezvous, en Cambridge, dice que su local en la Plaza Central utiliza en el verano entre 22 y 27 kilos a la semana, todos de la variedad tradicional. Una presentación favorita es amontonar unas rodajas y salpicarlas con maíz y una vinagreta de jerez, y montones de albahaca fresca.
Los tomates tienen muchas cualidades que gustan a la gente: Son un piquín dulces, un piquín agrios, a veces ácidos, y tiene un poco del encantador y sabroso quinto sabor llamado umami, dice Marcia Pelchat, de Monell Chemical Senses Center, de Filadelfia. Pelchat, psicóloga sensorial, dice que la popularidad va más allá del sabor. El aroma también cuenta.
Y la familiaridad, dice la psicóloga, cuenta todavía más: Nos gustan los tomates porque los conocemos. "A la gente le gustan las cosas familiares", dice. Piensa que al principio se hicieron populares por razones económicas; son fáciles de cultivar y hay montones de variedades. Debido a que son abundantes y baratos -y a que los comían nuestros padres y abuelos-, nosotros también los comemos.
El recuerdo y la tradición pueden tener algo que ver con el hecho de que muchos de nosotros insistimos en comer tomates sólo de cierto lugar, o de cierta variedad, o en cierta época. Los tomates están entrelazados con recuerdos felices. Los niños cuyos padres tenían patios traseros pueden recordar cuando recogían tomates tipo cereza de las ramas y los comían todavía calientes por el sol. O cuando ayudaban a un abuelo italiano a preparar salsa de tomate al final del verano.
Los tomates tienen un alocado pasado. Se cree que provienen de América del Sur y que fueron primero cultivados en América Central, y llevados a Europa por exploradores del Nuevo Mundo. Aunque los europeos del sur los adoptaron de buena gana, los ingleses y otras culturas de Europa del Norte al principio pensaban que los tomates eran venenosos.
A fines del siglo diecinueve, un emprendedor importador estadounidense trató de demostrar en tribunales que el tomate, técnicamente una fruta, debía estar exento de pagar el arancel a las verduras; al final, el alegato fue rechazado. En la cocina, los tomates son tratados como verduras. En los años treinta, un campesino del oeste de Virginia plantó una planta que produjo tomates de casi un kilo. Decía que las plantas de un dólar podían alimentar a una familia de seis personas. Llamó Mortgage Lifters a su variedad, y pagó su casa en cuatro años.
A fines de siglo, otro tomate causó una temprana controversia biogenética cuando se experimentó con el tomate Flavr Savr a principio de los años noventa. Los tomates modificados genéticamente eran muy rojos, pero no se ablandaban, y tenían una vida más larga. Los norteamericanos estaban preocupados por el aspecto bio-técnico, pero al final los tomates Flavr Savr fueron rechazados por una importante razón: No sabían a nada.
Hoy se habla mucho sobre el sabor de los tomates. Los puristas dicen que sólo los frutos locales de temporada tienen el verdadero sabor. Pero una asombrosa gama de tomates que crecen en el sur y en otros países demuestran lo contrario. En un supermercado Shaw en Dorchester la semana pasada, se exhibían tomates de racimo criados en la mata, cultivados en Canadá. También había tomates redondos criados en invernaderos, tomates tipo ciruela, tomates romanos, tomates orgánicos, tomates tipo cereza en la mata, tomates tipo fresón un poco más grandes (en forma de fresa y dulces), y tomates metidos en mallas.
La variedad es una tendencia, dice el gerente de productos de Shaw, Skip White. "Estamos siempre buscando variedades y sabores". Recuerda que hace más de veinte años, el objetivo era la perfección y la disponibilidad. "Todo el mundo andaba ansioso por ofrecer tomates todo el año". Los productores introdujeron el tomate resistente al tiempo.
La ola se ha revertido, dice, porque la producción en invernadero empezó a despegar hace unos quince años. La mayoría de los tomates que vende son cultivados en Florida o México, aunque también los producen España, Holanda e Israel. Piensa que los productores mexicanos son los más innovadores y "Florida trata de venderte lo mismo de siempre".
Los tomates enmallados son llamados Feos Maduros [UglyRipe], por Santa Sweets, de Florida, que reclama haber desarrollado los populares y pequeños tomates tipo uva. De forma muy desigual, los ‘feos' se venden bien, dice White. "El único problema es que la demanda supera la oferta". Cree que la mayoría de los tomates en la mata no tienen tanto sabor como se cree, pero los consumidores adoran el ‘romanticismo' del tomate en la mata.
Este año espera ansioso los tomates orgánicos de la Happy Valley Organic Cooperative en la zona de Amherst. Aunque White dice que le encantaría comprar en la zona, es difícil que los supermercados los puedan adquirir consistentemente.
El granjero Ryan Voiland, cuya Red Fire Farm en Granby ganó importantes premios en el torneo de tomates del estado este año, y el pasado, dice que los tomates "son un cultivo que requiere muchos cuidados". Con más de tres kilómetros de campo, está cultivando sesenta variedades, muchas tradicionales, y entre diez y quince variedades de tomates cereza, desde los Matt's Wild Cherry hasta Sungold. Los tradicionales presentan desafíos especiales. "Entre el 50 y el 75 por ciento de los cultivos deben ser mejorados por razones cosméticas", lo que quiere decir que los cortes y otros defectos "no se venden".
Los favoritos de Voiland son los Jet Stars, sólidos tomates para ser cortados, de bonita textura, que utiliza en sus bocadillos de todos los días. En cuanto al sabor, "prefiero las variedades tradicionales". Estas incluyen los brandywines, los alemanes, y los morados de Cherokee. Y, claro, los tomates Aunt Ruby Green, "un tomate deliciosamente dulce". Terminado el verano, el granjero no se ocupa de los tomates. "Fuera de temporada, no me interesan", dice.
Steve Johnson, de Rendezvous, piensa del mismo modo. Cuando no es la temporada, dice, "no los servimos". Admite que su lado "idealista" como chef, y su lado como empresario, a veces entran en conflicto, cuando los clientes piden tomates en invierno. "Pero para mí hay un par de cosas que son sagradas: el maíz y los tomates. Cuando se acerca el verano, me pongo ansioso".
Johnson también tiene sus tomates favoritos. "Me gusta el tomate alemán Johnson, aunque reconozco que tengo intereses creados". También le gustan los morados de Cherokee, y la variedad Green Zebra. Ahora mismo, su cocinero, Deepak Kaul, está criando tomates en el tejado de su restaurante. Es un experimento, dice Johnson, y ha amenazado con abandonar el proyecto debido a la cuenta del agua.
Sería más práctico plantar hierbas, dice, pero aprecia la iniciativa del tomate. Después de todo, estamos en la temporada del tomate y andamos afiebrados. Como dice Voiland, de Red Fire Farm, los tomates son "la personificación del fin del verano".

11 de marzo de 2007
23 de agosto de 2006
©boston globe
©traducción mQh
rss

entre sacerdote y brujo


[Travis Fox] Haciendo trabajar los misterios del islam y la numerología.
N'djamena, Chad. A las nueve y media de la mañana, cuando Yagoub Ali Hamid sale de su casa de color amarillo pálido para cruzar por el arenoso patio que conduce a su oficina, el aire está todavía frío. Su túnica gris y azul, de cuadros escoceses, roza el suelo cuando sus negras sandalias se hunden en la tierra. El sonido de un generador al otro lado de la calle rompe la paz y tranquilidad de un domingo por la mañana.
En su polvorienta oficina, Hamid extiende una estera de oración en el suelo, coge una aguja de bambú y empieza a escribir sobre un loh, un trozo rectangular de madera con un asa en un extremo y dos agudas puntas en el otro.
"Alabada sea la Majestad de nuestro Señor".
Continúa pasando en limpio el capítulo Jinn del Corán, la sección del libro sagrado musulmán que trata de las criaturas invisibles conocidas como jinn, que en la cultura occidental engendraron la leyenda del genio de la botella. Canta en voz alta los versos mientras avanza en la madera.
Pero este no es un ejercicio religioso. Hamid es un faki, una mezcla únicamente africana entre un clérigo musulmán y un hechicero. La gente busca su ayuda para todo: para curar una tos, por ejemplo, o predecir el futuro. Los empleados del gobierno son clientes regulares, dice, especialmente cuando esperan ser ascendidos.
"Entre nosotros hay gente recta, y gente que es lo contrario".
Las palabras marcan el comienzo de un tratamiento de cuarenta días que Hamid preparó para ayudar a uno de sus pacientes que sufre de apoplejía. "Lo trataron en Egipto, en Sudán y en Camerún, pero sin resultados", dice Hamid. "Pero si me visitan a mí, resulta".
Coloca el loh sobre la estera y coge un libro, ‘El fuego como método para librarse del demonio', y lo sacude en el aire. Se fanfarronea sobre su tasa de resultados: "Si me traes a un loco, te juro que lo curo. Lo he hecho muchas veces".
A las diez menos cuarto, tres primos pasan por la cortina de cordones que separa la oficina de Hamid del patio y se sientan en un sofá. Hamid, pasando del árabe a la lengua tribal zaghawa, les pregunta a qué han venido. Alguien les robó 200 dólares, dice, y quieren que Hamid les ayude a recuperarlos.
"Confiamos en él porque cree en el Corán y se lo pedirá a Dios", dice Mahamat Khatir, 22, sentado entre sus dos primos. "El faki recuperará el dinero".
Mientras los jóvenes cuentan la historia, Hamid hurga entre libros y papeles, amontonados en el suelo y sobre una pequeña mesa. En la pared sobre él cuelga una fotografía de la Gran Mezquita en la Meca. Cinco minutos más tarde, encuentra lo que estaba buscando: cuentas de oración.
Hamid pregunta el nombre a cada uno -Segei Dermai, Mahamat Khatir y Bakhit Haran. Luego, basándose en una fórmula que asigna un número a cada letra, suma el total que representan sus nombres. Desliza las cuentas en la cuerda, contando: "Uno, dos, tres..." Hamid pregunta los nombres de sus madres y repite el proceso.
"Puedes encontrar muchas cosas si sabes el nombre de la madre de alguien", dice, sonriendo ampliamente.
Finalmente, los hombres entregan el nombre de la persona de la que sospechan que les ha robado el dinero. Utilizando los números asociados con todos esos nombres, Hamid dice que puede determinar si el acusado es en realidad culpable. Coge otro libro, ‘Tu futuro desconocido', y salta hasta una página llena de diagramas y cifras.
"Está todo aquí", dice, apuntando a la fórmula que dice que lo ayudará a determinar el significado de todos los números y nombres correspondientes.
Los primos dejan dos dólares en el suelo junto a Hamid y se levantan para marcharse. Hamid les dice que vuelvan al día siguiente con un viejo de la familia. Le preocupa que si entrega el nombre del ladrón a los jóvenes, estos puedan vengarse.
"Me preocupa que los chicos lo maten", dice Hamid. El reloj en la pared entona una melodía. Son las diez de la mañana.
Nuevamente solo, Hamid coge otro loh y empieza a escribir, esta vez grabando símbolos intercalados con letras árabes. Se guarda el secreto de su significado. "Es un secreto", dice.
Una hora y media más tarde, ha terminado cuatro maderos, por los dos lados. Acarrea agua desde el patio y vuelve a su oficina. Después de pasar la mañana escribiendo, recoge uno de los maderos y lo lava suavemente, dirigiendo cuidadosamente el agua entintada hacia un cubo azul encima de su esterilla de oración. El agua, ahora gris claro, es el siguiente paso en el tratamiento de su cliente.
"Le daré este agua para que se bañe", dice.
Al mediodía, su trabajo por el día ha terminado. Hamid cubre el cubo de agua y sale de la oficina para descansar antes de las oraciones del mediodía.

12 de febrero de 2007
15 de febrero de 2007
©washington post
©traducción mQh
rss