servicio secreto implicado en atentado
Servicio secreto paquistaní implicado en atentado contra embajada estadounidense.
[Elisabeth Bumiller y Jane Perlez] Washington, Estados Unidos. Altos oficiales militares del país dijeron el jueves que el servicio de espionaje de Pakistán jugó un papel directo en el apoyo a los insurgentes que realizaron el mortífero atentado contra la embajada norteamericana en Kabul la semana pasada. Fue la acusación más grave hecha por Estados Unidos contra Pakistán en los diez años que lleva de guerra en Afganistán.
El almirante Mike Mullen dijo que las evidencias demostraban que el servicio de inteligencia paquistaní estaba detrás del atentado de junio contra el Hotel Intercontinental de Kabul.
En comentarios que fueron los primeros en vincular al servicio de espionaje, el Directorado de Inteligencia Inter-Servicios (ISI), con el atentado contra Estados Unidos, el almirante Mike Mullen, que preside el Comando Conjunto, fue más lejos que todos los otros funcionarios estadounidenses en condenar al ISI por minar la campaña estadounidense en Afganistán. Sus observaciones ciertamente debían desgastar la frágil relación de Estados Unidos con Pakistán, un aliado nominal.
Estados Unidos ha dicho siempre que el servicio secreto de Pakistán respalda a la red Haqqani, basada en las áreas tribales de Pakistán, como un modo de extender la influencia paquistaní en Afganistán. Pero el almirante Mullen dejó en claro que creía que el apoyo se extendía cada vez más a publicitados atentados en Afganistán directamente contra blancos norteamericanos.
Entre estos, un atentado con camión contra un puesto de avanzada de la OTAN al sur de Kabul el 10 de septiembre, que mató al menos a cinco personas e hirió a 77 soldados de la coalición -uno de los peores números de baja de tropas extranjeras en un solo ataque en la guerra- así como el asalto contra la embajada, que se cobró la vida de dieciséis policías y civiles afganos.
"Los operativos de Haqqani planearon y realizaron el atentado con camión bomba, así como el asalto contra nuestra embajada", dijo el almirante Mullen en una audiencia de la Comisión de Servicios Armados del Senado. "También tenemos evidencias creíbles de que están detrás del atentado del 28 de junio contra el Hotel Intercontinental en Kabul y un puñado de otras operaciones más pequeñas y efectivas." En resumen, dijo, "la red Haqqani actúa como un verdadero brazo de la Inteligencia Inter-Servicios." Sus observaciones formaban parte de un esfuerzo deliberado de funcionarios estadounidenses para aumentar la presión y quizás allanar el camino de más ataques con aviones no tripulados u operaciones incluso al otro lado de la frontera de Pakistán para sacar a los insurgentes de sus refugios. Oficiales militares estadounidenses se negaron a discutir las medidas que se estaban tomando, aunque las declaraciones del almirante Mullen dejaron en claro que enfrentarse a los Haqqani se había convertido en una prioridad urgente.
El jueves, Rehman Malik, ministro del Interior de Pakistán, rechazó las acusaciones de Estados Unidos de que el ISI estuviera implicado en los atentados en Afganistán. "Niego categóricamente que el ISI haya estado implicado en este atentado", dijo en una entrevista con Reuters. "No tenemos la política de atacar o de colaborar en ataques a través de fuerzas paquistaníes o de cualquier grupo paquistaní." También dijo que su gobierno "no permitiría" una operación estadounidense dirigida contra la red Haqqani en Waziristán Norte, una remota parte de la anárquica región tribal de Pakistán.
Malik indicó que los funcionarios estadounidenses habían amenazado el martes en reuniones en Washington con el director del ISI, al teniente general Ahmed Shuja Pasha, diciéndole que las tropas norteamericanas estaban preparadas para cruzar la frontera de Afganistán y atacar a los militantes de Haqqani. Un funcionario estadounidense sólo dijo que David H. Petraeus, el nuevo director de la Central de Inteligencia Americana, le había dicho al general Pasha que la CIA continuaría su campaña de ataques con aviones no tripulados contra los Haqqanis en Pakistán y los perseguiría en Afganistán.
"El pueblo paquistaní no aceptará nunca botas en nuestro territorio", dijo Malik en una entrevista con Reuters. "Nuestro gobierno está colaborando con Estados Unidos, pero también deben respetar nuestra soberanía."
Un alto funcionario estadounidense dijo el jueves que no se había tomado ninguna decisión sobre las acciones que emprendería el gobierno de Obama contra los Haqqanis.
Las operaciones ilegales norteamericanas en Pakistán son raras -sólo dos, incluyendo la redada que terminó con la muerte de Osama bin Laden en mayo, se han hecho públicas-, aunque algunos funcionarios de la inteligencia estadounidense alegan que se necesitan redadas terrestres más agresivas en Pakistán.
Estados Unidos le da a Pakistán más de dos mil millones de dólares por concepto de ayuda al año, aunque este verano el gobierno de Obama decidió suspender y en algunos casos cancelar cerca de un tercio de esa ayuda este año. En total, se podrían ver afectados unos ochocientos millones de dólares en ayuda y equipos militares.
La suspensión tenía por objetivo castigar a Pakistán por expulsar este año a instructores militares y presionar a su ejército para que luche con más efectividad contra los militantes. La decisión fue tomada después del ataque contra bin Laden en Pakistán, donde el líder de al Qaeda había estado viviendo cerca de una importante academia militar.
El almirante Mullen debe jubilarse a fin de mes, y viniendo de él, las declaraciones tenían un peso excepcional. Había sido durante años el oficial militar estadounidense que dirigía los esfuerzos para mejorar la cooperación con los paquistaníes. Pero desde la captura de bin Laden, las relaciones han alcanzado su nivel más bajo. Funcionarios paquistaníes reaccionaron indignados de que no se les hubiese informado de antemano sobre la operación, y persisten las dudas sobre si el servicio secreto paquistaní estaba protegiendo a bin Laden.
Aunque funcionarios militares estadounidenses creen que el ISI está en muchos casos incitando a la red Haqqani a atacar a las fuerzas norteamericanas en Afganistán, no llegaron al punto de decir el jueves que el ISI específicamente hubiera dirigido el asalto de la embajada de Estados Unidos. Oficiales estadounidenses no describieron el tipo de apoyo que creen que prestó el ISI a la red Haqqani para el ataque contra la embajada, y tampoco mostró evidencias de sus afirmaciones. En julio de 2008, Estados Unidos comprobó que el ISI estaba detrás del atentado con bomba contra la embajada india en Kabul basándose en comunicaciones interceptadas de agentes del ISI.
El almirante Mullen declaró con el ministro de Defensa, Leon E. Panetta, que dijo a la comisión que el ataque contra la embajada y el asesinato esta semana de Burhanuddin Rabbani, presidente del Alto Consejo para la Paz de Afganistán y ex presidente afgano, eran "un signo de debilidad de la insurgencia." Considera los ataques como indicios de que el Talibán ha recurrido a objetivos de alto perfil en un intento de interrumpir el progreso que han hecho las fuerzas militares estadounidenses.
Nadie ha reivindicado el atentado contra Rabbani, el que ha propinado un devastador golpe a los esfuerzos por negociar la paz con el Talbán.
En sus observaciones a la comisión, el almirante Mullen expresó un serio aviso a oficiales paquistaníes, sobre los que dijo que estaban minando sus propios intereses así como los de Estados Unidos en la región.
"Pueden creer que usando estos símbolos, están asegurando sus apuestas o corrigiendo lo que creen que es un desequilibrio en el poder regional", dijo. "Pero en realidad, esa apuesta ya la habían perdido. Al exportar la violencia, han erosionado su seguridad interior y su posición en la región. Han minado su credibilidad internacional y amenazado su bienestar económico."
También dijo que no pensaba que había perdido el tiempo dedicando tantos esfuerzos para mejorar los lazos con el gobierno de Pakistán.
"Lo he hecho porque creo que una relación difícil e imperfecta es mejor que no tener ninguna relación", dijo. "Algunos pueden decir que he perdido el tiempo, que Pakistán no está más cerca de nosotros ahora, y se puede haber alejado aun más. No estoy de acuerdo. La cooperación militar se está activando."
[Elisabeth Bumiller informó desde Washington, y Jane Perlez desde Islamabad, Pakistán. Mark Mazzetti contribuyó con reportes desde Washington.]
26 de septiembre de 2011
22 de septiembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer
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[Eduardo Febbro] París, Francia. La esfera de las ultraderechas europeas trata de alejarse lo más posible del extremista noruego Anders Behring Breivik. Declaraciones oficiales de sus dirigentes, comentarios en páginas de Internet de los ultras, los blogs y en Twitter muestran que la euro extrema derecha asimila el atentado de Breivik como un desastre para sí misma. En pleno proceso de normalización en casi toda la Europa occidental, la ultraderecha niega todo vínculo ideológico con el asesino noruego. El Frente Nacional francés (FN), el Partido del Progreso noruego (FrP), el Partido de la Libertad de Holanda (PVV) o la formación extremista flamenca de Bélgica, Vlaams Belang, todos se colocaron la corona de santos. Sin embargo, sus discursos xenófobos, el desprecio militante contra los extranjeros, su islamofobia, su antisemitismo y sus ataques frontales y reiterados contra el modelo de sociedades multiculturales son un núcleo central y persistente de sus programas electorales.