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el rey del tomate


[Sam Enríquez] Emigrado que triunfó en California, vuelve como alcalde a México y se convierte en polémico personaje.
Jerez, México. El equipo del telediario montó sus cámaras rápidamente y estaba listo para grabar cuando El Rey del Tomate levantó su mando grande y callosa.
Esperen, ordenó. Todo el mundo se quedó paralizado.

Un minuto después llegó un ayudante con un sombrero negro, de vaquero.
"Es lo que le da personalidad a un hombre", dijo el Rey del Tomate mientras se calzaba el sombrero en su cabeza; con otro ademán, el alcalde indicó que estaba listo.
Cuando hacía campaña para el cargo, el comité de campaña de Andrés Bermúdez ideó el título para empaquetar mejor al corpulento emigrado de edad mediana que pasó las tres últimas décadas trabajando en la agricultura en California. Pero sus críticos se quejan de que se ha tomado el apoyo demasiado literalmente.
Quince meses después de que el más famoso hijo pródigo de México se mudara del condado de Yolo a gobernar Jerez, los diarios lo denostaron, calificándolo de autocrático y refiriéndose a él como El Tomatón. Los compradores en el centro dicen que no ha hecho nada. Un taxista resumió sus problemas con el alcalde, diciendo que era terco.
El listado de acusaciones es largo y no han sido demostradas: extravagancia, arrogancia, nepotismo, favoritismo, mal uso de fondos públicos, e incluso acoso sexual. Bermúdez rechaza las acusaciones y dice que los cargos son calumnias e injurias. Uno de sus aliados dice que la oposición se deja llevar por los prejuicios de los residentes ricachones contra el niño pobre que se mudó a Estados Unidos, prosperó al cabo de un tiempo y finalmente se convirtió en terratniente y agricultor comercial.
Todo esto deja a Bermúdez preguntándose por qué decidió volver a Zacatecas, el único estado mexicano donde los expatriados pueden postular a cargos públicos.
¿Dejó su granja de 240 hectáreas y una enorme casa con piscina, por esto?
"A alguna gente no le gusta la manera en que hago las cosas", dice Bermúdez con un inocente sarcasmo.
Sus detractores dicen que organiza cenas y almuerzos municipales en el restaurante de su hermano, en lugar de distribuir el dinero. Dicen que su gasolina, celular y cuentas de viaje son demasiado altas. Y debido a que controla 12 de los 20 escaños del concejo del municipio, se hace lo que dice.
Incluso sus partidarios reconocen que Bermúdez no siempre respeta las reglas.
"La mayoría de las quejas tienen que ver con sus gastos", dice Vicente Márquez, que firma los cheques en el ayuntamiento. "Algunos eran costes que debían ser aprobados. Pero él primero gastó el dinero y luego se hizo aprobar".
La familia de Márquez está dividida en cuanto al alcalde. Su hermana, la concejala Adriana Márquez Sánchez, es una de los líderes de la facción anti-Bermúdez. El mes pasado ella y otro miembro del concejo se declararon en huelga de hambre contra él, una protesta que se convirtió en una toma del ayuntamiento durante el fin de semana, por un grupo de manifestantes anti-Bermúdez.
"El Rey del Tomate es un mito", dice. "Prometió transformar a Jerez en una ciudad moderna... Dijo que venía con grandes proyectos. Pregúntenle cualquiera: ¿qué proyectos? Ninguno".
Bermúdez, que dice que sus opositores no le dejan trabajar, no está dispuesto a arrojar la toalla. Su mandato de tres años termina en septiembre de 2007. En México no se permite la reelección, así que esta es su única oportunidad para demostrar que un emigrante puede volver y cambiar para mejor su pueblo natal.
"Ahora mismo, soy el primero. Después se vendrán montones de gente", dijo. "Planté una semilla en la tierra y quiero ver qué sale. Tengo que hacerlo por mi gente en Jerez, por Estados Unidos y por México".
Muchos lo apoyan. Su estilo brusco y rudo delata a Bermúdez como campesino, un hombre del campo, dicen los jubilados con sombreros de vaquero que haraganean en los bancos de la plaza mayor. "A los ricos no les gusta", dice Trinidad Vega, 77.
Granjeros y rancheros de aquí tienen respeto por un hombre que hizo su fortuna trabajando la tierra, especialmente porque los frijoles, maíz y chiles que son cultivados aquí sólo proporcionan ingresos muy magros.
En la manifestación el mes pasado, ardientes partidarios de Bermúdez echaron fuera a los manifestantes que habían ocupado el ayuntamiento y lo recuperaron por la fuerza. Estaba presente la policía anti-disturbios, pero aparentemete sin saber qué partido tomar.
Cuando finalmente las puertas fueron forzadas con una palanca, Bermúdez dirigió a su séquito adentro en una procesión que fue emitida por televisión nacional. En su despacho, rodeado admiradores y medios de comunicación, se quebró y echó a llorar.
"¿Por qué no me dejan en paz?", dijo a TV Jerez, cuyo periodista, aparentemente para estar a la altura de la atmósfera circense del día, estaba vestido como un payaso, con maquillaje, sombrero chato y gafas de sol. "¿Por qué no puede gobernar un campesino?"
Bermúdez de jacta del cemento, láminas de metal para tejados y mochilas que ha dado a los necesitados, así como de los caminos recientemente pavimentados. Ha empezado un servicio de autobuses gratuito para los estudiantes de la universidad en Zacatecas, a una hora de camino.
Pero algunas de las promesas de la campaña, tales como crear cientos de trabajos, no se han cumplido. Gobernar, parece, es mucho más difícil que cultivar tomates.
"Puede que no sea el mejor modo de cambiar Jerez, pero es un modo", dice Raymundo Carrillo, un asesor voluntario que ha actuado como el principal asesor de Bermúdez desde 2000. "A la gente no le gusta que haya emigrado".
Como casi la mitad de la población de Zacatecas, Bermúdez dejó su hogar cuando era joven y pobre. Y como muchos, floreció en California, empezando como peón en una hacienda en 1974, para descubrir a los pocos años que podía ganar mucho más como contratista de trabajadores agrícolas. Finalmente compró tierras, donde cultivó tomates y otros productos, y diseño una máquina que transplantar las plantas de semillas más fácilmente.
Se sintió elogiado con la idea de que podía volver como un hombre exitoso a enseñar un par de cosas a sus hermanos en casa.
Jerez es una ciudad de 50 mil habitantes que depende de los dólares enviados a casa por padres, madres, hijos e hijas que han emigrado. Las estrechas y bien mantenidas calles del centro de la ciudad están alineadas con tiendas de electrodomésticos, boutiques de ropa, restaurantes, joyerías, clínicas y elegantes funerarias. En una calle se concentra media docena de locales de cambio de divisaso.
Bermúdez se presentó por primera vez a las elecciones de alcalde en 2001, con la ayuda de algunos empresarios locales que querían un gobierno más progresista.
"Al principio no lo conocía nadie, así que lo llamé el Rey del Tomate", dijo Ismael Solís, propietario de una tienda de alimentación y el primer coordinador de campaña de Bermúdez.
El Partido Revolucionario Institucional PRI había gobernado Jerez, como la mayor parte de México, durante siete décadas. El Rey del Tomate, dijo Solís, "era el tipo que iba a sacar al PRI. Nosotros lo levantamos, lo convertimos en un símbolo, para dar esperanzas a la gente".
Bermúdez ganó las elecciones, pero fue declarado no elegible antes de que pudiera asumir el cargo, debido a que no había vivido aquí todo un año, una exigencia que luego se abandonó. Él volvió a California.
Solis, tras reñir con Bermúdez, gobernó como alcalde durante el término de tres años y dio a Bermúdez el crédito por romper el control del PRI sobre el ayuntamiento.
Bermúdez se mantuvo en estrecho contacto con sus partidarios durante esos años por medio de visitas y conferencias telefónicas entre Jerez y su casa el oeste de Sacramento, dijo Carrillo. Cuando Bermúdez volvió a presentarse en 2004, ganó fácilmente.
Bermúdez tiene un buen corazón, pero carece de la capacidad para gobernar, dijo Solís: "No tiene sensibilidad política. No escucha a la gente".
Jerez no es el mismo lugar que dejó Bermúdez, agregó Solís, cuando el gobierno dependía de la imagen y regalos para mantenerse en el poder.
Muchos otros están decepcionados de que Bermúdez no ha sido capaz de cumplir las grandiosas promesas que hizo durante la campaña.
"Si gano, voy a invertir personalmente un millón de dólares en dos fábricas de conservas que crearán 600 empleos", dijo al Times justo antes de las elecciones del 4 de julio. "Les doy mi palabra".
Pero hay pocas evidencias de que, de momento, pueda convencer a la juventud de Jerez de que no emprendan viaje al norte a buscar trabajo.
Mostrando su típica bravuconería, Bermúdez dijo que su mera presencia en el ayuntamiento era una victoria importante.
"Hay millones de mexicanos en Estados Unidos, y todos ellos quieren volver y encontrar un país diferente", dijo. "Jerez ya es diferente. Cambió tan pronto como crucé la frontera".

Carlos Martínez contribuyó a este reportaje.

18 de enero de 2006

©los angeles times
©traducción mQh

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