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bases permanentes en iraq[Tom Engelhardt] El gobierno de Bush sostiene que quiere abandonar Iraq. Pero sus enormes super-bases militares dicen otra cosa. Estamos en un nuevo período de la guerra en Iraq, un período que hace recordar la era de la ‘vietnamización’ de Nixon: Un presidente que dirige una guerra cada vez menos popular que no termina nunca, la necesidad de aplacar a una inquieta opinión pública estadounidense y un ejército que vive tantas tensiones que parece estar descarrilándose. Así que no es sorprendente que los medios de comunicación estén ahora informando sobre los planes del gobierno, o ‘especulando’ sobre las "señales", o "indicios" de "importantes reducciones" o retiradas de tropas estadounidenses. En estos días se dice que para fines de 2006 en Iraq no habrá más de cien mil tropas estadounidenses. Con las 136 mil tropas que hay allá ahora, esa cifra representa apenas un cuarto de todas las fuerzas estadounidenses en el país, lo que significa, por supuesto, que el término ‘importante’ depende de quien lo utilice.Además, estas retiradas van acompañadas -lo sabemos gracias al artículo de Seymour Hersh, ‘Up in the Air’, en el New Yorker del 5 de diciembre-, como en Vietnam del Sur en la era de Nixon, de la intervención de la Fuerza Aérea estadounidense. La intención de la intervención del poder aéreo es compensar cualquier avance perdido en el terreno (y provocará sin ninguna duda más ‘daños colaterales’ -es decir, muertes de iraquíes). Es importante observar que todas las promesas de reducción o de retirada de tropas están invariablemente asociadas a la dudosa idea de que el gobierno de Bush puede ‘poner en pie’ un ejército y una fuerza policial iraquíes efectivas (pensad en la ‘vietnamización’), capaces de romper la resistencia sunní, y permitir así que las tropas americanas se retiren a sus bases en las afueras de las más importantes áreas urbanas, así como a Kuwait y lugares tan remotos como Estados Unidos. Además, todas las promesas del gobierno de reducciones militares están rodeadas de condiciones y obvias lagunas, con frases como "si todo sale de acuerdo a lo previsto y si mejora la seguridad...", o "también depende de la capacidad de los iraquíes de..." Dado que los ataques de la guerrilla han estado en realidad aumentando y el suministro de los servicios básicos de una civilización moderna (electricidad, agua potable, gasolina para los coches, sistemas operacionales de desagüe, semáforos que funcionen, etc.) se han reducido; dado que el establecimiento mismo del gobierno al interior de la fuertemente fortificada Zona Verde ha demostrado ser terriblemente difícil, y dado que los fondos de reconstrucción estadounidenses (los que todavía no han desaparecido en uno u otro desagüe atascado) se están agotando, esas reducciones parciales pueden ser más complicadas de realizar de lo que se imagina. En estas circunstancias, podemos esperar más indicios, y más promesas, seguidas de más anuncios de ‘reducciones’ importantes programadas para fines de 2006 o principios de 2007, todas rodeadas de cláusulas condicionales y "sólo si" -promesas de reducciones que este gobierno sin ninguna duda no sentirá la obligación de cumplir. Asumiendo, entonces, que el año que viene será un año de rumores sobre la retirada, de especulaciones e incluso de una guerra mediática de anuncios de reducciones, la pregunta es: ¿Cómo saber si el gobierno de Bush realmente se está retirando de Iraq? A veces, cuando uno trata de hacerse camino en la verdadera niebla de desinformación y mala información, ayuda concentrarse en algo concreto. En el caso de Iraq, nada sería más concreto -nada menos discutido en general en nuestros medios de comunicación- que el conjunto de enormes bases que el Pentágono viene construyendo en ese país. Se han invertido en ellas literalmente varios billones de dólares. En una prestigiosa revista de ingeniería de fines de 2003, el teniente coronel David Holt, que dijo la ingeniería del ejército fue "encargada del desarrollo de instalaciones" en Iraq, mencionaba orgullosamente que varios billones de dólares estaban siendo invertidos en la construcción de bases ("las cifras están subiendo"). Desde entonces, la construcción de bases ha sido masiva y permanente. En un país en tal alarmante confusión, esas bases, con algunos de los sistemas de comunicación más caros y avanzados del planeta, son como enormes naves espaciales que han aterrizado en la Tierra provenientes de otro sistema solar. Representan una enorme inversión de recursos, de esfuerzos y ambiciones geo-estratégicas, y son los lugares que el gobierno de Bush seguramente no querrá entregar voluntariamente ni al más amistoso de los gobiernos iraquíes. Si, como concuerdan casi todos los expertos, la reconstrucción al estilo de Bush ha fracasado totalmente en Iraq gracias a los robos, deshonestidad y mera incompetencia, y en lo esencial ahora está terminando, ha sido un terrible éxito en la ‘Pequeña América’ de Iraq. Por primera vez tenemos descripciones reales de un par de ‘super bases’ construidas en Iraq en los últimos dos años y medio, que a pesar de estar escritas por periodistas trabajando bajo las restricciones informativas del Pentágono son serias. Thomas Ricks, del Washington Post, visitó la Base Aérea Balad, la base estadounidense más grande en el país, a 68 kilómetros al norte de Bagdad y "plantada en el medio de la parte más hostil de Iraq". En un artículo titulado ‘La base más grande de Iraq parece una pequeña ciudad’, Ricks hace un asombroso retrato: La base es suficientemente grande como para tener sus propios ‘barrios’, entre ellos la ‘zona KBR’ (en honor a la compañía global de ingeniería, subsidiaria de Halliburton, que ha hecho la mayor parte del trabajo de construcción de bases en Iraq); ‘CJSOTF’ ("sede de una unidad de operaciones especiales", el Destacamento Conjunto Combinado de Operaciones Especiales, rodeado de "murallas particularmente elevadas" y de tanto secreto que incluso el jefe de relaciones públicas del ejército en la base no ha estado nunca dentro); y una chatarrería de todoterrenos destrozados del ejército. También hay un restaurante Subway, una Pizza Hut, un Popeye, "un Starbucks de imitación", un Burger King que abre las 24 horas, dos economatos donde se pueden comprar televisores, iPods y cosas parecidas, cuatro comedores, un hospital, una regla estrictamente implementada en la base de una velocidad máxima de 15 kilómetros por hora, una larga pista de aterrizaje, 250 aviones (incluyendo helicópteros y planeadores no tripulados para espionaje), amontonamientos de tráfico aéreo del tipo de podrías ver en el aeropuerto O’Hare, de Chicago, y "una pista de mini golf que imita a un campo de batalla, con sus pequeños sacos de arena, pequeños vallas protectoras, alambres de púa y, al final de la pista, lo que parece ser una diminuta jaula de detenidos". Ricks informa que las 20 mil tropas estacionadas en Balad viven en "contenedores con aire acondicionado" que serán en el futuro -y sí, para los que están construyendo estas bases todavía hay un futuro- acondicionadas "para llevar a las tropas internet, televisión por cable y acceso telefónico". Señala también que de las tropas en Balad "sólo algunos tienen trabajos por los que deben salir de la base. La mayoría de los soldados estadounidenses estacionados aquí no tienen nunca contacto con iraquíes". Hace poco Oliver Poole, un periodista británico, visitó otra de las ‘super bases’ estadounidenses, la Base Aérea al-Asad, todavía en construcción ("con fútbol y pizzerías para una permanencia de largo plazo de Estados Unidos"). Observa sobre "el campamento de marines más grande en el oeste de la provincia de Anbar", que "esta franja de desierto se parece cada vez más a un suburbio americano". Además de los obligados restaurantes Subway y pizzerías, hay una cancha de fútbol, un local de la compañía de alquiler de coches Hertz, una piscina, un teatro que proyecta las últimas películas. Al-Asad es tan grande -esas bases pueden cubrir de 40 a 50 kilómetros cuadrados- que tiene dos trayectos de autobuses y, si no semáforos, al menos signos Pare rojos en todos los cruces. Hay al menos cuatro de estas ‘super bases’ en Iraq, ninguna de las cuales tienen nada que ver con la ‘retirada’ de ese país. Al contrario, estas bases están siendo construidas como pequeñas islas americanas de eterno orden en medio de un caótico océano. Digan lo que digan los funcionarios de gobierno y los comandantes militares -y siempre niegan que estemos construyendo bases ‘permanentes’ en Iraq-, los hechos en el terreno hablan por sí mismo. Estas bases están gritando que son permanentes.
El ministro de Defensa: "Durante una visita a tropas estadounidenses en Faluya en Navidad, el ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld dijo que ‘de momento no hay planes para levantar bases permanentes’ en Iraq. ‘Este es un tema que ni siquiera ha sido discutido con el gobierno iraquí". Sin embargo, durante un período, el Pentágono practicó algo más cercano a la verdad en la propaganda que nuestros principales diarios. Al menos, llamaron a las grandes bases en Iraq "campamentos duraderos", una descripción que tenía cierto encanto y apestaba a permanencia. (Más tarde fueron rebautizadas, mucho menos románticamente, como "bases operacionales contingentes"). El 19 de abril de 2003, poco después de que tropas americanas ocuparan Bagdad, los periodistas Thom Shanker y Eric Schmitt escribieron un artículo de primera plana para el New York Times indicando que el Pentágono estaba planeando "mantener" cuatro bases a largo plazo en Iraq, aunque "probablemente no habrá nunca un anuncio sobre el estacionamiento permanente de tropas". Antes que hablar de ‘bases permanentes’, los militares se refieren a ellas coquetonamente como "acceso permanente" a Iraq. Las bases, sin embargo, se ajustan perfectamente bien a otros planes del Pentágono, que ya estaban en los esquemas. Por ejemplo, los 400 mil militares de Saddam debían ser remplazados por sólo 40 mil militares con armamento ligero sin blindados de interés y sin fuerza aérea. (En una región de otro modo fuertemente armada, esto asegura que todo gobierno iraquí dependa casi totalmente de los militares americanos y que la Fuerza Aérea estadounidense sea, por omisión, la única fuerza aérea que tendrá Iraq en los próximos años). Mientras que gran parte del espacio de nuestros periódicos se ha destinado últimamente a la ausencia de planificación de posguerra del gobierno, casi no se ha mostrado interés alguno por la planificación que sí hubo. Este artículo apareció originalmente en TomDispatch.com Tom Engelhardt dirige el Nation Institute en Tomdispatch.com, es co-fundador del American Empire Project y el autor de ‘The End of Victory Culture, a History of American Triumphalism in the Cold War’. Su novela ‘The Last Days of Publishing’ está disponible en una edición de bolsillo. 15 de febrero de 2006 24/04/2006 01:50 Comentarios » Ir a formulario |
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