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significado del sionismo


[Jeffrey Goldberg] Este reportaje sobre los ideólogos sionistas de Israel, es el segundo de la serie Entre los Colonos publicada por la revista The New Yorker (el primero también traducido por mQh en esta bitácora: ‘Los colonos fanáticos, ¿destruirán Israel?').
David Samsom, profesor de la escuela secundaria yeshiva Mercaz HaRav de Jerusalén, me llevó no hace mucho al desierto de Judea un viernes por la mañana. Es un hombre de 48 años, enjuto, bronceado, de barba blanca y tranquilo. La yeshiva se dedica al estudio de las enseñanzas de dos rabíes, Avraham Yitzhak HaCohen Kook y su hijo Tzvi Yehuda HaCohen Kook, que son los padres espirituales del movimiento de los colonos. El rabí Samson es un antiguo estudiante del segundo rabí Kook.
Con Samson salimos de Jerusalén en su jeep Daihatsu, hacia el este, hacia el Mar Muerto. Él llevaba pantalones de excursionismo azules de náilon, un gorro kipa blanco, y una pistola en el cinto. A diez minutos de pasar la ciudad asentamiento de Ma'ale Adumim, en el brusco descenso hacia el valle de Rift, Samson dobló hacia un sendero polvoriento, y, repentinamente, el desierto nos rodeó.
Seguimos bajo un cielo color de concha marina, nos topamos con unos camellos albinos parados junto a los restos de un tanque destruido, y pasamos por zonas llenas de arbustos. El jeep continuó por una huella de polvo durante más de un kilómetro y medio. Pasando la cima de unas altas colinas llegamos a la entrada del lecho de un río seco. Dejamos el jeep y nos echamos a caminar a través de un profundo cañón de caliza.
Es en estos páramos, dijo Samson, que la mente se abre a visiones del mesías. El judaísmo es una religión mesiánica, aunque la mayoría de los judíos -entre aquellos que se acuerdan si acaso del mesías- esperan pacientemente Su llegada. Para los seguidores de los rabíes Kook, el mesías está en la colina siguiente. "El punto de demarcación entre este mundo y el próximo es la fundación de Israel", dijo el rabí Samson. (Muchos cristianos evangélicos, al leer los mismos renglones en la Biblia, creen que el retorno de los judíos a la tierra de Israel presagia el retorno de Cristo).
En ‘Paz y Guerra', un libro sobre el rabí Kook el viejo, el rabí Samson escribió: "Llegará el día en que Israel irradie todo su poder, cuando no quedará espacio para los usurpadores que tratan de hacer a un lado al pueblo judío... Todos los falsarios que dicen tener el monopolio de la verdad, así sean cristianos, musulmanes, budistas, comunistas, capitalistas, y todo el resto, serán expuestos como frascos vacíos. Cuando el judaísmo logre su madurez histórica con el retorno del Reino de Israel su cultura santa dominará la psique de todo el mundo".
No era la intención del sionismo transformarse en un movimiento mesiánico. Fue la respuesta práctica de muchos hombres fundamentalmente no religiosos ante la imposibilidad para los judíos de vivir en Europa. Theodor Herzl, el padre del sionismo político, creía que una patria nacional judía en Palestina era la respuesta al furioso anti-semitismo que había presenciado la última década del siglo diecinueve, durante el caso Dreyfus. Los primeros sionistas tenían ideales nacionalistas modernos y creían en la democracia liberal, no en las enseñanzas de los rabíes.
Muchos judíos ortodoxos, especialmente durante los primeros días del sionismo, pensaban que Herzl y sus camaradas eran herejes. Los judíos retornarían a Sión, creían los ortodoxos, sólo cuando Dios lo quisiera.
El vuelco intelectual decisivo del primer rabí Kook, que era el rabí jefe de la comunidad judía de Palestina durante los años 1920 y 1930, lo dio cuando consideró a Herzl no como un hereje trabajando contra Dios, sino como un hombre que era guiado sin que lo supiera, por Dios. Era Dios quien había colocado el sionismo en el corazón de los no creyentes, del mismo modo que fue Dios quien dios a los gentiles la idea del nacionalismo. "Dios operó a través de los goyim para enseñar a los judíos la idea de nación", dijo Samson. Sin embargo, incluso entonces los ortodoxos jugaron sólo un papel menor en la fundación y construcción de Israel, y los judíos laicos han dominado desde entonces el gobierno y el ejército. Fueron los granjeros de los socialistas kibbutzim los que llegaron a simbolizar la restauración del vigor del pueblo judío.
En mayo de 1967, el rabí Tzvi Yehuda Kook, dando un sermón en honor del Día de la Independencia de Israel, tuvo una visión que se ha transformado en una piedra de toque de los colonos. "¿Dónde está nuestro Hebrón?", gritó, según los testigos. "¿Podemos permitir que se olvide? ¿Y dónde están nuestra Shechem y nuestra Jericho? ¿Podremos olvidarlos alguna vez?" (Shechem era una ciudad bíblica cerca del actual Nablús).
La fulminante victoria de Israel sobre sus vecinos árabes en la Guerra de Seis Días, un mes más tarde, fue atribuida por la mayoría de los israelíes a sus soldados y a la sagacidad de sus generales. Pero muchos ortodoxos lo vieron como un milagro -una prueba de que el día de la Redención estaba cerca.
Aunque algunos miembros del gabinete israelí -especialmente el futuro primer ministro del Likud, Menachem Begin- pensaron desde el principio que las tierras bíblicamente importantes de Cisjordania debían ser parte de Israel, la mayoría de los israelíes pensaba que los territorios debían ser devueltos a los árabes a cambio de la paz. Esta expectativa cambió después de que los estados árabes, en su reunión de Khartum en septiembre de 1967, reafirmaron su oposición a la existencia de un estado judío de Israel, prefiriendo la continuar el enfrentamiento.
Los estudiantes del segundo rabí Kook aprovecharon el rechazo árabe, y se internaron a las colinas. (Moshe Levinger, el primer colono de Hebrón, fue uno de los discípulos más brillantes del rabí Kook). Al cabo de pocos años un grupo kookista llamado Gush Emunim (el Bloque de los Fieles) estaba cultivando el asentamiento de amplias extensiones del centro de la tierra bíblica.
El proyecto de asentamiento tuvo éxito sólo porque los israelíes laicos continuaron desempeñando su papel de apoyo tal como Kook lo había imaginado. El partido laborista dominante, bajo el liderazgo de hombres tales como Shimon Peres y Yitzhak Rabin, contribuyeron al proyecto, porque veían en los colonos un reflejo de sus propias juventudes como pioneros. También vislumbraron un valor estratégico para el asentamiento; esos pioneros de gorro vigilarían a los árabes recién conquistados, y ayudarían a proteger el medio de Israel: en su parte más estrecha, Israel tiene quince kilómetros de ancho.
Sin embargo, no fue sino hasta que Begin fue nombrado primer ministro en 1977 que los colonos dieron con un socio que se les parecía en celo. El partido laborista había construido asentamientos principalmente en la periferia de los territorios. Begin, guiado por su ministro de agricultura, Ariel Sharon, comenzó a colocarlos en las afueras de ciudades árabes como Bethlehem, Nablús y Ramallah. Poco a poco los colonos sombrearon de ciudades toda la Franja de Gaza y Cisjordania; construyeron parques industriales y yeshivas e incluso una universidad. De alguna manera, sus hijos, los nuevos kibbutzniks, hoy, están desproporcionadamente representados en las unidades de combate de elite del ejército israelí. Los colonos tenían más en mente que sólo la construcción del estado. Estaban levantando, en palabras del Éxodo, un "reino de sacerdotes y una nación santa".
El mesías tiene que llegar todavía (en palabras de una canción pop israelí famosamente cínica: "Todavía no ha telefoneado"), y la mayoría de los israelíes, de acuerdo a las encuestas, abandonaría la mayoría de los asentamientos a cambio de algo parecido a la paz. La fe del rabí Samson sin embargo no ha enflquecido. "Tengo la convicción de que la tierra de Israel es más fuerte que el gobierno de Israel", dijo. "Un mes después de que Ehud Barak decidiera dar el Monte del Templo a los árabes, estaba en su casa, en pijama. Yo puedo decir como rabí que a Dios no le agradará ningún gobierno israelí que trate de regalar esta tierra".
Nos sentamos un rato en las rocas. Estorninos de alas naranja sobrevolaban por encima de nosotros. "Dios no dejará que surja un estado palestino. Y, si surge uno, lo destruirá. Dios ha colocado a los árabes en el camino de los judíos para poner a prueba nuestra determinación".
El problema que tiene hoy Israel, dijo el rabí Sanson, es que su ejército se niega a luchar como lo hicieran los antiguos generales judíos. "La Tora no hace diferencias entre civiles y militares. Mientras el pueblo judío no se de cuenta de que está luchando contra una nación que ha jurado destruirnos, nuestra misión no habrá terminado. Si nos atreviéramos a matar a sus civiles, esta guerra terminaría en una semana".
"No creo que la piedad esté desempeñando aquí un papel correcto", continuó. "Si los militares operaran sin considerar las muertes de civiles, ¡piense en cuántas vidas se habrían salvado! De cualquier manera, sus hijos nacen con cócteles Molotov en las manos. Esa gente tiene tantos sentimientos como los chacales".
Como muchos ideólogos del poblamiento agresivo, el rabí Samson saca lecciones directamente de la Biblia, sin la moderadora influencia de dos mil años de judaísmo rabínico. En la Biblia los héroes son guerreros y asesinos; el Talmud, compilado después de la destrucción del Templo y de la dispersión de los judíos, pregunta: "¿Quiénes son los héroes?", y responde: "Aquellos que controlan sus pasiones".
Algunos líderes de los colonos ven en los palestinos la encarnación moderna de los amalequitas, una misteriosa tribú canaanita que la Biblia llama los enemigos eternos de Israel. En el Libro de Éxodo, los amalequitas atacaron a los Hijos de Israel durante su viaje a la tierra de Israel. Por este pecado, Dios condenó a los amalequitas, ordenando a los judíos a hacerles una guerra santa de exterminio. Este es quizás el mandamiento más ampliamente ignorado de la Biblia. Los rabíes que modelaron el judaísmo apenas habían podido convencerse de implantar la pena de muerte por el delito de asesinato y no hubiesen aprobado ciertamente el genocidio, así que determinaron que los amalequitas ya no existían. Pero Moshe Feiglin, el activista del Likud, me dijo: "Los árabes se comportan de la misma manera que los amalequitas. No lo puedo probar genéticamente, pero ésa es la conducta de un amalequita". Cuando le pregunté a Benzi Lieberman, presidente del consejo de asentamientos -el grupo que agrupo a todos los asentamientos de la Franja de Gaza y de Cisjordania- pensaba que si los amalequitas existieran hoy: "¡Serían los palestinos!" Lieberman continuó: "Los destruiremos. No los mataremos a todos, pero destruiremos su capacidad de pensar como nación. Destruiremos el nacionalismo palestino".
Oí chácharas similares de Effie Eitam, el desconfiado ex general que encabeza al Partido Nacional Religioso, un miembro de la coalición del gobierno de Sharon. Eitam, que es el ministro de vivienda de Sharon, dijo: "Yo no llamo animales a esa gente. Son criaturas que han salido de las profundidades del abismo. No es casualidad que el estado de Israel tenga la misión de allanar el terreno para el resto del mundo, la misión de deshacerse militarmente de esas fuerzas oscuras". Eitam me dijo que cree que entre los palestinos hay gente inocente, pero son culpables colectivamente. "Los mataremos a todos", dijo. "Ya sé que no suena diplomático. No quiero decir todos los palestinos, sino aquellos con la maldad en sus cabezas. No sólo con sangre en sus manos, sino con el mal en la mente. Son ellos los que están contaminando los corazones y la mente de la nueva generación de palestinos".

31 mayo 2004
©new yorker ©traducción mQh

1 comentario

Alain -

No viene al caso pero, estoy intrigado con los amalequitas, no encuentro informacion sobre ellos en ningun lado