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palestina

unesco reconoce a palestina


Con amplia mayoría la conferencia general de la UNESCO admitió como miembro formal al estado de Palestina.
París, Francia / Palestina. Luego de que el pasado 23 de septiembre el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas, presentara ante Naciones Unidas su petición formal de admisión como miembro de pleno derecho, la conferencia general de la Unesco aceptó con una amplia mayoría la admisión del al país de Oriente Próximo, pese a las advertencias en contra del gobierno norteamericano. La moción fue respaldada por 107 votos a favor, 52 abstenciones y 14 votos en contra, lo que indica una aprobación con el respaldo de más de los dos tercios necesarios. Estados Unidos, Alemania, Letonia y Rumania votaron en contra de la resolución.

El comité ejecutivo de la UNESCO, el segundo mayor organismo de la ONU, se había pronunciado a comienzos de mes a favor de la admisión de Palestina y finalmente se convierte en la primera agencia en aceptarlo elevando así su estatus de "entidad observadora" a Estado miembro de pleno derecho.
Por su parte, Estados Unidos, aliado de Israel, puede ejercer su derecho a veto en el Consejo de Seguridad para evitar la admisión de Palestina como miembro de pleno derecho de la ONU, pero en la UNESCO no existe tal mecanismo. Sin embargo, la decisión podría tener graves consecuencias para la financiación del organismo, ya que se espera que el Gobierno norteamericano detenga sus aportes. Según afirmó la secretaria de Estado, Hillary Clinton, el estado no puede legalmente financiar a organizaciones que acepten a los palestinos.
Sólo Estados Unidos, Alemania, Letonia y Rumania votaron en contra de la medida por considerar que la admisión sería "dañina para el proceso de paz" en Medio Oriente y subrayaron así que la membresía plena para Palestina debía ser posible sólo tras nuevas conversaciones de paz con Israel.
31 de octubre de 2011
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israel encarcela y tortura a niños palestinos


Un informe denuncia que cientos fueron apresados por arrojar piedras a la policía israelí. Si bien existe una prohibición fijada por los tribunales civiles israelíes que indica que los menores de 14 años no deben ir a la cárcel, más de 800 chicos de entre 12 y 17 años fueron arrestados en Cisjordania por la Justicia militar.
[Adrián Pérez] Palestina / Israel. Un informe de la organización de derechos humanos B’Tselem denunció esta semana que cientos de chicos palestinos fueron encarcelados entre 2005 y 2010. Los chicos fueron acusados de arrojar piedras contra las fuerzas de seguridad israelíes y presionados para declararse culpables con el objetivo de disminuir la sentencia. Durante los interrogatorios, y en ausencia de sus padres, no se les permitió comer, beber o dormir, denuncia el informe. El documento, disponible en btselem.org, devela los abusos cometidos en causas judiciales iniciadas por el Estado de Israel contra niños y adolescentes. Si bien existe una prohibición fijada por los tribunales civiles israelíes que indica que los menores de 14 años no deben ir a la cárcel, más de 800 chicos de entre 12 y 17 años arrestados en Cisjordania fueron juzgados por la Justicia militar. Un chico de 14 años debió permanecer veinte meses en prisión (expediente 3522/09).
El informe, presentado el lunes por B’Tselem (Centro de Información Israelí para los Derechos Humanos en los Territorios Ocupados) desnuda la inacción del Estado frente a la violación de los derechos de los niños palestinos. De un total de 835 jóvenes arrestados y acusados por los tribunales militares, sólo en un caso se logró la absolución: 34 tenían entre 12 y 13 años; 255 entre 14 y 15 y 546 entre 16 y 17 años. Diecinueve niños de entre 12 y 13 años fueron encarcelados, durante dos meses, después de ser declarados culpables; 50 chicos fueron detenidos durante la noche y trasladados sin la compañía de sus padres. En algunas ocasiones, incluso, no pudieron recibir la visita de sus familias ni tuvieron oportunidad de hacer llamadas telefónicas.
Junto al documento difundido por la organización de derechos humanos, un video recoge los testimonios de los jóvenes arrestados. La pesadilla de Omar Hamamrah, detenido a los 15 años, comenzó cerca de la medianoche. Cuando salía de su casa se cruzó con un jeep del ejército. Su padre se fue a trabajar cuando el móvil militar se alejó, pero los soldados regresaron a la 1. Le pidieron a Omar que confesara. Cuando dijo que no sabía nada recibió un golpe. Shaker Hamamrah fue a parar a la cárcel con 16 años. De su casa salió con los ojos vendados y esposado. Bajo presión confesó que había arrojado piedras a los soldados que patrullaban las calles de su barrio. Estuvo 28 días en una oficina militar hasta que fue trasladado a la cárcel de Rimmonim. Omar también pasó por allí.
A pesar de haber estado detenido, a Fadi Khatib no le arrebataron la sonrisa que deja ver cuando observa que es muy chico para haber estado en la cárcel. También se lo llevaron de su casa en un jeep. Dos soldados gordos lo aplastaron durante todo el viaje. Al llegar al destacamento militar, lo obligaron a firmar una declaración. "En la prisión perdí a mis amigos. Somos pequeños para estar en la cárcel. Los adultos pueden sufrir, pero nosotros somos muy chicos. ¿Cómo pude estar en la cárcel, encerrado en una habitación sin ver el sol?", se pregunta Fadi.
En su descargo, el ejército israelí les restó importancia a las acusaciones argumentando que lanzar piedras es considerado un delito. Concluyó, además, que es imposible investigar los maltratos porque esas denuncias se apoyan en declaraciones anónimas. "Es lamentable que B’Tselem decida abordar el tema de una manera desequilibrada, sin tener en cuenta la explotación de jóvenes por parte de organizaciones terroristas, en una manera que viola el derecho internacional y atenta contra los derechos de esos jóvenes", señaló el comunicado del ejército. De igual modo, resaltó la creación del Tribunal Especial de Menores en Cisjordania, en 2009, donde "los jueces militares han mostrado una gran sensibilidad hacia las cuestiones de derechos de los menores".
Según el informe, el ex presidente del Tribunal Militar de Apelaciones, el coronel Shaul Gordon, admitió que las personas involucradas en este tipo de delitos no necesitan de preparación o planificación alguna. "Las piedras están en todas partes y para concretar el delito lo único que se necesita es tener manos", dijo. En una carta enviada en febrero al organismo de derechos humanos, Avishag Zaken Weisenberg, funcionario de la Defensoría del Pueblo de la Policía de Israel, señaló que entre 2005 y 2010, en el distrito de Samaria y Judea –bajo la administración israelí después de la Guerra de los Seis Días– se produjeron entre 2100 y 3000 incidentes donde se arrojaron piedras. Para el portavoz del ejército israelí, durante el mismo período, hubo entre 3600 y 4300 hechos de ese tipo que afectaron tanto a civiles como a las fuerzas de seguridad. B’Tselem asegura que intentó determinar el número de heridos en esos choques, pero que los organismos gubernamentales consultados respondieron que no contaban con esa información.
"No cuestionamos que se considere un delito arrojar piedras; por el contrario, señalamos claramente nuestra posición en el informe", asegura Sarit Michaeli, desde Jerusalén, ante la consulta de Página/12. La vocera de B’Tselem destaca, sin embargo, que el argumento de su organización se apoya en una premisa: los jóvenes palestinos merecen el mismo amparo en sus derechos que los israelíes, aun cuando se esté ante la presencia de un delito. La protección hacia los menores, en la legislación de Israel, está contemplada por la enmienda 14 de la Ley de Juventud. Allí se establece que la cárcel es el último recurso que debe aplicarse a los niños. En este sentido, esa norma prohíbe encarcelar a menores de 14 años. "Básicamente, estamos pidiendo que las autoridades del ejército incorporen a la ley militar estos puntos de la Justicia ordinaria", agrega Michaeli.
En los países signatarios, los chicos están resguardados por la Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada por la ONU en 1989. El Estado de Israel firmó ese documento en 1990 y lo ratificó un año más tarde. La Convención remarca que en todas las medidas que tomen instituciones de asistencia social públicas o privadas, tribunales, autoridades administrativas u órganos legislativos, el interés superior por el niño debe ser tomado como una consideración principal. También emplaza al Estado israelí en sus acciones sobre los territorios ocupados. Los comités de la ONU, que supervisan la aplicación de la Convención, han rechazado la posición de Israel, que objeta la aplicación de ese tratado en aquellos sectores en conflicto.
La contraparte de la Convención sobre los Derechos del Niño se encuentra en la legislación militar de Israel. Aplicada en Cisjordania, esa ley determina tres rangos etarios: son niños los menores de 12 años, la juventud va de los 12 a los 14, y los adultos jóvenes se encuentran entre los 14 y 16 años. Como en muchos países, en Israel se alcanza la mayoría de edad a los 18 años. No obstante, la legislación militar establece que a los 16 años los adolescentes se convierten en adultos.
Para la ley israelí, el tiempo máximo que un menor puede permanecer detenido antes de que se lo acuse por el delito cometido es de 20 días (ese período podrá prorrogarse por 10 días pero no deberá exceder los 40). Los menores y adultos palestinos pueden permanecer 90 días en prisión hasta que se presenten cargos en su contra (plazo que puede extenderse por 30 días si el Tribunal Militar de Apelación así lo determina). Si un chico mayor de 14 años es arrestado, la legislación israelí determina que debe ser llevado ante un juez dentro de las 24 horas desde el momento de su detención. Ese tiempo, para quienes tienen menos de 14 años, se reduce a 12 horas. Por el contrario, la ley militar establece que los sospechosos –sean menores o adultos– deben comparecer ante un juez dentro de los ocho días posteriores a la detención.
No es un asunto menor: La violación de los derechos de los menores palestinos detenidos por Israel, sospechados de lanzar piedras no ahorra críticas hacia la Justicia israelí. Concluye que el actual tratamiento legal hacia estos jóvenes puede causar un efecto crítico en su desarrollo y en el éxito de la rehabilitación. El documento afirma, sin ningún tipo de eufemismos, que se producen graves violaciones sobre los derechos de los chicos, que la ley casi no los protege y que los pocos derechos concedidos no se aplican. La nómina de causas judiciales abiertas contra menores de edad por arrojar piedras fue proporcionada a B’Tselem el 24 de junio de 2010 por el procurador Zakan Weisenberg.
Una serie de sugerencias clausuran el documento de setenta páginas. Allí se propone equiparar la minoría de edad reglamentada por la Justicia militar con la legislación civil; prohibir las detenciones nocturnas; restringir los interrogatorios a horas del día, con los padres presentes; permitir que los chicos tengan la posibilidad de consultar a un abogado y no se encarcele a menores de 14 años; promover alternativas a la detención con soluciones que eviten la cárcel; establecer programas educativos en todas las prisiones para los jóvenes detenidos y facilitar permisos para que los familiares los visiten en prisión.
24 de julio de 2011
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obama veta condena contra asentamientos


Doble discurso permanente. Obama vetó una condena de la ONU a los asentamientos israelíes.
Estados Unidos. Estados Unidos vetó la resolución del Consejo de Seguridad que considera ilegales los asentamientos judíos en territorio palestino, y con su voto volvió a entorpecer las negociaciones de paz en la región. La embajadora Susan Rice manifestó que "no hay que malinterpretar" la decisión de la Casa Blanca y advirtió que la condena de la ONU podía "endurecer las posturas de las partes en conflicto".
Aunque Rice agregó que Estados Unidos "rechaza la legitimidad de los asentamientos, que durante más de cuatro décadas minan la seguridad de Israel y las esperanzas para la paz y estabilidad en la región", argumentó que el conflicto debe ser resuelto entre Israel y Palestina, sin la intervención de terceros: "La única vía es que se negocie entre las dos partes".
La resolución, propuesta por los países árabes, contaba con el apoyo de más de 130 países y consideraba que los asentamientos son "ilegales y constituyen un gran obstáculo para lograr una paz justa, duradera e integral".
20 de febrero de 2011
18 de febrero de 2011
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asesinada por un soldado judío


Testigos dicen que las banderas blancas no impidieron los disparos de las tropas israelíes y el asesinato de civiles palestinos. El incidente en Khozaa podría ser clave para una pesquisa sobre la violación de derechos humanos.
[Ashraf Khalil] Khozaa, Franja de Gaza, Palestina. Era la más fuerte de todas, una dirigente natural. Así que cuando cesó el bombardeo y los soldados israelíes anunciaron por altavoz que los vecinos debían salir de sus casas y dirigirse al centro del pueblo, estos se volvieron a Rawhiya Najar pidiéndole consejo.
Con todo un armario de sábanas y manteles -cualquier trapo blanco-, dirigió una procesión callejera de veinte mujeres y niños, cada uno con una bandera blanca en la mano, dicen los vecinos.
El grupo avanzó unos doscientos metros cuando un soldado emergió de una casa y le disparó a Najar en la cabeza, dicen múltiples testigos. Su cuerpo permaneció en la calle durante doce horas, dicen vecinos y médicos.
Semanas después de que Israel declarara unilateralmente el término de su ofensiva en la Franja de Gaza, las secuelas todavía arden en Khozaa, un pueblo agrícola de once mil habitantes en el sur del territorio. Pedazos de fósforo blanco todavía yacen dispersos por los barrios, enterrados en la tierra y la arena; cuando se los excava, se encienden de inmediato y escupen un humo blanco tóxico que recuerda vagamente al olor del ajo.
Mientras el Tribunal Penal Internacional decide una investigación por crímenes de guerra durante la ofensiva de Gaza, la experiencia de Khozaa podría ser una parte clave de las evidencias. Fue aquí donde las tropas israelíes efectuaron una seguidilla de incursiones desde el 11 al 13 de enero, luchando contra combatientes locales y dejando tras su retirada un reguero de acusaciones y recriminaciones.
Entre estas se incluyen cargos por disparar indiscriminadamente contra civiles y ambulancias y lo que un experto en armas calificó como el uso más intensivo de las controvertidas municiones de fósforo blanco durante la ofensiva que duró veintidós días.
Funcionarios locales dicen que durante el asalto murieron diecinueve personas, dieciséis de ellas civiles. Cerca de ciento cincuenta personas resultaron heridas, la mayoría de ellas por exposición prolongada a humo de fósforo, informaron funcionarios sanitarios locales.
Es imposible confirmar plenamente muchos de los detalles de lo que ocurrió aquí. Pero entrevistas con más de una docena de vecinos de Khozaa, profesionales de la salud, funcionarios de gobierno y militantes combatientes locales describen un caótico lapso de tres días durante los cuales el humo de fósforo inundó las calles y hogares de las familias refugiadas dentro.
El ejército israelí, que mentó su ofensiva después de años de ataques con proyectiles lanzados contra el sur de Israel y provenientes de la Franja de Gaza, se niega a discutir cargos individuales en detalle. Una declaración en respuesta a preguntas sobre lo sucedido en Khozaa afirmaba que las fuerzas armadas estaban "actualmente realizando una investigación sobre la operación".
Funcionarios israelíes han insistido en que sus soldados trataron de evitar bajas civiles y acusan a los combatientes de Hamas de utilizar cínicamente a civiles palestinos como escudos humanos.
Los vecinos reconocen la presencia activa de militantes en su barrio, y comandantes de las milicias locales dicen que una docena de combatientes se enfrentó a las fuerzas israelíes aquí. Pero militantes y residentes niegan que la zona fuera un lugar utilizado frecuentemente para lanzar ataques contra Israel, diciendo que esas células preferían operan desde más al norte en Gaza.

Empieza la Incursión
El ataque empezó con una intensa carga de artillería justo antes de la medianoche.
El bombardeo continuó hasta el alba, cuando Israel lanzó el primero de tres ataques contra el barrio. Excavadoras blindadas, apoyadas por tanques y apoyo aéreo, entraron a eso de las cinco de la mañana, para demoler varias casas en el barrio de Azzata, donde vivía Rawhiya Najar.
Los vecinos dicen que los soldados se retiraron repetidas veces para volver a atacar durante los siguientes dos días, dejando a los vecinos desorientados y temerosos. La ofensiva final empezó justo después de la medianoche del trece de enero, con una carga de artillería que se prolongó durante toda la noche que llenó el barrio de humo, dicen vecinos. Grupos aislados de aterrorizados vecinos apiñados en casas diferentes buscando protección, incluyendo al menos a treinta familiares en la casa de Khalil Hamdan Najar, 57.
Aviones israelíes teledirigidos patrullaban el cielo, invisibles pero identificables por su distintivo zumbido como de cortadora de césped. Protegido por la oscuridad y el humo de fósforo, fuerzas terrestres tomaron posiciones en todo el barrio, ocupando varias casas, dicen residentes.
A las 6:30 de la mañana, cuando los proyectiles empezaron a caer sobre el tejado de su casa, Khalil Najar condujo fuera a un grupo de familiares, ondeando una bandera blanca. Una serie de ataques de misiles mataron a Khalil y dejaron a varios familiares heridos, dicen. Su nieta Alaa, 14, y su yerno, Ahmed, 23, murieron más tarde en un hospital.
Cuando empezó a amanecer, Rawhiya Najar instó a sus vecinos a subir a los tejados de sus casas, con la esperanza de que la presencia de civiles pudiera disuadir a los israelíes, dijeron sus vecinos.
La mujer de 47 años, que había vuelto de un peregrinaje a la Meca apenas unos días antes de la ofensiva israelí, era conocida por como una persona fuerte y generosa. Era también un decidida partidaria de los grupos militantes locales, y a menudo dejaba té y pasteles en el alféizar de su ventana por la noche para los combatientes que operaban en la zona.
Cuando la estrategia del tejado resultó poco efectiva, cerca de doscientas personas se refugiaron en un patio exterior rodeado por tres murallas de concreto de casas todavía intactas. Entre ellas se encontraban Rawhiya y Eman Najar -familiares de un barrio donde casi todo el mundo es un Najar por nacimiento o matrimonio.
Eman dijo que al menos ocho excavadoras blindadas los habían rodeado, y una de ellas empezó a demoler la casas a apenas unos metros del grupo.
"Destruyó la casa como si fuera una caja de cerillas", dijo. "Nosotros prácticamente les veíamos la cara. Podíamos ver al operador de la excavadora mascando chicle y sonriendo como si se tratara de un juego".

Banderas Blancas
Justo antes de las ocho de la mañana, los soldados ordenaron a los vecinos dirigirse "al centro del pueblo".
Varios testigos entregaron versiones idénticas de lo que ocurrió después. Mientras la procesión doblaba por una esquina junto a un contenedor de basura amarillo, un soldado emergió de una puerta de metal a unos doscientos metros adelante y disparó a Rawhiya Najar en la sien. Cuando los residentes escapaban buscando protección, el soldado disparó contra Yasmine Najar, de 21 años, dejándola herida, cuando intentaba rescatar a Rawhija, cuentan los vecinos.
"Estoy convencido de que a la mujer le dispararon cuando ondeaba una bandera blanca", dijo Fred Abrahams, investigador de emergencias de Human Rights Watch, basándose en entrevistas separadas con varios vecinos.
"Sus declaraciones fueron consistentes, creíbles y fueron corroboradas. Todas las piezas encajan".
En la cercana Khan Yunis, el chofer de ambulancia Marwan Abu Reida respondió a un llamado poco después de las ocho de la mañana, sobre el cuerpo de una mujer que yacía en la calle. El barrio estaba envuelto en una espesa nube de humo blanco cuando llegó, dijo, y antes de que pudiera acercarse al cuerpo de Rawhija, disparos efectuados desde una casa cercana lo obligaron a abandonar la ambulancia y a buscar refugio con los vecinos.
"Era terrible. Las balas impactaban en la casa, que se sacudía con los misiles disparados desde aviones", dijo Abu Reida al Times por teléfono ese día.
"Podemos morir en cualquier momento".
Mientras continuaba el ataque israelí, Eman Najar y sus vecinos. A eso de la una y media de la tarde, la gente, agachado, corrió por un sendero de tierra. Todavía podían ver el cuerpo de Rawhiya junto al contenedor de basura amarillo, a menos de cien metros de ellos, pero no podían saber si estaba muerta o viva.
Cuando se acercaron al camino principal, un vecino y pariente llamado Mahmoud Najar les ayudó a escapar. Pero cuando se enteró del asesinato de Rawhiya, Mahmoud, 55, cogió una bandera blanca y prometió recuperar el cuerpo.
El grupo caminó unos cinco kilómetros antes de llegar a una escuela gestionada por Naciones Unidas, donde llegaban las ambulancias para evacuar a los heridos.
Las tropas israelíes se retiraron de Khozaa a eso de las ocho de la tarde del trece de enero.
Mahmoud Najar, el vecino que trató de recuperar el cuerpo de Rawhiya, fue encontrado muerto a apenas unos metros de su casa. Murió a causa de una herida de bala en el abdomen.
Abu Reida, el chofer de la ambulancia, salió de su escondite. Retiró el cuerpo de Rawhiya Najar y finalmente lo llegó a la morgue local.

Yasser Ahmad, en Khan Yunis, contribuyó a este reportaje.

15 de febrero de 2009
7 de abril de 2009
©los angeles times
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ajustes de cuentas en gaza


Organizaciones de derechos humanos denuncian que la invasión de Gaza permitió asesinatos de palestinos a manos de Hamas.
[Ben Hubbard] Ciudad de Gaza, Franja de Gaza, Palestina. El día después de que los tanques israelíes entraran en Gaza el mes pasado, palestinos enmascarados dispararon contra la familia al-Najar frente a su casa, matando al padre e hiriendo a diez otros, incluyendo dos chicas adolescentes y una abuela de 78 años.
Ammar al-Najar, 25, hijo de la víctima, no sabía quiénes eran los pistoleros, pero dijo que la familia apoya al movimiento Fatah y tuvo anteriormente problemas con el grupo dominante en Gaza, Hamas.
"Mi padre... trató de hablar con ellos, pero no quisieron. Y empezaron a disparar", dijo. Los hombres no llevaban símbolos de identificación, dijo.
Organizaciones de derechos humanos internacionales y palestinas dicen que hubo una serie de balaceras y golpizas en todo Gaza durante la ofensiva israelí, expresando sus sospechas de que militantes islámicos de Hamas aprovecharon el caos de la guerra para atacar a enemigos, incluyendo a activistas del grupo rival, Fatah.
Entre los ejemplos reportados por organizaciones de derechos humanos, destaca el de un hombre que fue sacado de la cama de un hospital por un grupo de hombres armados y el de otro hombre sacado de la casa de su abuelo, que fueron ejecutados a balazos. Un tercer hombre murió en un hospital debido a los golpes recibidos y heridas de bala después de que un grupo de hombres que dijeron que eran de las fuerzas de seguridad de Gaza lo sacaran de su casa.
Dos organizaciones de Gaza, el Centro Palestino de Derechos Humanos y la Comisión Independiente de Derechos Humanos, entrevistaron a sobrevivientes y testigos que dijeron que algunos ataques fueron realizados por miembros del servicio de seguridad de Hamas.
Amnistía Internacional fue más lejos y dijo que milicianos de Hamas iniciaron una campaña de "secuestros, asesinatos premeditados e ilegales, tortura y amenazas de muerte contra los que acusan de ‘colaborar’ con Israel, así como contra opositores y críticos".
Las tres organizaciones de derechos humanos han llamado a líderes de Hamas a investigar las acusaciones y enjuiciar a los responsables.
Hamas y Fatah se enfrentaron durante meses en Gaza antes de que pistoleros de Hamas se hicieran con el control del territorio después de cinco días de combates callejeros en junio de 2007. Durante el conflicto, ambos lados cometieron asesinatos y secuestros. Algunas víctimas fueron lanzadas al vacío desde las azoteas de edificios.
En las últimas acusaciones de ajustes de cuentas por Hamas durante la ofensiva israelí de las últimas tres semanas, Fatah dice que algunos de sus miembros fueron asesinados, otros heridos en sus brazos y piernas, y muchos de ellos colocados bajo arresto domiciliario que les impidió huir de zonas atacadas por Israel.
Hamas negó toda participación de miembros de su servicio de seguridad, pero reconoce que combatientes de Hamas atacaron a sospechosos de ser informantes de Israel.
"El gobierno distingue entre la violación de la ley y acciones de la resistencia para protegerse a sí misma contra los peligros que representan los espías en tiempos de guerra", dijo Taher al-Nunu, portavoz de la administración de Hamas en Gaza. "El gobierno confirma que no tendrá piedad con los colaboracionistas que apuñalan a nuestro pueblo por la espalda, y serán juzgados en los tribunales de justicia".
Un informe del Centro Palestino de Derechos Humanos detalla las ejecuciones "extrajudiciales" desde el 27 de diciembre, el día que se inició la campaña israelí, hasta fines de enero.
Dice que diecisiete de las víctimas eran presos que se habían fugado de la cárcel central de Gaza después de que fuera destruida por un bombardeo israelí el 28 de diciembre. Cuando los presos escaparon por las murallas derruidas, se vio a hombres armados apresando a algunos y sus cuerpos fueron hallados más tarde, dice el informe. La mayoría de los diecisiete estaban detenidos como sospechosos de ser informantes de los israelíes. Dos de ellos estaban presos por violar y asesinar a un niño.
La organización dijo que algunas de las quince personas asesinados durante ese período fueron sacados de sus casas por hombres armados, algunos de los cuales dijeron que eran miembros del servicio de seguridad interna de Hamas. Algunos aparecieron muertos poco después de su detención, mientras otros fueron encontrados heridos y murieron más tarde a causa de sus heridas.
Se han reportado ataques similares desde que Israel detuviera su ofensiva el 18 de enero
El 6 de febrero, Jamil Shaqqura, 51, murió en un hospital debido a una golpiza y torturas, una semana después de haber sido detenido para ser interrogado por la seguridad interna de Hamas, dijo la organización.
Hablando en el funeral de Shaqqura, el parlamentario de Hamas, Yunis al-Astal, dijo que la seguridad interna debía tener órdenes más estrictas. Funcionarios de Hamas dijeron que estaban investigando el caso.
Hamas también reconoció su responsabilidad por la muerte de Hasan al-Hijazi, que fue asesinado el 7 de enero por tres enmascarados. Hamas emitió más tarde una declaración calificando el asesinato de "error", dijo la organización de derechos humanos.
"Lo que ocurrió fue que había caos, y un caos armado", declaró Subhia Juma ante la Comisión Independiente de Derechos Humanos.
El grupo de Juma dijo que un grupo de pistoleros -algunos enmascarados, otros con uniformes oficiales- golpearon o dispararon en las piernas contra al menos 116 personas. El informe del Centro Palestino de Derechos Humanos menciona "decenas" de esos ataques.
Fahmi Zaarir, portavoz de Fath en Cisjordania, dio que catorce miembros de Fatah en Gaza fueron asesinados por Hamas durante la ofensiva israelí y que más de 160 fueron disparados en brazos o piernas, o golpeados.
Dijo que cientos de miembros de Fatah fueron puestos bajo arresto domiciliario, impidiéndoles huir del avance israelí hacia lugares más seguros. Algunos que trataron de salir de sus casas fueron atacados, dijo.
Mahmoud Qanan, 25, un dirigente juvenil de Fataj, dijo que unos hombres armados llegaron a su casa en el pueblo de Khan Yuis el 3 de enero, confiscaron su celular y le dijeron que estaba bajo arresto domiciliario.
"Podría haberme marchado a algún lugar más seguro que mi casa, pero tenía miedo de salir y que me mataran o secuestraran o castigaran", dijo.
Hamdi Shaqqura, del Centro Palestino de Derechos Humanos, dijo que su organización no pudo determinar concluyentemente quién realizó esos ataques, aunque algunos testimonios señalaban a pistoleros de Hamas.
Sin embargo, Amnistía Internacional dijo que no cabía "ninguna duda" sobre que la ola de ataques fue responsabilidad de "fuerzas y milicianos de Hamas, ya que son los únicos a los que se les permite operar con ese grado de libertad en Gaza".

febrero de 2009
7 de abril de 2009
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nihilismo en campos jordanos


[Anthony Shadid] Vida de los palestinos marcadas por el desencanto.
Amán, Jordania. Ahmed Abu Amira miró hacia una calle del Campo de Refugiados Hussein, cubierta de basura mojada desparramada y bordeada de bloques de cemento -una imagen genérica de pobreza. Se dirigía hacia el oeste, como había hecho durante seis décadas, hacia la casa de sus padres.
"Palestina está muy lejos", dijo, parado entre los clientes que estaban hurgando entre su popurrí de artículos baratos: peines, pasta dental, billeteras de cuero y pintauñas en verde y amarillo. "Esta guerra no tiene fin. Terminará cuando se acabe el mundo". Bahdala, la llamó: un caos. "Juro por Dios", dijo, la cara torcida por una amarga resignación, "que morir sería preferible".
Los más de 1.8 millones de refugiados palestinos y sus descendientes en Jordania, registrados por Naciones Unidas, junto a otros cientos de miles en el Líbano y Siria, siguen siendo temas secundarios en medio de las crisis y guerras más turbulentas de la región, una diáspora de sesenta años cuya permanencia niega la idea de que la condición de refugiado es temporal. Pero en conversaciones en las calles de diez campos en Jordania, los palestinos cuentan una historia, algo anecdótica, de un paisaje donde la política secular se ha atrofiado, el activismo islámico está en ascenso y, quizás más importante, una sensación de abatimiento, incluso de nihilismo, se está apoderando de todos con inciertas consecuencias.
"Mírame a la cara y dime lo que ves", dijo Abu Amira, 55, con el pelo al rape y una recortada barba cana. "Aquí no ríe nadie". El tráfico pasaba gruñendo frente a su tienda. "En estos días ya no hay esperanza".
Se estima que los palestinos representan una mayoría de la población del pequeño reino del desierto de casi seis millones de habitantes, pero sólo una parte están registrados como refugiados ante Naciones Unidas, entre ellos los biznietos de los palestinos que huyeron cuando la creación de Israel. A diferencia de otros países árabes, Jordania otorgó la nacionalidad a casi todos los refugiados, incluso aunque su presencia en campos como Hussein, prácticamente un barrio de Amán hoy en día, era considerada temporal. Oficialmente, todavía lo es.
Durante años los funcionarios jordanos, recelosos de la disensión palestina, han mirado con inquietud mientras los campos, en el pasado bastiones del nacionalismo secular de la Organización por la Liberación de Palestina, se han acoplado a tendencias musulmanas tradicionales. Los funcionarios dicen que los palestinos representan la mayoría de la base del Frente de Acción Islámica, la rama jordana de la Hermandad Musulmana. En los campos, quizás sólo la mitad de las colegiales de hace diez años llevaban la hijab, el velo que cubre el pelo, pero no la cara. Hoy, lo llevan casi todas.
Pero en los últimos cinco años, incluso quizás más llamativo, ha sido el crecimiento de una aguda, a menudo rabiosa desilusión con la política, laica o tradicional y religiosa, con el inicio de guerras entre grupos en los territorios palestinos y caos en Iraq.
"Escapas del peligro y caes en uno todavía más grande", dijo Taher al-Masri, palestino y ex primer ministro.
Los campos en Jordania siguen siendo mucho más inactivos que los del Líbano, donde los grupos más radicales se han perfilado más. En Ein al-Hilweh, muchas discusiones se convierten en enfrentamientos entre jóvenes armados hasta los dientes. En otro campo, Nahr al-Bared, el ejército libanés ha sitiado el campo en un intento de detener a los seguidores de un grupo disidente, Fatah al-Islam, que une a los palestinos con otros árabes, y que ha sido acusado del atentado contra dos buses a mediados de febrero en una ciudad cerca de Beirut.
Pero incluso en los campos jordanos, temas que eran antes prohibidos están siendo abordados mientras los residentes hablan francamente de un conflicto que en su opinión ya no puede ser resuelto y que, de algún modo, ya no reconocen. Desesperados, algunos aceptarían una compensación de Naciones Unidas o en otro lugar antes que insistir en el derecho a retornar a sus hogares de antes de 1948, un principio que antes parecía inviolable. Otros definen el conflicto, que fue durante largo tiempo una lucha por reivindicaciones nacionales contradictorias a la tierra, en términos más épicos.
"Si no logramos la paz, tendremos guerra", dice Fawzi Ahmed, un tendero mezclando mentas rosadas y blancas en una balanza.
Los cánticos del Corán inundaron su calle, cubierta de sobras de pan, cáscaras de huevo y lechugas pasadas. Los vendedores gritaban sus ofertas detrás de endebles mesones con frutas y verduras: "¡Frijoles por medio dinar!" Más abajo estaba Ibrahim Moussa, un empleado de gobierno jubilado, que insistió en compartir un café antes de hablar. Su abundante y canoso bigote lucía las manchas amarillas que causa la nicotina.
"¿Cuál es nuestro problema aquí? Es cómo comer, cómo beber, cómo olvidar nuestros problemas. Es lo único que podemos hacer", dijo, el café en una mano, un cigarrillo en la otra. "Esto cría odio. Es el odio de no poder hacer nada".
Los padres de Moussa nacieron en la aldea de Faluya, ahora en Israel, donde Gamal Abdel Nasser, entonces un fornido mayor egipcio (y más tarde presidente de Egipto) resistió durante cuatro meses contra las tropas israelíes durante la guerra árabe-israelí de 1948. En los años siguientes, Faluya se convertiría para Nasser en lo que fue la Sierra Maestra para Fidel Castro en Cuba.
Moussa nació en Karameh, un pueblo jordano que fue atacado por tropas israelíes el 21 de marzo de 1968. El ataque era una venganza -las guerrillas habían montado ataques desde el pueblo, justo al otro lado del río Jordán. Pero en una rara instancia de éxito, los guerrilleros palestinos lograron una embarazosa retirada israelí con ayuda de artillería y blindados jordanos. Con el tiempo, Karameh asumió dimensiones míticas en el mundo árabe, acostumbrado a humillantes derrotas, y ayudó a sentar las bases para el surgimiento de la OLP. En el Líbano se publicaron historietas sobre la batalla.
"Esos recuerdos han muerto", dijo Ibrahim Salem, 32, barbero en Karameh, donde una solitaria pintada proclama: "El islam es la solución", en una calle de tiendas con nombres como Haifa y Jerusalén. "Los árabes ya no tienen a Palestina en el corazón".
En campos como Baqaa, a unos 16 kilómetros de Amán, con sus calles sin color, los vecinos miran crecer, con amargura y asombro, el conflicto entre el movimiento islámico de Hamas y los leales a la Autoridad Palestina del presidente Mahmoud Abbas. A menudo, la rabia contra Estados Unidos e Israel se funde con resentimiento hacia los políticos palestinos, que según los vecinos sólo trabajan en su propio beneficio.
"Todos quieren proteger su pedazo de poder", dijo Khitam Ramada, 30, farmacéutica, en su destartalada tienda.
Más abajo en la calle, Suheil Ajouri, 30 años y padre, comparte su condena. Sus palabras manaron como cuando se rompe un dique: "No confío en ninguno de ellos. No tienen principios", dijo. Son políticos por el dinero, declaró. "Nada más y nada menos".
Como muchos otros, habló de justicia, una palabra que en los campos se oye más a menudo que la palabra libertad. Hizo un inventario de sus gastos -ropa, comida y el alquiler, la escuela de sus hijos-, y lo contrastó con sus ingresos como tendero, de 360 dólares al mes, que no es suficiente. Declaró que la guerra terminará a su favor, por designio divino. Pero mientras aumentaba su indignación, logró soltar otra alternativa.
"No van a resolver nunca nada, no en mi vida", dijo. "No hay solución, no hay nada".

12 de abril de 2007
7 de abril de 2007
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lucha interna palestina


[Anne Barnard] ¿Qué quieren los palestinos realmente, y qué es lo que realmente les divide?
Rafah, Franja de Gaza, Palestina. Cuando Mahmoud Abbas, el presidente de la sacudida Autoridad Palestina, decidió someter a votación popular lo que se llama patrióticamente, aunque algo vagamente, el programa nacional palestino, lo que realmente quería era dar a los palestinos la posibilidad de responder a la pregunta que, desde enero, ha estado formulando el planeta: ¿Qué querían exactamente cuando pusieron a Hamas en el poder?
Casi desde el momento en que el grupo militante ganó su sorpresiva victoria, desencadenando un asfixiante boicot económico occidental, los rivales de Hamas han argumentado vociferantemente que no es realmente lo que querían los palestinos. Que ellos no apoyan todo el programa de Hamas en cuanto a la instauración de un estado islámico, ni la lucha a muerte con Israel. Votaron a Hamas como un voto de protesta contra el corrupto partido gobernante de Fatah.
La apuesta de Abbas pondrá esa posición a prueba. Entre una lucha por el poder cada vez más intensa entre el parlamento dirigido por Hamas y el servicio público dominado por Fatah, Abbas y sus colegas intelectuales de Fatah han decidido que el único modo de evitar una crisis constitucional, y posiblemente una guerra civil, es ponerse de acuerdo sobre un conjunto de objetivos nacionales básicos que deben ser ratificados por el pueblo palestino.
Así que Abbas ha decretado que los palestinos concurran a las urnas el 26 de julio para aprobar o rechazar el compromiso alcanzado por los rivales Fatah y los militantes de Hamas que cumplen juntos sentencias en una cárcel israelí. La Iniciativa de los Prisioneros llama a la fundación de un estado palestino que debe existir junto al de Israel, aceptando implícitamente que el estado judío está ahí para quedarse. También llama a los militantes a ‘concentrar' los ataques violentos contra blancos israelíes en Cisjordania y la Franja de Gaza, fuera de Israel.
Abbas ha argumentado que unirse detrás de este programa -más moderado que el de Hamas, pero menos conciliador que el del desacreditado Fatah- tendría ventajas concretas y de gran alcance, desde terminar con el boicot internacional, hasta mitigar la lucha callejera entre milicianos rivales de Hamas y Fatah. "Debemos actuar rápidamente para salvar a más gente", dijo a sus partidarios en Ramallah, el 10 de junio.
Abbas está pidiendo a su gente decidir nada menos que el tipo de sociedad y de futuro quieren. Les está pidiendo que superen, o que al menos hagan a un lado, las diferencias políticas y culturales entre Fatah y Hamas; entre los que quieren hacer compromisos, incluso si el compromiso incluye el desencanto y la corrupción, y los que insisten en los principios a cualquier precio.
Pero la apuesta de Abbas de unir a los palestinos también los está dividiendo, y el referéndum podría hundir todo el proyecto si la gente llega a percibir la votación como una contienda entre facciones rivales. Ese es ciertamente el modo en que los líderes de Hamas lo vieron cuando Abbas propuso por primera vez el referéndum el mes pasado. Rápidamente calificaron la movida como un intento de deshacer su victoria electoral. Y en un informe dado a conocer el martes, el Grupo Crisis Internacional, una organización independiente dedicada a la prevención de conflictos, declaró que el ‘ultimátum' de Abbas podría provocar "una guerra sin control de la que todos los palestinos emergerán como perdedores".
En realidad, desde que Abbas lanzara su obús, la lucha interna se ha acelerado, causando la muerte de decenas de palestinos. El principal signatario de Hamas ha retirado su nombre de la carta de los prisioneros, mencionando el "inaceptable abuso" que hace el presidente del documento. El lunes, milicianos de Fatah atacaron edificios de gobierno e incendiaron algunas oficinas. El miércoles una airada turba de empleados públicos invadió una sesión legislativa, y se pararon sobre los escritorios de legisladores de Hamas, arrojaron botellas de agua y cajas con pañuelos contra los legisladores, y gritaron: "Tenemos hambre".
Funcionarios palestinos e israelíes dicen que no han visto nunca a la sociedad palestina en una posición tan precaria "al borde de un conflicto interno", en palabras del informe del Grupo Crisis. ¿Pero qué es lo que realmente divide a los palestinos? Los dirigentes políticos debaten ahora cómo aproximarse a Israel, pero en las calles de Cisjordania y de la Franja de Gaza, esas diferencias a menudo se convierten en excusa de preocupaciones más inmediatas: religión, cultura, trabajo, y poder.

Si uno leyera los diarios israelíes y escuchara el debate internacional, uno pensaría que la lucha interna de los palestinos gira principalmente sobre Israel. Pero las posiciones palestinas sobre qué hacer con Israel están bien documentadas y son relativamente consistentes: El reciente sondeo de la Universidad Bir Zeit, de Ramallah, constató que el 77 por ciento apoya el documento de los prisioneros, y el 83 por ciento respalda la solución de dos estados -el palestino en Cisjordaia y la Franja de Gaza.
El plan de Abbas de resolver la lucha interna palestina mediante un nuevo consenso en torno a cuestiones relacionadas con Israel produjo buenos resultados para sus partidarios en Ramallah, el centro cultural e intelectual relativamente acomodado de la vida palestina, donde pronunció su discurso más reciente sobre el referéndum del 10 de junio. Pero un día antes, en la dilapidada y acribillada ciudad de Rafah, al sur de Gaza -el otro extremo geográfico y político-, estaba claro que los militantes veían el referéndum menos como una posibilidad de ponerse de acuerdo en torno a una política común que como una contienda entre dos tribus políticas.
Mientras los gazanos se apretujaban en un estadio de fútbol para llorar la muerte de un prominente comandante militantes durante un ataque israelí -que es ostensiblemente un momento unificador-, las charlas sobre el referéndum provocaron contiendas de gritos entre grupos de jóvenes cuya apariencia física delataba sus lealtades. Barbudos miembros de Hamas, con camisetas negras e impecables pantalones de camuflaje, formaban disciplinadas hileras, como parte de la polémica nueva fuerza de seguridad de Hamas. El ala militante de Fatah, la Brigada de los Mártires de Al Aqsa, mostraban un aspecto de guerrilleros de capa y espada, con sus arrugados camuflajes violetas y pañuelos que, enrollados, mostraban en sus frentes la imagen impresa de Yasser Arafat.
En la multitud, una media docena de jóvenes soldados de la Fuerza de Seguridad Nacional, dominada por Fatah, se refugiaban del sol en la carrocería cubierta de su camión. No tenían ni idea de cuáles eran los 18 puntos enumerados en la Iniciativa de los Prisioneros. Pero sabían cómo votarían.
"Este referéndum probará que Fatah es el partido que la gente quiere de verdad", dijo uno de ellos, justo antes de que su oficial lo regañara por hablar de política.
Lo que ellos han entendido es que el documento es más Fatah: el partido de su flamante líder Arafat, de los raptos de avión de los años setenta, de las chaquetas de cuero, autos relucientes, barbas recortadas, casas modestas, y un firme rechazo a hacer compromisos con Israel.
Como los israelíes, los palestinos, tras haber observado el colapso de los Acuerdos de Oslo hace más de una década, están en medio de una crisis de identidad. Vieron a la Organización por la Liberación de Palestina OLP -durante largo tiempo líder de la lucha armada contra Israel, y dominada por Fatah- reconocer a Israel y renunciar a la violencia, sin ganar el estado palestino. Y vieron a la elite del PLO enriquecerse a sí misma a medida que la nueva violencia y el desastre económico reducía las normas de vida de la gente corriente.
"La PLO era la identidad nacional palestina. Ahora, en la conciencia popular, la PLO significa corrupción, prepotencia", dice Mohsen Abu Ramadan, que encabeza el Centro Árabe para el Desarrollo Agrícola, en Gaza. "Creó frustración, odio, depresión".
Pero Hamas, dice Abu Ramadan, un político independiente que ha estudiado la corrupción económica durante Fatah, tiene sus propios problemas. El recién instalado partido islámico, dice, no está más dispuesto que Fatah a hacer compromisos con otras ideologías; fracasó a la hora de formar un gobierno de coalición, y ha impulsado políticas conservadoras a expensas de empujar a más gente a la pobreza.
"Perteneces más a tu partido que a Palestina", dice, sentado en la terraza junto a la playa del Hotel Deira, en Gaza, mientras los obuses de la artillería israelí resuenan en la distancia, planeando cómo reprender a los líderes de Hamas. En lugar de una identidad palestina, dijo, creen en "una exagerada identidad musulmana".
Los partidarios de Fatah y Hamas se dividen gruesamente a lo largo de las líneas laicos-versus-religiosos. Mientras que muchos partidarios de Fatah se consideran religiosos en un sentido tradicional, la mayoría son alérgicos a la idea de un orden político y social gobernado por preceptos religiosos.
Izzat Abdelhadi, que dirige un consorcio de grupos palestinos sin fines de lucro, dice que las organizaciones de estilo occidental como la suya, han fracasado a la hora de generar apoyo de base del que disfrutan las organizaciones benéficas asociadas a Hamas y que se preocupan de los pobres. Pero todavía cree que es impensable trabajar con esos grupos religiosos. "Nosotros no somos islamitas", dice.
Sin embargo, a pesar de que gran parte de las divisiones políticas están enraizadas en la religión y en la cultura, las peleas callejeras no giran sobre principios religiosos. Clanes rivales y bandas armadas flojamente -aunque no exactamente- relacionadas con los partidos, están enzarzadas en una lucha por trabajos, influencia, y el control físico de barrios que sólo se ha intensificado con la crisis económica. En este ambiente, la afiliación política de un hombre armado tiende a basarse en la lealtad a su propia milicia, y no a matices en sus opiniones sobre el islam o el uso de la violencia para hacer frente a la ocupación.
En el funeral de Rafah, el líder de una banda de hombres que llevaban pañuelos de Yasser Arafat, que sólo proporcionó su nombre de guerra, Abu Abdullah, era un ejemplo. Dijo que él, personalmente, coincidía con Hamas de que la ‘resistencia' debería atacar a los israelíes en todas partes, incluso en Tel Aviv -no solamente en Cisjordania y la Franja de Gaza como proponen el acuerdo entre los prisioneros. Pero dijo que votaría de todos modos por la carta de los prisioneros porque eso es lo que Fatah dice que hay que hacer. "Tenemos confianza en nuestros jefes y en nuestro partido", dijo.

Cualquiera sea el resultado el 26 de julio, el referéndum podría convertirse en insignificante dependiendo de la voluntad del participante con el voto más potente: Israel.
El gobierno israelí no ha apoyado la iniciativa de los prisioneros, aunque es la primera vez que líderes de Hamas o de la Yihad Islámica firman una declaración respaldando la solución de dos estados. Funcionarios israelíes señalan que el documento no cumple con ninguna de las tres condiciones especificadas por Estados Unidos y otros participantes internacionales para levantar el boicot: renunciar a la violencia, reconocer a Israel y respetar acuerdos internacionales previos, tales como los Acuerdos de Oslo. E incluso si el primer ministro Ehud Olmert anuncia que se reunirá pronto con Abbas, otros funcionarios israelíes denuncian al presidente como "irrelevante".
Los palestinos creen que el caos en sus calles proporciona a Israel una excusa conveniente para continuar con sus planes de definir unilateralmente sus fronteras definitivas y anexar más territorio de Cisjordania.
En su barbería en Ramallah, Muhammad Hammad explicó las opciones, según las veía. Si el referéndum es aprobado, y la comunidad internacional lo acepta como un reconocimientos de facto de Israel, quizás se pague a los empleados públicos, el nudo económico se afloje, y los palestinos obtengan vagas promesas de un acuerdo pacífico -aunque probablemente no recuperarán todas las tierras que quieren.
Si no pasa, especuló, Estados Unidos y Europa se encogerán de hombros y dirán que los palestinos se merecen su destino.
"Nos destruirán de todos modos", dijo Hammad.
"Fatah y Hamas están ambos destruyendo al pueblo palestino", dijo uno de sus clientes, Nizam Samarra. "La única diferencia entre ellos son los medios de destrucción que usan".

abarnard@globe.com

Sa'id Ghazali contribuyó desde Ramallah; Barnard informó desde Gaza y Ramallah.

18 de junio de 2006
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desconcierto de al fatah


[Ken Ellingwood] El núcleo histórico del movimiento palestino ha sido empujado hacia un período de búsqueda de su identidad. Muchos miembros juran que volverán.
Ramala, Cisjordania, Palestina. Walid Bayed fue criado en la causa palestina desde que nació.
De niño en un campamento de refugiados vio cómo las autoridades israelíes detenían a su madre por llevar mensajes para la resistencia palestina. Bayed y sus cuatro hermanos pasaron tiempo en cárceles israelíes por sus actividades en el entonces prohibido movimiento Fatah, fundado por el difunto Yasser Arafat para dirigir la lucha por la independencia palestina.
Bayed se unió al movimiento Fatah a los 15 años, fue elegido para formar parte de su comité juvenil y, ya adulto, se convirtió en dirigente de la regional de Ramala del partido.
"Mi personalidad se desarrolló dentro de Fatah", dijo Bayed, 30, ahora un inversor.
Pero la humillante derrota ante Hamas en las elecciones parlamentarias ha empujado a Bayed y a miles de otros activistas de Fatah a un doloroso período de búsqueda de la identidad. Muchos activistas están aturdidos y enfadados, y han empezado a buscar explicaciones por la caída de un partido que dominaba la vida política palestina tan completamente que era casi indistinguible del gobierno de la Autoridad Palestina.
Al mismo tiempo, juran que volverán. Fatah debe ser reformado, dicen, y algunos de sus dirigentes deben pagar el precio por convertir al partido en un símbolo de corrupción y fracaso a ojos de muchos votantes palestinos.
"La gente se está preguntando: ‘¿Adónde nos llevaron nuestros dirigentes? Cierta gente tiene que rendir cuentas. Nosotros los consideramos responsables", dijo Samir Awad, profesor de relaciones internacionales en la Universidad de Birzeit, que se describe a sí mismo como un ex activista de Fatah.
Además, Fatha se ha visto acosado por divisiones internas que han minado la energía del partido y lo han dejado desorganizado ya antes de las elecciones, un estado de cosas que contribuyó a su derrota.
La ocasión para tratar estos problemas puede llegar pronto. Fatah tiene planes tentativos para un largamente aplazado congreso del partido, el primero en más de 16 años. La oportunidad está en discusión, pero si se convoca, los miembros de Fatah deberán elegir militantes para dos comités de dirección claves, el Consejo Revolucionario, de 135 miembros, y el Comité Central, cuyos 18 miembros eligen a su vez al presidente del partido. El congreso debió convocarse el año pasado, pero fue pospuesto.
El puesto de presidente lo tiene en estos momentos Farouk Kaddoumi, que vive en Túnez. Prefirió quedarse en la capital tunecina cuando Arafat y otros exiliados volvieron a Cisjordania y la Franja de Gaza en 1994 después de un acuerdo de paz provisorio con Israel. Sin embargo, la cara más visible de Fatah es Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina y jefe de la Organización por la Liberación de Palestina OLP. Fatah es la fracción central de la OLP.
Muchos activistas más jóvenes de nivel medio de Fatah han insistido durante largo tiempo en la realización de un congreso del partido para romper el monopolio sobre las posiciones de liderazgo ocupadas por veteranos de la OLP que, como Abbas, eran cercanos de Arafat.
El resentimiento entre los miembros más jóvenes ha creado tensiones internas incluso antes de la muerte de Arafat en noviembre de 2004. Pero las grietas se han profundizado desde entonces.
Algunos miembros de la generación que va en los cuarenta retaron a la dirección en noviembre presentando una lista rival de candidatos al parlamento. Se evitó una escisión cuando Abbas accedió a fusionar las dos listas y otorgar más prominencia a los miembros más jóvenes de la lista oficial.
Pero eso no ayudó a superar los problemas. Algunos dirigentes antiguos como el primer ministro de la Autoridad Palestina, Ahmed Korei, decidió no participar en las elecciones y vio cómo Hamas se hacía con sus escaños. La joven generación de Fatah no logró tampoco hacerse elegir en las elecciones. Decenas de militantes se separaron del partido y postularon como independientes, lo que diluyó la votación de Fatah.
La limpieza de la casa empezó la semana pasada cuando los mayores del partido expulsaron a 76 miembros, incluyendo a ocho miembros del Consejo Revolucionario que se habían presentado a las elecciones como candidatos independientes.
Fatah debe también buscar un modo de recuperar la confianza de un electorado que parecía ansioso de castigarlo por una gama de males, desde la corrupción hasta la mala administración, el desempleo crónico y la esperanza incumplida de poner fin a la ocupación israelí.
Según analistas fue solo natural que los votantes expresaran su frustración volviendo la espalda a Fatah. Los miembros del partido han cosechado durante años los beneficios de un extenso sistema de patrocinio que daba a Fatah un trato preferente en la distribución de cargos de la administración, ayudaba con créditos a nuevos empresarios, otorgaba becas universitarias y otros beneficios.
Fatah fue fundado por Arafat en 1959 como un instrumento de la revolución. Pero también levantó una red de base de ayudas públicas que distribuía alimentos y dinero a los pobres y a los familiares de palestinos encarcelados. En ese sentido, ganó la simpatía pública del mismo modo que se hizo popular Hamas, especialmente en las calles de la miserable Franja de Gaza, fundando escuelas y clínicas médicas.
Pero en las elecciones recientes los votantes expresaron su desencanto con Fatah, incluso aunque su política de reconocimiento de Israel y su respaldo a la solución de dos estados corresponde con las aspiraciones de la mayoría de los palestinos.
A pesar de la victoria de Hamas, es probable que los cargos en la administración sigan firmemente en manos de los partidarios de Fatah, dijeron varios militantes del partido. La mayoría de los aproximadamente 135 mil empleados públicos son, según se cree, partidarios de Fatah y el partido es especialmente fuerte entre los casi 60 mil miembros de las fuerzas de seguridad. Las reglas del servicio público probablemente protegerán a la mayoría de los empelados de gobierno, dijeron funcionarios.
Algunos miembros mantienen la esperanza de volver pronto a posiciones de liderazgo. Según ese escenario, Hamas sería incapaz de formar un gobierno y los palestinos serían nuevamente llamados a las urnas.
A pesar de la consternación de Israel por la pérdida de las elecciones de Fatah, el primer ministro Ehu Olmert dijo el lunes que Israel hará lo que sea necesario para apuntalar a Abbas. "Mientras no coopere con Hamas y el gobierno palestino no sea un gobierno de Hamas, nosotros continuaremos cooperando con la Autoridad Palestina, prudente y responsablemente", dijo.
Funcionarios palestinos dijeron el lunes que tratarán de obtener los 300 millones de dólares en ayuda internacional que les fueron asignados.
Entretanto, muchos incondicionales de Fatah están atareados tratando de desprenderse de la sensación de desconcierto.
Faraj Zayoud, que trabaja en la comisión de relaciones exteriores del partido, dijo que había desconectado su teléfono después de enterarse de la derrota de Fatah. El partido fue tan central en la vida palestina durante tanto tiempo, que el rechazo de la opinión pública era inconcebible.
"Para mí es toda mi vida", dijo Zayoud, 40, que se unió a Fatah hace 22 años cuando era estudiante universitario de primer año en Jordania. "Pasaba todos los días y sus noches trabajando para Fatah. Significa todo para mí. Significa el pasado, el presente y el futuro".
Sin embargo, Zayoud dijo que una purga interna podría hacer espacio para funcionarios de nivel medio como él que se han sentido obstaculizados por un jerarquía anquilosada. "No me gusta decir que fue una derrota", dijo Zayoud. "Prefiero decir que es una sensación de pérdida. Es una batalla, pero no el fin de todo".

7 de febrero de 2006

©los angeles times
©traducción mQh

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