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al-zarqawi, el terrorista


[Megan K. Stack] Zarqa, Jordania. Siguió una ruta conocida que lo llevó al terrorismo. Sus amigos lo recuerdan como un joven inestable que comenzó su carrera de fanático de la guerra santa después de pasar un período en Afganistán.
La ciudad donde Abu Musab Zarqawi se transformó en su más notorio monje es un lugar duro: sin árboles y desolado, con edificios de apartamentos de bloques de bovedilla, interrumpidos por grises mezquitas. Dicen que tienes que ser un matón para sobrevivir en estas calles, y el joven Zarqawi reunía todos los requisitos: era miembro de una banda callejera, peleaba con agilidad y se cubrió el cuerpo con tatuajes.
Eso era en los años de 1980, antes de que se tornara hacia la religión. Antes de que el llamado a la guerra santa recorriera el mundo árabe, llevándose por delante a jóvenes que no veían perspectivas más prometedoras. Antes de que el gobierno de Estados Unidos llamara a Zarqawi el cerebro detrás de los más sangrientos atentados en el Iraq de posguerra.
En esa época su nombre era Ahmed Khalayleh.
A la verdad, Abu Musab Zarqawi no es un nombre, sino más bien una colección de detalles personales: significa "padre de Musab, nativo de Zarqa". Para sus vecinos y amigos todavía es Ahmed, un hombre que se esfuerzan por reconocer en la descripción norteamericana.
Dicen que Zarqawi es un agitador, un líder terrorista más fanático que Osama Bin Laden. Pero incluso su madre, antes de morir de cáncer aquí hace algunos meses, le dijo a un visitante que su hijo no era suficientemente listo como para ser un cabecilla logístico e ideológico.
Uno de sus vecinos, un dependiente con gafas unos años menor que Zarqawi, del que se cree que tiene 38 años, sonrió con el recuerdo del Ahmed laico y más joven.
"Estaba muy alejado de asuntos religiosos", dijo el vecino, que insistió en que correría peligro si se conocía su nombre.
"Salía con una pandilla de chicos que bebían mucho", dijo. "Incluso le llamábamos el Hombre Verde, por los tatuajes. Una vez se emborrachó y peleó con su primo. Tenía un cuchillo en la mano e lo atacó, hiriéndolo. Después de eso dejó de beber y comenzó a rezar".
La tribu de Zarqawi, la bani hassan, es una de la más grandes de Jordania, y ostenta miembros del parlamento, generales y ministros. Pero la propia familia de Zarqawi era pobre y devota. Su padre era curandero y el jefe tribal de su hosco vecindario. El segundo de sus cinco hijos, Zarqawi nació en un apartamento en el primer piso arriba de un taller de mecánica, al otro lado de un cementerio.
Zarqawi era un buen estudiante y mantuvo un buen rendimiento hasta que, abrupta e inexplicablemente, abandonó la secundaria un semestre antes de la graduación, por timidez. Se casó con una prima, y obtuvo una posición como mecánico en el ayuntamiento de Zarqa, pero pronto se aburrió y renunció.
Para fines de los 1980, la guerra santa contra la ocupación soviética en Afganistán estaba en pleno apogeo. Jóvenes musulmanes de todo el mundo se marchaban a los campos de batalla de Afganistán a la búsqueda de sus destinos. Zarqawi se subió a la ola aunque, según muchos informes, no era particularmente religioso.
En ese primer viaje a Afganistán, Zarqawi parecía estar buscándose a sí mismo, dijeron sus colegas. Se acurrucaba a leer el Corán a un lado del campo de batalla y junto a las fogatas en la noche; oscilaba entre el combate y en escribir sobre las batallas como un ambicioso corresponsal de guerra para un diario musulmán en la ciudad de Peshawar, Paquistán.
"Se pasaba toda la noche leyendo el Corán y orando", dijo Saleh Ilhami, un combatiente jordano que conoció a Zarqawi en Afganistán y se casó más tarde con su hermana. "Se daba cuenta del sufrimiento de la nación musulmana. En esa época, podía recitar el Corán de memoria, debido al tiempo que se pasaba leyéndolo".
Los jóvenes se imaginaban a sí mismos como personajes de una batalla épica grabada para la gloria contra el trasfondo de las escarpadas montañas de Afganistán. Esos años lo cambiaron para siempre, y dejaron a gran parte del mundo árabe luchando para atemperar a los fervorosos combatientes que volvían marchando a casa.
"Fue una gran experiencia, una gran vida, lo mejor que he visto en mi vida", dijo Ilhami. "Sentí que nacía de nuevo cuando llegué ahí. Éso era vida".
Ilhami sacó su diploma de periodista en la Universidad de Jordania; dijo que viajó a Afganistán en 1989 para trabajar como corresponsal de guerra. Un año más tarde, cuando estaba recorriendo las montañas cerca de Khowst, tomando fotografías, pisó una mina terrestre. La explosión le arrancó su pierna, y lo llevaron por el paso fronterizo de Khyber a Peshawar, para tratarlo.
Zarqawi presenció la evacuación de su compañero jordano y admiró su valentía. Cuando Ilhami se recuperó, Zarqawi se presentó a sí mismo ante él y le pidió que le enseñara a escribir historias. Se hicieron amigos.
Cuando Zarqawi oyó que Ilhami quería casarse, le propuso a su hermana menor. Ilhami aceptó, y la joven fue llevada a Peshawar, donde se casaron en 1991. "Después de eso, yo le respeté un montón y lo quería mucho", dijo Ilhami. "Me estaba rindiendo honores".
Para 1992 el ambiente en Afganistán se estaba avinagrando. Los soviéticos se habían marchado hace tiempo y los mujahedines empezaron a pelearse entre sí. Zarqawi fue enviado a casa a Jordania, más sofisticado y endurecido, pero no radicalizado todavía, dicen los que le conocieron.
"Ese fue el principio de los problemas entre Zarqawi y el régimen aquí", dijo Ilhami. "Sabes, para los que han pasado un tiempo haciendo la guerra santa, esta se transforma en algo como el oxígeno. Es muy difícil dejarla".
Muchos de los combatientes retornados encuentran difícil adaptarse nuevamente en sus países natales, dijo. Zarqawi se desorientó. Al mismo tiempo, agentes del servicio secreto jordano vigilaban estrechamente a los veteranos afganos.
Las ideas de Zarqawi se radicalizaron cuando cayó bajo el influjo de un clérigo llamado Issam Barqawi, más conocido como Abu Mohammed Maqdisi. Maqdisi, el testaferro palestino de la fanática red Bayat Al Imam de Jordania, era un ardiente extremista, que fue descrito aquí como incluso más radical que Bin Laden.
Los escritos de Maqdisi supuestamente inspiraron el atentado con camión bomba contra las Torres Khobar de Arabia Saudí en 1996, en el que murieron diecinueve soldados norteamericanos.
Maqdisi se ha pasado la vida entrando y saliendo de la cárcel; está encarcelado en Jordania, condenado por tratar de derrocar al gobierno para fundar un califato musulmán.
"Ahmed piensa lo mismo que Maqdisi", dijo Mohammed Dweek, un abogado jordano que defendió a ambos en los 1990. "Él mismo admitía que era una copia de Maqdisi. Pero Maqdisi es mil veces más peligroso que Zarqawi. Tiene encanto, tiene carisma, y puede convencer a cualquiera".
Zarqawi, junto con Maqdisi y la mayoría de sus seguidores, fue detenido a principios de los años de 1990 por comprar explosivos. Los miembros de la red fueron sacados de circulación y encerrados como presos políticos en la cárcel jordana de Swaqa.
Fue ahí que un estudioso del islam, un hombre de voz suave, Youssef Rababa, conoció a Zarqawi y a Maqdisi. Rababa era el jefe de una pequeña célula llamada las Mentes de Ajlun. Las autoridades jordanas han arrestado a miembros de la célula acusados a planear un atentado con bomba.
Fue a mediados de 1990, y en el inconexo universo del patio de una prisión jordana las organizaciones musulmanas funcionaban como una especie de vigilantes de la cárcel. Ofrecían protección, distracción y un sentido de fraternidad espiritual. Los miembros intercambiaban folletos religiosos, recogidos durante las oraciones de los viernes, y se mantenían unidos cuando había peleas.
Rababa recuerda a Zarqawi como un exaltado, aparejado con un temperamento violento despojado de todo sentido común. Zarqawi adquirió reputación por la ferocidad que mostraba ante la autoridad; les decía descaradamente a los guardias de la prisión que eran paganos. Inspiraba respeto, si no admiración, y cuando se sentía amenazado, peleaba.
"Era un líder con una personalidad muy fuerte. Los otros presos le tenían miedo", dijo Rababa. "Le gusta ser el jefe y le gusta tener autoridad".
Zarqawi comenzó a predicar después de las oraciones de los viernes, echándole sermones a sus compañeros sobre los peligros de los paganos y la injusticia de los regímenes árabes laicos. Ganó influencia y gradualmente se despojó de su papel como el ansioso discípulo de Maqdisi.
"El último año en la cárcel hubo un gran cambio en su relación", dijo Rababa sobre Maqdisi y Zarqawi.
"Parece que tuvieron un grave desacuerdo. El último mes en la cárcel Maqdisi lo pasó solo. Zarqawi se hizo con su grupo".
En 1999, poco antes de su puesta en libertad, las autoridades jordanas se inquietaron por el poder de Zarqawi ante los otros presos y lo trasladaron a una cárcel más pequeña.
Pero incluso en el reino de los musulmanes armados, Zarqawi es un extremista que predica la línea dura, dijo Rababa. Funcionarios norteamericanos y jordanos lo han identificado como miembro de Al Qaeda, pero sus conocidos aquí dijeron que su relación con la organización era ambigua. Zarqawi conoció a Bin Laden en Afganistán, pero hubo una diferencia doctrinaria entre ellos, dijeron.
"Osama Bin Laden es un moderado, no es tan fanático. Está contra los norteamericanos y los judíos, contra los extranjeros en la Península Arábica y los judíos en Palestina", dijo Rababa.
"Zarqawi", continuó, "está contra todos los kafir, los paganos. Es mucho más extremista que Bin Laden. Su idea es muy clara: sólo hay musulmanes y paganos".
Zarqawi le dijo a Rababa que era un deber atacar a los paganos en todas partes donde se encontraran: los europeos eran su blanco legítimo, y también lo eran otros árabes, en particular los musulmanes chiís.
Sin embargo, retrospectivamente, buscando pistas del terrorista descrito en los boletines de noticias de Iraq -y más allá, por los detectives anti-terroristas que lo asocian a conspiraciones y ataques desde Europa Occidental hasta Jordania-, Rababa se aturde. No creía que Zarqawi tuviera la capacidad intelectual como para escribir una carta citada a menudo, interceptada por funcionarios norteamericanos, que dicen que iba destinada a Bin Laden. En ella, dijeron los funcionarios norteamericanos, Zarqawi reclama ser responsable de 25 atentados kamikaze en Iraq y describe un plan para llevar a ese país al caos sectario.
"No lo creo", dijo Rababa. "Incluso si estuviera vivo en Iraq, no creo que dirija las operaciones. Es un hombre sencillo. Tiene pocas capacidades. Es listo, pero no demasiado".
Cuando el rey Abdullag II de Jordania subió al trono en 1999, perdonó a los presos políticos y Zarqawi fue dejado en libertad. Pasó un mes con su mujer e hijos en casa, pero no encontró trabajo. Se deprimió y volvió a Pakistán con un visado de seis meses.
La visa de Zarqawi expiró en 2000, y según su cuñado Ilhami, el gobierno paquistaní rehusó extendérsela.
Zarqawi se quedó a la deriva y aislado. Detenido por las autoridades de inmigración paquistaníes después de una oración del viernes, le pidieron que dejara el país; pero no tenía dónde ir. Había abjurado de Jordania, donde se sentía castigado y acosado.
"No tenía dónde ir", dijo Ilhami."No sabía qué hacer".
Zarqawi cruzó la frontera con Afganistán antes de que la guerra liderada por Estados Unidos derrocara al régimen talibán.
Sus alianzas son poco claras. De acuerdo a agencias de inteligencia europeas y norteamericana, Zarqawi montó un campamento en Herat que se especializaba en armas químicas y biológicas. Por lo menos un militante ha confesado haber conocido a Zarqawi en un campo de adiestramiento de Al Qaeda.
Pero la relación de Zarqawi con Al Qaeda seguía siendo conflictiva, según una fuente que estaba en Afganistán en esa época.
Al Qaeda sospechaba que se había transformado en un agente jordano cuando estuvo en prisión y muchos en la red mantenían las distancias. Las tensión se hizo tan fuerte que incluso le pegaron un balazo en la pierna, dijo la fuente.
Como el hombre mismo, la pierna de Zarqawi está en el centro de una maraña de informes contradictorios.
Hay varios informes sobre la herida, que puede haber sufrido durante la guerra de 2001 contra los norteamericanos y puede haber sido obligado a escapar de Afganistán. Algunos informes señalan que la herida empeoró tanto que tuvieron que amputarle la pierna en Iraq.
Lo que parece seguro es que Zarqawi volvió a huir, esta vez por tierra a través de Irán, y se instaló en las montañas de la región kurda del norte de Iraq.
Tenía compatriotas ahí; jordanos de su ciudad natal y de la cárcel habían montado un campamento con el fanático grupo Ansar Al Islam. Se cree que Zarqawi estuvo ahí por lo menos hasta que comenzó la invasión norteamericana de Iraq.
Desde entonces, Zarqawi parece haber desaparecido en un remolino de informes contradictorios y desinformación.
De vuelta en Jordania, donde Zarqawi había sido condenado, en ausencia, a muerte, su creciente notoriedad fue recibida con ecuanimidad. Su primera mujer, sus cuatro hijos y sus compañeros de tribu todavía viven ahí. En algún momento, Zarqawi se casó con una segunda esposa. Ella se marchó a Afganistán y no volvió.
La familia no habla demasiado con periodistas.
Algunas fuentes dicen que Zarqawi ha estado en contacto con ellos desde Iraq, pero su cuñado niega haber tenido noticias del fugitivo.
Sus viejos amigos han visto subir el precio sobre su cabeza de diez millones a veinticinco millones de dólares.
Mucha gente aquí dice lo mismo: los norteamericanos están buscando un cabeza de turco, alguien a quien echarle la culpa.
"No creo que sea un líder que valga ese dinero", dijo Dweek, el abogado. "De todos modos, si capturan a Zarqawi, ¿qué? Hay miles de Zarqawis más".

Ranya Kadri contribuyó a este reportaje.
3 de julio de 2004
©los angeles times ©traducción mQh
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