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el asalto de faluya


[Patrick J. McDonnell y John Hendren]La batalla del mes pasado dejó 171 soldados norteamericanos muertos y 623 heridos. Pero las bajas son bajas para una guerra urbana, dicen comandantes.
Bagdad, Iraq. Setenta y un soldados estadounidenses murieron en la batalla de noviembre para recuperar la ciudad de Faluya, de acuerdo a un comandante de la Marina en Iraq, un número de bajas significativamente más alto que los previos informes sobre 51 muertes.
Otros 623 soldados resultaron heridos, dijo el teniente general de la Marina John F. Sattler, una cifra más alta que la de 425 heridos emitida hace algo más de dos semanas.
La ofensiva de Faluya, de noviembre, fue uno de los meses más mortíferos para el personal militar norteamericano en Iraq desde la invasión norteamericana en marzo de 2003.
El número de bajas estadounidenses en noviembre fue al menos de 134 soldados, de acuerdo a una compilación de boletines de prensa, acercándose a los 135 que murieron en abril -cuando una ofensiva abortada contra Faluya contribuyó a un fuerte aumento de bajas mortales y heridos.
Oficiales dicen que la cantidad de bajas durante los combates del último mes en Faluya se encuentra entre las más altas en años para las tropas norteamericanas. Pero todavía son bajas para el tipo de enfrentamientos casa por casa de la guerra urbana que tomó lugar, dijeron.
Las bajas "son más livianas de lo que muestra la historia", dijo Sattler, que encabeza la Fuerza Expedicionaria Nº1 de la Marina. "Esperábamos una cifra mucho más alta... Pudo haber sido mucho peor".
Más del 60 por ciento de las tropas heridas volvieron a sus deberes dentro de 72 horas, observó Sattler en una entrevista telefónica desde la base de la Marina al este de Faluya.
Reiterando el éxito de la operación, Sattler dijo que al menos 1.200 insurgentes habían sido eliminados. Pero ni entre los capturados ni matados se encuentran los líderes milicianos más conocidos de la ciudad: el jordano Abu Musab Zarqawi; Omar Hadid, el lugarteniente de Zarqawi; y Abdullah Janabi, un clérigo sunní que encabezaba el mal organizado Consejo de Gobierno Shura durante los seis meses de control por parte de la resistencia de la ciudad de Faluya.
"¿Habría sido bueno haber matado o capturado a esos tres? Absolutamente", dijo Sattler. "Pero de todos modos estamos muy satisfechos... Faluya ya no es un santuario de los terroristas".
Sattler dijo que probablemente entre los muertos se encuentran muchos combatientes extranjeros, la mayoría de los cuales no llevaban identificación. De los 2.000 sospechosos detenidos, sólo se ha identificado a 40 no iraquíes, agregó.
"Creemos que los que pelearon hasta el final pueden ser los combatientes extranjeros", dijo Sattler.
Más de 1.200 de los detenidos han sido dejados en libertad.
La cantidad de bajas y heridos norteamericanos en Faluya es consistente con las bajas de cualquier batalla importante durante períodos similares de tiempo -cerca de un 10 por ciento de bajas totales y un 1 por ciento de muertes, dijo Dan Goure, un analista militar en el Instituto Lexington, un grupo de estudios de política exterior de Arlington, Virginia.
Bombardeos aéreos de precisión y poder de fuego de la artillería permitieron a las fuerzas estadounidenses atacar muchos blancos desde grandes distancias, sin poner en peligro a las tropas en el terreno, dijeron los analistas. Chalecos antibala, cascos reforzados y y blindaje adicional para los todoterrenos y otros vehículos también contribuyeron a limitar las bajas, dijeron.
"Pensábamos que el blindaje pesado era una trampa mortal en el combate urbano. No puedes ver lo que tienes enfrente. La gente te puede arrojar cócteles Mólotov", dijo Goure. "Eso no pasó aquí".
Unos 6.000 soldados norteamericanos, junto a unas 2.00 tropas aliadas iraquíes, asaltaron la ciudad mayormente sunní a unos 56 kilómetros al oeste de Bagdad en la ofensiva que empezó hace más de tres semanas. Otras 35.000 tropas norteamericanas e iraquíes mantuvieron un cordón en las afueras de la ciudad. Murieron siete soldados iraquíes y otros 43 quedaron heridos, dijo Sattler.
La mayoría de los 300.000 habitantes de Faluya huyeron antes de la ofensiva, la que causó extensos daños en la ciudad. Las fuerzas norteamericanas e iraquíes han estado sacando los escombros, cables del tendido eléctrico, cadáveres, explosivos no detonados y otros residuos de la batalla. Las autoridades permitirán el retorno de los civiles, sobre una base limitad, hacia el 15 de diciembre, dijo Sattler.
Expresó confianza en que los habitantes de Faluya serán capaces de votar en las elecciones nacionales convocadas para fines de enero. En la provincia de Al Anbar, de la que Faluya hace parte, es considerada el núcleo de la resistencia sunní, y es la única región importante de Iraq donde la inscripción de los votantes debe empezar todavía.
En un intento de frustrar el retorno de los combatientes a Faluya, dijo Sattler, los oficiales piensan mantener puestos de control en las principales entradas y salidas e instituir un sistema de pases y distintivos para los vehículos y personas revisadas para entrar a la ciudad.
Mientras continúa la operación contra Faluya, otros ataques norteamericanos tuvieron lugar al norte de la ciudad de Mosul y en el norte de la provincia de Babil, un semillero insurgente al sur de Bagdad.
La ofensiva de Faluya y los ataques norteamericanos en el norte y sur de Bagdad forman parte de una estrategia militar que intenta restaurar algún grado de control gubernamental de los santuarios rebeldes antes de las elecciones.
"Se lo debemos a los marines y soldados que han sacrificado sus vidas para ayudar a asegurar de la mejor manera que pudimos... los esfuerzos iraquíes para realizar este proceso político", dijo esta semana a periodistas John D. Negroponte, el embajador norteamericano en Iraq.
Las cifras más recientes del Pentágono indican que al menos 1.254 militares norteamericanos han muerto desde el inicio de la guerra en Iraq. Más de 9.300 han sido heridos.
En una entrevista la semana pasada, el teniente general del Ejército, David H. Petraeus, el comandante a cargo de la supervisión del adiestramiento y equipamiento de las fuerzas iraquíes reconocieron que los combates continuarán durante un tiempo.
"Todos reconocen que habrá más combates antes de las elecciones en aquellas provincias donde los insurgentes están activos", dijo Petraeus. "Todavía hay combates por delante".
El derramamiento de sangre ha frustrado las esperanzas norteamericanas de que las bajas se reducirían una vez que Iraq recuperara formalmente su soberanía a fines de junio. En lugar de eso, el número de tropas estadounidenses ha aumentado cada mes desde entonces, a excepción de octubre.
3 de diciembre de 2004
©los angeles times
©traducción mQh

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