Blogia
mQh

agentes de gatillo fácil


[Scott Glover, Matt Lait y Doug Smith] El Departamento de Policía de Los Angeles LAPD no sabe por qué un pequeño número de agente han usado fuerza letal mucho más frecuentemente que sus colegas.
Los Angeles, Estados Unidos. La mayoría de los agentes de policía de Los Angeles pasan sus carreras sin siquiera disparar una sola vez en el cumplimiento del deber.
No Bill Rhetts.
Mató a balazos al miembro de una pandilla que le estaba disparando con una pistola. Hirió a un adolescente que lo amenazaba con una pistola de aire. Después de ser trasladado del LADP al Departamento de Policía de Riverside, disparó contra un sospechoso desarmado que se ocultaba en la caseta de un perro.
Después del último incidente, un psiquiatra lo declaró inadecuado para el servicio. Rehetts dijo que estaba enfadado -hasta que pensó en cómo los años en uniforme lo habían cambiado.
"Me hice muy insensible. Sabes, duro de corazón, furioso, odioso", dijo Rhetts, 45, ahora capellán de la policía. "Entonces no me daba cuenta, pero ahora sí. Me hice más agresivo defendiendo mi vida".
Agentes como Rhetts son un misterio y un reto para los administradores de la policía. En el Departamento de Policía de Los Angeles, conforman una pequeñísima minoría que ha usado fuerza letal mucho más a menudo que sus colegas, concluyó una investigación del Times.
Los agentes que han disparado contra sospechosos tres o más veces representan el uno por ciento del cuerpo. Pero estuvieron involucrados en el 20 por ciento de todos los tiroteos del LAPD desde 1985.
Se sabe poco de por qué jalan el gatillo tan a menudo. Pocos investigadores han prestado atención al fenómeno. El LAPD no lleva archivos de los que disparan tan a menudo. Ni siquiera sabe quiénes son.
Times descubrió a los agentes que disparan a menudo gracias a un análisis de ordenador de 1.437 agentes involucrados en tiroteos desde 1985 hasta mediados de 2004.
De unos 16.000 agentes que tuvieron misiones de terreno durante ese tiempo, sólo 103 dispararon contra sospechosos en tres o más ocasiones, reveló el análisis. Entre los 9.100 agentes activos, sólo 96 han disparado tres o más veces.
Algunos de esos agentes sirvieron en equipos tácticos especiales, en la brigada anti-narcóticos o en otras unidades de alto riesgo. Pero eso no explica su propensión a disparar. En su uso de fuerza letal se destacan cuando se les compara con agentes con misiones idénticas en las mismas partes de la ciudad.
Además, muchos continuaron usando frecuentemente su poder de fuego, incluso si el número total de agentes involucrados en balaceras disminuyó en la última década.
Los expertos en psicología policial dicen que los departamentos deberían estudiar más de cerca los casos de policías que disparan a menudo.
"El solo hecho de que un agente esté implicado en un número desproporcionado de tiroteos es ya una señal peligrosa", dijo Geoffrey Alpert, profesor de criminología en la Universidad de California del Sur. "El departamento debe empezar a tomar en serio esos incidentes e investigar regularidades y tendencias".
Los 103 tiradores frecuentes identificados por Times no son fáciles de clasificar. Algunos han ganado la Medalla al Valor del departamento. Otros han cometido notorios actos de mala conducta: El antiguo agente David Mack asaltó un banco. Edward Ruiz acusó falsamente a un hombre por posesión de armas.
Cinco de los tiradores frecuentes estuvieron implicados en manipulación de las evidencias, golpizas a sospechosos y en encubrir una balacera en el escándalo de Rampart.
De los 103 agentes, sólo tres son mujeres.
Los tiradores frecuentes han provocado una controversia este año.
En febrero, el agente Manuel Solís fue captado en una transmisión en directo cuando disparó repetidas veces contra un coche cuyo conductor había obligado a la policía a darle cacería a alta velocidad.
El automovilista Nicholas Hans Killinger, 23, era sospechoso de haber participado en el atraco de una gasolinera de Agoura Hills. La persecución policial, de 90 minutos, terminó frente a la Escuela Secundaria de Santa Mónica, donde Killinger se subió a una acera mientras trataba de doblar en U. Luego puso su Ford Tempo en marcha atrás y retrocedió lentamente hacia dos patrulleras.
Solís y dos otros agentes dispararon un total de 22 balazos, matando a Killinger. Funcionarios del LAPD dijeron que Solís creyó que Killinger lo quería arrollar. La balacera -la tercera de Solís- todavía está bajo investigación.
El agente Charles Wunder es otro que ha disparado tres veces. En julio, él y otro agente dispararon y mataron a un hombre que se había comportado erráticamente en un terminal de autobuses en el centro.
El hombre estaba arrastrándose a través de una apertura de la boletería, con una estaca de metal en la mano. Wunder y el otro agente abrieron fuego mientras un tercer agente estaba todavía tratando de dominar al hombre con un dispositivo eléctrico paralizante.
El jefe de policía William J. Bratton manifestó "seria preocupación" por la balacera, que también está bajo investigación.
Wunder y Solís se negaron a ser entrevistados.
La escasa investigación científica sobre los tiradores frecuentes ofrece explicaciones tentativas de su conducta.
Los científicos sociales creen que algunos de ellos son congénitamente agresivos o ansiosos. Otros pueden tener problemas de familia. Todavía otros se ponen en peligro a sí mismos debido a descuidos o pobre capacidad de juicio, creando situaciones en que no queda otro recurso que disparar.
El análisis del Times y las entrevistas con tiradores frecuentes sugiere otro factor posible: que la experiencia de disparar a un sospechoso por primera vez deja una profunda huella psicológica, reduciendo el umbral del agente a la hora de disparar.
Casi un 90 por ciento de los agentes que han tenido misiones de terreno desde 1985 no ha disparado nunca sus armas en el cumplimiento del deber. Pero después de la primera balacera la probabilidad de que un agente vuelva a disparar otra vez aumenta considerablemente: de 1 en 10 a 1 en 5. Los que han disparado 2 veces tenían una probabilidad de 1 en 3 de volver a disparar.
"Es claramente más fácil jalar el gatillo la segunda vez", dijo el ex agente Hank Cousine, que estuvo implicado en tres balaceras durante una carrera de 15 años en el LAPD. "Uno mata montones de blancos de papel, pero disparar contra un ser humano es diferente".
Los policías deben visitar al psicólogo del departamento después de un enfrentamiento para determinar si necesitan ayuda psicológica o un descanso de las misiones en la calle. Pero los agentes que han pasado los 45 minutos de consulta dicen que es superficial.
"En realidad, lo único que dicen es: ‘Vaya, ¿y cómo te sientes ahora?'", recordó Dale Suzuki, que ha estado implicado en cinco balaceras en los 10 años que ha sido miembro del LAPD. Abandonó el cuerpo en 2000 para transformarse en un guía de expediciones en Alaska.
"Es bastante violento", dijo Suzuki sobre las secuelas emocionales de un tiroteo. "Eso es lo que un montón de gente de fuera no toma en cuenta. Sabes... ¿hice lo correcto? Quizás debí haber esperado un segundo más".

Datos Rudimentarios
El fracaso del departamento en identificar y supervisar a los tiradores frecuentes es extraordinario, dada la historia de la ciudad en explosivas controversias sobre el uso de fuego por la policía.
La Comisión Christopher en 1991, nombrada después de la golpiza a Rodney King, pidió al LAPD que hiciera que las estadísticas de las balaceras de los agentes y otros usos de fuerza fueran "fácilmente accesibles" de modo que los supervisores pudieran detectar señales de problemas.
En respuesta, el departamento elaboró una base de datos llamada Sistema de Evaluación de Adiestramiento y Gestión, o TEAMS. Pero un informe de 1996 dijo que el sistema sólo proporcionaba información "rudimentaria" y que era un "eco lejano" de lo que había propuesto la Comisión Christopher.
En un decreto de acuerdo común con el ministerio de Justicia norteamericano, los agentes de policía prometieron hacerlo mejor. Dijeron que crearían un sistema comprehensivo de "alerta temprana", llamado TEAMS II, para seguir la huella del uso de fuerza, quejas de los ciudadanos y otros datos sobre los agentes.
El departamento está todavía haciendo esfuerzos por hacer funcionar el sistema. Agentes del LAPD dicen ahora que esperan que esté en funcionamiento a partir de julio.
Samuel Walker, profesor de derecho penal en la Universidad de Nebraska, en Omaha, y experto en vigilancia policial, dijo que no había "excusas" para el retraso.
"Han pasado 13 años" desde el informe de la Comisión Christopher, dijo. "Hemos aprendido que estos problemas pueden ser solucionados".
La Comisión Policial, el panel civil de cinco miembros que supervisa al LAPD, revisa todos los tiroteos para determinar si los agentes acataron las instrucciones del departamento sobre el uso de fuerza letal.
Pero al juzgar un caso, la comisión no considera deliberadamente tiroteos previos en los que han estado implicados los agentes, por temor a que la información influya sobre sus conclusiones.
Los miembros de la comisión dice, sin embargo, que después de que resuelven, estudian la historia del agente en lo que se refiere al uso de fuerza para determinar si el caso exige mayor intervención.
Bratton dijo que los tiradores frecuentes deberían ser supervisados, pero no estorbados con restricciones. Muchos de ellos son agentes excepcionales, dijo.
"Hacen a veces detenciones espectaculares porque tienen un sexto sentido", dijo. "Son más inquisitivos. No harán nada inexplicable".
Bratton dijo que sería injusto imponer restricciones a esos agentes y limitarlos a funciones de oficina simplemente porque han estado implicados en numerosas balaceras. "La realidad es que estos policías prefieren trabajar en misiones peligrosas y que son buenos en lo que hacen, y eso es lo que equilibra las cosas".
Entre los agentes del LAPD un historial de tiroteos no es causa de vergüenza. Los tiradores frecuentes son vistos a menudo como duros e intrépidos".
Keith Lewis disparó siete veces contra sospechosos en un período de ocho años mientras trabajaba en la División de Narcóticos. En el octavo incidente hirió accidentalmente a un colega cuando disparaba contra un perro que gruñía.
Cuatro de los incidentes en los que participó Lewis fueron considerados injustificados por la Comisión Policial. En uno de esos casos, Lewis disparó contra un sospechoso, y lo hirió, porque creía, erróneamente, que tenía una pistola en la mano.
En otro incidente, la comisión descubrió que Lewis había disparado "indiscriminadamente" contra un coche después de uno de los ocupantes supuestamente le apuntara con un arma. Hirió a dos mujeres desarmadas y al supuesto pistolero.
Sin embargo, entre los amigos de Lewis en el cuerpo, su historial de tiroteos no era un tabú. Cuando organizaron una fiesta de despedida para él el año pasado, sus amigos hicieron que un artista dibujara una caricatura de él que minimizaba su propensión a disparar.
La caricatura, publicada en el periódico mensual del sindicato de policía Thin Blue Line, muestra a Lewis en pantalones de golf a cuadros, encorvado sobre un palo de golf -con una pistola colgando de su cintura.
Un balón de diálogo hace decir a un sonriente Lewis: "Cuando tengas dudas, sácalo a balazos".
Lewis, 45, no respondió a nuestras peticiones de que hiciera un comentario.
Otro prolífico tirador es Bob Crupi, un veterano de 30 años de carrera. Desde 1985 ha disparado tres veces contra sospechosos. Su historial en el LAPD apunta ocho tiroteos previos, pero sin proporcionar detalles.
En una breve entrevista, Crupi recordó un tiroteo en 1988. Un chofer sospechoso de haber escapado después de haber atropellado a alguien, que huía de la policía a pie, se trepó a una cerca de madera y hierro. Crupi trató de tirarlo hacia abajo, pero retrocedió cuando lo vio manipular un afilado destornillador, dice el informe policial. Crupi entonces disparó contra el sospechoso, hiriéndolo en la espalda.
Dijo que, más tarde, su capitán lo había criticado por haber decidido disparar demasiado rápidamente.
"Me dijo que tendría que haberme retirado a revaluar la situación", dijo Crupi, ahora un agente motorizado en el Valle de San Fernando. "Le dije que ‘retirarme' no existía en mi vocabulario".

Un Montón de Tiroteos
El agente Jamie McBride tiene lo que la policía llama "buenas dotes de observación".
Observa cosas que otros pasan por alto: un negocio de drogas cerrado astutamente en una esquina, el evasivo lenguaje corporal de alguien que está tratando de ocultar algo.
Descubrir armas ocultas es una de las especialidades de McBride. Ha retirado cientos de ellas de las calles de Los Angeles Sur, ganándose repetidas veces el elogio de sus superiores.
"McBride se ha establecido a sí mismo como uno de los agentes más trabajadores, productivos y consistentes de la División", dice una revisión de méritos de 1995. "McBride ha encabezado a su guardia y a la División en la recuperación de armas y en la detención de personas que ocultaban armas de fuego".
La revisión no mencionó otra estadística en la que McBride encabezó a su división ese año: Estuvo implicado en cuatro balaceras en cinco meses.
"Eso es un montón de tiroteos", dijo McBride, un veterano de 14 años en el cuerpo, en una entrevista. "Es un montón de tiroteos en una carrera, y mucho más para un año".
El primero de esos tiroteos se originó en un cruce imprudente. Jermaine Stewart, entonces de 20, y un amigo estaban cruzando la calle cuando McBride y su colega se acercaban en un patrullero. Stewart dijo que la voz de un agente resonó en el altavoz: "Ven acá, gordito".
Stewart, que portaba una pistola .380 en su cintura, se echó a correr, dice el informe policial. En un momento, sacó su arma y supuestamente apuntó a los agentes. McBride, que conducía, disparó contra Stewart a través de la ventanilla abierta, hiriéndole en la pierna y un brazo.
Un revisión del departamento concluyó que McBride había disparado justificadamente contra Stewart, pero lo acusó de "conducir, dar órdenes verbales... y defenderse a sí mismo y a su colega en un enfrentamiento armado" al mismo tiempo.
McBride ha estado implicado en un total de seis tiroteos, el más reciente en 2001.
El LAPD lo ha criticado repetidas veces por ponerse a sí mismo y a colegas agentes en peligro debido a sus tácticas temerarias. Los antecedentes muestran que ha sido reprobado por no buscar protección, no pedir refuerzos y no advertir a otros agentes de su paradero durante tiroteos.
McBride dijo que no se arrepentía de nada.
"Creo sinceramente que cuando retiro un arma de fuego de la calle -por sentimental que suene- estoy realmente impidiendo que se cometa un crimen", dijo. "De todas las armas que he retirado en estos años, sé que he impedido al menos un par de homicidios".
Hace dos años, McBride fue trasladado a la relativamente soñolienta División de Devonshire. Desde entonces no ha estado implicado en ninguna balacera y fue nombrado recientemente el agente del año de la división. Ahora de 35, dijo que no tenía interés en volver al sur de la ciudad.
"No tengo tiempo para esas peleas a balazos en el gueto", dijo. "Estoy demasiado viejo para eso. No es lo que me interesa".

Ejerciendo Control
Hank Cousine no pide excusas por ninguna de sus tres balaceras. De hecho, dice, hay gente en todo Los Angeles que deberían considerarse felices de que no les haya disparado.
Este es un refrán común entre tiradores frecuentes -que las estadísticas no reflejan el control que se impusieron frente al peligro.
"Pude haber matado legalmente a cientos de personas en una semana. Sin ninguna duda", dijo Cousine, 44, un ex guardabosque del Ejército.
Dijo que fue capaz de escapar de esas situaciones sin disparar porque había usado tácticas superiores, tales como refugiarse detrás de su patrullero o de un edificio. Eso le permitió negociar con los sospechosos para que arrojaran sus armas y se entregaran.
En algunos casos, dijo, no disparó incluso cuando estaba en peligro porque no quería acumular demasiados tiroteos.
Una vez, dijo, se impidió de disparar a un hombre que lo amenazaba con un cuchillo de carnicero porque estaba trabajando en sus tiempos libres para una compañía de seguridad sin permiso del departamento.
"Si hubiese archivado mi permiso de trabajo, bang, bang, lo habría matado", dijo Cousine.
Cousine ha sido siempre de los que dicen lo que piensan. Tras la golpiza de Rodney King, criticó públicamente a los agentes implicados por blandir sus porras como "niñitas".
Fue uno de los 44 "agentes problemáticos" identificados por la Comisión Christopher sobre la base de quejas de ciudadanos, tiroteos y otros criterios. Asignado a trabajos de oficina, se quejó de que era "un soldado... haciendo trabajos de secretaria".
Cousine fue despedido en 1998 por participar en una pirámide ilegal. Estuvo un tiempo vendiendo propiedades y ahora vende su propia línea de accesorios para motorcross.
En 1988, Cousine disparó contra un hombre que lo apuntaba con lo que pareció que era una pistola, según los informes policiales. El arma resultó ser un juguete.
"¿Por qué yo?", dijo que había pensado. "Yo no quiero matar a un loco. Yo quiero matar a un tipo malo".
Su siguiente tiroteo, en 1989, ocurrió cuando estaba fuera de servicio y conducía su Corvette por el Eastern Boulevard en Bell Gardens. Al ver a una mujer que conocía, se detuvo a hablar con ella. Entonces se detuvo un coche detrás de él. La mujer dijo que los hombres en el coche la habían estado siguiendo y haciéndole comentarios sexuales.
Cousine se bajó de su coche y le dijo a los hombres que se marcharan. El conductor aceleró a fondo y lo embistió directamente, dijo Cousine. El conductor chocó de refilón el Corvette de Cousine y escapó. Un pasajero del coche apuntó a Cousine con un arma, y este sacó la suya propia.
"Siguieron por la calle y yo les disparé, bum, bum, bum, bum, bum", dijo.
Su último tiroteo, en 1989, fue provocado por una pelea familiar. Cuando Cousine trató de detener a un marido abusador, el hombre se arrojó contra él con una hoja de afeitar. Cousine le disparó al hombre en la pierna.
"No quise volarle la cabeza frente a sus hijos", dijo. "Hay ciertas cosas que no haces delante de los niños, a menos que no puedas hacer otra cosa".

Un Disparo, y Bum
El 14 de noviembre de 1991, Bill Rhetts, entonces un suboficial del LAPD, y su colega, estaban en un coche sin matrícula mirando a una puta que trabajaba en la calle de Figueroa. Repentinamente, el miembro de una pandilla se acercó caminando al coche, sacó una pistola y empezó a disparar.
Rhetts dijo que él se demoró en devolver el fuego. Entonces hizo lo que habían enseñado en la academia. "Le puse los focos en la cabeza, apreté el gatillo y bum, y cayó al suelo, muerto".
El tiroteo le causó una enorme impresión, dijo Rhetts. "No voy a dejar que un sospechoso me dispare primero la próxima vez", dijo que había pensado. "Porque esa vez ese casi me mató".
En 1996, Rhetts disparó y dejó paralítico al hombre que dijo que lo había apuntado con un pistola. Su colega, que también había sacado el arma, no disparó.
Cuatro meses más tarde, Rhetts y otro colega respondieron a un llamado sobre un "hombre con una pistola" cerca de un supermercado en Huntington Drive en Los Angeles Este.
"No quería meterme en otra balacera", dijo Rhetts. Así que él y su colega decidieron que si había que disparar, que lo haría el colega.
En el lugar, los agentes se vieron frente a un chico de 16 años con una pistola en su cintura. Apuntaron sus armas contra el sospechoso y le gritaron que levantara los brazos. En lugar de eso, dijo Rhetts, el chico sacó la pistola y la levantó en su dirección.
Rhetts esperó que su colega disparara. Repentinamente, el colega pareció retroceder hacia atrás, como si hubiese disparado, dijo Rhetts. Pero no el arma no había sonado. Rhetts supuso que el arma no había funcionado. Entonces tomó el asunto en sus propias manos.
"Le pegué dos tiros y él cayó al suelo", dijo Rhetts.
El niño sufrió una herida en la pierna. Rhetts dijo que había quedado devastado cuando se enteró que la pistola era una pistola de aire.
"Lo acuné como a un bebé", dijo Rhetts. "Recuerdo que él me pedía perdón y yo le pedía perdón a él".
Un informe del LAPD sobre el incidente no menciona que el colega de Rhetts tratara de disparar al sospechoso. El agente se negó a hacer declaraciones.
Rhetts renunció al LAPD poco después y empezó a trabajar en el Departamento de Policía de Riverside.
El 11 de febrero de 2000 disparó contra un recluso que había violado su libertad condicional, había escapado de la policía y se había ocultado en una caseta de perro, de acuerdo a las actas del tribunal y a entrevistas con los abogados involucrados en el caso. El hombre había sido descrito como armado y peligroso, pero de hecho no llevaba armas. La herida en su pierna fue tan mala que tuvieron que amputársela.
Después, los superiores de Rhetts le ordenaron a visitar a un psiquiatra, que lo encontró inadecuado para el servicio. Analizando retrospectivamente su carrera, Rhetts dijo que había llegado a la conclusión de que el psiquiatra tenía razón.
Recordó que se inyectaba esteroides y metiéndose hierro en sus días de policía callejero en la División Nordeste. Recordó que se emborrachaba con whisky cuando conducía para sobrevivir la tensión del trabajo.
Dijo que también había pensado sobre los cuatro tiroteos -y se preguntaba si acaso podían haber sido evitados.
"Para ser honesto", dijo Rhetts, "cuando estudió mi pasado, me pregunto: ‘¿Debería haber sido policía?'"

Offer Egozy contribuyó a este reportaje.

Apretando el Gatillo
Los tiroteos de la policía se concentran en un pequeño porcentaje de agentes. Nueve de cada diez agentes del LAPD que realizaron misiones de terreno entre 1985 y mediados de 2004 nunca dispararon contra ningún sospechoso.
Número total de agentes: 16.000

Casi el 90 por ciento de los agentes no estuvo implicado en tiroteos.

Un tiroteo: 1.316 (8.2 por ciento).

Dos tiroteos: 229 (1.4 por ciento).

Tres o más tiroteos: 103 (0.6 por ciento).

Probabilidad de Disparar
Para la misma muestra de personal del LAPD, la probabilidad de que un agente dispare su arma aumentó marcadamente después del primer tiroteo -y continuó aumentando después de cada tiroteo subsecuente. Las razones son poco claras, pero algunos agentes dicen que el trauma asociado con un tiroteo provoca que después jalen del gatillo más fácilmente.

Todos los agentes: 10 por ciento de probabilidad de disparar.

Agentes con:

Un tiroteo: 20 por ciento.

Dos tiroteos: 31 por ciento.

Tres tiroteos: 32 por ciento.

Cuatro tiroteos: 36 por ciento.

Cinco tiroteos: 50 por ciento.

Fuente: Análisis del Times de estadísticas del LAPD.

Sobre las Cifras:
Este informe se basa en un análisis de ordenador de datos del LAPD sobre agentes implicados en tiroteos.
El análisis se concentró en 1.437 incidentes desde 1958 hasta mediados de 2004 en que agentes de policía dispararon contra sospechosos. Se excluyeron los tiroteos accidentales, los disparos contra perros u otros animales, y "tiroteos tácticos", cuando los agentes disparan a las llantas de vehículos en fuga.
Para cada tiroteo contra un sospechoso, el Times obtuvó informaciones -incluyendo la fecha y locación e identidades de los agentes implicados- de informes del LAPD y de archivos de la Comisión Policial.
Debido a que muchos de los tiroteos implican a más de un agente, el número de agentes que dispararon sus armas contra sospechosos -1.648- excede el número de incidentes.
Algunos aspectos del análisis del Time se basaron en un cálculo del número total de agentes del LAPD que han realizado misiones de terreno desde 1985. Ese cálculo -16.000- fue hecho usando cifras de despliegues de agentes y expulsiones del cuerpo, publicado anualmente en el Resumen Estadístico del departamento.

18 de octubre de 2004
22 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres.

0 comentarios

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres