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terroristas asesinan a barberos


[Robert F. Worth] Un corte de pelo en Iraq puede significar la muerte del barbero.
Bagdad, Iraq. Era casi la hora de cierre en la barbería de Sadiq Abdul Hussein cuando entró un hombre con una máscara negra, sacó una pistola, y empezó a hacerla girar en su dedo, como un cowboy.
El pistolero no buscaba a funcionarios de gobierno ni a colaboracionistas. Venía por el modo en que Hussein cortaba el pelo.
Segundos después, el enmascarado abrió fuego, hiriendo fatalmente a Hussein, 23, que vivió lo suficiente como para describir el ataque. El pistolero también mató a su socio y a un cliente.
En el sur de Bagdad, los riesgos de vida se han reducido a esto: bandas de militantes islamitas están advirtiendo a los barberos que está prohibido afeitar las barbas de los hombres o de llevar cortes de pelo occidentales. Unos 12 barberos han sido asesinados, dicen funcionarios iraquíes, incluyendo a cinco en un solo día a fines de enero. Sin grandes esperanzas de contar con protección policial, la mayoría de ellos ahora se niega a realizar los cortes prohibidos, y han colocado grandes letreros en sus ventanales diciendo eso.
Una tarde reciente, un barbero que sólo dijo que se llamaba Ahmad estaba con un cliente, con las tijeras en la mano, mirando nerviosamente por la ventana de su barbería. Una de las dos sillas de cuero del barbero estaba vacía, y en las paredes había espejos y fotografías de apuestos jóvenes con resplandecientes cortes recién hechos, como en cualquier salón occidental.
"Una mañana, hace unos tres meses, llegué a la barbería y encontré una nota escrita a mano, con una bala", dijo.
La nota le advertía que estaba prohibido afeitar las barbas de los hombres o de hacer masajes faciales o de hacer cortes de pelo estilo francés, conocidos como el ‘carré' y el ‘de punta'. La nota también le advertía no ofrecer ‘hiffafa', la práctica iraquí con la que los barberos usan una hebra de hilo para sacar los pelos de la cara para rasurar mejor. Si no obedecía, sería matado, decía la nota.
Los asesinatos y amenazas no son los primeros intentos en Iraq de implementar reglas religiosas al estilo de los talibanes. En Faluya, muyahedines armados controlaron un estado policial islámico durante varios meses antes de la invasión norteamericana el año pasado, castigando a los hombres sin barba y a las mujeres que se atrevían a salir sin cubrirse la cabeza. En el sur de Iraq, militantes chiíes han atacado licorerías y a veces matado a los que ignoraron las amenazas.
En Bagdad, los asesinatos y amenazas se han concentrado en Doura, un barrio obrero dominado por las cuatro altas chimeneas de una central eléctrica. Incluso en la generalmente caótica capital, Doura se destaca como una zona de guerra. Al menos una docena de agentes de policía y funcionarios del gobierno han sido asesinados en las últimas dos semanas, usualmente por pistoleros que pasan en coche y agujerean a sus blancos como armas de fuego automáticas.
Con tanta violencia, la policía de Doura dice que no pueden hacer demasiado para proteger a los barberos. Han investigado algunos casos, y han concluido que algunos de los asesinos son profesionales que reciben unos 200 dólares por asesinato, dijo un agente de policía, que se negó a dar su nombre por temor a transformarse en un objetivo. "Un agente de policía gana unos 140 dólares al mes", dice el agente. "Se necesita dinero para investigar estos casos, y no tenemos".
En la principal comisaría de policía de Doura, hay sólo una línea telefónica, y no es fiable, agregó. Prácticamente la única información que recibe la policía proviene de las familias de las víctimas, que llaman o incluso se acercan a la comisaría a contar sus historias.
El asesinato de Sadiq Abdul Hussein, el 23 de enero, es inusual en que permaneció consciente 24 horas antes de morir, y fue capaz de describir en detalle el ataque a la policía. "Eran cuatro hombres -dos en el coche fuera, uno apostado en la calle, y el asesino- y había testigos. Sin embargo, la policía dice que no han hecho progresos en el caso.
Safa Abdul Hussein pasó sus últimas horas en el hospital con su hijo.
"Me dijo: ‘Papá, ¿me vas a ayudar?'", recordó el padre. "Le dije: ‘Dios te ayudará'". El hijo -que fue siempre devotamente religioso- puso las manos sobre su pecho y rezó, dijo Hussein.
Hussein, 53, soldador, cuya barba está salpicada de canas, rompió a llorar algunas veces cuando contaba la historia de su hijo, ocultando su cara entre las manos. Llevaba un uniforme gris, de soldador, y estaba sentado frente a su esposa e hija en la salita de la familia en Doura, a unas cuadras de donde trabajaba su hijo.
En el hospital, los doctores le dijeron a Hussein que otros tres barberos habían sido asesinados el mismo día que su hijo en otras partes de la ciudad, dijo. Es posible que haya habido más asesinatos, dijeron los agentes de policía, pero nadie tiene recursos para llevar la cuenta.
"Creo que esa gente son terroristas, porque el Corán no dice nada sobre que esté prohibido afeitar las barbas", dijo Hussein. "Esto no es guerra santa. La yihad es para defender tu país, tu honor, tu fe".
Hussein, chií, dijo que creía que el asesinato podría ser parte de una campaña más amplia contra los chiíes. Dijo que estaba especialmente agradecido de que sus vecinos sunníes le hubieran ayudado a organizar la procesión funeral para Sadiq en Doura, algunos de ellos disparando sus rifles AK-47 al aire mientras avanzaban con la calle -una costumbre iraquí. Hussein, ex comandante de tanques en el ejército de Saddam Hussein, había tenido miedo de hacer una celebración pública.
Incluso ahora vive constantemente con miedo. Nadie en Doura se atreve a hablar contra el asesinato de los barberos: "En las mezquitas se guarda silencio", dijo Hussein.
Mientras contaba la historia de la muerte de su hijo, un rifle AK-47 estaba apoyado junto a él contra la pared de la salita.
"¿Cree usted que el hombre que mató a mi hijo dudará en matarme?", preguntó.
Otros barberos en Doura también tienen miedo. En dos viajes recientes en el barrio, muchas barberías se veían vacías, y la mayoría tenía letreros diciendo que no realizaban cortes y afeitadas prohibidas, que son muy populares entre los iraquíes.
Los clientes saben sobre las amenazas y ya no piden que se les afeite la barba ni nada parecido, dijo el barbero que dijo que se llamaba Ahmad. Ha perjudicado el negocio. Sus ganancias mensuales han bajado de 300 a 100 dólares, dijo. Algunos barberos han cerrado sus tiendas.
Pero Safa Abdul Hussein ha jurado vengarse, cuando encuentre al hombre que mató a su hijo. "Me rompió el corazón y yo romperé el de su padre", dijo. "No le dejaré vivir, así se caiga el cielo.
"Esto tiene un precio: el Corán dice ojo por ojo, diente por diente".

Mona Mahmoud y John F. Burns contribuyeron a este reportaje.

19 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh

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