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protestas desde púlpitos


[Kevin Sullivan] En Guatemala. Disputa en mina vuelve a encender el activismo en la iglesia católica.
San Miguel Ixtahuacán, Guatemala. El sacerdote Eric Gruloos daba grandes pasos en el aula de la iglesia en este villorrio en la ladera de un cerro, sosteniendo una roca del tamaño de un melón.
"¡No nos han contado la verdad sobre la mina!", dijo, mientras los casi 30 feligreses tomaban apuntes.
La roca, explicó, era del tipo que sale de la mina de oro a tajo abierto que enormes excavadoras están cavando en las montañas cercanas -un proyecto de varios millones de dólares contra el que funcionarios de la iglesia católica protestan vehementemente desde el púlpito, por una emisora de propiedad de la iglesia y con manifestaciones locales encabezadas por el obispo de la localidad.
Gruloos repasa rápidamente estadísticas sobre el arsénico y otros contaminantes que pueden provenir de rocas como la que tiene en la mano. Habló de los peligros potenciales de la minería, explicando pausadamente elementos científicos básicos a sus feligreses indígenas, de los que casi ninguno ha terminado la escuela primaria.
"Tenemos que ser fuertes para que no nos manipulen", dijo Gruloos. "Algunos están consternados de que la iglesia esté contra la mina. Pero estamos haciendo lo que hizo Jesús. Él llegó para que la gente despertara ante las injusticias".
La agresiva oposición de la iglesia católica al proyecto minero, que está siendo construido por una compañía canadiense y respaldada por el gobierno guatemalteco, es la especie de acción social y política de base de los clérigos que dominaron América Latina hace una generación, cuando sacerdotes y obispos rechazaron abiertamente a los gobiernos autoritarios.
Durante los casi 27 años del papado de Juan Pablo II, esa agresiva agitación social se desvaneció con la llegada de una nueva generación de sacerdotes más conservadores partidarios del Vaticano. Mientras que tanto clérigos liberales como conservadores hacen campañas a favor de la gente más marginada de América Latina, tienen filosofías marcadamente diferentes sobre cómo hacerlas. Los dos lados apoyan a los pobres, pero es más probable que los liberales salgan a marchar con ellos.
Reconciliar las diferentes posiciones sobre el rol de la iglesia en torno a temas de justicia social en América Latina será un importante reto para el sucesor de Juan Pablo, de acuerdo a entrevistas con clérigos y estudiosos de la iglesia.
"Tenemos que examinar nuestras conciencias y cambiar. Hemos olvidado nuestro compromiso fundamental con la gente", dijo el obispo Álvaro Ramazzini, el activista a cargo de la diócesis que incluye San Miguel, un pequeño pueblo metido en un valle rodeado de montañas y al que se llega por un solo sendero de tierra.
En enero, Ramazzini encabezó una protesta contra la mina por las calles de San Marcos, la capital provincial. Dijo a los manifestantes que los intereses extranjeros detrás de la mina se aprovechaban de los recursos naturales de Guatemala y que no aportaban beneficios a los residentes pobres.
La marcha fue un directo desafío al presidente Óscar Berger, cuyo gobierno dice que la mina es segura para el medio-ambiente y que creará cientos de necesarios puestos de trabajo y millones de dólares en impuestos. Michael Steeves, portavoz de la compañía minera y al que localizamos en Reno, Nevada, dijo que estaba "sorprendido" por la oposición de la iglesia a la mina y mencionó los mismos beneficios que el presidente.
En una rara riña con la iglesia, Berger acusó a Ramazzini de organizar una segunda manifestación contra la mina, en la que un manifestante resultó muerto en un enfrentamiento con la policía. Ramazzini dijo que él no apoya la violencia y que no tenía nada que ver con el incidente, y el cardenal Rodolfo Quezada Toruno de Ciudad de Guatemala rebatió a Berger, diciendo que sus comentarios hacían parecer que "el gobierno sólo responde a los intereses de las compañías transnacionales". Poco después Ramazzini recibió una amenaza de muerte; ahora es acompañado por guardaespaldas del gobierno las 24 horas del día.
"Incluso algunos de mis colegas me dicen que no me meta tanto, que me quede tranquilo", dijo Ramazzini, 57, que ha encabezado protestas previas contra las condiciones de trabajo en las enormes plantaciones de café en su diócesis y en problemas sobre derechos de tierras que plagan a sus feligreses indígenas.
"Pero para mí es un asunto de conciencia", dijo. "Si nos evangelizamos para ayudar a los pobres, no estamos evangelizando como dijo Cristo, y tenemos que preguntarnos a nosotros mismos qué tipo de evangelización estamos haciendo".
Líderes de la iglesia más conservadores dicen que la iglesia, mientras defiende vigorosamente a los pobres, debería concentrarse en asuntos más espirituales y en general dejar la política a los políticos. Esa posición ha sido más a menudo tomada por grupos profundamente ortodoxos en la iglesia, como el Opus Dei y la Legión de Cristo, que prosperaron en América Latina con el apoyo de Juan Pablo.
"Hay varias maneras en que puede protestar la iglesia", dijo el arzobispo Fernando Saenz Lacalle del vecino El Salvador, un miembro del Opus Dei nombrado por Juan Pablo en 1995. "Uno puede marchar en frente de un grupo de gente en la calle, otro podría estar redactando un documento mesurado que sea tan fuerte como necesario".
Saenz, en una entrevista, dijo que era preferible que los laicos se ocuparan de las batallas políticas. Pero dijo que formar y apoyar a esa gente no significa que la iglesia se esté distanciando de temas de justicia social.
Mientras el liderazgo de la iglesia en la región es generalmente conservador, hay todavía muchos ejemplos de acción social de la iglesia en temas sociales. En Guatemala la iglesia ha estado implicada en la investigación de los abusos cometidos por el gobierno durante los 36 años de guerra civil del país, que terminó en 1996. Y el cardenal Óscar Rodríguez Madariaga, de Honduras, considerado entre los candidatos a ser el nuevo Papa, ha predicado públicamente contra la mina y se ha pronunciado sobre temas del medio-ambiente.
En San Miguel, un grupo de edificios bajos y blanqueados no lejos de la frontera mexicana, muchos feligreses dijeron que se sienten en gran parte abandonados por su gobierno. Dijeron que querían una dirección más activa de la iglesia para ayudarles a luchar por sus derechos.
"Aquí no somos muy instruidos", dijo Carnuto Andés López, 53, que estuvo escuchando la charla de Gruloos sobre la mina. "Me siento bien con este padre porque nos explica las cosas y nos motiva".
San Miguel representa la miseria que aflige a toda Guatemala, donde la mayoría de sus 14 millones son católicos, pero el número de protestantes está creciendo rápidamente. La pobreza y el analfabetismo son impresionantes; Gruloos dijo que menos de una en cinco personas terminan la escuela primaria en San Miguel. Hay pocos trabajos, y Gruloos dijo que los más ambiciosos y motivados emigran a Estados Unidos.
"El nuevo Papa tiene la responsabilidad de transformar en acción las palabras de la iglesia", dijo David Díaz, 23, anunciador en la radio de la iglesia de San Miguel, Arcángel Stereo, que transmite regularmente mensajes contra la mina a las casas dispersas a lo largo de miles de pequeñas aldeas en la montaña.
Muchos aquí recuerdan con cariño la posición activa de los clérigos católicos que reinaban durante las guerras civiles de América Central en los años setenta y ochenta, cuando muchos miembros del clérigo apoyaron a los rebeldes contra los gobiernos autoritarios respaldados por Estados Unidos. Muchos de esos sacerdotes adherían a la teología de la liberación, una filosofía de acción social contra la pobreza y la opresión; para algunos de ellos, eso significó apoyar a los grupos rebeldes que acogieron la revolución social inspirada en el marxismo.
El Papa, un declarado anti-comunista, reprimió ese movimiento nombrando en América Latina a una generación de líderes de la iglesia más conservadores. Eso sirvió para silenciar a muchos de los sacerdotes más activos de la región, incluso a los que no tenían nada que ver con el comunismo.
Otros fueron silenciados por la violencia: Muchos sacerdotes y monjas fueron asesinados por matones del gobierno o matados en fuegos cruzados en las guerras civiles en Guatemala, El Salvador y Nicaragua. Un franco arzobispo salvadoreño, Óscar Romero, fue asesinado en 1980 cuando decía la misa. Funcionarios del Vaticano anunciaron este mes que se estaba estudiando la beatificación de Romero, el primer paso hacia la santidad y una medida que algunos esperan que haga renacer el espíritu de acción social.
Los feligreses en San Miguel dijeron que la ruidosa oposición de la iglesia a la mina es un mapa del sentido común de cómo debe comportarse el clérigo, uno que esperan que adopte el próximo Papa.
"Creemos que Jesucristo se alzaba por la gente que no tenía voz", dijo el feligrés Timoteo Tojil Sánchez, 36, que llegó a la charla de Gruloos sobre cómo organizar la oposición a la mina. "Si la iglesia no existiera, no tendríamos a nadie que defendiera nuestros derechos. No me importa de dónde sea el nuevo Papa. Lo que quiero es que luche contra la injusticia y defienda a los pobres".
Tojil y otros dijeron que habían visto lo que una iglesia activa puede lograr. En febrero el gobierno de Guatemala anunció que respetará su compromiso con Glamis Gold Ltd., la compañía que construye la mina, pero que congelará la emisión de más permisos de explotación minera. Se ha creado una comisión especial del gobierno y de autoridades de la iglesia para discutir el futuro de la minería en el país.

13 de abril de 2005
©washington post
©traducción mQh

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