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meyer lanski en la habana


[Cristóbal Peña] Los años de Meyer Lansky en La Habana. ‘La vida secreta de Meyer Lansky en la esplendorosa Habana' revela aspectos desconocidos del legendario miembro de la mafia. Un libro del periodista y escritor cubano Enrique Cirules recoge el testimonio de quien estuvo más cerca del financista de la mafia ítalo-americana en su paso por la isla. Eran días de desenfreno y bullicio, recuerda su chofer y guardaespaldas, pero el poderoso y enigmático gangster se mostraba sosegado como una estatua, inapetente en casi todo, menos con el dinero.
Meyer Lansky tenía un trabajo tan excepcional que no necesitaba a un típico chofer. El financista de la mafia ítalo-americana, zar de los casinos de Las Vegas y La Habana, buscaba a un hombre lo más parecido a su sombra: fiel y silencioso, que no hiciera preguntas ni importunara. No era mucho pedir. Un conductor prudente, que lo llevara de un lado a otro a velocidad de crucero y que, llegado el momento, supiera usar muy bien un arma. Ese hombre resultó tener porte y nombre de chofer: Jaime. Jaime Cassielles.
Durante tres años, a fines de los '50, Cassielles fue chofer y guardaespaldas del más astuto e intrigante mafioso estadounidense. Se instaló con él en La Habana a principios de 1957 y fue testigo del modo en que Lansky construyó el imperio del juego y la diversión. Lo condujo a reuniones con Fulgencio Batista, convivió con gangsters de raza y fue el único que supo de sus amores, hábitos y escondites. Fue su hombre de confianza, su hombre en La Habana, y casi cinco décadas después, tras guardar riguroso y prudente silencio, ha decidido hablar.
‘La vida secreta de Meyer Lansky en la esplendorosa Habana' es el título del libro testimonial en el que Jaime Cassielles cuenta lo que vio y escuchó en ese tiempo, que no es poco. Está firmado por el periodista y escritor cubano Enrique Cirules, autor de otros libros sobre el tema, y en él se encuentran capítulos que habían permanecido inéditos o incompletos en la historia inmediatamente anterior a la Revolución.
La mitología, alimentada por la industria de la entretención, ha construido una imagen simplista del principal mafioso del siglo XX. Películas como ‘El Padrino II', Habana y el mismo Lansky han pasado por alto un punto que para el autor resulta neurálgico: las profundas conexiones entre la mafia estadounidense y la política cubana de esos años.
"Lansky es el artífice de la transformación de la clásica mafia siciliana en una mafia financiera, contemporánea, donde domina una trilogía de intereses: grandes negocios, política y crimen organizado", expone Cirules desde La Habana, sumando otro factor distintivo: a diferencia de la generación precedente, Lansky impone un estilo de vida más discreto y austero. En la bulliciosa y colérica Cuba de fines de los 50, el líder mafioso comprendió que para sobrevivir era peligroso andar custodiado por un ejército. Basta con un chofer bien armado, prudente y, en lo posible, mudo.
Peor que los malos
El encuentro ocurrió en un casino de Las Vegas, donde Cassielles oficiaba de croupier. Lansky, que por entonces tenía más de 50 años y controlaba ése y otros locales de la ciudad, reparó en la pericia del joven empleado cubano y le ofreció irse con él a la isla. En principio Cassielles no sospechaba de qué iba la cosa, ni siquiera cuando le preguntaron si sabía manejar un arma. Nunca, en rigor, le dijeron exactamente lo que tenía que hacer y, en caso de que se lo hubiesen explicado, probablemente no lo habría entendido.
Meyer Lansky no se comportaba como los clásicos mafiosos: nunca andaba armado, bebía ocasionalmente y respetaba a las mujeres. Era un animal raro, excepcional en su especie. "Despacio, Jaime", solía decirle a su chofer cuando quería que arrancara. Rara vez se enojaba o decía una mala palabra. Pero cuando se enojaba, era mejor tener de enemigos a los mafiosos más convencionales.
Por eso no tenía amigos. Sus relaciones eran exclusivamente comerciales y sólo parecía confiar en su chofer. Y a veces ni eso: al subirse a algunos de sus dos autos -un Chevrolet y un Mercedes-, jamás anunciaba su destino. Iba dando indicaciones en el camino y nunca elegía la misma ruta. Esa prudencia, unida a la desconfianza y a la astucia, le permitió un privilegio muy excepcional entre los suyos: murió de viejo, en 1983.

"Despacio, Jaime"
El primer año en La Habana fue de ensueño. Alojaba en una suite del octavo piso del Hotel Nacional, frecuentaba cabarets y restaurantes caros y le gustaba pasear por la ciudad, sin rumbo fijo, a bordo de su Chevrolet descapotable. No era mucho lo que trabajaba un jefe de la mafia. Los jueves por la tarde iba a reuniones de negocios en casa de Joe Stasi; para reunirse con el general Batista no tenía día ni lugar fijos.
¿De qué hablaban? A Cassielles nunca se le habría ocurrido preguntar algo similar. "No estaba allí ni para preguntar, ni para indagar, ni para disentir, ni para importunar; sino simplemente para oír y observar y comportarme tal y como este señor aspiraba a que yo me comportara".
No defraudó. Aprendió rápido ese lenguaje de señas y códigos en que una palabra equivocada, una mala cara, puede acabar con la vida de un hombre. Y eso, justamente, es lo que comenzó a ocurrir con frecuencia en 1958, en vísperas del asesinato de Humberto Anastasia, que marcó la guerra definitiva entre sicilianos y judíos.
Lansky, previendo el peligro, redobló las medidas de seguridad. Se trasladó a casa de su pareja, Carmen -"una joven trigueña hecha a mano"-, y desde entonces sólo el chofer supo dónde ubicarlo. Vivía encerrado y ni siquiera asistió a la fastuosa inauguración del Capri, uno de sus mejores hoteles. Si hasta allí había llevado una vida de bajo perfil, desde entonces se convirtió en un hombre que sólo estaba disponible para los negocios. Y por entonces, a instancias de Batista, sus inversiones se multiplicaban y ampliaban a otros países del Caribe.
Pero el sueño se desmoronó de golpe con la Revolución. Meyer Lansky, tipo astuto y calculador, curiosamente no predijo ese factor de riesgo, y a principios de 1959 el juego era proscrito y los norteamericanos huían en masa.
Por primera vez en su vida se sentía derrotado. No le quedó otra que partir con lo puesto. "Despacio, Jaime", ordenó en su último viaje al aeropuerto.

Un Sobreviviente
Con nueve años, procedente junto a su familia de la Rusia zarista, Meyer Suchowljansky se instalaba en 1911 en el gueto neoyorquino de Lower East Side. Ahí aprendió a defenderse a golpes y uno de sus primeros contrincantes fue Lucky Luciano, con quien fundaría su primera banda delictual cuando vestían pantalón corto.
Asociado a Bugsy Siegel desde 1920, Suchowljansky -que poco después redujo su apellido- fundó una banda en complicidad con Luciano, que terminó imponiéndose a las organizaciones de Joe Masseria y Salvatore Maranzano, las principales de Nueva York. Una década después, el grupo ampliaba su imperio a Florida, Nueva Orleans, Las Vegas y La Habana, y fundaban el Sindicato Nacional del Crimen. De esta organización surge Murder Inc., encargada de administrar justicia entre los mafiosos, atribuyéndosele unos 200 asesinatos.
Pese a las pérdidas millonarias que le dejó la revolución, al regreso a EE.UU. encontró un escenario privilegiado. Luciano había sido deportado a Italia y Bugsy yacía bajo tierra por su estilo personalista y sus continuas torpezas en el manejo del negocio en Las Vegas. Desde las sombras, como le gustaba, Lansky era el jefe absoluto de una banda que amplió su giro a la prostitución y el tráfico de drogas. Con su fortuna, calculada en US$ 400 millones, financió grupos anticastristas y la causa hebrea, estrechando sus vínculos con la política. En 1970, cercado por la justicia, escapa a Israel y de ahí salta a Suiza, Sudamérica y Panamá. Nadie quiso amparar al llamado Secretario del Tesoro de la mafia, finalmente deportado a Miami por evasión de impuestos. Más listo que Al Capone, logró eludir la cárcel, salvo por una breve temporada.
Poco antes de morir, en enero de 1983, reconoció a la prensa que debía su fortuna al contrabando de alcohol. Pero eso no es novedad ni delito, se defendió. "Grandes compañías en los EE.UU. se iniciaron traficando licor".

22 de abril de 2005
17 de abril de 2005
©tercera
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