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solaz en los libros


[Sabrina Tavernise] En medio del caos, los iraquíes que buscan comprender las perspectivas históricas se vuelcan a los libros.
Bagdad, Iraq. En un estrecho callejón de la Calle de Mutanabi, el principal mercado de libros de Bagdad, la librería Dar al-Bayan está llena de polvo y de clásicos. Unos viejos beben té a sorbos en la parte de atrás y hablan de cosas del pasado, de antes de la dictadura, cuando los poetas e intelectuales hacían que la vida aquí brillara.
Afuera, en la calle, el nuevo Iraq presiona. Mesas plegables cubiertas con manuales de ordenadores, folletos de móviles y manuales de instrucciones diversas compiten por el espacio en la acera. Una vasta gama de libros religiosos, prohibidos durante Saddam Hussein, rellenan los puestos.
Mientras los iraquíes luchan por comprender el caos y la violencia que han consumido sus vidas durante los últimos dos años, los libros ofrecen algo de solaz. "Ahora la realidad es muy rara", dijo Mufeed Jazaery, que fue ministro de Cultura de Iraq en el gobierno interino.
"La gente está tratando de poner los pies en la tierra, pero todavía están con los pies en el aire", dijo. "¿Está el tiempo calmado, o viene una tormenta? ¿Es blanco o es negro? ¿Se está moviendo, y si es así, en qué dirección?"
Pero tanto como una muestra de los cambios en Iraq, los libros también revelan una línea divisoria entre los que crecieron antes de los años de dictadura, que están leyendo libros de historia para entender qué ha pasado con su país, y los iraquíes más jóvenes que luchan por encontrar respuestas a preguntas más inmediatas sobre sus vidas en libros de auto-ayuda y manuales, romances y títulos religiosos.
La librería Dar al-Bayan está inmersa en el pasado. Abrió sus puertas en 1961 y era un salón donde se reunían escritores famosos en sus pequeños cuartos recubiertos de libros a discutir de política y literatura. Su propietario, Beadiee Khakhani, habla peyorativamente de los títulos que se venden en la calle.
"Ahora es diferente", dijo Khakhani, 54. "Hay menos sobre cultura", dijo, y más sobre temas prácticos, como manuales de ordenares y guías religiosas.
Los intelectuales y escritores parecen especialmente desorientados en el nuevo Iraq. Muchos estaban vivos en las décadas de antes de 1968, cuando el Partido Baaz se hizo con el poder, que fue una época de renacimiento cultural en Iraq. Pero en 1979, cuando Hussein se hizo presidente, empezó a prohibir libros, atacando a escritores e intelectuales, encarcelándolos e impidiendo la publicación de sus obras.
Los empleados de la librería Dar al-Bayan utilizaban un pequeño hueco en el ático para ocultar libros populares que eran prohibidos. Algunos escritores dejaron el país, pero muchos se quedaron, sobreviviendo gracias a reuniones secretas y a fotocopias clandestinas de libros prohibidos.
Faiza Mulla, abogado educado en El Cairo y que vivió en Londres durante dos años en la década de los cincuenta, recuerda esas reuniones.
"Para mucha gente era como oxígeno", dijo. "Así es cómo sobrevivimos".
Cuando Hussein fue derrocado en 2003, Mulla estaba extasiada. Le dijo a su hija que la vida volvería a ser lo que era, cuando Bagdad vibraba con una intensa vida cultural. Su marido, Mahmoud Uthman, mantuvo un diario de vida, apuntando las esperanzas de vecinos y parientes.
Ahora, dos años después, las entradas parecen ingenuas, dijo Uthman. Varios de los amigos de la pareja han sido secuestrados. Algunos han dejado el país. Muchos de los que se quedaron se han retirado de la vida fuera de sus casas. Mulla y la hija de Uthman, que se acababa de graduar en la universidad en Iraq con un diploma de ciencias de la información, pasan la mayor parte del día en casa -su futuro es incierto.
"Al principio, todo el mundo estaba muy excitado", dijo Mulla, sentada en su casa llena de piezas de arte cerca de la Universidad de Bagdad. "Ahora simplemente quiero quedarme en casa". Los intelectuales entrevistados para este artículo dijo que los libros de historia, en especial sobre el período que va desde los años veinte hasta hoy, cuando se está formando el estado iraquí, eran muy populares, como es una provocadora crítica del islam escrita en los años treinta por el poeta nacionalista iraquí Marouf al-Rasafo, pero sólo disponible en Iraq hace poco.
En cuanto a leer sobre el gobierno derrocado mismo, el período es todavía demasiado vivo para la mayoría. Sin embargo, Khakhani dijo que un libro del antiguo médico de Hussein, Ala Bashir, titulado ‘En nombre del terror', se ha estado vendiendo bien.
Algunos abandonan la historia moderna y se refugian en épocas pasadas. Suha Turaihi, una intelectual de Bagdad, dijo que estaba leyendo un libro sobre los sabianos, una antigua religión de Mesopotamia que se remonta a cientos de años antes de Cristo y todavía existe.
Las novelas nacionales y la literatura no novelesca se están quedando atrás. El año pasado, la principal editorial publicó 100 títulos, más que en años anteriores, pero nada ha realmente causado una gran impresión, dijo Jazaery, el antiguo ministro de cultura.
La violencia no ha ayudado. Más allá de los diarios atentados con bomba y secuestros, los insurgentes han atacado a los intelectuales, asesinando a 73 profesores en 2004, dijo el doctor Esam al-Rawi, presidente de la facultad de ciencias de la Universidad de Bagdad, de acuerdo un informe de prensa iraquí. En abril, un profesor alemán fue asesinado a balazos en Bagdad, y en mayo una bomba dañó varias librerías junto al mercado de la Calle de Mutanabi.
"Ahora la cultura está en estado de somnolencia", dijo Lutfia al-Dulaimy, escritora y novelista. "La gente está ansiosa de electricidad y de seguridad".
Interrogada sobre quiénes eran los escritores iraquíes contemporáneos más interesantes, Dulaimy replicó irónicamente: "Los muertos".
Los jóvenes iraquíes están haciendo opciones diferentes. En una librería en la Universidad Mustansiriyah, una importante universidad pública aquí, los estudiantes hojean novelas románticas y libros sobre astrología.
Los libros religiosos, la mayoría sobre temas chiíes, que eran prohibidos durante Hussein pero han vuelto a Iraq desde su caída, eran también muy abundantes.
Aunque los estudiantes universitarios son relativamente laicos, dijo Zaid Hadithy, el propietario, la gente joven "se interesa en una dirección religiosa" mientras buscan dar estructura a sus vidas en un ambiente donde las reglas se han desmoronado.
Una estudiante echa un vistazo en la librería de Hadithy, Ragad Raisan, 19, dijo que andaba buscando un libro con las enseñanzas de Imam Sadeq, un reverenciado personaje religioso chií relacionado con el profeta Mahoma.
"Dios es el único que nos guía cuando nos sentimos extraviados", dijo.
En otro lugar en el campus se realizaba una conferencia de los seguidores del clérigo Moktada al-Sáder. Tiene fuerte influencia entre los jóvenes chiíes, de los que se presentaron miles a fines de agosto cuando llamó a luchar contra las fuerzas de la coalición norteamericana antes de aceptar una tregua.
Muhammad Abdul Rudha, estudiante del departamento de árabe, dijo que prefería leer libros religiosos y políticos porque "la situación es muy crítica y lo exige".
Jazaery dijo que estaba preocupado del poder de la religión entre los jóvenes iraquíes. Cualquiera que haya nacido después de 1980, se crió durante el deslizamiento de Iraq en la guerra y las sanciones económicas. La corrupción y la pobreza han erosionado lo que era en el pasado un robusto sistema educativo, dejando a los jóvenes vulnerables ante líderes populistas como Sáder.
"Pueden leer, pueden escribir, pero no comprenden", dijo Jazaery. "Eso es bueno para la dictadura y peligroso para la democracia. Es un ejército de reserva para los elementos extremistas".
Cualquiera sea el caso, la brecha generacional parece ancha. Athit Haddad, profesor de finanzas, dijo que se alegró cuando algunos de sus estudiantes dijeron que no asistirían a clases para protestar contra la legislación propuesta. Pero cambió de opinión cuando se enteró de lo poco que sabían sobre el asunto y que estaban siguiendo órdenes del clérigo.
"Para ellos, yo vengo del espacio sideral", dijo Haddad.

Khalid al-Ansary y Zaineb Obeid contribuyeron a este artículo.

8 de julio de 2005
27 de junio de 2005
©new york times
©traducción mQh


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