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botánica de santería


[Daniel Hernández] En su jardín botánico en Hollywood, el sacerdote Charles Guelperin saluda a los parroquianos que quieren contactarse con el mundo sobrenatural.
Una calurosa y amarilla tarde de sábado en Hollywood, una docena de personas se reunieron para una sesión con Olga, una joven judía rusa que pedía ayuda a Manuel.
Se sentaron en el atiborrado cuarto trasero de una tienda botánica en el Boulevard de Santa Mónica, y ante un altar en el que hay una pintura de Jesucristo, Charles Guelperin, el sacerdote santero, explicó los objetivos del día:
"Estamos investigando a los espíritus que trabajan con ella, o para ella", dijo Guelperin en un inglés declinado que refleja sus raíces argentinas. "No hay de que asustarse. Todos tenemos un espíritu que nos ayuda en la vida".
Para Guelperin, ese espíritu es Manuel, conocido en círculos de estudiantes de la santería y del folclore africano como un guerrero del Congo que fue llevado en un barco esclavista a Cuba cuando era joven, hace 500 años.
Guelperin "canaliza" a Manuel para sus clientes en su tienda El Congo Manuel.
"Yo fui su hijo en una vida anterior y así como tenemos esta relación", explicó Guelperin, 59. "Era mi padre, que también era un santero, e hijo de Ogún".
En la religión afro-cubana de la santería, Ogún es uno de los 401 orishas que operan como agentes de un ser supremo. Los fieles también adoran a los santos católicos y a espíritus ancestrales. De ahí la conexión sobrenatural con Manuel.
Para Guelperin y la gente que frecuenta su tienda, los espíritus están tan vivos como los vivos. Si todo se hace bien, dicen, un espíritu puede ser engatusado para que se "monte" un cuerpo. Entonces está preparado para decir proverbios, dar consejos o adivinaciones.
O bebe ron y fuma cigarros. A Manuel le gustan los dos.
"Tiene los sentimientos de la carne", advirtió Guelperin. "Ahora tiene un cuerpo. ¿Por qué no disfrutar de él?"
La gente en el cuarto encendieron sus cigarrillos en anticipación, echando las cenizas en cáscaras de coco dispersas por el suelo. Un signo amarillento en un rincón advertía en español: "La dirección no es responsable de los accidentes que ocurran en el establecimiento".

Religión Creciente
Guelperin se refiere a sí mismo como brujo, un médium en contacto con el "mundo cósmico", un amante de todas las religiones y tradiciones. Pero se identifica la mayor parte de las veces con la santería, que ha crecido en Estados Unidos en las últimas décadas. Los cálculos sobre los adherentes a la santería en Estados Unidos van de 1 a 5 millones, la mayor parte de ellos concentrados fuertemente en ciudades latinas como Miami, Nueva York o Los Angeles.
La religión se está acercando a las sectas establecidas, apareciéndose en programas de estudios universitarios, museos y canciones populares y videos musicales. Algunos aspectos han comenzado a atraer a no-latinos, como Olga, la inmigrante rusa.
La santería se practica en casas y en un creciente número de botánicas, como El Congo Manuel, apretujada entre Pizza Loca y Pupusería Loca, en un centro comercial de Hollywood. Las tiendas son mercados espirituales que venden estatuillas, aceites, velas, hierbas y otros artículos.
A menudo, una botánica parece un cruce entre una estrecha rectoría católica en la América Latina rural, una hortera tienda de Halloween y quizás un desgastado estudio de televisión privado. Las botánicas huelen casi siempre a incienso fresco y madera muerta.
En El Congo Manuel, el precio de los artículos pequeños, como figuritas o cristales especiales, es de algunos pocos dólares. Servicios tales como sesiones de espiritismo en las que aparece Manuel, o limpias, pueden costar varios cientos de dólares.
Guelperin cobra mucho más, aunque no dijo cuánto exactamente, por iniciar a alguien en la santería.
Los rituales, que pueden implicar el sacrificio de animales, toman lugar a veces en cañones, bosques y cerca de fuentes de agua natural. Durante años funcionarios policiales se han preguntado si acaso los restos de los rituales de santería que veían no constituían evidencias de juego sucio.
Las cosas cambiaron en 1993 cuando la Corte Suprema de Estados Unidos resolvió que la Iglesia de Lukumi Babalu Aye, una congregación de santeros de Hialeah, Florida, ejercía derechos protegidos por la Primera Enmienda al sacrificar animales.
En su propio trabajo en Los Angeles y Cuba, adonde viaja a menudo para iniciaciones de santería, Guelperin dijo que ha sacrificado "pollos, gallos, palomas, codornices, cabras, carneros y gallinas de Guinea".
Está consciente de que esas prácticas plantean un problema de relaciones públicas para la santería.
"Hay una diferencia entre matar, en destruir vidas sin ningún propósito, y el sacrificio ritual", dijo. "Matar es destruir vidas sin propósito. Un sacrificio es una ofrenda a Dios, a un ser más alto, y está escrito en la Biblia, en el Corán, que Abraham estaba dispuesto a sacrificar a su propio hijo".
Se sabe que médium y dueños de botánicas fraudulentos han engañado o abusado de clientes crédulos.
En casos en Los Angeles y Chicago, ‘curanderos de fe' han abusado sexualmente de mujeres jóvenes a cambio de tratar a familiares enfermos. En 1994, el departamento de Servicios Sanitarios del condado de Los Angeles, emitió un aviso advirtiendo contra las "cápsulas de serpiente cascabel" que estaban siendo vendidas en botánicas como tratamientos del acné, cáncer y desórdenes sanguíneos. Aparentemente las cápsulas también llevaban salmonela y habían causado tres muertes.
Donald Cosentino, profesor de folclore de la Universidad de California en Los Angeles UCLA que recibió recientemente una beca Guggenheim para escribir un libro sobre Guelperin y Manuel, dice que no ha creído nunca que el sacerdote sea un tramposo.
Guelperin canaliza a Manuel regularmente en las clases de Cosentino en la UCLA, dijo el profesor. "Obviamente, [las tradiciones africanas] funcionan", dijo Cosentino. "Cómo funcionan, eso es asunto para otra gente".
Guelperin reconoce la existencia de santeros inescrupulosos. "Somos humanos, como todos los demás".

Aprendiendo el Oficio
Alto y físicamente imponente, Guelperin guía a los clientes a su oficina, donde se sienta detrás de un angosto escritorio, enciende un cigarro cubano y da consejos mediante alegorías y jerga.
Dice que nació con poderes espirituales, pero no se dio cuenta sino hasta que tenía 7 y en su dormitorio en Buenos Aires se le apareció una tía muerta.
Guelperin fue capaz de describir a su madre el vestido que llevaba su tía cuando la sepultaron -diez años antes del nacimiento de Guelperin.
Su padre lo llevó a psiquiatras. Su madre lo arrastró a la Escuela Científica Basilio, una escuela espiritualista en la capital argentina. Asistió siete días a la semana, después de la escuela normal, durante ocho años.
No pasó mucho tiempo antes de que vecinos y desconocidos empezaran a llamar a la puerta de Guelperin, pidiendo una audiencia con el niño del que habían oído decir que se podía conectar con el mundo espiritual.
Como todo adolescente, Guelperin también fue inquieto. Dice que trabajó, viajó por el mundo y parrandeó, al mismo tiempo que conservaba sus poderes espirituales y recogía nuevos clientes.
En los años ochenta era promotor de un club y vivía bien en Sherman Oaks. Entonces, dijo Guelperin, un orisha llamado Obatala se le apareció y le dijo que su desbocada vida nocturna había terminado.
"Yo me resistía a los espíritus", dijo Guelperin. "Estoy ganando 10.000 dólares al mes, la estoy pasando tremendamente bien en el negocio de los clubes nocturnos. ¿Crees que tengo ganas quedarme en casa esperando a ver quien quiere un reading?"
Pero el llamado de la vocación era demasiado fuerte, dijo.
Vendió su casa, se marchó a Cuba para iniciarse como sacerdote de santería y volvió para abrir El Congo Manuel, en el Boulevard de Santa Mónica, donde está su negocio desde 1990.
Hoy Guelperin vive modestamente -excepto por su Chevrolet SSR 2005, tan brillante y amarillo que lo persiguen las abejas.
Prostitutas, travestís, jornaleros, pacientes de SIDA, ejecutivos de estudios, actores de lista B, algunos funcionarios elegidos -todos recurren a él, dice Guelperin, cuando las religiones tradicionales y templos no parecen ayudar en asuntos de salud, el corazón y el juego competitivo de la vida moderna.
Algunas de sus elaboradas prescripciones implican animales muertos, oscuras raíces y el peso místico de los dígitos, el tiempo, la luz diurna y la Tierra.
El otro día, mientras Guleperin era entrevistado y atendía una llamada de teléfono, un cliente esperaba que le dijera qué hacer con las verduras usadas en un ritual anterior.
"Trae las berenjenas", le dijo Guelperin a su ayudante. "Saca las banderas, y dáselas a ella. Ella tiene que llevarlas a un bosque".
A la cliente, todo eso le parecía coherente.

Sesión de Espiritismo
Mientras en El Congo Manuel se celebraba la sesión espiritista para Olga, los participantes debieron untar sus dedos en un grueso cuenco lleno de un delgado líquido azuloso y pétalos de flores blancas. Salpicándose el líquido en sus caras, cuellos y brazos, los participantes se limpiaban la "radiación de las calles", explicó Guelperin.
Estaba sentado en una alta silla de madera con un cojín púrpura, "la silla de Manuel", y empezó a recitar monótonamente en español, leyendo en un usado libro. Intermitentemente escupía al piso en los cuatro lados. Golpeteó con su bastón nueve veces contra el linóleo.
Entonces, de repente, se oyó un gruñido. Los ojos de Guelperin se achicaron y sus pupilas se echaron hacia atrás. Un profundo, bajo cacareo salió por su garganta. Su pie derecho se doblaba y retorcía. Había "llegado" Manuel.
Los ayudantes apartaron sillas y revoltijos. Guelperin se sacó su zapato derecho y el calcetín -explica que el espíritu todavía tiene molestias de la época en que un esclavista en Cuba le cortó su pie para impedir sus repetidas fugas. Se apoyó en su bastón. Bebió ron. Habló por el lado derecho de su boca en una mezcla de español y lukumi, un dialecto estrechamente vinculado a la santería, que los ayudantes ayudan a traducir.
Entonces Manuel fue derecho al grano. A la gente que había visto antes, el espíritu ofrecía escuetas recetas para sus dilemas recurrentes. A una mujer le dijo que hiciera un hoyito en una sandía, encendiera una vela en ella y llevara la fruta, una vez seca, a una montaña. La mujer lo apuntó.
Entre los nuevos clientes había una joven estudiante universitaria llamada Alicia.
Después de comentar groseramente sobre su aspecto físico, el espíritu le preguntó a Alicia: ¿Por qué lloras por dentro pero no por fuera?
"Porque quiero ser fuerte", dijo Alicia, después de un mesurado silencio.
Si quieres llorar, llora, le dijo Manuel a través de sus intérpretes. Si quieres gritar, grita. Si quieres decir no, di no.
"A veces eres como un cigarro encendido por los dos lados", le dijo, acercándose a ella. El espíritu y la estudiante universitaria se dieron la mano.
Durante la sesión Manuel dio más prescripciones espirituales, coqueteó con las mujeres y se colocó cigarros en la lengua. Para hacer un punto, cortaba el aire con un machete que le habían llevado, a petición suya, de la tienda que daba a la calle.
Manuel preguntó si había más preguntas, antes de desmontarse de Guelperin.
Le preguntaron qué echaba de menos de no estar vivo físicamente.
El sexo, respondió el espíritu, aunque en términos mucho más coloridos.
"Lo que echo de menos es el sexo, porque me gustaba mucho", dijo Manuel, que dice haber tenido más de 100 hijos. "Pero, aparte eso, no echo nada más de menos de la Tierra".
Pronto Manuel estaba listo para volver al plano espiritual. Pero, aparentemente, dejar entrar a un espíritu es mucho más fácil que dejarlo salir. El cuerpo de Guelperin se convulsionó violentamente. Gritó y salió disparado de la silla de Manuel, con la cara roja y sudando. Los ayudantes lo sujetaron.
Y después de unos momentos, Guelperin volvió a sentarse, respirando dificultosamente, algo aturdido.
"Si no hay algo real en todo esto... entonces estoy loco", dijo, con una risita.
Olga, la joven que buscaba la ayuda de Manuel, no obtuvo las respuestas que esperaba. Manuel le dijo sólo sus espíritus se le aparecerían. Le dijo que habría otras oportunidades. Manuel está siempre disponible.
Antes de cerrar su botánica hace poco, después de un largo día de vender objetos espirituales y responder llamadas de clientes, Guelperin parecía estar consciente que era necesaria una explicación.
Hay un muñeco de un Manuel de aspecto sabio en la vitrina de la tienda que da a la calle. Los certificados que atestan que Guelperin es miembro de varias asociaciones comerciales acumulan polvo en las paredes. El tráfico pasaba a toda velocidad por el Boulevard de Santa Mónica.
"Yo soy el que soy", dijo Guelperin, reflexionando sobre temas tales como la muerte del Papa Juan Pablo II y el surgimiento del cristianismo evangélico"."No estoy buscando seguidores. No construir una iglesia grande, no soy un mensajero", dijo Guelperin. "Soy simplemente un pobre donnadie en el centro de Hollywood en una tienda de moda que trata de hablar con la gente".
¿Y qué de los que pueden decir que su trabajo es una farsa, o algo peor?
"A cada cual lo que corresponda".

27 de julio de 2005
7 de julio de 2005
©los angeles times
©traducción mQh

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