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comunistas y senador sobre mar para bolivia


Partido Comunista cuestiona a Foxley por rechazo a petición de Bolivia de ir a la OEA.
Mal cayó en el PC el tono usado por el gobierno para rechazar la petición de Bolivia de una intervención de la Organización de Estados Americanos (OEA) en su disputa marítima con Chile.
El secretario general del partido, Lautaro criticó particularmente al canciller Alejandro Foxley, por la forma en que expresó su negativa a la solicitud del presidente boliviano, Evo Morales, de una sesión ‘urgente’ en la entidad multilateral para abordar el problema entre ambos países. Foxley dijo que ese tema es de carácter estrictamente bilateral y "de eso no nos vamos a mover".
Carmona sostuvo que el fuerte rechazo del Ejecutivo chileno al planteamiento boliviano fue "exagerado", por cuanto la solicitud de una intervención de la OEA "no se contradice" con el interés de La Paz de abordar bilateralmente sus diferencias con Chile, dado que se trata de un organismo internacional vinculado a América Latina y cuyo secretario general, el chileno José Miguel Insulza, es uno de los hombres clave de la Concertación.
"Hay agenda abierta, pero se cierra un espacio de diálogo, es lo que he sentido con el tono del canciller Foxley, que no me parece, no comparto. Tampoco estoy de acuerdo con que el gobierno de Chile haga del planteamiento de Evo Morales sobre la OEA el tema de fondo", dijo.
En tanto, el miembro del comité central del PC y encargado de las Relaciones Internacionales, Jorge Insunza, calificó como preocupantes las declaraciones del canciller y lo acusó de poner "la carreta delante de los bueyes. Si su preocupación es que el tema se trate eventualmente a nivel internacional, el modo de responder es precisamente acelerando el diálogo bilateral".
En tanto, el vicepresidente del PS, Carlos Moya, quien conoce personalmente a Morales, dijo que existe una "discusión falsa" sobre el ofrecimiento de Salvador Allende de darle salida al mar a Bolivia. Dijo que Allende compartía el respeto de los tratados, pero, a la vez, adhería la postura histórica del PS de ir borrando las fronteras.

26 de marzo de 2006
©la tercera
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<font size="3">senador udi no se opone a cesión territorial</b></font><br>


[Mirko Macari] Jorge Arancibia irrumpe en tema boliviano. "No me opongo a la cesión de territorio". El senador UDI y ex comandante en jefe de la Armada dio un golpe de timón en la opinión pública afirmando que está por la entrega de una salida al mar a Bolivia. Se explaya sobre el punto, pone condiciones y explica cómo la era global ha cambiado los paradigmas más conservadores de las elites.
"Bienvenidos a este pequeño buque", dice, mientras entramos a su oficina en el piso 11 del Congreso en Valparaíso. Efectivamente, la sala tiene todo tipo de artefactos navales, incluida una claraboya convertida en mesita de centro. El lugar, con sus barquitos a escala, sería la delicia de cualquier niño que sueña con ser marino. Y el cuadro del general Pinochet, sobre el escritorio de la secretaria, más que espantar a nadie, le da al lugar un aura pintoresca. Incluso tierna. ¿Cuántos de los políticos, que viven de la imagen, todavía exhiben fotos del general caído en desgracia?

–¿Por qué se ha sumado usted a esta voz de mar para Bolivia?
–Uno tiene que ser sensible a reacciones que se van percibiendo en el entorno. Me impresionó muy bien la venida del Presidente de Bolivia a Chile, y en la manifestación que se le hizo ocurrió una cosa que no es usual en nuestro país. Ver esa suerte de expresión, aunque sean diez mil personas, ese entusiasmo espontáneo, me sorprendió.

–¿Que se coreara la cesión de mar?
–La imagen que yo tengo es que nuestra ciudadanía está satisfecha con sus límites, y no le gustan mucho los revisionismos. Lo que me hace fuerza es que, dentro de la coyuntura internacional, estamos viviendo un momento bien particular, con dos Presidentes con un fuerte respaldo popular, por lo tanto con una base política más sólida, particularmente en Bolivia, y en condiciones de iniciar un proceso que pueda avanzar en la solución de los intereses comunes de los dos países.

–¿Y cuál es su punto en el tema boliviano, entonces?
–Sabiendo de antemano que para Bolivia el tema marítimo es algo central, una solución ingeniosa puede considerar cesión de espacios territoriales; no estoy opuesto a eso, eso es lo que quiero plantear. Lo que sí, no lo entiendo como un acto unilateral, sin ningún otro significado de conveniencia mutua, y yo en ese sentido tengo una gran fe en la capacidad negociadora de nuestros diplomáticos.

–Y por su formación militar, ¿cómo ve el tema estratégicamente?
–Creo que un corredor entregado a Bolivia con acceso soberano al mar, y con un puerto marítimo, pesquero y militar, no va a cambiar la relación de potenciales militares en la zona, y por lo tanto no creo que sea un factor determinante. Va a cambiar nuestra frontera; la actividad que podemos desarrollar en el área, seguramente se va a poder potenciar en virtud del acuerdo, pero no va a generar un condicionante estratégico que vaya a alterar los equilibrios existentes, y si es sobre la base de una relación de entendimiento, de hermandad, va a potenciar nuestro rol militar internacional, más que debilitarlo.

–No es usted entonces de los que piensa que si a los bolivianos se les da la mano se pueden tomar el brazo.
–Va a depender del que le estire la mano, y ahí es donde repito que tengo confianza en nuestros negociadores, de que van a tener la destreza y el señorío y la calidad de dar la mano adecuadamente.

–¿Cómo fue que se dio cuenta de este cambio de sensación térmica en el tema ambiente?
–Lo que percibí fue un cambio en el discurso del presidente Evo Morales con respecto al del candidato Evo Morales. A mí me preocupó en su momento cuando el presidente Lagos iba a ir allá, y yo fui uno de los senadores que no estuvo de acuerdo con ese viaje, porque podría haber significado para él alguna expresión inconveniente. Eso me llevó a ser la excepción única de oposición a que el presidente viajara a la transmisión del mando a Bolivia.

–Los militares tienen la capacidad de anticipar escenarios. ¿Es inevitable una negociación que implique salida al mar para Bolivia?
–No, no es inevitable, ciertamente que no. Cuando se abre cualquier proceso de proyección, por ejemplo energética, hay trancas; cuando se habla de integración hídrica, hay trancas; cuando se habla de la adquisición de territorios, propiedades, de agentes limítrofes en nuestro norte, hay trancas. Entonces, si estamos viendo un mundo moderno en que las fronteras se traspasan con mucha más facilidad, en que el carné de identidad es el único documento necesario, parece que es quedarse un poco en el pasado seguir viviendo con esas trancas. Pero no hay ningún imperativo que nos lleve a nosotros a abrirnos unilateralmente, y contra el interés nacional hacer una cesión que sea inaceptable.

–¿Más que un designio es una oportunidad, entonces?
–Es una oportunidad. Ahora, me agrada mucho haber escuchado al canciller Foxley diciendo perfecto, avancemos, pero seamos cautos, vamos con calma, no pongamos precondiciones ni subordinemos todo a la solución de un tema específico, porque nosotros tenemos una agenda mucho más grande.

–La elite chilena siempre se ha opuesto a la cesión de mar. ¿Siente que eso está cambiando?
–Justamente ese es el tema: la elite chilena ha sido tradicionalmente opuesta a la revisión de los acuerdos y tratados internacionales, ese es un punto clave, porque esa es la elite chilena tradicional y clásica; pero esa elite tampoco pensaba en su momento que íbamos a estar en un mundo globalizado en el cual las comunicaciones iban a ser un elemento determinante en la integración de los países, ni que íbamos a ser capaces de integrarnos económicamente a la Comunidad Europea y a Estados Unidos. Estamos viviendo una dinámica de interacción que es nueva, y por lo tanto las elites, que son normalmente agrupaciones humanas bien preparadas, inteligentes, cultas, tienen que darse cuenta de esto, y se están dando cuenta.

–Y también son conservadoras.
–Pero en un sentido positivo; yo siempre distingo que hay conservadores de derecha y conservadores de izquierda. El concepto conservador significa satisfacción con lo que se tiene y voluntad de preservarlo. Nosotros somos un país satisfecho con lo que tenemos, nuestras fronteras nos satisfacen, y el deseo básico de preservarlas es connatural al ser nacional. Pero junto a ese sentimiento conservador está el hecho de que estamos en un mundo dinámico que avanza en una dirección.

–Algunos analistas dicen que este enfoque regional de la política exterior obedece, tal vez, a que en años anteriores se ha descuidado en función de otros objetivos, como Europa y Estados Unidos.
–Respeto todas las opiniones, pero creo que anteriormente no se descuidado el área, lo que se hizo fue aprovechar oportunidades. Es decir, si teníamos una cantidad de energía que gastar, la podríamos haber gastado en el Mercosur, en el Pacto Andino, y seguir con ese tema tan duro, cuya respuesta iba a ser siempre más lenta, más compleja, como lo vemos que es. Ahora estamos bastante consolidados en nuestra posición internacional, llega el momento entonces de que esta energía que sigue ahí la podamos aplicar en la solución de estos problemas.

–¿Usted respalda la política exterior de la Concertación, entonces?
–Sí, claro, de nuestro país. Una política que ciertamente es reconocida en todo el mundo, la presencia de Chile en los mercados y en los foros ha sido importante, el rol que hemos asumido desde el punto de vista militar, incluso en la solución de problemas que van más allá de nuestras fronteras, es una novedad, es una cosa que las Fuerzas Armadas veníamos planteando desde hacía tiempo: que un país que está disfrutando de una economía global tiene que asumir algunos costos en la solución de problemas globales, si no es de una injusticia absoluta. Sí, lo respaldo absolutamente y lo aprecio.

–¿Está hablando de Haití?
–Estoy hablando de Haití, de Chipre, en distintas partes hemos tenido presencia militar y policial.

–¿Cuál es la situación de su partido, la UDI, en este tema boliviano? ¿Es usted un buque naufragando a la deriva en el tema boliviano?
–En la UDI no existen los buques que navegan solos. Este es un tema que se está montando, y la señal que nosotros estamos dando es entregar una plataforma de respaldo al gobierno para que lo haga bien.

–¿En qué queda la sensación de que son los sectores militares y la derecha política quienes sostienen las posiciones más duras frente al tema de cesión de mar para Bolivia?
–Creo que esa es una visión errada, porque fueron los militares los que hablaron de Charaña, durante el gobierno de las Fuerzas Armadas. Ahora tú dices la derecha política…

–Donde está más instalado el discurso nacionalista, históricamente.
–Es cierto, pero las visiones, las actitudes que existen hoy son distintas a las de hace 30 años. Cuando yo entré a la Marina, el año 55 por ponerle una fecha, era otro mundo, se vivía otra realidad, el país era más isla, nuestra relación vecinal era determinante…

–Y estábamos en plena guerra fría.
–Estábamos en la guerra fría, muy dura. Hoy en día el mundo es nuestro, el mundo está abierto, esto es fantástico (muestra el computador), te metes acá y estás en la economía mundial, los cambios han sido brutales, y a esos cambios no son ajenos esos pensamientos antiguos, tanto de militares como de civiles políticos.

–¿Usted siente que ha ido cambiando su posición en este tema?
–Ciertamente, cuando partí en la Marina la relación vecinal era la preocupación principal en todo momento, desde el punto de vista militar. Con la Marina argentina teníamos una relación muy tirante, muy mala, y cuando fui comandante en jefe, de pronto acordamos sentarnos a la mesa y conversar como amigos, y ver cómo podíamos avanzar. Y ahora tenemos una relación que es espectacular, incluso les reparamos el buque insignia de la flota argentina, una cosa impensada.

–¿Y que pasó con los vecinos del norte?
–Distinta fue mi visita a Perú como comandante en jefe. Fui con la misma actitud, y pese a que me encontré con una recepción maravillosa, fantástica, con un cariño y una calidad de gente realmente asombrosa, ellos tenían un condicionante político-militar que no les permitía avanzar a la velocidad que estábamos avanzando con Argentina, esa es una realidad objetiva.

26 de marzo de 2006
©la nación
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