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escuela del delito y otros reportajes


1. Escuela del delito. 2. Nuevo sistema penitenciario. 3. La fuga de Paul Schäfer. 4. Palabra de yagán. 5. El patrono de La Tirana.
[Francisco Aedo] Administrando a la clase delincuente. Temprano contagio. Niños condenados que no deberían estar en cárceles de adultos. Antes de cumplir 18 años, al menos en cuatro períodos de su vida, Roberto Martínez estuvo en centros de red del Servicio Nacional de Menores (Sename), también pasó por la cárcel de Puente Alto, luego por la ex Penitenciaría de Santiago y finalmente –después de sembrar el terror en el barrio alto– en diciembre de 2002 se suicidó en una celda del penal Colina II.
La vida de muy pocos delincuentes ha tenido tantos registros periodísticos como la de Roberto Martínez, alias ‘El Tila' o ‘El sicópata de La Dehesa', pues desde muy pequeño, a pesar de su condición de abandono, destacó por poseer talentos especiales que hacían apostar con optimismo por una rehabilitación que nunca llegó. Su historia de niño abusado, que derivó en asesino y violador, cuestionó las condiciones existentes en los centros destinados a proteger a menores de edad en riesgo social y rehabilitar a aquellos en conflictos con la ley.
Cuatro años después, la entrega esta semana del Informe Anual de Derechos Humanos de la Universidad Diego Portales 2006 –basado principalmente en las condiciones carcelarias–, volvió, una vez más, a poner en el tapete la labor implementada para rescatar a los menores abandonados del ‘tobogán' delictual.
Sin embargo, el impacto social que producen los hechos delictuales –cada vez más violentos y audaces– divide a quienes están por ‘la mano dura' y exigen encarcelar a cuanto tipo delinque, y aquellos que perciben que las condiciones de encierro no sólo atentan contra los derechos humanos, sino que, además,empeoran la situación. No obstante, Chile es el país con mayor número de reclusos por habitante de Latinoamérica.
Aunque decir que los centros de menores son escuelas del delito resulta un verdadero lugar común, no existen datos precisos en las instituciones responsables del sistema. Un estudio del Departamento de Readaptación de Gendarmería realizado el 2000 señalaba que un 70% de la población penal adulta y alrededor de un 40% de los reincidentes habían pasado por algún centro de la red Sename.
La institución carcelaria no aportó datos más actualizados respecto de dicha estadística, pero esas cifras no concuerdan con las que maneja la actual administración del Sename.
Alejandra Riveros, asesora del organismo, dice que los datos que recibió al empezar a trabajar hace tres meses señalan que sólo un 9% de la población penal pasó por los centros del Sename, pero según su propia percepción cree que la cifra debiera ser más alta, aunque sin llegar al porcentaje detectado por Gendarmería en el 2000.
Actualmente, en los centros del Sename hay poco más de 70 mil menores que ingresaron por protección de sus derechos, y cerca de seis mil infractores por delitos inimputables, según estadísticas del 31 de mayo de 2006.

Recintos Privativos de Libertad
Según el informe de la UDP, entre los principales problemas que afrontan niños y adolescentes en estas condiciones se encuentran la calidad de la infraestructura
de los centros, su ubicación geográfica, la alimentación que reciben, el derecho a visitas y el acceso a prestaciones de salud idóneas. A esto se agregan los maltratos y uso de celdas de castigo –con lo cual se vulneran estándares internacionales– y abusos sexuales, que se cometerían tanto en centros de Gendarmería como del Sename.
Martín Besio, quien trabajó en el informe de la UDP, señala en el apartado acerca de la situación de menores infractores de ley, que "quien conoce el sistema sabe que es obvio el paso por el sistema Sename, entre los Centros de Tránsito y Distribución (CTD), Centros de Observación y Diagnóstico (COD), Centros de Rehabilitación Conductual (Cereco), y sin descartar la posible llegada a una cárcel".
Actualmente, cuando los acusados tienen entre 16 y 18 años se les somete a un cierto control judicial a través del trámite de discernimiento, pero "el problema es con los menores de 16 años, pues como son inimputables no se les somete a un proceso donde pueden defenderse ni le aplican medidas de protección, sino que casi automáticamente pasan a recintos que tienen una estructura carcelaria", señala Besio.
Otro problema muy grave, en opinión del abogado, es que según la normativa legal no debiera haber menores en recintos carcelarios, pero en la práctica sí los hay. De acuerdo con la ley vigente, los adolescentes pueden ser ingresados a establecimientos penitenciarios sólo si han sido objeto de la medida cautelar de prisión preventiva y se haya determinado por sentencia ejecutoriada que obraron con discernimiento.
En dicho caso, el menor debe estar absolutamente separado de los reclusos mayores, pero, según cifras de Gendarmería, en marzo de 2005 en las cárceles públicas del país había 52 menores condenados.

Carrera Criminal
Aunque no guste, el abogado de la Corporación Opción Julio Cortés saca a colación un concepto: la carrera criminal. Según él, dicho concepto propio de la criminología es
en general rechazado, pero vale la pena analizarlo. "El hecho de tener una desigual estructura social que plantea los mismos objetivos de consumo, pero que excluye la posibilidad de que un sector importante de la población alcance esos fines, es un factor criminógeno que incentiva a cometer delitos. Tras el ingreso al sistema penal y el ‘etiquetamiento' que se hace del delincuente, las futuras conductas infraccionales obedecen a una reacción al paso por el régimen carcelario. Ese es el concepto de carrera criminal", dice el abogado.
Desde este punto de vista, lo que el sistema penitenciario estaría haciendo es crear una clase delincuente y administrarla, "privando de libertad a algunos, y no interviniendo mucho sobre otros. Es muy dudosa esa pretensión racional de que el sistema debería reducir la criminalidad", agrega Cortés.
¿Es posible criminalizar la pobreza? La mezcla que se da en recintos privativos de libertad parece indicar que sí. A juicio del diputado Patricio Walker, es tal la estigmatización, que llega a hacer equivalente el ser pobre y ser delincuente. A ello se suma que en los actuales recintos para menores es imposible evitar el contacto entre infractores y niños en riesgo social, y por ello el parlamentario insiste en el reemplazo del vigente esquema por casas de acogida o residencia para no más de 20 personas.
A hechos como los ocurridos –y denunciados por LND– en centros como Antuhué, con graves incidentes entre el personal del Sename y los internos, se suman nuevos casos. La semana pasada, menores internas se tomaron el recinto del CDT de Pudahuel. A juicio de Alejandra Riveros, la toma se debió a una desinteligencia y no entender a tiempo necesidades básicas de las niñas. "Cuando se genera un motín por papel y toallas higiénicas, por ejemplo, no quiere decir que hayan aumentado los niveles de violencia del centro, sino que hay problemas de gestión. El funcionamiento de un sistema centralizado, a veces genera que los problemas se resuelvan más lentamente, y se llegue a motines en determinados casos".
También se debe considerar que el 90% de los funcionarios de Sename, al igual que gran parte del sector público, está a honorarios y percibe bajos sueldos, lo que también influye negativamente. Respecto de si el personal está capacitado para enfrentar rebeliones o motines, Riveros dice que "sí y no, pues no hay un staff uniforme. La idea es homogeneizar los equipos: que exista un mínimo de técnicos, un mínimo de profesionales. La conformación de los equipos es súper asimétrica. Es un desafío".
Los trabajadores del Sename también tienen su visión en torno al problema juvenil. Alicia del Basto, presidenta de la Asociación Nacional de Funcionarios de Sename (Afuse), recuerda que en repetidas oportunidades han hecho hincapié en la necesidad de mejorar la infraestructura de los centros y los sueldos del personal. También advierte que cuando se implemente la ley de responsabilidad juvenil, las plazas destinadas a la detención de menores no darán abasto. Ella es enfática en decir que con las actuales condiciones "no existen posibilidades de rehabilitación".
El informe de la UDP indica que, entre 2003 y abril de 2006, el control administrativo del Sename detectó 40 situaciones de maltrato en los centros bajo su dependencia, los que dieron lugar a sumarios respectivos y 16 funcionarios fueron destituidos.
Por su parte, el Sename tiene estadísticas que indican que desde 2001 a la fecha se han realizado 83 sumarios, 58 de los cuales fueron sobreseídos, en 25 casos se aplicaron medidas disciplinarias y en sólo tres de ellos hubo destitución y los antecedentes se derivaron al ministerio público para perseguir sanciones penales contra los responsables.

9 de julio de 2006
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cárceles para personas


[Felipe Saleh] El nuevo sistema penitenciario. Diez nuevos recintos quedarán en manos privadas, pero el negocio no es como adjudicarse una autopista. La construcción ha estado llena de problemas, retrasos, paralizaciones y un litigio en tribunales. El desafío es grande y caro.
En Chile hay 40 mil presos, pero en las cárceles caben sólo 24 mil. El problema es antiguo, pero el asunto se ve peor si desde hace más de un mes 120 internos de la calle 6, en la ‘Peni', deben dormir a la intemperie porque en las 38 celdas hay espacio para 280 y ellos son 400.
El persistente hacinamiento –3.500 personas son encarceladas anualmente– motivó la implementación del Programa de Infraestructura Penitenciaria, que consiste en la construcción de 10 recintos penales –con un costo total de casi 300 millones de dólares– que aportarán 16 mil nuevos espacios y harán más digna la estadía tras las rejas.
El plan se diseñó pensando en privatizar las cárceles. La primera etapa se la adjudicó la sociedad formada por dos constructoras, la chilena Besalco y la italiana Astaldi. A ellas se unió la empresa de alimentación Sodexho. Como consorcio BAS, firmaron un contrato para construir y gestionar las cárceles de Alto Hospicio, La Serena (de alta seguridad) y Rancagua. Gendarmería continuará con la vigilancia y administración de los recintos, pues por ley sólo el Estado tiene la "facultad indelegable de restringir los derechos de las personas".

Los Dueños del Concreto
El trabajo de los privados empieza con el financiamiento, el diseño y la construcción de las nuevas cárceles, y continúa por 22 años
(después el Estado puede volver a licitar) con la prestación de todos los servicios penitenciarios,
incluyendo planes de rehabilitación y reinserción social. De sus 35 mil metros cuadrados, cada cárcel tiene talleres artesanales y unos 500 metros cuadrados de zona industrial, donde los con buena conducta puedan trabajar por un sueldo. Además, una escuela reconocida por el Mineduc dará cursos de arte y actividades deportivas.
Pero en el nuevo sistema devolver a la sociedad a una persona productiva costará unos 564 mil pesos pesos mensuales, más del doble de lo que actualmente (250 mil pesos) cuesta cada reo al Estado.
En teoría, la expansión penitenciaria debería completarse este semestre. Pero todas las etapas han tenido atrasos de distinta magnitud. La primera (grupo 1) está en funciones, y la tercera (grupo 3), adjudicada al conglomerado Vinci –Valdivia, Puerto Montt y Santiago–, tiene un 75% de avance. La cuarta etapa aún no se licita.

Se Buscan Culpables
El problema está en la etapa 2 –recintos en Concepción y Antofagasta–, que se la adjudicó BAS y debía entregarlo en 2005,
pero las obras están paralizadas desde diciembre de 2004.
La empresa acusa al Gobierno de no cumplir el contrato. Las fricciones empezaron cuando la Comisión Técnica del MOP, Justicia y Gendarmería exigió ascensores en los hospitales, engrosar los muros y aumentar a 10 mil los rociadores antiincendios e incorporar espirales con alambres de púa.
A partir de ahí el panorama se oscurece. Al parecer, construir y administrar cárceles no da dividendos de imagen, pues todos los involucrados rehúyen hablar del tema. En la unidad de concesiones del MOP sólo repiten el programa y los objetivos cumplidos. En Copsa, la asociación de empresas concesionarias, responden que "las aguas están tranquilas", aunque es vox populi que las relaciones son malas. En BAS, sus ejecutivos "no dan entrevistas sobre el tema".
Por el momento, los únicos antecedentes públicos están en el informe sobre derechos humanos de la Universidad Diego Portales, que señala que la Comisión Conciliadora, que debe operar si las partes discrepan, logró un advenimiento en un conflicto similar en la etapa 1. Entonces, el MOP habría asumido los costos de las exigencias adicionales, pero ahora no desean repetirse el plato y el conflicto estaría en un arbitraje judicial.
José Antonio Gómez, ex ministro de Justicia y actual senador PRSD, reitera que "de acuerdo a la licitación inicial, los costos estaban completamente claros, los estudié y reduje para lograr una cárcel económicamente viable". Según la empresa (citada en el informe de la UDP), la licitación se basó en un anteproyecto y los nuevos términos suben un 70%. El MOP y Gómez aseguran que el incremento es entre un 7 y un 10%.
El titular del MOP, Eduardo Bitrán, confirmó la situación: "Hemos aplicado multas y las seguiremos aplicando. La paralización de obras es inadmisible, daña el interés público de una manera brutal".

Dignidad o Costumbre
Además de las multas, BAS enfrentó -en marzo pasado– una huelga de 200 gendarmes de Alto Hospicio en protesta por la mala calidad de la comida.
En mayo, la concesionaria VCGP (Vinci Construction Grand Projects) negoció con 600 obreros de Valdivia, en paro por los bajos sueldos.
Mientras, el mundo carcelario sigue su curso. El año pasado, según la UDP, murieron 41 internos en el país. Las cárceles actuales son micromundos en los que muchos reos se acostumbran a vivir. Según Lucía Damert, investigadora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, "el proceso de cambio es lento y muy complejo, porque además va a implicar un cambio cultural al que algunos presos se resistirán; por eso es importante monitorear la rehabilitación. Es muy pronto para hablar de resultados".

9 de julio de 2006
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la fuga de Paul Schäfer


[Jorge Escalante] No investigada la huida de Paul Schäfer a Argentina. La indagatoria, que podría acreditar por primera vez judicialmente parte de la verdadera "red de protección" de Colonia Dignidad, aún no se realiza. Un oficio de Investigaciones informó de los frecuentes viajes a Argentina de once abogados que han defendido a la secta mientras Schäfer permaneció escondido en ese país.
¿Cómo se arrancó Paul Schäfer a Argentina? ¿Quiénes lo sacaron desde Chile y sostuvieron en su escondite durante casi ocho años? Aún no hay una certeza jurídica al respecto porque, específicamente, esta operación no está siendo investigada.
El juez Hernán González, radicado en Parral para la arista abusos de menores (sobre lo que ya dictó sentencia) y otras escaramuzas menores en relación con la colonia, rehusó abrir una investigación sobre la fuga. La Corte de la Apelaciones de Talca avaló su negativa y rechazó una apelación del abogado Hernán Fernández, que le solicitó expresamente que indagara el operativo.
En Santiago, el juez Jorge Zepeda –que acumuló varias causas sobre la secta– sostuvo que le interesa el punto, en el sentido de que todo lo que tiene que ver con Colonia Dignidad "es interesante".
¿Cuál es la importancia de que se realice esta investigación? Que en ella se puede develar, por primera vez judicialmente, una parte de la manoseada ‘red de protección' de los crímenes de Dignidad. O, para ser justos, de sus jerarcas, puesto que, como se está viendo, la mayoría de los colonos que allí residen fueron tan víctimas como aquellos chilenos y chilenas que perecieron dentro de las alambradas del predio alemán.
Lo que se percibe en el ambiente respecto de la operación fuga es lo mismo que sucede con otras áreas de los delitos de la Colonia que no tienen que ver con violaciones a los derechos humanos, donde los autores –civiles o militares– están ya de alguna manera identificados, o todavía tras la pista de serlo, como en el caso de la desaparición del norteamericano Boris Weisfeiler.
Acerca de los negocios oscuros de armas, químicos, cuentas ocultas, contratos simulados, estafas, espionaje, tráfico de órganos, empresas constructoras y organismos públicos que hacen negocios con Dignidad, que los provee de insumos; homicidios no vinculados a prisioneros políticos, y tráfico de influencias de autoridades que ampararon por décadas estos múltiples delitos que no pertenecen a la categoría de lesa humanidad, simplemente hay gente que sabe bastante pero no entrega la información.
Ya sea porque su identidad quedará al descubierto o porque encubre a personajes poderosos plenamente vigentes hoy en distintos ámbitos de lo público y privado. Cuando se consulta sobre estos asuntos, rápidamente se tiende un tupido velo de misterio y secretismo y nadie quiere hablar; menos dar la cara. Pero se insiste, "esa desconocida red aún existe".
Cuando se conozca el contenido de las cerca de 40 mil fichas ocultas en un búnker en Villa Baviera "se destapará esta red", sostienen los entendidos. "Será un terremoto", afirman, y expresan que no se trata sólo de aquellos "archiconocidos" personajes públicos de derecha que han salido siempre a la palestra, sino de hombres y mujeres con más o menos poder, que nunca nadie los ha vinculado a Colonia Dignidad y sus crímenes.

La Lista de Abogados
Acerca de cómo se fugó Schäfer hay distintas teorías. Pero lo concreto es que, sin que hasta ahora nadie los vincule
o acuse directamente de esta operación porque no existen pruebas que así lo acrediten, dado que no se investiga, LND accedió a un informe policial que da cuenta de todos los viajes que, entre fines de 1997 y marzo de 2005 –período en que Schäfer permaneció oculto en Argentina–, hicieron a ese país once abogados que defienden a Colonia Dignidad en los tribunales.
Otro informe policial, de abril de 2005, da cuenta de 20 viajes que, durante ese mismo período, hicieron a Argentina los empresarios chilenos José Miguel Stegmeier, Edgardo Neumann y Enrique Veloso Schlie.
Según atestados del propio ‘doctor' Hartmut Hopp, brazo derecho de Schäfer, publicados por La Nación, los tres son accionistas mayoritarios de la sociedad Tierra Negra, que el mismo Hopp afirma manejó las platas de Dignidad después de 2000 y que antes estaban depositadas y eran movidas permanentemente en cuentas abiertas en el paraíso fiscal de Saint Kitts y Nevis, de la Commonwealth británica.
Schäfer habría sido sacado a Argentina desde la colonia entre fines de 1997 o comienzos de 1998, por tierra o mediante una avioneta de propiedad de los alemanes, por algunos de los mismos que lo acompañaron en su escondite en el pueblo argentino de Tortuguitas, y que fueron detenidos junto con él en marzo de 2005 pero luego dejados en libertad.
Entre esas fechas, según el oficio 175 del 19 de abril de 2005 del prefecto general firmando como director general subrogante de Investigaciones, José Quezada Guajardo, dirigido a la "Honorable Cámara de Diputados" sobre "los viajes a Argentina que registran las siguientes personas que defendieron a Colonia Dignidad en juicios en su contra", la abogada Olga Feliú hizo seis viajes con "destino Argentina", todos por avión. El último fue el 14 de mayo de 2004, y todos los periplos no duraron más de tres o cuatro días.
El abogado Cirilo Guzmán de la Fuente figura con dos viajes por tres días cada uno, el último el 4 de marzo de 1998.
Juan Pablo Guzmán, otro abogado de la colonia, aparece con doce viajes, el último el 17 de julio de 2004. Casi todos son por menos de tres días, aunque dos son por un día y en uno la salida y regreso "por Pajaritos" es el 25 de julio de 2001. Otros dos viajes son por una semana, uno saliendo por Pudahuel y "entrada por Puesco" y el otro con salida y regreso "por Puesco".
La abogada Andrea Leyton Martínez registra, de acuerdo al informe, cuatro salidas y entradas, todas por el paso Libertadores, la última el 13 de enero de 1998. Todos son traslados breves.
Juan Manríquez Rosales tiene tres salidas y regresos a Chile, entre noviembre de 2002 y octubre de 2003, por tres y cuatro días cada uno.
Waldo Ortega Jarpa registra una salida y regreso en agosto de 1997 por cuatro días.
El abogado Waldo Ortúzar Latapiat, esposo de la ex senadora designada Olga Feliú, figura con ocho salidas y regresos, por el aeropuerto Arturo Merino, entre junio de 1997 y junio de 2000. Todos los viajes son por tres o cuatro días. Falleció en 2001.
Gonzalo Ruiz Zurita tiene tres salidas y retornos a Chile entre 1998 y 1999, por avión y tierra. El último viaje es sólo por el día 25 de septiembre de 1999, saliendo y regresando por el paso Libertadores.
Mario Ruiz Zurita registra tres salidas a Argentina y retornos a Chile. Los últimos dos son de fecha febrero y septiembre de 2001 y 2002, por cuatro días cada uno.

El Más Viajado
El abogado Fernando Saenger Gianoni es uno de los que más salidas y regresos tiene (12), la mayoría hacia Argentina por avión
, entre enero de 1998 y septiembre de 2003. Todos son viajes breves, salvo uno del 15 de febrero de 2000 a Estados Unidos, pero el regreso a Santiago el 29 de ese mismo mes es desde Argentina, y otro a ese mismo país el 31 de enero de 1998, retornando a Santiago desde los Países Bajos un mes después.
Por último, el oficio de la policía civil contempla que el abogado César Valero Nader, uno de los más connotados defensores en tribunales de Dignidad, junto a Saenger, salió seis veces a Argentina por tierra y avión, en viajes muy breves, incluso en el del 10 de diciembre de 1999 sale y vuelve el mismo día por avión.
Respecto a esta información contenida en el documento de Investigaciones, el senador Alejandro Navarro dijo que pedirá al Consejo de Defensa del Estado, que es parte en la causa parcial sobre Colonia Dignidad que instruye el juez Jorge Zepeda, que solicite al magistrado que "indague el objetivo de estos viajes" para determinar si tienen o no relación con Paul Schäfer.

Cuando Fue Posible
El tiempo de la fuga de Paul Schäfer es coincidente con la decisión del entonces jefe de la VII Zona de Carabineros,
con tuición sobre Dignidad, general Luis Rieutord, que el 24 de diciembre de 1997 se negó mediante oficio Nº 118 a cumplir una orden que el ministro Hernán González le dio el 26 de noviembre de 1997, para entrar a la colonia con 20 hombres y no moverse más de ahí por un mes, luego que en un allanamiento se ubicaron rastros frescos de la presencia de Schäfer en una habitación blindada. Según diversas pistas, fue por esas semanas cuando el ex cabo nazi arrancó a Argentina. El argumento entregado al juez por el general hoy en retiro fue: "De acuerdo a análisis, la medida no es operacionalmente oportuna, porque no permitirá obtener resultados positivos".
Este ilícito, pues una autoridad policial no puede representar una orden a un juez, tampoco nunca fue investigada por nadie, ni siquiera por el propio ministro González.
Fuentes conocedoras de la diversidad de los "simples delitos y crímenes" cometidos por la banda dirigente de Colonia Dignidad –al margen del giro que hoy tomen las actividades lícitas de los colonos asesorados por la Embajada alemana en Santiago y el Gobierno chileno–, afirman que hoy no se conoce "ni el 20%" de estos ilícitos, porque la investigación del juez Zepeda sólo está acotada a cinco o seis figuras delictuales. Y porque la indagatoria del ministro Hernán González sobre abusos sexuales ya se cerró.
De esta manera, sostienen estas fuentes, así las cosas quedaría sin investigar la gran mayoría de los simples delitos y crímenes (categoría del Código Penal según las penas, y no arbitraria).
Lo que sí se sabe, de acuerdo a las mismas fuentes, es que hoy muchos personajes influyentes están "asustados" con el debilitamiento del poder y la influencia de la jerarquía de la secta alemana.

9 de julio de 2006
©la nación
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palabra de yagán


[Gracia Guerreros] Leyendas de una estirpe desaparecida. Eran el grupo más sociable y locuaz del extremo sur de Chile. Nómadas de 1,64 de estatura. Recorrían las costas cubiertos apenas con grasa de ballena o aceite de lobo marino. El tesoro mítico de los yámanas acaba ser editado en un libro que reúne 17 relatos de "amor y venganza" de un pueblo creativo y más civilizado que cualquier país del siglo XXI.
"Un muchacho y una muchacha, que eran hermanos y se habían criado juntos desde pequeños, comenzaron a verse en un escondite, donde se acariciaban y se abandonaban a su lascivia. Apenas el padre se enteró de todo, montó en cólera y los hizo llamar. Mientras pintaba con tierra colorada la cabeza de su hijo, les dijo a ambos: ‘Ya que hacéis cosas tan terribles, habréis de permanecer juntos para siempre. ¡Idos de mi choza!'. Desde entonces, hermano y hermana viven completamente aislados en el bosque, como marido y mujer. Ambos convertidos en pájaros carpinteros. Y el macho lleva en la cabeza un copete rojo, en señal de la marca que le hizo su padre".
La ‘historia de la pareja de pájaros carpinteros' es una de las numerosas fábulas que conforman la mitología yámana. Una mitología rica y elaborada en comparación con la precaria vida de este pueblo nómada que, hace seis mil años, deambulaba casi desnudo por los fríos parajes del canal de Beagle y de las islas y ensenadas del cabo de Hornos.
Así como fueron hábiles con arpones, arcos y flechas para capturar lobos marinos, peces o alguna ballena varada en la orilla del mar, los yámanas o yaganes, cuya denominación significa "hombre, individuo, ser humano", eran aficionados a la literatura oral, y cualquier hora del día les parecía buena para escuchar historias. Según los expertos, eran sociables, más sociables que cualquiera de sus vecinos (aónikenk o patagones, selk'nam u onas, kawesqar o alakalufes, y haush), y en su lengua contaban con más de 32 mil vocablos para expresarse.
"Eran grandes conversadores y se divertían mucho en ese sentido", dice Anne Chapman, etnóloga franco-norteamericana que acaba de editar una selección de historias para adultos llamada ‘Lom, amor y venganza. Mitos de los yámana de Tierra del Fuego' (Lom Ediciones). Se trata de 17 relatos tomados y "corregidos" de 66 historias que, en los años '20, recopiló el sacerdote y antropólogo alemán Martin Gusinde, durante sus viajes de investigación en la zona. El trabajo incluye también un mito que la propia autora recibió de labios de Cristina Calderón, la única yagana viva que conoce el idioma ancestral.
Ya en 1879, el misionero Thomas Bridges había observado que "los niños oían hablar de todos los temas imaginables, entraban en contacto con centenares de personas y constantemente escuchaban discursos animados de muchas de ellas. Así, esta pobre gente conocía íntimamente a más personas que la mayor parte de quienes viven en comunidades civilizadas, y oían más conversaciones que lo común en una sociedad alfabeta y plenamente ocupada".
Al parecer, los yaganes tenían diferentes vocablos para nombrar una sola palabra. Por ejemplo, ‘playa' se llamaba de distintas maneras, dependiendo de la ubicación de ésta con respecto al que hablaba o del hecho de estar en el agua o en tierra, al referirse a ella. ‘Hahshuk' era playa guijarrosa; ‘duan', playa pedregosa, en fin... Y para expresar relaciones de familia poseían por lo menos 50 palabras.
"La creencia de que los yámana eran caníbales no fue la única equivocación de Charles Darwin", de acuerdo a los historiadores. "Al escuchar sus conversaciones, le impresionó la constante repetición de las mismas frases y concluyó que su idioma no podía abarcar más de un centenar de palabras. Pero esta lengua, dentro de sus propios límites, es infinitamente más expresiva que el inglés o el español", aseguran.
Lamentablemente, para cuando Gusinde llegó a Tierra del Fuego, sólo quedaban unos 200 yámanas de los tres mil existentes a mediados del siglo XIX. Éstos habían desaparecido debido al contacto con los blancos, quienes les traspasaron las epidemias y el alcoholismo. Después quedarían marginados por la ambición de los forasteros que se establecieron en la zona y por la indiferencia de gobiernos que no se ocuparon de su integración.

Maridos y Esposas
En la cultura fueguina, los parientes cercanos no podían casarse; por eso, en la fantasía, quienes incurren en el incesto terminan convertidos en animales
y aislados de la comunidad,
como un padre que, mediante engaños, cohabita con sus hijas y es el protagonista de ‘La historia del viejo guanaco', o una madre y un hijo amantes que son relegados a una roca, en ‘La pareja de gansos marinos‘.
"El incesto se prohibía, sobre todo entre padres e hijos, pero el adulterio dependía de las circunstancias", aclara Chapman. Según constató Gusinde en su época, "los esposos yámana eran más celosos unos de otros que ningún otro pueblo salvaje. Y cuando se sorprendían en adulterio –lo que ocurría muy rara vez– se vengaban con insultos y golpes".
Esa idea de venganza está presente en los relatos que seleccionó Chapman. Hay uno especialmente descarnado, ‘La historia de los artesanos fabricantes de puntas de piedra', sobre un marido que sorprende a su esposa en plena infidelidad. "Apenas se detuvo a su lado, le dio un empujón; ella lo reconoció y le rogó: ‘Enfría rápidamente mi pasión, estoy tremendamente caliente...'. El hombre se alejó un poco y calentó una filosa punta de piedra. Con ésta regresó donde su mujer y, con todas sus fuerzas, le clavó la candente punta de piedra en la vagina, le abrió el vientre hasta el ombligo y allí la abandonó...".
En la vida diaria, las cosas no eran tan extremas. De hecho, antes de la llegada de los sacerdotes (que no miraban con buenos ojos la bigamia) a Tierra del Fuego, a mediados del siglo XIX, era común que un hombre tuviera dos mujeres. "A veces, su propia esposa, si era mayor, buscaba a una joven para que le ayudara en el trabajo. Generalmente era su hermana", apunta Chapman.
Como no eran parientes de sangre, más natural era el casamiento entre cuñados. El ‘levirato', o sea tomar por esposa a la cuñada viuda, muchas veces se consideraba un deber.
La diferencia de edad también era común entre las parejas yaganes. Una mujer podía tener más de 50 años y casarse con un chico de 18. "Así, los maridos jóvenes disponían de mujeres de gran experiencia que sabían atender a sus necesidades y ayudarlos en circunstancias en que las jovencitas hubieran fracasado".
Hombres y mujeres tenían los mismos derechos y los trabajos familiares se repartían proporcionalmente entre uno y otro. Mientras los primeros buscaban comida, las segundas eran expertas nadadoras y se encargaban de manejar las canoas y mantener el fuego encendido. Y así como la esposa "debía ser pacífica y ayudarle en todo al marido", éste "debía tomar parte en las penas y alegrías de su mujer y manifestar un limitado apetito sexual".

Ritos Tribales
"Si quieres oír las palabras de la sabiduría, tienes que preguntar a los hombres con canas".
Los yámana empleaban esta frase para referirse a los chamanes (yekamush) de su estirpe,
quienes presuntamente "tenían poderes especiales, que les eran transmitidos en los sueños". Como se trataba de personas ancianas, eran conocedoras del pasado y depositarias de antiguos mitos que transmitían a la juventud, especialmente en las ceremonias de iniciación a la pubertad (Chiexaus y Kina), a las que los yaganes, así como otros pueblos primitivos, prodigaban un solemne respeto. En el caso de los fueguinos, sólo quienes habían pasado por estos ritos podían casarse, por ejemplo.
En una cabaña cupuliforme, que construían hombres y mujeres de la comunidad, ingresaban chicos y chicas a tomar parte de esa celebración secreta. La enseñanza duraba semanas y semanas, en las cuales los participantes pasaban por duras pruebas físicas, como soportar horas en cuclillas sobre el suelo cubierto con ramas secas, los brazos cruzados sobre el pecho y la cabeza inclinada hacia abajo, "para aprender a contentarse con poco espacio". Todo ello en completo silencio.
Parte del aprendizaje consistía también en escuchar narraciones, como el "mito del origen". Éste dice que "al principio de los tiempos había existido un matriarcado, en que los hombres hacían el trabajo doméstico y las mujeres eran las jefas, hasta que un día las féminas, que se burlaban de los hombres haciéndose pasar por temibles espíritus, fueron descubiertas. Entonces, Lom (el sol) y sus hombres ultimaron a todas las mujeres, que se transformaron en mamíferos marinos. Fueron vencidas y el patriarcado quedó bien establecido. Hanuxa, la cuñada de Lom, huyó al firmamento, donde se convirtió en la Luna. Akainix, su marido, que era un gran chamán, se tornó arcoiris. Y Lom subió a ocupar su lugar en la cúpula celeste. Sólo las niñas se salvaron, porque no se encontraban en el lugar y no se habían enterado del engaño de sus madres y tías".
"Por desgracia, en la época en que Gusinde trabajó con los yámanas, lo místico ya no se contaba, comúnmente se narraban relatos relacionados con la caza de animales o con personajes con los cuales se podían identificar más fácilmente", subraya Chapman. "Los blancos llegaron a la zona en 1850 y Gusinde apareció 70 años después, cuando los ancianos no conocían la época anterior a ellos".
De todos modos, el trabajo de Gusinde –que incluyó un importante registro fotográfico– ha sido fundamental para desentrañar la historia de los yámanas. "Es una cultura muy rica y muy poco conocida, salvo por los estudiosos. Creo que vale la pena ponerla de relieve, a pesar de que ya no existe como pueblo. Y, en ese sentido, los mitos que Gusinde recogió son parte de esa riqueza", sostiene Chapman.
El propio sacerdote y antropólogo alemán participó del último rito de iniciación, en 1922. Entonces vivió en carne propia cómo los jóvenes aprendían a procurarse alimentos y a ser hombres buenos y útiles para la tribu. Y, sobre todo, la lección más importante de sus vidas: que "quien sabe dominar su cuerpo, su parte externa, posee también el dominio sobre sus facultades intelectuales, y quien avanza mucho en el autodominio, es un hombre perfecto". Evidentemente, para los yaganes es demasiado tarde.

9 de julio de 2006
©la nación
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patrono de la tirana


[Rodrigo Barría Reyes] La historia de lucha y amor nortino de Andrés ‘el Cacique' Farías. Fue amamantado por una cabra, empezó a trabajar a los 11 años en las salitreras y llegó a ser subjefe de la pulpería de Humberstone. Se instaló en La Tirana cuando no había nada. Él la desarrolló y ahí creó su amado museo del salitre. Después de la Virgen, es el personaje más afamado del pueblo. Pero esta semana, a pocos días del inicio de la masiva fiesta religiosa, su vida se incendió.
"Por favor, quiero hacer un brindis. Por los militares y el representante de los medios de comunicación que están sentados hoy en esta mesa. También por mi querido hermano el 'cacique'. Y por supuesto que por Chile. ¡Salud...!"
Orlando Farías Gamelli tiene 76 años, su piel oscura y arrugada y, pese a llevar una existencia solitaria ahí en una parcela ubicada en las afueras de La Tirana, no pierde cierto sentido ceremonioso apenas tiene oportunidad de celebrar visitas que rara vez se presentan en su hogar.
En el otro extremo de la cabecera, está sentado su hermano Andrés, el llamado ‘cacique' de La Tirana. Con sus 81 años, su artrosis y diabetes, asemeja a una estrella fugaz que brilló con fuerza alguna vez, pero que ahora apenas deja un rastro tenue de sus últimos momentos en el firmamento.
Andrés Farías Gamelli está ahí, inclinado hacia su derecha en una silla plástica blanca, con su grueso chaleco café salpicado de agujeros, su mirada de ojos pequeños, sus cejas pobladas y una boca que apenas es capaz de balbucear algunos sonidos ya sin sentido, a raíz de quizás qué dolencia jamás diagnosticada.
Igual brinda. Como puede, sus dedos largos y agarrotados toman apenas el vaso de tonos dorados, lo empina como puede y da un largo sorbo que termina por acabar con el Gato Negro de caja.

Leche de Cabra
‘El cacique' tuvo nueve hermanos. Hoy sólo quedan él y Orlando.

Uno fallecido en un accidente de tránsito, otro ahogado y varios diezmados
por diferentes enfermedades fueron las razones de haber quedado solos.
Con abuelos bolivianos, Antonio, el padre, hacía las veces de ‘carretero' entre distintas oficinas salitreras del norte. Ahí, su función era partir con su vehículo de tracción animal y lanzarse por la dura pampa a repartir leña, pan y verduras.
Mientras tanto, la madre, Rosa, hacía lo que podía con tal de poder mantener a la extensa prole.
Andrés Farías nació en La Huayca, un minúsculo poblado compuesto por un salpicadero de caseríos ubicado en las cercanías de La Tirana.
La dureza del desierto, la pobreza y la escasez de todo hizo que el entonces pequeño Andrés fuera amamantado por una de las cabras que tenía la familia.
Hoy, cuando el hermano recuerda la historia, ‘el cacique' parece reaccionar agradado y, levantando a duras penas sus brazos, da a entender que esa peculiar alimentación caprina es una de las razones de haber sido un tipo fuerte en la vida.
En medio de la pampa, los niños solían convertirse en hombres a escasa edad.
Por eso es que, con apenas 11 años, Andrés Farías ya estaba trabajando en la oficina salitrera de Cala Cala.
De ahí pasó a Peña Chica hasta que terminó en Humberstone.
En la histórica oficina ‘el cacique' fue carnicero y llegó a ser subjefe de la pulpería, uno de los puestos más influyentes del lugar.
Pero el hombre conoció una mujer y por ella dejó la pampa y se arrimó al mar.
Casado, con dos hijos e instalado en Iquique, Farías se convirtió en administrador de un negocio de depósito de vinos de la suegra.
En Iquique, el hombre llegó a ser una pequeña figura. Su carácter fiero, su personalidad avasalladora y su manía por organizar lo llevó a mantener influyentes amistades, como el director del desaparecido diario regional El Tarapacá.
De hecho, fue desde el diario de donde salió el apodo de ‘cacique' que lo acompañaría toda la vida.
Alguna vez, incluso, fue candidato a regidor por la DC en la ciudad.
"Perdió por muy poco", dice su hermano, mientras el ‘cacique' asiente y balbucea algo inentendible.
Farías, pese a vivir en Iquique, tenía un terreno en La Tirana. Ahí criaba animales. Y para alimentarlos era que partía al mercado de Iquique a comprar comida para sus queridos cerdos y cabras.
Uno de los puestos donde compraba era comandado por Victoria Lemus, una chica de baja estatura y agraciada. Poco a poco comenzó un romance entre ambos.
El hombre era exitoso con las mujeres. De hecho, además de la esposa y de Victoria, el pampino se organizaba para mantener relación con dos profesoras de la ciudad.
Pero el año '49 el negocio y el matrimonio se terminaron. Un incendio acabó con el depósito de vinos, con el amor de su primera mujer y con su ligazón al mar.
Entonces, se encomendó a la Virgen del Carmen. "Si me ayudas, virgencita, me voy a La Tirana", le dijo.

Primero María, después Farías...
Andrés Farías Gamelli llegó el '63 a La Tirana.
En el poblado apenas vivía un puñado de familias.

La fiesta de mediados de julio era popular, pero estaba lejos de ser esa insólita manifestación de fe multitudinaria que suele concentrar a unas 200 mil personas.
No. La Tirana no era mucho más de lo que eran buena parte de los poblados del norte: casas repartidas en medio de la nada.
Sin agua, luz, alcantarilla, con una iglesia envejecida y una explanada inexistente, Farías encontró en el poblado una fuente inagotable para su afición de organizar y conseguir cosas.
"Imagínese que acá venían a buscar la basura una vez al año", recuerda la señora Victoria mientras levanta un plato de pantrucas y le mete una cuchara cargada a su esposo (ambos se casaron tiempo después de la ruptura de el ‘cacique' con su primera mujer).
Farías, junto a la docena de familias de La Tirana, no se quedó quieto y se lanzó a la idea de conseguir mejoras para su poblado.
Fue así que nació el municipio de Pozo Almonte, del cual Farías fue su primer regidor. Pero él se concentró en La Tirana.
Mejores caminos, posta, escuela y una enorme explanada para el frontis de la iglesia de la afamada y seguida Virgen fueron algunos de los logros que consigna el currículum ciudadano del vecino Farías.
Devoto de imagen, el hombre hizo de dos lemas sus consignas de una vida en que siempre antepuso la fe a sus iniciativas personales: "El que ayuda a María, ayuda a Farías" y "Primero a María, y después a Farías".
La devoción espiritual de Andrés sólo era amenazada por su viejo amor por las salitreras.
Farías nunca dejó de añorar su vida en la oficinas de la pampa y por eso, instalado en La Tirana, se dedicó a recolectar objetos que dieran cuenta de cómo era la existencia cerca del salitre.
"Yo me enojaba harto. Gastaba mucha plata en comprar cosas. Pero no había nada que hacer porque era lo que más amaba", reconoce con cierto celo su esposa.
A veces era él quien partía a buscar artefactos; otras, llegaban viejos trabajadores a ofrecerle reliquias.
Farías, poco a poco, fue acumulando un depósito de enseres históricos que decidió convertir en un museo.
Lo llamó, con orgullosa soberbia, Museo Regional del Salitre.

Fideos en el Funeral
El museo era la gran pasión de Farías. Gran parte de sus jornadas -que solían empezar pasadas las 5 de la mañana- las dedicaba por completo a clasificar,
ordenar y enseñar a los visitantes que llegaban hasta su local.
Ahí, el hombre les mostraba con especial orgullo dos piezas predilectas: un piano de 1840 y una vieja máquina proyectora de películas.
Apenas cobraba 200 pesos y es cierto que los visitantes no abundaban, pero Farías igual dedicaba tiempo y dedicación a su recinto.
Incluso, más de alguna vez fue claro y tajante: si moría, debían velarlo y enterrarlo ahí mismo.
Había hasta una orden gastronómica para el entierro: que se preparara un gran ollón de fideos con salsa, su plato favorito.
El matrimonio vivía justo detrás del museo. Era una casona que habían terminado de elevar hasta tres pisos y que servía para recibir a los peregrinos que cada año inundan al poblado.
Gracias a esa entrada extra era que el ‘cacique' podía sobrevivir durante el año. Ni el museo ni sus escuálidos 60 mil pesos de jubilación daban para mantenerse. Pero Farías, inmutable, seguía ahí sentado, cada vez más inmóvil, en su querido museo.
Y así estaba el pasado lunes, cuando una chispa comenzó a incendiar toda la esquina donde se ubicaba su local.
Las llamas ya se habían apoderado de la manzana y Farías dentro del museo.
Hasta que cuatro vecinos ingresaron y lo sacaron en andas.
El ‘cacique' no quería dejar sus cosas. Con ojos lagrimosos, intentó pedir que no lo sacaran.
El fuego no se apiadó de su esfuerzo y cariño por las salitreras. En poco rato, no quedó nada.
El miércoles, del museo sólo quedaba una ennegrecida muralla frontal y decenas de históricos objetos irrecuperables.
Sacados desde los restos aún humeantes y lanzados por voluntarios del Ejército a un pequeño camión, el museo de Farías era ahora una amalgama de fierros chamuscados.
A corta distancia, una imagen metálica de Ñusta Huillac, hija de Inti y Pachamama, observaba desde la explanada de La Tirana la penosa escena del fin de uno de los esfuerzos privados de recuperación de la historia del salitre más notables del norte.
Sin casa, sin museo y sin el lugar donde soñaba ser enterrado, Farías volvió a tomar el vaso que le rellenó con cariño su hermano y lo empinó otra vez a ver si es que el mosto ayudaba en algo a la pena inmensa de ya no tener fuerzas para volver a empezar.
Ahí, en silencio, quizás, por única vez, pensó: "Primero a Farías, después a María".

9 de julio de 2006
©mercurio de santiago
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