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dos reportajes chilenos


[Ermy Araya] 1. Batalla de los padres gay. Historias de homosexuales que decidieron ejercer su derecho a la paternidad. 2. Éxtasis y otras drogas entre estudiantes secundarios.
"Podemos ser más responsables que cualquier heterosexual". Germán tiene 35 años y es técnico en construcción metálica. Por casi un año y medio mantuvo una relación de pareja con una mujer a la que amaba. Decidido a casarse y formar una familia, pese a sentirse atraído por su mismo sexo. "Tenía miedo a ser diferente", cuenta.
Pero el impulso y los sentimientos fueron más fuertes. Asumió su homosexualidad y terminó el noviazgo. Una semana después, su ex le dio una gran sorpresa: estaba embarazada. Y no sólo eso, le entregó dos argollas y le pidió que se casaran. En ese momento, Germán respiró hondo y le respondió: "no puedo... soy gay".
Aunque la confesión fue un fuerte golpe para la mujer, insistió en el enlace, pero esta vez la respuesta fue rotunda: No. En ese momento, ella le prometió que nunca más volvería a saber de su retoño.
Germán comenzó a vivir su opción en forma libre, pero sin olvidar la presencia de su hijo. Sin embargo, mantuvo cierta distancia por un tiempo debido al temor de que se supiera que su pequeño tenía un padre homosexual. "No quería que se burlaran de él".
Fue a través de su madre, quien reclamó el derecho a ser abuela, que Germán comenzó nuevamente a acercarse al niño. Hoy tienen una buena relación, pero no puede estar junto a él todo lo que quisiera. "Me gustaría que viviera conmigo, darle una educación y cuando esté más grande quiero que entienda mi historia", agrega.
Sin buscarlo la vida le dio una segunda oportunidad. Ha criado a sus dos sobrinas, a través de las cuales ha podido desarrollar su paternidad. "Soy su niñero, las he mudado, bañado y preocupado de ellas en todo momento". Pero todavía sueña con criar a su hijo de 9 años. "Los valores no se pierden por ser uno gay, eso se aprende de los padres y quiero inculcarle esos valores a mi niño. Lo que yo haga en la cama sólo es problema mío. Hay muchos mitos y prejuicios entorno a nosotros, pero podemos ser incluso más responsables que cualquier heterosexual".

Tío
"Sólo tengo palabras de cariño y respeto para con mi tío". Para Jorge Lorca (29 años), su tío Jaime (57 años) es su segundo padre. Criado en medio de una familia en que todos respetaban las diferencias, este químico industrial recibió los cuidados y la protección de su familiar durante ocho años.
"Vivíamos todos juntos, pero como mis padres trabajaban, mi tío se encargó de mi desde que era una guagua", recuerda.
Ya en la adolescencia, comenzó a sospechar que Jaime era gay. Pero todos lo sabían y nunca fue un tema importante para cuestionar o analizar. "Yo me iba con mi pareja de ese entonces a la playa un fin de semana y me llevaba a mi sobrino... y nunca sentí que en mi familia alguien dudara de mi. Si yo era su segundo padre", cuenta Jaime.
Incluso se ríe de aquellos que piensan que un gay no puede criar a un niño porque puede abusar de él. "Podía estar con mi pareja en la cama y mi hermana ponía a mi sobrino entre nosotros para que lo cuidáramos, porque sabía que no estaría con nadie mejor que conmigo. Los que piensan con maldad son ignorantes", agrega.
Jorge está más que agradecido de la educación de su tío. "Sólo tengo palabras de cariño y respeto para con él. Me enseñó a ser más tolerante. Tengo hoy dos hijos y si tengo algún problema, al primero que recurro es a él y no dudaría en dejarlos a su cuidado".
Sin embargo, reconoce que su historia es una excepción dentro de la conservadora sociedad chilena. "Estamos a años de otros países, pero hay que discutir este tipo de temas. Espero que las nuevas generaciones sean más abiertas y se pueda avanzar en temas como la unión civil entre gay. Sin eso, menos podremos aceptar que un homosexual adopte o críe a un niño", advierte Jaime.

Gay Con Hija
"Es absurdo que por ser gay no pueda hacerme cargo de mi hija". A los 17 años, Diego conoció a quien ese entonces era su gran amor. Por cuatro años mantuvo una relación que esperaba terminara en una familia. Incluso tuvieron una hija.
Pero algo no andaba bien. Se sentía atraído por los hombres. Finalmente terminó y entró en una profunda depresión. Conoció a otra mujer y de ahí en adelante decidió no mentirse más y asumir su homosexualidad.
El costo de esa decisión fue no ver a su pequeña por casi tres años. "Pensé que era mejor alejarse porque las cosas no terminaron bien con mi ex, además no tenía trabajo", reconoce Diego.
Sin embargo, el amor que sentía por su hija pudo más y recurrió a tribunales para pelear el beneficio de visita. La batalla entre él y la madre de la niña fue cruenta: "Me acusó incluso de ejercer el comercio sexual" y a duras penas consiguió ver a su hija por dos horas en el juzgado, dos veces a la semana.
"Era humillante, porque mientras estaba con ella, tenía vigilancia. Me dijeron que era un peligro público", rememora.
El sistema no duró más de cuatro visitas. Decidió encarar a su ex pareja y llegar a un acuerdo. Finalmente hoy puede estar junto a su niña de 9 años cuantas veces quiera. "Se queda conmigo y trato de ser su amigo, aunque también impongo disciplina, porque es un poco caprichosa", cuenta.
Diego espera que cuando la menor cumpla 12 años, pueda contarle que es gay. "Yo quiero lo mejor para ella, todos saben que tengo una hija y me siento orgulloso de ella. Es absurdo pensar que porque soy homosexual no puedo hacerme cargo de ella. De hecho siempre ando a la defensiva para que nada le pase", reconoce.
¿La sociedad chilena aceptará este tipo de familia? Difícil lo veo, ya que aún existe la percepción de que ser gay es sinónimo de pedófilo o libertino. "En algún minuto, pensé volver con mi ex pareja sólo para darle un hogar tradicional a mi hija, pero me di cuenta que no era lo mejor. Lo mejor es ser honesto y aceptar las diferencias sin miedo", dice tajante.

24 de julio de 2006
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aumenta consumo de éxtasis


[Antonio Valencia] Escolares de 15 años disparan consumo de la publicitada ‘droga del amor'. Tras el último sondeo de Conace se vio con alarma cómo los adolescentes fuman cada vez más marihuana. Pero pocos notaron que el salto más significativo lo marcaron las pastillas de éxtasis.
Trip, droga del amor, Eva, Adán o XTC. Nombres hay varios. Tabletas y pastillas por montón. Hallar una definición para el psicoactivo sintético es fácil, y conseguirla en Chile cada vez más. Su componente básico se utilizó para tratar el mal de Parkinson y la obesidad. Usado en fiestas electrónicas y discotecas, regala euforia y reduce inhibiciones, hace sudar como enfermo y permite bailar por horas. Pero fuera de control ataca con mareos, fatiga, deshidratación, desmayo, pulsaciones a mil, pánico e insomnio. Así hasta que el torbellino se va.
Hace un lustro parecía de uso exclusivo de la juventud ABC1 mayor de 18 años, pero hoy el mercado no sólo se amplió a escolares de 14 a 17 años. También cundió entre la clase media y la media-baja. La encuesta 2005 de la Comisión Nacional para el Control de Estupefacientes (Conace) que mediáticamente trascendió por el aumento del consumo de marihuana entre escolares, confirmó la nueva realidad lentamente incubada.
Un solo dato. Si el sondeo muestra que en los últimos dos años se registró un aumento de 0,5% en el consumo de cannabis entre alumnos de 14 a 18 años, en el mismo período, el éxtasis, entre adolescentes de primero medio anotó un 1,7% de incremento. En promedio, si en 2001 el indicador marcó 1,1% y en 2003 un 1,3%, en 2005 pegó el salto hasta 2,0%. Lo distinto, esta vez, es que el éxtasis ya no es de acceso exclusivo para las escolares de colegios pagados, sino que cada vez más para los de colegios municipalizados y subvencionados.
El consumo de éxtasis aumentó de 1,5% a 2,3% en colegios municipalizados, y de 1,2% a 1,8% en colegios subvencionados y privados. "El mayor aumento del consumo se trasladó a sectores de menores ingresos. En 2001, los colegios municipalizados marcaron 1,3%, mientras los subvencionados y privados un 0,9%, en tanto en 2003, los municipalizados marcaron 1,5%, y los subvencionados y privados 1,2", precisa Juan Carlos Araneda, jefe del área de evaluación y estudios del Conace.
"Esa alarmante cifra", expone Mario Ríos, presidente de las comunidades terapéuticas y director del centro de diagnóstico, prevención y rehabilitación Dianova, "se entiende por los bajos precios y por el aumento de la oferta". "Una pastilla ya no vale doce o quince mil pesos. Se puede encontrar por ocho", dice. Pero además aclara que la importación o fabricación clandestina ha aumentado. Al igual que los decomisos. "Nadie asegura que el éxtasis más barato sea puro, al contrario, pero la estrategia del narcotráfico es aumentar la demanda", afirma Ríos.

Incluso Niños de 12 Años
Desde el Conace, Juan Carlos Araneda comparte la sospecha sobre si los menores de colegios municipalizados efectivamente están comprando éxtasis. "Eso es lo que declaran o eso es lo que los vendedores o dealers les dicen que es. "En lugar de éxtasis puede ser un tipo de metaanfetamina", desliza. En otras palabras, les pasan gato por liebre. Eso, sin contar, que la pastilla puede contener talco y hasta antiparasitarios para perros.
De los 60 mil escolares de colegios municipales, subvencionados y pagados que confidencialmente respondieron la encuesta, -representativos del millón de alumnos entre octavo básico y cuarto
medio-, un 1,7% declaró haberse inyectado heroína y un 1,6% haber probado el crack. Según Conace, "el uso de otras drogas sigue estando muy asociado con el consumo de pasta base y cocaína, en proporciones que alcanzan más del 70% para quienes declaran haber usado éxtasis, alucinógenos, crack o heroína".
En los centros de rehabilitación, el aumento de la ingesta de éxtasis no sorprendió tanto. "La encuesta incluye el éxtasis porque vimos que se estaba convirtiendo en un problema. Estamos hablando de más de 16 mil jóvenes de menos de 18 años que lo están consumiendo, pues niños de 12 años también han probado. Cada vez más personas piden ayuda para salir de una pastilla que supera en 20 veces la concentración de una anfetamina. El éxtasis es promocionada como menos nociva y más alegre, de nuevas y coloridas sensaciones y permite bailar cinco o seis horas seguidas, pero genera adicción física y sicológica", explica Mario Ríos, de Dianova.
La encuesta de Conace, realizada en septiembre de 2005, demuestra además que los estudiantes consumen más que las alumnas (2,5 frente a un 1,5), y que la región que registró el más explosivo aumento fue la Sexta, con un 3,7% frente al 1,9 de la Metropolitana; 2,2 de la Quinta Región y el 2,0 de la Octava Región.
Como sea, si de masividad se trata, la encuesta refleja que los alumnos de octavo básico a cuarto medio consumen -en sentido inversamente proporcional-, ocho veces más marihuana que éxtasis, y cuatro veces más alcohol que marihuana. Pero el mercado de trips no cesa: en los últimos treinta días, un 3,3% de los adolescentes tuvo alguna oferta de éxtasis.

24 de julio de 2006
©la nación
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