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cura a las puertas del infierno


Detalles de la investigación al ex director del Pequeño Cottolengo. El próximo viernes se leerá la sentencia, que expone al sacerdote a una pena de 15 a 20 años.
"En nombre de la Santa Iglesia, te impongo un voto de silencio". La frase fue la última que el seminarista Patricio Retamal escuchó de boca de Gustavo Valencia, entonces superior de la congregación de la Pequeña Obra de la Divina Providencia. El aspirante a religioso no debía hablar con nadie, menos con la prensa, de los graves hechos que había presenciado en el Hogar del Pequeño Cottolengo de Rancagua.
El joven, finalmente, se vio obligado a dejar la congregación porque, según le habrían dicho sus superiores, ninguna comunidad lo recibiría. Su rol en la denuncia por violación reiterada de dos menores con retraso mental, acusación que originó la reciente condena del sacerdote y director del Cottolengo de Rancagua, Jorge Galaz, parece ser la más poderosa arma para desarmar la tesis de que todo era una maniobra contra el cura impulsada por empleados molestos con el estilo autoritario y parco del sacerdote. "La denuncia no era contra el padre, yo no tenía nada contra él, sino contra quien resultara responsable", señala Retamal.
El pasado 25 de julio, el Tribunal Oral de Rancagua estimó que ese responsable era Galaz y lo condenó por la violación reiterada de dos menores: Miguel Ángel (14) y César (17). El próximo viernes 11 se leerá el fallo y se dictará la sentencia, que puede ir de 15 a 20 años de presidio. Galaz ha alegado siempre su inocencia; la defensa, con seguridad, solicitará la nulidad del fallo, pues estima que no está acreditada la existencia del delito y que el tribunal debió absolver a Galaz porque subsistiría una ‘duda razonable' sobre su participación.

Ventana Indiscreta
Clara Alarcón es la directora del colegio del Cottolengo de Rancagua. El 6 de julio del año pasado miraba por la ventana de su oficina cuando vio al sacerdote Galaz subir a su auto junto al menor Miguel Ángel. La acompañaban dos funcionarias del recinto: Marcela Riveros y Erika Labrín. Las tres declararon que vieron al religioso subir al auto al menor y llevárselo del cottolengo. La defensa de Galaz asegura que desde la oficina de la directora no hay visibilidad sobre el estacionamiento. Sin embargo, el detective José Contreras declaró que desde el despacho de Alarcón hay una visibilidad parcial del estacionamiento.
El sacerdote volvió cerca de las 13 horas. Dice haber ido con el menor a una casa deshabitada de calle Cerro Sombrero, propiedad del cottolengo, donde debía recoger unas cuentas. En el juicio añadió que junto al niño pasó a la casa de su mecánico, David Mosqueira, a quien habría encargado unos repuestos. El mecánico declaró que efectivamente había recibido al religioso junto a un niño y recordó que Galaz le mencionó la reciente muerte de su madre. Pero el deceso ocurrió el 11 de julio, cinco días después de esa salida con el menor.

Revisión del Baño
Al regresar Miguel Ángel del paseo con Galaz, la directora lo notó alterado y nervioso. Desde hacía varias semanas el niño presentaba un comportamiento más agresivo que lo normal e hipersexualizado (remedos de cópulas y masturbaciones compulsivas, no acordes con su edad mental, de sólo dos años). Por eso habría decidido revisarlo junto a Marcela Riveros, Erika Labrín y Claudia Salas. Al preguntar a Miguel Ángel qué le había pasado, el muchacho espontáneamente se bajó los pantalones, el slip, y se puso en posición de "L invertida", como ofreciendo su trasero desnudo para ser penetrado. Las funcionarias lo llevaron a un baño y revisaron su zona anal, detectando que estaba enrojecida y, curiosamente, muy limpia, al igual que su ropa interior. Lo anterior, relata la fiscal Carolina Suazo, "era completamente inusual, pues Miguel Ángel es un chico que presenta todos los días escurrimiento fecal. Se limpia mal, no se contiene completamente".
El grupo convocó al seminarista Retamal, la segunda autoridad religiosa del hogar después de Galaz, quien con estupor comprobó que el menor espontáneamente se ponía en posición de ser penetrado. Retamal buscó a la paramédico Roxana Escalona y le pidió que examinara también a Miguel Ángel. "Yo me tenía que ir a la misa diaria y cuando volví, Roxana, llorando, me dice: ‘Hermano, pienso lo peor'".
Al día siguiente, sin avisar a Galaz, el seminarista llevó al menor a un examen médico. "Se buscó un legista en la guía telefónica y pedimos una hora con el doctor [Héctor] Labbé".

Mirada en Medio del Silencio
La denuncia se presentó al Ministerio Público local recién el 20 de julio, 13 días después de la visita al doctor Labbé. La defensa resalta que se hizo por presión del propio Galaz: "Él quería que esto se aclarara, porque había rumores que lo afectaban", dice el abogado Jaime de Larraechea.
La fiscal Suazo explica que la denuncia tardó porque inmediatamente después de la visita a Labbé la directora partió de vacaciones de invierno y pensó que el doctor haría el trámite. "Durante las vacaciones llamó Galaz, preguntándole por el rol de la denuncia, y se dio cuenta que el trámite no se había hecho. Fue entonces a ver al doctor Labbé, le pidió el certificado y en la mañana del 20 hizo la denuncia", explica la fiscal.
El defensor De Larraechea se detiene en este punto: si Labbé hubiese encontrado evidencia segura de una posible violación, estaba obligado por ley a hacer la denuncia, "pero no la hizo, porque los signos que detectó no deduce que necesariamente se deban a una penetración".
El 20 partió la investigación de la fiscalía. Ocho días después, Galaz fue detenido y hasta hoy se le ha negado la libertad. Una de las primeras medidas de la fiscal fue pedir exámenes sexológicos a especialistas del Servicio Médico Legal (SML).
Éstos, realizados por tres médicos, apuntan a que el menor habría sido violado. Labbé, que fue médico del SML, constató enrojecimiento perianal y un pequeño desgarro en el ano con una data de 24 a 36 horas antes del examen. Los doctores Barlaro y Grez agregan que Miguel Ángel presenta dilatación del ano, borramiento parcial de las rugosidades perianales y pérdida de tonicidad del esfínter, "probablemente por la introducción de un pene (...) en más de una oportunidad".

La Batalla de los Peritos
Según la defensa, el examen de Labbé no se hizo con los protocolos que requiere un procedimiento forense: "Fue una simple revisión ocular y el certificado es una hojita, como las de recetas, escrita a mano. No cumple con ninguna formalidad". El examen de Grez tampoco se ajustó al protocolo y por lo mismo el especialista habría sido objeto de un sumario y una suspensión en el SML. No obstante, la fiscal señala que en el juicio no se pudo establecer la razón del sumario contra Grez, porque es materia de una investigación interna del SML. El tribunal, entonces, no descartó su examen como prueba.
La defensa presentó a los peritos Bernardo Morales, José Beletti e Italo Bozzo, quienes sostuvieron que la lesión pudo deberse a problemas de estitiquez o rascamiemtos del propio menor. No obstante, el acta consigna que Bozzo coincidió en que el borramiento de las rugosidades y la pérdida de tonicidad anal "son signos delatores de una conducta pasiva homosexual". El abogado De Larraechea insiste en que estos peritos introdujeron duda respecto del origen de las lesiones, pero que el tribunal los desestimó porque "sólo hicieron análisis académico sobre los informes de los doctores Labbé, Grez y Barlaro". Además, denuncia que los investigadores sólo incautaron dos de las cuatro fichas que tiene cada niño del cottolengo. En una de las dejadas de lado consta que el menor sufrió episodios de estitiquez que podrían haber generado las lesiones.
El 20 de julio, después de formalizar la denuncia, Clara Alarcón se dirigió al Sename para informar a la directora (S) Mariel Concha. Ahí se encontró con el sacerdote Galaz, quien había concurrido con el mismo objetivo. La directora (S) señaló que Galaz le había comentado que se rumoreaba que él había abusado de Miguel Ángel y César. Con ese antecedente, la fiscalía incluyó el caso de César en la investigación.
El joven también fue sometido a exámenes por los doctores Barlaro y Grez, quienes concluyeron que presentaba borramiento total de los pliegues perianales, por lo que suponen que fue violado asiduamente.
El menor maneja un lenguaje básico que le permitió interactuar con los jueces. Consultado sobre quién le provocó las lesiones, el muchacho respondió ante el tribunal "el padre Jorge", agregando que el sacerdote le tocaba el pene, lo besaba en las mejillas y en el pecho. Luego, con movimientos pélvicos, imitó una cópula.
Según César, las conductas del sacerdote ocurrían en la capilla y en su oficina. De Larraechea pone en duda lo anterior, porque la capilla es un recinto abierto y el despacho del religioso tiene un gran ventanal.
La directora Alarcón concurrió, un día domingo de abril de 2005, fuera de su horario de trabajo al cottolengo, sorprendiendo a Miguel Ángel salir muy alterado de la oficina de Galaz, seguido por el sacerdote, quien se veía desordenado y con la camisa fuera del pantalón. El religioso se acercó días después y le explicó que veía televisión con el niño. También el médico Vicente Sánchez dijo que en febrero o marzo de 2005 vio salir a Miguel Ángel "muy agitado" de la oficina del religioso. Galaz, asimismo, le dijo que había invitado al muchacho a ver TV. No obstante, en el proceso se acreditó que en su despacho "el acusado no mantenía ningún televisor".
En el acta, diversos testigos acreditaron haber visto a Galaz sacar en su auto a Miguel Ángel varias veces en el primer semestre de 2005. Ausencias que no quedaron registradas.
La condena, que será leída el próximo viernes, estará lejos de poner el punto final a esta historia. Al comienzo de la investigación, todos los menores del Cottolengo de Rancagua fueron sometidos a exámenes. Cuatro presentaron lesiones en la zona anal. Así, la fiscalía deberá ahora aclarar qué ocurrió con los otros dos casos.

Disparos Entre Sacerdotes y Seminaristas
Tres testimonios apuntan a que la congregación estaba en antecedentes de conductas irregulares del sacerdote Jorge Galaz. Un ex seminarista, Américo Antezana, señaló que en 1993, Galaz lo acosó sexualmente. "Mi confesor me dijo que informara de inmediato a Bruno Pietrobon, el rector, y así lo hice. Al final fue mi palabra contra la del padre Galaz. Lo mejor era que nos reconciliáramos como hermanos y el rector nos impuso un voto de silencio", relata Antezana.
Trece años después, el seminarista Patricio Retamal, segundo religioso después de Galaz en el Cottolengo de Rancagua, recibió el testimonio de dos trabajadores de esa institución. Ambos le pidieron que interviniera porque un joven sobrino de ellos estaba siendo acosado sexualmente por Galaz. Aunque el joven, después, negó los hechos y se querelló por injurias contra quienes habían difundido la información, los dos tíos –José y Domingo Matamala– reiteraron ante los tribunales que su sobrino se acercó a ellos para pedir ayuda.
El tercer episodio lo refirió el sacerdote Tomás Roggia. Éste declaró ante Investigaciones que había visto en varias ocasiones a Galaz salir del cottolengo con el menor Miguel Ángel sin dejar registro y que en una oportunidad lo sorprendió en un pasillo abrazando al muchacho con los pantalones abajo. Roggia habría expuesto estos hechos a la comunidad de religiosos e, incluso, sugerido que Galaz fuese enviado a Brasil.
LND intentó consultar al superior de la congregación, Roberto Simionatto, pero éste se excusó de hacer declaraciones y sólo envió el comunicado difundido por la congregación cuando el tribunal declaró culpable a Galaz.

6 de agosto de 2006
©la nación
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