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más tropas para bagdad


[William Kristol y Rich Lowry] Para ganar la crucial batalla de Bagdad, se necesitan simplemente más tropas.
En Iraq atravesamos por un momento crucial. Los partidarios de la guerra, como nosotros, hemos tenido nuestras diferencias sobre tácticas en el pasado. Pero en estos momentos de urgencia, no puede haber dudas de que necesitamos frenar esta caída cuesta abajo en Iraq, y para ellos debemos controlar Bagdad.
No hay misterios en cuanto a qué puede hacer una crucial diferencia en el campo de batalla de Bagdad: tropas estadounidenses. Ya se han trasladado a Bagdad, desde otros puntos de Iraq, algunos miles de soldados estadounidenses. Donde se han desplegado más tropas norteamericanas, la situación ha mejorado considerablemente. Los barrios patrullados intensamente por los estadounidenses son más seguros y más protegidos. Pero no está de ningún modo claro que los contingentes actuales de tropas en Bagdad sean suficientes para el objetivo. Y está claro que privar de tropas a otros frentes ponen el peligro los avances en otras partes de Iraq.
Lo esencial es esto: Más tropas estadounidenses en Iraq aumentarían nuestras posibilidades de ganar una batalla decisiva en un momento decisivo. Esto quiere decir que la posibilidad de ganar en Iraq está, de modo significativo, en nuestras propias manos. Por eso el presidente debería ordenar un aumento general de los niveles de tropas en Iraq, con fuerzas adicionales que deben concentrarse en Bagdad.
No hay buenos argumentos para no enviar más soldados. El gobierno dice a menudo que no quiere fomentar la dependencia iraquí. Esta es una preocupación legítima, pero es de segundo orden y de largo plazo. Iraq es un estado frágil con una democracia joven que hace frente a la violencia religiosa y de la resistencia. Los iraquíes van a depender de nosotros por algún tiempo. Podríamos empezar a preocuparnos de la dependencia de Iraq en nuestras fuerzas después de que haya pasado la crisis de seguridad en Bagdad.
El gobierno enfatiza que hay una solución política, no solamente militar, para Iraq. Es verdad, por supuesto. Pero la violencia se cruza con la política. La violencia está radicalizando la situación. Sirve para fortalecer a los extremistas que se han aliado con nuestros enemigos. Mientras no logremos controlar esa violencia, un acuerdo político será cada vez más difícil.
En realidad, la violencia cometida por las milicias chiíes está directamente relacionada con la política. Es parte de los juegos de poder de gente como Moqtada al-Sáder para marginar a figuras moderadas, como el gran ayatollah Ali Sistani. La reciente declaración de indignación con la política iraquí sugiere que las tácticas de Sáder están dando sus frutos. Enviar más tropas norteamericanas en estos momentos no será la substitución ingenua y torpe de la fuerza militar por la delicadeza política. Será un intento de influir a favor nuestro en la situación política iraquí.
La estrategia militar del gobierno se ha basado durante largo tiempo en lograr que los iraquíes ‘sostengan' la estrategia de la contrainsurgencia de ‘limpiar, mantener y construir'. Eso, obviamente, sería lo ideal. Pero la experiencia de los últimos tres años es que los iraquíes todavía no están en estado de hacerse cargo, al menos no en zonas furiosamente disputadas como Bagdad. El gobierno merece crédito por los enormes avances en el adiestramiento del ejército iraquí. Pero de momento gran parte de esa estrategia dependerá de nosotros mismos para que sea efectiva. Eso exige, simplemente, más tropas.
Si las tropas americanas entregan los barrios a los iraquíes, es probable que la situación en ellos vuelva a deteriorarse -en la misma dinámica que hemos visto repetirse en lugares problemáticos que han pasado a control de tropas americanas, sólo para deslizarse nuevamente en el caos cuando los soldados estadounidenses se marchan.
Una razón por lo que preferir que los iraquíes mantengan las zonas aseguradas es que las fuerzas nacionales, en teoría, no corren el riesgo de crear la reacción nacionalista que puede provocar un ejército invasor extranjero, vale decir, nosotros. Pero en la actual situación de derramamiento de sangre por conflictos religiosos, se sabe que las tropas estadounidenses inspiran más confianza y son mejor bienvenidas que los iraquíes. Muchos sunníes -perseguidos por las milicias chiíes- ahora aceptan la presencia de nuestros soldados, y líderes chiíes moderados quieren que nos quedemos. De hecho, el principal temor de los iraquíes en los barrios de Bagdad patrullados por los estadounidenses es, aparentemente, que nos marchemos, no que nos quedemos.
William Stuntz, de la Faculta de Leyes de Harvard, lo enfatizó hace poco: "El territorio por el que nos estamos peleando es el importante del mundo, desde el punto de vista estratégico. La victoria pondrá al régimen más peligroso del planeta, la teocracia fascista de Irán, en serio peligro. La derrota fortalecerá inestimablemente a ese mismo régimen. Si hay alguna posibilidad significativa de que la presencia de más soldados norteamericanos en el terreno aumente las posibilidades de éxito, no enviar a esas tropas a terreno sería un crimen".
Portavoces del gobierno han abandonado el discurso de ‘mantener el curso' en Iraq por el lema de ‘adaptarse para ganar'. Si esas palabras significan algo, el gobierno no puede simplemente mantener el curso de los actuales niveles de tropas. Tenemos que adaptarnos para ganar la guerra de Bagdad. Necesitamos substancialmente más tropas en Iraq. Enviarlas allá será un acto de coraje de un liderazgo presidencial adecuado a la crisis que enfrentamos.

William Kristol es editor de The Weekly Standard. Rich Lowry es editor de National Review.

11 de septiembre de 2006
©washington post
©traducción mQh
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