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libro negro sobre holanda


[Dana Linssen] La película ‘Zwartboek' [Libro negro] fue estrenada ayer en Holanda. Su director Paul Verhoeven quiebra lanzas contra mitos nacionales.
La Haya, Holanda. Al fin. Terminó la película. Ha caído bien. El estreno mundial tuvo lugar en el festival de cine de Venecia, esta tarde se la proyecta en el festival de Toronto, y ha sido enviada a la academia hollywoodense. Y ayer vivió en La Haya su estreno real la película de guerra que Paul Verhoeven siempre quiso hacer, desde ‘Eric, oficial de la reina' [Soldaat van Oranje]. Hubo desde el principio tantos rumores y especulaciones que era hora de ver ‘Zwartebroek' con tranquilidad.
Naturalmente, hubo algo de agitación: ‘Zwartboek' es la primera película holandesa de Verhoeven después de veinte años. Se anunciaba que sería un gran ajuste de cuentas con el país del que huyó, después de las venenosas críticas con que fue recibida ‘Vivir a tope' [Spetters], hacia Estados Unidos, donde cosechó éxito tras éxito con películas de ciencia ficción como ‘RoboCop', ‘Instinto básico' [Basic Instinct] y ‘Las brigadas del espacio' [Starship Troopers]. Aunque la ironía política de esta última película se entendió mejor en Europa que allá. Paul Verhoeven: un director entre dos continentes. Objetivo: la mayor audiencia posible con el mensaje más irreverente posible. Motivo: la subversión ante todo.

Mitos Holandeses
Así que, ¿cómo podía, acompañado de su viejo amigo y guionista Gerard Soeteman, dar de golpes una vez más a los sagrados mitos holandeses? ¿Cavando más en el mito de que todos los holandeses fueron miembros de la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial? ¿La creencia de que todos los holandeses fueron héroes de la resistencia?
Que en una película dirigida al gran público se arreglen cuentas con las creencias simplonas sobre Holanda en la Segunda Guerra Mundial no es automáticamente un logro. Aparte de Lou de Jong, Verhoeven y Soeteman han seguramente leído ‘Grijs Verleden' [Pasado Gris] de Chris van der Heijdens. Así que ‘Zwartboek' tampoco es tan impresionante. Y eso no sería grave, si al menos nos pusiera a pensar en el asunto. Pero nuevamente prevaleció en Verhoeven el filósofo del cine la falta de confianza en el poder de imaginación del público. Ves lo que ves, y encima los diálogos te lo explican una vez más.
‘Zwartboek' cuenta cómo la cantante judía Rachel Stein (Carice van Houten en un papel de perfecta elegancia) sobrevive el último año de la guerra.

Admiración
Seguimos a Rachel desde su escondite en Frisia, a través de un fracasado intento de fuga hacia el sur liberado, hasta la ambigua doble vida como chica de la resistencia en La Haya, la ciudad donde Verhoeven, de seis años entonces, vio él mismo el fin de la guerra. Es como ‘De avonturen van Dick Bos', la serie de historietas con la que creció el director y por la que no ha ocultado nunca su admiración. Rachel es una muchacha de un libro de aventuras de adolescentes, en un mundo de amistad y traiciones, el gran tema de Verhoeven. Si en ‘Eric, oficial de la reina' se enfatizaba la amistad, en ‘Zwartboek' se trata de la traición.
Verhoeven disfruta llevando a escena el lado oscuro de los héroes de la guerra: el oportunista que se mete a la resistencia por el dinero, el antisemita, el comunista, el cristiano fundamentalista, las cajas sucias de la guerra y la colaboración, hay de todo. Deja que los alemanes les llamen consecuentemente ‘terroristas': una venenosa pero refinada referencia a la actualidad. Los héroes de la resistencia de hoy son los opresores de mañana, dice Verhoeven.
No es por nada que la película empieza y termina en el Israel de 1956, en vísperas de la campaña del Sinaí. Pincha constantemente con un alfiler. También la historia de las películas de guerra holandesas. Verhoeven recicla en ‘Zwartboek', como el Tarantino de los Países Bajos, todo, desde las escenas de comedor de ‘Pastorale 1943', pasando por el indeciso Derek de Lint en ‘El asalto' [De aanslag], hasta la dicotomía de traición y resistencia de ‘Het meisje met het rode haar' y su propia ‘Eric, oficial de la reina'. A veces me asalta la idea de que ha estado muy ocupado peleando contra sus propios demonios.

Papilla de avena grumosa
La sutileza no es el punto fuerte de Verhoeven. Tampoco es algo que busque. Prefiere las tomas en las que Rachel, después de los reformados agradecimientos por la grumosa papilla de avena con almíbar, dibuja una cruz y luego sigue revolviendo furiosamente. Se derrite con textos como: "Es mi pistola, ¿qué creías?" Y: "¿Qué creías que estaba pensando?" Se engolosina con estereotipos como el bote lleno de clichés judíos de Biesbosch: una señora ha colgado por dentro de su abrigo de piel todas sus joyas y mamá tiene una cajita con galletas de jenjibre recién hechas. En el último año de la guerra. Puede haber ocurrido. Pero ¿es representativo o relevante? ¿Qué quiere decir Verhoeven con eso?
Pero hay algo más. Como siempre, en las películas de Verhoeven hay otra película debajo de la anunciada. No se trata de un thriller visual engreído en el que el escenario es la Segunda Guerra Mundial lleno de nietzscheanas reflexiones ‘más allá del bien y del mal'. Hay poco que decir sobre la producción, no se ha ahorrado en tanques o extras. Pero son una maniobra de diversión, de modo que no nos demos cuenta de inmediato de que Rachel en la película sobrevive con mucha facilidad un desastre tras otro, como una superheroína sin poderes sobrenaturales. El notario Smaal (Dolf de Vries) la advierte sacudiendo su cabeza que "no es época de confiar ciegamente en alguien", y eso es precisamente lo que ella hace. Una y otra vez. Ella da confianza a la gente y sobrevive. Con contusiones, pero gracias a su maravillosa, sí, en realidad, verhoeviana pureza de su personalidad.

Sacrificio
Rachel no es solamente una judía colaboracionista, una oportunista enamorada de un oficial de las SS o alguien que hace cualquier cosa para salvar su pellejo. Es más que eso. Ella ofrece una ofrenda optando por el amor y colocando por ello su vida en manos del enemigo. "¿Qué tengo que perder?", se pregunta en la película. "Tu vida", es la respuesta. Pero eso es precisamente lo que ella gana. No como en un cuento de hadas de Hollywood. Por supuesto, todo sigue siendo a la Verhoeven. Es una de cal y una de arena. El hombre es un caso triste. Pero para la humanidad no está todo perdido.
En ‘Zwartboek' Verhoeven no opta por el alegato moral, sino por la medida humana y con su enfoque nada cínico envuelve a su protagonista femenina y el amor en nuevos colores. Eso hace de ‘Zwartboek' una inesperada apología del amor altruista y del humanismo. En su lista de deseos hay una película sobre Cristo. ¡Qué la haga!

‘Zwartboek'.
Dirección Paul Verhoeven Reparto Carice van Houten Halina Reijn Sebastian Koch Thom Hoffman Derek de Lint Dolf de Vries

13 september 200
©nrc-handelsblad
©traducción mQh
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