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la falsa guerra de bush


[Robert Dreyfuss] El presidente Bush no solamente inventó una falsa ‘guerra contra el terrorismo', sino además no trata verdadera amenaza a la que hace frente Estados Unidos.
En agosto, incluso antes del anuncio oficial de que unas dos docenas de candidatos a terroristas fueran arrestado en Londres, el presidente Bush y sus principales asesores entraron en acción. Su objetivo no era parar a los terroristas, que ya estaban a buen resguardo tras las rejas, sino utilizar el peligro para justificar la aparentemente interminable ‘guerra contra el terrorismo'.
El vice-presidente Dick Cheney, que se había enterado de antemano de las inminentes detenciones, insinuó macabramente sobre el peligro que representaban "tipos como Al Qaeda". El presidente, en una pista del aeropuerto de Wisconsin a la mañana siguiente, advirtió que las detenciones eran un "duro recordatorio de que este país está en guerra con los fascistas musulmanes". Y esa tarde, Peter Wehner, director de la Oficina de Iniciativas Estratégicas de la Casa Blanca, declaró que Estados Unidos está librando nada menos que una "guerra de civilizaciones" con enemigos que quieren "establecer un imperio musulmán radical que se extiende desde España hasta Indonesia".
Felizmente, agregó Wehner, el país tiene un presidente que sabe exactamente cómo combatir al terrorismo: "George W. Bush entiende, con extraordinaria claridad, la gran guerra de nuestra época".
El problema es que casi todo lo que el presidente Bush entiende sobre su propia guerra contra el terrorismo, es erróneo. De acuerdo a casi una docena de ex altos funcionarios que han estado en las primeras líneas de la lucha contraterrorista del gobierno, el presidente no solamente está librando una guerra equivocada -además la está librando de un modo que ha hecho que el peligro sea todavía peor. La guerra contra el terrorismo, dicen, ha sido mal gestionada y mal dirigida casi desde el principio, no menos porque el presidente simplemente no entiende la naturaleza del enemigo contra el que está peleando.
"Odio el concepto de ‘guerra global contra el terrorismo'", dice John O. Brennan, un veterano de la CIA que fue el primer director del Centro Nacional Contraterrorista, la principal organización fundada por Bush para analizar los datos reunidos sobre el terrorismo por las agencias de espionaje y coordinar la planificación operacional estratégica. "Odio las frases duras, sabes, como cuando se dice: ‘vamos a matar a todos esos tipos'".
Brennan no es el único. En una encuesta realizada este verano, se preguntó a más de cien expertos en política exterior -incluyendo a ex ministros de estado, directores de la CIA y altos funcionarios del Pentágono- si acaso el presidente está "ganando la guerra contra el terrorismo". El ochenta y cuatro por ciento dijo que no.
Han pasado cinco años tras los atentados del 11 de septiembre de 2001y el gobierno no logra entender las cambiantes realidades del terrorismo. Si Estados Unidos quiere prevenir otro atentado terrorista -como aparentemente lo logró el gobierno británico en Londres el mes pasado-, hay cinco lecciones esenciales que el presidente debe aprender:

1. Al Qaeda ha sido prácticamente eliminado como amenaza.
Aunque el gobierno continúa asustando a los estadounidenses con el espectro de Al Qaeda, la organización que atacó a Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001 ha sido prácticamente eliminada. Aunque Osama bin Laden y algunos veteranos de Al Qaeda siguen fugitivos, el grupo que atacó Nueva York y Washington ha sido efectivamente desmantelado. "Personalmente no creo que Al Qaeda exista como una organización fuerte", dice Wayne White, un alto funcionario de inteligencia en el Departamento de Estado que dejó el gobierno de Bush el año pasado.
La sistemática eliminación de Al Qaeda empezó semanas después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Cuando intervino en Afganistán en octubre de 2001, la CIA tenía un conocimiento razonable de la potencia de Al Qaeda, de su organización y localización. "Teníamos una idea bastante acertada sobre quién estaba allá", dice un veterano de la CIA que pidió no ser identificado. "No estábamos durmiendo. Teníamos una lista de gente de Al Qaeda que estaba allí, e incluía a un montón de gente que había estado en sus campos de adiestramiento en los últimos años".
Datos de la CIA de esa época sugerían que Al Qaeda contaba con unos cinco mil hombres en Afganistán. De acuerdo a funcionarios de la inteligencia norteamericana, muchos -quizás la mayoría- de los miembros del grupo murieron en los bombardeos lanzados por las fuerzas armadas estadounidenses. "Tuvimos bastante éxito con los bombardeos", dice un ex oficial de operaciones de la CIA. "Llegamos con B-52 y F-16, y en Tora Bora les lanzamos bombas de 6.800 kilos. Los hicimos pedazos. Si hubieras querido contarlos, habrías tenido que recoger los pedazos con bastoncillos".
De acuerdo a Gary Berntsen, un oficial de operaciones de toda la vida y ex jefe de estación de la CIA, sólo unos cientos de militantes de Al Qaeda pudieron escapar de Afganistán en 2001. "Antes de Tora Bora se habían escapado algunos, una docena por aquí, otra por allá", dice Berntsen, que dirigió en el terreno al equipo de la CIA al que se le asignó la tarea de cazar a Al Qaeda. "En Tora Bora, según nuestros cálculos, se habían replegado unos mil, y muchos de esos murieron. Finalmente se separaron en dos grupos. Uno de ellos, de unos 130 militantes, fue capturado en Pakistán. El otro, unos 180, logró escapar".
Los pocos que lograron escapar -incluyendo a bin Laden y su lugarteniente Ayman al-Zawahiri- apenas pudieron arrastrarse hacia un lugar seguro. "Fue una aniquilación desorganizada", dice White, el ex funcionario de inteligencia.
En Afganistán, la CIA cosechó abundantes datos de inteligencia cuando se hizo con los ordenadores, archivos y documentos de la organización. "Una vez que conseguimos los discos duros de Al Qaeda, nuestro conocimiento de la organización aumentó enormemente", dice un jefe de estación de la CIA jubilado. Esos datos permitieron que los agentes contraterroristas trazaran a operativos de Al Qaeda en todo el mundo, destruyendo la presencia extranjera del grupo. "Hemos matado o capturado al menos a uno o dos terroristas por día durante cinco años en todo el mundo", dice un experimentado veterano de la CIA. "Más de cuatro mil en total". Una despiadada represión de las autoridades de Arabia Saudí en 2003 prácticamente eliminó a Al Qaeda allá, y un grupo terrorista de Argelia presuntamente vinculado con bin Laden fue igualmente aniquilado.
Hoy, a pesar de los sumarios informes de que un veterano de Al Qaeda puede haber estado implicado en la trama en Londres para hacer explotar aviones de pasajeros con destino a Estados Unidos, los funcionarios contraterroristas ya no creen que bin Laden tenga la capacidad de dirigir células de seguidores -para no mencionar planificar, organizar y dirigir acciones terroristas de gran escala. De acuerdo a Brian Jenkins, que ha pasado más de treinta años estudiando el terrorismo para la RAND Corporation, Al Qaeda ahora tiene menos de 500 miembros, incluyendo sus cabecillas y reclutas. En la cima -"eso es, bin Laden y los chicos"- la organización es mucho más chica. "Hay un núcleo de sólo decenas a cientos de individuos implicados en la organización del grupo", dice Jenkins.

2. Lo que no sabemos sobre Al Qaeda todavía puede ser peligroso para nosotros.
Si el presidente hubiese continuado la cacería de bin Laden, dicen altos funcionarios, podría haber declarado una rápida victoria. En lugar de eso, Bush pasó de perseguir a Al Qaeda en Afganistán, a perseguir a Saddam Hussein en Iraq -una decisión con fatales consecuencias para la seguridad de Estados Unidos. "En la guerra contra el terrorismo, Iraq rompió nuestra espalda", dice Michael Scheuer, que encabezó la unidad de Al Qaeda de la CIA hasta 2004.
Bin Laden, aunque se oculta en Pakistán, puede no conservar su capacidad para coordinar atentados terroristas, pero su mera existencia proporciona un motivo a candidatos a terroristas. "Ahora ya no es más que un portaestandarte", dice White. "Es como el portaestandarte de un regimiento, levantando la bandera para inspirar a la gente". En los últimos cinco años bin Laden y Zawahiri han hecho circular unas cuarenta cintas, usualmente entregándolas al canal de televisión en lengua árabe Al Yazira. No hay indicios de que estos mensajes estén relacionados directamente con actos de terrorismo específicos, pero sus desfachatadas bravuconerías estimulan a candidatos a terroristas.
"Son inspirados por su gran líder de mierda", dice un ex jefe de estación de la CIA con una amplia experiencia en Oriente Medio. "Y tenemos que colocar en una pica la cabeza de ese gran líder de mierda".
Desafortunadamente, ahora que bin Laden y Zawahiri están en Pakistán, encontrarlos es una misión extremadamente difícil. "En el sentido de que Al Qaeda es descentralizada, es mucho más difícil echarle el guante", dice John McLaughlin, el ex director interino de la CIA que dejó la agencia en 2004. Lo que queda del núcleo dirigente de Al Qaeda se ha descolgado y evita usar comunicaciones electrónicas, y la CIA sospecha que se comunican mediante mensajeros. "Están muy conscientes de la seguridad operacional, y tienen la geografía a su favor", dice Paul Pillar, un experto en contraterrorismo jubilado de la CIA que se desempeñó como analista jefe de Oriente Medio con Bush. "La zona donde se cree que están es un territorio desconocido".
Como resultado, la CIA no sabe casi nada sobre cómo se contacta bin Laden con los grupos que inspira. "No sabemos nada sobre sus cabecillas, ni cómo se comunican", dice el funcionario de toda la vida de la CIA, jubilado hace poco. "No sabemos dónde están, así que no sabemos quiénes son. Ni siquiera sabemos cómo esas cintas de mierda llegan a Al Yazira".

3. La amenaza se ha hecho viral.
Al fracasar en su intento de terminar con bin Laden como había prometido, el presidente ha dado esperanzas a toda una nueva generación de células terroristas autónomas, seguidores musulmanes y candidatos a terroristas de Al Qaeda. "Los dejamos escapar", dice el jefe de estación de la CIA retirado. "Tomamos una organización que era relativamente centralizada y la convertimos en un virus generalizado. Antes de Afganistán, nos enfrentábamos a una especie de amenaza unificada. Ahora estamos luchando contra algo que es el equivalente de un fantasma".
Es esa forma fantasmal del terrorismo post-Al Qaeda lo que más preocupa a los expertos en Estados Unidos, incluyendo a ex funcionarios de gobierno. "Lo más preocupante es el desarrollo de organizaciones locales", dice White. En comparación con Al Qaeda en 2001, esta nueva generación de terroristas consiste fundamentalmente en amateurs, que es menos probable que sean capaces de montar actos de violencia verdaderamente espectaculares. Aunque pueden causar importantes números de víctimas de vez en vez, funcionarios contraterroristas dicen que se parecen más a una infección viral no demasiado importante -una amenaza para la vida sólo si se la descuida. "Hay un número relativamente pequeño de gente que está tratando de causarnos daño", dice James Steinberg, asesor de seguridad nacional durante el gobierno del presidente Clinton.
Estas nuevas formaciones -como las células que llevaron a cabo los mortíferos atetados con bomba en Madrid y Londres después del 11 de septiembre de 2001, así como la que está acusada de la reciente conspiración en Londres- pueden ser menos organizadas que Al Qaeda, pero es más difícil defenderse de ellas. Cuando un puñado de extremistas musulmanes encolerizados se reúnen en secreto, deciden perpetrar un acto de violencia para vengarse de supuestas afrentas y conspiran, no existe antecedentes de la organización como para que la policía y los agentes de inteligencia puedan trazarla. "Quiere decir que la gente que está preparando acciones terroristas es gente que no conocemos", dice Vince Cannistraro, que fue jefe de operaciones y análisis en el centro de contraterrorismo de la CIA. "No aparecen en ninguna lista. Y no vamos a descubrir nada sobre ellos, ni aunque capturemos a Zawahiri".
Las células de emuladores están compuestas por enfadados y amargados radicales musulmanes que oyen hablar a Bush de que hay una "cruzada" y ven a las tropas norteamericanas ocupando a Iraq -y quieren vengarse. Debido a que surgen espontáneamente, sin lazos formales con Al Qaeda, la CIA sólo puede especular sobre su ubicación. "No tenemos un buen mapa que muestre la ubicación de estas células", dice Jenkins. "Sólo sabemos dónde han ocurrido los atentados". Basándose en esos atentados, así como en otros datos de inteligencia, los analistas creen que las células se concentran en un puñado de ciudades en Europa, de Londres y Madrid y mezquitas radicales en Alemania y Suiza. Algunas células parecen estar conectadas con grupos musulmanes radicales en Pakistán, incluyendo grupos terroristas veteranos que operan en Cachemira, una región dividida que reclaman tanto Pakistán como India.

4. La lucha contra el terrorismo es asunto de policías y espías, no de soldados.
Para el presidente Bush, el modo de terminar con el terrorismo es haciendo guerras. Pero los terroristas aislados que conspiran en los suburbios de Londres y coordinan sus ataques en las páginas web yihadistas no pueden ser derrotados con ejércitos: sólo pueden ser detenidos por la combinación del trabajo policial anticuado y paciente y un buen trabajo de inteligencia. En realidad, el éxito de la policía británica y de Scotland Yard al desbaratar la reciente amenaza en Londres representa un ejemplo clásico de cómo hacer frente a los terroristas.
Pero el presidente no muestra signos de que haya aprendido la lección de las detenciones de Londres. "Alguna gente dice: ‘Bueno, esto puede ser un asunto de la policía'", dijo Bush después de que se diera a conocer el complot de Londres. "Pero no es así... Esta gente es motivada políticamente... Tienen una visión primitiva del mundo". Para combatir esa visión del mundo, Bush ha descansado casi exclusivamente en los militares. Desde 2001, el gobierno ha gastado 430 billones de dólares en lo que llama la ‘guerra global contra el terrorismo' -y casi noventa centavos de cada dólar han sido destinados al ministerio de Defensa.
John Brennan, el ex director de contraterrorismo, dice que las fuerzas armadas están especialmente mal capacitadas para combatir el nuevo modelo organizacional que está emergiendo para remplazar a Al Qaeda. "No es el Terrorista Internacional con el que estamos peleando", dice."Pero el ministerio de Defensa y otros insisten demasiado enfáticamente en llamarlo guerra, porque permite que el Pentágono se concentre en la dimensión militar del conflicto. Corresponde con su estrategia global".
Lawrence Wilkerson, un coronel retirado de la marina que fue el segundo de Colin Powell en el ministerio de Relaciones Exteriores, también ridiculiza la noción del presidente de que el enemigo es una fuerza global compuesta por "fascistas musulmanes" que puede ser derrotada militarmente, como lo fueron los nazis. "No creo que haya una sola persona en el gobierno, excepto el vice-presidente Dick Cheney, que crea en esa gilipollez sobre el ‘islamofascismo'", dice.
Para empeorar las cosas, agrega Wilkerson, el Pentágono a menudo emprendió sus aventuras antiterroristas sin siquiera molestarse en notificar a las otras agencias. Las Fuerzas Especiales se aparecieron inesperadamente en países en todo el mundo y el ministerio de Relaciones Exteriores ni siquiera sabía dónde estaban. "De repente nos llamaba un embajador que nos decía: ‘¿Qué hacen aquí esos soldados de dos metros recorriendo las calles?'", recuerda Wilkerson. "Y Colin Powell tendría que llamar a Rumsfeld y preguntar: ‘Don, ¿por qué has enviado a la Fuerza Delta a esos lugares?'"
El énfasis en los militares se ha hecho a expensas del recabamiento de inteligencia. De hecho, las recientes medidas del gobierno de reorganizar a las agencias de inteligencia ha debilitado a la CIA y creado una red contradictoria y repetitiva de burocracia que ha reducido la capacidad de los espías y analistas de la CIA de impedir otro atentado. "Ahora tenemos una organización más confusa", dice Pillar. "Es realmente difícil saber quién está a cargo".
En los últimos dos años, a medida que la CIA ha sido obligada a obedecer las órdenes del Pentágono, decenas de altos funcionarios de la agencia han sido despedidos, o se han marchado disgustados. Además, según se ha enterado Rolling Stone, el ministerio de Defensa ha incluso bloqueado intentos de la agencia de producir un Estimado Nacional de Inteligencia -un análisis formal, ultrasecreto de la amenaza que representa Al Qaeda y otros grupos musulmanes radicales. Cinco años después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el gobierno todavía carece de un análisis unificado y actualizado sobre quién es el enemigo y cómo luchar contra él.
"Cuando dejé la CIA en noviembre de 2004, no tenían ningún estimado sobre Al Qaeda", dice Scheuer, que dirigió la unidad de Al Qaeda de la agencia durante casi una década. "De hecho, desde los años noventa que no se produjo ningún estimado". Hoy, el proceso sigue atascado en las disputas entre las agencias -en gran parte debido a la resistencia del Pentágono ante cualquier conclusión que debilite su papel principal en las campañas contraterroristas. Como resultado, el gobierno de Bush sigue desconociendo la verdadera naturaleza de los enemigos terroristas a los que se enfrenta Estados Unidos -e incapaz de diseñar una estrategia efectiva para combatir a esos enemigos.

5. El terrorismo no podrá ser derrotado nunca.
El terrorismo no es un enemigo, sino un método. Como tal, no puede ser derrotado: sólo se le puede contener y reducir. Incluso si Estados Unidos erradicara todas las células terroristas en el mundo hoy, el terrorismo estaría de vuelta mañana, porque nuevas quejas y nuevos llamados a la venganza continuarán creando nuevos terroristas. Además, siempre habrá grupos insurgentes inclinados a la violencia que usen métodos terroristas en conflictos en todo el mundo, desde Hamas en Palestina y Hezbollah en el Líbano hasta grupos rebeldes y disidentes en Cachemira, Chechenia, Sri Lanka, España, Colombia, Filipinas y el Congo.
A corto plazo, los polis y espías pueden continuar haciendo lo que pueden para detectar esas amenazas terroristas a medida que emergen, y ocasionalmente, como en Londres, tendrán éxito. Pero son los primeros en admitir que desbaratar una conspiración antes de que se lleve a cabo es sobre todo cuestión de suerte. Al final, son los conspiradores los que llevan ventaja. "Parar a un terrorista antes de que actúe es raro", dice Pillar, el ex analista jefe para Oriente Medio del gobierno. "Es terriblemente gratificante, pero raro. Es un error pensar que podemos mejorar específicamente nuestro trabajo de inteligencia como para producir ese tipo de prevención".
Antes que librar una guerra global, dicen los expertos, Estados Unidos necesita trabajar estrechamente con servicios de inteligencia extranjeros que conocen el terreno en sus propios países para eliminar a los terroristas uno por uno. "El progreso se mide por un terrorista a la vez, una célula a la vez", dice Pillar. "Nos atacarán. Pero existe la posibilidad de que nos ataquen menos frecuentemente y menos mortíferamente". Aunque suene poco prometedor, este enfoque propone una definición de ‘victoria' en la guerra contra el terrorismo: Lo mejor que podemos hacer es reducir la amenaza del terrorismo al nivel de un ruido molesto.
A largo plazo, con cada día que pasa, la dura intervención de Estados Unidos en Iraq, Afganistán y en el conflicto palestino-israelí está produciendo nuevos terroristas. Debido a sus políticas, el presidente Bush está esparciendo el virus, no controlándolo. La guerra en Iraq ha radicalizado a musulmanes en todo el mundo, y les ha permitido retratar la invasión de Iraq como un ataque contra el islam. "El presidente dice que Iraq es el principal frente en la guerra contra el terrorismo, pero Iraq se ha convertido en el frente central debido a que nosotros lo convertimos en eso", dice Wilkerson. "Osama bin Laden se está probablemente riendo en su cueva. Se lo dimos en bandeja, con cuchillo y tenedor".
Esa, en último término, es la lección más importante que debe aprenderse de la campaña contra el terrorismo. El odio avivado por el gobierno de Bush no puede ser aplacado con polis, espías o soldados. Sólo podrá ser aplacado con una postura más unificada y coordinada hacia el resto del mundo -una postura que cree aliados en lugar de inspirar más odio.
"Necesitamos una política exterior más sana", dice Brennan, el ex director de contraterrorismo. "Se necesita una vía diplomática para solucionar este problema de otra manera que matando gente".

21 de septiembre de 2006
©rolling stone
©traducción mQh
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