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la horrible muerte de saddam hussein


La deliberada crueldad en su asesinato le sobrevivirá.
Saddam Hussein no se merece la compasión de nadie. Pero cualquiera que haya visto el gráfico video de teléfono celular de su ahorcamiento, su ejecución se parece muy poco a la administración de una justicia desapasionada. El condenado dictador parece haber sido dejado, después de estar bajo custodia militar norteamericana, en manos de una turba chií de linchamiento.
Para el gobierno de Bush, que insistió en declarar la guerra a Iraq para implantar la democracia y la justicia, esas imágenes emitidas en todo el mundo fueron vergonzosas. Desgraciadamente, se culpará a todos los norteamericanos, mientras es probable que el pueblo iraquí sufra todavía más. Lo que debió haber sido el fin simbólico del período más siniestro de Iraq, nutrirá una lúgubre nueva era de creciente violencia religiosa.
El horrible episodio muestra por qué el primer ministro Nuri Kamal al-Maliki no formará probablemente nunca el gobierno de unidad nacional que Washington pide y que Iraq necesita tan desesperadamente.
Maliki está ahora tratando de librarse de un desastre de relaciones públicas. Ayer, su despacho anunció la detención del guardia que presuntamente hizo el video no autorizado. Pero la culpa fundamental es de Maliki, que orquestó personalmente la oportunidad y circunstancias de la ejecución del sábado.
Maliki ignoró las peticiones de Washington de retrasar la ejecución y las finuras legales de la Constitución iraquí. Se apresuró en entregar a Hussein a la muerte como un regalo de vacaciones para su electorado chií conservador, especialmente los seguidores del clérigo radical y jefe de la milicia, Moqtada al-Sáder, a los que se les permitió que insultaran al dictador condenado mientras se encontraba en el patíbulo con la cuerda alrededor de su cuello.
Los porristas habituales de Maliki, el presidente Bush y el primer ministro británico, Tony Blair, se han distanciado de este repugnante espectáculo. Sin embargo, el gobierno de Bush descubrió nuevamente que goza de muy poca credibilidad como para dar lecciones sobre el trato digno básico que se debe dar a los detenidos. Ayer el Washington Post informó sobre una investigación interna del FBI que revela un esquema de burlas deliberadas en torno a las creencias religiosas de los prisioneros musulmanes en Guantánamo.
Mientras Bush prepara su último plan para Iraq, debe hacer frente a sombrías realidades. Estamos en enero de 2007 e Iraq todavía carece de un ejército capaz de pararse sobre sus pies. Carece de una estructura judicial capaz de poner la ley por sobre la conveniencia política. Y su fuerza policial está dominada por milicias de fanáticos y matones. Más crucialmente, carece de un gobierno dedicado a la protección de los derechos y la seguridad personal de todos los iraquíes.
La mayoría de los norteamericanos, cualquiera sea su opinión sobre la guerra, entienden que régimen de Saddam Hussein significó para el pueblo iraquí un azote homicida e indecibles sufrimientos. Ahora Hussein está en su tumba. Pero la escandalosa manera con que se le dio muerte, imitando deliberadamente sus propios y depravados métodos, confirma que su crueldad le sobrevivirá.

5 de enero de 2007
©new york times
©traducción
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