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tensiones de la emigración


[Maureen Fan] Familias chinas del campo viven las tensiones de la emigración. Vacaciones subrayan las privaciones de los empleos remotos.
Guihua, China. Durante años, casi la mitad de los campesinos arroceros, trigueros y de hortalizas de este pueblo de la provincia de Henan han sido incapaces de vivir del producto de sus tierras. En lugar de eso, se han volcado hacia trabajos más rentables emigrando a las ciudades lejanas.
Así que la semana pasada -en una escena que se representará en todo el país a medida que millones de chinos vuelvan a sus casas para el festivo del Nuevo Año Lunar, que empezó ayer-, la modesta casa de cemento que Chen Wenxiu, 56, comparte con su marido y sus dos nietos, estaba atestada con ocho parientes más. La mayoría de ellos volvían de sus trabajos en la carpintería, fábricas de zapatos, reciclaje o la construcción.
Chen cocinó en la cocina cubierta de hollín mientras sus nietos jugaban fuera con una pistola de agua. Las mujeres ahuyentaban a los pollos de la habitación principal mientras los hombres comían primero, bebiendo de vasos de alcohol de grano y escupiendo los huesos al suelo. Una de sus hijas estaba demasiado atareada con su negocio como para volver a casa.
"Estoy tan feliz. Todos aparecieron ante mis ojos", dijo Chen sobre sus hijos, mientras servía cuencos con pollo, raíces de loto, pan caliente, frijoles y cerdo. "Me gustaría que vinieran más frecuentemente, pero tienen que trabajar y hacer dinero, y eso es más importante".
Que el dinero sea ahora más importante que la familia ha sido durante largo tiempo una verdad no formulada de la vida aquí, pero es una visión a menudo oscurecida por la popular noción de que los chinos son, sobre todo, un pueblo centrado en la familia. En Guihua lo que parecía ser una reunión íntima, era en realidad una mirada en las tensiones y sacrificios de la vida de los emigrantes: Aunque la emigración ha ayudado a millones a salir de la pobreza, está rompiendo el tejido de la sociedad campesina.
"En el campo, la gente presta más atención a la economía que a las emociones, sentimientos, lazos familiares y ese tipo de cosas", dice Zhang Shiquiang, 45, sobrino de Chen y miembro del comité de planificación familiar de Guihua.
"Los campesinos son realistas", dijo. "Si sus hijos no sacan altos puntajes en la escuela, los padres quieren que terminen la escuela lo antes posible, consigan un trabajo, construyan una casa y se casen".
En China es típico que los trabajadores emigrantes dejan a los hijos en casa al cuidado de los abuelos. Hay una miríada de razones que lo explican: En las ciudades, los trabajadores inmigrantes son discriminados debido a su origen rural; es difícil encontrar viviendas asequibles; y a menudo se ven obligados a pagar matrículas escolares más altas que los otros vecinos debido a que un sistema anticuado otorga condiciones de vida preferentes a los nacidos en la ciudad.
Aquí en Guihua, Xiao Qingtong, 34, dijo que le había parecido natural dejar a su hija de nueve al cuidado de la abuela Chen cuando él y su mujer se marcharon a Kunshan, una ciudad a 480 kilómetros hacia el este, para encargarse de un negocio de reciclaje.
"Nunca pensé en llevarla con nosotros porque la educación en Kunshan no es tan buena como aquí", dijo.
Aunque no lamenta esa decisión, ha tenido que renunciar a la vida familiar. Un certificado en una pared en la casa de Chen muestra que Manman, la hija de Xiao, ganó el diploma de ‘mejor estudiante' el año pasado. Pero no este año.
"¿Cómo le va en la escuela? No tengo ni idea", dice Xiao. "¿Cómo podría saber eso? Realmente no me puedo ocupar de tantas cosas. Mi prioridad ahora es hacer dinero".
Xiao dijo que había pensado sobre el hecho de que su familia se había dividido, "pero si ella puede conseguir una educación, ese es su destino", agregó, refiriéndose a su hija. "Si no..." Se encogió de hombros.
Por su parte, Manman expresó poco pesar por la ausencia de su madre, que tenía demasiado trabajo como para volver a casa.
"Mami está en Kunshan recogiendo basura", dijo Manman. "La extraño, pero no quiero ir a verla".
Interrogada sobre si pensaba que sus padres la querían, murmuró tranquila: "No lo sé". Interrogada sobre si sus abuelos la querían, respondió rápidamente: "Oh, sí, ellos sí me quieren".
Se estima que hay en China unos 200 millones de trabajadores emigrantes. Funcionarios del gobierno han expresado su preocupación por la separación de esos trabajadores de sus hijos y por el efecto que podría tener sobre el desarrollo de los niños. Dicen que los abuelos son a veces incapaces de ejercer autoridad o de proporcionarles una educación.
Gu Xiulian, vice-presidente del Comité Permanente del Congreso Nacional del Pueblo, llamó hace poco a aprobar nuevas leyes y regulaciones para mejorar la salud y educación de más de 20 millones de niños del campo cuyos padres son trabajadores emigrantes ausentes.
El año pasado, Gu, que también encabeza la Federación de Mujeres de China, dijo a la agencia de noticias Nueva China que resultados preliminares de un sondeo de la federación entre niños de una docena de provincias y municipalidades mostró que el rendimiento escolar del 80 por ciento de los niños de la provincia de Hebei, por ejemplo, era pobre o mediocre. Casi un 20 por ciento de los niños están acostumbrados a mentir, reñían y desobedecían las normas escolares.
Hace dos años, una encuesta entre 1.180 estudiantes de seis pueblos en la provincia de Anhui, mostró que casi un 60 por ciento tenían problemas psicológicos, informó la agencia de noticias.
Los funcionarios dicen que están ansiosos de atacar el problema -levantando más internados, por ejemplo, o creando programas para educar a los abuelos -muchos de ellos analfabetos- que se quedan a cargo de sus nietos.
No lejos de Guihua, en el pueblo de Yanyan, Zhi Jifang y su marido Huang Peibing, se estaban preparando para el festivo. Sólo uno de sus cinco hijos había llegado a casa. El menor dijo que los visitaría, pero no estaba claro cuándo lo haría.
Hasta el mes pasado, la pareja se ocupaba de cuatro nietos. Ahora sólo se ocupan de uno. Sin embargo, las relaciones con los niños no son fáciles. Uno de sus hijos tiene una buena posición porque trabaja en una fábrica de bolsas de cuero, pero cuando volvió a casa para el festivo del año pasado, peleó tanto con sus padres que se mudó con su familia a un hotel cercano.
"Tienen una vida bastante buena. Incluso tienen un coche. Pero no se preocupan de los viejos, no respetan a los ancianos", dijo Huang, 61. Como otros campesinos, no percibe la relación entre la emigración y el deterioro de los lazos familiares.
"Para tener mejores condiciones de vida, para tener desarrollo económico, no hay otro camino. Es verdad que la emigración crea familias menos unidas, pero tenemos que hacerlo", dijo Huang. "Hace quince años, no teníamos suficiente comida para alimentarnos. Tampoco ganábamos nada".
Su mujer ha observado los cambios en los afectos de sus nietos. "Como han estado tanto tiempo separados de sus padres, parecen felices cuando los ven en la fiesta del Año Nuevo Lunar, pero no se ponen tristes cuando sus padres vuelven a marcharse", dijo Zhi, también de 61. "Y se portan mal debido a la ausencia de sus padres".
Un nieto atemorizaba a un estudiante más pequeño en la escuela. El niño también robaba dinero de un caja para la vuelta.
"Cuando comemos carne, yo me como la grasa y él la carne magra", contó Huang. "Tenía algo de dinero para las llamadas telefónicas, pero había desaparecido. Le dije: ‘Puedes decirme que necesitas dinero, pero no puedes robarme'. No me llevó de apunte. Cuando su madre vino a casa, me quejé, pero ella simplemente me ignoró".
Guihua y Yanyan forman parte de la comuna de Gushi, donde los trabajadores emigrantes constituyen un tercio de la población de 1.6 millones de habitantes. Estos trabajadores envían cada año a casa más de quinientos millones de dólares, de acuerdo a informes de la prensa oficial.
En muchos pueblos donde los habitantes se han especializado en hacer y vender rosquillas y otros dulces populares en el Año Nuevo, muchos trabajadores emigrantes no vuelven a casa. En lugar de eso, ganan dinero aumentando los precios durante el festivo.
"Cuando era joven, nadie salía de casa para trabajar. Todo el mundo se quedaba en casa con sus padres", dijo Chen. "A veces me pregunto: ‘¿No era bueno que estuviéramos juntos?' Pero no hay alternativa. Tienen que marcharse a hacer dinero. Este es el precio que tenemos que pagar".

Jin Ling contribuyó a este reportaje.

1 de marzo de 2007
18 de febrero de 2007
©washington post
©traducción mQh
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