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desconfianza entre tropas iraquíes


[Richard A. Oppel Jr.] Cuando encuentran a nuevos aliados norteamericanos.
Nasr Wasalam, Iraq. Abu Azzam dice que los 2.300 hombres de su movimiento incluyen a miembros de feroces grupos sunníes como la Brigada Revolucionaria 1920 y el Ejército Muyahedín que han luchado contra la ocupación norteamericana. Ahora sus hombres patrullan junto con los norteamericanos, que quieren convertirlos en una fuerza de seguridad que puede llevar paz a este tramo entre Bagdad y Faluya.
A unos kilómetros de ahí, en la ciudad de Abu Ghraib, el general de brigada Nassir al-Hiti y su brigada de soldados del ejército iraquí también cuentan con el apoyo de las fuerzas armadas norteamericanas. Pero tienen una ambición diferente, dicen aquí algunos comandantes norteamericanos: hacer todo lo posible para debilitar a los hombres de Abu Azzam, incluso usar una lista de miembros robada para identificarlos y detenerlos ilegalmente.
El general Nassir, 37, ex agente de las fuerzas especiales, lo niega, pero dice que tiene órdenes estrictas de no apoyar a grupos "no oficiales" y arrestar a hombres armados, sin importar de quién se trate. Dice que apoya a los que quieren incorporarse a las fuerzas de seguridad, pero rechaza a "los que tienen sangre iraquí en sus manos y los que matan a nuestros soldados".
La brecha entre los hombres de Abu Azzam y los soldados iraquíes sigue siendo enorme, y a veces las tropas norteamericanas han debido interceder físicamente. Y esto enciende la alarma a la hora de hablar sobre la profundidad de los problemas a los que hace frente Iraq, que no pueden ser medidos en las estadísticas sobre los atentados de los insurgentes y los asesinatos sectarios que tienen tanto peso en Washington.
Estados Unidos ha puesto todas esperanzas en la intensificación de los lazos con líderes sunníes como Abu Azzam que han jurado luchar contra los militantes islámicos. Pero su grupo sunní mayoritario, los Voluntarios, son diferentes a las tribus que se han aliado con los norteamericanos en el corazón del territorio sunní en la provincia de Anbar, en parte porque patrulla sólo a cuarenta minutos del centro de Bagdad y en las cercanías de populosos barrios chiíes. Así que los comandantes norteamericanos lo ven como una prueba crucial de si los líderes chiíes tolerarán o no nuevas alianzas con grupos sunníes.
Si la unidad del general Nassir quiere decir algo, el panorama no es muy prometedor, dijo el teniente coronel Kurt Pinkerton, 41, nativo de California, que ha pasado cuatro meses cultivando sus relaciones con Abu Azzam.
Hace un mes, la brigada iraquí, que es predominantemente chií, fue asignada a una nueva zona e instruida de permanecer alejada de Náser Wa Salam, dijo el coronel Pinkerton. Pero dijo que creía que los soldados iraquíes están decididos a impedir que los árabes sunníes, que son aquí la mayoría, controlen el área. Menciona una serie de agresiones cometidas por tropas iraquíes contra los hombres de Abu Azzam y otros sunníes, que según cree son a menudo detenidos sin razón.
Hace poco, y sin previo aviso, dijo el coronel Pinkerton, ochenta soldados iraquíes en vehículos blindados abandonaron su sector y avanzaron hacia Náser Wa Salam, pero fueron detenidos por un pelotón norteamericano. Los iraquíes se negaron a decir adónde se dirigían y amenazaron con seguir avanzando pese a la presencia de soldados estadounidenses, a los que, en términos de hombres, superaban de lejos.
Finalmente, con un helicóptero Apache sobrevolando el lugar y artilleros norteamericanos apuntándoles con sus armas, los soldados iraquíes se retiraron. "Todavía no han llegado a disparar sus armas", dijo el coronel Pinkerton.
Hace unas semanas, dijo, un detenido sunní fue golpeado hasta su muerte mientras estaba bajo custodia de la Brigada Muthanna. Y el año pasado, dijo, soldados de Muthanna detuvieron a dos hermanos de Abu Azzam, los cuales dijeron que habían maltratados, y allanaron la casa de Abu Azzam.
Las experiencias del coronel Pinkerton aquí, dijo, han invertido los instintos usuales de los norteamericanos, que han surgido en años de duros combates contra los insurgentes sunníes.
"Yo podría ser uno de los 1.800 sunníes que están en Abu Ghraib", dijo, "y me siento más cómodo que en una fila de soldados iraquíes".
Reconoce que los Voluntarios han atacado a los extremistas sunníes, incluyendo a al Qaeda en Mesopotamia, el grupo nacional que proclama lealtad a los principios de Osama bin Laden. Los hombres de Abu Azzam, entre ellos algunos chiíes locales, han estado haciendo cola con cientos de militantes todos los días para someterse a escáneres de retina y tomas de huellas digitales para poder solicitar su ingreso a la policía iraquí. Algunos ya están de guardia, con rifles Kalashnikov cargados, junto a las tropas norteamericanas.
Trabajando con los estadounidenses, los hombres de Abu Azzam han ayudado a expulsar a los militantes islámicos del grupo de su sector, dice, excepto por una zona de difícil acceso al norte de Náser Wa Salam. Han revelado la ubicación de alijos de armas a los norteamericanos, dice, e impedido atentados con bomba. Desde abril, la violencia se ha reducido abruptamente en Náser Wa Salam, dijo el coronel Pinkerton, y no hubo ataques contra las tropas norteamericanas en más de dos meses, hasta el camión bomba que estalló el 8 de julio, matando a un soldado y al menos a cuatro Voluntarios.
Aquí los mercados y vecindarios, fantasmagóricos hace unos meses, ahora están llenos de gente. El hospital de un solo piso fue recién reconstruido con dinero norteamericano, y hoy luce también dos generadores nuevos. No hace mucho la violencia habría imposibilitado un proyecto así, dijo el coronel Pinkerton.
Los vecinos aquí "tienen ahora más fe y creen más en nosotros que en el ejército iraquí", dijo. "Pero no confían en nosotros. Y no se sienten cómodos con nosotros".
Se produjo un momento crítico a fines de abril. Después de que un puesto de control de la Brigada Muthanna fuera atacado por hombres armados, cincuenta soldados iraquíes irrumpieron en una escuela que hacía las veces de improvisada sede de Abu Azzam, arrestando a decenas de hombres y metiéndolos en los maleteros de los todoterrenos blindados. Furiosos sunníes que viven en las cercanías se acercaron al lugar de los incidentes.
Un oficial norteamericano, el capitán Larry Obst, llegó con diez soldados justo cuando empezaban los disturbios y más de quinientas personas avanzando amenazadoramente contra las tropas iraquíes, que se preparaban "para disparar contra la multitud", dijo. Después de horas de frenética intervención norteamericana, los soldados iraquíes se marcharon sin los detenidos.
El episodio afianzó la desconfianza entre los norteamericanos y las unidades iraquíes, dijo, "pero creó credibilidad con la gente".
Sin embargo, los hombres de la unidad del coronel Pinkerton, el Segundo Batallón del Regimiento de Infantería No. 5, siguen intranquilos sobre los riesgos de unir fuerzas con hombres que pueden haberlos atacado antes. El sargento mayor Carlos Figueroa dice que algunos Voluntarios le recuerdan a narcotraficantes que tratan de rehabilitarse pero siempre tratan de asegurar sus apuestas. "Estos tipos no van a romper nunca completamente con ese mundo", dijo.
Los norteamericanos dicen que no están armando a los hombres de Abu Azzam, que ya tienen bastantes armas. Pero están determinados a adiestrarlos, y esperan comenzar a pagarles a quinientos de ellos trescientos dólares al mes por trabajar en los puestos de control y en los edificios, sean o no aceptados por la policía iraquí.
Hace poco durante una ceremonia de entrega de galardones, el coronel Pinkerton preguntó a los cuarenta soldados frente a él si confiaban en los Voluntarios. Nadie alzó la mano. Ese es el modo correcto de pensar, dijo, instándoles a "seguir concentrados".
Después de la ceremonia, el teniente primero Tom Cherepko dijo: "Entendemos que quizás hace unos meses nos estaban atacando. No confiamos en ellos, pero trabajaremos con ellos. Ese es mi modo de no tener que volver una tercera vez, enseñándoles a defenderse".
Una mañana hace poco en Náser Wa Salam, Abu Azzam estaba recibiendo en su oficina. Estaba sentado con las piernas cruzadas en una silla tapizada frente a un desvencijado aire-acondicionado adosado a la ventana, toqueteando las cuentas celestes de su rosario. Una procesión de jeques había pedido hablar con él privadamente.
Después, dijo a sus hombres que unieran fuerzas con los norteamericanos porque los grupos extremistas estaban matando a muchos árabes sunníes. Pero admitió que la nueva alianza era complicada.
Los norteamericanos se marcharán algún día, dijo, y la principal amenaza es una ocupación permanente de parte de Irán. Teme que la Brigada Muthanna sea un presagio de eso, porque dice que está infiltrada por milicianos que simpatizan con los iraníes que maltratan a los sunníes.
Se volvió cauteloso cuando las preguntas empezaron a girar sobre sus actividades después de la invasión norteamericana de 2003. "Yo estaba entre las personas que rechazaban la ocupación", dijo. Pero insistió en que nunca atacó a los norteamericanos.
Recitó los grupos rebeldes que conoce, incluyendo a la Brigada Revolucionaria 1920, el Ejército Islámico y Ansar al-Sunna, un grupo conocido por sus espantosas decapitaciones.
"Tengo contacto con todos ellos", dijo. "Están esperando para ver si mi experiencia vale algo. Si tengo éxito, la adoptarán. Si no, habrá enfrentamientos".
A kilómetros de distancia, el general Nassir, de un metro 92 y anchas espaldas, llevaba su uniforme recién planchado. Ha prosperado en las fuerzas armadas, pese a que es un árabe sunní de Hit, en lo más profundo de la provincia de Anbar.
Los comandantes norteamericanos creen que algunos ayudantes del primer ministro chií, Nuri Kamal al-Maliki, han desplazado sistemáticamente a los jefes militares sunníes y chiíes moderados para remplazarlos por líderes más sectarios. Pero el general Nassir comanda una unidad predominantemente sunní. En su oficina cuelgan fotos de sí mismo saludando con la mano a Maliki.
El general Nassir niega haber acosado al movimiento de Abu Azzam y dice que simplemente obedece órdenes. "Todo civil que ande por la calle con armas sin permiso oficial, será detenido", dijo.
Se estaba refiriendo a las órdenes de sus superiores iraquíes. Los hombres de Abu Azzam en el sector norteamericano han estado portando armas y haciendo guardias durante meses con la aprobación explícita de oficiales norteamericanos.
El general Nassir niega que sus hombres tengan objetivos sectarios. "Esa es una cuestión muy estúpida de Abu Azzam", dice. El general también dice que "odio a las milicias" y que no es posible para Abu Azzam saber si sus hombres pertenecen o no a las milicias. Sugiere que las nuevas lealtades de los Voluntarios no son genuinas. "Se ponen un sombrero nuevo todos los días", dijo.
El coronel Pinkerton pidió a sus superiores encontrar el modo de remplazar a la Brigada Muthana por otra fuerza iraquí, quizás una unidad del ejército bajo mando kurdo que patrulla al oeste de Náser Wa Salam y tiene buenas relaciones con los hombres de Abu Azzam. Sin embargo, reconoce que el general Nassir es "mucho más competente que la mayoría de los oficiales iraquíes".
"Realmente creo que con los superiores correctos, podría ser un gran oficial", dijo el coronel Pinkerton. "Creo que lo están instruyendo mal. Quizás no es tan canalla. Quizás es leal".

27 de julio de 2007
10 de julio de 2007
©new york times
©traducción mQh
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1 comentario

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