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ministerio de feudos rivales


[Ned Parker] El ministerio del Interior refleja el caos de un Iraq fracturado.
Bagdad, Iraq. El coronel entra con su Mercedes en el aparcadero del monótono edificio de concreto de once pisos, escudriñando el terreno para detectar coches sospechosos.
Antes de jalar el pomo de la puerta, estudia a la gente que holgazanea cerca con la esperanza de reconocer a alguien más tarde en el día. Aprieta su pistola, el gatillo presto, temeroso de una emboscada.
Llegó a su oficina.
Este es el ministerio del Interior de Iraq: el balcanizado comando central de la policía del país y refleja las mortíferas facciones que han provocado que el gobierno aquí se encuentre casi completamente paralizado.
El lenguaje mismo que usan los estadounidenses para describir al gobierno -ministerios, departamentos, agencias- contradice la realidad aquí de milicias que matan protegidos por sus uniformes de policía y están por encima de la ley. Hasta hace poco, uno o dos agentes de la policía del ministerio del Interior eran matados al llegar o salir del edificio, probablemente por sus propios colegas, dicen aquí altos oficiales de la policía.
Esos asesinatos se han reducido, pero diplomáticos occidentales todavía describen el edificio del ministerio del Interior como una "federación de oligarcas". Los que trabajan en el edificio, como el coronel, comparan los departamentos a países hostiles. La supervivencia depende de mantenerse al corriente de las cambiantes alianzas y territorios faccionales.
En el segundo piso se encuentra el general Mahdi Gharrawi, ex comandante de la policía nacional. El año pasado, tropas norteamericanas e iraquíes encontraron 1.400 prisioneros, la mayoría de ellos sunníes, en una base controlada por él al este de Bagdad. Muchos de ellos mostraban signos de tortura. El ministro del Interior bloqueó una orden de detención contra el general este año, confirmaron altos funcionarios iraquíes.
Los departamentos administrativos del tercero y cuarto pisos son el dominio del Partido Islámico Dawa, del primer ministro Nouri Maliki, un grupo chií.
El sexto es la sede de la unidad de control de fronteras y delitos graves, y pertenece a la milicia de la Organización Báder. Su líder, el viceministro Ahmed Khafaji, es aclamado por algunos funcionarios occidentales como un administrador eficiente, y sospechado por otros de controlar cárceles secretas.
El séptimo piso es el de la inteligencia, donde la Organización Báder y grupos armados kurdos luchan por el control.
El noveno piso lo comparten el departamento del inspector general y del fiscal general, que son chiíes religiosos. Sus oficinas han estado en el centro de los esfuerzos de expulsar del departamento a los empleados sunníes que aún quedan. El predecesor del fiscal, un sunní, fue asesinado el año pasado.
"Pasaron cosas malas en el noveno", dice el coronel, un sunní que, como otros funcionarios de gobierno, habló a condición de conservar el anonimato para protegerse de represalias.
El departamento de informática del ministerio está en el décimo piso. En febrero dos empleados fueron arrestados por sospechas de que habían introducido explosivos, de acuerdo a la policía y a oficiales norteamericanos. Algunos oficiales iraquíes y norteamericanos dicen que los trabajadores querían almacenar ahí las bombas. Otros dicen que estaban tramando atacar a los asesores norteamericanos asignados directamente al piso de arriba, el último.
Meses después de las detenciones, no está claro si los detenidos son insurgentes sunníes o seguidores de Moqtada Sáder, el clérigo chií antinorteamericano cuyo retrato mira desde algunas paredes oficiales en una demostración de su amplia influencia en el ministerio.
Tabiques dividen los pasillos del edificio, y hombres armados custodian las oficinas de los ministros. Altos oficiales de la policía suben y bajan las escaleras antes que arriesgarse a tomar al ascensor. Recorren los pasillos flanqueados por guardaespaldas, recelosos de sus colegas armados.
"¿Qué tienen en su corazón? No sabes de dónde vienen", dijo un alto oficial.
La división del ministerio según las facciones empezó inmediatamente después de la caída de Saddam Hussein. Como con la mayoría de los departamentos del gobierno iraquí, los ministros son nombrados en representación de los principales partidos políticos del país. Los diputados distribuyen los trabajos entre los incondicionales del partido.
Los ganadores iniciales fueron el Partido Demócrata Kurdo y los dos partidos chiíes, Dawa y el Supremo Consejo Islámico de Iraq, que respaldan la Organización Báder. El partido kurdo es una de los dos grupos que controlan las provincias del norte de Iraq.
La milicia Al Mahdi, de Sáder, empezó tarde en el juego del patronazgo, pero ha hecho importantes avances, particularmente entre los guardias que rodean el edificio.
Los partidos que representan a la minoría sunní, que controlaban Iraq en días de Hussein, han sido casi enteramente purgados del ministerio en los últimos dos años. Tres de los generales sunníes que más tiempo trabajaron en el ministerio, fueron asesinados el año pasado.
El ministro del Interior, Jawad Bolani, un líder chií que asumió el cargo en el verano pasado, ha intentado reparar la mala reputación del ministerio. Ha removido a los jefes de ocho de las nueve brigadas de la policía nacional y a diecisiete de los 27 batallones de policía, que han sido acusados de asesinatos y secuestros masivos. Pero los cambios son lentos.
"Hay un montón de presión, hay influencias de todas partes, de todo el mundo: los partidos políticos, los grupos religiosos, el gobierno mismo, aparte influencias familiares y tribales", dijo el general de brigada del ejército norteamericano, Dana Pittard, que supervisó a los asesores norteamericanos en la policía nacional hasta el mes pasado.
"Es muy difícil para cualquiera funcionar como líder en este ambiente, y los iraquíes lo hacen", dijo Pittard.
Ningún piso ha creado más problemas que el séptimo, que alberga a la división de inteligencia. En teoría, la oficina de inteligencia debería ser clave a la hora de identificar y combatir a los subversivos que colocan bombas en las calles y mercados de Iraq y atacan a los soldados norteamericanos. En lugar de eso, la división se encuentra entrabada por una lucha por el poder entre los dos aliados nominales de Estados Unidos en Iraq: los kurdos y el Supremo Consejo Islámico de Iraq.
El conflicto llegó a un punto crítico antes este año con una amenaza de muerte contra el ministro kurdo encargado de la inteligencia, Hussein Ali Kamal. El líder kurdo, que controla el ala este del piso, tuvo que pelear con su segundo, un comandante de la milicia Báder que controla el ala occidental, por el control del aparato de inteligencia.
Hace algunos meses, asesores norteamericanos advirtieron a Kamal que su vida corría peligro, muy probablemente por la milicia Báder, y le aconsejaron permanecer en la Zona Verde, lejos del edificio ministerial al este de Bagdad. No se le vio por el ministerio durante varias semanas.
El subsecretario chií, Basheer Wandi, mejor conocido como el Ingeniero Ahmed, fue nombrado en la primavera de 2005. Más o menos en la misma época, las milicias chiíes empezaron sus campañas para identificar y matar a sunníes en Bagdad, usando a menudo la fachada de la policía para detener a sunníes en cárceles secretas y asesinarlos.
No hacían grandes esfuerzos por ocultar sus métodos. Un asesor de la policía norteamericano recordó una visita que hizo al séptimo piso en el verano de 2005, unos meses después de que se hubiese hecho cargo el Ingeniero Ahmed.
"Cuando salimos de la oficina de Hussein Ali Kamal en el ala oriental del edificio del ministerio, caminamos hacia el otro lado a ver a otra persona. Mientras caminábamos, pasamos junto a un prisionero iraquí que estaba en el suelo, con las manos esposadas y atadas por detrás, en medio de un charco de un líquido claro; estaba todavía vomitando. Parecía que había vomitado litros y litros", recordó el asesor.
Uno de los lugares de trabajo del Ingeniero Ahmed era una cárcel secreta en un búnker en el barrio de Jadriya, de Bagdad, dijeron oficiales norteamericanos. En noviembre de 2005, las tropas descubrieron la cárcel, encontrando en ella 169 detenidos, muchos de ellos con signos de haber sido torturados.
Tras el hallazgo del búnker, oficiales norteamericanos documentaron la función del Ingeniero Ahmed. "Escribieron expedientes y se los presentaron a Maliki. Ahí los norteamericanos detallaban las responsabilidades", dijo un diplomático occidental a condición de conservar su anonimato debido a lo delicado del tema.
Altos funcionarios norteamericanos decidieron cancelar el intento de exigirle cuentas al Ingeniero Ahmed debido a los problemas políticos que se podían crear, dijeron dos diplomáticos occidentales.
El Ingeniero Ahmed gozaba de un prestigio de intocable en la milicia Báder, debido a su reputación como combatiente contra Hussein.
"Para los chiíes, gente como esa son verdaderos héroes de la guerra. Para Maliki es muy difícil tomar medidas contra ellos. Desde nuestro punto de vista, tenemos que sopesar el capital político que tenemos antes de hacer nada que Maliki pueda rechazar", dijo el diplomático occidental.
Después de la amenaza contra la vida de Kamal, el Ingeniero Ahmed fue transferido. Pero funcionarios norteamericanos y occidentales, algunos de los cuales sospechan que el gobierno de Maliki está jugando a la tapa para proteger a los cabecillas militantes, dicen que ahora está trabajando en la oficina de seguridad de Maliki. Funcionarios chiíes insistieron en que el Ingeniero Ahmed era inocente.
Documentos militares norteamericanos vistos por Times, muestran que el Ingeniero Ahmed ha estado en frecuente contacto con el primer ministro. Incluso participó en el actual plan de seguridad norteamericano-iraquí para Bagdad.
Kamal, el ministro kurdo, dice que cree que el ministerio ha empezado a limpiar las milicias chiíes, pero sabe que figuras sospechosas todavía operan abiertamente en el ministerio, incluyendo al general Gharrawi en el segundo piso.
En noviembre se emitieron cincuenta y siete órdenes de detención después de que un grupo de inspectores encontraran evidencias de tortura en una base policial controlada por Gharrawi, pero sólo dos hombres fueron arrestados.
El ministro del Interior, Bolani, fundó una comisión para revisar el caso, pero bloqueó las órdenes de detención contra el general después de que los norteamericanos no pudieran hacer comparecer a los testigos, dijo Kamal. "Ahora Gharrawi se imagina que es un hombre inocente. No podemos hacer que la gente declare contra él", dijo Kamal.
Funcionarios occidentales ven el caso de Gharrawi como un indicador de si el gobierno iraquí estará dispuestos a exigir responsabilidades a chiíes por conductas criminales en sus organizaciones oficiales.
"Tiene una posición bastante alta como para que surjan sospechas. Si él cae, ¿cuál sería el siguiente paso? El siguiente paso es los otros generales y otros ministros también caigan", dijo el diplomático occidental.
Incluso los sunníes que todavía quedan en la policía, respetan a Bolani por tratar de controlar el ministerio. Pero saben que él depende de una red de frágiles alianzas políticas y se preguntan si alguna figura política puede borrar los efectos de varios años de reclutamiento de milicianos extremistas en el ministerio.
"Ni trayendo al profeta Mahoma o a Jesús, podrán controlarlos", dijo otro alto funcionario del ministerio. "Tienen su propio programa. Obedecen a sus propios partidos".

ned.parker@latimes.com

30 de julio de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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