Blogia
mQh

drogas echan raíz en méxico


[James C. McKinley Jr.]Antes, las drogas pasaban por el país; hoy, se quedan.
Zamora, México. Cuando se coloca, Lupita Díaz dice que vive una dulce ilusión de paz, un respiro de su dolor y su aversión por sí misma. Se reclina aquí en un prado al borde de la ciudad junto con otros adictos, mira las estrella y toca despreocupada en una abollada armónica azul.
La salida del sol provoca una intensa sensación. Le duelen las articulaciones. Tiene la boca reseca. Ha tenido escalofríos, miedo a las sombras, oído voces en su mente. Está dispuesta, una vez más, a prostituirse por cinco dólares para meterse crack de cocaína o metanfetamina cristal. Ha sido adicta durante años, y está hecha polvo. A sus dos hijos los dio en adopción, para que los criaran.
"No hay nada bonito en esto", dijo, arrastrando las palabras y cubriendo sus ojos llorosos con gafas de sol rosadas. "Me siento mal de no estar con mis hijos. Me siento muy mal. No es lo que quiero. No es lo que quiero. Pero cuando tengo dinero, compro drogas".
La historia de la adicción de Díaz es bastante común en la mayoría de las grandes ciudades de Estados Unidos, pero hasta hace pocos años era raro en el centro de México. Eso ha cambiado. Hoy, México ya no es solamente un país de tránsito de las drogas que van en camino de Estados Unidos. Es también un país con drogadictos.
A medida que crecen los carteles de la droga mexicanos, han empezado a abrir los mercados locales para derivados más baratos de drogas fuertemente adictivas, como el crack y el ice, como la metanfetamina hoy. Ciudades ni siquiera medianas, como Zamora, tienen enormes y crecientes poblaciones de adictos, crecimiento que va acompañado de un aumento de los delitos violentos.
"Hace diez o quince años ni siquiera teníamos cocaína. Sólo teníamos marihuana", dice el comandante Juan Carlos Espinosa, del departamento de policía de Zamora. "Pero hace unos tres años empezamos a ver un montón de ice, de crack y de heroína".
La tendencia ha alarmado a las autoridades mexicanas. En julio, el presidente Felipe Calderón puso en marcha un programa para someter a análisis de drogas a todos los estudiantes de escuelas secundarias. En los últimos meses, el procurador general, Eduardo Medina Mora, ha izado la bandera roja repetidas veces en los últimos meses.
"Es un fenómeno que en este país-debemos decirlo claramente- no ha sido tratado en las últimas décadas, y ahora tenemos que enfrentarnos a lo que es una realidad: también somos un país de consumidores", dijo Medina Mora al diario El Universal.
Una manera de medir esta tendencia es la cantidad de gente que ha ingresado a centros de rehabilitación federales. Desde 2001, el número de adictos al crack que buscan tratamiento en el país se ha triplicado; la cantidad de los que buscan ayuda para combatir la adicción a la metanfetamina se ha duplicado.
El ministro de Salud, José Ángel Córdova Villalobos, reconoció en julio que el gobierno carecía de clínicas, camas de hospital y recursos para hacer frente a la ola de adicción.
Hay 20 mil camas disponibles, dijo, y sólo 120 pertenecen a hospitales públicos.
En Zamora, una ciudad de unos 170 mil habitantes en el estado de Michoacán, a unos 130 kilómetros al sudeste de Guadalajara al occidente de México, la evidencia de la adicción se ve en todas partes. Gente andrajosa duerme en sitios eriazos y en la calle. La delincuencia callejera se ha hecho habitual. Algunas calles se han convertido en bazares de drogas, con casas de crack salpicadas entre tiendas de abarrotes y galerías de video.
Casi en todos los barrios pobres han surgido centros de rehabilitación de drogas privados, una suerte de industria casera. La mayoría de ellos son pequeñas y destartaladas casas donde se encierra a los drogadictos durante tres meses y se les da un breve curso de un programa de doce pasos desarrollado por Alcohólicos Anónimos.
En entrevistas, adictos en varias fases de recuperación contaron cómo su dependencia de la metanfetamina o del crack de cocaína los convirtió en vendedores de drogas, prostitutas y ladrones. La mayoría de ellos describieron una caída en desgracia similar. La experimentación con las drogas les provocó una insaciable adicción que los llevó a vender todo y, finalmente, a delinquir.
La Esperanza, un refugio en la calle de Matamoros, es uno de las dos docenas de centros de rehabilitación privados típicos de Zamora. Es una residencia unifamiliar que alberga a más de treinta drogadictos, que duermen en literas y comparten un solo retrete maloliente.
Las puertas están con cerrojo todo el día, y hay láminas de metal en las ventanas. Las familias pagan cien dólares para ingresar aquí a sus familiares.
Entre los residentes se encuentra Aurora Victoria Gómez, una mujer de 28 años que se enganchó a la metanfetamina y empezó a prostituirse a los trece. Tiene tres hijos a los que no ve nunca. "Para mí, esto es una vida perdida, triste, haciendo la calle, rechazada, humillada", dijo. "La verdad es que no he vivido nunca un momento feliz".
Algunos adictos mayores dijeron que apenas reconocían su ciudad.
Joaquín Antonio Gutiérrez, 39, dijo que se había enganchado a la metanfetamina en 1988 cuando estaba trabajando ilegalmente como jardinero en San Diego. Pronto empezó a vender droga para poder pagar su propio hábito. Cumplió dos penas en cárceles de California antes de ser deportado. De regreso en Zamora, dijo, le sorprendió que el crack y la metanfetamina habían echado raíz en su ciudad natal.
"Cuando era niño, aquí no se veían drogas", dijo. "Pero ahora ves a gente vendiendo en todas partes".
Hace dos años, Gutiérrez finalmente dejó la adicción en una clínica federal externa conocida como Centro de Integración Juvenil, utilizando antidepresivos y psicoterapia. Es la única clínica federal para adictos en el estado.
José Francisco Gil Cerda, un psicólogo que dirige la clínica, dijo que los adictos al crack y a la anfetamina tienden a ser agresivos, violentos y paranoicos. La mayoría de ellos empieza usando la droga como una forma de speed, tratando de mantenerse despiertos para trabajar más. Después de un corto tiempo, sin embargo, la droga les priva del sueño, anula su apetito y consume sus órganos, incluyendo el cerebro.
Domingo Castro, 33, vendedor ambulante ahora en la clínica, dijo que trató de matar a su padre a golpes y violó a una amiga íntima de su madre. Dijo que la metanfetamina casi lo mató.
"Con el ice, man, eres como un dios", dijo. "Todo te pertenece. Todo. Pero destruye tu sistema. Te engañas a ti mismo".
Al otro lado de la ciudad, un grupo de 33 adictos a la cocaína y metanfetamina luchan contra sus demonios en un apagado edificio verde de dos pisos que pertenece a Drogadictos Anónimos. Los adictos hacen y venden pan para sustentar al centro.
Típico de los adictos más jóvenes es un hombre de 24 que no quiso ser identificado. Empezó a usar metanfetamina como broma cuando tenía quince en la ciudad de Apatzingán, la sede del reputado cartel Valencia.
Se convirtió pronto en un adicto y empezó a vivir en la calle, y robándole dinero a sus familiares. A los dieciocho, trató de entrar al ejército y sentar cabeza, pero descubrió que entre las tropas el uso de drogas era igualmente desenfrenado.
Así que después de dos años desertó y volvió a la calle, para después vivir en una casa abandonada y vivir de los atracos. Cada dosis de droga cuesta unos cinco dólares y a veces tenía que asaltar a dos o tres personas para reunir el dinero. Estaba muy delgado, sucio, y llevaba una barba enmarañada.
"Llega un momento en que lo necesitas y si no te lo metes, empiezas a sudar y a desesperarte", dijo. "Oyes cosas que no existen. Ves una sombra y crees que es alguien tratando de matarte".
Finalmente, el 1 de enero de 2004, su paranoia y miedo a la policía habían crecido hasta el punto de que le daba pavor salir del edificio en ruinas donde vivía. Volvió a casa de su padre y pidió ayuda. Su padre lo llevó a una clínica privada en Morelia, a doscientos kilómetros de Apatzingán. Desde entonces ha sido una lucha diaria con el silencioso llamado de la droga.
"Tengo miedo", dijo, volviendo sus ojos preocupados hacia la calle de la clínica. "Allá en el mundo es más fácil que te gane la tentación".

21 de octubre de 2007
3 de octubre de 2007
©new york times
©traducción mQh
rss


0 comentarios