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para llegar a estados unidos


[Marc Lacey] Para los cubanos que se acercan a Estados Unidos, México es a menudo la primera parada.
Cortés, Cuba. Los cubanos están emigrando a Estados Unidos en cantidades que no se veía en más de una década, y para la mayoría de ellos, el modo de llegar al norte es encaminándose primero hacia el oeste -hacia México- en una enrevesada ruta que evita a la Guardia Costera norteamericana.
Funcionarios norteamericanos dicen que la inmigración, que se ha convertido en una empresa ilegal de varios millones de dólares al año, ha subido fuertemente debido a que muchos cubanos perdieron la esperanza de que Raúl Castro, que en 2006 reemplazó a su hermano Fidel como presidente, introduzca cambios que mejoren sus vidas. Las autoridades cubanas dicen que la emigración es más económica que política y la fomenta la política de Washington de recompensar a los cubanos que llegan a Estados Unidos ilegalmente.
De hecho, a diferencia de los mexicanos, centro-americanos y otros que viajan en dirección a la frontera sudoeste de Estados Unidos, los cubanos no tienen que entrar furtivamente. Todo lo que tienen que hacer es acercarse a las autoridades norteamericanas en la frontera, aprovechar a policías mexicanos comprensivos y utilizar la política de ‘pies secos, pies mojados', que les brinda la oportunidad de convertirse en residentes permanentes si pueden llegar a suelo estadounidense.
Esto es lo que hizo José Luis Savater, 45, un técnico de neveras de La Habana a principios de octubre para llegar al sur de Florida, que sigue siendo la meta de la mayoría de los emigrantes cubanos.
A Savater le tomó casi cuatro días llegar a Isla Mujeres, una isla frente a la costa de México, en una desvencijada embarcación hecha de madera, fibra de vidrio y aluminio e impulsada por un motor improvisado usado para el regadío en la agricultura. Los quince hombres y una mujer que iban con él hicieron turnos para achicar aguas.
"Es extremadamente peligroso", dijo Savater, por teléfono, mientras se preparaba para salir de Cancún hacia la frontera mexicana. "Me vi muerto. La pasé muy mal".
Pero el siguiente paso fue mucho más fácil: un vuelo a Matamoros, una ciudad fronteriza justo al otro lado de Brownsville, Texas, gracias al dinero girado por familiares en Florida. Algunos funcionarios llaman ‘pies polvorosos' a este nuevo enfoque -los cubanos acercándose a un puesto fronterizo a pedir asilo político.
Las estadísticas dejan claro que aunque la ruta es considerablemente más larga, los cubanos creen que viajar a través de México desde la diminuta aldea costera de Cortés y otros lugares de partida en el lado occidental de Cuba, aumenta sus posibilidades de llegar a Miami. En el año fiscal de 2007, que terminó en septiembre, llegaron casi dos veces más cubanos -11.487- que en 2005.
En comparación, la Guardia Costera interceptó apenas 2.861 cubanos cruzando el Estrecho de Florida en el año fiscal 2007, mientras que otros 4.825 eludieron a las autoridades norteamericanas, llegaron a suelo estadounidense y, bajo la medida de ‘pies secos, pies mojados', solicitaron residencia, de acuerdo a la Guardia Costera.
Las cifras muestran que en el año fiscal 2007, la emigración desde la isla llegó a su más alto nivel desde que dejaran la isla 35 mil cubanos en el éxodo masivo de 1994.
"El motivo que lleva a la gente a arriesgar sus vidas para salir de Cuba es la falta de esperanza y de expectativas", dijo a periodistas Sean Murhpy, cónsul general de Estados Unidos en La Habana a principios de octubre.
La nueva ruta no sólo atrae a emigrantes. Los contrabandistas también están cambiando sus rutas, lo que ha provocado guerras territoriales, que se supone son la causa de una serie de asesinatos de cubanos en la Península de Yucatán, adonde llegan muchos emigrantes durante el verano. Ese área también es utilizada por los narcotraficantes, y se teme que los dos negocios puedan fundirse.
La nueva ruta ha llamado la atención de funcionarios en toda la región, ya que a veces los cubanos se extravían y llegan a otras islas caribeñas o más al sur en América Central.
Manuel Aguilera de la Paz, embajador cubano en México, dijo a periodistas a principios de octubre que la emigración está arriba en la agenda en momentos en que México y Cuba están tratando de mejorar sus tensas relaciones que llevaron a los dos países a retirar brevemente a sus embajadores en 2004.
En Washington, Thomas A. Shannon Jr., subsecretario de estado para asuntos del Hemisferio Occidental, ha expresado su preocupación tanto sobre la emigración como sobre los asesinatos en Yucatán, que se han concentrado en la ciudad balneario de Cancún. "Hay algún tipo de pelea entre las bandas", dijo sobre la violencia. Calificó la nueva ruta de "fenómeno reciente".
La mayoría está de acuerdo en que las agresivas patrullas de la Guardia Costera en el Estrecho de Florida llevó a los emigrantes a buscar la nueva ruta. Esas patrullas aumentaron después del éxodo de 1994, lo que llevó al gobierno de Clinton a adoptar la política de ‘pies secos, pies mojados'. La Guardia Costera devuelve a Cuba a los emigrantes que son capturados en el mar, donde las autoridades han dicho que no tomarán medidas de represalia.
"Ir directamente a Miami es prácticamente una misión imposible", dijo un funcionario norteamericano que está estudiando el asunto, pero no tiene autorización para hablar oficialmente sobre ello.
Sin embargo, en México la costa es patrullada mucho más flojamente y, dicen algunos, es más probable que las autoridades locales hagan la vista gorda si se las soborna.
El rocoso lado este de Isla Mujeres, una isla diminuta cerca de Cancún, es un popular lugar para desembarcar. Pese a la presencia de un puesto de la Armada mexicana, las lanchas cubanas llegan aquí regularmente.
"Nosotros perseguimos a narcotraficantes colombianos, no a cubanos", dijo un recluta de la Armada mexicana que estaba de guardia nocturna en un risco en el punto más alto de la isla.
Funcionarios mexicanos dijeron que cuando la armada intercepta embarcaciones dedicadas al transporte de emigrantes, las escolta hacia la playa. Los contrabandistas son detenidos y se confiscan sus embarcaciones. Pero los emigrantes, en la mayoría de los casos, son multados y dejados en libertad. Tienen treinta días para dejar el país, y un montón de tiempo para marcharse hacia el norte.
Las redes de contrabando mismas se han vuelto más sofisticadas. Los contrabandistas operan desde Miami, con representantes en las costas de Cuba y México, dicen expertos. Utilizan teléfonos satelitales, de modo que las transferencias de emigrantes se hace con precisión militar.
Han instalado casas de seguridad a lo largo de la costa mexicana para ayudar a los cubanos a eludir a las autoridades mexicanas y evitar pagar la multa. Un cubano que llegó a México dijo que le había impresionado la organización.
En México lo esperaban con arroz y frijoles cubanos. A los días estaba en la frontera de Texas con instrucciones sobre qué decir para entrar rápidamente a Estados Unidos. Normalmente, los emigrantes cubanos son entrevistados por agentes que corroboran sus historias y la documentación que portan, y escuchan atentamente los distintos acentos cubanos. Entonces, si no se encuentran expedientes policiales, a los cubanos se les permite entrar al país. Después de un año, pueden obtener un permiso de residencias permanente.
Los tipos de embarcaciones que están siendo usadas son de un nivel superior que de las usadas previamente. Las lanchas que salían de Cuba eran completamente improvisadas: tubos amarrados, o botes oxidados impulsados por motores de coches o remos o incluso, en un caso al menos, una podadora.
Mientras muchos, como Savater, el técnico de neveras de La Habana, todavía viajan de ese modo, por el precio adecuado los cubanos hoy en día pueden abordar lanchas modernas y elegantes con tres motores fuera de borda de 275 caballos colgando por detrás.
"Parece que se van a echar a volar", dijo un pescador en la costa sudoeste de Cuba, que ha divisado las lanchas y habla sobre ellas con envidia.
Las lanchas se acercan a un sitio acordado de antemano a lo largo de la costa cubana, son cargadas rápidamente y zarpan. El precio de este servicio rápido excede en muchos casos los diez mil dólares. Alguna gente -la mayoría jóvenes que conocen bien la costa- sube sin pagar toda la tarifa, dicen cubanos familiarizados con el negocio, pero tienen que prometer que colaborarán con la red de contrabando y volverán a recoger a más emigrantes.
Las autoridades cubanas paran rara a vez a tiempo estas embarcaciones. Han montado puestos de control a lo largo de la costa y prohibido a los habitantes de la localidad que pesquen a lo largo de algunos tramos de playa para controlar las nuevas rutas de escape. Pero el flujo continúa, en general desde las remotas playas del lado occidental de la isla.
"Para allá queda México", dijo un pescador cerca de Cortés, arrastrando su bote hacia la playa en un popular sitio de contrabando y apuntando hacia el oeste. "Esa es la nueva ruta".
Cuando las autoridades cubanas ven zarpar a una lancha, utilizan altavoces para advertir a los viajeros sobre los peligros del viaje y les piden que vuelvan. Pero las lanchas rara vez retornan. Si una lancha se dirige hacia Florida, llaman por radio a la Guardia Costera norteamericana. Si se encaminan hacia México, elevan los brazos en el aire.
"Estoy vigilando", dijo un joven recluta de la Guardia Costera cubana frente a Cortés, en lo que parecía una torre de salvavidas de unos nueve metros para tener mejor vista. Aunque tenía binoculares potentes, el tramo de costa que tenía que vigilar era bastante grande.
Más hacia el oeste, en otro centro de transporte de emigrantes, en Cabo Francés, el ejército ha instalado una base en la playa y colocado una rama de árbol cruzada en la única entrada con un pequeño letrero de cartón declarándola zona militar. Los vecinos de la localidad no podrán pescar aquí hasta que se solucione el problema.
Como muchas de las relaciones cubano-norteamericanas, la emigración provoca mala sangre.
La Habana culpa a Washington del éxodo, diciendo que permitir que los cubanos que llegan ilegalmente a Estados Unidos residan permanentemente es un incentivo para que la gente arriesgue su vida en el mar. Las autoridades cubanas se quejan igualmente por el hecho de que Washington ha otorgado sólo quince mil de las veinte mil visas prometidas bajo un reciente acuerdo de emigración que permite a los cubanos entrar legalmente a Estados Unidos.
Estados Unidos tiene otra opinión. Funcionarios norteamericanos dicen que la represión oficial es el motivo que lleva a la gente a arriesgar sus vidas en el mar. Y dicen que los funcionarios cubanos no han permitido que la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana contrate suficiente gente para encargarse de la tramitación de las solicitudes de visado.
En México, los habitantes de la costa aceptan la llegada de los cubanos, con un deje de resentimiento. "Es triste que un mexicano no pueda entrar a Estados Unidos cuando llega a la frontera, y un cubano sí puede", dijo Alba Ríos, residente de Isla Mujeres que ha observado grupos importantes de cubanos de Miami que llegan a la isla a ayudar a los emigrantes.
Algunos mexicanos se están inspirando en los cubanos. Se ha desarrollado todo un negocio en documentos de identidad cubanos, y algunos emigrantes mexicanos listillos están ahora practicando acentos cubanos y ensayando dramáticas historias sobre los horrores que han sufrido en La Habana con las que piensan convencer a los gentes de la Patrulla Fronteriza norteamericana.

Elisabeth Malkin contribuyó al reportaje desde Ciudad de México.

30 de octubre de 2007
©new york times
©traducción mQh
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