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nadie sabe nada sobre el alzheimer 1


[Terry McDermott] Los científicos no se ponen de acuerdo sobre el Alzheimer. Todavía no saben a ciencia cierta qué causa la enfermedad ni cómo curarla. Y lo que se juega es mucho.
San Francisco, Estados Unidos. Una cálida tarde de otoño, hacia el final de todo un día de presentaciones con PowerPoint, un amable tío de pelo cano llamado Michael Merzenich habló ante una sala llena de neurólogos y ejecutivos farmacéuticos y declaró que, en realidad, podrían empacar y marcharse a casa. Pensaba que podía detener el mal de Alzheimer sentando a los pacientes frente a la pantalla de un ordenador durante algunos meses, y volviendo a ajustar sus cerebros.
Lo que extraño acerca de la proposición de Merzenich fue que no pareció rara en absoluto. En el podio lo habían precedido -y fue sucedido al día siguiente- por una procesión de investigadores que ofrecieron prescripciones ampliamente diversas para hacer frente a la enfermedad, muchas de ellas tan complicadas como la comparativamente simple receta de Merzenich.
Los científicos achacaron el mal de Alzheimer a proteínas anormales, conexiones neuronales rotas, mapas genéticos erróneos, a todo, en realidad, excepto las fases de la luna. Aquí y en otros lugares han diseñado durante años planes para combatir la enfermedad con todo el poder de fuego de las grandes compañías farmacéuticas que pudieron reunir. Pero también hablaron de inhalar insulina, comer cúrcuma, compensar las deficiencias vitamínicas, inyectar células madre e inventar vacunas neuro-protectoras. No parece posible que estuvieran hablando de la misma enfermedad, ¿no es así?
Un mes después de San Francisco, en otro congreso (esta vez en Nueva York), algunos de los mismos participantes ofrecieron en gran parte los mismos datos, pero con teorías todavía más novedosas. Un mes después, la exposición itinerante se trasladó a San Diego, donde se agregaron a la lista explicaciones todavía más alternativas.
Como en el caso de Merzenich, cuando alguien está parado frente a un grupo de científicos excesivamente brillantes y dedicados y ofrece una teoría radicalmente diferente de lo que ha estado diciendo el resto del mundo en la sala, nadie pestañea. Ni siquiera parece que se den cuenta. No era que los otros científicos pensaran que Merzenich estaba equivocado o tuviera razón o estuviera loco. Es un neurólogo muy respetado. En la investigación sobre el mal de Alzheimer, un montón de gente parece haber dejado de creer que alguien pueda estar equivocado, tener razón o estar loco. Por lo general, se encogen de hombros.
Revisando las ideas propuestas en el congreso de Nueva York, Grant Krafft, presidente de Acumen Pharmaceuticals Inc., de San Francisco del Sur, sacudió su cabeza y suspiró. "Hoy escuchamos un montón de teorías idiotas", dijo.
Actualmente en Estados Unidos hay cinco fármacos aprobados para el tratamiento del Alzheimer, uno de los cuales causa severos problemas y es rara vez recetado. Los otros cuatro consumen cuatro mil millones de dólares al año. No hacen nada para parar el Alzheimer y sólo tienen efectos marginales, a menudo transitorios sobre sus síntomas. Se venden porque hay poco que ofrecer a la gente que sufre el mal que deteriora la mente.
Hay 56 fármacos más en alguna fase de experimentación clínica regulados por la Administración de Alimentos y Fármacos; excepto sus creadores, pocos guardan esperanzas de que funcionen alguna vez. A veces, ni siquiera los creadores son optimistas.
Wyeth, una compañía farmacéutica con sede en Nueva Jersey, tiene diez fármacos contra el Alzheimer en alguna fase de experimentación clínica. Las compañías tienen tantas dificultades en traducir sus investigaciones en tratamientos efectivos de la enfermedad neurológica que Wyeth decidió poner a prueba todo lo que tenía y ver qué funcionaba, si acaso.
Neil Buckholtz, director de demencias de la sección geriátrica del Instituto Nacional de Geriatría, dijo que la industria farmacéutica tiene pocas opciones. "Esta es básicamente una estrategia de pruebas aleatorias... Simplemente tenemos que ver si alguna teoría funciona. Se gasta mucho tiempo y es muy caro, pero es el único modo de saber si las cosas funcionan o no".
Aleatorio o no, después de oír a los científicos discutir sobre el Alzheimer y cómo curarlo, es difícil llegar a otra conclusión que, al menos por el momento, la batalla contra el Alzheimer es un caos.

Qué Está en Juego
Los estragos individuales que causa el mal de Alzheimer son bien conocidos. Es una de las varias, y de lejos la más común de las llamadas enfermedades neurodegenerativas; literalmente, la enfermedad destruye el cerebro.
El Alzheimer afecta primero las áreas donde se codifica la memoria reciente. Los primeros síntomas incluyen episodios incidentales de olvidos a menudo ignorados como ‘achaques de la vejez'. Los síntomas progresan, lentamente al principio, hacia disrupciones más frecuentes de la memoria, y a problemas cognitivos más amplios, como confusión, desorganización y desorientación. Finalmente, a medida que la enfermedad se abre camino hacia más áreas del cerebro, altera la personalidad y destruye el yo, reduciendo a la víctima a poco más que un cuerpo cálido que necesita cuidados.
Se calcula que cinco millones de estadounidenses sufren de Alzheimer. Esa cifra ha crecido exponencialmente en los últimos tiempos; irónicamente, a medida que mejoran los cuidados médicos y la gente vive más años, continuará creciendo.
Para 2010, el mal de Alzheimer costará a Medicare unos 160 mil millones de dólares al año. Para 2035, podría superar el presupuesto de defensa. Un análisis calcula que para 2050, el Alzheimer costará a Medicare más de un trillón de dólares al año. Esas cifras no incluyen los seguros médicos privados ni los costes no asegurados.
"Desde un punto de vista social y económico, se trata del dinero, del creciente desvío de recursos para mantener en vida a aquellos que cada vez más van perdiendo su relación con sus vidas", escribió hace poco Harry Tracy en NeuroInvestment, el boletín de noticias de su industria. "No hay un problema de salud pública más grande que este acechando al mundo desarrollado".
Mientras los costes del Alzheimer se disparan, los fondos federales que se gastan en su investigación ha sido congelados y se espera que en términos reales sigan disminuyendo en el futuro a medida que recrudece la competencia por ellos. Con la reducción de los fondos destinados a su investigación, los crecientes costes del tratamiento de la enfermedad son para algunos una aciaga combinación.
Andy Grove, ex presidente de Intel Corp., habló este años en el congreso de la Sociedad de Neurocencias en San Diego. Grove, que sufre de Parkinson, dijo que lamentaba la ausencia de un ataque a gran escala contra los trastornos neurodegenerativos. "Estamos a punto de vivir una explosión de los casos de Alzheimer... Esta situación se la puede comparar con los astrónomos que siguen a un meteoro avanzando hacia San Diego, pero con un objetivo calculado con precisión en cuanto a lugar y tiempo. ¿Qué haríamos si estuviéramos en una situación semejante? Creo que lo tomaríamos con un poco más de seriedad que la que brindamos al meteoro económico que avanza hacia nosotros".

19 de enero de 2008
27 de diciembre de 2007
©los angeles times
cc traducción mQh
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