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crisis del pan fomenta extremismo


Una apertura para los fundamentalistas musulmanes. En Oriente Medio, los programas de caridad islámicos están llenando una brecha alimentando a los hambrientos que dejan los desenfrenados precios de los alimentos -y sus aliados políticos ganan terreno.
[Borzou Daragahi] Amán, Jordania. El aroma del pan recién hecho apacigua al cuarto atiborrado de mujeres cubiertas por mantas deshilachadas y desgastadas chancletas. Agradecidas por la ayuda, salen de un centro de servicio social de la Hermandad Musulmana y se internan por un callejón lleno de basura, llevando bolsas de plástico con galletas de pan.
Durante cinco años el gobierno jordano ha reprimido las ambiciones electorales y programas de caridad de la organización islamita, por temor a que utilice sus buenas obras para obtener apoyo político.
Pero la crisis global de los alimentos ha creado nuevas oportunidades para la Hermandad y otras organizaciones extremistas en todo el mundo musulmán. Los precios cada vez más inasequibles dan fundamento a las críticas contra los gobiernos autocráticos y empujan a más personas hacia grupos fundamentalistas. Aunque la Hermandad Musulmana obtuvo pobres resultados en las elecciones municipales del año pasado, viene ganando terreno firmemente en los últimos meses, atrayendo votos para el liderazgo de los gremios de Jordania.
"Antes perdíamos algunos y ganábamos otros. Ahora los ganamos todos", dijo Zaki Bani Arshid, líder del Frente de Acción Islámica, el partido político de la Hermandad Musulmana de Jordania. "El gobierno que ha tratado durante años de marginarnos, ahora nos ha dado un gran regalo".
Las alzas de los precios de los alimentos ha puesto en jaque los objetivos de Estados Unidos en Oriente Medio en momentos críticos, cuando está intentando ganar apoyo de gobiernos amigos que apoyan su iniciativa de paz israelí-palestina y para hacer frente a Irán y al Qaeda.
Analistas y funcionarios temen que la crisis provoque revueltas por los alimentos.
La indignación ha tomado un tono cada vez más antinorteamericano, incluso entre políticos elegidos. Algunos legisladores egipcios, por ejemplo, han acusado a Estados Unidos de haber causado la crisis, conspirando para mantener a su país dependiente de las importaciones de trigo.
"Si examinamos los principales factores detrás del alza de los precios de los alimentos en todo el mundo y la amenaza del hambre y los disturbios políticos, podemos llegar rápidamente a la conclusión de que el gobierno de Bush y la banda de neo-conservadores y su estúpida decisión de declarar guerras externas... están, en la práctica, detrás de esta grave crisis", decía en abril una columna en el diario pro-gobierno Al Watan, en Omán, un aliado incondicional de Estados Unidos.
"Estados Unidos es responsable de lo que está ocurriendo", dijo Arshid, del Frente de Acción Islámica de Jordania. "Estados Unidos apoya a esos regímenes corruptos".
La frustración es potencialmente más explosiva aquí que en otras partes más democráticas del mundo en desarrollo.
"La gente puede tolerar cualquier cosa, excepto que haya problemas con los alimentos", dijo Labib Kamhawi, economista jordano y crítico del gobierno. "La policía política no puede abrir un expediente sobre los hambrientos, como lo hace con los activistas políticos. Cualquier día te despiertas y es el caos".
Funcionarios en todo Oriente Medio han empezado a importar alimentos, implementar controles de precios, derogar aranceles de importación para los alimentos y congelar los precios de futuras compras de trigo y arroz. También han empezado a preparar los campos locales para la producción de trigo y a introducir reformas monetarias.
Marruecos ha decidido gastar dos billones de dólares para aumentar los salarios del sector público. En Egipto, donde el pan subvencionado es sinónimo del vínculo del pueblo con el estado, estallaron en los años setenta mortíferas revueltas cuando el presidente Anwar Sadat sopesó eliminar los subsidios. El presidente Hosni Mubarak está trabajando por apaciguar una atmósfera explosiva marcada por una creciente tasa de inflación, disturbios laborales, huelgas y temores de que vuelvan a aparecer esas largas colas del pan.
Jordania y Egipto han aumentado los salarios oficiales y las pensiones en más de un veinte por ciento. Y el ministerio libanés de Asuntos Sociales planea multiplicar por ocho la cantidad de personas que reciben ayuda del gobierno.
Funcionarios del gobierno jordano consideran como principal prioridad la actual situación económica, que es una amenaza creciente, dicen los analistas. Los funcionarios recuerdan las revueltas que estallaron en 1971 cuando aumentó el precio del azúcar y en 1996, cuando aumentó el precio del pan.
"El gobierno entiende lo grave de la situación", dice Fahd Khitan, columnista y editor del diario independiente de Amán, Arab Today.
Pero la conciencia no ha sido suficiente para anticipar las repercusiones económicas en un país donde el ingreso anual per cápita es de unos 5.500 dólares y el sesenta por ciento de los trabajadores ganan salarios fijos como empleados del sector público.
Desde octubre, los precios de la carne y el pollo han aumentado en un treinta por ciento. El precio de una docena de huevos se ha prácticamente duplicado, hasta alcanzar los 2.30 dólares. Y las verduras han aumentado a una tasa todavía mayor -los calabacines han subido de veinticinco centavos el medio kilo, a ochenta; y los tomates han pasado de nueve centavos el medio kilo, a 45 centavos.
Los jordanos dicen que han visto a hombres en estado de trabajar rebuscando en tachos de basura. Familias de clase media han empezado a vender sus enseres personales para mantener su estilo de vida o han renunciado a las frutas o al cordero durante semanas.
Mohammed Hadid, líder de una tribu que entrega reclutas a las fuerzas armadas, se sorprendió cuando un soldado retirado de su tribu le dijo que no había comido carne en cinco meses.
"Todavía lo estoy asumiendo", dijo Hadid.
Pese a la naturaleza global del alza de los precios, gobiernos en todo el mundo árabe han recibido críticas especialmente duras.
Empleados del servicio público, especialmente lo que han servido en las fuerzas de seguridad, se aferran a la concepción del estado como proveedor. Pero las medidas adoptadas en los últimos años han debilitado el control oficial de los precios. Las campañas de privatización y la retórica a favor del libre mercado sólo han nutrido la percepción de los gobiernos como corruptos, dando pie a alegatos de que los gobiernos pro-norteamericanos de la región son lacayos corruptos que sólo sirven los intereses de la élite.
"El equipo económico no cree en los pobres", dice el economista Kamhawi, que consulta a menudo a altos funcionarios jordanos. "Sólo se preocupan de los ricos. Dicen que los pobres son fracasos y no tienen interés en ayudarles".
Quienes se oponen a los gobiernos pro-norteamericanos en Oriente Medio han estado aferrándose a la crisis de los alimentos.
"Bizcocho para los Trabajadores", retumbaba un titular en la primera plana de la edición del 30 de abril de Al Akhbar, un diario libanés aliado a la milicia chií de Hezbollah. Era el título de un artículo sobre la tardanza del gobierno en aprobar un aumento del salario mínimo.
Aparte otras organizaciones benéficas islámicas y el brazo social de grupos militantes como Hezbollah o Hamas, no hay otros grupos que se dediquen a aliviar las presiones sobre los pobres.
En Pakistán los padres están enviando a sus hijos a las escuelas religiosas madrasas en lugar de las escuelas públicas, seducidos por los almuerzos gratis. Las escuelas religiosas son terrenos privilegiados para campañas de reclutamiento de organizaciones militantes.
En el Líbano, organizaciones benéficas musulmanes sunníes financiadas por saudíes y partidos políticos, así como Hezbollah, protegen a sus seguidores de los peores efectos del aumento de los precios de los alimentos.
"Este sistema de ayudar económicamente a los pobres que implementan algunos partidos políticos ha creado una enorme lealtad hacia los políticos, en detrimento de las instituciones del estado", dice el analista Ziad Ayoubi.
En Jordania, el Frente de Acción Islámica ha incrementado sus programas de solidaridad, ofreciendo canastas familiares y ayuda económica a 32 mil familias. Las peticiones de ayuda han aumentado este año en un treinta por ciento, dijo Murad Adaileh, que dirige los programas de servicio social de la organización. Las solicitudes de pan gratis han aumentado en un cincuenta por ciento desde principios de año.
Algunos días la cola frente al centro de distribución de alimentos se extiende hacia la calle. Los pobres llegan en grandes grupos. Wafa Mansour, 39, una madre con cara de querubín, recoge pan día por medio. "Está todo tan caro", dice. "Ya no puedo comprar ni verduras ni carne".
Elementos de oposición dirigidos por el Frente de Acción Islámica han llamado a montar huelgas para protestar por los precios y los planes de privatización del gobierno y han convocado a un seminario este mes para discutir la situación.
"Los islamitas quieren cosechar los beneficios" de la crisis, dijo el economista Kamhawi. "Ganarán por omisión".
Analistas y funcionarios temen que la clase media sea privada de su poder de compra y que más jóvenes musulmanes sean atraídos por grupos extremistas.
Los países árabes están considerando la creación de un fondo de emergencia para ayudar a atenuar los crecientes precios de los alimentos, informó la agencia de noticias jordana Petra.
Muchos jordanos dicen que miembros del ejército, el pilar del régimen, están siendo golpeados duramente por la crisis, y no pueden llegar a fin de mes con sus salarios de menos de diez dólares por día.
"Agentes de policía y miembros del ejército se quejan cada vez más sobre todo", dijo Mohammed Masri, analista del Centro de Estudios Estratégicos de la Universidad de Jordania.
Hadid, el líder tribal, recibió hace poco informes sobre agentes de las fuerzas de seguridad que venden armas.
"En el futuro, no será necesario que al Qaeda traiga armas y bombas desde fuera de Jordania", dijo Hadid. "Las obtendrán aquí. Las circunstancias permitirán que al Qaeda penetre el aparato de seguridad".
Hizo una pausa. "Habrá explosiones".

daragahi@latimes.com

Jeffrey Fleishman en El Cairo contribuyó a este reportaje.

26 de junio de 2008
18 de mayo de 2008
©los angeles times
cc traducción mQh
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