Blogia
mQh

un secreto afgano


Un secreto afgano revelado pone fin a una era.
[Carlotta Gall] Khoja Ghar, Afganistán. Le ordenaron enterrar dieciséis cuerpos en mitad de la noche; el desconfiado y joven oficial de ejército trató de recordar la ubicación, contando silenciosamente los pasos entre la fosa común sin marcas y la carretera.
En Khoja Ghar enterró veintinueve cuerpos.
Por otros soldados se enteró de que habían enterrado al primer presidente de Afganistán, Sardar Mohammad Daoud Khan, y su familia. Su asesinato, durante un golpe comunista en esos tumultuosos días, precipitó tres décadas de guerra civil en Afganistán, una sucesión de conflictos que aún no han sido resueltos y que han afectado a todas las familias afganas.
Pasaron treinta años, y la relativa estabilidad y libertad del régimen del presidente Hamid Karzai antes de que el ex agente, Pacha Mir, revelara su secreto. Con su ayuda y la de otro testigo, el gobierno ha identificado finalmente los restos del ex presidente y su familia y ha anunciado preparaciones para volver a sepultar los cuerpos con un funeral de estado las próximas semanas.
Daoud fue el fundador de la República de Afganistán y una destacada figura en el desarrollo del estado moderno. Derrocó a su propio primo, el último rey de Afganistán, Mohammad Zahir Shah, en un golpe en 1973, pero fue su propio asesinato cinco años más tarde lo que arrojó al país a una carnicería y al caos.
"Si le preguntas a cualquier afgano cuándo empezó todo esto, te dirá que fue por eso, por el asesinato de Daoud, que fue el momento decisivo", dijo Nadir Naeem, 43, miembro de la familia real afgana y nieto de Daoud. "El último día que Afganistán fue independiente, fue el 27 de abril de 1978".
Dieciocho miembros de la familia Daoud fueron asesinados esa noche en el palacio presidencial, junto con varios funcionarios y ayudantes. Fueron enterrados al abrigo de la oscuridad en las afueras de la ciudad. Pero prácticamente nadie sabía dónde.
Las víctimas incluían a la esposa del presidente y su hermana; su hermano, Naim Khan; sus tres hijos; sus tres hijas; un yerno y una nuera; y cuatro nietos, uno de los cuales tenía dieciocho meses.
La versión popular de la masacre, que Naeem volvió a relatar, es que la familia fue ultimada entre las cuatro y las cinco de la mañana del 28 de abril de 1978. Después de un día de feroces combates, un capitán de ejército llamado Emamuddin entró al palacio con una unidad de hombres para arrestar a Daoud. El presidente se negó a acompañarlo y disparó contra los hombres con una pistola. Los soldados amotinados respondieron con una lluvia de balas.
El asesinato del presidente provocó de inmediato veinte meses de derramamiento de sangre por los comunistas, que terminó con la llegada de las tropas soviéticas en diciembre de 1979 y su ocupación de Afganistán durante diez años, que se cobró la vida de miles de afganos desaparecidos o masacrados.
Muchas víctimas fueron enterradas en tumbas anónimas en o cerca de un área de tiro militar en Pul-i-Charkhi, una zona al oriente de la capital, Kabul. Allá es donde los investigadores del gobierno empezaron a buscar durante el verano pasado, con la ayuda de dos viejos testigos.
Uno de ellos era Pacha Mir, al que, siendo entonces un joven teniente a mando de una unidad de mantención, le ordenaron esa noche enterrar una camionada de cadáveres cerca de su base en Pul-i-Charkhi.
Hoy un general en retiro, recordó en una entrevista que él y sus colegas oficiales, dejaron los cuerpos en una trinchera. Dijo que luego se metió entre los muertos para volverles la cara hacia la Meca, respetando la tradición musulmana.
"No podía reconocerlos, pero sabía que era la familia de Daoud Khan", dijo. Recordó que uno de los choferes le dijo que había trabajado durante un largo tiempo para la familia. Dijo que uno de los cabecillas del golpe, el mayor Aslam Watanjar, asistió al funeral.
Cuando le ordenaron echar tierra sobre los cuerpos, Mir cogió una lona del camión y la tendió sobre los cuerpos. Luego, al marcharse, contó noventa pasos hasta el camino, con el fin de recordar el lugar. A la noche siguiente, su sargento debió enterrar trece cuerpos más en otra fosa cercana.
Poco después, Mir huyó de la capital y se unió a la resistencia anticomunista en las montañas. Fue solo años después que se acercó a la familia Daoud y contó su historia.

Campesino de la localidad, Mawla Gul, entonces de dieciséis, se enteró del secreto cuando topó con soldados en la tierra de su familia en los días posteriores al golpe comunista. Le contó a su madre. Ella le instó a marcar el lugar de la sepultura con piedras y plantar en el sitio una bandera de mártir, que fue lo que hizo tres meses más tarde, después de que los soldados se hubiesen marchado.
Su acción fue suficiente para que el gobierno allanara su casa. El adolescente huyó hacia las montañas para unirse a los muyahedin. Su familia huyó hacia Pakistán.
Gul mantuvo el secreto hasta que se reunió con la comisión del gobierno que investigaba la zona cerca de su pueblo, Khoja Ghar, hace seis meses. Entonces les guió hacia el lugar.
Sardar Mahmood Ghazi, otro nieto de Daoud, estaba allá cuando empezaron a cavar. Le dijo a Mir que viajara desde su casa en Khost para ayudarlo. El general proporcionó la última clave.
"Estábamos todos en la cumbre de un cerro, y él dijo: ‘Este es el lugar’". Mir apuntó hacia un terreno y dos días más tarde los investigadores los encontraron, dijo Ghazi.
Tomó meses identificar los restos. Después de tantos años en la tierra, la lona que Mir recordaba haber usado para cubrir los cuerpos, se había podrido, dejando sólo los anillos, dijo el doctor Faizullah Kakar, el viceministro de salud, que dirigía la investigación.
La mayor parte de la ropa se había desintegrado. Los miembros de la familia reconocieron a la hermana del presidente, Ayesha, por una bota ortopédica. Omar, el hijo del presidente, fue identificado por los ganchos de los tirantes que usaba, dijo Kakar.
Finalmente Daoud fue identificado por sus moldes dentales y por un pequeño Corán dorado que llevaba en el bolsillo interior de su chaqueta, dijo.
Uno de los ayudantes del presidente, el general Anwar Shah Khan, dijo que el Corán había pertenecido a Daoud, a quien se la había regalado el rey de Arabia Saudí, dijo Kakar.
La comisión incluso entrevistó al criado del presidente, Ghulam Darwish, que se encargaba de lavar la ropa de Daoud. Darwish confirmó que el presidente llevaba el Corán en el bolsillo.
Examinando los restos, los investigadores especularon que el presidente fue alcanzado por una ráfaga de balas, dijo Kakar. También había dos agujeros de bala en lo que quedaba de la camisa de su hijo Omar, dijo.
Otros dos familiares -la cuñada de Daoud y una biznieta, que fueron heridas el día del golpe y murieron más tarde en un hospital- siguen desaparecidos. El resto de la familia fue encarcelado y más tarde exiliados. Volvieron a Afganistán sólo después de la caída de los talibanes en 2001.
El funeral de Daoud cerrará no solamente uno de los capítulos más sangrientos de la historia afgana, sino también llevará algo de paz a los familiares sobrevivientes, algunos de los cuales fueron heridos en los fusilamientos de hace treinta años.
Gazhi y Naeem, los nietos, dijeron que esperan que el nuevo entierro pueda allanar el camino de un proceso de reconciliación nacional o incluso para una comisión de la verdad para abordar los numerosos crímenes de guerra cometidos durante cada uno de los gobiernos afganos desde 1978.
"No hemos vuelto para vengarnos", dijo Ghazi, cuyo padre, Mohammed Nizam, un yerno del presidente y funcionario del ministerio de relaciones exteriores, fue asesinado junto con su abuelo. "Hay que descubrir la verdad y ponerla a disposición del pueblo afgano".
Para la familia, el descubrimiento ha sido una liberación.
"Como musulmanes", dijo Ghazi, "tenemos que enterrarlos y encontrar un lugar donde rezar. Si conseguimos eso, entonces podemos descansar".

13 de febrero de 2009
31 de enero de 2009
©new york times
cc traducción mQh
rss

0 comentarios