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el camino hacia la seguridad


Escuchamos con alivio y optimismo el discurso sobre terrorismo y política de detenciones del presidente Obama.
Durante siete años el presidente George W. Bush trató de asustar a la opinión pública estadounidense -y logró intimidar al Congreso- con matonaje y desinformación. El jueves el presidente Obama dijo la verdad. Fue un momento de coraje político que hará más seguro este país.
Obama habló con la razón cuando dijo que los estadounidenses no tienen que elegir entre la seguridad y sus valores democráticos. Al desconocer esos valores, el equipo de Bush nutrió los sentimientos antinorteamericanos, fortaleció a nuestros enemigos y contribuyó a la vulnerabilidad del país.
No es probable que esa lucidez ponga fin a las posiciones partidistas. Ciertamente no tranquiliza a ex vicepresidente Dick Cheney, que el jueves se dedicó se lleno a sembrar miedo. Pero esperamos que los legisladores que esta semana votaron contra el cierre de la cárcel de Bahía Guantánamo, Cuba -empezando con el líder de la mayoría en el Senado-, hayan escuchado atentamente.
No estamos de acuerdo en todo con las soluciones de Obama, especialmente su oposición a permitir la liberación -por orden judicial- de fotografías que muestran a prisioneros siendo maltratados y la posición que ha asumido con respecto a los secretos de estado. Pero el curso que ha diseñado se ha basado generalmente en el debido proceso y en las instituciones democráticas.
Obama rechazó derechamente las aseveraciones de Cheney de que la tortura salvó "cientos de miles" de vidas y recordó a los estadounidenses que esos abusos fueron inefectivos, crearon más terroristas que los que fueron llevados a justicia, destruyeron el prestigio del país y harán mucho más difícil el enjuiciamiento de algunos de los terroristas más peligrosos.
Al afirmar que la política de detenciones tiene que basarse en la ley y estar sometida al escrutinio del poder judicial, Obama expresó la profunda verdad que evitaba Bush: "En nuestro sistema constitucional, la detención prolongada no debería ser una decisión que tome una sola persona".
Obama dijo que no tenía ninguna intención de liberar a terroristas peligrosos, pero agregó que algunos detenidos deben ser juzgados y encarcelados en este país -un mensaje a los legisladores demócratas que primero exigieron el cierre de Guantánamo y ahora adoptan la ridícula posición de que los reos no deben poner pie en el continente, ni siquiera esposados y en dirección a una cárcel de alta seguridad.
Obama dividió los prisioneros en cinco categorías, empezando por los que pueden y deben ser juzgados en tribunales penales civiles por cargos de terrorismo.
Hay prisioneros en Guantánamo que violaron las leyes de la guerra y deben ser juzgados en tribunales militares, pero no los que fueron creados por el Congreso en 2006. Con esa ley no se debe jugar. Debería ser anulada y esos prisioneros deberían ser juzgados según el código militar.
Algunos prisioneros pueden ser trasladados a la custodia de otros gobiernos y algunos, los que no cometieron ningún delito, deben ser liberados. Y, sí, a algunos se les debe permitir que vivan en Estados Unidos.
La categoría más difícil es la de los prisioneros -como Abu Zubaydah, un importante dirigente de al Qaeda- que parecen terroristas extremadamente peligrosos pero fueron torturados. Es difícil imaginar cómo podrían ser juzgados con esas evidencias. Algunos pueden ser juzgados por terrorismo, como Ahmed Ghailani, al que el gobierno está trasladado correctamente a un tribunal civil federal para ser juzgado por delitos relacionados con los atentados con bomba contra las embajadas en África en 1998.
Obema prometió tratar al resto de los prisioneros según la ley y la constitución, pero admitió sinceramente no saber cómo exactamente. Hay propuestas para crear un nuevo régimen de "detención preventiva" que no estamos convencidos de que lo necesitemos.
Mientras avanza, es de esperar que Obama no olvide lo que dijo el jueves. El problema no es el delito de terrorismo, del que el poder judicial puede dar cuenta perfectamente. El problema es el modo en que Bush socavó ese sistema -y la reputación y seguridad del país- con sus políticas de detenciones arbitrarias y abusos.

22 de mayo de 2009
©new york times
cc traducción mQh
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