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terroristas frustrados en europa


Pero ¿por qué? Cuatro hombres dicen que su experiencia en un campo de adiestramiento en Pakistán no era lo que esperaban. Funcionarios antiterroristas se preguntan si no están esperando el momento oportuno para atacar en Europa.
[Sebastian Rotella] Bruselas, Bélgica. Decididos a morir como mártires, militantes franceses y belgas compraron botas de montaña y ropa interior térmica y viajaron a las montañas de Waziristán.
Después de ser robados en Turquía y de pasar por Irán enterrados hasta la cintura en la nieve, el pequeño grupo llegó el año pasado a la guarida de al Qaeda en Afganistán, pensando que serían recibidos triunfalmente.
"Esperábamos al menos una bienvenida para ‘nuestros hermanos de Europa’ y un clima de hospitalidad", dijo Walid Othmani, un francés de veinticinco años, de Lyon, durante un interrogatorio nocturno en enero.
En lugar de eso -y al menos un estadounidense-, aprendieron que la vida a la sombra de los bombarderos es desagradable, bestial y breve.
Sospechando que podían ser espías, los jefes de al Qaeda interrogaron a la media docena de belgas y franceses que componían el grupo. Les cobraron 1.200 dólares por cada rifle AK-47, municiones y granadas. Les hicieron rellenar formularios con los datos de sus familiares y les preguntaron si preferían la guerrilla o los atentados suicidas.
Luego los reclutas se dedicaron durante meses a escapar de los bombardeos aéreos. Soportaron enfermedades, riñas y tedio, apiñados en atiborrados recintos que desmentían las heroicas imágenes de campamentos llenos de fraternales guerreros.
"Lo que ves en los videos en la red, es todo mentira", dijo Othmani a la policía. "El jefe nos dijo que los videos... servían para impresionar al enemigo e incitar a la gente a ir a pelear, y sabía que eran falsos y que eran propaganda".
Dejando de lado la desilusión, las versiones de los cuatro militantes retornados y detenidos en Europa se combinan con interceptaciones para ofrecer una detallada imagen de los campamentos secretos de al Qaeda. También refuerzan las informaciones de inteligencia de que una campaña de bombardeos aéreos con Predators no tripulados hizo surgir sospechas y confusión y creó tensiones con las tribus al noroeste de Pakistán, dicen funcionarios antiterroristas.
Al mismo tiempo, el caso muestra que testarudos militantes todavía libran guerra en el sur de Asia y se ocupan de adiestrar a un flujo persistente de reclutas extranjeros. Los escasos reclutas de Occidente siguen siendo un problema urgente. Al menos un estadounidense fue detectado -un convertido al islam que fue adiestrado por al Qaeda en Pakistán el año pasado, dicen funcionarios occidentales.
Las rutas de militantes de Estados Unidos y Europa pueden cruzarse: fiscales en Bruselas han solicitado interrogar a un testigo que reside ahora en Estados Unidos que estuvo en Pakistán con los sospechosos europeos, dijo un funcionario antiterrorista belga.
La policía en Europa trazó la radicalización del grupo y viajó con la ayuda de interceptaciones en tiempo real -corroborando las confesiones- y aprovecharon el uso que hacían los hombres de internet. Los temores de un atentado inminente aceleraron su detención aquí en diciembre después de que Hicham Beyayo, 25, un belga que acababa de volver a Pakistán, enviara por correo electrónico un inquietante mensaje a su novia.
"Me marcho para una O [operación] y no creo que vuelva", escribió Beyayo el 6 de diciembre, de acuerdo a documentos de la investigación. "Mi petición fue aceptada. Recibirás un video mío de la organización".
Beyayo dijo a la policía que lo había inventado para impresionar a su novia. Pero los detectives creen que el grupo puede haber estado preparado para misiones en casa.
"Eran mucho más valiosos para operaciones en Europa", dijo el funcionario antiterrorista belga que, como otros entrevistados, pidió conservar el anonimato debido a que la investigación está aún en curso. "Al Qaeda no necesita a belgas y franceses para pelear en Afganistán".

Resistencia Islámica Es Cara
Beyayo es un hombre de 1.67 metros, regordete y con gafas. Como los otros, es de origen norafricano. Creció en el rudo barrio de Anderlecht en Bruselas, y sus hermanos han estado presos por robo y tráfico de armas. Pero él no tiene antecedentes criminales. Beyayo combinaba las clases en la universidad con el islam fundamentalista.
"Es el intelectual de la familia", dijo su abogado, Christophe Marchand. "No tiene nada contra Bélgica. Fue a Afganistán para unirse al movimiento de resistencia islámica".
La resistencia islámica es cara. El desempleado Beyayo reunió cinco mil dólares para el viaje.
El francés Othmani, padre de dos niños, tuvo que pedir un préstamo de mil dólares a su madre, y gastó cientos de dólares en botas de montaña, saco de dormir, ropa interior térmica y una "enorme chaqueta Columbia para el frío".
El líder era Moez Garsalloui, 42, un tunecino casado con una viuda belga de un militante que asesinó a Ahmed Shah Massoud, un señor de la guerra anti-talibán, en un atentado suicida dos días antes de los atentados del 11 de septiembre. El barbudo y calvo Garsalloui reclutaba entre los visitantes de una página web radical que llevaba su esposa, que es venerada en círculos de militantes.
Fue el primer viaje de Garsalloui al sur de Asia, aunque sacó provecho de los fuertes lazos de su esposa con al Qaeda, dicen los investigadores. Organizó contactos para el contrabando y conoció a cuatro belgas y dos franceses en Estambul en diciembre de 2007. Llevaba una bolsa llena de dinero -unos cuarenta mil dólares, según las confesiones.
Garsalloui prosiguió solo, dejando a los otros para una dura excursión de un mes. Los contrabandistas turcos los intimidaban blandiendo pistolas, les cobraron más de lo normal porque eran "árabes" y les robaron sus equipos y ropa, diciendo que era para una organización benéfica.
"Nos robaron todo", dijo Othmani. "Dijeron que era para los pobres, pero evidentemente no era para eso".
Más tarde, los reclutas trataron de quemar sus pasaportes "porque todos queríamos morir como mártires en Afganistán", dijo Othmani. Pero los contrabandistas confiscaron sus documentos.
Luego vino el pasaje nocturno de las montañas hacia Irán. Los reclutas debieron avanzar por terrenos cubiertos de nieve. El pie de un belga se empezó a congelar. Beyayo se cayó repetidas veces, debiendo ser arrastrado por sus camaradas mientras se quejaba de que ese era el lugar donde morirían.
Después de que varios de ellos llamaran a sus madres desde Irán, el grupo entró a Pakistán a través de Zahedan, una ciudad iraní fronteriza que es un centro de militantes y contrabandistas, dijo el funcionario antiterrorista belga. Cuando se aproximaban a la zona tribual dominada por los talibanes, las patrullas militares hicieron la vista gorda y los clientes de un restaurante junto a la carretera parecían saber exactamente hacia dónde se dirigían.
Su destino era un pueblo en la región de Waziristán a unas dos horas de Bannu. Pero la recepción no se pareció en nada a los días de auge de los campamentos afganos, cuando los occidentales, especialmente los conversos, tenían la oportunidad de conocer en persona al líder de al Qaeda, Osama bin Laden.
Saudíes armados con AK-47 emergieron hostiles de una mezquita. Pensaban que los franceses en particular podrían ser espías, dijo un alto funcionario antiterrorista francés. La creciente infiltración ha contribuido a capturas recientes y asesinatos de militantes, dicen los investigadores.
"Pensaban que serían recibidos como héroes porque era europeos", dijo el funcionario belga. "Pero no fue el caso".
Las tensiones disminuyeron cuando llegó Garsalloui. Pero los reclutas eran mantenidos en una suerte de limbo. Tuvieron la mala fortuna de llegar justo cuando las fuerzas estadounidenses lanzaron una descarga de misiles desde aviones no tripulados que matarían en 2008 a media docena de dirigentes veteranos de al Qaeda. En un mensaje a su esposa, Garsalloui dijo que había escapado por poco de un bombardeo en el que había muerto un importante libio. "Estuve a punto de morir", escribió.
Temiendo a los zánganos, así como a cualquiera que pudiera detectar sus escondites y entregar esa información para nuevos ataques, los reclutas se quedaban dentro durante el día. Se movían frecuentemente en casas destartaladas y atiborradas que compartían con familias locales en villorrios en la montaña.
Los sospechosos dicen que querían desesperadamente luchar contra las tropas estadounidenses en Afganistán. Para su consternación, los jefes les pidieron más dinero para comprar armas. Fueron asignados para ser adiestrados con un grupo de unos trescientos a quinientos árabes, pero distribuidos en pequeñas unidades por razones de seguridad. La instrucción militar y religiosa tomaba lugar en interiores; las sesiones con armas de fuego y explosivos se confinaban a los patios interiores.
Un jefe saudí llamada Mortez aseguró a los europeos que serían enviados al frente afgano. Pero pasaron semanas sin hacer nada.
"Estábamos bastante enfadados, y por diferentes razones", dijo Beyayo. "Esperamos y las promesas de Mortez resultaron ser falsas. La vida -nosotros siete y la familia anfitriona- no era siempre fácil. Y... Garsalloui se creía jefe y nos daba órdenes".
Sólo Garsalloui y un robusto belga, que hablaban ambos fluidamente el árabe, fueron a Afganistán como miembros de una unidad saudí.
Más tarde Garsalloui envió a su mujer una foto de sí mismo con un lanzagranadas. Se jactaba de haber matado a soldados estadounidenses con una bazuca. Los detectives están tratando de verificar la afirmación.
Entretanto, Beyayo y Othmani dicen que se aburrían en las casas de seguridad, comían mal, se escondían durante los bombardeos, y terminaron enfermando. Beyayo sufrió un ataque de malaria.
Apareció un escurridizo personaje llamado Amar, que empeoró las cosas.
"Con el tiempo nos dimos cuenta de que este individuo estaba allá para ponernos a prueba, para espiarnos", dijo Beyayo.
"También nos dio un discurso según el cual no estábamos listos para pelear... Empezamos a hacernos a la idea de que debíamos volver a Bélgica y Francia. Moralmente estábamos destrozados".
Un belga se marchó enfurecido, con la intención de llegar a la ciudad más cercana y volver a Europa, dijo el funcionario antiterrorista belga. Después de horas de caminar por un valle desolado, se dio cuenta de que era imposible y volvió.
A fines del año pasado, Beyayo, Othmani y otros dos finalmente llegaron a casa y a las garras de la policía, que los habían seguido estrechamente. Una pregunta central era el alcance de su participación en actividades terroristas.
Sus abogados insisten en que son guerreros sagrados fracasados.
"No eran suficientemente rudos", dijo Marchand.
Los investigadores tienen dudas. La policía francesa señala que la instrucción sobre explosivos descrita por Othmani es mucho más extensa que la recibida por reclutas previos.
La policía cree que los europeos pueden haber exagerado su mala fortuna para ocultar algún propósito oscuro.
"Por eso debemos preguntarnos a nosotros mismos por qué motivo alguien en Pakistán se arriesgaría a ofrecer albergue a gente que no tenía ningún objetivo o utilidad", concluye un informe de la policía francesa.
Evaluar la amenaza es difícil: Los aspectos siniestros se mezclan con las torpezas. Las quejas sobre la malaria, el dinero y la falta de respeto resumen la historia. Pero también la imagen de Garsalloui posando con un lanzacohetes, ansioso de matar norteamericanos.

23 de mayo de 2009
©los angeles times 
cc traducción mQh
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