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un nuevo día en el salvador


El nuevo presidente Mauricio Funes dirige un gobierno de izquierda. Pero podría seguir un curso más pragmático que incluya la ayuda y apoyo de Estados Unidos. Editorial de Los Angeles Times.
La investidura del primer presidente de izquierda de El Salvador el lunes fue otro hito histórico para la democracia en América Latina, y la asistencia de la secretaria de Estado, Hillary Rodham Clinton, a la ceremonia, fue una bienvenida demostración del apoyo de Estados Unidos al traspaso pacífico del poder entre los partidos que lucharon en lados opuestos en la guerra civil del país. El presidente Mauricio Funes, ex periodista de televisión, fue elegido como candidato del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, una antigua organización de guerrillas que combatió durante doce años contra gobiernos respaldados por Estados Unidos. Su presidencia pone fin a dos décadas de gobierno de la Alianza Republicana Nacionalista, o Arena, de la extrema derecha, que fue una incondicional aliada de Estados Unidos.
Funes empezó el día visitando la tumba del arzobispo de San Salvador, Óscar Arnulfo Romero, defensor de los pobres, que fue asesinado en 1980 por denunciar los asesinatos cometidos por militares de extrema derecha y escuadrones de la muerte paramilitares. En su discurso inaugural, Funes criticó a la élite económica en Arena por su fracaso en cuanto a abordar el tema de miseria, que contribuyó a encender la guerra civil, granjeándose los aplausos de sus partidarios de izquierda y el silencio de muchos otros en este país todavía dividido. Luego, uno de sus primeros actos como presidente fue restablecer relaciones diplomáticas plenas con Cuba, cuyo gobierno comunista apoyó a las guerrillas del FMLN. Ahora Estados Unidos es el único país de las Américas que no tiene lazos formales con La Habana.
Pero no deberíamos confundir los cambios con el radicalismo. Al mismo tiempo, Funes dijo que se inspiraba en los presidentes Obama y Luiz Inacio Lula de Silva, de Brasil, y que quería seguir sus pasos. Su gabinete tiene más economistas pragmáticos que ex guerrilleros, y prometió una política de austeridad económica junto con la lucha contra la corrupción, el tráfico de drogas y el crimen organizado -todos temas que interesan a Estados Unidos. Y mientras Clinton y Lula participaron en las festividades, los presidentes más radicales, como Hugo Chávez, de Venezuela, y Daniel Ortega, de Nicaragua, estuvieron notablemente ausentes.
Funes debe superar enormes obstáculos. El gobierno de El Salvador, uno de los países más pobres y más densamente poblados de América Latina, está al borde la bancarrota y la economía está en recesión. Las remesas de los cerca de 2.5 millones de salvadoreños que viven en el extranjero, la mayoría de ellos en Estados Unidos, se han reducido enormemente. Entretanto, Funes tendrá que negociar su presupuesto de austeridad con los miembros de la extrema izquierda de su partido, y las leyes propuestas con los partidos de extrema derecha que todavía controlan la Asamblea Legislativa. En breve, va a necesitar toda la ayuda que pueda reunir. Estados Unidos debería apoyar a este gobierno progresista, con la esperanza de que Funes, en reciprocidad, brinde su apoyo pragmático a Estados Unidos.

3 de junio de 2009
©los angeles times
cc traducción mQh
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