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preso por un falso crimen


"Puedo reconocer a los que me torturaron". Lo dijo Nelson Madaf, quien pasó dos años preso por un crimen que nunca existió. Había confesado el asesinato de una joven bajo torturas y vejámenes aberrantes. Pero la chica se había ido a vivir a San Juan. En la cárcel se contagió de sida.
Argentina. Nelson Madaf, quien estuvo preso tres años por el crimen de una joven que luego se supo que se había ido a vivir a San Juan, afirmó que puede identificar a los policías que lo torturaron para que se hiciera cargo del falso homicidio. "Aún puedo reconocer a algunos de los policías (de San Luis) que me torturaron. De algunos me acuerdo", contó esta mañana a una radio de Córdoba. El Superior Tribunal de Justicia de San Luis condenó al Estado sanjuanino a pagar una indemnización de 325 mil pesos a Madaf, quien fue acusado de asesinar a una adolescente, de 16 años, que había desaparecido de su casa en 1989.
"Pasé tres años en la cárcel. En la prisión me contagié sida", se lamentó el hombre y explicó que fue culpado del hecho a raíz de un mensaje anónimo. Madaf, que se dedicaba a fabricar ladrillos y a hacer trabajos de albañilería y carpintería, afirmó que fue brutalmente torturado por la Policía y que por ello que debió autoincriminarse.
"Me colgaron de un árbol y me enterraron dos horas. Me partieron la cabeza con un arma, me molieron a golpes, tenía sangre en el estómago, me salía sangre de los oídos y de la nariz. Me ataron las manos y quedé inutilizado, aún hoy estoy discapacitado en un 90 por ciento y no puedo trabajar", contó el hombre.
"Estaba reventado. Preferí decir un supuesto lugar donde había enterrado a la joven, antes que morir", sostuvo. Incluso dio las coordenadas del lugar donde supuestamente había escondido el cadáver que nunca fue hallado. La Justicia hizo lugar a una demanda por daños y perjuicios, luego de que la joven, Claudia Díaz, fuera localizada con vida en 1998 en San Juan, donde formó una familia. "Yo no tengo bronca ni resentimiento contra esta chica", dijo el hombre. Pero agregó que está "dolido y con bronca" por lo que "me hizo la Policía".
Clarín relata en su edición de hoy que en 1992, Madaf fue apresado y acusado de haberle provocado un aborto clandestino a su novia adolescente y haberla asesinado. Poco después, en medio de una fuerte presión y torturas aberrantes, confesó su participación. Estuvo en prisión hasta 1994, cuando decidieron dejarlo libre por falta de pruebas. Pero recién en 1998 se supo la verdad: la supuesta víctima del crimen apareció en San Juan más viva que nunca.
La chica se había fugado de su hogar por culpa de su padre. Hoy, más de 18 años después, la Justicia resolvió que el Estado de San Luis deberá pagarle al falsamente acusado un resarcimiento. A los 41 años, Nelson Madaff es casi un muerto en vida. Vive en un estado de pobreza extrema, su enfermedad lo está destruyendo y lo hace sufrir distintas discriminaciones. "Hoy necesito un psicólogo y los medicamentos para mi salud -se quejó ante Clarín-. Nadie viene a ver cómo estoy, sólo mi abogado y algunos amigos".
La chica tenía una relación sentimental con Madaff. Ella salió de su casa de San Luis para ir a hacer la tarea a lo de una compañera y no volvió. Sus padres la buscaron sin éxito y avisaron a la Policía. Las fotos de la joven aparecieron publicadas varias semanas en la portadas de los diarios, en los canales de televisión y en los lugares públicos. Muchas conjeturas surgieron sobre el caso. Pero, de golpe, los investigadores dijeron que había sido asesinada y empezaron a buscar un asesino.
En 1992, el ahora ex juez del Crimen Néstor Alfredo Ochoa detuvo a Madaff porque la Policía aseguraba que él la había asesinado luego de practicarle un aborto. También detuvieron a una enfermera que trabajaba en el Policlínico Regional San Luis, a una compañera de colegio de la chica y a un sindicalista, señalado como el autor de la desaparición del cuerpo. Una confesión escrita a mano por Madaff se dio a conocer enseguida a los medios.
La Justicia luego comprobaría que la confesión había sido arrancada bajo torturas. Lo enterraron en un pozo toda una noche y luego lo colgaron por un brazo de un árbol para que dijera lo que no había cometido. También lo quemaron, le arrojaban lavandina a los ojos, le sacaron dientes con vidrios de una botella, lo sometieron a simulacros de fusilamiento y permitieron que se lo vejara, según su abogado. Así, hasta orientó a comisiones policiales en búsquedas del cuerpo. Pasaron dos años y, ante la ausencia del cuerpo, el juez Ochoa tuvo que liberar a Madaff.
Claudia Díaz apareció en febrero de 1998 en la localidad de Caucete, provincia de San Juan. La encontró su madre en la casa donde vivía con un hombre 20 años mayor y cuatro hijos. La mujer contó que se había ido de su casa por su cuenta, porque su padre le pegaba. Ante la acusación, el hombre admitió que lo hacía, "pero pedagógicamente, como método correctivo". Recién el 30 de julio de 1998 Madaff fue sobreseído. De inmediato le inició juicio al Estado, pero no pudo exigirle todo el dinero que merecía porque la ley impone restricciones cuando se demanda sin pagar las costas legales.
El hombre vive en una rancho de las afueras de San Luis en estado de pobreza y abandono, ya que ningún organismo se ha hecho cargo de su tratamiento integral. Carlos Pereyra, abogado de Madaff, explicó que su patrocinado deberá percibir la suma de 325 mil pesos, según la sentencia del Superior Tribunal de Justicia puntano, ya que la resolución señala que se hace lugar "íntegramente a la demanda por daños y perjuicios" y, en consecuencia, condena a la provincia para que en el plazo de 15 días pague la indemnización. El fallo reconoce los sufrimientos, pero nada dice de quienes se los infringieron.

5 de junio de 2009
©clarín
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