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derecha psicótica vuelve a resurgir


Quizás debemos mirar con otros ojos el informe de Seguridad Interior advirtiendo sobre los peligros del terrorismo doméstico.
[Tim Rutten] En 1865, con la Confederación in extremis, Jefferson Davis apaleó a unos espantados legisladores para que aceptaran la petición de Robert E. Lee de reclutar tropas negras para suplir las mermadas filas del ejército de Virginia del Norte. Un indignado memorialista sureño acusó a Lee y Davis de "abandonar la joya de la corona de nuestra independencia". Un legislador fanático argumentó que si se permitía que los negros lucharan lado a lado con los soldados blancos, "entonces todo por lo que luchamos habrá sido una mentira".
Una ola similar de repulsa y rechazo está agitando en estos días el averno de la extrema derecha norteamericana. Aquí no estamos hablando de los republicanos conservadores. Estamos hablando de la derecha lunática, para la que la elección de Barack Obama fue mucho más que una derrota política: Fue una pesadilla racial y existencial. Si logra sus objetivos, si no se produce ninguna catástrofe o privación de derechos, entonces esta gente habrá temido y conspirado y odiado en vano.
La extrema derecha de Estados Unidos vive en un mundo tenebroso, y la naturaleza psicótica de sus creencias fundamentales -el antisemitismo, la supremacía de la raza blanca y una ratonera de teorías económicas y constitucionales paranoicas- hacen que la identificación de causalidad entre sus rangos sea una proposición incierta. Sin embargo, está claro que algo está revolviendo este sumidero peculiarmente estadounidense de un modo que no ha ocurrido desde mediados de los años noventa, cuando un aumento de las actividades de las llamadas milicias culminó con el atentado con bomba contra un edificio federal en Oklahoma City en 1995, el incidente terrorista más mortífero ocurrido en territorio estadounidense hasta el 11 de septiembre de 2001.
Por toda la red, que ahora conecta a los extremistas como una especie de afiebrado sistema nervioso, se difundieron rumores de que el nuevo gobierno de Obama planeaba secretamente confiscar las armas de fuego, y los rumores provocaron una avalancha hacia las armerías que venden armas de asalto. En abril empezaron a producirse incidentes violentos: Un hombre de veintitrés años, que temía que sus armas fueran confiscadas, asesinó a tres agentes de policía. El asesino frecuentaba páginas web de los supremacistas blancos y despotricaba frecuentemente con sus amigos contra el "control judío" de los bancos y los medios de comunicación. Poco después, un soldado de la Guardia Nacional de Florida mató a balazos a dos alguaciles, presuntamente porque estaba "severamente perturbado" por la elección de Obama. También era un lector frecuente de páginas web de extrema derecha.
Más recientemente presenciamos el asesinato de un médico que realizaba abortos en Wichita, Kansas, y el homicidio de un guardia en el Museo Memorial del Holocausto, cometido por un hombre de 88 años que niega el Holocausto y que había publicado una diatriba antisemita. Los dos atacantes acusados tienen lazos con la extrema derecha que se remontan a varias décadas, y los dos han sido condenados por crímenes relacionados: el acusado de Kansas por posesión de materiales para montar bombas; el asesino del museo por tratar de secuestrar a miembros de la Reserva Federal. El hombre que asesinó al guardia del Museo del Holocausto trabajó con el infame Willis Carto, padrino de los antisemitas estadounidenses y el último eslabón vivo con Francis Parker Yockey, el siniestro teórico político que trató de fundar un movimiento neo-fascista internacional después de la Segunda Guerra Mundial.
Organizaciones particulares como la Liga contra la Difamación y, más recientemente, el Centro Meridional de la Ley de la Pobreza [Southern Poverty Law Center], hacen un trabajo heroico estudiando a estos tipos y sus creencias, que cambian constantemente, como virus particularmente violentos.
Sin embargo, la derecha violenta es un problema particularmente difícil para la policía. Desde principio de los años noventa, los teóricos del movimiento han promulgado el concepto de "resistencia no organizada" ofrecida por "lobos solitarios". Es una táctica que tiene por objetivo impedir que los partidarios se asocien a organizaciones que agentes encubiertos pudieran infiltrar. Se llama a los adherentes a no relacionarse con nadie, a utilizar la red para comunicarse entre ellos y a evitar manifestaciones donde pudieran ser fotografiados. También son llamados a actuar por cuenta propia.
Al mismo tiempo, los extremistas estadounidenses se aprovechan de nuestras relajadas leyes de armas. En la mayoría de los países, los candidatos a terroristas deben unirse a alguna organización para conseguir armas. Aquí, pueden comprar armas ilimitadamente en la armería más cercana. La Asociación Nacional del Rifle (NRA) es la mejor amiga de los lobos solitarios.
Hace dos meses, el Comité Nacional Republicano y muchos comentaristas conservadores sufrieron paroxismos de indignación por un informe del ministerio de Seguridad Interior que llamaba la atención sobre la potencial amenaza terrorista de la resurgente extrema derecha. El ministerio terminó disculpándose por haber constatado los intentos clandestinos de los extremistas de reclutar a militares de regreso [de Iraq y Afganistán]. (Los tres implicados en el atentado de Oklahoma City se conocieron y desarrollaron sus creencias mientras servían en el ejército). A medida que aumenta el número de víctimas, el ministerio podría reconsiderar esas disculpas.

15 de junio de 2009
13 de junio de 2009
©los angeles times 
cc traducción mQh
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