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monjas en la mira del vaticano


Monjas estadounidenses bajo vigilancia del Vaticano. La Madre Mary Clare Millea ha sido nombrada por el Vaticano para estudiar las actividades de algunas órdenes de monjas en Estados Unidos.
[Laurie Goodstein] El Vaticano está realizando discretamente dos amplias investigaciones de monjas estadounidenses, un desarrollo que ha sobresaltado y consternado a monjas que temen ser el blanco de una inquisición doctrinaria. Sor Sandra M. Schneiders ha llamado a las monjas a no colaborar con el estudio que realiza el Vaticano.
Fueron las a menudo no reconocidas trabajadoras que ayudaron a levantar la Iglesia Católica Romana en este país, instalando escuelas y hospitales y atendiendo parroquias. Pero en las últimas tres décadas sus números han decaído -sesenta mil hoy, de un total de 180 mil en 1965.
Mientras algunas monjas dicen que agradecen que el Vaticano esté finalmente prestando atención a sus menguantes comunidades, muchas temen que el motivo real es rebobinar a las monjas americanas que han adaptado su vocación al mundo de hoy.
En las últimas cuatro décadas desde las reformas del Concilio Vaticano Segundo, muchas monjas estadounidenses dejaron de llevar hábitos religiosos, dejaron los conventos para vivir independientemente y se interesaron en nuevas líneas de trabajo: profesiones académicas y otras, organizaciones de solidaridad social y política y de organizaciones sociales de base que ayudan a los pobres o fomentan la espiritualidad. Algunas monjas también han estado activas en organizaciones que fomentan cambios en la iglesia, como la ordenación de mujeres y los sacerdotes casados.
Algunas hermanas conjeturan que el Vaticano e incluso algunos obispos estadounidenses están tratando de mandarlas de vuelta a vivir en conventos, a llevar hábitos o al menos alguna tenida identificable, a organizar sus actividades según las oraciones diarias y a trabajar fundamentalmente en instituciones católicas, como escuelas y hospitales.
"Nos ven como una fuerza de trabajo eclesiástico", dijo Sor Sandra M. Schneiders, profesora emérita de Nuevo Testamento y la espiritualidad en la Escuela de Teología de los Jesuitas, en Berkeley, California. "Somos religiosas, llevamos una vida de total dedicación a Cristo, y de eso fluye una profunda preocupación por el bien de la toda la humanidad. Así que la visión de nuestras vidas, y su visión de nosotras como fuerza de trabajo, no son del mismo planeta".
Las más exhaustiva de las dos investigaciones es la llamada Visitación Apostólica, y el Vaticano ha proporcionado sólo una vaga motivación: "estudiar la calidad de vida" de las mujeres en instituciones religiosas. La visitación es dirigida por la Madre Mary Clare Millea, una americana de mejillas sonrosadas con un hábito negro y ojos sonrientes, que es la superiora general de su orden, los Apóstoles del Sagrado Corazón de Jesús, y vive en Roma.
En una entrevista en una sala de estar formal en la sede de su orden en Estados Unidos, en Hamden, Connecticut, Madre Clare dijo que se había reunido a uno a uno con 127 superioras generales de las congregaciones femeninas, muchas en esa habitación, aunque también en Chicago, Los Angeles, Rome y St. Louis. Está preparando cuestionarios para enviarlos a las congregaciones de mujeres y reclutar equipos de investigación, formados generalmente por monjas y algunos sacerdotes, que visitarán las congregaciones que ella elija. La visitación se concentra solamente en monjas activas, que trabajan en la sociedad y en la iglesia, no en monjas encerradas, contemplativas.
La tarea de Madre Clare es preparar un informe confidencial al Vaticano sobre el estado de cada una de las 340 congregaciones de monjas reconocidas en Estados Unidos, así como un sumario de sus recomendaciones, todo lo cual espera haber terminado a mediados de 2011.
La investigación fue ordenada por el Cardenal Franc Rodé, director de la oficina vaticana que trata de las órdenes religiosas. En un discurso en Massachusetts el año pasado, el Cardenal Rodé ofreció una mordaz crítica de algunas monjas americanas que "han optado por senderos que las ponen fuera" de la iglesia.
Dado este telón de fondo, Sor Schneiders, la profesora en Berkeley, instó a sus hermanas a no cooperar con la visitación, diciendo que los investigadores deberían ser tratados como "personas no invitadas que deben ser tratadas en la sala de recibo, no llevarlas a recorrer la casa". Lo escribió en un e-mail privado a algunas amigas, pero pronto se hizo público y circuló ampliamente.
Madre Clare dijo que estaba consciente de que algunos institutos de mujeres "no están felices" con la visitación, pero de momento ha respondido cerca de un 55 por ciento en persona o por escrito.
"Es una oportunidad para que nos revaluemos nosotros mismos, para dar a conocer nuestra realidad y también vivir auténticamente como decimos que somos", dijo.
Las congregaciones de monjas serán revaluadas sobre la base de lo cerca que están "viviendo" fielmente según su propia constitución y normas internas de la congregación, y según las instrucciones de la iglesia para la vida religiosa, dijo Madre Clare. Por ejemplo, si el objetivo explícito de una congregación es servir a la juventud, ¿lo están haciendo? Si no viven en un convento, ¿asisten a misa y respetan los Sacramentos? ¿Están sus superiores ejerciendo una supervisión adecuada?
"No se trata de que seamos todas idénticas", dijo.
Historiadores de la iglesia dijeron que el Vaticano normalmente ordenaba una visitación apostólica cuando una institución particular se ha apartado seriamente de la doctrina oficial. Tras el escándalo sobre abusos sexuales de un sacerdote, el Vaticano ordenó una visitación de los seminarios estadounidenses. Ahora está realizando una visitación de los Legionarios de Cristo, una orden masculina cuyo fundador, el Reverendo Marcial Maciel Degollado, abusó sexualmente de jóvenes seminaristas, fue padre de un hijo y fue acusado de fraude financiero. Murió en 2008.
Pero la investigación de las monjas americanas sorprendió a muchos porque no había una causa obvia.
Sor Janice Farnham, profesora de historia de la iglesia a tiempo parcial en la Facultad de Teología y Ministerio del Boston College, dijo: "¿Por qué se están concentrando en las hermanas, cuando las órdenes de mujeres en otros países están haciendo frente a muchos problemas sobre su calidad de vida, en la iglesia y en sus sociedades?"

La visitación podría resultar en que se ordene algunos cambios a las comunidades de monjas, pero a juzgar por cómo ha manejado el Vaticano visitaciones previas, las consecuencias pueden no llegar a conocerse nunca.
La segunda investigación de monjas es una evaluación doctrinaria de la Leadership Conference of Women Religious, una organización paraguas que dice contar con 1.500 afiliados de cerca del 95 por ciento de las órdenes religiosas de mujeres. Esta investigación fue ordenada por la Congregación para la Doctrina de la Fe, del Vaticano, que encabeza un estadounidense, el cardenal William Levada.
El cardenal Levada envió una carta a la Leadership Conference diciendo que la investigación se justificaba porque parecía que la organización había hecho muy poco y había sido advertida hace ocho años que había fracasado en el "fomento" de tres enseñanzas de la iglesia en tres temas: el sacerdocio es sólo masculino, la homosexualidad y la primacía de la Iglesia Católica Romana como medio de la salvación.
La carta dice además que "dado tanto el tenor como el contenido doctrinal de varios discursos" en asambleas que la Leadership Conference ha realizado en los últimos años, el problema no se ha solucionado.
La Leadership Conference se ganó el rencor del Vaticano durante décadas cuando su presidente acogió al Papa Juan Pablo II en Estados Unidos con una súplica para que permitiera la ordenación de mujeres. Pero varias monjas que asistieron en los últimos años a las reuniones del grupo dijeron que no habían escuchado nada que pudiera provocar la ira del Vaticano.
Funcionario de la Leadership Conference rechazaron las peticiones de entrevistas, pero dijeron en un mensaje por correo electrónico que se habían reunido a fines de mayo con los investigadores, el obispo Leonard P. Blair, de la Diócesis de Toledo, y monseñor Charles Brown, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en el Vaticano, que expresó las preocupaciones del Vaticano. (El obispo Blair se negó a hacer comentarios). Dijeron que se volverán a reunir en el otoño para responder a esas preocupaciones.
"Estamos tratando de aclarar algunos errores de percepción", dijo en un mensaje de correo electrónico Sor J. Lora Dambroski, presidente de la Leadership Conference.
Además de estas dos investigaciones, otro decreto afectó a algunos monjas, emitido por el Comité sobre la Doctrina de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos. Los obispos dijeron que los católicos no deberían practicar el reiki, una terapia de sanación usada en algunos hospitales católicos y centros de retiro, y que ha sido adoptado con entusiasmo por muchas monjas. Los obispos dijeron que el reiki no tiene bases científicas ni es cristiano.
Las monjas que practican el reiki y que dirigen grupos de reforma de la iglesia deben haber sido demasiado para la jerarquía masculina de la iglesia, dijo Kenneth Briggs, autor de ‘Double Crossed: Uncovering the Catholic Church’s Betrayal of American Nuns’, (Doubleday Religion, 2006).
Briggs dijo, hablando sobre las congregaciones: "En los círculos de liderazgo en Roma y otros lugares, es un negocio no terminado. Es un intento de implementar el restablecimiento de un conjunto de normas muy tradicionales y conservadoras de lo que se supone que es la vida en un convento".

15 de julio de 2009
1 de julio de 2009
©new york times
cc traducción mQh
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