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dos ratas contra ted kennedy


Pablo Longueira y Juan Antonio Coloma encabezaron turba de atacantes. Eran otros tiempos, y el entonces dirigente de la opositora Alianza Democrática Gabriel Valdés Subercaseaux y el actual canciller Mariano Fernández fueron a recoger a Kennedy al aeropuerto. Los acechaba una turba de la UDI al mando de Pablo Longueira y Juan Antonio Coloma.
[Mariela Vallejos M.] Santiago, Chile. ¿Así nomás?, ¿cómo hijo de vecino? Hoy sería impensable. Fue osado, por decir lo menos, el arribo del senador Edward Kennedy a Santiago en 1986. Su fallecimiento esta semana trajo a colación la accidentada visita a Chile de Ted en tiempos de dictadura, cuando el menor del clan norteamericano arribó invitado por la oposición, sin la seguridad de rigor que proporciona un gobierno amigo a las autoridades extranjeras ni el apoyo logístico que recibiría hoy de su embajada en Santiago. El hombre que había conseguido que Estados Unidos prohibiera la venta de armas al régimen de Pinochet en 1977 se vino a meter a la boca del lobo.
Eran otros tiempos, y el entonces dirigente de la opositora Alianza Democrática Gabriel Valdés Subercaseaux y el actual canciller Mariano Fernández fueron sin resguardo a recogerlo al aeropuerto. No sospecharon que un grupo de partidarios de la UDI, entre quienes estaban Pablo Longueira y Juan Antonio Coloma, los acechaba en el camino. ¿Cómo supieron los atacantes por dónde y a qué hora pasaría el auto que traía al senador? Misterio. Lo que evidencian las imágenes de la época -difundidas esta semana por CNN- es que no estaban ahí por casualidad y no se trató de un exabrupto del momento. La turba de manifestantes premunida de piedras y palos emboscó el paso del vehículo y lo acribilló a golpes.
En su autobiografía "Sueños y memorias", el ex senador Valdés recuerda que a Kennedy tuvo que sacarlo un helicóptero de Carabineros que lo condujo directamente a la Embajada de Estados Unidos. Entretanto, él fue bombardeado con huevos por los manifestantes, quienes arruinaron el elegante traje que vestía.
Peor librado salió el dueño y conductor del auto, Mariano Fernández. El actual canciller no ha olvidado la encerrona: "Al salir del aeropuerto, en mi auto, de propiedad mía, personal -subraya-, con don Gabriel y, si mal no recuerdo, con Máximo Pacheco, gente de la UDI conocida, conocida hasta el día de hoy, me apalearon el auto, me lo abollaron entero. ( ), cuando don Gabriel se bajó para pedirles calma, lo taparon a golpes, le tiraron huevos, tomates, le arruinaron la ropa ( ) y tuvimos que salir con el senador Kennedy en helicóptero, escoltados por carabineros, ( ) fue una situación extremadamente peligrosa", relató.
Fernández cree que los salvó su pericia de conductor: "Como manejo bien, puse marcha atrás, evitando que los palos con que me rompieron el auto dejaran un incidente mayor para cada uno de nosotros", dijo. Mientras retrocedían, la turba destrozaba a palos el parabrisas del vehículo.
Luego de la emboscada caminera de la que salvó providencialmente ileso, el senador Kennedy tuvo una intensa agenda de encuentros con representantes de organismos de derechos humanos y líderes de la oposición al régimen. El cardenal Raúl Silva Henríquez fue uno de los que lo recibió. También llegó a conversar con él una delegación de familiares de detenidos desaparecidos.
Nadie compensó a Valdés ni a Fernández por sus pérdidas: "Gabriel, que andaba con un terno italiano muy fino, se lo cobra a Longueira hasta el día de hoy", contó el canciller. Y consultado agregó: "Yo, en verdad, no sé a quién cobrarle, pero todavía me deben la reparación del auto, que me salió bastante cara, sobre todo en esa época que era bastante más caro que reparar un auto hoy", comentó.
Una relación que comenzó con una enmienda dictada por el Senado de Estados Unidos, se afianzó con las visitas de 1986 y de 1990, esta última cuando Kennedy asistió al traspaso del mando de Pinochet a Aylwin.
El viaje de 1986 quedó en la memoria de muchos. El ministro Sergio Bitar aún conserva algunas fotos de la recepción que ofreció la embajada norteamericana a Ted Kennedy. Entonces hacía poco que el actual ministro de Obras Públicas había vuelto al país desde el exilio. Nunca olvidó que, cuando estuvo preso en Isla Dawson, fue el propio hermano del asesinado Presidente Kennedy quien ayudó a gestionar la liberación de los prisioneros.
Mariano Fernández recuerda: "Fue una visita muy impresionante. Nosotros lo conocíamos de antes, él era particularmente amigo de Gabriel Valdés. Vinimos al Círculo Español, aquí en Santiago, apoyando al movimiento de las elecciones libres, apoyando a la gente que estaba luchando contra el estado de sitio y contra la dictadura ( ), estuvo siempre muy comprometido con la democracia y esa visita fue extraordinaria. Yo recuerdo a los sindicalistas, Manuel Bustos, que en paz descanse, un gran amigo, recibió un gran apoyo. Para la dictadura, fue un llamado de atención en el sentido de que la gente que luchaba por la democracia en Chile no estaba sola, (estaba) acompañada por una de las figuras más simbólicas de la democracia de Estados Unidos, un senador de una influencia enorme y, de una familia muy importante, que se jugó entero por nosotros y después que regresó la democracia no solamente acompañó al Presidente Aylwin en la toma del mando, sino que en los años siguientes continuó trabajando con Chile".
Tres décadas más tarde, la Presidenta Bachelet viajó a la costa de EEUU para imponer a Kennedy la Gran Cruz de la Orden Bernardo O’Higgins a nombre del gobierno de Chile como un homenaje final a la trayectoria de colaboración y amistad con nuestro país. El canciller la acompañó y se mantuvo en contacto con el ex senador. "La última cosa que tengo es una carta que me envió pocos días antes de morir, felicitándome en mi nombramiento como canciller, pero pidiéndome además que le envíe otra carta, justamente a Gabriel Valdés, felicitándolo por sus 90 años", comentó.

30 de agosto de 2009
©la nación
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