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ortega, figura de culto


El culto a la personalidad que se rinde a Daniel Ortega está a vista de todo el mundo en el Museo de la Victoria Sandinista. Los críticos lo acusan de dejar al margen a movimiento colectivo y sostiene, según informa el periodista, que pueblo nicargüense merece su liderazgo.
[Tracy Wilkinson] Managua, Nicaragua. En el Museo de la Victoria Sandinista, el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega está en todas partes. Está en el frente norte de la guerra revolucionaria, y también en el frente sur y en el frente occidental.
Ortega se ha introducido en todas las batallas más importantes de la lucha que derrocó al dictador Anastasio Somoza en 1979, llevó al movimiento sandinista al poder y cambió radicalmente la historia de Nicaragua.
¿Dónde están los otros comandantes y figuras importantes que estuvieron en esos acontecimientos en funciones igual o incluso más importantes?
"Nos borraron", dice Sergio Ramírez, el renombrado escritor y miembro del gobierno sandinista, que fue vicepresidente durante el primer mandato de Ortega como presidente, de 1985 a 1990.
Ortega perdió en 1990 -en la primera elección democrática después de la revolución- y perdió tres veces más antes de volver finalmente al poder al ganar las elecciones presidenciales de 2006.
El museo, un proyecto oficial que empezó hace un año, es una exhibición al aire libre que pretende ilustrar la histórica lucha del pueblo nicaragüense para proteger a su país de décadas de "invasiones gringas" y otros pesados grilletes (como dice el joven guía turístico).
Es también un ejemplo más de lo que aquí muchos ven como el culto a la personalidad de Ortega.
En la antigua tradición de dictadores como Kim Jong Il y Saddam Hussein (para no mencionar a Somoza, al que Ortega ayudó a deponer), el presidente nicaragüense se ha construido un homenaje nacional a sí mismo. Vallas publicitarias salpican esta extensa y desordenada capital con una gigantesca fotografía junto a héroes nacionales como Rubén Darío y Augusto Sandino. Los nicaragüenses hablan menos de sandinismo, y más de danielismo.
"Si inviertes lo suficiente en un mito, empezarás a creer que es verdad", dijo Ramírez sobre Ortega, del que se distanció hace unos años.
Dora María Tellez, otra líder de la revolución sandinista, que se hizo famosa cuando participó en el asalto al Palacio Nacional de 1978, cuando el Congreso estaba sesionando, regañó a Ortega y sus partidarios por minimizar la participación de los numerosos combatientes que perdieron sus vidas. También quedó fuera del museo.
"Pronto Ortega será el único líder de su facción, el único combatiente, el único revolucionario, el único gobernador, el único libertador, el único indispensable", dijo al Nuevo Diario poco después de la inauguración del museo el año pasado.
Los críticos acusan a Ortega de dejar al margen a lo que fue un movimiento colectivo, el Frente Sandinista, para reemplazarlo con la glorificación de su propio papel y actual omnipresencia.
Esto ocurre en momentos en que Ortega intenta reformar la Constitución de Nicaragua de modo que pueda hacerse reelegir como presidente y, sospechan muchos, aferrarse indefinidamente a un poder cada vez más autocrático. Es parte de una tendencia en toda América Latina, donde varios presidentes elegidos, la mayoría de izquierda, pero también de derechas, han intentado utilizar instituciones democráticas para minar la democracia y consolidar su posición.
Las acciones de Ortega causan el horror de muchos en Nicaragua, especialmente entre sus primeros aliados y compañeros. Pero la mayor parte de la población no nació durante los cruciales acontecimientos de la revolución sandinista. Muchos jóvenes han sido atraídos por la actual encarnación de un líder populista que se describe a sí mismo, incongruentemente, como revolucionario y cristiano protestante.
Ortega en general no habla con la prensa internacional, pero ha defendido su presidencia argumentando que trabaja por los pobres. Nicaragua sigue siendo el segundo país más pobre del hemisferio.
En las celebraciones del 31 aniversario de la revolución el mes pasado, Ortega llenó una plaza con partidarios voceando su nombre -"¡Daniel! ¡Daniel!"- y les dijo que el pueblo nicaragüense "merecía" su continuado liderazgo.
30 de agosto de 2010
9 de agosto de 2010
©los angeles times
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